— ¿Estás seguro de esto? ¿No hay otra forma menos problemática? Dame una mejor solución, Shinra.

Heiwajima Shizuo hablaba a través de su celular, el cual pronto perdería el único saldo que le quedaba para una llamada que determinaría su destino durante la próxima semana.

— ¿Por qué dudas tanto, Shizuo? Me pediste un trabajo que pudiera darte dinero rápido. Esto no es algo muy difícil —respondió Shinra con un suspiro.

Al frente de Shinra, estaba su novia apurándolo con la mirada. Él no le había dicho a Celty que se trataba de un problema relacionado con Shizuo. Si él revelaba algún detalle que pusiera bajo el foco de atención a Shizuo, probablemente este último jamás volvería a aparecer en ninguna reunión de amigos, por lo que restaba de su vida.

—Sí, pero… No sé si me sienta cómodo con esto. ¿Has venido alguna vez? ¿Sabes cómo es esto?

Shizuo iba sintiendo cómo la intranquilidad se comía a su restante paz mental, al igual que los minutos de su saldo telefónico. Durante el día anterior, Shizuo no pensó mucho en el asunto, porque le había parecido que era algo demasiado fácil de hacer. Por supuesto, esto se volvió otra historia cuando él estuvo en frente de la clínica, percibiendo que esa misma seguridad se esfumaba en un parpadeo.

—Discúlpame un momento, Celty. Se trata de un paciente molesto.

—Está bien. Recuerda que el concierto de Ruri-chan empieza en una hora y nosotros aún estamos aquí —expresó la hermosa irlandesa con un mohín de labios.

—Awww, te ves tan linda cuando estás disimuladamente molesta. —Shinra tomó una foto rápida con la cámara digital que tenía preparada para llevar al gran evento.

— ¡Date prisa o me enojaré de verdad!

—Está bien, mi adorada~.

Rápidamente, Shinra se movió hacia el balcón sin mirar atrás. De esa manera, él podría hablar sin tener que preocuparse por destruir aún más la reputación de Shizuo. Suponiendo que eso fuese posible a estas alturas de la vida.

—Ok. Dime exactamente cuál es el problema, Shizuo-kun. No es como si tú no pudieras agarrar una revista de mujeres mayores y mover la mano con ritmo. Biológicamente, eso es algo sencillo y no veo por qué deba ser un impedimento para ti. Te pagarán bien por el producto que saques de todo esto.

— ¿Problema, dices? ¡La persona que me atenderá es una mujer mayor! ¿Qué se supone que diga en el momento que le pida mi tipo de revista favorita? Voy a morir de la vergüenza. De paso, ella me mirará como si fuera la peor escoria del planeta. —Shizuo se revolvió el cabello totalmente exasperado por la simulación de esa situación en su mente.

—Ah. Con que ese es el problema… Lamento informarte que si no superas esto, tu situación se convertirá en una pesadilla. Tú no quisiste mudarte con nosotros cuando te lo sugerimos. Al menos, hasta que tú pudieras encontrar otro hogar o un mejor trabajo. Tampoco quisiste pedirle ayuda a tus padres o a tu hermano. Has dejado que el lado más testarudo de ti, domine las pocas opciones de vida que tienes. Dentro de una semana, el casero tirará todas tus cosas y te quedarás sin un techo sobre tu cabeza. Por lo tanto, tú solo tienes esta opción en donde resolverás todo moviendo esa mano —resumió el joven doctor de manera simple.

—Lo sé. La vergüenza no tiene cabida en mi situación actual.

Shizuo bajó la cabeza, entendiendo que estaba olvidando la parte más importante del problema. El pasado como ex pandillero estaba escrito en sus registros, cuyo elemento le impedía conseguir un mejor trabajo. Hasta para alquilar un departamento, los caseros pedían los antecedentes de sus futuros inquilinos, incluso se basaban en cualquier tipo de rumor para no pactar un contrato con una persona en específico.

A raíz de eso, él se había visto en la necesidad de rogar muchas veces, para que al menos le alquilaran el peor de los departamentos, como había pasado con su casero actual. ¿Y ahora él perdería esa oportunidad por un poco de vergüenza? Él quería abofetearse a sí mismo por su estupidez. Era increíble que él hubiese estado mirando la puerta de la clínica durante dos horas como un idiota.

—Me alegra que enfriaras tus nervios lo suficiente para no acobardarte. Ahora si me disculpas, tengo que salir con mi linda novia. Haz trabajar esa mano por tu propio futuro. —Shinra se carcajeó antes de colgar.

