Aclaraciones: Por cuestiones de viaje, iba a colgar este primer capítulo el viernes... y no va a ser posible. Así que declaro los días de publicación los lunes sisisi


1. When love is true

Seis meses atrás, una fresca noche cobijaba bajo su manto estrellado a una ciudad aún llena de vida, con todos sus habitantes dentro y fuera de sus hogares disfrutando de una velada digna de un fin de semana con la pareja, amigos o familia. Después de todo, el dúo más representativo de Paris junto a sus demás aliados, protegían l integridad de cada uno de ellos.

Y gracias a la policía, también, y a los demás equipos y cuerpos de salvamento que se volvían cada vez más eficaces, en coordinación con los superhéroes en casos de extrema necesidad, como lo eran las alertas de akuma. Algo que ellos agradecían de corazón, pues volvía más fácil su trabajo.

Precisamente esa noche, Ladybug y Cat Noir habían sido requeridos para un simulacro de evacuación en el College Francois Dupont, junto a la policía y un equipo de bomberos. Algunos alumnos, incluso, se habían ofrecido voluntarios para la ocasión a fin de hacer un poco más realista el escenario.

La primera en llegar fue Ladybug quien de inmediato fue abordada por un par de reporteros junto a sus camarógrafos. La prensa también había sido llamada, por decisión del alcalde Bourgeois de cara a las elecciones.

—Ladybug, ¿tiene algún comentario al respecto de esta jornada de simulacros a lo largo de la ciudad?

Naturalmente, tanto ella como Cat Noir habían visto las intenciones del alcalde desde que su hija, Chloé, se había presentado sin falta, y con bombo y platillo, a cada uno de los simulacros a modo de representante del propio gobernante, y como un "civil en peligro".

Al inicio resultó chocante el asunto de las cámaras, sin embargo, pronto el público en general se dio cuenta del beneficioso alcance de las mismas al compartir en tiempo real los distintos procedimientos y protocolos que se diseñaron para diferentes escenarios, al bajo costo de tener a Chloé colgada del brazo, por el bien general de los parisinos.

De tal forma que no pudo responder de mala gana a la pregunta.

Segundos después, Cat Noir aterrizó al lado de su compañera, robando la atención de los asistentes y espectadores.

—Siento mucho la tardanza, milady, ¿podemos empezar?

El grito agudo de Chloé, queriendo llamar la atención del par, fue un indicio de que era mejor dar marcha a todo. Poco después, el oficial a cargo de la operación hizo sonar su silbato, quedando en el foco de las cámaras. Como era reglamentario, se debía describir verbalmente el orden de acción, pero nada más abrir la boca hubo una nueva interrupción.

Una limusina negra estacionó en doble fila justo al lado de la camioneta de una de las televisoras. De su interior, la conocida figura del alcalde de la ciudad salió y fue escoltada hasta los congregados. Un solo gesto de su mano bastó para apartar al oficial, pasando a ser protagonista de la noche.

—Muchas gracias, sargento. Prometo ser breve.

Ladybug rodó los ojos. Siempre que decía eso, el discurso podía prolongarse fácilmente media hora, pensó ella.

Cat Noir, por su parte, decidió esperar pacientemente recargando la barbilla en su bastón extendido. Admitía, sin embargo, que el alcalde era alguien que sabía hacer política aun sin tener un adversario fuerte en aquella campaña. En el mundo de la moda era algo parecido, y cuando menos, el alcalde tenía la decencia de dar crédito tanto a los policía como a los superhéroes por hacer el grueso del trabajo, aunque claro, la logística se la atribuía a él y su administración.

Dicho y hecho, media hora después, finalmente, pudieron dar inicio al simulacro.


Una hora más tarde, se estaba sirviendo café y bocadillos en el patio de la escuela, agradeciendo así la participación de los voluntarios y al cuerpo policiaco en general. Por "cortesía" del alcalde, claro. Ladybug y Cat Noir fueron abordados casi de inmediato por una ola de fanáticos tanto jóvenes como adultos en busca de una fotografía, un apretón de manos o un autógrafo.

Y quien más buscaba abusar de ello, realmente, era Chloé.

