Los siguientes días la nueva pareja vivió como si de su luna de miel se tratara, amándose cuanto podían y en dónde querían, explorando sus cuerpos como no se lo habían permitido antes, sin la intromisión de nadie más todo era miel sobre hojuelas.

Camino al Dojo Tendo, una alegre jovencita de castaña cabellera y ojos azules caminaba cargando unos okonomiyakis.

-No he visto a mi Ran-chan desde hace un tiempo, sé que se alegrará de mi visita, sobre todo porque ama mi comida- se jactaba orgullosa.

Llegó a la puerta del hogar, estaba a punto de llamar más se quedó con el puño en el aire.

-Mejor entraré sin avisar para darle una sorpresa, no creo que se moleste, de cualquier manera soy su prometida y tengo derecho a estar donde él esté… a lo mejor tengo suerte, esté bañándose y pueda ayudarle a tallar su espalda - se decía a sí misma algo sonrojada de lo que había imaginado.

Con su característica habilidad salto la barda ingresando directamente al patio, con sigilo se acercó al hogar, al no haber sido invitada formalmente a pasar podían tomarla como una intrusa y atacarla si no tenía cuidado. Le pareció escuchar ruidos provenientes del comedor, con cautela se colocó detrás de la pared para recorrerla y poder espiar sin ser vista, cuando llegó a la puerta corrediza abierta apenas asomó la cabeza para observar mejor lo que sucedía en el interior. Lo que vio la dejó impactada.

Sobre la mesa del comedor se encontraba desnuda Akane Tendo con sus cuatro extremidades sujetas a las patas del mueble; sus pechos, parte de su abdomen y entrepierna estaban adornados con helado que comenzaba a derretirse; sus ojos estaban cubiertos con una delicada tela mientras entre sus dientes sostenía una cereza en almíbar..

Parado a un lado de ella estaba Ranma admirando satisfecho su obra de arte; acto seguido, se agachó para comenzar a lamer lo esparcido sobre el vientre de su amante, saboreaba con glotonería cuando su lengua quitaba parte del dulce disfrutando cada gota de su postre favorito. Fue ascendiendo hasta los pechos de la chica, con devoción los limpió, provocando en ella espasmos en los que infructuosamente intentaba apretar la chorreante entrepierna; desanduvo el camino sobre el frente dirigiéndose a la última parte cubierta que quedaba en la anatomía femenina, primero se deleitó escuchando los gemidos que emitía la joven al ser limpiada de esa manera, luego hundió la boca en el recoveco que le clamaba por ser atendido para explorar hasta donde su lengua alcanzó.

Ukyo observaba la escena sin dar crédito a lo que pasaba frente a sus ojos, su cuerpo completo se negaba a moverse, estaba paralizada de la impresión.

Akane ya no aguanto más, apretó la mandíbula destrozando la cereza que sostenía, la comió y comenzó a jadear.

-¡Tú ganas! ¡me rindo!- vociferó.

-Di las palabras mágicas- dijo el joven distrayéndose momentáneamente de lo que hacía.

-Ranma Saotome, eres el hombre que amo, deseo con todo mi ser tenerte dentro de mi una vez más ¡por favor, tómame! ¡Soy tuya ahora y siempre!- gritó presa de la excitación.

El chico se levantó de donde estaba, se quitó la única prenda que le cubría la tremenda erección que ostentaba para así posicionarse encima de ella, besándola salvajemente mientras dirigía su excitado miembro a la cueva que hasta hacía poco atendía con la boca, con una mano se sostuvo y con la otra elevó la fina cintura para que ella pudiera sentir entre sus piernas la enorme virilidad que la reclamaba.

-Yo también te amo, Akane… te seguiré amando y haciéndote mía hasta el fin de nuestros días- habló sobre la femenina boca con el ego inflado a más no poder.

Aflojó los amarres inferiores apenas lo suficiente para que pudiera levantar las caderas de la chica y hacerla suya, la penetró con ansiedad y frenesí provocando que de la mujer saliera un tremendo grito de placer al adentrarse en ella, continuó arremetiendo una y otra vez con fuerza y cadencia, solo se escuchaban los entremezclados gemidos de gozo.

Al fin su cuerpo reaccionó, Ukyo logró girarse para dejar de ver y deslizándose por la pared cayó sentada sobre sus piernas; gruesas lágrimas resbalaban por sus mejillas, lentamente fue soltando la comida que traía en sus manos, derrotada, justo antes de que incontrolables sollozos escaparan de su boca se levantó y de la misma manera que había entrado se retiró.

