Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Robsmyyummy Cabanaboy, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Robsmyyummy Cabanaboy. I'm only translating with her permission.
Capítulo 20
BPOV
Los aeropuertos al amanecer son extrañamente aterradores. Estoy a un zombi de protagonizar el estreno de la segunda temporada de The Walking Dead.
Saco el teléfono de mi cartera para llamar a Edward, poniendo los ojos en blanco al pasillo rodante, el cual ni siquiera se está moviendo. Qué útil.
—Hola. —Suspira, su voz ronca de la mañana calmando mi corazón exhausto y asustado—. ¿Estás en el suelo?
—Sí, estoy yendo a rentar un coche. Cualquier escritorio que esté abierto a esta hora de la madrugada es el que tendrá mi dinero.
—¿Alguna noticia de Jasper?
—Él dejó un mensaje alrededor de las cuatro de mi zona horaria, diciendo que él y Alice pasaron Columbia, Carolina del Sur. —Paso por la vidriera de Dunkin Donuts y mi estómago gruñe. Dios, esas roscas y ese café huelen divino.
—Está bien, ¿algo más de tu mamá?
—No, espero que no tener noticias sean buenas noticias.
—Bien pensado. Estoy seguro que si algo hubiera cambiado, ella al menos hubiera contactado a tu hermano.
Sigo las flechas que me llevan a los puestos de alquiler de coches. Divisando a una mujer detrás del mostrador de Avis, marcho en su dirección.
—De acuerdo, vuelve a dormir. Lamento despertarte a menos de una hora de cuando te hubieras levantado. Debería haber esperado para llamar.
—Detente. Y ni siquiera me molesté con mi cama; dormí en el sofá. De todos modos, no podía dormir, estaba preocupado por ti, por tu papá...
—Gracias. —Mis ojos se llenan de lágrimas—. Yo, eh... Te llamaré más tarde con una actualización, ¿de acuerdo?
—Está bien.
No estoy lista para terminar la llamada con él.
—Edward, yo...
—Te extraño. —Lo hace primero antes de que yo deba tragar las lágrimas que impiden mis palabras.
Mi asentimiento le sigue a mi triste sonrisa.
—También te extraño.
~FAF~
Cuando subo al coche rentado y conduzco hacia el hospital en Jersey, el desayuno está siendo entregado a los pacientes en el mismo piso de mi padre. Echo un vistazo al interior, encontrando a mi mamá dormida en el sillón junto a mi papá en su cama; él también está profundamente dormido.
Camino lentamente dentro del cuarto, estudiándolos. Hay cables por doquier. Las máquinas sisean y pitan, relatando la condición fisiológica actual de la vida de papá. Pero me niego a creer que este sea el fin de su historia. Un capítulo, quizás, pero estas máquinas solo pueden transcribir lo justo. Si hubiera un dispositivo que pudiera medir las emociones, el amor que uno siente por los demás y lo que es recibido a cambio, bueno, supongo que esos números sobrepasarían los límites para mi padre. Para toda mi familia, en realidad. La relación que he tenido el privilegio de presenciar entre mis padres durante los últimos treinta y seis años es más que una lección sobre amor que cualquier computadora podría documentar.
Charles y Renée Swan son los compañeros del otro en todo sentido de la palabra. Desde que puedo recordar, ellos jamás fueron tímidos al mostrar su afecto por el otro, incluso cuando mi hermano y yo estábamos cerca. De adolescentes, les decíamos que estábamos asqueados por sus conductas amorosas; pero ellos no nos prestaban atención.
Supongo que algunos padres tienden a guardar las muestras de amor e intimidad para ellos mismos, especialmente frente a sus hijos. Mis padres no. Los míos siempre se tomaban de la mano, se besaban y abrazaban, se aferraban al otro después de un largo día, y jamás le importó quién estaba cerca. «¿Cómo crees que ustedes están aquí?», bromeaba papá. «Tu marido o esposa está allí contigo después que todos se van. En la salud y en la enfermedad, son lo que están a tu lado sin importar lo que pase... recuerda eso», él agitaba su dedo en nuestra dirección. «Tienes que tener algo más en común que solo tus hijos. Encuentra a alguien que quieras a tu lado para celebrar los buenos momentos, pero que hará todo lo posible para aferrar tu mano durante las cosas tristes y aterradoras también. No puedes evitar lo que pasa en la vida... encontrar el compañero perfecto con quien transitar ese camino es una de las cosas que puedes controlar, así que haz que valga la pena».
Seco la lágrima que cae por mi mejilla y agradezco en voz baja a la enfermera por entregar una jarra de agua fresca y vasos para mis padres. No quiero despertarlos. El señor sabe cuánto han dormido entre los análisis y las visitas del personal del hospital, sin mencionar su nivel de ansiedad desde el caos de ayer.
Me siento a los pies de la cama de hospital sin ocupar y le escribo un mensaje a Jasper que acabo de llegar. Justo cuando presiono enviar, hay un golpe en la puerta.
—Buenos días, gente.
Los ojos de mi madre se abren y se sienta, volteando hacia la voz pero entonces parándose una vez que se da cuenta que me encuentro en el cuarto también.
—Buenos días... ¡oh, Bella! —Se apresura hacia mí y me abraza fuerte—. Gracias a Dios que estás aquí. —Cuando se retira, sus ojos están llorosos como los míos—. Cariño, él es el Dr. Brennan, el cardiólogo.
—Liam Brennan, un placer conocerla. —El doctor luce como el doble del príncipe Harry; solo le falta el acento.
—Lo mismo digo. —Después de estrechar su mano, camino hacia la cabeza de la cama de mi papá—. Hola, papi —susurro, aferrando mis dedos alrededor de los suyos. Su sonrisa exhausta en respuesta es suficiente por ahora.
—¿Cómo se siente, señor? —El Dr. Brennan se dirige a mi papá—. Parece que tuvo una buena noche.
Mi padre asiente mientras mi madre retuerce sus manos, luciendo como si estuviera estudiando cada respiración que mi papá toma y lista para escuchar atentamente cada palabra que pronuncia su doctor.
