A la mañana siguiente del combate, Shaina despertó aun adolorida, estaba en su alcoba, no recordaba nada, se levantó con dificultad, esta vez Seiya la había lastimado demasiado, se sentó a la orilla de su cama y de pronto escucho la voz de Cassios quien entraba en su habitación.
Shaina se aseguró de tener su máscara puesta.
-Despertó al fin, que bueno, le traje algo de comer. - dijo el guerrero acercando un plato a un buró de la habitación.
- ¿Qué fue lo que paso? ¿Quién me trajo aquí? - Preguntó la amazona ignorando el saludo de su discípulo, a ella le preocupaba más el resultado de la batalla.
-Spartan la trajo y el Señor Faetón me ordeno que la cuidara. -
- ¿Espartan? ¿Faeton?- empezaba a recordar poco a poco sus últimos momentos en la batalla, cuando sintió un escalofrío en todo su cuerpo - ¿Cuál fue el resultado del combate? - pregunto Shaina con impaciencia, al ignorar si había logrado su cometido.
Cassios bajo la mirada y dudo en responder.
-¡Cassios!.- grito la joven para llamar la atención de su interlocutor, temiendo la respuesta que éste le daría.
- Shaina, fueron derrotados, los caballeros de bronce los derrotaron. - contesto temeroso, esperando una reacción violenta de su maestra.
-¿Cómo? ¿Nos derrotaron?, ¡Maldita sea!, ¿Cómo pudo pasar eso? .- Shaina estaba furiosa, no podía creer que una vez más Seiya la humillara así – Spartan, Argol, ¿Cómo están ellos?.- cuestionó con preocupación por sus compañeros de armas.
-Spartan ésta bien, fue … Argol… quien … murió. -
-¡¿Qué?!... ¿Argol murió?... ¡Diablos! Fue mi culpa. Si no hubiera quedado inconsciente, si no me hubiera desconcentrado, otro sería el resultado y Argol viviría. - Por primera vez en mucho tiempo sintió una verdadera culpabilidad y remordimiento, dejando escapar algunos sollozos y lágrimas por su amigo. -¿Qué le diré a Faeton? ¿Qué dirá el Gran Patriarca de mí? Podría expulsarme, por mi culpa murió uno de los más valientes caballeros de Plata. - Continuaba con voz nerviosa y con los brazos en el estómago, tratando de contener el temblor que sentía en su cuerpo.
Cassios tomó las manos de su maestra para tratar de calmarla, Shaina de inmediato lo rechazo y se levantó de su lugar dándole la espalda a su discípulo, ella iba a volver a hablar cuando fueron interrumpidos por Milo, quien ingresaba al hogar.
Shaina lo vio y puso sus ojos en blanco, era un pésimo momento para soportar a Milo, éste la saludo y se acercó a la italiana abrazándola, ella lo recibe, pero no le corresponde. Cassios al ver la muestra de afecto del dorado, apretó sus puños.
-Vine en cuanto pude, me informaron que estabas herida. - menciono con un tono de preocupación el Caballero de Escorpión.
-Estoy bien, confundida y molesta por la derrota, pero bien. - respondió la amazona en forma derrotada y sentándose de nuevo en la cama, mientras Milo hizo lo mismo y la volvió a abrazar atrayéndola hacia él, Shaina se dejó llevar y se arropo en el pecho del caballero como una niña. Cassios no podía creer lo que veía, nunca había visto que su mentora permitiera que se le acercaran tanto, empezó a sentir unos celos terribles por la visita y un enojo indecible porque a partir de que el dorando entro en la casa, él parecía no existir.
Milo se dio cuenta de la presencia del joven porque este, dejo caer torpemente el plato que había llevado para Shaina.
-A ti no te había visto, ¿por qué no te vas y me dejas a solas con tu maestra? Hay cosas que debo hablar con ella. – ordeno el dorado con un tono despectivo, mientras continuaba abrazando a Shaina, su intención era que ambos tuvieran la libertad de hablar con toda confianza.
-El señor Faeton me ordenó que no dejara sola a Shaina. - contesto Cassios apretando los dientes, haciendo notar que no se iría del lugar.
-¿Pero qué te has creído insolente? ¿Acaso no sabes que mis órdenes están por encima de las del estúpido de Faeton? – Milo se levantó de su lugar para encarar a Cassios y cuando estaba por sacarlo a la fuerza, Shaina lo interrumpio.