Salió del Dojo sin saber qué hacer, comenzó a caminar mientras continuaba llorando, su pecho subía y bajaba presa de lastimosos suspiros, algo dentro de ella se había roto. Anduvo sin rumbo fijo hasta que la noche cayó sobre la ciudad, cuando se percató de la oscuridad se dirigió a su casa-restauran, al llegar subió directamente a su cuarto sin preocuparse por si tenía o no clientela, se metió a su cama y siguió sollozando hasta que se quedó dormida.

En otro lado de Nerima, mientras una pegajosa jovencita estaba ingresando al baño para tomar una ducha, su prometido rondaba el patio de la casa Tendo buscando, se detuvo al toparse con los envoltorios de la comida que había dejado la cocinera.

-Así que fue Ukyo, no me hubiera gustado que se enterara así, tendré que ir a ver cómo se encuentra- pensaba preocupado.

Ingresó al hogar dirigiéndose a su cuarto para ponerse ropa adecuada para salir, sin embargo, al subir no pudo evitar asomarse en la puerta semiabierta donde estaba su prometida, quedó maravillado ante la sensualidad que desbordaba esa mujer que estaba enjuagándose el cuerpo que aún tenía rastros de jabón; observó detenidamente cómo se levantaba rumbo a la tina de baño, la manera en que poco a poco se sumergía en ella, el suspiro que salió de su carnosa boca al estar disfrutando el agua, todo su ser era lo más embriagante que jamás hubiese visto en su vida.

-Tal vez sea mejor ir mañana- se dijo a sí mismo al introducirse en el cuarto al tiempo que se desnudaba.

-Hola- saludó alegremente Akane cuando lo vio dentro- ¿te bañarás?-.

-¿Me tallarás la espalda?- contestó el varón sonriente.

-Solo si me das un beso-

Ranma se apresuró a lavarse, caminó a donde le esperaba la chica quien no lo había perdido de vista ni un momento y la besó con todo el amor que era capaz de demostrar, ella le tomó del rostro jalándolo hasta que estuvo totalmente sumergido en el agua; continuaron besándose con calma, con ternura, disfrutando el contacto de sus labios y sus lenguas, mordisqueando de vez en cuando en tono juguetón.

-Me encanta estar así contigo, sin peleas y sin entrometidos acosándonos todo el tiempo- dijo el chico abrazándola.

-A mi también me gusta mucho. Es una lastima que esto no vaya a durar-

-¿A… a que te refieres?- preguntó con miedo el joven.

-Pues a que es inevitable que nuestras familias regresen, a que tus prometidas vuelvan a acosarte, a que no nos dejen en paz- contestó ella con pesar en la voz.

-De las prometidas lo voy a arreglar, te lo aseguro- dijo Ranma besándole la pequeña nariz a su acompañante- de nuestras familias… es un tema difícil-.

-Ranma… yo… no… no quiero que te sientas obligado a nada. Te amo y si pasó esto entre nosotros fue porque ambos quisimos, no… no… no… -los nervios se apoderaron de la chica comenzando a balbucear.

El joven se sintió conmovido ante el sonrojó y nerviosismo de Akane, le tomó la barbilla con dos de sus dedos y le obligó a callar con un beso, apenas se separó de ella la vio a los ojos serenamente.

-También te amo, quiero que estemos juntos… bueno, si es lo que quieres- su seguridad comenzó a tambalearse de solo pensar qué tal vez ella no le correspondiera.

-¡Sí! ¡Sí quiero!- le interrumpió efusiva para después de sonrojarse hablar con timidez- sí quiero-.

Los ojos del muchacho brillaron al escucharla, la abrazó posesivo escondiendo el rostro en el níveo cuello, sintió el menudo cuerpo entre sus brazos temblar, alarmado se separó para observarla con preocupación.

-¿Qué pasa? ¿Te sientes mal? ¿Tienes fiebre? ¿te hice daño?-

La joven negó con la cabeza para después echarse agua de la tina en el rostro.

-No, es sólo que nunca creí que este día llegaría. Soy… muy feliz- su sonrisa podía derretir el mismísimo polo norte.

Ranma le correspondió a ese hermoso gesto, la besó profundo, con calma pero anhelante, entrelazando en esa caricia sus almas.

