Las noticias de la derrota de Jamian pronto llegaron a oídos de Milo, quien no se sorprendió por el resultado, ni por saber que en dicha batalla se había involucrado Shaina, siendo nuevamente derrotada, sonrió vagamente al confirmarse que su amiga había cometido una estupidez. Su cariño hacia la amazona le instaba a ir a verla cuanto antes, pero sentía que debía "castigarla" por su poca cabeza y decidió esperar unos días más, después de todo, seguramente Cassios estaría cuidando de manera devota a la guerrera.

Cuando pasaron algunos días y la curiosidad del dorado superaba sus ganas de castigar a la amazona, éste se dirigió a su morada, llamó en repetidas ocasiones y nadie atendió, sin embargo, sabía que Shaina estaba dentro, percibía su cosmos y el olor del incienso del que tanto ella era aficionada.

Siguió insistiendo.

Nada.

-Shiana sé que estas adentro, ábreme. - Dijo en un tono sereno.

Pasaron unos minutos sin respuesta.

-¿En verdad te vas a comportar como una niña? ¡Ábreme!. –

Shaina lo escuchaba, no quería abrirle, estaba totalmente desaliñada, con los ojos hinchados de tanto llorar, además de que varios objetos yacían rotos en el piso, así como algunos de sus pocos muebles en total desorden. Sabía qué si atendía al caballero, éste la fastidiaría a morir de verla así.

-Shaina, última vez que te pido que me abras, sabes que la puerta de tu hogar no es barrera para mí. - dijo en un tono molesto y amenazante.

Al escucharlo, la amazona supo que no tenía más remedio que abrir, así que lo más rápido que pudo se levantó de su lugar, acomodando algunas cosas que tenía a su alcance y se dirigió a su baño para lavarse la cara y se puso su máscara para abrirle a su visitante.

-¡Qué molesto eres!.- Dijo la amazona, sin abrir totalmente la puerta, quería impedirle el paso y aparentar normalidad. – No tengo ánimos de hablar con nadie, por favor vete. -

-¿A qué demonios huele? Ese horrible incienso tuyo, en verdad lo odio – dijo al entrar Milo, ignorando totalmente la petición de la guerrera.

Shaina puso los ojos en blanco y sólo espero junto a la puerta después de haberla cerrado para saber cuál sería la reacción de Milo al ver lo desordenado de su hogar.

¡Vaya! ¿Te asaltaron? ¿O paso un terremoto por aquí? - Milo trataba de aguantarse la risa, disfrutaba llevar a la amazona al límite de su poca paciencia.

-Vete por favor. - Hablo Shaina con enojo.

-No, no me iré – contesto el visitante mientras ponía una silla de pie para sentarse en ella. - Una vez más encabezas el cotilleo del santuario, se dice que Seiya te venció de nuevo y que estás herida. Esas noticias ya se vuelven frecuentes ¿No crees? Así que vine para saber si se trata de una noticia nueva o solo se reciclan las anteriores – finalizó el dorado con una maliciosa sonrisa.

- Estas bastante enterado, sobra que te cuente lo ocurrido, además pareciera que más que preocupación, lo que realmente te tiene aquí son tus ganas de molestarme.-

-¡No! Estas equivocada, bueno no tan equivocada, porque preocupación no es, solo curiosidad lo que me tiene aquí. Anda, ven y dime ¿porque en lugar de decirle a Seiya que lo amas, volviste a pelear con él? ¿La costumbre acaso? - Y aquí fue donde el dorado no pudo resistir más y soltó una carcajada.

Shaina podía ocultar su expresión bajo la máscara, pero su cosmos delataba lo molesta que estaba, como pocas veces quería golpear a su amigo para hacerlo arrepentir de sus palabras, pero sabía que era inútil, él solo aprovecharía eso para burlarse más de ella. Resignada se rindió ante la mirada maliciosa de Milo y se sentó a su lado.

No podía pronunciar palabra alguna, no sabía cómo empezar, sentía vergüenza ante él, aunado a que el odio y despecho se agolpaban en su garganta cada vez que intentaba siquiera recordar lo ocurrido.

Milo comprendió que la amazona no la estaba pasando bien, así que decidió dejar las bromas de lado y atino en abrazar a la chica y aunque hubo resistencia por parte de ésta, él siendo más fuerte, la obligo, sin dañarla, a que recostara su cabeza en su hombro. Hecho esto, Shaina soltó en llanto.

El caballero de Escorpión estaba incomodo por la situación, pero dejo que la guerrera se desahogara y cuando sintió que ella estaba más tranquila, con suavidad le retiro la máscara y adivino, al ver sus ojos que llevaba días llorando.

-¿Qué te pasa, Serpiente?- Preguntó con voz tranquila.

-Seiya… él… - el llanto limitaba la capacidad de habla de la guerrera.- él… ama a alguien más.- guardo silencio con la cabeza baja, sentía que esas palabras la desnudaban ante su amigo.

Milo también guardo silencio, no sabía que decir para consolarla, sólo la abrazó más fuerte. Sabía lo difícil que era para Shaina esa situación, sabía lo mal que se ponía su amiga cada vez que su orgullo estaba en juego.

-¿Has oído hablar de Saori Kido? ¿La chica que Jamian debió secuestrar?- dijo Shaina tratando de controlar el llanto.