—Nos halagas, pero de verdad, se hace tarde y tenemos que irnos, —decía la superheroína tras la duodécima foto que se había tomado con la hija del alcalde.

Por supuesto, eso a la rubia no le importaba.

—Una más, ¡una más! No es como que fueran a luchar contra un akuma de inmediato, ¿no? Y aunque así fuera, siempre pueden contar conmigo para combatir a los malos —guiñó el ojo.

A más intentaban escaparse de la insistencia de Chloé, más se les pegaba como un chicle a la suela del zapato.

—Sí, pero tenemos que hacer la última patrulla de la noche, —intervino al rescate Cat Noir. —Además, seguramente tienes algo que decirle al sargento, —ambas chicas le miraron incrédulas.

—¿Decirle qué a ese oficial de pacotilla? —Preguntó muy indignada Chloé.

Cat Noir sonrió. Lo sentía mucho por el pobre oficial, pero sería su chivo expiatorio esa noche.

—Bueno, tú lo has dicho. Seguro también notaste que hicimos más tiempo aquí que en otras ocasiones. Y el orden, ¡por favor! Hasta que no sugeriste que se cambiara el sentido de la evacuación no pudimos llegar al mínimo aceptable.

Ladybug iba a reclamarle a su compañero que eso había sido, en realidad, idea suya. Pero Cat Noir la detuvo, con una sonrisa confiada.

—¿Yo? Eh, bueno… No recuerdo haber dicho eso, y…

—¡Entonces deberías hacerlo ahora! Seguro no te escuchó. Además, debes tener muy buenas y geniales ideas para mejorar los procedimientos siendo tú tan lista y habiendo estado en todos los simulacros de alerta kuma.

Ladybug entendió bien a qué quería llegar su compañero, por lo que agregó.

—¡Claro! Y de verdad nos estarías haciendo un favor. Con esa ayuda disminuirías el riesgo de víctimas cuando haya una alerta real.

—Supongo que no lo había visto así, —pero de inmediato se recompuso. —¡Pero claro! ¡Gracias por notarlo! Nadie más que moi iba a ser capaz de ver lo penoso que es el desempeño de la policía. Y menos mal estoy aquí para corregirlo.

Los superhéroes chocaron puños de forma discreta.

—¡Sabrina, deja lo que estés haciendo y ven aquí! ¡Necesito que apuntes todas mis ideas! ¡Y tú, sargento de pacotilla…!

Compartieron una risa traviesa al mismo tiempo que desaparecían por sobre los tejados de la ciudad.

No hubo ronda de vigilancia esa noche. Ambos compañeros ya estaban cansados, por lo que optaron por un momento de paz contemplando las luces de la ciudad. Se vieron satisfechos con lo que estaban consiguiendo.

—Ni siquiera parece que haya un supervillano suelto, —dijo Ladybug.

—¿Tu crees? —Cat Noir entornó los ojos hacia ella, embelesado por cómo los destellos de la ciudad hacían brillar a Ladybug más que nunca.

—Sí. Quiero decir, que hay mucha actividad para la hora que es. Como si nadie tuviera miedo de que algo pudiera salir mal en cualquier momento. De algún gigante destruyendo edificios o alguna planta con poderes de control mental haciendo zombis por todos lados.

—Eso es porque siempre estás para arreglarlo todo.

—Estamos, —corrigió Ladybug. —Somos un equipo, no lo olvides. Yo nunca habría podido resolver nada por mi cuenta.

—Bromeas, ¿no? —Ladybug lo reprochó con una mirada, pero Cat Noir tan solo se rio entre dientes, no sin cierta amargura. —Tú eres la pieza clave en todos los rompecabezas, bichito. Nadie más que tú puede purificar los akumas y volver todo a la normalidad después de una batalla.

—Eso no significa que no haya necesitado de ustedes. Mucho menos de ti, Cat Noir, —dijo al fin, con dulzura.

Le llegó a ver con cariño, pero Cat Noir sabía que era un cariño especial. Como un amigo o quizá como a un hermano. Y no podía decidir cuál lo lastimaba más.

Aun así, se sobrepuso a su mal de amores y consiguió devolverle una sonrisa encantadora. El viento meció sus rubios cabellos junto a sus orejas.