—Bien, aunque estoy contento con los resultados de la trombólisis, la angiografía me cuenta una historia más frágil. Recomendaría que realicemos la operación de bypass hoy. Hay una significante obstrucción en tu arteria coronaria izquierda, lo cual lo pone en mayor riesgo de futuros infartos.
Mi estómago se retuerce mientras que mi madre gimotea.
—Veo dos obstrucciones graves, pero una vez que entremos allí, tomaremos la decisión final sobre cuántos injertos necesitaremos hacer.
—¿Eso no es un poco agresivo? —cuestiona mamá, sus mejillas sonrojadas.
Él se apoya contra el armario. Su mirada pensativa calma mis nervios de que él no sea un tipo de doctor que "corta primero, analiza otras opciones luego".
—Bueno, en este caso, lo consideraría proactivo. A los sesenta y dos años, sigues siendo joven, y no veo ninguna otra condición médica seria que sumaría complicaciones extra o riesgos.
Mi teléfono vibra en mi bolsillo trasero; echo un vistazo a la pantalla y veo que es mi hermano.
—Jazz, espera, el cardiólogo nos está hablando ahora que papá necesita un bypass. Te pondré en altavoz.
—Está bien.
El Dr. Brennan sonríe cortésmente y continúa.
—Estoy preocupado por las oclusiones que puedo ver hasta ahora y la angina de pecho prolongada que ha estado experimentando, colocar una endoprótesis será solo colocar una bandita. A largo plazo, el bypass será más efectivo y reducirá las posibilidades de que esto vuelva a suceder. La calidad de vida incrementó bastante en otros pacientes después de la recuperación. Creo que es una solución óptima, señor.
Me concentro en papá, su rostro de Jefe-de-Policía totalmente colocado. Él escucha, absorbe, y voltea hacia nosotros.
—Bueno, hagámoslo, Doc. —Él asiente a mi madre, alentándola a que pare con la pendiente inquisición, sabiendo que ella está lista para prolongar la sesión de preguntas y respuestas hasta que todos estemos viejos y canosos—. ¿Ves a estas preciosas mujeres aquí? Tengo mucho por qué vivir.
—Oye, ¿qué hay de mí? —grita Jasper.
—Sí, también eres precioso, niño.
Mientras todos nos reímos, sacudo la cabeza. Papá perfeccionó sus chistes hace eras atrás. Aunque no me encanta la idea de él sometiéndose a más procedimientos cardíacos, sé que es la elección más inteligente. Estoy segura que mamá siente lo mismo; su rostro está más pálido que mis piernas en enero. Si pudiéramos cambiar la situación, lo haríamos. Pero el procedimiento que el doctor recomienda tendrá el resultado más seguro para papá a largo plazo.
—Entonces, ¿cuánto tiempo llevará esa operación? —pregunta mamá con un temblor en su voz.
—Considerando todo, deberían ser entre tres y cuatro horas. Tengo un excelente equipo trabajando a mi lado. Seremos capaces de mantenerlos al tanto durante la operación.
—¿Asumo que extraerán venas de su pierna?
—Exactamente. —El doctor parece sorprendido conmigo, casi impresionado—. ¿Tienes entrenamiento médico?
—Soy trabajadora social, pero hice mi entrenamiento de posgrado en un centro de cuidados parecido, buscando unidades de cuidado para mis pacientes, muchos de ellos recuperándose de infartos o apoplejías, así que estoy familiarizada con muchos de los procedimientos.
—Excelente. Parece que tienen una intérprete en la familia, Sr. y Sra. Swan. Están en buenas manos. —Antes de salir del cuarto, el Dr. Brennan sonríe, guiñándome un ojo.
Si esto hubiera pasado una semana atrás, podría haber coqueteado en respuesta también, pero en cambio simplemente le devuelvo una sonrisa amable, sabiendo que dejé mi corazón en Arizona.
Una semana.
No puedo creer que solo ha pasado una semana desde que estaba en Florida y en el bote con Embry, aprendiendo unos pocos detalles sobre Edward. Los seis días siguientes se volvieron un remolino de altibajos, llevándome a un viaje que solo podría haber soñado que sucediera. Edward y yo avanzamos tanto y luego todo se detuvo en seco.
—¿Por qué la mueca, Bella?
Las palabras de mi mamá me sacan de la fiesta sobre mi miseria.
—Nada. Solo estoy contenta de que tengamos un plan por ahora. —Volteo hacia mi padre—. Te vas a sentir mucho mejor, papá, en serio. Recuerdo a los pacientes con los que trabajé decir que el alivio fue casi instantáneo.
—Y creíamos que el Pepcid funcionaría —resopla mamá—. Debería haberte escuchado, cariño. Mientras tanto, dejé que este... —Señala con la cabeza a papá—. Me convenciera de no hacerlo y ahora todos estamos aquí.
—Lamento haber interrumpido tu visita a Edward, cielo —susurra papá—. Momento inoportuno de mi parte.
Resoplo y aparto un poco de su cabello de su frente.
—Sí, si puedes darme al menos un aviso de treinta días por adelantado sobre cualquier emergencia médica futura, eso ayudaría mucho.
—Eh, sí, triplica ese pedido por escrito —añade Jazz.
Papá me pone una cara tonta, y le devuelto otra. Mamá simplemente chasquea la lengua ante nuestras payasadas. Estamos tratando de mantener el momento ligero. Estoy segura que ella lo sabe, pero los nervios están tensos ahora mismo. Lo entiendo.
Tomando mi móvil de la mesa, mamá cambia de tema.
—¿Cuánto te queda, Jasper?
—Estamos casi en Richmond, mamá. Aún nos quedan otras cinco horas.
—No te vuelvas loco, niño —dice papá—. Tú y Alice solo lleguen en una pieza.
—Sí, señor. —La simple respuesta de Jasper está cubierta de temor. Odio escuchar eso en la voz de mi hermano.