La intensidad del beso ascendía, las manos comenzaron a moverse acariciando la piel ajena, Ranma se deleitaba estrujando entre sus dedos los excitados pechos; atrevidamente, Akane recorría los fornidos pectorales mientras con su otra extremidad anduvo el camino hasta la incipiente masculinidad, la tomó acariciándola en toda su extensión, prodigándola de ardientes toques que comenzaron a volver loco a su pareja.

-A… Akane… espera- jadeó el muchacho- el… el agua… está empezando a… enfriarse-.

Salió rápidamente de la tina, tomó a la joven por la cintura para cargarla agarrándola por el trasero mientras ella se sostenía abrazándolo con las piernas, sus bocas libraban una encarnizada lucha al tiempo que sus cuerpos, cada vez más excitados por las caricias, se encaminaban al cuarto de la mujer. Apenas entraron Ranma depositó a su amada en la cama, posicionándose inmediatamente arriba de ella dispuesto a penetrarla a la brevedad, sin embargo, Akane hizo un giro para quedar ella encima de su prometido, sujetó las manos masculinas con sus rodillas y le habló sensualmente al oído.

-Ahora es mi turno- su aliento erizó la piel del hombre.

Con su lengua recorrió desde la oreja hasta la barbilla de él, con suaves besos anduvo el camino hasta los pectorales, a los que prodigó de caricias inéditas que hicieron excitar más al de por sí encendido chico. Se fue recorriendo hasta que su rostro quedó frente a "la bestia", tanto le maravilló verlo en su máximo esplendor que inconscientemente se pasó la lengua por los labios con lascivia, el gesto no pasó desapercibido para el joven Saotome y su ego.

Con lentitud tomó la enorme virilidad en su mano para recorrerla con suavidad, acercó su boca con parsimonia para apenas rozar húmedamente la punta, poco a poco fue introduciendo en su totalidad el grueso miembro en su húmeda cavidad, el toque provocó que Ranma emitiera un sonoro gemido que indicaba el gozo que estaba experimentando.

La muchacha se regocijó de lo que su boca había provocado en el joven Saotome, con lascivia usó su ardiente lengua para recorrer extensamente el venoso músculo, ampliando la caricia a toda la zona genital masculina.

Al chico le agradó demasiado cómo estaba siendo explorado de aquella húmeda manera, extasiado sintió cómo su amante se apropiaba de su excitado miembro introduciéndolo cuán profundo pudo en su boca, brindándole un desconocido placer; Akane comenzó a mover su cabeza de tal manera que la virilidad entraba y salía de ella sin abandonarla en su totalidad, mientras, la recorría con su lengua y succionaba apenas lo suficiente para aumentarle el placer a su amado.

Ranma sentía que su alma quería abandonar el cuerpo por las intensas sensaciones, anhelaba más, necesitaba más; casi por instinto, sujetó con sus manos la cabeza de la chica marcando el ritmo que deseaba, conforme aumentaba su excitación se dejó llevar moviendo sus caderas con frenesí al tiempo que Akane le devoraba. En cuestión de minutos el joven sintió cómo el orgasmo se acercaba.

-Akane… yo… yo… voy a… terminar…- habló mientras intentaba sin mucho esfuerzo alejarse de la boca femenina.

La aludida deslizó sus manos por debajo del trasero masculino y con mayor ahínco deleitó al hombre con sus movimientos, apenas unos segundos después sintió su garganta llenándose de una sustancia viscosa cuyo sabor no le desagradó; Ranma se aferró del cabello azulado gimiendo sonora y placenteramente, con lentitud aflojó el agarre convirtiéndolo en un toque suave. Akane sacó de su interior aquel miembro que se negaba a darse por vencido aún, le dio un delicado beso en la punta a modo de despedida.

-Akane… tu… ¿cómo?... ¿Dónde?... Estuviste maravillosa- pronunció en un suspiro el muchacho.

-Me alegra que te haya gustado- sonrió pícaramente- ya era tiempo de corresponderte.

-¡Vaya que lo hiciste!... Y ahora… - el joven con su habitual destreza recostó a su chica en la cama, puso su aún erecta masculinidad en la entrada de Akane y empujó firme hasta llegar al fondo.

