Aclaraciones: Para efectos prácticos de esta historia, estamos en un punto donde Alya conoce el secreto de Marinette. Posiblemente esto se encuentre entre las temporadas tres y cuatro para una mejor comprensión, teniendo respectivas variaciones que iré comentando conforme se desenvuelva la trama.

Fanáticos de Sabrina, lo siento de nuevo (?


2. An intended interruption

Las noticias solían esparcirse rápido. Por supuesto, más rápido que los aviones. Para cuando el vuelo aterrizó, varias agencias de noticias se encargaron de encandilar el aire matutino a las afueras del aeropuerto. Ni siquiera había salido el sol por completo y tampoco había pistas de que esto fuese a suceder, a jugar por las nubes de tormenta que tapaban el cielo.


Para variar, se trataba de esas ocasiones donde podía disponer de un desayuno completo con su familia. Marinette se había levantado temprano y, como el resto de los chicos de la escuela, recibió un correo por parte de la dirección donde se indicaba un atraso de la hora de entrada debido a que no se terminaron de recoger los utensilios y equipos rentados para el simulacro de la noche pasada. En parte, aclaraba el correo, por las constantes interrupciones que una alumna hizo al cuerpo de policías. Claramente, la esa culpa era de Chloé, pensó Marinette rápidamente, aunque el correó no especificaba nombres.

Mejor así. Nadie en la escuela querría agradecer a la hija del alcalde por una hora más de sueño a su último día de la semana.

—¿Qué hay en las noticias, cariño? —Preguntó Tom con cierta curiosidad, en tanto descansaba una bandeja con pan fresco sobre la barra de la cocina.

Sabine tomó el control remoto y subió el volumen de la televisión.

—Finalmente, —anunciaba la presentadora, —después de once años fuera del país, el excéntrico multi millonario Edmond Dantés se acercó al ayuntamiento de la ciudad…

Los ojos de Sabine y Tom se abrieron con sorpresa, algo que llamó la atención de su hija. Y aunque ella quiso hacer una pregunta al respecto, lo siguiente que se anunció terminó por capturar la atención de Marinette.

—… también conocido como el Conde de Montecristo, quien fuere el personaje principal de la famosa novela homónima escrita por el autor Alexandre Dumas en 1844, Dantés comparte varias otras similitudes con el personaje ficticio, como si quisiera traerlo a la vida real a través de sus influencias…

—¿Varias? ¿Qué más podría tener a parte del nombre y el apodo? —Se preguntó en voz alta la menor.

Tom fue el encargado de responder.

—Un barco. Mejor dicho, un galeón.

—¿Un galeón? ¿Cómo los de los piratas?

—Tal vez no lo recuerdas porque eras prácticamente una bebé, pero hicimos una vez un viaje a Marsella a una competencia de repostería a bordo de su galeón. Se llamaba… ¡"El Faraón"!

—¿De verdad? ¿Y ganaste?

Tom negó.

—Fue uno de mis primeros concursos a nivel internacional. Recuerdo que ni siquiera llegué al podio.

—Espera un momento… ¿competiste sin mamá? —Sabine no pudo descifrar si le estaba atacando con un deje de reproche o decepción. De cualquier forma, se rio.

—Estaba en las reglas del concurso. Solo podía haber un participante por panadería, y los dos acordamos que sería tu padre nuestro representante.

—Oh… bueno, eso lo explica. Debió ser muy duro —se suavizó Marinette.

—Lo fue, pero al mismo tiempo gané mucha experiencia aquella vez.

—Y fue lo mejor. No teníamos forma de cuidarte de haber estado los dos en el concurso, —detalle que terminó por convencer a su hija.

Aunque a raíz de ello, una nueva duda le surgió.

—¿Lo conocieron? ¿Cómo era?

Uno de los dos iba a responder, cuando en la pantalla apareció una fotografía del conde.

—¡Vaya! Los años no han pasado para él. Sigue igual de apuesto, —Tom le dedicó un gruñido celoso a su esposa, pero ella se sonrió divertida. —No tanto como tú, amor, claramente.

