Shaina sintió un dolor agudo en la espalda, lo último que recordaba era estar en los brazos de Seiya demasiado herida, iba recobrando la consciencia tratando de reconocer donde estaba, alguien la sostenía del dorso, estaba en su habitación y tomando un poco de fuerza se separó de quien la sostenía para poder identificarlo y vaya que se llevó una sorpresa cuando vio que quien la atendía no era otra más que Marin; así que desconcertada y molesta reunió fuerzas para aventarla.
- ¿Qué haces aquí? Y ¿Qué me éstas haciendo? – Cuestionó la amazona de Ofiuco cubriéndose su dorso desnudo.
-¿Qué te parece que hago?- Respondió Marin en un tono molesto pero quedándose a un lado de Shaina - Estoy cambiando el vendaje, pero sí tanto te molesta, le puedo pedir a Cassios que lo haga, seguro él estará encantando de hacerlo- finalizó con sarcasmo.
-¡No! – respondió de inmediato Shaina sujetando con más fuerza la manta que la cubría y estando aún más desconcertada continúo: – A lo que me refiero es ¿Qué haces tú aquí? ¿Quién?... ¿Cómo?...-
Marin respirando profundamente, reconociendo que necesitaría mucha paciencia para cumplir el favor que el caballero de Leo le había solicitado – Aioria me pidió que te cuidara en las cuestiones en que Cassios no pudiera hacerlo, cómo esta y cuando te tuve que asear con paños húmedos para que estuvieras limpia y cómoda. –
Shaina escuchaba atónita ¡Estupido Aioria!, ¿Qué idioteces hiciste? Pensaba mientras se llevaba ambas manos a su cabeza, quería saber que más habría pasado mientras ella estaba inconsciente, ¿Qué tanto sabía Marin de lo que había ocurrido en Japón?, suficiente era tener que sentir que ahora le debía estar agradecida por cuidarla como para también soportar que ella supiera sobre sus sentimientos. ¡Sentimientos!... Al pensar en esta palabra, una punzada llegó a su corazón ¿Cuál fue la reacción de Seiya después de escucharla? Eso hizo que abriera grandes los ojos como si buscara en su habitación la respuesta a su interrogante, empezó a agitarse y sentirse mareada, se puso lívida.
Marin la observaba y suponiendo que la palidez de Shaina podría ser por saberse en problemas con el Santuario decidió tranquilizarla. - Aioria me llamó desde que ambos estaban en Japón, me dijo que resultaste herida en la batalla y que no podría solicitar ayuda a nadie en el Santuario o tú estarías en problemas, cosa que a mí no me interesa- aclaró – pero me pidió que yo lo ayudara a cuidarte, sí estoy haciendo esto es solo porque él me lo pidió y porque me dijo, qué al fin, pelearas al lado de la verdadera Atenea; espero que él no se haya equivocado. –
Shaina estaba más contrariada, ella solo quería saber la respuesta de Seiya y ahora tenía que pensar a demás en pelear por Atenea ¿En qué momento paso eso? ¿Decirle a Seiya que lo amaba llevaba implícito el cambio de bando? Se sintió mareada y con nauseas.
Marin se levantó de su lugar – Te dejare descansar, si necesitas algo, solo dilo. –
Shaina aún estaba perdida en sus pensamientos y sólo asintió con la cabeza.
-Por cierto, me da gusto que despertaras, era aburrido insultarte y no recibir respuesta – Dijo con una sonrisa maliciosa pero amable la amazona del Águila.
Shaina sonrío -¡Qué linda! – dijo con sarcasmo.
Marin solo se encogió de hombros y salió de la habitación.