La mujer soltó un bufido de placer al sentirlo, ambos se dieron cuenta de la facilidad con la que se había deslizado dentro de ella debido a la abundante humedad que emanaba del centro femenino, el joven Saotome se sintió más que orgulloso al saber lo excitada que estaba su mujer de haberle hecho aquella felación. Con el ánimo por las nubes asaltó de una manera brutal aquel ardiente cuerpo que tanto lo encendía; ella lo recibió gustosa, gemía sonoramente ante cada embiste.

Probaron decenas de posiciones esa noche, siendo cada una más placentera que la anterior, hasta que ambos, exhaustos y satisfechos uno del otro, quedaron postrados en la cama para dormir en los brazos de la persona que amaban.

-0-

El reloj marcaba las 9 de la mañana y él apenas estaba abriendo los ojos, su prometida seguía desnuda a su lado, respirando suavemente sumida en el mundo de los sueños aún. Aquella visión comenzó a excitarlo, más prefirió abstenerse, sería mejor que se fuera mientras seguía dormida, más tarde podría contarle todo.

Salió de la habitación, pasó a su propio cuarto para vestirse y al baño para alistarse, regresó sobre sus pasos, abrió con delicadeza la habitación de la chica para corroborar que siguiera dormida y colocó una nota sobre el escritorio. Con el mismo sigilo con el que ingresó a ver a su amada, salió del Dojo.

Caminaba lento, meditabundo, no sabía cómo estaría ni qué le diría, lo único que ocupaba su mente era que esa situación debía acabar, por mucho que le doliese.

Se detuvo al frente del Ucchan's, dudó un poco todavía, levantó su mano y tocó tres veces, espero más de un minuto antes de volver a tocar, nuevamente sin respuesta. Se atrevió a abrir la puerta, para su extrañeza estaba sin seguro, temió por su amiga aunque sabía de sobra que era una artista marcial que podía con todo, bueno, casi todo.

-¡U-Chan!- llamó- soy Ranma ¿puedo pasar?-.

Al seguir escuchando solo el silencio se atrevió a buscarla, como no la vio en el restaurante decidió subir a la parte de las habitaciones. Con cuidado ingresó al segundo piso, dirigiéndose a la puerta que sabia correspondía al cuarto de Ukyo, nuevamente le habló.

-U-Chan, ¿estás aquí?- solo al no obtener respuesta se decidió a abrir.

Ahí estaba su amiga de la infancia, sentada abrazando sus rodillas y cubierta hasta la cabeza con una frazada, solo se le podían ver sus hinchados ojos por la mala noche y el llanto.

-U-Chan...- se acercó tímidamente a la cama hasta sentarse en la orilla.

-Vete- una voz sin emociones salió de la garganta de la chica.

-No hasta que hablemos-

-¿De que quieres hablar, Ran-cha… Ranma?- intentaba contener las lágrimas.

-Yo… yo… - su debilidad siempre había sido el llanto- ¡quiero pedirte perdón!-

-¿Perdón? ¿Perdón por qué?- escupió despectiva.

-Porque te hayas enterado de esa manera- su arrepentimiento era sincero- debí… debí haber sido claro contigo, pero no fue algo que planeara, solo sucedió-

-Solo sucedió- repitió pensativamente viéndolo fijo.

La cocinera abandonó su sitio para acercarse al joven Saotome, cuando estuvo a su alcance en un hábil movimiento se puso a horcajadas sobre él.

-¡U-Chan! ¿! Qué… qué estás haciendo?- gritó sorprendido Ranma sin atinar a hacer algo.

-Entiendo tus necesidades como hombre, Ran-chan, ahora sé que lo que pasó fue mi culpa por no haberte cumplido como mujer, estoy dispuesta a perdonar y olvidar tu infidelidad- rápidamente desabrochó el frente de su ropa para que sus pechos apenas cubiertos por una venda quedarán expuestos rozándose con el varonil torso.

Sus manos capturaron la faz masculina, intentó acercarse a besar aquellos tentadores labios que siempre había anhelado, al fin, Ranma sería de ella. Sin embargo, justo antes de concretar su deseo, alcanzó a ver en los ojos del chico una expresión que jamás había tenido para con ella, algo que le hirió profundamente el corazón, la veía con lástima y decepción.

Él apenas giró el rostro para esquivar los labios de ella que se estamparon en su mejilla.

