Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Robsmyyummy Cabanaboy, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Robsmyyummy Cabanaboy. I'm only translating with her permission.


Capítulo 19

EPOV

No puedo creer que finalmente haya besado a Bella Swan.

Justo aquí, al borde del Gran puto Cañón, Bella me dijo que me quiere. Juro que no puedo dejar de sonreír, pero sé que ella siente lo mismo. Cada vez que la miro, ella suelta una risita, con una sonrisa a juego con la mía.

Creo que los dos estamos en shock, para ser honestos.

Pasamos la siguiente hora comiendo nuestro almuerzo, tomando fotos, jugando con los cachorros, y haciendo muy poco senderismo. Los cachorros son demasiado revoltosos, y necesitamos prestar atención donde pisamos. Aunque ellos siguen con su correa y arneses, no vale la pena el riesgo para mí y para Bella de bajar por el Cañón.

—Y bien, no pienses que soy una cobarde ni nada, pero no necesitamos detenernos en Skywalk —menciona casualmente, ajustando su cinturón de seguridad.

Echo un vistazo en su dirección. La sonrisa gigante que obtengo a cambio me cautiva siempre.

—Nunca supe que le temías a las alturas.

—Meh. —Suspira—. Quiero decir, no temo estar allí arriba, o subir a la cima de una torre o algo, pero busqué el Skywalk en mi teléfono anoche. Vi las imágenes. —Se estremece—. No necesito estar colgando sobre el Cañón, desafiando a la muerte o lo que sea. ¿Alguna vez viste El Mundo Perdido?

—¿La secuela de Parque Jurásico? —Bajo la visera para ayudarme con el brillo del sol—. Por supuesto.

—¿Esa escena del cristal que se quiebra bajo el cuerpo de Julianne Moore? Sí, no, gracias.

Me río y tomo su mano. Ella me lo permite.

Le planto un beso. Ella me lo permite.

E intercambiamos otra sonrisa.

—¿Esto está bien?

Su otro pulgar vuela a su boca y ella mordisquea la uña, aún luciendo feliz.

—Es raro.

Como si de repente estoy sosteniendo un ramo de roble venenoso, suelto su mano, aterrado.

—¿Raro?

Antes que siquiera pueda terminar mi palabra, ella vuelve a tomar mi mano, enlazando nuestros dedos.

—Raro de emocionante, increíble e impresionantemente sensacional.

Cielos, el alivio instantáneo.

—Oh, bueno, en ese caso, ven aquí. —Le doy un tirón y ella se cierne sobre la consola, donde nos encontramos para una sesión rápida de besos. No hemos llegado a la carretera principal aún, así que no estoy preocupado por algún coche a nuestro alrededor. Además, ella me contó hace poco que tengo toda una vida de besos perdidos por los cuales compensar.

Supongo que debería comenzar tan pronto como sea posible.

Cuando ambos nos volvemos a acomodar en nuestros asientos, sus manos cubren su rostro y se ríe.

—¿Qué me perdí ahora? —Suelto una risita, avanzando hacia el sur por la ruta 7.

—Lo siento. Simplemente siento que estoy teniendo una experiencia extracorporal. —Mueve una mano entre nosotros—. Tú y yo, haciendo esto. Son miles de sueños de una niña, y varios de una chica grande, finalmente haciéndose realidad. —Suspira, apartando un poco de cabello de sus hombros—. Tendrás que dejármelo pasar por al menos un año o dos.

—¿Un año? —grito, riéndome—. Isabella... supéralo. Supérame o lo que sea que es esta fascinación. Estoy igual de asombrado de ti también, ¿sabes? De nosotros. Finalmente resolviendo nuestra mierda y que estemos aquí. —Intento con todas mis fuerzas no comenzar a cantar, pero se está acumulando justo bajo la superficie. Mi felicidad supera todos los niveles ahora mismo.

—Lo sé, lo sé, estoy bromeando. —Ella gira la cabeza, observando el paisaje por su ventana por unos segundos antes de golpear su palma en su muslo—. Pero en serio, esto es cómo se hubiera sentido si Luke Perry hubiera aceptado mi invitación a nuestro baile de graduación en tercer año.

—¿Luke Perry? —Frunzo el ceño—. No creo recordar ese nombre de la escuela.

—Él no fue a la escuela con nosotros.

Ella está usando su tono de "dah", así que giro mi mano, esperando más información.

—¡Él era una estrella de televisión! Dylan de Beverly Hills, 90210... ¿hola? —bromea—. Le envié una foto justo después que Brady y yo termináramos porque sabía que necesitaría una cita para el baile. —Encogiéndose de hombros, añade—. Así que lo invité.

El nombre y el rostro hacen clic en mi cabeza.

—Oh, por Dios —mascullo, sabiendo que ella es lo suficientemente graciosa para haber hecho eso—. ¿Realmente invitaste a ese tipo de las patillas al baile de tercer año? ¿Y?

Su rostro se contrae.

—Aún sigo esperando su respuesta.

Esta vez, no puedo contener mi risa.