—De acuerdo, Sr. Swan —interrumpe el Dr. Brennan, volviendo a entrar al cuarto—. Tenemos papeleo para que llene y entonces mi equipo comenzará a prepararlo para la cirugía. —Él entonces gira hacia mi madre y hacia mí—. Haré que mi enfermera salga y hable con ustedes después que completamos cada fase del procedimiento. Pueden seguir a su marido hacia la sala de espera quirúrgica cuando estemos listos para comenzar.
Papá asiente.
—Renée, ¿puedo hablar con Jasper?
Mamá le pasa a papá el teléfono y se disculpa para usar el baño. Me alejo de su lado y le permito un poco de privacidad para hablar con mi hermano. La ventana en su cuarto no ofrece mucha vista, solo el techo de un edificio médico pegado a este. Mi visión se nubla mientras mi mente vaga.
Dios, ¿cómo llegamos aquí? Tenemos respuestas y un procedimiento pero estoy paralizada con ansiedad de todos modos. Sigue siendo una operación a corazón abierto y sigue siendo mi padre. No puedo imaginar perderlo.
Él es papá, nuestra roca... el apoyo que necesitamos para que nuestra casa siga de pie. Él tiene que sobrevivir a esto. No hay otra manera.
En el transcurso de los siguientes quince minutos, observamos al equipo médico preparar a papá para transportar, moviendo máquinas, cables, y tubos a un lado u otro. Todo parece tan robótico e insensible. Pero están haciendo su trabajo. Está impecablemente coreografiado, una máquina bien engrasada. Apuesto que lo han hecho miles de veces.
Pero esta vez es papá. ¿Saben ellos lo importante que este hombre es para nosotros? ¿Aseguraría un mejor futuro para él si lo hicieran más lento? ¿Si hicieran más preguntas? ¿Revisar tres veces sus acciones?
No lo sé. Mis pensamientos están dispersos; incluso yo sé que no tiene mucho sentido, pensar en círculos. Esto es demasiado irreal y lo odio.
Con tres pares de ojos llorosos entre nosotros, muchos besos, manos aferradas, y plegarias silenciosas después, todos intercambiamos un «Nos vemos luego». Es más aceptable que un adiós. Adiós no es una opción. No hoy.
Mamá y yo seguimos al equipo hasta la sala de espera para sentarnos, observar, y tratar de no trepar las paredes.
Y esperamos.
~FAF~
Edward contesta al primer tono.
—Hola, tú. ¿Alguna novedad?
—Casi sale de la operación, pero los doctores están satisfechos hasta ahora. —Mis palabras son susurradas, como si el universo las fuera a escuchar y así sabotear todo.
—Excelente. ¿Cómo está tu mamá?
—Lo suficientemente fuerte por fuera antes de la operación. Hasta que recibimos novedades hace un rato, ella estaba hecha un desastre. Saber que las cosas están mal pero que podrían haber sido cien veces peor está haciendo estragos en su mente.
Su suspiro en respuesta reconforta mi corazón, como si él tuviera tanto que perder como el resto de nosotros. Amo saber que a él le importe demasiado, y que no sea un acto.
—Estoy contento de que estés allí para ella.
—Yo también. —El silencio cómodo nos envuelve por unos segundos. Mi dedo talla una B en el vaso de poliestireno en mi regazo. Doy un paso más y añado el símbolo de suma y una E. No es un árbol en la tierra de nadie, pero sirve por ahora. Hay tanto que quiero contarle sobre mí, sobre él, sobre todo lo que estoy sintiendo. Pero sé que si rasgamos la pared y provoca una pequeña fuga, mi presa de emociones intensas explorará justo después y ninguno de los dos está en posición de lidiar con eso apropiada—. Bueno, sé que estás ocupado en el trabajo. Simplemente quería darte las novedades.
—No, realmente lo aprecio. Voy a llamar a mis padres y hacérselo saber. Ellos ya me han llamado dos veces esta mañana.
—Ellos son increíbles.
—Tú eres increíble.
En algún momento entre su comentario de "increíble" y mi próxima respiración, la ola de emociones se aproxima con furia y provoca una inundación.
—No me siento increíble. —Fracaso al contener los sollozos mientras intento no hiperventilar—. Siento que este año ha ido de mal a peor, pero la pizca de esperanza allí somos tú y yo, ¿sabes? —Inhalo temblorosamente, desesperada por tranquilizarme—. Estoy tan agradecida de que la cirugía de mi padre esté yendo bien hasta ahora, y a la larga lo pondrá mucho más saludable, pero él aún no está fuera de peligro. Cualquier cosa podría salir mal. Justo cuando piensas que las cosas están mejorando, ¡BAM! ¡Apesta ser tú de nuevo! —Dejo de agitar mi mano alrededor, tratando de calmarme. Gracias a Dios que estoy sola en esta sala de espera o algún enfermero podría sentirse tentado de llamar a la sala de psiquiatría—. Serán unos dos a tres meses de recuperación para él. Sé que mi mamá necesitará ayuda para instalarlo en casa. Juro que estoy lista para ir y buscarle un entrenador en el gimnasio, y limpiar su refrigerador y alacena. Pero al mismo tiempo, todo lo que quiero hacer es regresar allí contigo ahora mismo. —Paso mis dedos por mi cabello y me dejo caer en un sillón—. Es un desastre de emociones y ninguna me coloca en tus brazos y aquí ayudando a mis padres al mismo tiempo. —Sacudo la cabeza, quitando las lágrimas de lástima por mí misma—. Me hace sentir tan, tan culpable.
—Okey, okey... respira. Una cosa a la vez.
El silencio se extiende mientras respiro profundo varias veces, avergonzada una vez más que Edward tenga asiento en primera fila para presenciar mi histeria tomando poder.
—Vamos a resolver esto, Bella. Lo prometo.
—Lo sé. Simplemente... Estoy… Estoy...
—Estás exhausta. Has estado despierta por casi veinticuatro horas.
—Allí estás. —Jasper aparece en la puerta y más lágrimas caen de mis ojos. El alivio instantáneo al ver a mi hermano es abrumador. Él me envuelve en un abrazo que desesperadamente necesito—. ¿Quién está al teléfono?