-Sí, claro esa chica que lidera a los rebeldes.-

-Pues es ella a la que Seiya ama, cuando llegue con Jamian, Seiya tenía a Saori entre sus brazos, él estaba herido y le dijo que ella era muy especial para él, así que, al verse acorralados por Jamian y yo, ellos decidieron saltar a un precipicio, no sin antes decirse lo mucho que se importaban, y la manera en que ambos se miraban, se abrazaron para después saltar; al amanecer los busque y los encontré justo en el momento que ella estaba por besarlo, Seiya estaba inconsciente.-

-¿y qué hiciste?- Pregunto el dorado con una curiosidad casi de niño.

-¡Lo único que sé hacer…! ¡Pelear! - Contesto impaciente Shaina, reviviendo la furia en sus palabras – Ataqué a Saori, ¡tenía tantas ganas de arrancarle la cabeza! Pero fui interrumpida por Hyoga y Shun… peleé también contra ellos - pero luego calmo su voz - y fueron ellos quienes me dejaron fuera de combate. Luego de eso, llegué a casa y no encontré mejor manera que desquitar mi frustración y coraje aquí. - La amazona suspiró hondamente. - Por eso, por favor te pido que hoy, aunque solo sea por hoy, dejes de lado tus bromas. Me siento terrible.

Milo no supo que decir, no porque no se le ocurriera nada, sino justo lo contrario, tenía tantas bromas pensadas, pero decidió cumplir el deseo de su amiga. Así que se levantó de su asiento y se dirigió a la cocina para buscar dos vasos y llenarlos de agua, regresó y le ofreció uno a su amiga.

-Pues bien, creo que ya no tienes mucho que hacer, más que tratar de olvidar a ese caballero.- Dijo Milo con un tono de seriedad, permaneciendo de pie mientras tomaba agua.

-¿Olvidarlo? ¿y qué crees que he intentado hacer desde que lo conocí? - contestó Shaina con sorna- ¡No!, ahora más que nunca debo matarlo, no tengo otra opción. -

- ¿No tienes otra opción? – replico Milo- ¿No puedes seguir con tu vida?

- ¡No! ¡Debo cumplir con mi deber y con la Ley!.- Contestó la amazona tratando de sonar convincente.

- ¿En verdad, Ustedes las amazonas se han casado con esa estúpida Ley de la máscara? ¿Acaso creen que no hay más allá después de que alguien les ha visto el rostro? Yo te lo he visto y más veces que ese tonto, ¿cuál es la diferencia? – Inquirió Milo.

-Ash- Shaina volteo los ojos, se había quedado sin palabras para debatir al dorado.

-Yo te diré cuál es la diferencia y es que tú decidiste enamorarte de ese imbécil, no tuvo nada que ver esa estúpida ley, por lo tanto, no estas obligada a cumplirla. Ahora más que nunca, sabrás que no podrás matar a Seiya. Por favor, hazme caso, continua con tu vida, trata de olvidarlo.- Continuó Milo, poniendo sus manos sobre los hombros de la amazona.

Shaina pensaba en lo que escuchaba, se mordió el labio, sabía que Milo tenía razón. –Pero… y … ¿Cómo lo olvido?… ¿Cómo continuo?.- y voltio hacia su amigo.

-¿Por qué no regresas por un tiempo a casa? Pide permiso al Gran Patriarca, yo lo convencería-

- ¿A casa?- Shaina lo miro extrañada asomando una sonrisa sarcástica - ¿Tú qué sabes de mi casa? Prefiero ver a Seiya en brazos de esa chica qué regresar a mi casa -

- ¿En serio? ¿Tan malo es ahí? - Dijo Milo, tratando de esconder lo que él sabía sobre el hogar y la familia de la amazona, mientras la seguía tomando de sus hombros.

- Si, muy malo. – Contestó la amazona volviéndose a mordiéndose el labio, las palabras de Milo le habían dado una idea: sí obtenía el permiso para ausentarse, tendría tiempo libre de sus obligaciones para ir a buscar a Seiya. – Pero sabes, no es mala idea, talvez podría ir allá, digo, no a mi hogar, pero sí a Italia. ¿Tú me ayudarías a conseguir el permiso? - pregunto mirando a su amigo con ojos de súplica.

Milo, aunque un poco extrañado por la rápida decisión de su amiga, asintió con la cabeza.

-Bien, gracias. - Dijo Shaina fingiendo una sonrisa. - Jamás creí que tu visita me ayudara tanto, gracias de nuevo. –

Milo la miraba con extrañeza, la conocía perfectamente como para saber que algo tramaba, pero ya era tarde y él debía retirarse, así que la dejó con el acostumbrado beso en la frente.

Al verse sola, Shaina empezó a idear su plan: sabía dónde vivía Saori Kido, Jamian se lo había dicho cuando la secuestro, así que iría allí, averiguaría que tan cercanos eran ella y Seiya, después lo buscaría a él y lo mataría. Con eso en mente, se fue con una sonrisa a dormir.

Al paso de unos días, con el permiso de salir del Santuario, la amazona estaba en el aeropuerto de Japón, no llevaba su máscara, no quería llamar la atención, llevaba su pelo agarrado y unos lentes oscuros. La multitud y el bullicio, le recordaron las fiestas en el palacio y eso le causó enfado. Tomó sus maletas y salió del ahí.