Shaina suspiro, quiso levantarse, pero eso le provoco un intenso dolor y tuvo que desistir de hacerlo, su cabeza daba vueltas en todo lo que tenía que pensar y decidir, ¿Cómo reaccionar de ahí en adelante con Seiya? ¿Qué pasaría la próxima vez que se vieran? Pero lo que la tenía más ansiosa era saber la respuesta de él; luego recordando su deber como caballero y esas palabras de Marin: "pelearas al lado de la verdadera Atenea" le hicieron pensar en su futuro como amazona ¿Era cierto que esa chica era Atenea? Y con eso se venía una oleada de sentimientos encontrados: "Sí Saori es la verdadera diosa", pensó la amazona mientras exhalaba hondo y con voz muy baja se dijo para sí misma – Yo trate de matar a mi diosa. - "Y no solo eso, estoy segura que me odia, tanto como yo a ella ¿Qué pasará conmigo, sí Saori algún día gobierna el Santuario? De seguro me exhiliará, me arrebatara mi armadura" Y esos pensamientos provocaron que la amazona quisiera llorar, él haber conseguido su armadura, era para ella el mayor de sus logros, su motivo de orgullo y lloraba de impotencia, porque creía que eso era muy injusto, así que resolvió que, con el único fin de conservar sus estatus, pelearía a su lado si eso fuera necesario, aunque no sintiera por ella ningún tipo de devoción; y en esos pensamientos estaba cuando escucho que alguien entraba a su habitación, era una visita que ansiaba, Aioria; éste entró visiblemente apenado y saludando con timidez. La amazona lo recibió con una sonrisa por lo que representaba la visita, actitud que sorprendió al caballero.
-Marin me ha dicho que el sangrado no cede- Dijo el dorado con un tono de culpabilidad en su voz.
-Así es, en verdad que con en ese golpe querías terminar rápido tu misión- reprocho la amazona cambiando la sonrisa por un semblante serio.
-Shaina, no tienes ideas de cuántas veces, mientras estabas inconsciente te pedí perdón, y sólo espero que te recuperes, yo…en verdad… lo siento mucho, jamás te hubiera herido.-
La guerrera de Ofiuco escuchaba atenta, reconocía en el caballero su honorabilidad y calidez; y sí los rumores que circulaban de él y Marin eran ciertos, envidiaba la suerte de su ahora cuidadora; y aunque tenía motivos para guardarle rencor a su interlocutor, ya que la herida la mantenía postrada, decidió perdonarlo, por qué él tenía la información que ella ansiaba conocer: la respuesta de Seiya.
-Está bien, no hay rencores, después de todo me cuidaste desde ese momento, aunque le hayas pedido a Marin atenderme, lo cual fue una terrible idea, pero te lo agradezco.-
Aioria respiro aliviado, conocía a Shaina muy poco, si bien la reconocía como probablemente la mujer más fuerte del Santuario, él la sabía tirana, déspota y autoritaria, así que esta nueva faceta, la de una mujer enamorada y agradecida, le invitaba a querer conocerla más a fondo.
-Hay algo que te quiero preguntar sobre lo que paso después de que me desmayé. - Shaina pensaba como formular sus dudas sin sonar desesperada por la respuesta - ¿Qué hizo Seiya? – pronunció fracasando en su objetivo.
-Bueno, él estaba bastante molesto conmigo por el daño que te cause y me golpeo para hacerme pagar, luego no sé cómo, pero la armadura de Sagitario lo protegió y peleamos hasta que apareció Saori Kido. Me di cuenta de mi error acerca del patriarca y todo lo que tú ya sabes sobre la verdadera Atenea, le juré lealtad, luego fuimos al departamento de Seiya para que tu descansaras y yo buscar la manera de regresarnos…. Y …-
-¿Al departamento de Seiya…?- lo interrumpio Shaina.
-Sí, como te decía, yo tenía que buscar de qué manera regresaríamos tu y yo al Santuario sin enterar a nadie de tu condición y Seiya ofreció su casa para que descansaras. -
-Mmm… respecto a eso… Seiya… él… ¿Cómo reaccionó a lo que yo dije?... ¿Dijo algo?... ¿Hizo algo?...- Pregunto la guerrera sin importarle ya guardar apariencias.
Aioria la miro conmovido, entendía la necesidad de la joven frente a él y respondió:
-Cuando quedaste inconsciente él te abrazo muy fuerte, en verdad le dolió verte herida, después me enfrento furioso y cuando la batalla termino, él procuro en todo momento que tú estuvieras lo mejor atendida y cuando me despedí, me pidió que te cuidara.-
Esa respuesta no hacía más que aumentar las dudas de la amazona al escuchar la preocupación de Seiya por ella ¿Podría significar que él correspondiera a sus sentimientos? o tal vez ¿Podría ser que esa inquietud se debiera sólo al carácter noble del Pegaso? Shaina quería analizar todo lo que Aioria le había dicho para poder llegar a una conclusión, pero al darse cuenta que su visitante la observaba intrigado por el silencio que ella había guardado, decidió dejar esas cavilaciones para después y ahora le preguntaría el otro asunto que también le importaba.
