Un nuevo día llegaba a Nerima, la joven Tendo despertó con una amplia sonrisa adornando su rostro, sin embargo, su conciencia comenzó a funcionar antes de terminar siquiera de desperezarse.
¿Qué era lo que había pasado ayer? Ella y Ranma habían disfrutado de sus cuerpos con ansiedad pero ¿y ahora?, sabía que eran prometidos pero no por su voluntad, pero lo sucedido sí había sido por gusto ¿acaso cambiarían las cosas entre ellos?, No podían evidenciarse ante los demás si no querían que los obligarán a firmar inmediatamente los papeles de matrimonio, entonces ¿cómo sería de ahora en adelante?, ella estaba locamente enamorada de ese hombre, pero ¿y él?, tampoco era su intención que estuviera con ella solo por obligación.
Terminó de levantarse y se vistió, se estaba arreglando frente al espejo cuando notó aquella terrible huella de pasión que ostentaba en su cuello. Con horror pensó en la manera de ocultarla lo mejor que se pudiera, una blusa de cuello alto no era una opción por el sofocante calor que hacía, una bufanda ni qué decirlo, pero tal vez una coqueta pañoleta podría ayudarle a disimularla; rebuscó entre sus cajones hasta encontrar una que pudiera usar, se la ató y parecía que estaba bien, ahora solo le quedaba rogar que no se dieran cuenta, afortunadamente las únicas en casa eran Nabiki y tía Nodoka, desafortunadamente eran las más perspicaces de la familia.
-¡A desayunar!- se escuchó desde la planta baja a la mayor de las mujeres llamarles – Akane, por favor pasa a despertar a Ranma-
Estaba sumamente nerviosa, no sabía cómo actuar ¿cariñosa, indiferente, normal? Siguió sumida en sus pensamientos hasta llegar a la habitación del muchacho, estaba a punto de entrar cuando la puerta se abrió, fue sujetada por una de sus muñecas e introducida al cuarto, cerrándose inmediatamente el acceso tras ella.
Los ansiosos labios del chico se adueñaron instantáneamente de los femeninos, acariciaba con desenfreno la totalidad de la boca con la suya mientras posesivamente la abrazaba, reteniéndola pegada a su cuerpo; la chica tardó un poco debido a la sorpresa pero correspondió a la caricia con intensidad.
-Quería darte los buenos días sin que nos espiaran- le susurró el joven apoyando su frente en la de ella apenas separados – Buenos días-.
Ella sonrió complacida, esas nuevas maneras entre ella y su prometido le estaban gustando.
-Buenos días- respondió al saludo.
-¿Vas a salir?- le preguntó él inquieto.
-N… no, ¿Por qué lo preguntas?- el cuestionamiento la había tomado por sorpresa.
-Te ves muy… linda el día de hoy… creí que sería porque tenías pensando verte con alguien- habló viendo hacia otro lado totalmente sonrojado.
-Gr… gra… gracias, pero no… no tengo planeado salir- se excusó – es… solo… que… necesitaba algo en el cuello-.
-¿Eh?- estaba confundido.
La joven bajó apenas lo suficiente la pañoleta para que el chico pudiera apreciar la violacea marca que adornaba su piel; en un primer momento se alarmó, más en cuestión de segundos una egocéntrica mal disimulada sonrisa apareció en su rostro.
-Yo… quisiera… decir que lo siento… pero en realidad no lo lamento- dijo osado- y lo volvería a hacer.
La miraba profundamente, se acercó peligrosamente a ella y comenzó a recorrer con su boca húmeda la piel entre su lóbulo y su hombro; la muchacha solo cerró los ojos y se dejó llevar por la caricia, sentía que las piernas le temblaban y su corazón latía desbocado; Ranma pasaba sus labios de una manera tan sensual sobre la blanca dermis que poco quería hacer la chica para resistirse.
-Eres mía- susurró junto a su oído con grave y profunda voz.
Comenzó a bajar la cabeza hasta los pechos femeninos mientras le sujetaba las manos por si en algún momento pensaba resistirse, con los labios apretujó alternadamente los incipientes pezones provocándole a la mujer espasmos que le hicieron juntar las piernas.
-¡Akane! ¡Ranma! Bajen a desayunar- les urgía la matriarca Saotome.
-¡Sí!- alcanzó a hablar ella antes de ahogar un ardiente gemido.
Con dificultad logró safarze de las manos de Ranma, abrió la puerta y aún con la respiración alterada le habló
-No te retrases mucho- mientras bajaba en dirección de la cocina.
Él se quedó viendo por donde la chica acababa de escapar.
-No sé qué me pasa, pero solo de sentirla cerca no puedo controlarme- pensaba alborotando su flequillo disponiéndose a bajar.