Tomó un taxi que la llevó a su hotel y al instalarse en su habitación, lo primero que hizo, fue llenar la tina de la bañera y descubrir la función de las sales de baño que estaban allí. Se relajó como nunca antes lo había hecho y después de casi dos horas de estar en la bañera salió y se alisto para observar la ciudad desde la ventana; Japón le pareció emocionante, una ciudad con tanto movimiento y ruido, se preguntó cuál sería la rutina de Seiya en un lugar como este. Observó a la gente, le pareció que todos estaban tan inmersos en sus pensamientos que caminaban, subían, bajaban y cruzaban de manera automática. Cuando se aburrió de observar, unos folletos que estaban sobre una mesa, llamaron su atención, eran ofertas sobre masajes y servicios de la estética del hotel, Shaina se preguntó ¿por qué la gente iría a una estética? Ella sola se cortaba su cabello, de ahí en más, no creía necesario acudir a un lugar así. El baño la relajo más de la cuenta y durmió hasta la mañana siguiente.

Cuando despertó, tenía la sensación de que el tiempo pasaba rápido y debía aprovecharlo, así que se levantó y se alistó, llevaba su armadura y máscara en su caja, pero cubierta para no levantar sospechas. Salió del hotel y se dedicó a buscar la dirección de Saori; claro que se perdió al primer intento, así que no tuvo más remedio que pedir ayuda a un desconocido para que la orientara, después de esto, por fin dio con la casa de la mujer que tanto odiaba, era enorme, con amplios jardines y sin tanta seguridad como la amazona esperaba.

Los celos que sentía por la dueña de la casa, hicieron que compara esta mansión con el castillo donde ella creció y con satisfacción, se dijo a sí misma, que esta casa era mucho más pequeña a donde ella vivió. Una vez que determinó la forma en que entraría, se retiró del lugar.

Al día siguiente y después de esperar por varias horas afuera de la mansión Kido, al ver que Saori salía en una limusina, Shaina ejecutó su plan y pronto se vio dentro de la casa, no le costó trabajo esconderse de los pocos sirvientes que rondaban, llegando hasta la habitación de Saori. Allí, Shaina, decidió iniciar su búsqueda por dos razones, la primera, quería investigar el domicilio de Seiya y saber qué tan cercanos eran los dos; la segunda, corroborar sí efectivamente Saori Kido era Atenea, puesto que no olvidaba el cosmos tan poderoso que ella había desplegado en su batalla contra Jamian, lo que le traería a la amazona un dilema, ya que sí bien era leal al Patriarca y al Santuario, también le era leal a la Diosa Atenea, quien creía estaba en el Santuario y le daba el poder y las instrucciones al Patriarca. Entonces, deseaba saber quién mentía, sí esta Saori Kido o el hombre que la aceptó para ser caballero.

La amazona de Ofiuco, revisó los cajones y armarios, hasta que encontró lo que parecía ser el diario de Saori, lo ojeo con rapidez, buscando el nombre de Seiya, pero se topó justo con una carta de éste. Shaina, arrugo la misiva con sus manos después de leer las palabras tiernas que el caballero del Pegaso, la dedicada a la que llamó "mi hermosa Diosa", al darse cuenta de que no podría regresar la carta maltratada como la dejó, e impulsada por celos, decidió llevársela. En la última página escrita del diario se enteró que Seiya había caído enfermo y que se encontraba en el hospital de la fundación Graude. Impulsada por los celos, decidió salir de la mansión para ir en busca de Seiya.

Regresó al hotel sólo para averiguar dónde estaba ese hospital de la fundación. Su corazón latía aceleradamente, ¡Por fin! ¡Estaba más cerca que nunca de su objetivo! Decidió ir al hospital para idear de qué manera entraría, pero pensando que tal vez Saori, o alguno de los demás caballeros de bronce pudieran estar allí, decidió que tendría que cambiar su imagen para no ser reconocida, así que salió del hotel buscando lograr su cometido.

Se decidió por comprar una peluca en color negro y ropa cómoda, nada que llamara la atención. Una vez disfrazada se dirigió al hospital, vio que era un lugar público, y cuando se acercaba a la recepción, vio a Shun, Hyoga y otra chica que no conocía, pasar a un lado de ella. Los tres acompañantes se dirigieron al ascensor, Shaina sabía que esa era su oportunidad para encontrar a Seiya, sin tener que usar su cosmos para rastrearlo y hacer evidente también su presencia, así pues caminó detrás de ellos y los alcanzó justo cuando el elevador se abría, Shun permitió que primero entrara la joven que los acompañaba y al ver a Shaina, sin reconocerla, le esbozo una sonrisa y también permitió que ella entrara antes que él y Hyoga; Shaina respondió al gesto también con una sonrisa, los nervios empezaban a traicionarla, comenzó a temblar y bajaba la mirada para evitar hacer contacto con los demás ocupantes del ascensor.

Hyoga pulsó el botón del piso número seis y dirigiéndose a la disfrazada Shaina, dijo: - ¿A qué piso va Usted, señorita? -

Shiana tardó en reaccionar, creyó que la habían descubierto, pero se aventuró a decir: - También al piso seis… gracias. – dijo con nerviosismo.

Cuando vio que los tres seguían charlando, empezó a calmar su respiración, ahí se enteró que la chica que acompañaba a los caballeros era Miho, amiga de Seiya, y que ella lo cuidaría durante el resto de la tarde.

Shaina puso los ojos en blanco, ¿una rival más?, pensó.

Cuando el elevador se abrió, nuevamente, los dos caballeros permitieron el paso de las mujeres, Shaina camino unos pasos y se detuvo fingiendo buscar algo en su bolso, lo hizo solo para permitir que los tres se le adelantaran y ella seguirlos, al ver que los tres se introdujeron en una habitación, ella tomó nota del número de la misma y salió del lugar.

