Un nuevo día llegaba, Akane se levantó temprano para ir a dar su trote matutino llena de energía, su corazón estaba colmado de felicidad; regresó pronto y entró al Dojo para practicar, estaba tan concentrada en el entrenamiento que no se dio cuenta de unos hermosos ojos azules que llevaban minutos analizándola.

-Si te pones justo al lado te será más fácil lanzar a tu oponente- habló al fin el propietario de aquella mirada.

Ranma caminó hacia ella parándose enfrente, tomó la extremidad superior derecha de la chica con ambas manos, pasó todo su cuerpo por debajo de la axila femenina hasta posicionar su cadera al lado de la de ella elevando el pequeño cuerpo con facilidad simulando lanzarla. Akane imitó los movimientos lento y suave primero para después hacer completa la posición, proyectando al chico para estamparlo en la duela. El movimiento hecho a la manera que el artista marcial le enseñó resultaba más fácil que como normalmente ella lo hacía.

-¡Vaya! Me costó menos trabajo levantarte ¿Por qué no me habías dicho que no lo estaba haciendo bien?-

-Bueno… este… ¿Cómo podría hacerlo sin que pensarás que estaba viéndote la cadera?- respondió sonrojado evitando verla.

-Pero sí me la estabas viendo- dedujo la joven mirándolo con insistencia.

-Sí… pero no podía decírtelo… entonces- sonrió de medio lado el chico.

La tomó de la mano y la jaló hacia sí aún estando recostado en el piso, la muchacha se dejó caer con suavidad encima de él, se besaban profunda y tiernamente, las manos del joven recorrieron con caricias la espalda femenina hasta el firme trasero, donde se detuvieron para apretujar con lascivia esas frondosas carnes que ahora podía amasar con libertad, con ese mismo movimiento hacía que la intimidad de Akane se frotara contra su incipiente erección.

-Nos… van… a… ver- alcanzó a decir la joven Tendo entre suspiros.

-No me importa- le dijo al oído con gutural voz.

Giró para posicionarse encima de ella, con una de sus manos sujetó ambas muñecas de la chica mientras seguía besándola, con la mano libre le levantó las piernas abrazándolas y recorrió las telas de la ropa que la cubrían dejando las nalgas de la joven al aire, sacó su turgente miembro de su cárcel y sin tapujos la penetró, con violencia y prisa, sin miramientos.

La invasión provocó un agradable respingo en la chica quien ni siquiera luchaba por liberarse, se dejaba llevar por aquel posesivo hombre que la reclamaba.

Apenas pudo embestirla unas cuantas veces el muchacho, pues ambos artistas marciales sintieron la presencia de alguien acercándose, obligados a separarse de inmediato se acomodaron con premura las ropas fuera de lugar, disimulando lo acontecido.

-¡Buenos días! El desayuno estará listo en 20 minutos, por favor cámbiense- habló la matriarca Saotome apenas asomándose para retirarse en el acto pensando en que su plan marchaba a la perfección.

-Gracias- respondieron al unísono.

Ranma se levantó del piso y ayudó a Akane a hacer lo mismo, la tomó por la cintura elevándola hasta que sus rostros estaban a la misma altura para depositar un atrevido beso en su boca.

-Quiero más- habló el joven haciendo un tierno puchero.

-Habrá más, pero ahora debemos ir al comedor- repuso la chica guiñándole un ojo pícaramente.

Con esa promesa en mente, el chico se fue feliz en dirección de la casa.

Durante el desayuno todo fue armonioso, sin el resto de los integrantes de la familia no había peleas por comida ni insinuaciones de matrimonio en cada bocado, se respiraba la tranquilidad.

-Hijos, debo comunicarles que Nabiki y yo saldremos de viaje- anunció Nodoka y comenzó a hablar emocionada- fue tal el éxito de sus consejos en la farmacia de mi amiga que le habló a su hermano de ellos, por lo que quiere contratarla como asesora para su negocio en Kioto, sin embargo, no sería correcto que una jovencita se quedara a solas con un desconocido, por lo que la acompañaré-.