-U-Chan, basta- dijo serio con algo de tristeza en su voz- sabes perfectamente que no es eso, yo la…-

-¡No! ¡No lo digas! – le interrumpió abruptamente- mientras no lo digas, no será verdad. Tendré una esperanza, aunque sea mínima- sus ojos dejaban escapar agua salada.

-Sabes que es cierto. Yo amo a Akane, ella será mi esposa- le costó demasiado romperle el corazón a su querida amiga, pero no podía permitir que siguiera albergando falsas ideas y mucho menos que por su cobardía su amada mujer saliera lastimada.

Ukyo se derrumbó en sus brazos sollozando lastimeramente, su cuerpo se sacudía de manera involuntaria debido al llanto, Ranma se limitó a abrazarla y acunarla en su pecho mientras se recuperaba un poco.

Pasados unos minutos comenzó a calmarse hasta dejar de llorar, se separó lentamente del que creía el amor de su vida, intentó mirarlo más aún le era demasiado doloroso.

-¿Sabes? Creo que muy en el fondo lo sabía, aunque nunca quise aceptarlo- suspiró la chica de azules ojos como quien se libra de un gran peso- ahora, vete, Ranma, quiero estar sola-.

El chico se levantó dudoso, sabía que con su presencia solo la lastimaría más, pero temía que hiciera alguna tontería.

-Vamos, vete ya, no haré ninguna locura- intentó sonreír la triste mujer- aunque… Ranma… tal vez no me veas pronto-.

-Yo…- intentó objetar, más sabía que debía darle tiempo para que lo asimilara- entiendo. Quiero que sepas, U-Chan, que aunque no como esperas, sí te quiero, eres mi amiga-.

El muchacho se retiró de la habitación con algo de tristeza pero con la firme convicción de que había hecho lo correcto, adentro del cuarto la joven mujer volvió a envolverse en la tela para acurrucarse en posición fetal.

-Hasta siempre, mi amado Ran-chan- gruesas gotas resbalaban por sus mejillas, solo durmiendo menguaría ese dolor que tenía instalado en el pecho y que no parecía que fuera a terminar dentro de poco.

-0-

Ranma regresó al Dojo cerca del medio día, se había detenido a descansar y ordenar sus pensamientos en la copa de un árbol, por supuesto que no se arrepentía de nada, solo caviló acerca de que madurar implicaba afrontar las consecuencias de sus actos.

En cuanto ingresó al hogar un agradable aroma de comida inundó su nariz, según recordaba había dejado solamente a Akane en la casa, por lo que no se explicaba el origen de aquel delicioso olor.

Llegó a la estancia donde se encontraban los empaques de comida que deleitaban su olfato junto a un pergamino, veía con desconfianza todo eso cuando escuchó la voz del objeto de su amor.

-Trajeron para ti eso en la mañana junto con el escrito, parece que es de parte de la abuela de Shampoo- habló con algo de fastidio en su tono.

-¿Y que dice el papel?-

-¿¡Cómo voy a saberlo?!- dijo claramente molesta- viene dirigido a ti, no leo lo que no me incumbe-.

Algo gustoso por los evidentes celos de su pareja, se acercó a ella para abrazarla y robarle un apasionado beso que fue correspondido con ansias.

-No seas boba, amor. Todo lo mío es tuyo, puedes disponer de ello como quieras. No te oculto nada- sus seductores ojos surtieron el efecto esperado en la chica- ahora, vamos a ver a qué viene todo esto.

En voz alta leyó el pergamino:

"Ranma Saotome, por este conducto se le notifica la anulación oficial del compromiso matrimonial con Shampoo, guerrera amazona de nuestra tribu. Por favor acepte este presente como compensación por los inconvenientes que esto pueda ocasionarle.

Atentamente, Consejo Supremo de la Tribu Joketsuzoku"

-¡Vaya! Esto no me lo esperaba- seguía sin poder creerlo el muchacho- eso quiere decir que ahora solo tengo una prometida, la persona a la que haré mi esposa algún día… si me acepta-.

Akane lentamente se giró a verlo estupefacta.

-¿Eso… eso… es una… propuesta?- habló con un peso en el pecho, quizás estaba malinterpretando las cosas.

El varón tomó las delicadas manos entre las suyas, la miró de manera penetrante y continuó.

-Akane, solo tú eres dueña de mi corazón, sé que somos muy jóvenes y que no tengo nada que ofrecerte más que mi palabra, pero si la aceptas ahora te prometo que trabajaré duro para darte la vida que mereces en el futuro-.