-Respecto a Saori Kido ¿Por qué dices que ella es Atenea? ¿Por qué le dijiste a Marin, qué ahora yo pelearía a su lado? –
-¿No lo harás? – cuestionó sorprendido el caballero, ya que durante su estancia en el departamento de Seiya, éste le había contado de la vez que Jamian secuestro a Saori y que ésta reveló su cosmos a Shaina – Después que Seiya y yo combatimos, apareció Saori, ella me contó la verdadera historia de mi hermano Aiorios y desplegando todos su cosmos, me hizo saber que ella es la verdadera Diosa y que el Patriarca nos ha engañado, él es el verdadero enemigo. Por eso es que sé que tú estarás de lado de Seiya y Saori en la batalla que se avecina. –
-¡Sí! ¡Claro!- Contesto una Shaina no muy convencida – Es que… todo es tan confuso, durante años le he sido fiel al Patriarca, él me aceptó sin saber nada de mí, él me ayudo y estuvo pendiente de mi entrenamiento, que me cuesta tanto creer que él sea un traidor. ¿Y si hay un error? ¿Si el también ésta siendo engañado? -
-Creo que a todos nos cuesta trabajo creer que nuestro líder no sea quien ha dicho ser, pero, las pruebas ahí están, sólo falta saber el motivo, además Shaina, sé objetiva ¿Realmente piensas que su actuar ha sido justo? -
-Tienes razón, solo que cuesta trabajo-
- Lo sé, lo voy a confrontar, no le perdonaré qué durante años, él se hubiera encargado de empañar la imagen de mi hermano y aparte sea él quien nos traicionó a todos. - Sentenció Aioria decididamente.
- Ten cuidado, él es muy poderoso y sí se atrevió a traicionarnos, puede ser capaz de todo.-
-Lo tendré, gracias. Será mejor que me vaya- dijo el dorado levantándose de su asiento y dirigiendo sus pasos hacia la puerta, cuando dio la media vuelta con una sonrisa en la cara – Sólo para que quede claro, tú me agradeciste por el hecho de que Marin te éste cuidando, eso no lo vi venir, bien dicen que el amor cambia a las personas- concluyo en tono burlesco.
-¡Ya lárgate!- contesto Shaina con falso enfado.
Pasaron algunos días y la salud de Shaina mejoraba lentamente, Marin y Cassios la cuidaban más de lo que ella hubiera deseado y es que esa situación la tenía de lo más incómoda, primero, porque su anterior discípulo exageraba en cuanto a los cuidados y no la dejaba sola más que a la hora de la comida o del aseo personal, momentos en los que Marin intervenía y la situación no mejoraba, pues apenas y cruzaban palabras; pero Shaina se dio cuenta de que disfrutaba su compañía y aprendió a descifrar su conducta, aprendió las emociones de Marin con solo mirarla a los ojos, sí, estando con ella se quitaba la máscara, tal vez para poder descansar un poco de ese tedioso deber, y pudo saber cuándo la amazona del Águila estaba contenta o preocupada y esa tarde, mientras le cambiaba el vendaje, noto una sombra de tristeza en la mirada de su cuidadora.
-¿Qué te pasa? Te noto preocupada –
-Nada- contestó Marin cortante.
- ¿No te sientes bien? No estas obligada a seguirme cuidando, tal vez sea hora de que le digas a Aioria cuánto te incomoda estar aquí.-
La mirada de la pelirroja se tornó aún más triste al escuchar ese nombre. – No, no es eso, es que… - dudo un segundo pensando sí podía confiar en Shaina - No he sabido nada de Aioria desde que estuvo aquí y siento que algo no anda bien.- Quiso controlar el llanto, arrepintiéndose en el acto de haber externado su preocupación.
Pero la amazona de Ofiuco la entendió, después de todo comprendió que ambas eran muy parecidas, las dos crecieron y se formaron caballeros bajo un duro régimen y ahora las dos coincidían en estar enamoradas, así que sin querer alarmarla le dijo lo que ella sabía: -Él me dijo que enfrentaría al Gran Patriarca y …-
-Lo sé, me lo dijo – interrumpió Marin dándole la espalda, unas cuantas lagrimas se le escaparon y quiso ocultarlo de Shaina.