Los ojos de los jóvenes estaban abiertos a más no poder y apenas pestañeaban, la mujer madura se dio cuenta de la sorpresa y completó.

-El hecho de que ustedes se queden solos no tiene nada de malo, al fin que son prometidos, además, alguien debe cuidar la casa y qué mejor que los herederos de las escuelas de combate libre-

-Solo procuren no matarse mientras no estamos, que no habrá quien los cuide- repuso la mayor de las hermanas Tendo presente- solo serán un par de días, así que compórtense ¿quieren?-.

-Les dejé bastante comida lista para que no se preocupen, procuren cerrar bien y por favor no se descuiden, quiero que los dos estén aquí ¿de acuerdo?- Nodoka asomó apenas perceptiblemente a su compañera la katana.

Akane y Ranma asintieron frenéticamente ante la amenaza.

-¡Me alegra que todo esté bien entendido! – sonrió emocionada la madre de Ranma- saldremos terminando el desayuno-.

-¿Tan rápido? Apenas nos lo estás diciendo- se sorprendió el menor de los Saotome.

-Bueno, hijo, esto ya estaba planeado solo que había olvidado confirmárselos, pero ¿recuerdas que te lo había mencionado?- con su gesto hizo recordar a Ranma el tema de las "medidas extremas" que había dicho anteriormente- así que sé buen hijo y ayúdame a llevar los platos a la cocina-.

Ambos miembros de la familia Saotome se dirigieron a la otra habitación, una vez solos, la madre comenzó a hablar.

-Ranma, querido, quiero que te comportes con Akane y la trates bien, tienes estos días para que mejoren su relación, si cuando regrese veo que no han cambiado las cosas entre los dos, romperé el compromiso y nos mudaremos inmediatamente a Corea - el chico recibió la amenaza como balde de agua fría- no es mi intención que se casen inmediatamente como quiere tu padre, pero si no hay futuro entre ustedes no tiene sentido que sigamos aquí, en Corea tengo familia que gustosa nos recibirá y es la opción ideal para que no vuelvan a verse jamás… Ranma, aprovecha estos días sin que nadie los importune para que decidas qué quieres-.

El joven sabía perfectamente lo que quería y lo que haría en esos días, una sonrisa de satisfacción que no pasó desapercibida para su progenitora apareció furtivamente en su rostro para desaparecer de inmediato, solo era cuestión de dejar que todo fluyera.

-Sí, mamá, no te preocupes, para cuando regreses te tendré una respuesta- intentó sonar lo más ecuánime posible.

-0-

Los chicos se despidieron de las mayores en la entrada deseándoles un buen viaje.

-¿Crees que funcionará, hija?- preguntó Nodoka abordando el taxi que las llevaría al aeropuerto.

-Pienso que sí, tía, si no por lo menos nos iremos un par de días de vacaciones- guiñó al responder la aludida.

Mientras tanto, los chicos se encontraban aún en la puerta del hogar sin atinar a moverse, Akane fue la primera en girarse para irse de ahí cuando Ranma la sujetó por la cintura desde atrás, respiró sobre su nuca erizándole la piel y le habló con seductor tono.

-Te haré mía cuantas veces quiera y por el tiempo que pueda-.

Acto seguido le sujetó ambos pechos y los masajeó candentemente, causando en la chica que apretara las piernas al sentir aquel toque; el joven empujó suavemente la espalda de la chica para inclinarla hasta que quedó sosteniéndose sobre sus manos sin doblar las rodillas, luego se agachó, tomó la orilla del vestido que la mujer llevaba y lo levantó para dejar expuestas unas preciosas pantaletas blancas de encaje, se excitó ante aquella paradisíaca vista que solo lo incitó a hundir la boca en el recoveco entre las piernas de Akane. Por sobre la tela comenzó a lengüetear la intimidad femenina separando con sus manos la unión de las carnes para poder llegar más profundo, sintió como aquella brecha iba humedeciéndose poco a poco hasta que estuvieron empapadas las bragas, no aguantaba más la tentación así que se deshizo del estorbo de la tela para poder saborear aquel manjar que solo había imaginado tener tan cerca. Los labios íntimos de Akane ya estaban hinchados de excitación, su abertura chorreaba de anhelo, toda ella le llamaba; introdujo su lengua en aquel desconocido rincón, saliendo y entrando trazando espirales que hacían temblar a su pareja que gemía sonoramente su nombre, elevando su de por sí inflado ego.