—Piensas que porque colgaste, no te mataré cuando te vea, Shinra. ¡Pues estás equivocado! —Shizuo guardó su celular con furia, antes de respirar profundamente y abrir la puerta del establecimiento.

Desde afuera podía leerse el cartel que decía "Clínica de donación de esperma", haciendo que la recién adquirida valentía de Shizuo, temblara por su bochorno. Para él, era más fácil golpear a un buscapleitos en sus tiempos salvajes de secundaria que la actual situación. Esto estaba en un nivel más complicado que luchar totalmente atado y vendado contra una gran cantidad de enemigos.

—Recuerda que te quedarás sin casa si no haces esto, Shizuo. Recuérdalo, por favor.

Mientras repetía esto como un mantra de fortalecimiento interior, Shizuo caminó con decisión hacia la recepción, en donde lo esperaba una mujer que rozaba con facilidad los 40 años. La ropa de enfermera no ayudaba a detener las fantasías que Shizuo sabía que se desatarían con un simple vistazo. Al fin al cabo, él nunca había tenido sexo y dudaba mucho que con su pasado y personalidad agría, alguien lo dejara llegar tan lejos. Por esa razón, la imaginación era lo único que Shizuo había tenido como compañera durante su tiempo en la correccional de menores y en su vida como adulto.

Obviamente, ella notó el aura extraña en el ambiente que la orilló a poner una distancia razonable entre el pupitre y Shizuo.

— ¿Puedo ayudarlo? Buenas tardes —la mujer interrogó, tartamudeando un poco en el proceso.

—Yo… pues… vengo a donar. Ya sabe… Eso…

Shizuo sentía que hablaba como un completo idiota, a causa de los nervios.

—Ah, ya veo… Puede tomar asiento en esos puestos de allá. Por mientras, puede ir llenando estos documentos.

La enfermera se fue lo más rápido que pudo, luego de dejar los papeles y el bolígrafo en las manos temblorosas de Shizuo.

000

—Necesito tu ayuda, Izaya-san —la enfermera llegó nerviosa a la sala de personal de la clínica.

— ¿Qué sucede, Sayo-san? ¿Algo malo pasó?

Cuando Sayo entró nerviosa a la espaciosa sala, Orihara Izaya se encontraba comiendo su almuerzo. Él todavía tenía 45 minutos libres, antes de que terminara su hora de descanso. Por lo tanto, él esperaba que el asunto que se traía su compañera, no fuese algo grave que le quitara sus valiosos minutos.

—El hombre que te mencioné acaba de entrar a la clínica. Él me da mucho miedo. No quiero atenderlo. ¡Ayúdame solo por esta vez, Izaya-san!

Como era el turno final, solo estaban dos empleados en el local: la enfermera que aceptaba las muestras y el recepcionista que debía guardar los datos de los donantes. Por lo tanto, faltaban dos horas para que la clínica cerrara sus puertas hasta el día siguiente. Con eso en mente, Izaya reflexionó su plan para lidiar con el pedido de Sayo. Él verdaderamente quería irse a su casa para descansar. Esta había sido una semana de solo archivar datos de pacientes, un tanto excesiva para él, quien odiaba trabajar en algo tan aburrido por tanto tiempo. Si no fuera por la buena paga, él habría renunciado desde hace tiempo a esta tortura laboral.

— ¿Te refieres al que tenía cara de pandillero acosador? ¡Qué miedo!

—Sí. Me ayudarías mucho si tú hicieras esa entrevista. No es tan difícil, ya que lo que determina la aceptación es la misma muestra. La entrevista es solo para confirmar algunos datos.

—Quiero que me invites al sushi ruso en el día de pago. ¿Sí?

—Un poco caro de tu parte, pero el precio es justo, Izaya-san. Es un trato. —Ella le agradeció.

000

"Veamos qué tan aterrador es ese sujeto", pensó Izaya mientras se desplazaba hacia la parte frontal de la clínica con suma tranquilidad. En un rincón, él divisó al rubio acosador que Sayo había descrito antes de irse a su casa. A simple vista, Izaya podía decir que Shizuo no era un acosador desquiciado. Sayo había confundido el nerviosismo de un donador primerizo con un hombre sumergido en la locura. Inmediatamente, Izaya se emocionó con la idea de molestar a esta pobre alma que había aparecido en su turno.

— ¿Es usted el donante, no? ¿Ya terminó de llenar los papeles? ¿Está listo para la entrevista?