Aquella imagen retrataba a un hombre de tez morena, cabello largo y castaño, saludando a una pequeña multitud congregada enfrente del ayuntamiento. A ambos lados, le pareció a Marinette, iba escoltado por un par de sujetos vestidos de negro, cosa que hizo que sus padres compartieran una mirada de circunstancias.

—… ha sido anunciada su residencia temporal en el hotel Le Grand Paris...

Como no podía ser de otra forma, suspiró Marinette.

—… y por el momento, no ha querido conceder entrevistas. Sintonicen el noticiero de la tarde para conocer más a este extravagante hombre.

La nota terminó ahí. Y aunque Marinette quiso saber más sobre la competencia en sí, sus padres de alguna forma parecían distraídos con la idea, por lo que dejó el tema de momento, y se limitó a disfrutar el desayuno en familia.


Estaban prácticamente a una semana del inicio de las vacaciones y todo el mundo no era capaz de esconder sus ansias, de tal forma que los pasillos y salones se inundaron de pláticas sobre viajes con la familia y salidas con los amigos.

Y claro que el caso de Marinette no iba a ser diferente. Antes de que sonara la campana del inicio de clases, ella y Alya programaban algunas actividades que les gustaría hacer y a quienes podrían invitar. De entre ellos, Nino por descontado, y como los cuartetos suenan mejor que un trío, Alya se las estaba ingeniando para ingresar a Adrián a la ecuación.

—Hablando del diablo.

Marinette no tuvo siquiera tiempo de preguntar…

—Buenos días, chicas.

… cuando la figura de Adrián Agreste se acercó al dúo acompañado de Nino.

—¿Qué hacen?

—Planeamos algunas cosas para las vacaciones, —apresuró a decir Alya, a sabiendas del lío mental que se estaba haciendo su amiga, —¿y ustedes? ¿Planes para estos días?

—En realidad, aún no lo tengo muy claro. La agenda se me despeja un poco por la transición entre temporadas, pero no sé si mi padre querrá que participe en otras actividades.

—No perdamos la esperanza entonces, —animó Nino con una palmada en la espalda. —¿Qué propuestas hay hasta ahora?

—No muchas, —se animó a responder esta vez Marinette, incentivada por Alya, —hasta el momento quizá unos cuatro planes y dos se pueden hacer un mismo día, de hecho.

Las había apuntado en un calendario improvisado que ella misma dibujó en una hoja de su libreta. Misma que extendió a los chicos, animándoles a escribir alguna cosa que tuvieran en mente. De eso se encargó Nino, en su mayoría, pues Adrián se quedó contemplando con asombro lo bonito que había quedado el calendario dibujado por Marinette.

Hasta había caricaturas cabezonas de ella y Alya sonrientes, ansiosas por un merecido descanso.

—Venga, viejo, apunta algo —Nino le pasó la pluma. Ahora se veía un tanto más lleno que al principio. —Pon lo que quieras. Ya veremos la forma de convencer a tu padre, o bien que consigas escaparte con nosotros, —y un ojo le guiñó.

Las dos chicas se mostraron de acuerdo con eso y Adrián no pudo sino sentirse conmovido.

No demoró en poner en orden sus ideas. Anotó algo breve (y muy cursi, dijo la voz imaginaria de Plagg en su cabeza), y devolvió la libreta a su dueña.

El trío iba a ver qué había puesto, pero la señorita Bustier apareció de pronto en el aula y la campana sonó para dar inicio a las clases.

Estando dentro, algo llamó la atención de todos. Lo suficiente como para que Marinette se olvidara de su libreta por un rato. Incluso, para alertar a la señorita Bustier.

—Oigan, ¿y Chloé?

Sabrina tampoco estaba presente.


No todos los días se podía disfrutar de un desayuno con alguien destacado, como era el caso, pero no era algo que pareciera importarle demasiado a Chloé Bourgeois, quien solo se había quedado en la mesa con sus padres aprovechando que gracias a ello no estaría obligada a asistir a la escuela hasta después del almuerzo, y con un justificante oportuno y legítimo a la mano, firmado por el alcalde.

Sin embargo, tampoco estaba prestando atención a la aburrida charla que sus padres compartían con su más reciente invitado, mucho menos a los constantes intentos de Sabrina de llamar su atención.