—Edward —susurro.
—Oye, ve a pasar tiempo con tu hermano. Estoy contento de que él haya llegado a salvo. Envíale mis saludos.
Me aparto de Jazz y me seco las mejillas, exhalando fuerte.
—Sí, debería regresar con mi madre de todos modos. Le dije que regresaría con café y en vez de eso me desvié para llamarte.
Él se ríe.
—Está bien, en serio. Hablaremos más tarde.
—De acuerdo. —Asiento—. Gracias... por escuchar. Por estar allí una vez más.
—Si no puedo abrazarte físicamente, escuchar tu voz, sin importar la razón, es la única cosa que preferiría estar haciendo.
Sus palabras tienen la habilidad de hacerme volar.
—Adiós.
—Adiós.
Guardo mi teléfono en mi bolsillo y abrazo a Jasper de nuevo.
—Estoy tan contenta de que estés aquí. ¿Viste a mamá ya?
—Sí, primero fuimos al piso donde papá había estado temprano, buscando alguna indicación. Las enfermeras nos enviaron a la sala de espera quirúrgica. Estuvimos allí por un momento, y entonces salí a buscarte. Alice se quedó con mamá. —Inclina la cabeza, frotando mis espalda—. ¿Está todo bien?
Me siento, inclinándome hacia adelante sobre mis piernas con mi cabeza colgando.
—Simplemente estoy agotada emocionalmente. Tengo los nervios a flor de piel, mi corazón y mi mente están dispersos... siento que todo comienza a desmoronarse.
Su mano derecha masajea mi cuello.
—Lo entiendo. Ha sido mucho que asimilar, pero incluso si es un viaje más largo de lo que esperábamos, parece que papá va a estar bien.
Froto mis manos sobre mi rostro, deteniéndome en mi boca.
—Mamá va a necesitar ayuda. Creo que necesito quedarme aquí por un tiempo.
Jasper reacomoda la malla de su reloj.
—¿Tuviste alguna respuesta de los currículums que enviaste?
—Dos. Ellos quieren tener una entrevista tan pronto como sea posible.
—Bueno, si ocurrió rápido para ti en Florida, estoy seguro que puede ser rápido en Jersey también. —Se inclina hacia adelante para copiar mi posición, captando mi mirada.
Asiento, sin darle voz a mis preocupaciones sobre Edward y yo. ¿Dónde encajamos en todo esto? Es egoísta incluso decirlo en voz alta. Mi odio a mí misma está por las nubes hoy y lo odio. Usualmente no soy una persona amargada, pero mi montaña rusa de emociones me está llevando a nuevas alturas hoy.
—Oye. —Jasper choca su zapato con el mío—. Edward ha esperado treinta años, ¿cierto?
Sonrío y resoplo, mis párpados cerrándose lentamente. Mi hermano me conoce tan bien.
—Él esperaría treinta más si necesitas que lo haga. —Envuelve su brazo alrededor de mi hombro, dándome un par de jalones—. Tengo el presentimiento que él no se irá a ninguna parte a menos que sea contigo.
~FAF~
—Bueno, esa es una cara horrorosa —bromea Jasper, alejándose del radiador en el cuarto de hospital y acercándose a la cama de mi padre—. ¿Cómo te sientes, papá?
Papá se aclara la garganta.
—Como si alguien me hubiera pisado. Siento que podría dormir por días. —Su voz es increíblemente débil; ni siquiera debería estar hablando. Sus ojos están cerrados pero su sonrisa exhausta nos tiene suspirando de alivio en conjunto—. Qué bueno que estés aquí, pequeño. —Abre un ojo—. Alice, gracias por acompañarlo. Lamento no estar en mi mejor atuendo.
Alice da un paso adelante, agitando una mano para quitarle importancia.
—Nada que no haya visto antes en mi trabajo. —Sonríe y le guiña un ojo—. Pero qué bueno que te sientas mejor.
—Sí, no ha sido fácil mantenerme tranquilo por más de dieciséis horas —dice Jasper, resoplando—. Ella se merece una medalla.
Alice resopla, golpeando la mano de mi hermano.
—Y bien, el doctor dijo que la operación fue bien —comento.
—Bypass triple, Charlies —Mamá lo reprende, como si él pudiera haber previsto la severidad de las obstrucciones.
—Estarás aquí en Cuidados Intensivos hasta mañana, pero entonces pasarás a un cuarto en la unidad de recuperación durante el resto de la semana —añado, tratando de difundir la tensión—. Ellos te enviarán a casa con órdenes para terapia física, todo tipo de píldoras nuevas y divertidas...
—¡Y un nuevo estilo de vida! —añade mamá, medio entusiasmada, la otra mitad llena de ansiedad de que estuviera cerca de perder a papá.
La enfermera a cargo asoma su cabeza alrededor de la cortina.
—Hola, gente. Ahora que está despierto, necesitamos seguir las reglas. Un visitante a la vez. Lo siento.
—¿Qué hora es? —masculla papá, sus ojos cerrándose de nuevo.
—Casi las siete, bella durmiente. Te tomaste tu tiempo para salir de la anestesia.
Alice y yo nos turnamos para golpear a mi hermano; incluso papá logra formar un puño y sacudirlo en su dirección.
—¿Alguno ha comido? —pregunta Shelly, la enfermera de papá, mientras le toma la temperatura.
—No —nuestro coro responde al unísono, seguido por algunas risitas.
—Nuestra cafetería está abierta por otros noventa minutos. —El tono alentador de Shelly nos lleva a juntar nuestras cosas para salir.
Mamá besa a papá, diciéndole que regresará pronto.
—Te veré en la mañana, papi —digo suavemente—. Descansa un poco. Te amo.
Él asiente con una sonrisa.
—¿Hasta cuándo son las horas de visita aquí arriba? —pregunta Jazz mientras todos nos retiramos juntos.
—Las nueve.
—De acuerdo, bueno, busquemos algo para comer abajo y entonces subiremos aquí de nuevo antes de dirigirnos a casa.