—Eres tan jodidamente adorable. Ese tonto no sabe lo que se perdió. —Echo un vistazo en su dirección, encontrando su mirada—. Pero yo sí. Deseo haber tenido las agallas para decir algo todos esos años atrás.

Ella suspira, echando su cabeza hacia atrás.

—Sí, yo también.

Un silencio nos envuelve, pero no es incómodo. Me animo en el calor de su mano en la mía.

—Aunque quizás no era nuestro momento —comenta—. Quiero decir, es horrible que hayamos vivido tantas cosas solos cuando podríamos haber estado juntos, pero siempre hay una posibilidad de que algo más pudiera habernos mantenido separados en algún momento también. —Su tono es melancólico—. Esto me ayudará a apreciar el camino desde aquí en más debido a de donde vinimos.

—Si así es cómo quieres verlo —Asiento pensativamente, dándole un suave apretón a su mano—, funciona para mí. Solo miramos adelante desde ahora.

~FAF~

Son casi las cinco cuando llegamos a Flagstaff. Los turistas llenan el paisaje, entrando y saliendo de las tiendas y cafeterías. Hay docenas de lugares increíbles de donde elegir, y conduzco alrededor de la ciudad para mostrarle a Bella la zona del centro, pero la cena esta noche definitivamente es en Route 66 en Salsa Brava. Desde que ella aceptó venir aquí por el tour del Gran Cañón, he estado pensando en llevarla allí.

~FAF~

Regreso a la mesa después de ir al baño rápidamente, y el camarero está listo para tomar nuestra orden.

—Sopaipilla de cerdo, por favor.

Mi boca se abre con sorpresa mientras me siento, escuchando la elección de Bella.

—¿Qué? —pregunta, poniendo una cara mientras el camarero me pregunta qué quiero.

—Vas a estar comiendo por días, espero que lo sepas. Eso es más grande que tu cabeza.

El camarero suelta una risita ante mi respuesta honesta.

—Eh, tacos Navajo, de cerdo, por favor. Arroz extra en vez de una ración de fríjoles. —Tomo el menú que Bella me pasa y se los tiendo a los dos—. ¿Confías en mí? —Le pregunto a mi novia. Novia. Le da paso a la agitación en mi estómago.

—Absolutamente.

—Dos margaritas de granada también.

—Muy bien. Ya regreso con sus bebidas.

Mis cejas se menean.

—Son increíbles. Embry y yo nos divertimos un poco demasiado con ellas hace unos años. —La imagen de mi hermano, acostado boca arriba en el medio de una calle secundaria se me viene a la mente.

—¿Oh, sí? Te metiste en problemas con ellas, ¿o no?

Llevo mi pulgar hacia mi pecho.

—Yo me mantuve en pie suficientemente bien. La estrella de fútbol, Embry Cullen, sin embargo, fue otra historia completamente. Antes de retirarse, él solía ser muy estricto con lo que bebía y comía fuera de la temporada, así que se puso absolutamente borracho. Regresamos a nuestro hotel para cambiarnos en un punto, y él terminó quedándose dormido en el inodoro. Arruinó nuestra noche en la ciudad.

—Chicos tontos. —Se ríe, sacudiendo la cabeza—. Y bien, ¿cuáles son los planes para nosotros después de cenar?

Apoyando las manos sobre la mesa, me inclino hacia adelante.

—Nos dirigiremos al sur hacia Sedona y nos detendremos en un campamento en algún lugar a lo largo de la autopista. Hay muchos de donde elegir, todos dispersos sobre la región del Cañón de Oak Tree.

—Oh, entonces, ¿no es un campamento establecido? ¿No tenemos que pagar ni nada?

—Quiero decir, podríamos encontrar uno de esos, pero algunos campamentos tienen políticas que no aceptan mascotas. —Ambos nos reclinamos cuando el camarero trae nuestras aguas y cestos de papas fritas—. Y como no trajimos nada eléctrico que necesitamos enchufar, supuse que sería más divertido si éramos solo nosotros dos... bueno, y los perros.

Hay un sonrojo en sus mejillas cuando sonríe.

—Claro. Me parece bien.

—No debería llevarnos mucho tiempo instalarnos y levantar la tienda. —El final de mi frase cuelga en el aire. Sacudo la cabeza y gruño, dos milisegundos demasiado tarde para retirar mi atroz doble sentido.

Bella se lanza hacia adelante, tratando de capturar el agua que ahora se escurre de sus labios. Momentos después, se reclina en su asiento, abanicándose entre tosidos y risas.

—Oh, por... —Jadea, se carcajea y jadea un poco más—. Oh, por Dios.

Bien podría disfrutar del chiste. Con los labios fruncidos, asiento.

—Sí, puedo garantizar que las tiendas serán montadas esta noche con muy poco esfuerzo.

Ella suspira fuertemente; solo empeorando la ridiculez con un guiño.

—Y ni siquiera he sacado ninguno de mis mejores movimientos aún.

—¡La cuenta, por favor!

Estiro mi cuello. El camarero se detiene en seco frente a nuestra mesa, confundido y listo para entregar nuestras margaritas. A estas alturas, Bella y yo estamos muertos de la risa.

