Los sirvientes y guardias de la finca acudieron sobresaltados al escuchar aquella explosión y quedaron espantados al ver la escena que tenían frente sí: sus príncipes inconscientes en el suelo, a Palios con heridas en todo el cuerpo y a Shaina a un lado de él, juzgaron que Palios era quien necesitaba la atención médica de urgencia por lo que lo atendieron llevándolo a otra habitación, mientras que algunas sirvientas levantaron a Shaina y la colocaron sobre un sillón.

Los sirvientes al ver que Palios no reaccionaba, decidieron acudir a palacio para dar aviso al rey y traer consigo a los médicos del reino por lo que toda la atención se concentró en él, dejando a Shaina sola, quien poco a poco se recobraba de su desmayo y tratando de entender lo que había pasado, escuchaba a los sirvientes lamentándose yendo de un lado a otro, pudo comprender que había herido a Palios y sin tener ánimos de averiguar qué tan grande había sido el daño, resolvió que ese era el momento adecuado para irse puesto que nadie reparaba en ella. Así que se alistó lo mejor que pudo, tomó las pocas pertenencias que llevaba y salió de la finca sin ser vista.

Al verse lejos, pero aun sobresaltada por todo lo ocurrido, decidió adentrarse en el bosque por considerarlo el lugar más seguro para esconderse en caso de ser necesario. Vago días enteros vacilando sobre si ir o no al Santuario, ya que un nuevo lugar se le había metido en la mente: la aldea en la que nació su madre. Quería saber más de ella y de ese supuesto padre, pero pensando mejor las cosas, considero que sí acudía a la aldea, más de uno la reconocería como la princesa y eso sin duda truncaría sus planes, así que prometiéndose un día regresar, tomó camino rumbo al Santuario.

Después de mucho vagar y de verse obligada a intercambiar algunas de sus pertenencias por comida, por fin vio los límites de su destino, pero al ver la cantidad y calidad de guardias que vigilaban las fronteras, decidió pasar unos días en Rodorio, una aldea cercana al Santuario, ahí se dedicó a conocer todo lo que pudo sobre el santuario, por lo que resolvió que para ser admitida debería de llegar ante el Gran Patriarca, quien escucho, era el que gobernaba el lugar y le suplicaría que la aceptara como aprendiz de caballero.

Con su plan en mente y nervios en todo el cuerpo, se adentró en los aposentos amazónicos, el lugar donde las mujeres que eran caballeros vivían y entrenaban; observó de lejos una batalla entre estas amazonas y su piel se erizo ¡Sin duda ese era su destino!, tuvo la fortuna de ver a otras amazonas descansando a la sombra de un árbol y observó que una de ellas se retiró su máscara y la dejo a unos cuantos metros de donde Shaina estaba oculta, si era lo suficientemente rápida y cauta podría tomarla y así hacer más fácil su paso por el Santuario; así que lo hizo, tomó la máscara sin ser vista y salió de ahí lo más rápido posible.

Sin darse cuenta, ya que caminaba como si la persiguieran, puesto que sus nervios eso le indicaban, se vio ante las doce casas, que eran los templos resguardados por los caballeros más fuertes: los caballeros dorados, como según lo haba escuchado en Rodorio; así que observando las imponentes construcciones poniéndose una mano en el pecho y apretando la otra, continuó con su camino.

Nunca en su vida había sentido tanto miedo ni nervios; ni aun cuando trato de escapar de Sicilia antes de ser atrapada por Palios, se escondía a cada paso que daba, como no desprendía ningún cosmos, no era detectada por los guardianes de esas casas y como ninguno de ellos creía que existiera algún mortal con tan pocos sesos que se atreviera a hacer lo que hacía la chica, así pues, su paso fue desapercibido. Paso la última casa y desde su escondite veía las puertas de las estancias del Gran Patriarca, todo su cuerpo temblaba, estaba tan cerca de su objetivo… tan cerca de su sueño, que se quedó pasmada pensando en todas las cosas que le podrían salir mal y cuál sería su final si no lograba su objetivo, sudaba copiosamente, pero se resolvió a dar un primer paso para su último destino…. y luego otro… le parecía que sus pies le pesaban, que entre más caminaba, las puertas más se alejaban, pensó en correr, cuando escucho un grito muy cerca de ella

-¡Hey! ¿Qué crees que haces? ¡Detente! -

La joven volteo con miedo, un caballero dorado la descubrió, ¡No podía ser! ¡Estando tan cerca! Así que en esos segundos su mente se aclaró y su cuerpo con más adrenalina que nervios, corrió hacía las estancias del Gran Patriarca. ¡No, no la iban a detener! Se lo había prometido a ella y a su madre. Así que justo al abrir las puertas, el caballero Dorado tratando de tomarla, más bien la aventó y la chica cayo justo enfrente del trono del Patriarca cayendo también de su rostro la máscara robada, éste evidentemente molesto se levantó y cuestiono lo que ocurría al caballero dorado.