Sacudo la cabeza, susurrándole a Jasper y a Alice.
—No tengo hambre.
Mamá se suena la nariz con el pañuelo que acaba de pasar por sus ojos.
—No permiten visitas durante la noche en cuidados intensivos, pero puedo quedarme con él cuando sea transferido de vuelta a su otro cuarto —añade.
—Sí, todos necesitamos dormir en camas esta noche. Pero tú —Jasper voltea hacia mí, agitando su dedo—, ve a casa antes de que colapses. No has dormido nada. Al menos, el resto de nosotros tuvimos siestas en las últimas veinticuatro horas.
No me resisto mucho. Después de despedirme de ellos, prometo dejar la luz de la sala encendida para ellos antes de irme a dormir.
Afuera en el coche, llamo a Rosalie para ponerla al tanto con las últimas noticias, pero va directo a buzón de voz. Dejo un mensaje detallado, asumiendo que ella y yo podemos ponernos al día en un día o dos. Es tan reconfortante saber que mi mejor amiga vive calle abajo de la casa de mis padres de nuevo. Ella y Emmett se mudaron de regreso hace un par de años; querían criar a sus hijos donde todos crecimos. Puedo entender la atracción. Las comunidades que conforman Pine Barrens en el sur de Nueva Jersey personifican una burbuja del atractivo atemporal de pequeño pueblo pero están lo suficientemente cerca de las ciudades grandes que no te sientes completamente fuera del mundo real.
Cuando mi teléfono suena unos segundos después, asumo que es Rose devolviéndome la llamada, pero es Edward.
—Hola, tú.
—Hola. ¿Es un mal momento?
—Para nada. Acabo de salir del hospital, de hecho. Papá se está recuperando en cuidados intensivos, y Jasper está llevando a mamá y a Alice a la cafetería antes de que cierren por la noche. Ellos vendrán a casa después que terminen las horas de visita.
—Oh, está bien. Bueno, solo llámame cuando llegues a casa. Quiero escuchar las novedades sobre tu papá y hablar contigo sobre la reunión con mi supervisora clínica.
Chasqueo la lengua y suelto un resoplido.
—No puedo creer que olvidé preguntarte temprano cómo fue todo.
—Bella, no seas tan dura contigo misma. Estabas más que un poco ocupada. Pero, escucha, solo llega a casa a salvo y hablaremos entonces.
—Lo haré. —Me mantengo en silencio por unos segundos, encontrando consuelo en saber que él está conmigo a pesar que no está aquí conmigo. Es incomprensible cómo, en tan poco tiempo, la emoción y el confort de tener a Edward de vuelta en mi vida y a mi lado de nuevo me ha calmado. Entre mi tumultuoso año con Tyler y ahora el drama médico con papá, estoy disfrutando mi nueva relación con Edward. Es la solitaria rosa entre el arbusto espinoso que ha amenazado con estrangularme múltiples veces.
—¿Sigues conmigo?
Logro esbozar una sonrisa cansina simplemente porque su voz es tan sexy en su inocencia y sinceridad.
—Sí. Solo estoy pensando que será bueno tener tu voz como la última cosa que escuche antes de quedarme dormida esta noche. Abrumada con los nervios destrozados en un vuelo lleno de madrugada anoche no fue exactamente relajante.
Él tararea.
—Me aseguraré de encontrar mi mejor cuento para dormir, ¿qué te parece?
—Espero que tenga un final feliz —digo entre un bostezo y entonces me río—. Lo siento.
—Te prometo que trabajaré para un final de cuento de hadas si prometes llegar a casa a salvo.
La bocina del coche detrás de mí me saca de mi trance en el que su voz me ha puesto. Saco mi lengua hacia el espejo retrovisor pero le sonrío al nombre de Edward que resalta en mi teléfono.
—De acuerdo. Voy a colgar.
—Bien —se ríe—. Hablamos pronto, dormilona.
~FAF~
El viaje a casa solo se vuelve aterrador cuando me doy cuenta que me encuentro a una cuadra de la casa, y no recuerdo el camino que tomé para llegar aquí. Mientras estaciono en la entrada, le agradezco a Dios en alto por haber llegado a casa sin matarme o matar a alguien más. Los vecinos deben estar teniendo una fiesta porque hay coches alineados a ambos lados de la calle. Mientras lo mantengan tranquilo, estaré bien. Estoy tan exhausta que probablemente podría seguir durmiendo aunque estallara una bomba en el cuarto de al lado.
Subo un escalón en el porche frontal y me doy cuenta que no tengo las llaves de la casa de mis padres conmigo. Asumo que están en una caja en el armario del pasillo de Jasper en Florida ahora mismo. Eso es conveniente.
Diablos.
Hay una llave escondida en el garaje que podría conseguir si atravieso el patio trasero. Sin embargo, estoy bastante segura que ellos aún siguen usando la piedra falsa que papá escondió entre los arbustos de azalea cuando estábamos en la primaria. Suelto mis bolsos junto a la puerta, esquivando el rociador automático, el cual actualmente está cubriendo el otro lado del patio. El abono y algunas hojas caídas que piso están empapadas, pero ignoro su viscosidad y curvo mi cuerpo para caber detrás de la maleza.
Telarañas, grillos, y gusanos, ¡oh, por Dios!, además de la asquerosa humedad. Agh. Necesito una ducha, pronto.
Escarbo por el patio, lanzando pedazos de corteza y algunas rocas. Esto es repugnante. Un final perfectamente horrible a un día perfectamente horrible. Bueno, no completamente feo, me recuerdo duramente. Papá está con vida y el Dr. Brennan es optimista sobre su recuperación. Ahora comienza el camino a la recuperación y un estilo de vida más sano. Imagino que esta será la parte difícil.
Es agotador de solo pensarlo.
¿Dónde está esa maldita roca?