La chica sentía que las piernas le temblaban, la sensación de la cálida lengua de Ranma abriéndose paso a su interior, alcanzando lugares tan profundos e inexplorados le brindaba un enorme placer, un incontrolable fuego se abría paso desde su parte inferior quemándola y cuando el chico comenzó a succionar el excitado clítoris perdió la cordura, gritos de excitación salían incontrolables de su garganta, no pudo más y se derramó totalmente en la boca de su amante, cayendo de rodillas sobre el piso apenas logrando sostenerse.

El abrumador sabor dulce de la mujer inundó la boca del joven, quien siguió succionando hasta que la última gota resbaló sobre sus labios y la chica no pudo sostenerse más; se encontraba tan excitado que su miembro había comenzado a doler, la vista del trasero de Akane empinado, esperándolo, solo lo convirtió en un animal salvaje que necesitaba aliviarse, bajó con tosquedad su propia ropa exponiendo su enorme virilidad e inmediatamente se ensartó entre las piernas de su amada que lo recibió gratamente. El ser abrazado por la intimidad de la muchacha solo aumentó la imperiosa necesidad de continuar asaltándola hasta que se sintiera satisfecho; se movía con agresividad, con prisa, con violencia, la sujetaba de la cadera con posesión, con brusquedad, con fuerza, deseaba estar dentro de ella, quería quedarse en ella.

Esa faceta desconocida de Ranma exaltaba el líbido de la chica que adoró la manera de ser poseída así, arañaba el piso ante los fuertes embates que recibía, la humedad que le emanaba solo era testigo de cuán excitada estaba, recorrió prontamente el camino hasta su segundo orgasmo.

El joven de trenza continuó moviéndose con ese ritmo hasta que en un último empujón se adentró lo más que pudo en la chica siendo poseído por el clímax más poderoso que hasta ahora había experimentado, se dejó caer momentáneamente exhausto sobre la espalda de la joven.

-¿Estás bien?- le preguntó a Akane aún con la respiración agitada.

-¿Tú qué crees?- respondió pícara.

-Eso espero, porque apenas vamos empezando- contestó jactancioso.

Se levantó y cargó a la chica en sus brazos, subió con ella hasta su habitación, entraron y sin cuidado de cerrar la puerta se besaron apasionadamente, Akane sujetó con sus piernas la cintura del joven y se sostenía con sus brazos alrededor del varonil cuello, él intentaba infructuosamente de desabotonar la vestimenta de la chica para poder tener acceso pleno a aquella piel que le hacía agua la boca, en un arrebato de pasión y no pudiendo soportar más, Ranma jaló el vestido por sus costuras rompiéndolo, haciendo lo mismo con el sostén que aún traía la mujer pues era lo único que le impedía disfrutarla a plenitud, ahora la violencia e intensidad de sus sentimientos por ella los enfocaba en poder amarla sin tapujos ni cuidados. Akane gozó con la urgencia de su amante por recorrerla, por acariciarla, por poseerla.

La recostó como estaba en su futón, totalmente desnuda, se incorporó solo lo suficiente para poder admirarla, para grabar en su mente aquel ser perfecto para él que se le entregaba sin reparos; la chica comenzó a avergonzarse e intentó cubrirse, pero él le detuvo las manos.

-No- susurró- déjame admirarte, eres hermosa-.