Decidió esperar a la noche para proceder a su ataque, y ya usando su armadura se introdujo en el bosque que rodeaba al hospital, sin perder de vista la entrada del mismo. Pasaron un par de horas y vio salir a los amigos del caballero, ella se impacientaba más con el paso del tiempo, estaba ansiosa y por momentos se preguntaba sí sería capaz de culminar su plan, esperaba a que Miho saliera, no quería ensuciarse las manos con la sangre de nadie más; aunque lo que realmente quería la amazona era no tener testigos al momento del ataque, pues las dudas empezaban a llenar su mente y ánimo, ¿y si no lo mataba? ¿Y sí de nuevo era derrotada? O la pregunta que más le inquietaba: y si ¿Le confesara su amor? ¿Cuál sería la respuesta de Seiya? Cerraba los ojos y negaba rápidamente con la cabeza, como sacudiéndose la idea, y en eso estaba cuando su corazón latió con fuerza con lo que veía, allí, muy cerca de ella se encontraba Seiya, con algunas vendas sobre su cuerpo y lamentándose de lo aburrido que era estar en el hospital. Shaina se alistaba para sorprenderlo con un ataque, pero tuvo que detenerse pues a lo lejos escucho la voz de Miho llamando a Seiya, instándolo a regresar al hospital, Shaina se molestó ¿Qué nunca podré matar a este hombre? Pensaba mientras veía como después de hacerse el gracioso, Seiya regresaba al hospital abrazando a Miho.

Ya entrada la noche y después de ver salir a Miho, Shaina entró al hospital, cuidándose de no ser vista y cuando llegó a la habitación que buscaba, respiro hondo y se prometió que esta sería su última batalla contra Seiya, fuera cual fuera el resultado. Abrió la puerta y se encontró al caballero durmiendo plácidamente, así que lo ataco de inmediato, pero éste despertó al momento para librarse el ataque.

-¿Shaina? ¿Qué haces aquí? ¿Por qué me atacas? - Inquirió un sobresaltado Seiya.

-Tenemos una deuda pendiente y ahora que los caballeros plateados han sido derrotados, me llevaré tu cabeza como trofeo- Contesto Shaina enfurecida y arrojando un florero con rosas rojas que estaba sobre un mueble, enfocó su enojo en ese desafortunado adorno, creyendo que era un regalo de Saori.

- Arruinaste las flores de Miho- Reprochó Seiya esquivando el florero – Ya estoy cansado de esta situación y ya estoy harto de ti- dijo con enfado Seiya, pero sabiendo que no podría escapar, pensó en al menos poner a salvo al personal del hospital y saltó por la ventana.

Shaina exasperada porque su plan no salía conforme lo planeado, brinco para ir detrás de su presa.

Seiya al darse cuenta de que era perseguido por la amazona solo apresuro la carrera, tenía poco ánimo para enfrentarla, y aunque después de que Shiryu perdiera la vista, él se había prometido odiar a esa mujer, ahora que la tenía de nuevo frente a frente se dio cuenta de que esos sentimientos de odio no existían, y que Shaina, le producía más bien enfado y estaba cansado de esa tonta rivalidad, él solo continúo corriendo sin tener claro qué era lo que seguiría de esa carrera, estaba por detenerse y enfrentarla cuando Shaina se le adelantó y tomando impulso lo ataco de nuevo, esta vez con una patada directo al rostro del caballero, ataque que fue esquivado sin problema.

Quedaron frente a frente, Shaina buscaba ansiosa que él respondiera a sus agresiones, pero su oponente se reusaba.

-¿Por qué no peleas?- cuestionó la amazona.

-Ya te lo dije, no voy a volver a pelear contigo, eres una mujer y eso va contra mis creencias-

- Entonces no pienses en mí como mujer - replico Shaina.

-Eso es imposible-

Esas palabras ablandaron la postura de la amazona, comenzaba a dudar y de pronto como si algo la iluminara, creyó que lo más conveniente era hablar sobre la ley del Santuario respecto a la máscara, así como de la ocasión en que Seiya vio su rostro por primera vez. Mientras lo hacía, Shiana se retiró la máscara, había sido un impulso, pero no se arrepintió de haberlo hecho.

Le contó a Seiya lo que esa primera vez causo en ella, las veces que lo fue a buscar, la forma en que se creyó burlada la vez que él la dejo plantada, aunque omitió contarle su teoría de que Marin estaba detrás de eso.

Seiya escuchaba con asombro, jamás imagino haber causado tal impresión en la joven y más porque en su momento, él había sentido lo mismo, él había pasado desvelos por ella, desvelos que se intensificaron después de haber sido descubierto por Marin. Al verla sin máscara, recordó esos ojos verdes que tanto lo habían apasionado, y al escucharla hablar, él también revivía esos encuentros, pensó en decirle lo que él había sentido, pero creyó que ya no tenía caso, ahora él estaba enamorado de Saori, y Shaina estaba ahí para buscar venganza, no, ya no tenía caso recordar sentimientos que ya no existían para ninguno de los dos.

-Al ver mi rostro, rompiste una ley y debo de matarte- finalizó Shaina con lágrimas en sus ojos.

-Si no lo haces ¿qué? -

-Jamás podría ser entre nosotros - contesto Shaina con voz baja, pero, recordando su objetivo aclaro la voz y se enjugo las lágrimas que se asomaban por su ojos- Así que debo de matarte – dijo retomando también su postura de ataque.