—¡Ajá! —Tomo la piedra falsa de abajo de las raíces expuestas del arbusto con mi triunfo. Mientras maniobro para regresar a donde las azaleas se encuentran con la ventana en mirador, los rociadores a mis pies y el principal cubierto de pachysandra aparecen de repente. El agua es rociada en todas direcciones, empapándome desde las rodillas para abajo e incluso mojando mi rostro mientras lucho con los arbustos.
Estoy chillando como una idiota mientras me dirijo a la seguridad del camino seco, pasándome las manos por el rostro mojado y mi cabello despeinado.
—¿Podría posiblemente ser más desastrosa? —gruño hacia los árboles y la luz del día que se esfuma.
—No lo sé, creo que luces adorable.
Me doy la vuelta, boquiabierta, observando a Edward de frente mientras él camina por el sendero. Camiseta blanca, camisa a cuadros verde y azul sin abotonar, y jeans oscuros con botas de construcción. Además de una gorra de béisbol al revés y sus gafas de montura metálica, por supuesto. Quiero decir, en serio.
Señor, gracias por todas las bendiciones, grandes y pequeñas.
—¿Estás aquí? —jadeo—. ¿Estás bromeando? —Estoy abrumada mientras las lágrimas se acumulan en mis ojos.
Él extiende sus brazos.
—¿Dónde más estaría?
Corro y salto a sus brazos. Gracias a Dios que su complexión es como la de un árbol y apenas se mueve cuando lanzo mis brazos y piernas a su alrededor. Él se ríe suavemente y me hace derretir, lo juro. Cuando entierro mi rostro en su cuello, su agarre se intensifica alrededor de mi espalda y sus dedos juegan con las puntas de mi cabello.
—¿Estás bien? —masculla contra mi hombro.
Me sorbo la nariz, cerrando los ojos, no lista para moverme de la calidez de su cuello.
—Solo no puedo creer que estés aquí. —Cuando levanto la cabeza, encontrándome con su mirada, sus brazos acentúan su agarre de nuevo.
—En persona.
—¿Cómo sabías que te necesitaba tanto?
Su considerada media sonrisa es seguida con un encogimiento de hombros.
—Me arriesgué, pero realmente esperaba que me extrañaras tanto como yo te estaba extrañando.
Me inclino hacia adelante, capturando su labio superior en un suave beso. Nos movemos lentamente contra la boca del otro por varios segundos hasta que sonrío contra sus labios; él me copia.
—Hola —susurro.
—Hola, tú.
—Gracias por venir para estar conmigo. Has convertido este día en algo que vale la pena recordar.
Él me da un beso de nuevo.
—Me pone feliz.
—Aunque estoy llena de telarañas y sucia después de mi lucha en los arbustos.
—Me gustas sucia —interrumpe, guiñándome un ojo—. Pero, ¿qué hacías allí atrás?
—Demasiado perezosa para caminar alrededor de la casa y meterme en el garaje donde mis padres esconden su llave, así que esperaba encontrar la llave vieja aquí afuera.
—¿Seguía estando en esa piedra falsa?
Suelto una risita.
—¡Sí! No puedo creer que recuerdes eso. Como sea, tuve que escarbar por todo el abono húmedo y fui pinchada por los arbustos de azalea. Oh, y estoy muy segura que una viuda negra intentó matarme también.
—Bueno, será mejor que te metamos en la casa antes que la naturaleza te vuelva a atacar esta noche —dice con una risita y deja besos en mis labios, barbilla, y cuello.
Dios, él me hace sentir sexy, incluso bajo las circunstancias.
Quiero ser suya, y quiero que él sea mío de todas las maneras posibles.
—Estoy tan cansada que puede que me ahogue en la ducha.
Él inclina la cabeza.
—Bueno, no puedo permitir que eso suceda, ¿o no?
—¿Alguna sugerencia para mantenerme a salvo? —Estoy maravillada por la mirada penetrante en sus ojos mientras me estudia. El lento rebote de su manzana de Adán y la tensión en su mandíbula me lleva a creer que la humedad de Nueva Jersey no es la única razón por la que me siento aún más caliente.
—¿Chaperón? —pregunta con alegría y necesidad en su voz.
—Sí, por favor.
~FAF~
La puerta del baño se cierra mientras abro el agua en la ducha. Mi estómago está hecho un nudo, pero cuando siento su fuerte brazo envolverse alrededor de mi cintura, girándome, recuerdo que no hay razón para temer o tener ansiedad.
Sus ojos amables pero hambrientos me dicen por qué. Solo somos Edward y Bella. No los de rodillas huesudas y codos con moretones por caer de nuestras bicicletas o de la patineta cuando teníamos diez años. No, las cicatrices que llevamos marcan nuestros corazones, magullados y sangrientos, pero de alguna manera ahora —en los brazos del otro— somos capaces de ignorarlos, alejar ese viejo dolor por un momento y quizás incluso para siempre.
Nuestro pasado no tiene y no nos definirá. Una mariposa que se escapa de su crisálida, donde ha estado atrapada por tanto tiempo, y no mira atrás. Agita sus alas, gana fuerza con cada movimiento y se va volando para comenzar la siguiente fase de su vida.
Un nuevo rumbo que comenzó en Arizona y continúa esta noche.
Con su mirada en la mía, mis dedos se deslizan por sus anchos hombros para quitar su camisa por sus brazos. De nuevo, muevo mis manos por sus abdominales que se contraen mientras su camiseta blanca se abultan en mis muñecas.
—Aquí, déjame. —Edward toma el mando, pasándola por su cabeza, dejándolo frente a mí vistiendo solo jeans. Se quita los anteojos y los coloca en la encimera antes de volver a mí.
Con mi espalda contra la pared, él planta sus brazos a los costados de mi cabeza. Atrapada y encantada por eso, me estiro para tomar su rostro con mis manos y observar mientras él traga fuertemente.
Casi puedo escuchar los mantras idénticos en nuestras cabezas.
Somos nosotros. Solo tú y yo. Bella y Edward. Edward y Bella. Deberíamos haber sido nosotros todo este tiempo.
Agachándose, su boca encuentra la mía una y otra vez mientras nuestros besos se intensifican.
