Luego de media hora, Shizuo se mantenía en la habitación contigua sin dar muestras de vida. Izaya comenzaba a pensar que Shizuo podría haber muerto de la vergüenza. Lentamente, el recepcionista se acercó a la puerta para tocarla con cuidado. En otras circunstancias, él habría dejado en paz al donante, pero las ganas de irse temprano eran más fuertes. El encargado del laboratorio tampoco estaba presente, así que no había razón de extrema urgencia para mantener el local abierto por más tiempo.
— ¿Sigues vivo, Heiwajima-san?
No hubo respuesta alguna.
—Qué problema… ¡Tendré que llamar a la enfermera a cargo para que me ayude con él! ¡Sayo-san! ¡Ayúdame con el donante!
Izaya llamó a una enfermera que ya se había retirado con antelación por la puerta trasera, aunque Shizuo no tenía conocimiento de eso.
— ¡Espera! ¡No te atrevas a hacer eso! ¡Si lo haces, tomaré mi vida para salvar mi honor! —La puerta se abrió un poco para que la cabeza de Shizuo pudiera asomarse.
—Entonces, me estabas escuchando perfectamente eh… ¿Por qué no respondías? —Izaya se colocó a unos centímetros de la puerta con molestia fingida.
—Porque estoy ocupado, obviamente —Shizuo lo fulminó con la mirada.
— ¿Todavía? Eso no debería durar tanto. No me digas que tienes impotencia a tan temprana edad —el recepcionista se burló.
— ¡Cierra la maldita boca! ¡No es eso! ¡Es que yo no…! ¡Olvídalo! ¡Solo no me molestes!
El rubio tartamudeó sin saber cómo explicar el problema que tenía.
— ¿Qué pasa? Si no me lo dices, no te puedo ayudar. Ya sabes… Ellos toman en cuenta hasta la duración. Si te demoras mucho, entonces no te aceptarán como donante confiable. —El recepcionista ahogó una carcajada al ver la cara de espanto de Shizuo. Obviamente, él estaba mintiendo sobre su declaración. Después de todo, él era un recepcionista común y corriente, sin ningún peso sobre la decisión final de las muestras.
— ¿De verdad? Tch… Lo que sucede es que perdí la inspiración en el momento importante.
En este punto, Shizuo se vio obligado a soltar esta humillante verdad. Los nervios habían profundizado tanto dentro de él, que era imposible concentrarse en algo sencillo. Ni siquiera las revistas que él consideraba una excelente elección, fueron capaces de bajar su exorbitante nivel de estrés.
— ¿Y cómo sé que no estás mintiendo? Nos separa una puerta. ¿Sabes?
El pelinegro estaba por decirle que mejor viniera mañana, pero Shizuo habló primero.
—Sí. Lo sé.
Sin saber que de alguna manera estaba adivinando el pensamiento de Izaya; Shizuo llegó a la conclusión que sería imposible decirle al recepcionista que le dejara cita para el día siguiente. Él no soportaría pasar por lo mismo nuevamente. Así que orillado por la desesperación, él abrió la puerta para dejar que Izaya viera su gran problema.
—Uh… No hay nada peor que quedar a medio camino. Qué doloroso.
Delante de Izaya, estaba una erección que torturaba a su dueño, por ser incapaz de disparar la bala final de la pistola. Esta era una tortura que él no se la deseaba a nadie, pese a que era un hombre bastante rencoroso. Ahora, Izaya entendía por qué Shizuo se había quedado tan callado dentro de la habitación.
—No soy impotente. Ahora, déjame solo —Shizuo habló con dificultad mientras volvía a la silla.
—Ya sé que no mentías, pero… —Izaya se sentó con aburrimiento en el suelo, ante los ojos perplejos de Shizuo.
— ¿Pero…? —Esa fue la única cosa que salió de la boca de un confundido Shizuo.
Él no comprendía lo que Izaya planeaba con esa mano que se extendía con lentitud hacia su entrepierna. Con espanto, Shizuo contuvo la respiración con el nacimiento de una posible explicación en su mente. ¿Acaso Izaya iba a hacer lo que él estaba imaginando? No, eso era imposible. No había forma de que Izaya fuese a tocarlo tan despreocupadamente, cuando ambos eran hombres.
—Me quiero ir temprano a casa. Tú eres el único presente en esta clínica, además de mí. No… Quizás, solo estoy aburrido. Si tú no terminas, nunca saldremos de aquí.
El recepcionista esbozó una sonrisa maquiavélica. Casi acorde con sus palabras, los dedos de Izaya rodearon el miembro del otro hombre con suavidad. De inmediato, un escalofrío recorrió la espalda de Shizuo, quien no esperaba que alguien más tocara esa parte sensible. No obstante, lo que confundió aún más a Shizuo, fue el ligero alivio que Izaya le brindaba con una simple acción.
—Considera esto como un premio por tu dura batalla. Me ha conmovido tu ridículo motivo, así que te haré sentir bien —claramente, Izaya mentía en la mitad de lo que decía.