—Muchísimas gracias por confiar en mí, milady. —Dijo Cat Noir con una elegante reverencia.

Al ponerse de pie nuevamente, no lo supo, pero por primera vez, Ladybug lo vio brillar de una forma encantadora con las luces de la ciudad de fondo.

—¿Te apetece una carrera hasta nuestro punto de encuentro habitual, bichito? —Retó él, queriendo acabar la velada con un lindo recuerdo.

—¡El último en legar es un huevo podrido! —Exclamó Ladybug, tomando una muy tramposa delantera.

Sin embargo, llegaron al mismo tiempo, siendo distraídos por los mismos gritos y saludos y vítores de los parisinos que los veían saltar sobre sus cabezas, y ellos se tomaron el tiempo en responder al gesto y hacerlos sentir seguros.

Pues estaban seguros.

La noche siguió su curso. Ambos superhéroes se despidieron con una sonrisa tras declarar el empate, y regresó cada uno a su hogar.


—Garras fuera,

Plagg no tardó en salir disparado hacia su escondite de quesos para reponer energías, en tanto Adrián llegó a tirarse sobre su cama, con una sonrisa de satisfacción impresa en los labios.

—¿Y tú por qué estás tan contento? —Quiso saber Plagg, rondando por la habitación con un par de trozos de queso dispuestos uno sobre otro como si fuera una torre.

—¿A qué te refieres?

—No lo sé, tú dime. Hoy no ha pasado nada interesante como para que estés así, —apuntó el kwami, devorando de una sus bocadillos.

—¡Claro que sí! —Objetó Adrián, poniéndose de pie para buscar su pijama. —Estuve con Ladybug casi todo el día.

—¿Y eso qué? Has estado patrullando con ella toda la semana.

—Exacto, —Plagg rodó los ojos. —No hemos tenido necesidad de pelear contra un akuma estos días, sí que hemos podido pasar más tiempo juntos. Solo los dos.

—Y eso no te ha llevado a ningún lado realmente. Podrías, no sé, dar paso a alguien más accesible a tu corazón, —empezó a decir, como quien no quiere la cosa. —Alguien como esta chica de tu clase, Marinette.

—¡¿Marinette?! —Adrián casi se ahogba con su enjuague bucal.

—Oye, tranquilo, chico. Tampoco es para tanto. Ella es muy linda y no se merece que reacciones así.

—Plagg. Ya habíamos hablado al respecto. Marinette es una amiga muy querida. Nada más.

Y como en las otras pláticas que tuvieron al respecto, Plagg dejó caer sus bracitos con gesto de derrota.

—Es en serio. Sabes que mi corazón le pertenece a Ladybug.

—Me sorprenda que sigas con esa determinación después de más de un año de conocerse.

Adrián sonrió.

—¿Los kwamis no pueden enamorarse, Plagg?

—¿Para qué? Enamorarse es de humanos y solo ocasiona problemas. En todos mis años de vida solo he visto desastres causados por los humanos en nombre del "amor", —dijo, haciendo comillas con las manos.

Aún así, le pareció a Adrián que solo buscaba justificarse con esa respuesta.

—Bueno, también hace cosas hermosas. Porque cuando el amor es real, saca lo mejor de las personas, aunque parezca que tomaron las decisiones incorrectas.

Adrián ya se había embutido en las sábanas de su cama, con las luces apagadas. Tan solo la luz de la luna alcanzaba a filtrarse a través de la ventana. Plagg se acomodó en la almohada contigua.

—Creo que no entiendes mi punto, chico.

Adrián se sonrió.

—Tal vez no. Buenas noches, Plagg.

No hubo respuesta, el kwami se había quedado dormido. O al menos eso llegó a creer el muchacho, pues el pequeño espíritu se quedó recordando, con los ojos cerrados, algunos episodios de su vida. Algunos un tanto dolorosos, donde se vio obligado a evocar una caverna oscura y, luego, un destello de luz.

—Solo ocasiona problemas.

Fue su conclusión, entregándose al sueño al fin.


Nadie tenía idea del revuelo que se haría la mañana siguiente, cuando por fin un imponente galeón decidiera anclar en la costa.


Notas finales: Vamos presentando a los personajes deprisa... ¿no? Jeje...~