-¡Milo! ¿Qué demonios ocurre? ¿Quién es esta mujer? -

-Mi señor- dijo el caballero dorado de Escorpión, mientras levantaba bruscamente a Shaina y la sujetaba con fuerza – No lo sé, sólo vi que esta mujer trataba de entrar a sus aposentos y traté de detenerla –

-¿Me éstas diciendo que esta mujer, burlo la seguridad de las doces casas y es detenida hasta mis aposentos?-

- Señor, no sé cómo esta mujer llego hasta aquí- Dijo evidentemente apenado ante la falta de capacidad que le había hecho notar su Patriarca, utilizando poca fuerza para contener los forcejeos de la joven por liberarse.

-¡Llevatela y dale un escarmiento público! Así entenderán todos lo que ocurre si alguien llega a importunarme. -

-Ésta bien mi señor. -

-¡No! Por favor, se lo pido, deme una oportunidad de explicarle, ¡Por favor, escúcheme! – Intervino una muy asustada Shaina. –Yo… lo único que quiero es convertirme en un caballero…. he venido desde muy lejos… y no sabe todo lo que he pasado para estar aquí. ¡Por favor, se lo suplicó! -

El Gran Patriarca la miraba con desdén y curiosidad, había algo en esa joven que le causaba inquietud, volvió a tomar su lugar en trono y con una mano en la barbilla, la observaba tratando de descifrar a la joven, veía en sus ojos dolor y miedo, pero también determinación y orgullo. – Suéltala. - le ordenó al caballero dorado. - ¿Quién eres mujer y de dónde vienes? -

-Mi nombre es Shaina. - contesto librándose del agarre de Milo. - He venido desde Italia para que Usted me acepte como aprendiz – dijo la joven hincándose ante el Patriarca sintiendo como el corazón se le salía por la boca – Se lo suplico señor, ese es mi único objetivo. -

- ¿Cómo te atreves a pensar en algo así? – dijo riéndose Milo – ¡No eres digna! ¿Qué méritos tienes para creerte con derecho? –

- ¿Por qué no? – Contesto Shaina confrontando a Milo - ¿Acaso no burle la seguridad de todos los dorados? ¿Acaso no llegué hasta aquí? Y no me iré sin ser aceptada, haré todo lo que se me pida. - culminó dirigiéndose suplicante ante el Patriarca.

Éste de inmediato reconoció en la joven un fuerte cosmos dormido y asombrado por su arrojo, pensó en que le podría ser útil en un futuro – ¡Muy bien, si deseas se aceptada como aprendiz, tendrás que pasar una prueba: te entrenare por un día y después de eso, decidiré si te quedas o no.

- ¡Pero señor!, eso no puede ser, ¿cómo va aceptar a esta desconocida? - interrumpió Milo indignado.

- ¡Esa es mi decisión! ¿Te vas a oponer? – reaccionó el patriarca levantando la voz de manera enérgica.

-No mi señor – Respondió Milo aun molesto.

-Bien, busca una estancia para esta mujer y váyanse. -

Milo tomo del brazo a Shaina y salieron de los aposentos.

Shaina no cabía en sí de la alegría, no creyó que fuera tan fácil, se zafó del agarre del dorado quien la miraba de reojo y se puso nuevamente la máscara que había hurtado. Milo aun no entendía la decisión del Patriarca ¿Por qué él aceptaría a esta mujer? ¿Qué habría visto en ella? –No lo lograrás, mañana mismo escoltaré tu salida del Santuario- dijo el dorado con sorna.

Shaina no dijo nada, el tipo le parecía bastante insoportable y siguió caminando a su lado.

-¿En verdad crees que serás admitida?- continuaba el dorado buscando molestar a la joven.

-No pienso hablar contigo- respondió la joven utilizando un tono de voz bastante arrogante –Te dieron una orden, ¡cúmplela y cállate! –

Milo sonrió, la chica aparte de bella era orgullosa, se propuso ganarse su amistad, si ella antes se ganaba el derecho de ser admitida. Por fin llegaron a una choza en el recinto amazónico

-Aquí pasarás la noche, no te pongas tan cómoda ya que como te dije antes, no lo lograrás y te irás pronto. - Dijo burlándose el caballero, su objetivo era conocer el temple de la chica.