—Lo siento —Agito mi mano, tratando de tranquilizarme—, no nos prestes atención.

Él coloca nuestros tragos en la mesa mientras Bella y yo ignoramos las miradas raras de los otros clientes. Podría observarla por horas, escuchando nada más que la dulce risa y los suaves suspiros de esta chica.

Y me pregunto si quizás este ha sido el mejor día de mi vida.

~FAF~

—Bueno, esto es como un castillo. —Bella admira nuestros arreglos para dormir, trayendo las mantas y las almohadas del asiento trasero de mi camioneta—. Dos cuartos. He escuchado de tiendas como estas pero nunca he visto una.

Me quito las zapatillas y entro para acomodar la manta y la jaula para los perros en la parte delantera de la tienda. Nos queda menos de media hora de luz solar.

—Sí, normalmente no uso el separador, pero contigo... —Lo dejo allí, tratando de tragar el peñasco que ahora se encuentra en mi garganta—. No estaba seguro de cómo querías que fuera la disposición esta noche.

Escucho sus zapatillas caer al suelo en la esquina opuesta de la tienda mientras sigo inclinado sobre la manta de los perros. Cuando me enderezo, ella se ubica a mi lado.

Sus dedos cubren los míos y volteo a mirarla, tratando de leer la expresión considerada en su rostro.

—La temperatura ya está cayendo en las montañas —Su voz es un murmullo—. Creo que me gustaría dormir junto a mi novio esta noche... para ayudar al otro a mantenerse caliente.

—¿No es raro que tenga treinta y siete años, y tienes que llamarme tu novio?

—¿Preferirías mi hombre?

La cara tonta que pone debe hacer juego con la mía porque ella resopla y mira a un costado, mordiéndose el labio.

—Supongo que podemos seguir con novio —respondo, mi mirada fija en los ojos hipnotizantes que me observan—. Por ahora.

Y entonces, la beso. Es lento y profundo, húmedo y una promesa de cosas emocionantes por delante, pero no estoy listo para terminar este momento y apresurar las otras cosas.

Así que, sigo besándola. Porque tengo. Porque quiero... y porque puedo, finalmente, después de todos estos años, simplemente besar a mi novia, Bella Swan.

~FAF~

—¿Están Lucy y Linus bien? —pregunta Bella mientras me quito las zapatillas por lo que con suerte será la última vez esta noche.

—Sí, están bien. No más salidas al baño hasta la mañana para esos dos. Están acurrucados en la jaula con sus mantas. —Dudo si mantener mi chaqueta puesta o no, pero entonces decido dejarla a un lado a los pies de nuestra cama improvisada—. ¿Estás cómoda?

—Sí, completamente. Está cómodo y calentito bajo las mantas —dice, solo un ligero temor en su voz—. Aunque tú debes estar helado con solo esa camiseta y ese pantalón de chándal. Ven a calentarte conmigo.

Hago todo lo posible para ignorar el instinto de hacer un salto al estilo lucha libre sobre ella. Quiero decir, ella es mi novia. Ya no es una amiga a la que no puedes aventarte. Podemos hacer lo que queramos. Que Bella me pida meterme en la cama con ella, calentarme con ella... los métodos para satisfacer ese solo pedido son infinitos.

Una vez que me acurruco bajo las capas de mantas, miro en su dirección. Es una noche despejada con la luna creando sombras entre los miles de árboles que nos rodean. La tenue luz afuera apenas me permite ver su rostro, pero es suficiente.

—Hola —susurra.

—Hola. —Me muerdo el interior de mi mejilla en un intento desesperado por superar la ansiedad de noche de baile de graduación que corre por mi cuerpo. Al diablo. Estiro mi brazo y ubico mi mano sobre su esbelta cintura, acercándonos varios milímetros más al otro—. ¿Mejor?

—Mhmm —tararea y desliza su mano por mi brazo, descansándola en mi hombro—. Estaba pensando en algo ayer.

—¿Oh, sí?

—Recordé que solíamos tener muchas pijamadas cuando éramos niños. Pasábamos la noche en la tienda en tu sótano. ¿Recuerdas?

—Sí. Incluso recuerdo una mañana que desperté y tu mano se encontraba sobre mi palma. Como si estuviéramos tomados de la mano —respondo, asintiendo.

—No puede ser.

—No mentiría. Aún recuerdo sonreír hacia nuestras manos, a ti, esperando que no te despertaras y te movieras sin darte cuenta.

Ella se embelesa.

—¿Cuántos años teníamos?

—No lo sé, ¿nueve? ¿Diez? Cuando sea que fue, quedó en mi mente. —Tarareo un poco cuando ella mueve sus piernas así estamos tocándonos allí abajo también.

Sus hombros se elevan y caen con un suspiro.

—¿Alguna vez pensaste en llamarme en la universidad? ¿Cuando las cosas aún seguían bien contigo? —Se aclara la garganta—. ¿Antes de que la alopecia comenzara?