Shaina se alisto para el asalto, pero Seiya se negaba a responder, después de escucharla, recordar y ver su rostro de nuevo, estaba más que resuelto a no volver a pelear contra ella, esquivaba los golpes de la amazona y aprovechando que ella ya había perdido la concentración en la batalla, Seiya se colocó detrás de ella tomándola por el brazo.

-Ya te lo dije, no voy a pelear contigo Shaina.-

La amazona volteo hacia él, estaban tan cerca, que por un momento pensó en besarlo, pero por temor al rechazo, sólo lo golpeo en el pecho con su codo para liberarse de él. Para estos momentos Shaina lloraba copiosamente y le dio la espalda al caballero.

Seiya no la entendía, se suponía que Shaina estaba ahí para matarlo, pero su conducta se apaciguaba al grado de derramar lágrimas, situación que tenía desconcertado al caballero.

De pronto ambos sintieron un cosmos sumamente poderoso, Shaina lo reconoció de inmediato, conocía bastante bien esa cantidad de poder, y sabía que solo podía pertenecer a los caballeros dorados, así que sintió miedo, no por ella, sino por su rival y olvidando totalmente su propósito, corrió hacia él.

- ¡Seiya, tenemos que huir! ¡Anda, corre! -

- ¿Pero qué pasa, Shiana? Si hace unos minutos querías destruirme - Pregunto un Seiya desconcertado por la conducta de la amazona.

- Te digo que corras, ambos estamos en peligro. - Contesto la guerrera con desesperación.

El poder del cosmos que se anunciaba hizo que ambos flotaran por los aires, solo para después ser expulsados violentamente, el caballero que emanaba dicho poder se hizo presente, era Aioria caballero dorado de la casa de Leo y sin más preámbulo hizo saber su objetivo: matar a Seiya.

Seiya lo reconoció de inmediato como aquel amigo de Marin, que, en muchas ocasiones, después de los entrenamientos, los acompañaba a su casa, incluso se ocupó de curar algunas veces las heridas del entonces aprendiz.

El caballero de Pegaso le cuestionó su proceder y la causa por la cual luchaba, a su vez él escucho de su nuevo adversario la historia de su hermano, que era considerado un traidor en el santuario y ahora era su deber recuperar el honor perdido; Shaina interrumpió para pedirle a Aioria que le permitiera fuera ella quien acabara con Seiya.

Aioria sonrió con desdén –Sabes bien que jamás podrás matar a Seiya. Será mejor que te vayas Shaina, o tú también podrías salir lastimada, ¿Te parece correcto, cubrir a Seiya? ¿Acaso eres una traidora? - Inquirió el dorado.

Al escuchar que su petición no fue concedida, Shaina optó por atacar al caballero de Leo, sabía que no tenía oportunidad contra él, pero al menos le daría tiempo a Seiya de escapar, así que reunió su cosmos y ataco al dorado, quién sin dificultad, se anticipó al ataque usando solo uno de sus dedos, dejando a la amazona fuera de combate, después repitió la misma técnica contra Seiya a quien también logro dañar.

Seiya se puso de pie recuperándose del golpe y se alistó a pelear contra Aioria lanzando su "Meteoro Pegaso", el cual no hizo efecto alguno en el dorado, quien al ver el desconcierto de Seiya, le explicó con soberbia, lo lentos que eran sus "meteoros" y que ellos, los caballeros dorados, se movían a la velocidad de la luz, lo que hacía poco eficaz la ofensiva del Pegaso y para demostrarle la velocidad de la que hablaba, Aioria lo embistió con su "Rugido de León", pero no fue Seiya quien recibió el golpe sino Shaina quien se interpuso entre él y Aioria, quedando mal herida en los brazos del caballero de bronce.

- ¿Por qué lo hiciste? - Pregunto Seiya consternado, mientras rodeaba a la amazona con sus brazos.

- Cuando un caballero femenino tiene su rostro bajo la máscara y éste ha sido visto por un hombre, lo mata o… lo ama - Contestó Shaina reuniendo no solo la fuerza para hablar sino también el valor para hacerlo y sintió como su corazón se alivianaba ante la confesión. – Todo este tiempo… todas esas batallas… fueron para tratar de convencerme a mí misma que no te amaba, pero fue en vano, entre más luchaba por odiarte o destruirte, más intensos eran mis sentimientos por ti -

-Shaina… yo…-

-¡No! No tienes que sentir o decir nada, sé por tu cosmos y tus acciones que tú eres muy noble y generoso y que sé que esto puede ser incómodo para ti, solo quería ya no seguir cargando con esto, no éstas obligado a contestar, yo … solo…-

Mientras se confesaba, la Santo de Ofiuco lloraba y cuando las fuerzas la abandonaron se desmayó en los brazos del hombre que amaba, quien la acerco hacia sí también llorando, la abrazó mientras la llamaba por su nombre pidiéndole que reaccionara, y cuando vio que la joven no respondía, él la abrazo con más fuerza, podía sentir la calidez de la amazona y deseo que fueran otra las circunstancias, otros los tiempos en los que los dos pudieran estar así, abrazados.

- Te perdonare la vida por el sacrificio de Shaina, sigue tu camino Seiya- Intervino un conmovido Aioria que se disponía a marcharse.

- Espera Aioria ¿Por qué no detuviste tu golpe? - Cuestionó con evidente coraje en su voz el caballero de bronce mientras colocaba a Shaina con cuidado sobre el césped. – No puedo creer que no vieras cuando Shaina saltó para protegerme ¿No puedo creer que usaras tu golpe contra una mujer? Esto nunca te lo perdonaré y aunque pierda la vida, trataré de matarte – Sentenció mientras su cosmos se elevaba y dirigió su golpe justo al rostro del dorado impactándolo, pero sin hacerle el más mínimo daño.