Aquellas palabras subieron más la temperatura corporal de Akane, no por pudor si no por deseo, su corazón latía desbocado de pasión y amor. Le tomó por el rostro y lo atrajo hacia sí, entregándose por completo en aquel beso, no solo física si no emocionalmente, quería transmitirle todo el amor que tenía para él. Él recibió gustoso toda la carga de emociones en ese contacto que respondió de la misma manera, ahí fue cuando supo con toda certeza que amaba a esa mujer como nunca antes se lo había confesado, que la necesitaba como al aire para vivir y que no soportaría estar lejos de ella ni un solo día de su vida.

-Te amo- habló Ranma sobre los labios de Akane.

El pecho de la chica se lleno de aquel amor correspondido.

-Yo también te amo-

La virilidad del joven se sumergió en ella con tiento, con ternura, expresando en ese acto sublime todo aquello que se habían guardado hasta ese entonces, demostrándose lo que ya se habían dicho.

Suave, con calma, amándose sin prisas, besando todo aquello que estuviera a su alcance, disfrutando el toque mutuo, entregando su alma, así los sorprendió la oscuridad de la noche, exhaustos pero colmados de felicidad.

Se observaban frente a frente comunicándose con la mirada, las manos de Ranma recorrían pausadamente a Akane delineando desde la esbeltez de la cintura hasta la anchura de la cadera; la chica a su vez delineaba con su índice aquel varonil rostro que la seducía.

-Deberíamos comer algo- sugirió la mujer- me sorprende que no hayas tenido hambre todavía-.

-Estaba… ocupado- esa mirada penetrante la enloquecía- pero sí tengo hambre, ¡vamos!-

La chica tomó sus desgarradas ropas y se dirigió a la puerta, regalándole a su amante una espléndida vista de su exuberante retaguardia.

-¿A dónde vas así?- interrogó aún embobado.

-No puedo volver a ponerme esto, iré por ropa-

-Espera- la alcanzó rápidamente en la puerta y la vistió con su camisa china- con esto bastará, solo iremos a la cocina-

Akane se abrazó a sí misma envuelta en la prenda que acababan de ponerle, aspiró ese agradable aroma que emanaba, olía a él. Ranma se puso únicamente sus calzoncillos y abrió la puerta para dejar pasar a la joven en dirección de la cocina.

Calentaron la comida que les habían dejado, la llevaron al comedor y se sentaron en sus lugares de siempre para alimentarse, de vez en cuando Ranma robaba un poco del tazón de Akane, lo que hacía reír a la chica y fingía indignación, no podían dejar de verse y tocarse de vez en cuando, se encontraban bajo el influjo de los sentimientos recién proclamados.

Terminaron de cenar, dejaron todo en orden y se dirigieron al primer piso de la casa, una vez que llegaron no sabían cómo comportarse pues no querían separarse pero ninguno de los dos se animaba a decirlo abiertamente.

-Hasta mañana- el muchacho fue el primero en hablar.

-Des… cansa- respondió la chica levantando el rostro para darle un pequeño y furtivo beso en los labios.

Se quedaron todavía parados uno frente del otro sin ganas de moverse, al fin, después de un incómodo silencio, Ranma se dio la vuelta para irse, más la mano de Akane le sujetó del brazo impidiéndoselo.

-¿Qué pasa? ¿Te sientes mal?- preguntó nervioso.

La sonrojada chica negó con la cabeza, se cubrió la boca con una de sus manos en un gesto de vergüenza y mirando hacia un lado para evitar verlo directamente dijo

-No quiero dormir sola… por favor, quédate conmigo-

El pecho de Ranma se hinchó de felicidad y una sincera sonrisa coronó su apuesto rostro.

-Toda la vida- dijo mientras abrazaba a aquella pequeña pero valiente mujer que había dicho lo que él no se había atrevido.

Akane dejó salir el aire que inconscientemente había estado reteniendo, aún no daba crédito a lo que pasaba y seguía temiendo el rechazo.

Entraron a la habitación de la chica, ella arregló las sábanas y se metió en la cama con la camisa de él puesta todavía, él imitó el gesto, acomodándose para abrazarla, amaba tenerla tan cerca, aspirar su aroma, acariciar su cabello; se acomodaron con las frentes pegadas, enredaron las piernas, se dieron el último beso de la noche y partieron prontos al reino de los sueños, estaban agotados por todas las emociones del día. Tan cansados se encontraban que a pesar de sus instintos no se percataron de una presencia femenina que se acercaba a la casa.