Aquellas tres preguntas hicieron que el cabello de Shizuo se le erizaba levemente como un gato asustado. Esa reacción le confirmó a Izaya, que esta era la primera vez que el rubio venía a un lugar como este. Acto seguido, Izaya le hizo señas para que Shizuo lo siguiera hasta el escritorio, en donde se suponía que Sayo debía entrevistarlo. Shizuo se sentó frente a Izaya, evitando en todo momento que sus miradas se chocaran.

—Heiwajima Shizuo. 26 años —Izaya leyó con sorpresa la edad de su nueva víctima.

—C-Correcto…

Por alguna razón, Shizuo no podía estar tranquilo con este hombre, lo cual era bastante extraño. Izaya debía generar el efecto contrario que la enfermera, cosa que no estaba sucediendo ahora. Si un hombre hacía la entrevista, él no debía estar tan nervioso. Sin embargo, había cierta incomodidad en el aire que le sugería que él necesitaba escapar de ese sitio, antes de que fuera demasiado tarde.

— ¿Tienes conocimiento de alguna enfermedad hereditaria en tu familia? ¿O alguna enfermedad de transmisión sexual?

—Ninguna de las dos opciones.

El rubio sabía que su familia era absurdamente saludable. En cuanto a la segunda pregunta, era imposible que él tuviera algún tipo de enfermedad, cuando ni siquiera había tenido una cita en toda su vida. De repente, Shizuo levantó la mirada hacia su entrevistador, percatándose que Izaya lo miraba con mucha atención.

— ¿Y por qué decidió convertirse en donante? Noté que usted no llenó ese espacio en el formulario —interrogó Izaya, obligando a los ojos de Shizuo a mirarlo por unos segundos.

— ¿Por qué…?

La mente de Shizuo quedó en blanco por causa de los ojos rojos que se sentían como cuchillas. Por otro lado, el rubio había dejado ese espacio en blanco, porque le daba pena escribir que sus acciones iban influenciadas por la falta de dinero. Shizuo no quería que Izaya lo catalogara como un ser patético.

— ¿Heiwajima-san? ¿Pasa algo? —Él presionó con maldad en su rostro, esperando que esto pusiera aún más nervioso al otro hombre.

"Vamos, Shizuo. Dile algo que parezca honorable", pensó el endeudado hombre. Él no podía decirle que todo era porque lo iban a tirar como un perro a la calle. En circunstancias normales, él nunca se hubiera acercado a esa clínica. La mejor excusa que Shizuo pudo dar, fue la de parecer generoso para ganar la aprobación del otro hombre.

—Quiero ayudar a las parejas infértiles a tener hijos. Ese ha sido mi sueño desde niño —respondió él con mirada seria.

—Eso es lo más absurdo que he escuchado en este lugar. Y eso que llega gente bastante rara aquí —Izaya observó a Shizuo, con una mezcla cruel de lástima y diversión.

— ¡Ya deja de mirarme así! ¡Está bien! ¡Lo admito! ¡Estoy aquí por dinero, porque me echarán a la calle dentro de una semana! —La vergüenza estaba escrita en la cara de Shizuo con estas últimas palabras.

— ¿En serio te dejarán en la calle? ¿Por qué te va a pasar eso~?

— ¿Por qué pareces feliz? ¡Me fastidias! Como sea, mi casero ya estaba dándome una oportunidad, pero las cosas no salieron bien y no pude reunir suficiente dinero a tiempo. Esta vez, él me echará y no habrá vuelta atrás. Tendré que vivir debajo de un puente por siempre.

—Ya veo. O sea que no tienes otra opción, todo depende de tu mano. Qué horrible situación~.

— ¡No parece que te afecte mi situación! ¡Incluso me parece que estás conteniendo la risa por tus expresiones!

—Por supuesto que no. Como acto de buena fe, yo inventaré algo para escribir en ese espacio faltante.

Izaya trató de disimular que se estaba divirtiendo, antes de dirigir su mano hacia una de las gavetas y sacar un frasco plástico.

—Debido a que tú me has convencido sobre tus intenciones, te dejaré que al menos lo intentes. Puedes tomar las revistas que necesites y dirigirte hacia esa habitación de la esquina. Todo el destino está en tus manos, joven Padawan.

—Me fastidias de la misma forma en que lo hace un conocido mío. —Shizuo tomó el frasco y se fue con algunas revistas hacia el cuarto que Izaya le había indicado.