—Lamentablemente, no. No fue fácil sacarte de mi cabeza todos esos años atrás. Y al no saber si seguías con Ross después que nos graduamos... —Sacudo la cabeza—. Supuse que sería mejor dejarte ir por completo. Me regañé lo suficiente sabiendo que yo fui el idiota que te empujó a los brazos de Corning.

—Dios, recuerdo eso. —Chasquea la lengua—. ¿Sabes? Odié que dijeras todas esas cosas dulces, mientras actuabas como si era mejor que fuéramos solo amigos. Se sintió como un juego mental, pero sé que no lo quisiste decir de esa manera.

—Bella, si alguna vez hubiera sabido que aún tenías algún tipo de sentimiento por mí, te hubiera hecho mía ese día en la cancha de fútbol. Juro que simplemente intenté mantenerlo casual porque no estaba listo para ser rechazado de nuevo, sabiendo...

—¡AH!

Ella me interrumpe antes de que pueda corregir mi frase.

Pensando que ya no querías ser mi amiga cercana. Pero yo era un tonto —confieso con una risita—. Aún te guardé en un estante en mi corazón. Aún me quedé a mirar tus partidos de hockey cuando podía. Aún compré boletos para verte en las obras escolares.

Gruñendo, ella entierra su rostro en mi pecho antes de hablar de nuevo.

—Maldito torbellino de angustia adolescente y mala comunicación... Mierda, eso apesta.

—Oye —Pellizco su costado suavemente—. Pensé que dijiste temprano que solo íbamos a mirar hacia adelante.

Sus dedos presionan sobre mi hombro.

—Tienes razón, es mi culpa. —Mueve su rostro tan cerca del mío que su aliento cosquillea mis labios—. ¿Me perdonas?

—No hay nada que perdonar. —Me acerco a ella, levantando mi cabeza de la almohada y jalando su labio inferior entre los míos.

Varios roces suaves y tirones que llevan a profundizar el beso, perdido en la sensación de nuestros cuerpos presionados contra el otro, aprendiendo lo que nos perdimos por tantos años.

Me inclino sobre ella mientras ella desliza sus dedos desde la base de mi cuello, bajando hasta mi espalda baja y subiendo de nuevo. Su otra mano sube para sostener mi rostro, y estoy en el maldito paraíso. Sus labios son suaves y acolchados.

Besos cariñosos se transforman en unos más duros hasta que ella separa sus piernas, levantando una alrededor de mi pierna. Sus manos están aferrando mis hombros en un minuto y mi trasero al siguiente. No me quejo y me permito llevar a cabo mi exploración.

—Tócame, Edward. —Su voz ronca contra mi oreja es toda la invitación que necesito. Mis dedos masajean de camino al borde de su camiseta, encontrando la cálida piel de su estómago.

A regañadientes rompo el beso para venerar el mismo cuerpo que me tuvo corriendo hacia una ducha fría ayer. Mi boca deja un rastro de lamidas y besos a boca abierta por todo su ombligo, maravillándome de sus suaves suspiros. No puedo contener mi media sonrisa cuando la siento estremecerse, su piel erizada bajo mis caricias.

Mientras levanto su camiseta hacia su cuello, mis dedos delicadamente rozan su duro pezón y ella gimotea, estirándose para tomar mi mentón y mandíbula y encontrarla para el beso que ella demanda.

Su lengua se mueve contra la mía antes de reajustarse debajo de mí. Centrado, preparado... tan jodidamente preparado después de todos estos años.

—Cielos, Bella —gimo cuando ella mordisquea mi oreja. Entierro mi rostro en su cuello y no puedo contener la necesidad de embestir mi pelvis contra la suya; ella responde sin vacilar. Al diablo las margaritas de granada, esto es intoxicante. Lo que había sido aire fresco rodeándonos en la tienda ahora es sofocante de la mejor manera.

Bella. No puedo creer que esto esté pasando con Bella. Mi mente está en todas partes, eufórica, recordando todas las veces que imaginé lo que hubiera sido estar con ella.

Y ahora lo sé.

Cuando uno de sus gemidos se transforma en un suave chillido, marco un camino con mi boca por su cuello y de vuelta a sus labios.

—Te deseo jodidamente tanto ahora...

—Siiiiií —jadea, inclinando la cabeza a un lado, sus brazos aferrándome. Ella me jala más cerca, moviendo sus caderas contra las mías—. Me encanta sentirte sobre mí. —Sus palabras salen en un gemido—. Solo tenía mis fantasías más salvajes para sobrevivir, pero, aaah, ahora...

Salvaje. Es la palabra perfecta para lo que estoy sintiendo ahora. ¿Cuánto tiempo ha pasado para alguno de nosotros es una historia, pero para que los dos finalmente estemos juntos?

Putamente irreal.

Tiro de su labio superior entre mis dientes justo cuando sus dedos se deslizan bajo la cintura de mis bóxers. Mi mano rápidamente se mueve a su costado, y aferro su exquisito trasero, girando nuestros cuerpos así ella está alineada sobre mí. Cuando ella se endereza y se sienta a horcajadas, se arranca su camiseta de mangas largas rápidamente. Mi respiración se detiene por un segundo, y me siento para unirme a ella porque necesito su boca de nuevo.