-¿Crees que le haya pasado algo? –
-No lo sé, no he tenido ninguna noticia de él, ni su cosmos puedo detectar, nada.- dijo con suma tristeza la maestra Seiya sin ya poder contener el llanto.
-¿Podemos enviar a Cassios a buscarle?- Propuso Shaina.
Marin volteo a verla – ¿Y qué pretexto dará para buscar a Aioria sin levantar sospechas? - contesto haciendo saber que no era buena una idea.
-Bueno, en ese caso puedo ir yo, ni los caballeros dorados ni el Patriarca sospechan de mí, para él yo me encuentro en Italia, finjo que he regresado y voy a agradecerle el permiso, y ahí investigo qué pasó. - Planteó Shaina un poco sorprendida de ella misma ante su ofrecimiento.
-No, es peligroso, aun estas débil y ese hombre es capaz de todo, estoy segura que tiene miles de espías que le informan y alertan de todo lo que pasa ¿cómo estar seguras de no que sabe que ya no le eres leal? Te lo agradezco, pero lo mejor por el momento es dejar todo así. -
Después de esa conversación volvió a reinar el silencio entre ambas, Marin termino de vendar a Shaina, y estando a punto de salir de la habitación, volvió hacia ella.
-Gracias por preocuparte- dijo la pelirroja.
- Gracias a ti por cuidarme. - Contesto la peliverde.
Y sin mediar más palabras, ambas tuvieron la sensación de que las rivalidades habían acabado entre ellas y sonrieron.
Al día siguiente una muy preocupada Marin despertó a Shaina con el desayuno, ésta notó de inmediato que algo pasaba y no quiso quedarse con la duda.
- ¿Has sabido algo de Aioria?-
-No, pero sí sé que Seiya, Saori y los demás arribaron al Santuario, te dije que el Patriarca todo lo sabe, uno de sus sirvientes personales ya los esperaba, los atacó logrando herir a Saori con una flecha dorada, mira- dijo Marin dirigiendo su vista al gran reloj de fuego- el reloj se ha encendido, tienen 12 horas para salvarla. Shaina, me uniré a la batalla.- Contestó Marin denotando la urgencia en su voz.
Shaina se quedó en silencio, tratando de asimilar todo lo que eso significaba, cuando Marin volvió a retomar la charla.
- Han pasado ya la casa de Aries y Tauro, se dice que Mu los dejó pasar y que la batalla contra Aldebarán fue despiadada, pero lograron vencerlo, ahora se encuentran en la casa de Géminis.–
-¿Géminis? Nadie ha visto a ese caballero en años, dicen que es muy poderoso. ¿Crees que ellos estén bien? – Dijo la amazona de ofiuco tratando de disimular su preocupación.
-Tú lo has dicho, dicen que es muy poderoso y no, no se sabe aún el resultado de esa batalla, la que sin duda será mortal. Shaina, tengo que ir a Star Hill, de un tiempo a la fecha, el Patriarca ha redoblado la seguridad de ese lugar, algo me dice que muchas de las interrogantes que tenemos respecto a él, ahí aguardan la respuesta. Antes de unirme a Seiya en la batalla, iré allí.-
- ¡Marin, estás loca! ¡Ese es un lugar sagrado! Será una muerte segura si te descubren.-
-Lo sé, pero aun así lo haré. –
-Entonces voy contigo.-
-¡No! Aun estas muy débil y debes de pensar en la batalla, los caballeros dorados son demasiado fuertes y no sabemos cuándo Seiya y los demás necesitaran de nosotras, tú debes de recuperarte totalmente, de nada servirás débil o mal herida.-
-Pero, ¿Cómo me pides que me quede aquí sabiendo que tú te expondrás de esa manera? No, yo también…-
- Shaina, piensa bien las cosas… - Interrumpió Marin y a su vez ambas fueron interrumpidas por un caballero dorado cuyo semblante mostraba lo molesto que estaba.
Shaina pasó saliva cuando lo vio, sabía que lo había engañado y que ahora vendría por respuestas, pero el caballero paso de verla a ella a ver a Marin, quien desde hace mucho tiempo era buscada por traidora, esto no hizo más que aumentar su enojo.
-¿Sabían las dos, que el estúpido de Cassios las estaba escuchando?- dijo con dureza.
Ambas amazonas se miraron.