- Te llamas Milo ¿verdad? Pues bien, una vez que gane mi armadura, serás el primero a quien le pateare el trasero, ahora vete que tengo cosas que hacer. - Contesto la chica con arrogancia.

Milo rio a carcajadas – Tienes agallas, te servirán, ¿Pero sabes? Si es que ganas una armadura, ni aun con una de oro, estarás a mi nivel, será mejor que aprendas rápido tu posición aquí antes de que alguien te maté por altanera-

Shaina abrió la puerta y la cerró en las narices de su acompañante y se recargo molesta sobre la puerta y se dedicó a observar lo que sería su nuevo hogar, se asombró de lo pequeño y sencillo que era, a pesar de contar con una cocina, una mesa, un cuarto diminuto con una cama y baño, no era ni la mitad de lo que era su habitación en Sicilia, sintió claustrofobia, se dirigió a la cama y se tumbó sobre ella, el colchón estaba gastado y duro, pero aun así con claustrofobia, hambre y sueño, se sentía feliz.

Al día siguiente, el hambre la despertó, malditos sirvientes ¿a qué hora pensaran traerme el desayuno? Abrió lentamente sus ojos aun cansada por la incomodidad de la cama, desconoció donde estaba lo que la hizo despertar completamente, esperaba estar en su habitación de Sicilia y pronto cayo en la cuenta del lugar en que se encontraba, saltó sobresaltada de la cama, no sabía qué hora era, se vistió presurosa y salió rumbo a los aposentos del Gran Patriarca, maldiciéndose por lo tonta que era de llegar tarde a su primer y más importante día de entrenamiento. Shaina iba corriendo sin detenerse a observar a su alrededor hasta que se topó con la persona que menos quería ver en esos momentos, Milo y suspiro resignada a escuchar a ese insoportable de nuevo.

-¡Vaya, vaya! ¿No me digas que te quedaste dormida? - Fue la manera en que el dorado la saludo y luego rio a carcajadas – Esto sí es épico, rechazada antes de la prueba. –

Shaina no le respondió, agradeció a los dioses tener puesta la máscara y no demostrarle al caballero cuánto le molestaban sus palabras.

-Más vale que corras, el Gran Patriarca no es nada paciente. -

Shaina siguió sin responder y se fue corriendo, por fin llegó a donde el Patriarca la esperaba, ella solo se inclinó ante él y así se quedó esperando alguna orden.

-¡Llegas tarde!- Le dijo el Gran Patriarca, indicándole con sus manos que se levantara.

-Lo siento mucho, señor, le prometo que no volverá a suceder – Respondió apenada la joven.

-No habrá oportunidad de que vuelva a ocurrir, hoy puede ser tu último día en el Santuario si no me convencen tu fuerza y voluntad- Sentenció el Patriarca; y sin decir más le lanzo un débil golpe a la chica, quien estando desprevenida lo recibió en su abdomen y se resintió del dolor tirada en el suelo.

-Levántate, fue un golpe muy débil y si no eres capaza de resistirlo no tiene caso continuar –

La chica aun adolorida, se puso de pie, por un momento recordó los castigos de Tracios, así que instintivamente levanto su cara y mirada para ponerse de frente al Patriarca.

Y así comenzó la prueba, el Gran Patriarca le puso varios retos y lanzo algunos golpes, la chica estaba molida, pero realizaba cada prueba con su mayor esfuerzo, consiguiendo unos, fallando otros y recibía los golpes sin quejarse y levantándose una y otra vez.

Al terminar la prueba, el Gran Patriarca comprobó que la mujer tenía un cosmos fuerte y que sin duda llegaría a convertirse en una amazona poderosa y habría que cuidarse de ella; mando llamar a un caballero a quien le presento y le dijo que él sería su maestro. La joven lo miraba feliz: había sido aceptada.

Al pasar los años, Shaina desarrolló un fuerte cosmos y sin problemas la joven consiguió la armadura plateada de Ofiuco, derrotando para ello a varias mujeres, qué como ella, buscaban su lugar en el Santuario, pero la joven siempre destacó en fuerza, disciplina y también en altanería.

Durante el tiempo en que la ahora amazona entrenó en el Santuario, se le enseño a olvidar su femineidad y la vanidad era considerada un estorbo para un caballero al servicio de Atenea, se le impuso a usar la máscara para que no se le viera como una mujer, ella por su parte, endureció por completo su carácter.