-0-
-Si esto sigue así no sé qué sucederá- cavilaba la mujer que bajaba las escaleras mientras se acomodaba la tela que le cubría el cuello.
-¡Qué hermosa te ves hoy, hija!- dijo una complacida Nodoka al verla tan coqueta.
-Gracias, tía- sonrió dulce la joven.
-¡Vaya, Akane! ¡Qué linda pañoleta llevas! Nunca la usas - soltó con cisaña la hermana- o… ¿será que hay algo que quieres ocultar?-
Akane se puso roja a más no poder, estaba a punto de contestarle cualquier tontería a su familiar cuando la señora Saotome habló.
-Déjala en paz, Nabiki, deberías saber que hay días en que nos gusta vernos bien porque si- guiñó un ojo a la agredida para calmarla.
No tardó mucho en unirseles el varón de la casa, saludando a todas y disponiéndose a comer.
-Por cierto – habló la mamá de Ranma- Nabiki, te recuerdo que hoy visitaremos a mi amiga que tiene la farmacia y requiere consejos sobre cómo hacerla prosperar-
-Seguro, tía, también te recuerdo le cobraré por la consultoría- respondió la chica haciendo cálculos de sus honorarios.
-No esperaba menos de ti, hija- comenzó a reír discretamente para luego dirigirse a los otros jóvenes – chicos, es preciso que ustedes se queden cuidando el dojo, ayer informaban en la reunión de vecinos que darían mantenimiento a la red eléctrica, por lo que pedían estar pendientes de los trabajos, yo me quedaría pero tiene mucho tiempo que había acordado la cita de hoy. Ranma, te lo encargo-.
-Claro, tía, no hay ningún problema, pueden irse sin preocupación- contestó una sonriente Akane intentando disimular los nervios que le provocaba quedarse a solas con el hombre.
Ranma agachó la cabeza y siguió comiendo, esperaba que nadie se hubiera dado cuenta de la enorme sonrisa que figuraba en su rostro.
Más tarde, en la entrada de la casa, Nabiki y Nodoka se despidieron de los más jóvenes.
-Estaré en mi cuarto- dijo Akane tomando el camino de las escaleras después que salieron las otras mujeres.
Apenas llegó a su habitación, se recargó en la puerta, llevó una de sus manos al pecho intentando controlar los latidos de su alterado corazón cuando tocaron.
-Akane, ¿puedo pasar?-
La voz de aquel que la hacia perder la razón estaba llamándola y quería ingresar a su habitación; abrió la puerta para ver al apuesto hombre en el marco y llevaba algo en las manos.
-Te traigo tu libro-
-¿Tú… tú lo tenías?- contestó algo nerviosa.
-Sí… lo tomé prestado, está bastante… interesante- dijo en tono cautivador.
-¿Lo… lo… viste?- estaba poniéndose más nerviosa.
-Sí… quería saber qué estabas leyendo tan atentamente- repuso al tiempo que se acercaba coquetamente a la mujer.
El joven se detuvo a tan solo un par de centímetros del rostro de la chica.
-Pero si te molesta, solo tienes que… de cir lo- dijo lo último casi en un murmullo acariciando con su aliento la faz de la mujer.
Fue demasiada tentación para la chica de ojos avellana, quien en un arrebato cerró la distancia que los separaba para tomar los labios de él con fiereza.
Las manos del joven poco tiempo estuvieron quietas, pues casi inmediatamente tomaron posesión del cuerpo ajeno y comenzaron a deslizarse desde los brazos hasta la delicada espalda, perdiéndose luego entre los pliegues de la falda para recoger la tela y poder deleitar su tacto con las abundantes y firmes carnes de las posaderas de su prometida por encima de la ropa interior.
Mientras tanto, la mujer tampoco permaneció mucho tiempo inmóvil, ya que de igual manera pasó sus manos por debajo de la camisa china delineando lo que estuvo a su alcance de los poderosos músculos que el artista marcial había trabajo tan duro toda su vida, más no era suficiente, necesitaba más, por lo que rehízo lo andado para desabotonar hábilmente la prenda que le estorbaba y así poder deleitarse al máximo con aquel cuerpo que tanto anhelaba.
Ranma comenzó a caminar hacia adentro de la habitación llevando a Akane consigo sin dejar de besarla, después que hubo atravesado el umbral con su pie cerró la puerta y la aseguró, nada ni nadie los interrumpiría; en el camino fueron quedando una camisa china y una falda.
Una vez llegados al escritorio de la chica, el muchacho la tomó por las nalgas y la sentó en este, cuidando de quedar él entre las piernas femeninas para que sin el estorbo de la falda la hiciera sentir la temible erección que le provocaba.