-Marin, ¡Qué sorpresa verte! Y qué valor tienes de regresar, sabiendo que cualquiera tiene autorización para matarte.- Sentenció Milo en un tono amenazante, Shaina iba a intervenir, cuando el dorado continuó – Sin embargo no me interesa ser yo quien gane tu cabeza, déjame a solas con Shaina.- Ordenó secamente.
Marin sabía del peligro en que ahora estaban las dos, pero obedeció para no provocar al caballero dorado.
-¡Vaya manera de enterarme de tus nuevas amistades! ¿Cuándo pensabas decirme qué te aprovechaste de mi amistad? Y ¿Qué ahora te juntas con traidores?- El tono de voz del caballero dorado de Escorpión mostraba todo su enojo.
Shaina solo bajo la mirada.
-¡Oh no! ¡No te hagas la víctima! Porque ese papel, en estos momentos no te queda. – Reprochó Milo – Tuve que enterarme por boca del idiota de Aioria de tus mentiras, de tu poca cabeza y tus estúpidos planes. Tuvo que ser él quien me dijera cómo tú, siendo ¡toda una heroína!– dijo esto con un marcado sarcasmo- te interpusiste para salvarle la vida a Seiya y qué ahora estas de lado de esos traidores.
Shaina lo vio fijamente, le causaba vergüenza todo lo que escuchaba, pero se decidió a hablar: -Milo… yo… lo siento, yo jamás pensé en todo lo que pasó y nunca tuve la intención de qué te sintieras burlado o engañado. Me disculpo si crees que me aproveche de ti, pero…-
-¿Estas de lado de ellos?- Interrumpió Milo secamente.
- Sí- contesto la amazona mirándolo fijamente.
El enojo de Milo aumento, sus cosmos se hizo presente provocando que Shaina tuviera temor de él.
- Una cosa es creer que amas a alguien, pero otra, es olvidar quien eres. ¿Qué te pasa Shaina? ¿Te has vuelto loca? ¿Cómo puedes decirme así de simple que ahora estas de su lado, traicionando al Patriarca, al Santuario y también a mí?-
Shaina hizo un esfuerzo por levantarse, lo que le provoco un intenso dolor, pero se mantuvo de pie frente al caballero.
- Milo, hay algo que no te he contado y si no lo hice antes fue solo porque yo no quería aceptar la verdad, pero yo sé…- dijo mientras respiraba hondamente- desde hace tiempo… que Saori Kido es la verdadera Atenea.-
Esas palabras hicieron enfurecer aún más al caballero que sin pensarlo se abalanzo sobre la que era su amiga tomándola del cuello y empujándola contra la pared, el rostro de Shaina palidecía de dolor y la por dificultad que tenía para respirar.
-¿Cómo te atreves a decir una mentira tan asquerosa? Sabes bien que la diosa Atenea es protegida por el Patriarca y que esa niña no es más que una impostora.- Milo no quería controlar la fuerza de su agarre, le lastimaba en demasía que su amiga fuera capaz de traicionar al Santuario.
- Fue… en la batalla contra Jamian…. donde ella…. me demostró su poder…. todo su cosmos… y no tuve duda… ella es Atenea.- Contesto Shaina luchando por respirar y tratando de liberarse del ataque, pero fue Milo quien la soltó.
- El amor por ese idiota de Seiya te ha nublado la cabeza, sabes, él y el caballero del Dragón se encuentran en la casa de Cáncer, de ahí no pasaran esos traidores.- Menciono Milo con una amarga satisfacción.
Shiana se tumbó apoyando sus brazos en la cama buscando restablecer su respiración y buscando fuerzas para soportar todo el dolor que sentía -Pronto te darás cuenta de que el verdadero traidor, es ese a quien llamamos Patriarca.-
Milo se volvió nuevamente hacia ella enfurecido, pero al verla convaleciente ya no la ataco.
- Sí es que esos estúpidos llegasen a la casa de Escorpión, los matare sin piedad.- apuntó el dorado mientras dirigía sus pasos a la salida de la habitación.
- Me les uniré en la batalla.-
-Entonces, también a ti te mataré- Contestó el caballero sin detener sus pasos y salió de la morada.