- ¿Con esto te sientes mejor, Seiya? No vi a Shaina y esa es mi culpa, pero aún hay remedio –Contesto Aioria acercándose a la amazona y con su cosmos trato de curarle, para después cargarla. – Shaina se salvará de esta, la llevaré conmigo-

Ambos oponentes se miraban fijamente, sabían que en un futuro volverían a medir fuerzas.

-Seiya, ¿Por qué desafiaste al Santuario? - inquirió el dorado.

-Te equivocas, es el Patriarca y sus órdenes las que…-

-Las órdenes del Patriarca lo son todo, ten por seguro que en un futuro tendré que matarte a ti y a tus amigos- Interrumpió Aioria dándole la espalda a su oponente dando por terminado el encuentro.

- Cómo tú lo has dicho, tal vez en un futuro tendrás que matarme, pero por favor, perdona a Shaina- Solicitó Seiya con desesperación y si fuera necesario enfrentaría de nuevo a Aioria con el fin de liberar a la amazona del destino que le aguardaba en el Santuario.

- No tengo intenciones de involucrar a esta mujer-

Mientras Aioria se alistaba a partir, ambos caballeros escucharon voces, se trataba de tres caballeros de plata que habían seguido al dorado por instrucciones del Patriarca, estos le cuestionaron el porque les perdonaba la vida a los traidores, refiriéndose a Seiya y Shaina, comparando al dorado con su hermano. Aioria replico que no era necesaria su presencia, pero los de plata decidieron atacar a Seiya para vengar a sus compañeros caídos, lo que hicieron uno por uno y estando a punto de derrotarlo, lo lanzaron por los aires para golpearlo al mismo tiempo. Pero un cosmos superior al de los tres caballeros protegió y cubrió a Seiya vistiéndolo con la armadura dorada de Sagitario con lo que ahora, él pudo derrotar a los tres caballeros.

Viendo esto Aioria sabía que la verdadera batalla iniciaría, así que depositó a Shaina sobre el césped para hacer frente a Seiya y a la armadura dorada que había pertenecido a su hermano.

El primero en atacar fue el caballero dorado de Leo con su "Rugido de León", siendo esquivado por Seiya, quien decidió volver a intentar con su "Meteoro Pegaso" teniendo éxito esta vez y lanzando a su oponente por los aires. Se desato una batalla de cosmos y ataques entre esos dos caballeros, siendo interrumpidos por Hyoga y Shun, caballeros de Cisne y Andrómeda, respectivamente.

Ahora los tres caballeros de bronce al momento de pelear contra el dorado, le hacía ver que el Patriarca no le era leal a la Diosa Atenea, Aioria los calificaba de infames y traidores y cuando estaba dispuesto a acabar con ellos fue interrumpido por el cosmos más poderoso que él había sentido y se dio cuenta de que el mismo provenía de una joven.

Ella le contó su identidad y la verdadera historia sobre su hermano, volviendo a desplegar el poderoso cosmos con el que intervino.

Aioria dudaba de lo que escuchaba, aunque reconoció que el poder que emanaba de ella era superior al de los caballeros dorados, así que, para estar seguro solicito una prueba a la joven frente a él, ya que después de todo, durante muchos años escucho y creyó la versión de que su hermano era el traidor y él tuvo que vivir a la sombra de eso, refugiándose en ser el más fiel al Patriarca para poder limpiar el nombre de su familia.

-Si es verdad lo que dices te golpearé, sí realmente eres Atenea, podrás detener mi golpe sin sufrir daño, pero sí por el contrario mientes, lo lamentaras – Sentenció el caballero dorado.

-¿Cómo puedes decir algo así? ¿Cómo puedes solicitar semejante prueba? - Le reprocho Seiya, siendo ignorado tanto por Aioria como por Saori.

-Si necesitas esa prueba para creerme, adelante Aioria, atácame con todas tus fuerzas- Respondía la diosa.

Aioria lanzó su "Rugido de León" directo a la cabeza de la joven, pero Seiya se interpuso y con la ayuda de la armadura dorada, detuvo el golpe con su mano recriminándole su actuar y lanzando contra él su propio ataque, en ese momento Aioria tuvo una revelación: vio a su hermano y éste también le cuestionó su proceder. Aioria se supo vencido, reconociendo además la honorabilidad de su hermano, se posiciono justo frente a Saori y se inclinó ante ella solicitando su perdón.

La diosa le brindo una sonrisa instándolo a luchar ahora por la justicia, el caballero dorado se puso de pie prometiéndole que eso lo haría hasta el fin de sus días.

Aioria tomó nuevamente a Shaina, volteo hacia su Diosa y se inclinó levemente a modo de despedida.

-Aioria ¿Qué pasará con Shaina? - Pregunto de nueva cuenta Seiya.

-Ya te lo dije, no tengo intención de involucrarla en nada, buscare un lugar donde ella pueda descansar hasta la hora de nuestra partida al Santuario- Contesto Aioria viendo a Seiya.

El caballero de Pegaso tomó la mano de Saori, quien para ese entonces era su novia desde hace algunos meses, y viéndola le pidió que permitiera que Shaina recibiera atención médica, después de todo estaban en las afueras del hospital de la fundación Graude; Atenea sonrió de manera forzada, ¿Por qué Seiya se interesaba en Shaina?, pensó.