Mi mano sostiene su mandíbula por varios segundos antes de que mis dedos se arrastren hacia abajo para tomar sus pechos. Nuestros alientos y gemidos compartidos son todo lo que escuchamos hasta que una risa estridente y un insulto afuera de nuestra tienda hace que nos detengamos.

Bella se cubre el pecho en un instante mientras mis manos se envuelven a su alrededor. Ambos giramos nuestras cabezas a un lado, nuestros pechos jadeantes, calmándonos de nuestros momentos calientes e intensos que terminaron tan abruptamente hace un segundo.

Lo que suena como personas borrachas pasando por nuestro campamento se calma cuando uno de ellos debe notar mi camioneta y la tienda detrás de ella.

Tomando a Bella de sus brazos, la quito de encima de mí , necesitando investigar. Me pongo de pie y camino hacia el otro lado de la tienda, notando que los perros están despiertos pero no alarmados. Incapaz de moverme de la entrada, me mantengo quieto hasta que las voces desaparecen en el fondo, y las criaturas nocturnas reanudan sus canciones de nuevo.

Un par de minutos después, me vuelvo a acostar, tomando a una Bella, ahora cubierta por una camiseta, en mis brazos.

—Bueno, eso fue una gran interrupción.

—Ellos me han dado el susto de mi vida. Pensé que estábamos por terminar en una película gore.

Suelto unas risitas, deslizo mi nariz por su cabello.

—No hubiera dejado que eso sucediera. —Muevo mis caderas para girar hacia ella y ella suavemente besa la esquina de mis labios. Mi boca es como un imán para la suya, así que da paso a otro beso, y otro... y otro suave antes de que ella acurruque su cabeza en el hueco bajo mi hombro. Carraspeo antes de mascullar—: Parece que se fueron, pero supongo que siempre podrían volver en esta dirección de nuevo.

Bella se queja un poco, lo cual me hace sonreír.

—No me molesta si dejamos esto en pausa hasta otro momento. —Traza el cuello de mi camiseta—. No me siento necesariamente lo más sexy, de todos modos. No me he duchado en las últimas quince horas —dice con un resoplido.

Le doy un apretón de nuevo.

—No me importa eso. Tú y yo, ¿al fin? No hay mucho que pueda mantenerme lejos de ti ahora. Pero este no es el lugar más cómodo tampoco, solo unas mantas separándonos de la maldita tierra. —Apoyándome sobre mi codo, añado—: Nos merecemos, te mereces mucho más que esto para nuestra primera vez.

Ella roza sus labios contra los míos de nuevo.

—Probablemente sea mejor así. Ahora serás capaz de concentrarte y protegerme del oso que estoy muy segura que se encuentra afuera.

Me río, llevándola de nuevo hacia mi pecho.

—¿Oso?

Ella asiente, sus dedos arañando mis abdominales y bajando hacia mi cintura. Tengo que tomar su mano antes de que llegue demasiado bajo, volviendo a prender el fuego, y perder toda caballerosidad. Mi chica enérgica se ríe, sabiendo que estoy consciente de sus acciones.

—Juro que escuché un gruñido.

Presiono mis labios contra su frente.

—¿Estás segura que no fui yo a quien escuchaste gruñir?

Su rostro se levanta hacia el mío, y puedo ver su sonrisa.

—Puede haber sido.

—Si algo se nos acerca, un montañés borracho o lo que sea, estoy seguro que los perros se volverán locos. No hay nada de qué preocuparse. —Me reacomodo bajo las mantas, mi espalda aún sintiéndose dolorida del trabajo a principios de la semana—. ¿Estás segura que estás cómoda?

Ella asegura su brazo a mi alrededor.

—Perfectamente. Tengo la mejor y más sexy almohada en el mundo justo aquí. Es un Edward Cullen edición limitada, ¿sabes?

Resoplo, besando su cabeza una vez más.

—Muy limitada y toda tuya. —Cuando escucho su suave chillido, simplemente pongo los ojos en blanco—. Buenas noches, loca.

—De acuerdo, tienes que darme al menos hoy —razona y me da otro beso—. Buenas noches, tú.

~FAF~

BPOV

Con los cachorros instalados y seguros en la cabina, Edward toma mi mano y caminamos hacia la entrada empinada de la Capilla de la Santa Cruz. Esta estructura fenomenal, construida en las montañas de Sedona, me asombra. Estoy maravillada con su belleza, preguntándome cómo alguien si quiera tuvo la idea de construir semejante lugar.

—Es increíble —susurro, no queriendo perturbar a la pareja mayor rezando en el banco del frente—. ¿Realmente tienen una misa aquí?

—No. Solo un servicio de plegarias, creo. En realidad es más un museo y una tienda de obsequios.

Suelto su mano con una sonrisa y camino por el pasillo lateral para encender una vela. Qué lástima, pienso para mí misma. Este santuario, en toda su esplendor, es lo más cercano al cielo. Mira qué hermoso lugar para una boda. No que esté pensando sobre bodas. Quiero decir, ¿quién puede pensar en bodas cuando tus pies no han tocado el suelo aún después de que tu chico de ensueños dice que quiere estar en una relación contigo? Yo no, eso es seguro. Sonrío de nuevo, aún incrédula de que mi semana haya cambiado de esta manera.