Con habilidad felina, Shampoo llegó al tejado del hogar Tendo, sigilosamente descendió por la ventana del cuarto de Ranma para introducirse en él, mas grande fue su sorpresa al encontrar el futón tendido y vacío.

-¿Airen no estar? Pero Shampoo sentir su presencia cerca- caviló- bueno, tener que adelantar plan entonces-.

Salió por donde había entrado para cruzar el techo, se descolgó con habilidad frente al exterior de la habitación de Akane, deslizó el vidrio y entró. Parada junto a la cama, posicionó su mano para dar un certero golpe en un lugar específico de quién descansaba en la cama, más nunca espero que al ejecutar el ataque fuera detenida con violencia por una mano de características masculinas.

-¿A… Airen? ¿Qué hacer en cuarto de chica violenta?- preguntó no queriendo saber la respuesta percatándose de la desnudez del joven.

-¿Qué haces tú aquí, Shampoo?- habló el aludido con rabia contenida.

-Yo… yo...- las palabras no alcanzaban a salir de su boca debido al desorden de pensamientos que tenía.

-Viniste a hacerle daño a Akane ¿cierto?- respiró sonoramente- ¿Sabes, Shampoo? Me tienes harto, no soporto más esta situación, mil y un veces te he dicho que no quiero nada contigo pero parece que no quieres entenderlo, a ver si de una buena vez te entra en la cabeza: amo a Akane y me casaré con ella. Estoy en su cuarto porque ahora es mi mujer, la he hecho mía más de una vez y pienso seguir haciéndolo por el resto de nuestros días-.

La amazona pestañeaba una y otra vez sin hablar, no podía moverse más de sus ojos comenzaron a rodar las lágrimas.

-No… no ser cierto… Airen estar mal… chica violenta haber usado hechizo en él… Shampoo romper el encantamiento y salvar a Airen… Airen amar a Shampoo- repetía ensimismada.

-No, Shampoo, he elegido a Akane como mi pareja… la amo- no había duda en la voz de Ranma.

La china dejó escapar un apagado quejido, se cubrió la boca y salió sin cuidado, corrió hasta que sus piernas no pudieron sostenerla y ahí, en medio de la calle con la luna como único testigo, dejó salir todo el dolor y la rabia que su corazón guardaba mientras se repetía a ella misma la ley de su tribu que dictaba que las amazonas no lloran por un hombre.

Desde el marco de la puerta, una boquiabierta Akane había presenciado toda la escena cuando regresaba del baño.

-Ranma…- salió la exclamación a manera de susurró mientras una mezcla de sentimientos se vislumbraba en sus ojos

-Era tiempo de que supiera todo- se excusó él- no puedo permitir que te sigan queriendo hacer daño, no más… era necesario, no quiso entender de otra manera-.

Se instalo el silencio entre ellos hasta que la mujer se animó a continuar.

-¿Es cierto todo lo que le dijiste?-

-¿Lo… lo e… es… escuchaste?- un sonrojado muchacho la esperaba en la cama.

-Cada palabra-

-Todo es cierto, y lo sostengo- dejando atrás la pena, mutó su gesto a uno que no daba cabida a la duda.

En cuestión de segundos Akane ya se encontraba encima de él, cubriéndolo de besos y caricias urgentes.

-No sabes cuánto tiempo había esperado escucharte decirlo- entrecortadamente alcanzó a decir- hazme tuya, hoy, mañana, siempre, soy solo tuya-.

Él correspondió de la misma manera, su mano pasó por debajo de la camisa que la chica vestía hasta introducir sus dedos en su centro sin ningún recato, ella se retorcía de placer ante su toque, le tomó violentamente el rostro para poder besarlo con pasión mientras él continuaba con el asalto a su intimidad; se detuvo tan solo un momento para girarla sobre el colchón, una vez que la tuvo boca abajo deslizó su mano para continuar acariciando el turgente botón de placer de la muchacha, ella instintivamente elevó las caderas, brindándole la oportunidad perfecta al chico para atravesarla hasta el fondo.