De hecho, lo único que estaba pidiendo la pelirroja era un sitio donde sentarse y poder seguir al lado suyo, pues no disponían de más sillas en el comedor, y antes muerta Chloé que irse a comer lo que sea en el sillón como cualquier plebeyo. La pobre chica llevaba más de media hora de pie a su lado, y Chloé ni siquiera había reparado en aquel detalle.

Solo el mayordomo.

Jean, acostumbrado a la dinámica y rutina que ambas compartían, suspiró y por quinta vez se acercó a la pelirroja, invitándola a las cocinas para que comiera algo al menos. Y para el alivio del mayordomo, esta aceptó al fin.

La pena fue lo único que siguió envolviendo su pecho, pues el rostro de Sabrina consiguió quebrarse nada más atravesar la puerta.

Un par de lágrimas silenciosas recorrieron su rostro, mismas que no dejó que resbalaran más allá de su barbilla.

—Ni siquiera vio que me fui, ¿verdad? —Preguntó la chica, dolida por seguir siendo invisible para casi todos.

Jean alzó el dedo índice, pidiendo un momento para buscarle algo. Un postre de frutos rojos fue lo que encontró y se lo entregó, esperanzado en que podía dar un poco de sosiego a su corazón roto.

Sin embargo, una mariposa obscura ya estaba dentro del departamento de los Bourgeois, decidida a encontrar a su siguiente víctima.

Su aleteo fue silencioso, grácil y prácticamente inadvertido para los presentes en el comedor. Bueno, para todos menos para una persona… o dos.

La vieron meterse en las cocinas. Pocos segundos pasaron antes de escucharse un grito de pánico, así como algunos objetos de metal caerse y otros más de cerámica romperse contra el suelo. Chloé reconoció el grito y por primera vez notó la ausencia de Sabrina a su lado.

Mentiría si dijera que no sintió miedo.

Fue, de hecho, la primera en aparecerse delante de una peculiar escena.

Jean intentaba alejar a la mariposa agitando una charola de un lado a otro queriendo proteger a una Sabrina hecha un ovillo en la esquina más al fondo que pudo encontrar, mientras dejaba caer más y más cosas.

Sabrina temblaba y buscaba apartar la mirada todo lo que podía de aquel infernal insecto, porque sabía, de alguna forma, que iba por ella. Entonces, un sentimiento de culpa la embargó, mismo que hizo volar a la mariposa más excitada si cabía, redoblando esfuerzos para volar hasta ella.

Chloé dio un par de pasos apenas, con toda la intención de querer ayudar a repeler al akuma, cuando resbaló de pronto. En la suela de sus zapatillas encontró pegados restos de frutos rojos, miel, natilla y todo lo demás que conformó alguna vez uno de sus postres favoritos.

—¿Qué está pasando aquí? —Exigió saber el alcalde, visiblemente alterado y sin comprender el motivo del escándalo. —Tenemos una visita muy importante, así que exijo una explicación razonable.

Su esposa apareció después y, claro, no pudo contener el grito de sorpresa e indignación al ver el desorden de la cocina.

—Pero, ¿cómo se te ocurre, Jean-imbécil? Ni trabajando toda tu vida vas a terminar de pagar todo lo que rompiste. ¡Inaceptable! ¡Totalmente inaceptable!

Cada palabra hizo sentir cada vez más mal a Sabrina, pues entendía perfectamente que todas las represalias iban a caer directamente sobre la única persona que se había preocupado de verdad por ella en esa casa. Y al mismo tiempo, la hacían sentir cada vez más pequeña, casi insignificante, pues estaba bastante segura de que ninguno había reparado en su presencia dentro de la escena. Todos excepto Chloé, ¿no?

La había visto entrar inmediatamente después de que gritó, después de tirar todo para mantenerse lejos del akuma en cuanto lo percibió. Podía jurar, incluso, que sus miradas se encontraron por un segundo y que los pasos que dio iban en dirección a ella antes de resbalar y caer.

—¡Ugh! ¡Eran mis zapatillas nuevas!