Después de tomar varias fotos más del enorme ventanal y la cruz que recubre el frente de la capilla, me encamino hacia la parte trasera de la iglesia. Edward permanece en la puerta, manteniendo un ojo en la camioneta en el estacionamiento.

Él me sigue hacia la tienda de regalos donde encuentro una imagen de 12x17 centímetros de la Capilla al atardecer. Jamás podría tomar una imagen tan perfecta, así que por supuesto que la tomo como recuerdo. Cuando volteo a ver los adornos navideños, me emociono.

—Los colecciono donde sea que viaje. —Mis pensamientos felices se vuelven amargos por un minuto, dándome cuenta que necesito desechar cada adorno que elegí mientras vacacionaba con Tyler. Agh, eso apesta un poco—. Mi árbol va a estar bastante vacío este año —digo suavemente cuando nos dirigimos hacia la caja—. Es hora de comenzar una nueva colección, supongo.

—¿Quizás podamos juntar nuestros adornos para hacerlo mejor que nunca? —sugiere con un guiño.

Mmm, sí, por favor.

Nos tomamos de la mano de nuevo, bajando la colina. No puedo superar lo natural que se siente, pero aún estoy tan emocionada. Es una cornucopia de emociones. Se me hace difícil comprender todo lo que estoy experimentando.

Pero se siente bien. Todo se siente perfecto.

~FAF~

De vuelta en el coche después de nuestro día paseando por Sedona, inclino mi cabeza hacia él, encantada con lo mucho que hemos cubierto sobre nuestros años separados.

—De acuerdo, termina tu historia sobre el tratamiento que probaste después de la universidad.

—Oh. —Se encoge de hombros, reajustando su espejo—. Un dermatólogo con el que trabajé en Pittsburgh me dio inyecciones en el cuero cabelludo.

Cierro los ojos y me encojo, mi interior retorciéndose ante la idea de todo lo que él soportó.

—Sí, apestó. Las agujas directamente en mi cabeza. Sangraba... tenía moretones. —Se estremece—. Si quería que funcionara, tenía que hacerlo todos los meses durante años. Funcionaron por un tiempo, y entonces simplemente se detuvo. Como dije ayer, probé cremas y medicina, y todo tipo de mierdas. Incluso más inyecciones aquí en Vegas... pero entonces me di por vencido.

—No puedo imaginar el dolor... físico y demás.

Él asiente, enlazando nuestros dedos de nuevo.

—Es lo que es. Estoy mejor sin temer constantemente si los tratamientos funcionarán o no.

—¿Tu cabello alguna vez vuelve a crecer?

Él se ríe.

—Sí, lo hace, de hecho, pero me mantengo al tanto de él, cortándolo antes que crezca más que unos milímetros. Simplemente no quiero volver a entrar en un ciclo —El sonido de su teléfono lo interrumpe—, de esperar si se quedará esta vez. Es un gran juego mental; ¿sabes a lo que me refiero? —Echa un vistazo y asiento—. Espera un segundo —me susurra y acepta la llamada—. ¿Hola?

Mientras Edward habla con quien sea que esté al teléfono, echo una mirada al asiento trasero para chequear a los perros. Ellos están acurrucados en su jaula y durmiendo de nuevo. Qué vida la que tienen.

—Sí, está bien. Lo haremos funcionar... De acuerdo, nos vemos. —Luciendo exasperado, lanza su teléfono de vuelta en la consola central—. Tengo que entrar a trabajar en la mañana. Uno de los chicos se esguinzó el tobillo escalando, y hay dos trabajos importantes para mañana.

—Oh, no hay problema. —Agito una mano—. Puedo entretenerme a mí misma.

—Sí, pero me siento mal. Ya tenía una reunión obligatoria programada con mi asesora clínica. Vamos a analizar el plan para mi último semestre. —Sacude la cabeza, tensando la mandíbula—. Harry dice que ha llamado a uno de los chicos que trabaja en su otro taller en Phoenix, pero Shane no puede venir hasta el lunes o el martes, y Seth no puede lidiar con los trabajos más grandes por su cuenta porque sigue siendo nuevo.

—¿Tienes que trabajar el domingo también?

Él sacude la cabeza.

—No, solo los dos trabajos que tengo que encajar alrededor de mi reunión al mediodía, y entonces el domingo es mío. Regresaré el lunes hasta que Shane llegue, y entonces Harry dijo que puedo tomarme el tiempo libre. —Maldice de nuevo bajo su aliento—. Lo siento.

—Oye, está absolutamente bien. Después de todo lo que condujimos y lo que hemos caminado, estoy más que feliz de relajarme. Pero odio que tú sigas en acción.

—Eh, el trabajo no me molesta, y ansío reunirme con mi asesora. Simplemente odio perder tiempo contigo. —Él se mantiene en silencio por unos segundos—. ¿Pero puedo pedirte un favor?

Él es tan jodidamente tierno.