La embistió con energía, pegando su pecho a ella a la vez que mordía con lujuria la delicada espalda incrementándole el gozo a ambos; la pelvis del chico pegaba en cada arremetida contra el acolchonado trasero de ella, esa nueva forma de contacto solo le incrementaba el lívido y las ganas de seguirse fundiendo con su amada.

Akane estrujaba entre sus manos las sábanas de su cama, su excitación estaba alcanzando límites insospechados, el primer orgasmo de la noche se evidenció con los violentos gemidos que emanaron desde el fondo de su alma.

Ranma le rodeó la pequeña cintura con uno solo de sus brazos, la pegó a él lo más que pudo y descargó todo su ser en el cálido interior de la mujer, aún se movió convulsamente un poco más hasta que la última gota de su semilla se quedó en Akane.

-Creo que nunca voy a cansarme de esto- le dijo sobre su nunca con la respiración entrecortada.

-Me alegra saberlo- respondió ella ladeando un poco el rostro.

El joven Saotome se dejó caer a un lado de su chica sin soltarla, la atrajo lo más que pudo hacia sí para abrazarla por detrás, quedándose al poco tiempo profundamente dormido. La suave respiración en su espalda la llenaba de confort, esa sensación poco a poco la llevó a acompañar al chico junto a Morfeo.

Mientras tanto, con los ojos aún hinchados por el llanto, la chica de lejanas tierras ingresaba decidida al Neko-Haten.

-Abuela, es hora… usaremos hechizo más poderoso para atrapar a Airen-

-¿Por qué tú decisión tan apresurada, bisnieta?- preguntó inquisitivamente la anciana.

-Él… él… Airen estar con chica violenta- soltó enojada.

-Ellos viven bajo el mismo techo, es normal que se la pasen juntos-

-No, abuela… tu no entender… ellos… ellos dormir juntos- dijo apretando los puños hasta casi hacerlos sangrar.

-¿Quieres decir que estaban compartiendo la cama? ¿Solo… durmiendo?- el cuestionamiento de la anciana parecía fuera de lugar por su inocencia.

-¡No, abuela! Chica violenta hacerse mujer gracias a Airen- en su voz se percibió la tristeza- él tomarla… pero estoy segura que Shampoo con sus encantos poder hacer que Airen cambiar de opinión-

-Ya olvídalo, Shampoo- se expresó cansinamente la vieja.

-¡Jamás, abuela! Shampoo casarse con Airen, darle hijos dignos a la tribu-

-¡No, Shampoo, déjalo ya!- gritó exasperada Cologne- el orgullo de las amazonas está por encima de cualquier cosa, y jamás ¿me oyes? ¡Jamás! Disputaremos por un hombre que ya ha tomado a otra como suya, no somos ni seremos nunca la sombra de nadie, somos guerreras a cuyos pies han caído reyes y príncipes por nuestros encantos y valía, ¡nosotras elegimos a los hombres! No permitiré que un linaje tan destacado como el nuestro se vea deshonrado. Que Akane Tendo se quede con él y que le aproveche. Asunto cerrado-.

No había cabida para la discusión, una de las matriarcas más importantes de la tribu había dictaminado ya sobre el futuro de la joven amazona, como guerrera que era no le quedaba otra más que tomar lo que le quedara de orgullo y retirarse dignamente de una contienda que jamás tuvo oportunidad de ganar.

Antes del amanecer del siguiente día se pudo ver la figura de una chica abordar un barco en el muelle con destino a China.

-Zàijiàn, Airen*- murmuró mientras dejaba caer sus chuís para que fueran tragados por el mar.

(*Adiós, Amor)

-0-

Gracias eternas a tod@s los que han llegado hasta aquí en su lectura.

Espero les agrade esta nueva entrega.

Guardo en mi corazón cada review, follow y favorite que hacen favor de darme.