- ¡Cassios, por favor vete! Te agradezco tus cuidados, pero ya estoy bien, no te necesito más. -
Cassios apretó los puños para evitar que las lágrimas rodaran por sus mejillas, creyó qué si su maestra lo rechazaba, era por culpa de Milo, él sabía de su amistad, pero no adivinó que entre ellos pudiera existir algo más, así que rabiando salió de la morada.
-No tenías que ser tan duro, él solo quiere cuidarme. - menciono la italiana.
-Me molesto que ese tonto cuestionara mis órdenes. – dijo Milo mientras volvía a tomar a la guerrera entre sus brazos. -En verdad estaba preocupado por ti, me llegaron rumores de que habías sufrido una dolorosa derrota. -
Shaina se llevó las manos a la cabeza – ¡Argol murió! ¡Es mi culpa! fracase de nuevo en mis intentos de eliminar a Seiya; y ahora… Geist y Argol están muertos. Me siento terrible por arrastrarlos en mi fracaso. – decía mientras hacía esfuerzos por contener el llanto.
-Nunca he entendido el porqué de tu obsesión por matar a ese tal Seiya. - Cuestiono Milo, mientras acariciaba la espalda de la chica, tratando de consolarla.
-¿Necesitas una explicación?- Pregunto con sarcasmo la amazona volteando hacia él y separándose del abrazo – No te basta el hecho de que derrotó a Cassios y se llevó la armadura de Pegaso .-
- Lo dices como sí Cassios en verdad te importara, los demás pueden tener con esa versión, pero yo que te conozco, no me la trago. -
- Pues no hay más, es solo eso, ¿Qué quieres que te diga?, Seiya derrotó a Cassios, luego a mí, y otra vez a mí y una vez más a mí. Así que me siento frustrada y que no puedo avanzar hasta matarlo.
-¡Wow! Te escucho hablar y pareciera que tienes que cumplir con la Ley de las Amazonas, tu sabes: o lo matas o lo amas, ¿No me digas que el pobre chico te ha visto sin máscara? –pregunto en tono de burla, con ese sarcasmo que tanto fastidiaba a la amazona.
- ¡No! ¿Cómo te atreves a pensar eso? – contestó la amazona con falsa indignación, mientras golpeaba al dorado en su brazo.
- ¡Sólo decía! ¡No te enojes! ya tienes demasiado en tu cabeza, como para que te enojes conmigo. -
- ¡Ash! ¡Si supieras todo lo que tengo en mi cabeza! –Contesto la joven con enfado.
- Lo sabría si me lo dijeras. -
Shaina lo miro dudando de contarle o no sobre Cassios, sabía que el dorado se mofaría de ella, pero en verdad tenía la necesidad de poder externarlo con alguien. - Pues aparte de sentirme terrible por Geist y Argol, resulta que Cassios se me declaró. -
Milo no pudo contener una risa escandalosa que molesto a Shaina, ésta tomo una almohada y lo golpeó con ella.
-¿Sabes qué? Olvida que te lo dije, vete por favor. - comento molesta la amazona poniéndose de píe y señalando la puerta de su hogar.
- ¡No! ¡Discúlpame por favor! No fue mi intención. - Solicitó el dorado, haciendo un esfuerzo por contener la risa. - ¿Y qué le dijiste? -
-¡Le dije que no! Pero ni siquiera me escucho, resulta que me dio tiempo para pensarlo, pero mi respuesta es no.-
- ¡Por supuesto que no! ¡Te odiaría si terminarás con alguien como él! Es más, creo que no te visualizo con nadie, has dejado muy en claro que no es tu intención tener una pareja, te encanta ser una "solitaria con aires de todo poderosa"-
-¿Dejó muy en claro que no es mi intención tener una pareja?-Sin saber por qué esas palabras le dolieron – Sí, así es. - atinó en contestar con altivez.
-Tengo que irme, me da gusto ver que los rumores de las heridas no son ciertos, ahora solo te pido que no te creas que eres culpable sobre el destino de tus compañeros, por lo que he escuchado esos insurrectos son de cuidado. Cuídate pequeña serpiente - El caballero dorado se despidió con el acostumbrado beso en la frente y salió de la casa.
Shaina se tumbó sobre su cama y trato de dormir para olvidar todo lo que sentía. No fue consciente del tiempo que durmió, hasta que unos ruidos dentro de su casa la despertaron, suspiro profundamente y bajo los hombros al ver que era Cassios quien estaba ahí.
-¿Qué haces aquí? Ya te dije que estoy bien. - dijo con pesadez la amazona.