Las manos masculinas masajeaban ávidamente los sensibles pechos de la joven, luego de un solo movimiento levantó las telas que los cubrían dejando al aire aquel par de rosadas y apetecibles cimas que lo invitaban a probarlas; con tiento, tomó entre sus índices y pulgares aquellas exquisiteces para acariciarlas, a veces suave, otras más fuerte para deleite de su compañera. A la muchacha comenzó a estorbarle la ropa a medio quitar, por lo que sujetó las prendas desde la orilla y las elevó por arriba de su cabeza para quedar desnuda del torso, movimiento que fue aprovechado por él al abalanzarse vorazmente sobre los lechosos montes de su amada, degustándolos en su totalidad recorriéndolos con labios y lengua, logrando que la chica jadeara de ansiedad ante ese toque y que arqueara la espalda hacia atrás reduciendo la distancia entre ambas intimidades, notando ambos el deseo que los inundaba de pertenecerse.
Ranma la tomó de las caderas para acercarla a él, deseaba que lo sintiera, que supiera cómo la necesitaba, comenzó a moverse instintivamente, el calor que emanaba de la entrepierna femenina le quemaba; a su vez, ella el sentir aquella firmeza ante sí la estimulaba enormemente, deseaba ser suya y de nadie más.
Con delicadeza, tratando de evitar romper el encanto del momento, el joven se dedicó a bajar las pantaletas de Akane, no quería terminar el contacto entre ambos, pero estaba deseoso de poder sentirla a plenitud, en el mismo movimiento se deshizo del resto de su ropa hábilmente, quedando igualmente expuestos; se incorporó nuevamente ante ella, la rodeó con sus brazos mientras recorría la blanca piel de su cuello hasta llegar a su oído y poderle susurrar
-Te deseo- su entrecortada respiración solo afirmaba lo dicho - ¿estás lista?-
Ella ladeó la cabeza para poder sentir su cálido aliento rozarla, cerró los ojos y se dejó llevar.
-Más que nunca- respondió pasando los brazos por el bronceado cuello.
El tomó a "la Bestia" con una de sus manos y la posicionó en la brecha femenina, le gustaba sentirse mojado por el elixir de pasión de su diosa así que deslizó todavía un poco a su expectante miembro por entre los hinchados pliegues de Akane, al fin colocó su virilidad en el punto exacto y con suavidad fue entrando; la mujer empezó a sentirse invadida por aquel significativo miembro que Ranma tenía, experimentó cómo se iba abriendo camino poco a poco a través de ella, hasta que llegó al fondo de su ser brindándole una placentera sensación al rozar sus paredes, posesivamente le encajó las uñas en la espalda a su amante, quien respondió con un ahogado quejido de placer; el musculoso hombre comenzó a entrar y salir de la cavidad, al principio suave para no lastimarla, más al ver las sensaciones que provocaba en su amante el moverse así aumentó el ritmo de las embestidas, los jadeos de la chica le excitaban e invitaban a desatar todo el poder de su hombría.
La joven acariciaba con su lengua el cuello del varón, se encontraba deseosa de aquella morena piel , quería que continuará con aquel frenético vaivén que estaba exaltándole los sentidos, anhelaba fundirse en un mismo ser con aquel hombre que sabía amaba con todo su corazón, con las piernas estrechó el contacto mientras con las manos se aferraba a la sudorosa espalda masculina, la boca se movió sola buscando acariciar con más ímpetu aquella deliciosa dermis, el paroxismo estaba cerca por lo que en un último impulso succionó con pasión parte del torso de su amante mientras sus paredes se estrechaban en torno a la virilidad del chico, apretándolo deliciosamente aumentando el placer, logrando que a ambos el éxtasis los inundara simultáneamente, dejando escapar sonoras exclamaciones de gozo.
El miembro de Ranma se rehusaba a abandonar aquella cavidad que tan bien lo había recibido a pesar de haber cumplido con su cometido, por lo que casi inmediatamente comenzó a moverse nuevamente dentro de Akane, reiniciando la danza del recién descubierto amor para beneplácito de ambos.
Él tomó una de las piernas de la chica y la levantó por encima de su hombro, sorprendiéndose la mujer de que la penetración pudiera ser aun más profunda, más excitante, más placentera; con la otra pierna asía con aprehensión la cintura masculina, le encantaba que llegara tan adentro de ella.
La elasticidad era uno de los fuertes de Akane, por lo que aún en esa posición lograba besar con deseo a aquel semental que la estaba embistiendo, aumentando el éxtasis del varón con un delicioso movimiento de lengua, Ranma no quería ni imaginar las maravillas que haría ese músculo en otro lado de su anatomía.