Shaina se hizo notoria por su fuerza y lealtad al Gran Patriarca, pronto se le consideró uno de los caballeros plateados más fuertes y se le permitió tener discípulos a su cargo para entrenarlos. Al considerarse fuerte y sabiendo que contaba con la estima del Patriarca, (pues durante su entrenamiento estuvo al pendiente de ella y sus logros) exigía respeto y obediencia, era tiránica en su trato, veía y trataba a todos con inferioridad, pareciera que el respeto que no obtuvo en Sicilia, aquí se lo había ganado y disfrutaba de ello.

En uno de sus entrenamientos, después de dejar rendidas a sus pupilas, decidió darles un descanso al ver que todas, a su criterio, eran una vergüenza, así que ella se apartó a la sombra de un árbol, se quitó la máscara para refrescarse cuando vio a un conejo que se acercaba temeroso, ella lo tomó entre sus manos, nunca se había considerado amante de los animales, pero ese pequeño roedor le provoco la tentación de acariciarlo; cuando de pronto escucho la voz de un joven; se incorporó rápidamente y se puso en posición de ataque, reprendió al chico y le hizo saber que se encontraba en una villa para el entrenamiento exclusivo de las amazonas.

Aquel joven, que a simple vista se veía menor que la amazona, se rio nervioso.

- ¡Oye, tranquila!, no lo sabía y yo solo estaba siguiendo a ese conejo, será mi cena. –

- Pagarás por tu osadía – Shaina estaba dispuesta a atacar al joven cuando sintió un dolor agudo en su muñeca derecha, la amazona se había herido durante los entrenamientos y no lo había notado.

El joven se apresuró a tomarla del brazo y rasgando sus ropas, improviso un vendaje para la chica.

– ¡Estás herida¡, ¡vaya!, déjame ayudarte.-

-¿Qué demonios te pasa? - Shaina le retiro el brazo con brusquedad pero el chico la volvió a tomar ahora con más fuerza.

-Solo quiero ayudarte. -

Mientras el joven vendaba la muñeca de Sahina, esta sintió un escalofrío en todo su cuerpo, ¡Había pasado tanto tiempo en que alguien la había tocado con tanta delicadeza! Que ella no sabía cómo reaccionar, así que lo observó, sin duda se trataba de un aprendiz, sus ojos y cabello eran castaños, tenía una mirada cálida, un semblante amable, su aspecto en general le pareció agradable. Cuando el joven termino su vendaje, ella se quedó callada, así que el chico tomo la iniciativa. – Mi nombre es Seiya, por cierto – dijo con cierto nerviosismo – Si gustas, te dejo al conejo. Me gustaría verte de nuevo, ¿qué te parece mañana?, aquí mismo –

La chica lo miro aún más sorprendida y solo atino en responder – Será mejor que te vayas – lo que hizo con voz ausente y desconcertada. –Tendré que matarte si vuelves. -

-Eso no lo creo, por la manera en que me amenazaste pareces una persona dura e inflexible, pero tus ojos me dicen que puedes ser dulce y mira, hasta el conejo lo sabe, por eso permitió que lo atraparas. Volveré mañana. - y dicho esto el joven se fue corriendo.

Shaina lo vio partir y tomó al conejo, decidió irse a sus aposentos.

Ya estando en casa y lista para dormir, aun con el conejo en sus brazos, pensó en el chico, - Seiya se llama, ¿Qué me pasa? ¿por qué me produce tanta inquietud? Su mirada, aun la siento sobre mí, y mañana regresará, ¿iré?... ¿pero qué demonios estoy pensando? ¡Por supuesto que no iré! y más vale que me deshaga de este conejo. Sin vacilar salió de su cama y se dirigió a la puerta de su casa, dejo libre al conejo, quien de inmediato saltó hacia unos arbustos cercanos. Shaina lo observó con pesar, de alguna manera relacionó a ese joven con el conejo y sintió que así también dejaba ir al chico. Sin saber por qué, se arrepintió de su acción.

Esa noche no durmió bien, de alguna manera, el joven se había apoderado de sus pensamientos y al amanecer decidió distraerse con sus lecciones de entrenamiento, pero fue inútil, sus propias discípulas observaron que su maestra estaba raramente distraída. Se acercaba la hora del descanso y sintió su corazón acelerarse y vacilaba entre encontrarse con Seiya o no. Decidió que no, prolongó el entrenamiento, pero sus pupilas le rogaban por descanso, eso la enfureció y se vio obligada a dárselos, pero ella no acudió a la cita, si es que así podría llamarla.