-Si tú crees que es buena idea, adelante- contesto Saori, tratando de sonar convencida de la idea. – Sin embargo, tú sabes mejor que nadie lo volátil que es ella, ¿Qué pasaría si despierta y se ve nuevamente vencida? ¿no crees que estaría mejor en otro lugar? – Continúo ignorando lo que había pasado en ese lugar instantes antes de su llegada.

Seiya dudo por un momento, Saori tenía razón, Shaina debería estar en un lugar más seguro.

-Tienes razón, el hospital no es buena idea- contesto Seiya, pero luego, dirigiéndose al dorado, le dijo: Aioria, ven a mi casa, no estamos lejos, ese sería un buen lugar para que Shaina descansara. -

Saori hizo una mueca de desagrado que, de inmediato borró de su rostro –Seiya, no creo que eso tampoco sea buena idea, de seguro Aioria tiene todo bajo control ¿No es así? - dijo dirigiéndose al caballero de Leo.

-Tengo que encontrar un lugar donde ella pueda descansar mientras yo busco la manera de regresar al Santuario, no puedo hacerlo en la misma forma en que llegue, de preferencia un medio de transporte donde no me cuestionen sobre Shaina, no quiero que desde este momento en el Santuario sepan lo que ha ocurrido aquí, sobre todo por la seguridad de ella, así que el plan que propone Seiya me parece bien. -

Seiya sonrió al escuchar a Aioria, volteo hacia Saori buscando su aprobación, la diosa no tuvo más remedio que sonreír y fingir que estaba de acuerdo, aunque los celos se apoderaban de ella, pero no quería mostrarse indiferente hacia las necesidades de Shaina, viendo el interés que ambos caballeros tenían en la amazona.

Todos llegaron al departamento de Seiya, Aioria recostó a Shaina sobre la única cama que había en el lugar. Seiya, por su parte se despidió de su adorada diosa con un beso en la mejilla, los caballeros del Cisne y Andrómeda también se despidieron y se retiraron junto con Saori.

Shaina dormía profundamente lo que le causo curiosidad a Seiya, cómo era posible que durmiera de esa manera sí estaba bastante herida, Aioria le respondió que él la había inducido en ese sueño, así la amazona podría soportar el viaje de regreso.

-Bueno, estoy seguro que Shaina no despertará ni sangrará más, tengo que buscar la manera de regresar al Santuario- Anunció Aioria retirándose su armadura y alistándose para salir- ¿Podrás cuidarla? - le pregunto al Pegaso.

Este primero asintió con la cabeza y luego respondió: - Si, claro. -

El caballero de Leo salió del apartamento.

Seiya se sentó a un lado de Shaina, jamás imagino que algún día, la chica de los ojos verdes estaría durmiendo en su alcoba y se dedicó a estudiar las facciones de la amazona, nunca había tenido la oportunidad de hacerlo con tanto detenimiento, ¡Vaya que era hermosa! Su nariz pequeña pero afilada, sus pestañas grandes, sus labios delgados, con cuidado le retiro un mechón de cabello que interrumpía su rostro, provocando que Shaina se estremeciera al contacto y al mismo tiempo pronunciara con voz débil el nombre de su amado.

Seiya se conmovió al escuchar su nombre, tomó una de las manos de la amazona entre las suyas y la acerco a sus labios depositando un pequeño beso en ella – Aquí estoy Shaina- pero la amazona no reaccionó.

Seiya empezó a acariciar el rostro de la joven, lo hizo con cuidado casi rozando su piel, después siguió con su cuello, le pareció delgado, luego recorrió con delicadeza el hombro de la amazona, enredando sus dedos con el tirante grueso de las prendas de ella, se cuestionó en ese momento qué tan honorable seguiría siendo él, si deslizara ese tirante, decidió no hacerlo, pero continuo con el recorrido de sus dedos ahora sobre el brazo de la chica. Shaina se movió retirando un poco la manta que la cubría, dejando al descubierto su escote. Seiya observó con atención, trago saliva, ahora había más piel al descubierto para seguir con las caricias, pero ahí reaccionó.

-¿Qué diablos estoy haciendo?-

Se alejó de ella, sentía que le debía todo el respeto del mundo a esa mujer y también a su querida Saori, sintiéndose avergonzado por lo que había hecho, así que tomo una silla y se colocó cerca de la cama, se dio cuenta que había pasado más de una hora de que Aioria había salido, así que en cualquier momento debería estar de regreso, cuando escucho que alguien llamaba a su puerta y creyendo que era el caballero dorado, solo contesto con voz alta: Esta abierto, pásate.

Sin embargo, no era el caballero de Leo quien entro sino Saori; Seiya la vio sorprendido y al momento se levantó de su lugar para ir a su encuentro.

-¿Saori, qué pasa? ¿Qué haces aquí? - pregunto el Pegaso acercándose a su diosa.

-Perdón, yo… algo me decía que no debía dejarte con ella… ella no es de fiar… y yo… ¡ash!... Me siento como una tonta- Respondió una confundida Saori- Es que… no entiendo porque querías ayudarla, si ella solo ha buscado la manera de matarte, además ¿Cómo está eso de que Aioria tiene que buscar la manera de regresar con ella al Santuario? ¿Qué no llegaron juntos? y… y ¿Por qué tiene que evitar que la castiguen? -

Seiya la tomó de un brazo para dirigirla a un sofá, ambos se sentaron, él le contó todo lo ocurrido a su novia, ésta suspiro y cerró los ojos, cuando escucho la parte de la declaración de amor.

