—Eso te pasa por golpearme. Diviértete lidiando con tu segundo gran problema del día.
Con estas palabras, Izaya se levantó del suelo con la mano en su nariz, cuyo sangrado estaba deteniéndose gradualmente.
— ¡Esto es tu culpa! No puedo irme así —Shizuo señaló su entrepierna con horror. Al menos, el dolor no era como la erección anterior, pero no por eso era más agradable. El cansancio mental comenzaba a causarle una severa jaqueca a Shizuo, a medida que pasaban los minutos sin obtener más placer. Casi era como si un hambre intensa se hubiese activado dentro de Shizuo, todo originado por esos toqueteos indebidos.
— ¿Mi culpa? Hace un momento, tú seguías recalcando que yo no había provocado nada. ¿Por qué ahora tengo la culpa, Shizu-chan?
—Tú no hiciste nada, pero sigues teniendo la culpa. —Dictaminó Shizuo.
— ¡Eso no tiene sentido! Como sea, mejor ve vistiéndote, porque voy a cerrar pronto.
Una buena venganza sería que la gente viera a Shizuo paseándose con esa erección por las calles. Además, él sería marcado con la etiqueta de pervertido, evitando que volviera a poner un pie en esa clínica. Probablemente, Shizuo tendría que mudarse de ciudad para evitar ser reconocido. En esos escasos segundos, Izaya se imaginó este escenario de lo más divertido mientras se preparaba para buscar sus pertenencias e irse a casa.
— ¡¿En serio me vas a lanzar a la calle en este estado?!
Shizuo tembló con la idea de que Izaya estuviese hablando en serio. Lo peor de todo, era que justamente ese día, él había olvidado el único abrigo que podría cubrirlo bien. Si él tuviera esa prenda a mano, ahora no estaría en una situación tan precaria.
—Te dejaré dos opciones: 1) Continuas con eso de que yo no hice nada y terminas inmediatamente en la calle en tu estado actual; 2) aceptas que yo lo provoqué y te ayudo a escapar de este desastre sin que quedes como un pervertido ante la sociedad. Elige sabiamente.
—Si lo pienso detenidamente, ambas opciones me dejan como un pervertido, con la única diferencia que la primera opción será para el dominio público, mientras que la segunda será atestiguada por ti. ¿Qué tal si agrego una tercera opción? Yo me quedo aquí y termino por mí mismo. ¿Sí? —Shizuo se acomodó sobre la silla para cerrarle la puerta en la cara a Izaya.
—Como quieras. Te daré quince minutos. Si no terminas cuando pase ese tiempo, te dejaré encerrado. Cuando todos lleguen mañana, diré que eres un pervertido que se metió a robar. —Él se alejó con pasos rápidos en dirección a la recepción.
Por fin, Shizuo estaba solo de nuevo en la habitación.
—Esto debería ser más fácil ahora. ¿No?
Shizuo se puso manos a la obra, pero su juicio lo llevó a ejecutar los mismos movimientos que había hecho Izaya. Por desgracia, él estaba lejos de conseguir la misma sensación en su cuerpo. Algo faltaba en la ecuación de ese ansiado placer rápido, pero Shizuo no comprendía cuál era ese elemento misterioso. Si él no lo descubría pronto, mañana sería arrestado por el cargo de ladrón de esperma. Solo el título del delito era absurdo. ¿Quién demonios se metería a robar esperma para empezar? Seguramente nadie que no fuera un pervertido. Al menos, eso es lo que pensarían las personas que llegaran a ver esta noticia.
Viendo el panorama en retrospectiva, Shizuo no comprendía cómo las cosas habían terminado así con el recepcionista. La parte baja del rubio confirmaba de paso que hacía mucha falta aquel sujeto en este momento. En el instante en que ese pensamiento llegó, Shizuo se forzó a usar su propia imaginación, como si su vida dependiera de ello.