Y que Chloé, aún así, se lamentara más por el estado de su calzado en vez de la posible akumatización de su supuesta amiga, terminó por lapidar cualquier esperanza que Sabrina pudiera albergar en su corazón de ser alguien importante en la vida de Chloé. Por lo menos, de ser alguien a quien tener en consideración.

Se sintió devastada, traicionada, ninguneada, desechada y todo lo demás que pudiese asociarse a un completo y total abandono. Por lo que una profunda ira se apoderó de ella y, en un acto aparentemente irracional, se puso de pie y saltó hacia el akuma, atrapándolo entre sus manos y dejando que se fusionara en una pulsera que, irónicamente, le había prestado Chloé.

Todo el mundo contuvo el aliento.

—¡Sabrina, no!

El destello de la mariposa se posó sobre sus ojos.

—¡Resiste, por favor!

—Cariño, ¡busca refugio!

Ya no importaba si las súplicas venían de Jean o de Chloé. Era demasiado tarde y ahora Hawk Moth le había ofrecido la oportunidad de vengarse por el módico precio de un par de prodigios muy especiales. Una ganga.

La oscuridad la envolvió y solo el mayordomo y Chloé seguían en el lugar.

—¿Sabrina?

Podía ser, solo que Chloé nunca la hubiera dejado salir a la calle usando una playera a rayas, overol negro, maquillaje blanco y boina con pompón naranja. Un mimo en toda la regla, solo que los mimos no hablaban.

—No soy Sabrina, ¡yo soy Voidtouch! ¡Y tú, Chloé Bourgeois, pagarás por todo lo que has hecho!

Chloé aguantó un chillido de pánico en la garganta antes de dar media vuelta y huir. Pero de nuevo resbaló, con el mismo postre solo que con diferente pie, para diversión de la nueva villana.

Voidtouch extendió su mano hacia Chloé, con clara intención de tocarla, acercándose con lentitud como si estuviera disfrutando el momento. De hecho, lo estaba haciendo. Quizá demasiado. No advirtió al mayordomo que terminó por sujetarla por la espalda.

—¡Señorita Sabrina, usted no es así! —Echó una mirada a Chloé, quizá, con reproche. —¡Señorita Chloé, huya!

No tuvo que gritarlo dos veces. Chloé de inmediato se puso de pie y se marchó sin llegar a apreciar el instante en que Voidtouch tocó con su palma el antebrazo del mayordomo, y este se desvanecía en el aire.

Al mismo tiempo, una cuenta se agregó a la pulsera encantada.

Lo que si vio Chloé al salir de la cocina, fue al invitado de sus padres sentado en su mismo lugar, impávido ante la situación y con la desfachatez de dar un sorbo a su taza.

Si él no era consiente del peligro en el que se encontraban, definitivamente no iba a ser ella quien lo iba a poner al tanto.

Por lo que sabiendo que sería perseguida hasta que aparecieran Ladybug o Cat Noir, buscó refugio en el interior del elevador del hotel. Para su buena suerte, estaba disponible en su piso.

—¡Alerta de akuma! —Espetó a la encargada del elevador, quien de inmediato cerró las puertas del mismo y se dispuso a reportarlo a través de un botón especial, recién diseñado para tales casos.

Chloé se sintió algo más segura. Ya solo era cuestión de tiempo. Debía resistir hasta que los superhéroes llegaran a rescatarla. Mientras tanto, pensó en algún sitio donde poder refugiarse.

La escuela quedaba cerca.

Trazó ruta en su mente hasta que el elevador volvió a abrir sus puertas en la planta baja. La alerta de akuma se generalizó rápidamente, dejando vacío en cuestión de segundos el recibidor y dando vía libre al exterior.

Sin embargo, justo cuando estaba a punto de abandonar el hotel, Voidtouch aterrizó justo delante de ella con una sonrisa triunfal en los labios.

—No ibas a dejarme atrás de nuevo, ¿verdad?

En la pulsera ahora colgaban cuatro cuentas en total.


Notas finales: Habrá batalla en el siguiente capítulo, espero la disfruten tanto como yo lo hice escribiéndola. El conde, por otro lado, tendrá una apariencia similar al del anime Gankutsuou, de donde me inspiré fuertemente junto a la novela y el musical para desarrollar al personaje. ~