Mis manos se desplazan desde su cuello, bajando por su pecho marcado, y terminan con mis dedos jalando de la trabilla de sus pantalones. Él está tan cerca, pero quiero... lo necesito más cerca.
De repente, ambos estamos luchando para desabrochar los botones de mi blusa mientras el vapor se acumula detrás de las puertas de cristal de la ducha. No nos lleva mucho tiempo hasta que él está desnudo frente a mí y quitándome las bragas. Mientras estas se acercan al suelo, los suaves labios y el aliento caliente de Edward dejan un camino de besos húmedos a lo largo de mi clavícula y bajando por mis pechos.
Mi estremecimiento hace que se pare y me lleve hacia la ducha, donde la nube nos envuelve como una manta caliente.
—¿Puedo? —Su voz ronca está llena de sexo y deseo mientras yo junto mi cabello en la parte superior de mi cabeza con una horquilla. Asiento y sonrío, y él llena la palma de su mano con gel de ducha. Sus manos se mueven por mi cuerpo como si estuviera leyendo un mapa y supiera dónde se encuentran escondidos todos los tesoros. Me encuentro jadeando y suspirando mientras él traga cada uno de mis suspiro con sus dominantes labios—. Eres más hermosa de lo que mis sueños pudieron imaginar.
La espuma jabonosa de mi cuerpo se transfiere al suyo. Nuestros besos están hambrientos en un minuto y son delicados al siguiente. No puedo seguirle el ritmo, pero no me importa. Todo lo que sé es que sentir su peso presionando contra mí, mientras exploro sus brazos tonificados y bajando por la V definida bajo su estómago, es como un subidón que jamás he experimentado.
Cuando mis manos toman su trasero y le doy un apretón, Edward gime contra mi boca de nuevo, esta vez tomándome en sus brazos para sentarme a su cintura. Él nos gira bajo la ducha, permitiendo que el agua corra entre nuestros pechos jadeantes, enjuagando todas las burbujas.
Estirándome detrás de mí, golpeo la perilla contra la pared, apagando el agua. Cuando mis labios se mueven por su mejilla para mordisquear su oreja, él tararea y me muerdo el labio, emocionada por provocar estos sonidos de él. Lamo las gotas de agua que se deslizan por su cuello y sus dedos presionan con más fuerza en mi espalda. Mi vientre se retuerce con anticipación cuando él suspira y gruñe mi nombre.
Inclinando la cabeza a un lado, nos estudiamos con una sonrisa en nuestros rostros. Cierro los ojos y me inclino hacia adelante para besarlo una, dos veces, y entonces abro mi boca para jalar de su labio inferior.
—Cama —susurro contra su boca.
Él asiente y desliza su lengua contra mis labios de nuevo.
—Sí.
Después de abrir la puerta, él sale de la ducha y yo tomo una toalla de la barra mientras abandonamos el baño.
—¿Recuerdas adónde vas? —digo con una risita, envolviendo las suave fibras de algodón a su alrededor como una capa.
Él nos lleva hacia mi cuarto de la infancia y se detiene a los pies de la cama de dos plazas.
—Recordar sugeriría que hubo una posibilidad de que lo hubiera olvidado. —Su voz sigue ronca, tan profunda... deseable. Acostándome en el centro de la cama, se cierne sobre mí, su pecho mojado y caliente moviéndose junto con el mío—. Jamás olvidé, Bella. Nunca.
Mi garganta está seca mientras lo miro con anhelo a sus ojos encantadores, pero siento la necesidad de contar un secreto del que no estoy necesariamente orgullosa.
—Muchas veces con los años, me encontraba deseando poder borrarte de mi mente, de mi corazón. —Mi dedo índice se desliza por su labio inferior mientras él escucha atentamente—. Solo porque dolía saber que estabas allí afuera y no eras mío. Me ponía tan triste pensar que estabas bien y viviendo felizmente, y yo no estaba allí para compartirlo... o ser la razón de ello. —Mi confesión se detiene cuando él me besa duro.
Luchamos por recuperar el aliento, nuestras bocas moviéndose sobre los labios del otro. Por su mejilla, bajando por su mandíbula... no hay un lugar donde nuestras lenguas y dientes no viajen. Mientras tanto, sus manos recorren los costados de mi cuerpo desnudo mientras se ubica entre mis muslos.
Nuestro ataque se detiene y me besa suavemente esta vez, sus labios a milímetros de los míos.
—Perdimos tantos años basados en suposiciones y mala comunicación. —Sacude la cabeza, su mirada estudiándome con concentración—. Nunca más. No más sentimientos ocultos. No más arrepentimientos.
Levanto la cabeza de la almohada porque tengo que besarlo una y otra vez.
—Cuando haya algo en mi corazón, lo diré con franqueza —promete—. Eres demasiado importante para mí para dejar que te escapes de mis manos.
Si mi sonrisa brillante no me delatara, estoy segura que mi corazón martillando la sinfonía en mi pecho dirigida por él lo haría.
—No más tiempo perdido —continúa—. Si sientes algo, me lo dices.
Me estremezco, presionando mi cabeza contra la almohada. Cuando mi cuerpo atrapado se retuerce, sé que quiero aliviar el momento.
—Oh, estoy sintiendo algo. —Muevo mis caderas para darle un empujoncito y él sonríe diabólicamente.
Él inclina la cabeza a un lado.
—¿Quieres que use...?
—No —lo interrumpe con un mordisqueo en su mentón—. Solo quiero sentirte.
Su boca devora la mía de nuevo. Mientras mis manos se aferran a los músculos de sus brazos, escápulas y espalda, él desliza un brazo entre nuestros cuerpos.
Cuando su mano exploradora se detiene entre mis piernas, gimoteo. Resoplando con una risita, él lame y succiona la piel sensible bajo mi oreja. Frota la yema de sus dedos desde mi entrada hasta mi clítoris, haciendo que sisee y suelte un quejido, incapaz de esperar más.
—Por favor, Edward —ruego justo cuando él comienza a embestir su pelvis entre mis piernas. Solo le lleva varias repeticiones del movimiento hasta penetrarme por completo.