La joven apretujó el rostro en el fuerte pecho de su amado intentando ocultar las lágrimas de felicidad que no podía contener. Al fin, levantó la cara para verlo con los ojos llenos de amor.

-¡Sí! ¡Claro que sí!-su hermosa sonrisa iluminó la habitación- acepto ser tu prometida… por gusto-.

Ranma tenía el rostro más feliz que nunca, temblaba de la emoción, solo él sabía cuánto le había costado expresarse de esa manera y sobre todo enfrentar su miedo a ser rechazado. La joven Tendo se soltó de las fuertes manos de su prometido para tomarle el rostro, se paró sobre las puntas de sus pies y lo besó en los labios; aquel beso le supo a Ranma mejor que cualquiera de los platillos que estaban en la mesa.

Las manos del joven viajaron a la cintura y a la nuca de la mujer de su vida, acariciaban posesivamente la fisionomía femenina, pareciera que temía fuera un sueño y se le pudiera escapar.

-Oye, por cierto ¿a dónde fuiste sin mi en la mañana?- cuestionó la joven disimulando mal sus celos y apartándose un poco de la voracidad de él.

El chico suspiró recordando el episodio con su amiga.

-Fui a ver a Ukyo, se acabó el compromiso con ella-

-¿En serio? ¿lo aceptó? ¿así? ¿sin más?- la joven no podía creer que la cocinera renunciara a Ranma con tanta facilidad.

-Bueno, pues… la verdad es que… pues…- no sabía cómo reaccionaría ante lo sucedido pero no deseaba mentirle.

-Ranma…- usó un tono de voz que empezaba a dejar de ser amable- habla de una vez.

-De acuerdo, ella… ella… ¡Nos vio ayer teniendo relaciones sobre la mesa!- soltó ante el aura de batalla de Akane que comenzaba a crecer.

-¿Ella? Cuando… tu y yo… allá… ¡Oh, no!- se llevó las manos a la boca- ¿Y… cómo está?-.

-Pues al principio no lo tomó muy bien, pero al parecer estará mejor, aunque le tomará tiempo-.

-Yo… yo… yo quería que lo supieran, pero no de esta manera. ¡Ay, Ranma! Pobre Ukyo ¿habrá algo que podamos hacer para resarcir el daño que le hemos hecho?- la chica habló con auténtico pesar.

-Akane, tú siempre preocupándote por todos- posó sus labios en la frente de la fémina- no hay nada que podamos hacer, es algo que tiene que asimilar, cuando esté lista lo sabremos-.

Ella asintió en silencio para luego reposar su cabeza en el fuerte torso.

-Además, nosotros estaremos muy ocupados con nuestros propios problemas… ¿qué vamos a hacer con nuestros padres?- retomó la palabra el guerrero.

Un rictus de terror apareció en la cara de Akane de solo imaginar a su padre y a su suegro insistiendo en el asunto del heredero, claro que le gustaba estar con Ranma de esa manera, pero era muy diferente que fueran de dominio público sus relaciones y sobre todo que quisieran entrometerse. Además que aunque amaba con todo su corazón al joven, no quería precipitarse, de nuevo, en una boda qué tal vez igual que la anterior, arruinaran.

-¿Sabes que te amo, verdad, Ranma?- el aludido afirmó con la cabeza mientras sus ojos brillaban emocionados- y también sabes que me encantaría poder gritarlo ¿cierto? Pero…-

-¡Te entiendo! Entonces estás de acuerdo si…- interrogaba con la mirada.

-¡Totalmente! Así no…-

-¡Exacto! Además tampoco…-

-Será nuestro secreto- susurraron casi al unísono mientras sus miradas expresaban todo lo que sentían uno por el otro.

Él le acarició dulcemente el rostro, ella cerró sus ojos y sonrió complacida, ese asunto de dos se quedaría solo entre ellos, luchando para que durara y poniendo a prueba la fuerza de su amor.

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¡Hola a tod@s de nuevo! Espero disculpen el retraso en la actualización, pero la musa se volvio a tomar vacaciones y no me dejó terminar hasta hoy.

Ojalá les haya gustado esta nueva entrega, toda crítica es bien recibida

Muchas gracias por todos los follows, favorites y reviews de todos y cada uno de ustedes, me animan a continuar y escribir mejor para que lo disfruten.

¡Hasta muy pronto!