Shaina se la pasó pensando todo el día en qué habría ocurrido ¿Si Seiya había acudido o no? ¿Qué pensaría el joven de no verla?, estos pensamientos la agobiaron aún más.

Al día siguiente, estando más tranquila, decidió que a la hora del descanso iría al lugar convenido sin saber que esperar. Así lo hizo, paso el tiempo y nada… nadie llego. Con una extraña sensación en su corazón se dirigió a casa. Esa noche la paso de lo peor, no podía dormir, impulsivamente salió de su casa en busca del conejo. Pero al verse caminando en la noche, en medio del bosque, buscando tontamente a un conejo, cayó en cuenta de su conducta y se regañó mentalmente por lo que consideraba una estúpida debilidad.

A la mañana posterior, estando en sus entrenamientos, y después de varios días en vela por culpa del conejo y de Seiya, el cansancio le cobró factura, y era ella quien se rogaba mentalmente por un descanso. Se lo concedió, y sin darse cuenta, caminó hacia el lugar donde había conocido a Seiya, se sentó en un árbol y cerro sus ojos para descansar, hasta que una voz, que le sonó de lo más grato, la hizo despertar y casi saltando se puso de pie. ¡Ahí estaba él!, con su voz nerviosa y una sonrisa tonta. Seiya al verla, se pasó una mano por la cabeza – Creí que hoy tampoco vendrías- le dijo.

Shaina, que estaba desconcertadamente feliz por la visita, agradeció mentalmente traer puesta su máscara y no mostrar así su emoción, luchando por que las palabras salieran de su boca, no podía creer que estuviera tan nerviosa, al fin respondió – Ya te he dicho que no puedes estar aquí – dijo con la voz más firme que pudo a pesar de su nerviosismo.

- Vaya aun sigues siendo hostil, ¿Qué todas las amazonas deben serlo? Lo digo porque mi maestra es igual – respondió el chico acercándose a ella.

Shaina analizo mentalmente lo que el joven dijo: si es un aprendiz y su maestro es otro caballero femenino, solo rogó que no fuera Marin, la amazona de la constelación del Águila, a quien odiaba por antiguas rencillas.

- Así debemos ser- respondió ella.

- Pero tu solo lo aparentas, alguien con unos ojos como los tuyos no puede ni debe ser hostil-

Shaina se sonrojo, ¿cómo se atrevía este niño a decirle cómo era ella? Pero lejos de sentirse ofendida, se sintió halagada y sonrió - No me conoces, no puedes aventurarte a decir eso, solo por mis ojos-

- Tienes razón, no lo digo solo por tus ojos, todo tu rostro así lo indica. - Seiya se sentó y de alguna manera invito a la chica a que también lo hiciera. - Creí que te vería nuevamente sin la máscara- concluyó el chico ruborizándose un poco.

Shaina estaba totalmente fuera de sí, ¿Qué estoy haciendo? – Es obligación de todos los caballeros femeninos portar una máscara, lo que ocurrió el otro día fue un error-

- Un error, bastante agradable- interrumpió el chico – sabes, te estuve esperando el día que acordamos, y ayer me fue imposible venir, mi maestra no me permitió descanso alguno-

- No es necesario que te disculpes. - lo interrumpió Shaina y recodando su calidad de caballero y sus deberes continuó - Ya te he dicho que no puedes estar aquí, te meterás y me meterás en problemas, esta debe ser la última vez que nos veamos-.

Seiya la miraba, no entendía por qué esa chica lo impresionaba a pesar de su frialdad hacia él. Sin embargo, insistió – Oye, solo te pido que seamos amigos, no tengo a ninguno aquí –

Shaina rio – No quiero ser tu amiga, me queda claro que aún no conoces o no comprendes las reglas del Santuario, deberías decirle a tu maestra que te las explique, para que así evites hacerle perder el tiempo a lo demás- mencionó con sorna – Ya he pausado mi entrenamiento de manera innecesaria, te pido que no vuelvas o tendré que delatarte- menciono la amazona mientras se levantaba y estando segura de que se arrepentiría de lo que había dicho, se encamino donde la aguardaban sus discípulas, dándole la espalda al joven, sin darle oportunidad a que él dijera algo.

Seiya la vio partir con pesar, en verdad se sentía atraído por la chica, pero decidió no insistir más y también se retiró.