La chica arañaba con frenesí la fuerte espalda volviéndose loca de placer, el joven no quería dejar de entrar y salir de su amada, las lenguas libraban una encarnizada lucha mientras los sexos se fusionaban; Ranma sujetó con demasiada fuerza las caderas de Akane, dejando marcados sus dedos en el lugar del agarre mientras vaciaba su ser en el interior de la muchacha, la cálida inundación que la colmó fue suficiente para hacerla alcanzar también el clímax.
Las respiraciones aún eran agitadas, él bajó la larga pierna de su hombro para poder abrazarla cariñosamente por la cintura depositando a su vez un suave beso en el cuello femenino.
-Genial… simplemente eres genial- habló el varón aún entrecortadamente - ¿te lastimé?-
Estaba la joven a punto de contestar cuando un llamado en la puerta los alarmó.
-Akane, ya regresamos- se oyó la voz de la recién llegada chica Tendo- ¿no has visto a Ranma? La tía Nodoka lo está buscando-.
-No, Nabiki- contestó sin recuperarse del todo de la sorpresa mientras tomaba la ropa masculina velozmente- hace rato se quedó en la estancia.
-¿Volvieron a pelear?- preguntó mientras intentaba girar el picaporte inútilmente- te encerraste, eso quiere decir que sí-
-¡Ese bobo!- fingió molestia en su voz vistiéndose y apurando al joven a hacer lo mismo- ya sabes que es un idiota con una bocota-
Ranma pareció molestarse con lo dicho, más el rostro risueño de Akane le bajó los ánimos de inmediato.
-¿Qué quieres que te diga? Es tu prometido, ya deberías saber qué tan estúpido puede ser, no es la primera vez que lo dices- desde el otro lado de la puerta la mayor intentaba no delatar su risa.
Akane urgía a Ranma para que saliera por la ventana, una parte para que no los descubrieran y otra para que él no siguiera escuchando todo lo malo que hablaban de su prometido entre ellas; el chico se giró antes de salir y le dio un último y candente beso a la mujer.
-No creas que no escuché a tu hermana, pero después me lo compensas- dijo pícaro antes de darle una nalgada a la muchacha y desaparecer.
En el pasillo, una sigilosa Nodoka se aproximaba a la mediana de las hermanas Tendo.
-¿Y bien?- susurró la mujer madura.
-Parece que tuvimos éxito. Me debes un favor enorme por esto, tía, estoy perdiendo una fortuna al no haber dejado evidencia gráfica de la primera vez de estos dos- dijo maliciosamente Nabiki.
-¡Mi hijo es tan varonil!- lloraba discretamente la madre del muchacho.
-Bueno, dejemos el sentimentalismo para después, hay que continuar con el plan- intentó disimular también el gusto que le daba a la chica.
La matriarca asintió en silencio para luego retirarse hacia otro lado del pasillo.
-Akane, ¿cuando se te pase el enojo puedes salir? La tía Nodoka quiere decirte algo- le habló aún a través de la puerta su hermana.
-¡Si, si, voy!- gritó la aludida acomodándose con calma la ropa para no dar pie a sospechas, revisando de una vez si tenía nuevas marcas visibles que fuera necesario ocultar.
Ranma terminó de vestirse en el tejado, había salido de la habitación con apenas sus calzoncillos puestos, se quedó viendo el cielo y suspiró.
-Tanto tiempo perdido peleando… de haber sabido antes…- su sonrisa pícara delataba lo que estaba pensando.
Terminó de colocarse la ropa para poder descender a su cuarto ingresando por la ventana, apenas puso un pie dentro una sepulcral voz se hizo presente.
-¿Dónde estabas?-
Giró lentamente la cabeza hasta encontrarse de frente con la dura mirada de su madre.
-Yo… yo…- esa mujer tenía, como toda mamá, la habilidad de ponerlo nervioso aunque no supiera que de malo había hecho.
-Te pedí que te quedaras con Akane para que vieran juntos lo de la luz, ¿por qué la dejaste sola?-
-Yo… yo… no es que quisiera irme, ella se enfadó porque sí y me mandó a volar, apenas voy regresando- contestó al iluminársele la mente recordando la versión de la pelea que le dijo Akane a Nabiki.
-No me gusta la manera en que tratas a tu prometida, Ranma, tendré que tomar medidas extremas- sentenció la señora entrecerrando los ojos viéndolo sin pestañear.
El joven solo tragó saliva sonoramente, cuando su progenitora se ponía en ese plan esperaba lo peor.
-0-
Disculpen el retraso en la actualización, la inspiración no llegaba por más que la invocaba.
Espero esta nueva entrega no los decepcione y sea de su agrado.
Gracias ppr todos sus reviews y follows, me llenan el alma.
¡Hasta pronto!