Se detiene, yo también, y enlaza sus dedos con los míos, presionando mis manos sobre el colchón. Besándome suavemente, susurra contra mi boca «¿Estás bien?».
Asiento, jalando frenéticamente de sus labios con los míos.
—Perfecta.
Él se toma su tiempo al principio, entrando y saliendo lentamente, provocando mi boca, mejillas, y nariz con mordiscos y besos juguetones. Es cuando libero mis manos de su agarre, plantándolas en su trasero y sujetándolo que acelera su ritmo. Sus caderas giran y entonces embiste una y otra vez. Él está frotando y pulsando en mi interior donde la línea entre placer y dolor es mi punto límite.
Estoy con Edward. Edward... mi Edward.
Gruñimos, gemimos, suspiramos, succionamos, es follar y hacer el amor, angustia y amor adolescente, viejos amigos y nuevos amantes, y simplemente... dicha.
Todo lo que necesito es hacer mi cabeza a un lado para ver su cuerpo tonificado y musculoso presionar contra y dentro mío, y mi boca se abre mientras mi orgasmo llega rápidamente y me envuelve.
Momentos después, él se estira debajo de mí, afianza su agarre, y nos gira así me encuentro sobre su regazo. Su cabeza está casi cayendo por el borde de la cama debido a nuestra posición diagonal. Nos reímos y reacomodamos antes de posicionarme sobre él y deslizarme sobre su polla.
Con una mano en mi cadera y la otra masajeando mi pecho, él arremete su pelvis hacia arriba mientras afianzo mis palmas sobre su pecho para subir y bajar al ritmo de él.
—Eres jodidamente sexy —dice suavemente, trazando una mano por mi cuello. Me jala hacia adelante mientras levanta su pecho de la cama para encontrarme a mitad del camino para otro beso. Su otro brazo lo mantiene sentado, y lo monto más rápido pero con movimientos más largos—. Me vas a hacer correr, Bella.
Me agacho, deslizando mi lengua de vuelta en su boca. Él sostiene mi rostro en sus manos; se está concentrando, me está estudiando a mí, quizás a nosotros.
Él gime y reboto un poco más rápido hasta que él aparta su rostro, presionando su mejilla contra el colchón, una sonrisa a boca abierta en su rostro.
—Siiiiií, Bella. Diablos.
No detengo mis movimientos hasta que él regresa a mí. Bajo la mirada a nuestros cuerpos jadeantes. Mis pechos bailan junto con su pecho, y hay un brillo en nuestra piel que es una combinación de los restos del agua de la ducha y del sudor.
Me levanto de su cuerpo y me acuesto, acurrucándome a su lado justo cuando él envuelve su brazo alrededor de mi espalda. Permanecemos en silencio, recuperando el aliento mientras mis dedos vagan por su pecho, a través de un escaso vello allí y sigo el camino descendiendo por sus abdominales donde más vello se acumula bajo su ombligo.
—No puedo creer que acabo de tener sexo con Bella Swan —dice con un tarareo satisfecho.
Resoplo y me inclino sobre él, mordiendo un pezón.
—Como me atrevo a tener sexo con Edward Cullen. —Nuestras sonrisas me hacen reír, y me estiro para darle un par de besos—. ¿Estás bien?
Él asiente, sus dedos trazando un patrón desde mis brazos hasta mis muslos y espalda.
—Estoy... Estoy en una especie de nube, creo. —Sacude la cabeza, mirando por detrás de mí y hacia el ventilador de techo—. Es irreal, pero emocionante y es... como un sueño. Uno que nunca te permites tener en cuenta, que finalmente se ha vuelto realidad, ¿sabes?
Resoplo.
—Sí, estoy allí contigo. —Me encojo de hombros, conectando algunos lunares en su pecho con sus hombros y brazos—. Que nosotros estemos juntos así siempre fue imposible para mí, así que tuve que soltar ese pensamiento. Y ahora aquí estamos. —Miro alrededor de mi viejo cuarto—. Y estamos viejos.
—Oye —reprende con una risita—. Somos mayores, pero no somos ancianos, niña. Quiero decir, creo que estuvimos bastante bien aquí esta noche.
Me pongo tímida por un instante de segundo y entierro mi rostro cerca de su brazos.
—Sí, nada de titubeos y movimientos de niños. No necesitamos prácticas; estamos listos para desempeñarnos —mascullo.
—Habla por ti. —Sus ojos se agrandan—. Soy fan de la perfección. Creo que practicar contigo sería altamente aconsejable.
—Podría ser convencida —digo sonriendo astutamente y levanto mi cuerpo así estoy medio envuelta sobre él, enredando mi pierna sobre la suya. Mis labios buscan los suyos una vez más, y nos besamos hasta quedarnos sin aliento de nuevo—. Que estés aquí... simplemente —Sacudo la cabeza—, las palabras me fallan. —Las emociones cierran mi garganta, y siento las lágrimas acumularse por enésima vez en las últimas veinticuatro horas.
Edward dobla su otro brazo detrás de su cabeza, su rostro cubierto por concentración mientras me observa.
—Viniste a buscarme la semana pasada porque esperabas que quisiera tu amistad de vuelta en mi vida, Bella.
Asiento, mi maldito labio inferior temblando mientras intento mantenerme tranquila.
—Bueno, estoy aquí esta noche porque estoy listo para terminar lo que comenzaste. No importa lo que tenga que suceder, lo que tengamos que hacer... quiero hacerlo. Te quiero a ti. Nos quiero a nosotros. Cualquiera sea este camino, estoy tan jodidamente agradecido de que se haya cruzado contigo de nuevo.
Una lágrima cae por mi mejilla y sonrío, inclinándome para besarlo de nuevo.
Cuando su cabeza vuelve a descansar sobre su brazo doblado, me da un guiño sexy.
—¿Qué tal ese cuento para dormir?
Capítulo sin betear, o sea, ¿vieron los tamaños de los capítulos de hoy? 😅 Perdón, perdón. Se revisarán más tarde