-No me quede tranquilo de dejarla sola con ese caballero dorado. -
- ¡Cassios por favor!- contesto con enfado- No es la primera vez que Milo y yo estamos solos, además no tienes derecho alguno como para preocuparte por eso. - fue enfática.
- Lo sé, por favor discúlpeme… solo que… Usted sabe… yo… yo la amo y ... a pesar de saber que no es el mejor momento… pero… quiero saber si el señor Milo… es el motivo de su negativa. - Cassios no la veía de frente, hablo con voz tímida y resignada.
¡Por todos los dioses! ¿Qué más le falta a este día? - ¡Por favor Cassios! Tú mismo lo has dicho, este no es el mejor momento, por favor vete. - dijo casi suplicando la mentora.
-¡Por favor! Sólo responda eso y me iré, y si usted así lo quiere no la volverá a molestar. -
Shaina sabía que tenía el corazón de su discípulo en sus manos, si bien, no quería lastimarle, tampoco deseaba darle esperanza alguna, así que pensó que la única forma en que él la dejaría en paz, sería siendo lo más clara posible. –No Cassios, no es Milo ni nadie más. Yo simplemente no te quiero, no es mi interés tener relación alguna con nadie. -
Cassios sentía los ojos húmedos por las lágrimas. –Pero Shaina, si usted se diera una oportunidad…- intento interrumpir a la que fue su mentora, pero esta continúo.
-No hay oportunidad que darme, lo siento mucho, pero no puedo corresponderte y te agradecería que esta fuera la última vez que hablamos de esto. Ahora por favor vete, necesito estar sola. – hablaba mientras conducía a su visitante hacia la puerta, dejando fuera a un desconsolado Cassios.
Shaina decidió presentarse ante Faetón para conocer su postura ante la nueva derrota y ofrecerse una vez más para ser ella la rival de los caballeros de bronce, pero el cansancio y los golpes recibidos le hicieron cambiar de opinión, sería mejor dejar eso para días futuros, cuando ella estuviese totalmente recuperada. Tomó un baño con la intención de que después, descansaría lo que restara del día. Al momento que se desnudaba frente al espejo, puso atención en las cicatrices de su cuerpo; algunas eran antiguas, otras no tanto, acarició las que tenía a la vista y fue tomando conciencia de su cuerpo, era firme por los entrenamientos y terso por la juventud, se dio cuenta de hacía mucho que no se veía de esa manera, se acercó más al espejo y observo con cuidado su cara, los estragos de no dormir bien y las batallas se notaban en sus ojos. Se preguntó si ese cuerpo y esa cara serían atractivos para alguien ¡Tenía tantas cicatrices! No quiso ponerle nombre a ese "alguien", pero se sonrojo de pensar que él, pudiera verla desnuda alguna vez, desechó la idea de inmediato; pero siguió contemplándose, cayó en cuenta de que había dejado de verse como una mujer, había sido consciente de ser solo un caballero, pero después de todo era una mujer, y una muy bella, eso él mismo se lo había confirmado. Pero, ¿Qué pensaría ahora Seiya de ella? ¿La seguiría considerando hermosa? ¿La pensaría tanto como ella a él? Se regañó por pensar en eso, que ella consideraba una debilidad. Se dio cuenta de cómo había cambiado su vida a partir de que conoció a Seiya: ella vivía tranquila, su mundo eran sus entrenamientos, ella se sentía plena con ser temida por los demás y ahora, todo eso carecía de sentido; ahora conocía la soledad, conocía ese dolor profundo en su pecho cada vez que escuchaba su nombre, ahora; en las batallas perdía la concentración cada vez que esos ojos marrones la miraban; se odiaba por eso y también a él; se obligó a creer que sólo la muerte de Seiya la libraría de esos sentimientos y con ese pensamiento en la mente, se dio fuerza para superar la tristeza por la muerte de Argol y Geist.
Los días siguientes decidió ser vista en el Santuario lo menos posible, no por temor a que le reprocharan la derrota, sino porque planeaba una y otra vez, con una obsesión enfermiza, su próxima batalla contra Seiya.
Dejo pasar algunas semanas, antes de sentirse lista para presentarse ante Faetón y le suplico que de nueva cuenta la enviará a ella a pelear contra los caballeros insurrectos, éste le dijo en palabras poco cordiales que había perdido su oportunidad y qué si no había sido castigada por su falla, fue porque después de todo lograron herir a uno de los rebeldes, le confío que ahora cambiarían la estrategia: Esta vez, Saori Kido sería la víctima. Faeton la consideraba el ancla que mantenía unidos a los caballeros y qué al deshacerse de ella, los demás no serían problema. Shaina insistía con desesperación, al grado que se inclinó ante él, tragándose su orgullo. Faeton no daba crédito ante la obstinación y comportamiento de Shaina, qué tuvo que cuestionar el motivo de su odio a Seiya. La amazona, reconociendo que se había desmedido en la petición, le contesto lo mismo que contestaba a todos: Un extranjero no puede portar una armadura sagrada del Santuario.