Él se concentró en un ambiente en donde estuviera presente una mujer de 30 a 40 años, utilizando solo un hermoso delantal. En medio de una cocina hogareña, ella lo recibiría con una sonrisa gentil, entretanto le diría que todo iba a estar bien. Shizuo estaba seguro de que esto era ese "algo" que faltaba para complacerse. Ella desaparecería el estrés que Shizuo experimentaba a diario. Él había estado tan nervioso que no había podido concentrarse en sus propios gustos. Con amabilidad, ella tomó entre sus dedos aquel falo, frotándolo con timidez hasta guiarlo hacia sus labios. Antes de saborear a Shizuo, ella se detuvo para decirle una última cosa.
—Shizu-chan~. Date la vuelta para que pueda hacerte disfrutar aún más.
En lugar de una mujer, Shizuo vio al recepcionista con una sonrisa malvada, sujetando su pene dentro de su imaginación.
— ¡Gyaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! ¡No arruines mi fantasía con tu presencia, escoria!
Poco faltaba para que él se pusiera a llorar por el espanto. Tal vez, él tendría que ir al psicólogo después de esto. Un monstruo sonriente estaba destruyendo a todas sus fantasías y las estaba reemplazando con cosas abominables que nada tenían que ver con él. Fue entonces que Shizuo entendió que algo estaba mal en su interior. La fantasía errada había cumplido su objetivo. No obstante, él sufría la misma sensación que tenía cuando Izaya abrió la puerta.
"Shizu-chan~", recordó él, aquel apodo con dudas y placer. En este punto, él podía asegurar que Izaya le había hecho algo raro. Tal vez, el pelinegro lo había embrujado antes, dejándolo como un idiota que fantaseaba con tonterías.
De manera inconsciente, Shizuo pasó su mano por donde Izaya lo había pellizcado. Súbitamente, la sensación de quemarse vivo, invadió al rubio como un oleaje furioso. Aun así, todavía no era suficiente para conseguir el clímax deseado. El elemento faltante era la magia de los dedos de Izaya.
Magia y nada más que magia.
Izaya era algo sobrenatural que estaba más allá de la fantasía predilecta de Shizuo, pese a que solo llevaba unas horas de conocerlo. Aquella magia maligna se había apoderado del cerebro de él, destruyendo la poca cordura que le quedaba en ese pésimo día. Shizuo se empezaba a preguntar qué sería lo siguiente que la mano de Izaya estaba por hacerle; cuando él lo detuvo con ese cabezazo. Shizuo pensaba que debería ser catalogado como un demente, a causa de lo que estaba por suplicar.
—Ya pasaron quince minutos. Más te vale que hayas terminado, porque… —Antes de que Izaya pudiera terminar su amenaza, una mano lo jaló hacia el interior de la habitación.
—Si me asesinas aquí, habrá mucha evidencia en tu contra —expresó él, desde el sitio en donde Shizuo lo tenía acorralado.
—Termina lo que empezaste. Y si tú no lo haces, en verdad te asesinaré —sentenció el rubio, observando el creciente desconcierto en la cara de Izaya.
Antes, Izaya se había dejado llevar por el deseo de controlar a ese hombre. Ahora, él se encontraba en una situación imprevista, en la que no sabía cómo proceder de manera correcta. El plan original era fastidiar a Shizuo para que huyera con la cola entre las patas. Irónicamente, era Shizuo quien quería continuar con los juegos íntimos.
—Oye. Te estoy hablando, idiota.
—No me llamo «idiota», Shizu-chan.
—Es verdad. No tengo idea cómo demonios te llamas, pulga devoradora de fantasías —Shizuo se percató de ese detalle tan importante, por primera vez en lo que llevaba en esa clínica.
—Preferiría que me llamaras por mi nombre, el cual es Izaya, en lugar de pulga —corrigió el recepcionista.
—Llámame Shizuo-san de nuevo y lo pensaré.
—No. Primero muerto~ —contestó el pelinegro.
—Tú… El asesinato está volviendo a ser una buena opción en mi mente. ¿Sabes?
Shizuo se estaba dando cuenta de que Izaya era del tipo de persona que le gustaba sacar de quicio a los demás. Esta característica de Izaya, junto con la personalidad de Shizuo, podría hacer que el ambiente entre ellos fuera inestable en la mayoría de los casos. Tristemente, ahora las neuronas de Shizuo estaban aceptando a Izaya, a pesar de que su sentido común le decía que no lo hiciera.