Para ser exactos, él había quedado encantado con la expresión atónita que Shizuo manifestó segundos antes. Al principio, él solo planeaba hacerle creer que de verdad iba a tocar su pene. Sin embargo, la confusión y las ansias en esos ojos café, convencieron a Izaya de seguir un poco más allá de ese límite. La sensación de tener el control fue más grande dentro del recepcionista, cuando su mano aceleró el ritmo de roce contra el miembro de Shizuo.
— ¡Detente! ¡No nece…! ¡No necesito tu ayuda! ¡Yo mhhhgm…!
Luego de quejarse, Shizuo se espantó al ver gotas blanquecinas deslizarse entre los dedos de Izaya. Antes, él no había logrado nada de esto, aun cuando había hecho lo mismo que el recepcionista. Fue entonces que Izaya mejoró aquel placer, presionando su pulgar sobre la punta del miembro de Shizuo.
— ¿Estás seguro~? Es una lástima porque ya estamos teniendo buenos resultados. ¿No dijiste que necesitabas dinero para no quedar en la calle? Vamos, dame una buena muestra. —Él tomó el recipiente plástico para tenerlo cerca cuando llegara el momento indicado.
— ¡Voy a matarte! —Shizuo quería estrangular a su "benefactor", pero un apretón enérgico en sus testículos, lo mantuvo en su lugar.
—No puedes matarme aún. Todavía estamos recolectando la muestra, así que controla ese lado feroz~. —Izaya aumentó la velocidad de sus masajes, sin soltar el frasco que tenía en su otra mano.
—Voy a asesinarte por esto. ¡Te odio!
En medio de esta promesa, Shizuo dejó salir su esencia con un gruñido gutural, entretanto el producto de su placer culposo caía dentro del frasco.
— ¿Tan bueno fue mi trabajo, Shizuo-san~? —Izaya se rio a carcajadas. Para ser su primera vez haciendo esto por alguien más, Izaya se sentía extrañamente satisfecho por alguna razón que escapaba de su entendimiento. No obstante, él dudaba mucho que sus masajes hubiesen sido así de buenos, como para que Shizuo acabara el trabajo tan rápido.
— ¡Si tocas a alguien de esa forma, no puedes esperar otra cosa! ¡Yo ya había hecho todo el trabajo!
Él no tenía fuerzas para agregar más quejas a su justificación. Incluso las piernas de Shizuo estaban temblando un poco, agregando otro efecto extraño a la lista de las cosas que nunca había experimentado en una masturbación. Él había disfrutado más de esa sensación, si Izaya no hubiese interrumpido el momento con su pregunta.
— ¿O sea que me estás diciendo que otro hombre no puede excitarte?
El ego de Izaya había detectado un reto silencioso en las palabras de Shizuo. Él no podía dejar pasar aquello, aunque se tratara de otro hombre. La mirada del recepcionista se volvió sombría por el fastidio. Aprovechando la debilidad de Shizuo; Izaya se acercó para darle la vuelta y ponerlo en contra del respaldar de la silla.
En un parpadeo, la cara del rubio fue estampada contra la pared mientras una mano intrusa sujetaba su cintura. Con una patada, Shizuo trató de recuperar el control, pero en esa posición, solo logró ponerse aún más al descubierto para Izaya. Sin contar que el pantalón de Shizuo servía como medio para contener sus movimientos de cadera y piernas por estar deslizándose.
—Awww~. Tú mismo te pusiste en bandeja de plata para mí. No debiste tomarte tantas molestias. ¿O es que acaso te gusto o algo así? —Él empujó la pierna de Shizuo sobre el brazo de la silla, poniendo algo de presión para mantenerlo quieto.
— ¡Dudo que le puedas gustar a alguien, rata de alcantarilla!
Incluso si Shizuo quería ejecutar otra patada, ahora su pantalón se había caído por completo, dejándole un simple bóxer como defensa contra Izaya.
—Qué cruel eres, Shizuo-san. Espera… Ese nombre es muy difícil de pronunciar en momentos como este. ¿Qué tal si te llamo, Shizu-chan~?
— ¡Si te atreves a llamarme así, te juro que te estrellaré contra una pared! No… Mejor lo hago ahora mismo.
En el instante en que Izaya se volvió a burlar, el rubio aprovechó esto para golpearlo con la parte trasera de su propia cabeza. Al mismo tiempo, Izaya había metido su mano dentro de la camisa de Shizuo, solo para pellizcar uno de sus pezones. Por esa razón, la fuerza aplicada sobre el pezón fue mayor de lo planeado, a causa del repentino cabezazo. Finalmente, la respuesta a las quejas de Izaya por el dolor, fue un gemido muy sonoro por parte de Shizuo.
— ¡Eso dolió! —Izaya aterrizó en el suelo con un hilo de sangre en la nariz, pero lo que debió mantenerse como una expresión de rabia, se convirtió rápidamente en satisfacción—. ¿No habías dicho que un hombre no podía excitarte? Qué buena felicitación me diste por mi servicio.
Aquel gemido no había sido algo que Shizuo hubiese querido exteriorizar, pero una parte de su cuerpo comenzaba a actuar por su cuenta.
— ¡Y lo sostengo! ¡Ahora, lárgate si no quieres terminar con otra herida y…!
Los escalofríos de antes volvieron a atormentar al rubio, cuando se percató que su miembro estaba erecto de nuevo, por una razón que él no quería relacionar con ese recepcionista.