Sin querer escucharla más, Faeton le ordeno que se marchara, Shaina decepcionada y molesta por la respuesta, decidió utilizar la influencia más grande que tenía para lograr su cometido: Milo. Y sin pensarlo dos veces, busco al caballero dorado en su hogar, éste la recibió sorprendido.
Después del saludo y con impaciencia Shaina le hizo saber que necesitaba un favor por lo que le suplico que la escuchará y ayudará.
-Pues adelante, dime ¿Cuál es ese favor tan grande, que te comportas de esta manera? - Cuestionó el dorado sorprendido de la actitud de su amiga y tratando de imaginar qué era lo que ésta le pediría.
-Faetón envió al tonto de Jamian para atacar a los caballeros de bronce…- Shaina hablaba de forma pausada debido a la inquietud que sentía, buscando las palabras adecuadas para expresarse sin delatar sus sentimientos, fue interrumpida por Milo.
- Ese idiota será derrotado como todos los demás, pero ¿eso que tiene que ver conmigo. -
-Yo… yo… yo debo ser quien vaya tras ellos… yo debo ser quien mate a Seiya y…. por favor… por favor te pido que vayas ante Faeton y le ordenes que me envié a mí. -
-¡Estás loca, Shaina! ¿Qué demonios te pasa? Esa obsesión ya raya en lo ridículo, lo siento, pero no puedo interferir en los planes de Faeton, no sería digno de mí. –
- ¡Por favor! Te lo pido, ¡hazlo y te daré lo que quieras! - continúo Shaina ya con desesperación y perdiendo su capacidad de razonar.
Milo la miro desconcertado, se decidió averiguar de qué sería capaz la mujer frente a él -¿Qué tienes tú, que yo pudiera querer?-
Shaina, totalmente perdida, respiro hondo y contesto: - Me has dicho que me quieres y aunque sé que no es verdad, estaré contigo si me deseas- bajó el rostro, tomando consciencia de lo bajo que podía caer con tal de volverse a enfrentar a Seiya.
Milo la escucho decepcionado, sabía que la actitud de la amazona no sólo era por las derrotas sufridas, quiso castigarla por valorarse tan poco, la tomo por la cintura y le quito la máscara para besarla violentamente, Shaina no se resistió, pero las lágrimas saltaron copiosamente de sus ojos, Milo la empujo contra un sofá quedando encima de ella, Shaina cerraba los ojos sin dejar de llorar, su cuerpo temblaba, pero acepto su destino: ella misma se había ofrecido. Milo se separó de ella, la tomó de los hombros agitándola bruscamente –Veme, ¿crees que sería capaz de algo tan vil? Pero lo que no puedo comprender, es ¿cómo tú, si eres capaz de algo tan ruin?, dime, sí fuera otro imbécil al que hubieras recurrido ¿Qué hubiera pasado? - le reprocho el dorado con enojo y frustración.
Shaina lo veía avergonzada, sabía que se extralimitó, se acurrucó en el sofá, tratando de calmar su llanto para recuperar algo de dignidad ante su amigo.
-¿Qué demonios te pasa, serpiente? Ahora menos que nunca me trago el cuento de que odias a Seiya por ser extranjero- calmó su tono de voz, mientras observaba el desastre que era su amiga.
Shaina logró tranquilizarse un poco, se limpió el rostro con sus manos y aun temblando, se levantó, se puso su máscara y se dirigió hacia la salida – Por favor, perdóname. - dijo con voz entrecortada sin atreverse a verlo.
Milo la detuvo tomándola de un brazo. - ¿Qué vas a hacer? Después de esto, tengo miedo de que hagas una estupidez. -
-Desobedeceré a Faeton, iré a Japón y seré yo quien elimine a Seiya y a los demás. - Dijo Shaina con voz hueca y entrecortaba por el llanto.
-¡Estas loca!... Shaina esto es demasiado, ¿Amas a ese estúpido de Seiya, verdad?-
-¡Callaté! –Grito la amazona - ¡No te atrevas a decir eso!-
Milo la jalo hacía él, quería retenerla para confirmar lo que pensaba y también para convencerla de no arruinar su futuro como caballero. - ¿Lo amas, cierto? –
-¡No!- contesto conteniendo el llanto.