—Lo que sea.

—¿Te quedarás conmigo y te saltarás el hotel esta vez? —Me regala esa sonrisa torcida y estoy perdida. Como si dijera que no, niño loco—. Hará que mi día de trabajo pase mucho más rápido si sé que estás en casa esperándome.

—Me quedaré —confirmo suavemente—. Mantendré a Lucy y Linus ocupados, nadaré en tu piscina. Necesito lavar ropa también, si está bien... Podría preparar la cena para nosotros. —Eso realmente me emociona un poco.

Él le da un apretón a mi mano.

—Bueno, no estoy pidiendo una sirvienta, pero ciertamente harás que me sea difícil dejarte ir.

Estoy contenta de acomodarme en mi asiento de nuevo a pesar que mi estómago duele un poco ante la idea de dejarlo también. Ese es un tema que no hemos tocado para nada.

Recibí una llamada mientras estábamos fuera de cobertura ayer de un despacho médico en Panama City; ellos quieren que vaya y tenga una entrevista para una posición como su Directora de Servicios Sociales. Y llegó un correo hace un momento de una residencia de ancianos en Laguna Beach, Florida que necesita un coordinador de atención domiciliaria. Las cosas han comenzado a activarse en el Estado Soleado mientras estoy aquí persiguiendo sueños.

Edward aún tiene su último semestre de rotaciones clínicas que terminar, y claramente está comprometido a trabajar para Harry en el taller para ganarse la vida. Suspiro, mirando por la ventana, no del todo lista para hurgar en charlas serias sobre nuestro futuro. ¿Hola? Acabamos de comenzar a salir ayer. Necesitamos un minuto o dos para procesar.

Hago lo mismo que Scarlett O'Hara y decido que pensaremos en ello mañana.

~FAF~

Después de mi ducha, bajo las escaleras para encontrar a Edward en la sala de estar. El plan es simplemente descansar y ver un poco de televisión hasta que el cansancio tome el mando.

Lo encuentro apoyado sobre la encimera de la cocina, esperando que una bolsa de palomitas termine de cocinarse en el microondas. Él luce cómodo en su camiseta negra y pantalón de chándal, y la manera en que sus manos están sosteniéndolo detrás de él resalta los definidos músculos de sus brazos.

Es casi injusto lo sexy que es. Injusto para otros... completamente justo para mí, en mi humilde opinión. Contengo mi chillido y simplemente imagino que estoy chocando mi puño con mi yo de dieciséis años.

Toma eso, Dorie Chester.

—Oye —dice, apartándose de la encimera y apoyándose sobre la isla donde lo encuentro en busca de un beso. Porque no puedo parar. En serio, no puedo parar de besarlo—. ¿Buena ducha?

—Sí —gruño—. Gloriosa. Y ahora estoy lista para nuestra maratón de La Teoría del Big Bang.

Él guiña un ojo y golpea sobre la isla antes de enderezarse de vuelta.

—Las palomitas estarán listas en un minuto. Oh, y tu teléfono acaba de sonar con todo tipo de campanas y silbidos.

—Oki doki. —Camino hacia la mesa donde dejé mi cartera y saco mi móvil, viendo que tengo un mensaje de texto de mi madre y una llamada perdida de Jasper. Justo cuando me acomodo en el sofá y le devuelvo la llamada a mi hermano, el teléfono de Edward también comienza a sonar.

Mi hermano contesta.

Bells

—¡Hola! ¿Cómo estás? —Mis ojos siguen a Edward mientras él toma su móvil y contesta en voz baja.

Intenté llamarte hace unos minutos. Odio tener que hacerte esto, pero mamá acaba de llamar. Papá colapsó en la entrada —Sus palabras son apresuradas.

—¿Qué? —Me bajo del sofá, mi mano aferrando mi cuello—. ¿Cuándo? ¿Cómo?

Terminando de trabajar en el patio, supongo. Mamá dijo que los paramédicos acaban de llegar. Aparentemente un vecino de la vuelta de la esquina estaba caminando con su perro. Se acercó, ayudó a mamá a hacer RCP hasta que la ambulancia llegó. —La voz de Jasper tiembla y mi estómago se agita—. N-No puedo conseguir un vuelo esta noche. No hay nada que salga de Tallahassee, y no llegaría a Atlanta a tiempo si lo intentara, así que estoy por buscar el coche ahora mismo. Estaré en Jersey al mediodía.

Edward termina su llamada y viene a mí, envolviendo su brazo alrededor de mi espalda. Él debe saber.

—¿Dónde está papá ahora? Quiero decir, me refiero, ¿adónde está yendo?

Mamá dijo el Memorial en Burlington. —Escucho a mi hermano jadear, probablemente conteniendo las inevitables lágrimas—. Bells, ella está hecha un desastre. No sabemos nada.

Miro a Edward, las lágrimas acumulándose en mis ojos y asiento, escuchando la desesperación de Jasper.

—Okey. Yo-yo buscaré la manera.

—Tienen vuelos nocturnos todo el tiempo —susurra Edward—. Te llevaremos a casa.

Suelto un sollozo ahogado y llevo la cabeza hacia su pecho.