-Ya ves, no estaba tan equivocada al venir. - sonrió de manera tímida tratando de justificarse – Y ¿Aioria dónde ésta? -

-Salió a buscar el transporte de regreso al Santuario-

-Entonces ¿Estás solo con ella? - pregunto con un tono de celos en su voz la diosa.

Seiya sonrió –Ven, vamos a verla – y dirigió a su novia a su habitación donde la amazona yacía convaleciente – No ha despertado, ni siquiera se ha movido de allí -

Saori respiro profundamente y volvió a sonreír – Perdón, me siento como una tonta, no debí de dudar de ti – y se acercó a su novio para darle un pequeño beso en los labios.

Seiya respondió el beso y sonrió a la chica, ¿Cómo decirle que no estaba equivocada? ¿Cómo decirle que por un momento dudo de él mismo? – No digas eso. – y con ternura acarició el rostro de su diosa.

-Ya es tarde y Tatsumi me espera, ¿No vemos mañana? Después de lo que paso hoy, me queda claro qué si queremos desterrar el mal del Santuario, tenemos emprender allá la lucha, mañana inicio con los preparativos-

- No decidas nada sin los demás, por favor-

- Esta bien- Sonrió Saori y se acercó para nuevamente besar a Seiya de despedida.

Cuando Seiya se vio solo, camino una vez más a su sofá y se dejó caer pesadamente ¿Qué demonios me paso? ¿Cómo pude pensar en engañarla? Sí, Shaina es hermosa, es la chica de los ojos verdes y sí, me ama, pero… no, no puedo… yo amo a Saori, el caballero resolvió que una vez que supiera que Shaina estuviera recuperada, hablaría con ella y aclararía todo entre ellos dos, si bien sentía un gran cariño por la amazona, un recién y descubierto cariño, él amaba a Saori y esa sería su postura, escucho que otra vez alguien entraba a su departamento, esta vez era Aioria.

Seiya se incorporó y le pregunto sí había conseguido transporte, el dorado respondió afirmativamente, un barco saldría a la media noche rumbo a Grecia y de ahí ya tenía previsto como llegar al Santuario. El caballero de Pegaso le ofreció una taza de café, Aioria aceptó.

-Debes descansar, te espera un largo camino, puedes quedarte aquí en este sofá. - Recomendó Seiya.

-Gracias, sí, necesito algo de descanso. - contesto el caballero dorado acostándose sobre el sofá- Seiya, sabes bien que la batalla entre los caballeros dorados y ustedes ya es inminente, y debes saber además que los caballeros que les aguardaran en el Santuario son muy poderosos, para que tú y tus amigos tengan éxito deben desarrollar el séptimo sentido, es decir, elevar su cosmos y sus golpes a la velocidad de la luz y eso no será fácil, los demás caballeros dorados son fieles al Patriarca y no porque sean malos o corruptos, sino porque él los ha sabido engañar, tal y como lo hizo conmigo. Yo haré mi parte, lo confrontare y buscaré que los demás conozcan la verdad, pero, aun así, ustedes deben ir preparados para todo. -

Seiya escuchaba con atención, lo único que le preocupaba de esa batalla era el papel que Saori desempeñaría en la misma y estaba a punto de realizar algunas preguntas sobre sus oponentes, cuando ambos escucharon a Shaina quejarse, Aioria se levantó y acudió a verla, Seiya fue detrás de él.

Después de revisarles los vendajes y previendo que la amazona pudiera despertar, Aioria volvió a inducirla en un sueño profundo.

-Sabes, me preocupa qué llegando al Santuario, no haya quién la cuide - apuntó Seiya.

Aioria sonrío – Yo no. Habrá al menos dos personas que lo harán con suma diligencia, uno de ellos, lo conoces bien: Cassius, desde su derrota se ha convertido algo así como el guarda espaldas o sirviente de Shaina, él no la dejara ni un minuto. El otro… - el caballero suspiró - tratará de matarme cuando sepa que fui yo quien la hirió, se llama Milo, también es un caballero dorado, resguarda la casa de Escorpión, él y Shaina son muy cercanos, de hecho, todo mundo en el Santuario cree que están relacionados sentimentalmente. Para serte sincero, me sorprendió mucho la confesión de Shaina, yo también creía que esos dos eran algo más que amigos. Así que no te preocupes, ella estará bien -

Seiya fue invadido por un sentimiento que empezó en su estómago, no quería ser consciente de ello, pero ahí estaba: unos celos apoderándose de él, cuando escucho sobre Milo y Shaina. Pero ¿Cómo sentir celos, si hace unos minutos pensaba sobre su amor por Saori? Esto lo puso de malas.

Y Aioria continuó: Me pregunto ¿Qué hubiera pasado, si en mi lugar hubiera venido Milo? El Patriarca se lo ordenó a él, pero yo insistí en ser la mejor opción, ¿Cuál hubiera sido la reacción de Shaina? Y ¿La de él? - Pero el dorado intuyo, al ver el rostro de Seiya, que esa no era una conversación de su agrado, él ignoraba la relación entre el Pegaso y Saori, así que adivinando los celos que sentía el caballero de bronce, optó por concluir el tema. – Será mejor que duerma unos minutos- Y así lo hicieron ambos.

Cuando Aioria partió con Shaina, Seiya respiró profundo, sentía pesar de dejar las cosas así con ella, él hubiera querido aclarar todo, el cariño que la amazona le inspiraba, pero sobre todo su amor por Saori. Se tuvo que conformar con verla partir en brazos de otro.