-No mientas. -
-No estoy mientiendo, yo…-
-Si no éstas mintiendo, dímelo de frente – Y una vez más retiro la máscara de la amazona.
Ella se sintió descubierta, no pudo contener el llanto; Milo la liberó del agarre, ella se llevó las manos a la cara para cubrir sus lágrimas, dejándose caer sobre el sofá, Milo se sentó a su lado; ella abrió su herida contándole todo lo que había ocurrido con Seiya, el dorado la escuchaba, la abrazó para ofrecerle consuelo.
Después de varios minutos, Shaina concluyo su historia, agachaba la cabeza, se sentía avergonzada ante su amigo, no se atrevía a mirarlo. Milo seguía en silencio, clavo su mirada hacia el paisaje que le ofrecía su ventana.
-Y… por que en lugar… de… tantas complicaciones… de crear excusas y batallas… ¿Por qué no le confiesas tu amor? - Se atrevió a decir, sin estar totalmente convencido de su propio consejo.
- ¿Y perder lo que soy, lo que he conseguido? - pregunto Shaina con una voz apenas audible.
- ¿Y qué has conseguido? – le contesto Milo aun con la mirada fija en la ventana
Shaina lo volteo a ver indignada - ¿Qué he conseguido? Es cierto que no me siento orgullosa de mí en estos momentos, pero yo… yo tengo una legión a mi cargo y… y soy un caballero de Plata… y uno de los más fuertes… y… – Guardo silencio al agotar sus motivos de orgullo.
-No quiero ofenderte, pero ¿sabes? De lo que menos me enorgullezco de ti, es de la manera en que conduces tu legión, ¡eres una tirana! Pero aun y con eso, ¿Por qué perderías tu "estatus" si te confesaras con Seiya? Creo que estarías mejor que cómo estas en estos momentos y también creo que te habrías ahorrado muchos malos ratos si no hubieras adoptado esta postura de querer asesinarlo y más sí cómo dices, él también mostró interés en ti. -
Shaina sabía que Milo tenía razón, odiaba cuando alguien más la obligaba a darse cuenta de sus errores, como en ese momento.
-Después de todo lo que he hecho, creo que ya es tarde para llegar y decirle lo que siento, eso ya no es alternativa, además estoy cumpliendo con la ley de la máscara, y es la decisión que he tomado.- Se colocó su máscara y se levantó. –Gracias por escucharme y, perdóname por favor. Sé que guardaras mi secreto, ¿Verdad? -
Milo sonrió – Sabes que sí… Shaina, solo te pido que no hagas ninguna estupidez. - y la vio partir sin él levantarse de su asiento, sabía que la amazona era impulsiva y poco reflexiva cuando su orgullo estaba de por medio, tenía la seguridad de que pronto tendría noticias de la mala decisión que estaba por tomar.
Saliendo de la casa de Milo, Shaina busco a Jamian pero éste ya había partido a cumplir su misión, así que se acercó a sus amigos para averiguar cuál sería su plan, lo que consiguió sin problema, en todo el Santuario era sabido que el caballero Jamian no era ni de los más hábiles ni de los más discretos, así que para esa misma noche Shaina salía para Oriente con el objetivo de unírsele en la batalla.
Durante el viaje, las palabras de Milo se repetían en su mente, "Y…¿Por qué no le confiesas tu amor?" ¿Sería tarde para hacerlo? ¿Cuál sería la respuesta de él? En verdad creyó odiar a Seiya en esos momentos; antes de él y ese estúpido conejo, ella no tenía más preocupaciones que ser la mejor en lo que tanto disfrutaba: ser un caballero femenino; y no tenía que pasar días y noches enteras pensando ese niño de ojos cafés, que además no parecía ser el más listo ni el más fuerte y que sin su armadura no encajaba en la imagen del hábil guerrero como ahora lo describían algunos en el Santuario; y al ir enumerando los "defectos" del Caballero de Pegaso se iba convenciendo que lo mejor era matarlo; después de todo, ella no se imaginaba perdiendo su reputación por estar con un guerrero de tan bajo nivel, sería una deshonra para ella y para toda su orden, un caballero de plata y uno bronce juntos, ¡Jamás!. Aunque eso significara no volver a escuchar esa voz de él que tanto le agradaba; y ver esa sonrisa que le hacía temblar las piernas; y esos ojos, que le parecían reflejaban el universo entero. ¡Estoy jodida! pensó.