—Estoy en camino, Jazz. Te llamaré cuando consiga un vuelo.

De acuerdo. Hablamos pronto.

—Jasper, por favor, conduce con cuidado.

Lo haré. Alice vendrá conmigo. Si me canso, podemos intercambiar. Esta era su semana de vacaciones. —Resopla y se sorbe la nariz—. Qué vacaciones.

—De acuerdo. Ten cuidado. Estaré en contacto contigo ni bien consiga la información de mi vuelo.

Una vez que termino la llamada, Edward me gira y me envuelve en su abrazo. Las lágrimas caen por mis mejillas, pero ni siquiera tengo tiempo para esto.

—Lo siento mucho —comienza—. Embry llamó. Cuando Jasper no pudo encontrarte al principio, llamó a Em para rastrearme.

Sacudo la cabeza, apartándome del abrazo.

—No tengo idea de lo malo que sea. Tengo que irme. Me disculpo.

Edward palidece.

—Bella, ¿bromeas? Es tu papá. —Toma mis mejillas, secando las lágrimas como siempre lo ha hecho—. Por supuesto que irás. ¿Puedo ir contigo?

—No puedo pedirte que hagas eso. —Me sorbo la nariz y tomo una servilleta de su encimera—. Ni siquiera sé qué estoy enfrentando.

—Déjame estar allí para ti. —Frota sus manos por mis brazos.

—Pero tu trabajo...

—No te preocupes por mi trabajo; Harry lo entenderá. —Sus ojos se cierran—. ¡Mierda! Mi reunión... diablos. —Da un paso hacia atrás, pasándose una mano por el rostro—. Déjame llamar a mi asesora.

—Edward, son casi las siete un viernes por la noche. Tu asesora no sigue en el centro viendo pacientes ahora mismo. —Empuño su camiseta—. Tienes que quedarte y reunirte con ella. Este es el futuro por el que has trabajado duro. Déjame ir a casa en Nueva Jersey, y te haré saber lo que está pasando. —Trago con fuerza, rogando que no lo llame con detalles de un funeral—. Tiene más sentido de esta manera. Por favor, por mí, ve a tu reunión.

~FAF~

Menos de dos horas después, compro un billete de American Airlines para un vuelo nocturno que me llevará a Philly a las seis de la mañana. Edward ha sido tan maravilloso. Él no abandona mi lado hasta que he pasado por seguridad, y ya hemos estado sentados aquí en Starbucks por una hora.

Él llamó a sus padres antes de salir de la casa, y ellos me dijeron que los llame a cualquier hora con noticias. Solo me hizo llorar más fuerte.

¿Cómo puede estar sucediendo esto? Lo que se sentía como la mejor semana de mi vida se ha hecho trizas en unas pocas horas. Todo lo que puedo hacer es rezar sin parar para que mi padre se encuentre bien.

Las buenas noticias es que él al menos está estable por ahora en el hospital, pero los doctores aún necesitan hacer más pruebas. He hablado con mi madre dos veces. Mi tía y mi prima están con ella, y papá incluso ha estado despierto y hablando por un rato.

Incluso así... mi estómago se siente revuelto, por demasiadas razones.

La alarma suena en mi teléfono, alertándome que estaré abordando en alrededor de veinte minutos.

—Te tienes que ir. —La voz de Edward es ronca, me toma de la mano y me lleva de nuestra mesa hasta el puesto de seguridad.

—Decir esto me hace odiarme a mí misma —Sacudo la cabeza, cerrando los ojos—, pero necesito que sepas que no quiero dejarte.

Él sonríe con tristeza, apartando un poco de cabello de mis hombros.

—Lo sé. No quiero que te vayas, pero tienes que asegurarte que tu papá va a estar bien. Simplemente estoy contento de que esté estable ahora.

Asiento.

—Yo también. —Me inclino y nos abrazamos, más fuerte de lo que nos hemos aferrado antes. Me hace ahogar de nuevo—. Gracias por esta semana. Por todo. —Mi voz es amortiguada contra su pecho, pero me escucha.

—Gracias a ti. Jamás sabrás lo mucho ha significado para mí que estés aquí. —Presiona sus cálidos labios contra mi frente y entonces se inclina y nos besamos. Es suave y lento, y lo terminamos demasiado pronto—. Llámame cuando aterrices, ¿de acuerdo? Diablos, llámame cuando abordes.

Sonrío y me aparto.

—Abraza a Lucy y a Linus por mí. Dile a tus padres que lamento no regresar y despedirme.

—Ellos lo entienden. —Asiente, seguridad y fuerza en sus ojos honestos—. Ve a estar con tu familia. Todo va a estar bien, Bella.

—Hablaremos pronto —digo entre un suspiro tembloroso y toco mis labios con mis dedos antes de darme la vuelta.

—Pronto —susurro para mí misma de nuevo, echando un vistazo atrás de vuelta, entristecida de que esté dejando mi futuro detrás de mí... con suerte solo por ahora.


Pitch the tent: Levantar la tienda, pero, en inglés, también se refiere a tener una erección en los pantalones.