Shaina lo vio partir, no podría creer que de esta manera terminara su amistad, un llanto incontrolable se apodero de ella. Al paso de unas horas, la amazona salió de su habitación, el dolor aún era intenso, pero ya no podía seguir ajena a todo lo que ocurría en el Santuario, sólo vio a Cassios y preguntó por Marin, este le contestó que ella había salido tomando su armadura. Shaina suspiro, sabía el lugar a donde se dirigía la amazona del Águila y le deseo suerte en su pensamiento. Al tratar de dar un paso más, la peliverde se desvaneció, Cassios la tomó en sus brazos y la acomodó en su cama.
Él había escuchado las conversaciones que su amada tuvo tanto con Marin como con Milo y de ahí se enteró de los planes de ambas guerreras de unirse a la batalla y también del amor que Shaina le profesaba a Seiya, lo que le desgarro el alma y aunque dolido por ese descubrimiento, se prometió que haría todo lo posible para mantener a la amazona fuera de combate y decidió la forma en que lo haría.
Shaina despertó por el ruido que hizo la puerta de su casa al cerrarse, enfoco su mirada y vio a Cassios con algunas bolsas, él las dejo sobre la mesa y volteando hacia la amazona le sonrió.
-¿Quiere ya su comida?-
-¿Dónde estabas?- pregunto la guerrera.
-Fui a Rodorio, necesitábamos víveres.- Contesto Cassios mientras llevaba un plato de sopa y se la acerco para luego salir cerrando la puerta tras de sí.
Cuando hubo terminado de comer llamó a su antiguo aprendiz y éste entró de inmediato, como si estuviera esperando afuera de la puerta.
-Sé que no tengo el mismo sazón que Marin, pero espero le haya gustado la sopa.-
- Tenía un sabor peculiar, pero no sabía mal.- Contestó Shaina un poco impaciente, no eran tiempos para hablar de comida- ¿Qué se dice de la batalla contra los caballeros dorados?-
Cassios se paró en seco, temía que esa pregunta llegara.
-Ehh… este…no mucho, todos están sorprendidos de que esos traidores llegaran tan lejos, ahora están en la casa de Leo.- Contestó el antiguo aprendiz con voz casi audible.
¡No son traidores! – replico Shaina regañándolo, pero luego respiro aliviada y relajó su cuerpo entre sus sabanas – ¡Así que Aioria ha regresado! Él ésta de su lado, no hay de qué preocuparse.- dijo viendo hacia la ventana.
Tanto el regaño como esta preocupación por esos renegados, provocaron los celos del guerrero y pensando que su plan daría resultado en cualquier momento, sonrió con sorna y dándole la espalda a su amada, hablo:
- Yo no estaría tan seguro de que Aioria éste de su lado.- Y rio fuertemente.
-¿Qué dijiste?- Shaina se puso de pie rápidamente para quedar frente a él, se sintió un poco mareada.
Pero Cassios parecía no haberla escuchado a pesar de ser consciente de los movimientos de la amazona y continuó riéndose, hasta que Shaina molesta se dejó ir contra él empujándolo hasta una pared, la amazona sentía que su cuerpo se alentaba después de esto.
Cassio vio a la mujer que lo enloquecía y hablo con resentimiento, no hacia ella, sino pensando en el hombre que le robo su amor - Aioria fue dominado por el Gran Patriarca, ahora él es su títere y no será el mismo hasta que mate a alguien y ese alguien, será Seiya.- y la risa prosiguió.
-¡Mientes! ¿Cómo puedes tú saber eso?.- Shaina lo seguía presionando contra la pared, pero su cuerpo no le respondía para hacerlo con la fuerza que ella quería.
- Cuando Marin le contó a Usted que no sabía nada de Aioria, yo investigue y los propios guardias del Patriarca me lo dijeron, ellos fueron testigos, ahora nada lo detendrá para matar a Seiya.-
-Debo ir a advertirle- Al instante Shaina libero a Cassios y dio la media vuelta, pero sintió que todo le daba vueltas y no pudo dar un paso sin tambalearse.
-¡No, Usted no irá a ningún lado!- Dijo el guerrero tomándola de un brazo.
-¿Qué me hiciste?- Pregunto la amazona recordando el amargo sabor de sus alimentos y cayo inconsciente.
Cassios la detuvo, sosteniéndola en sus brazos con ternura, el somnífero dio resultado, así que de nueva cuenta la acostó en su cama y atreviéndose a más de lo que él se hubiera imaginado, le retiro la máscara a su maestra y confirmo lo que su imaginación ya le había dicho: lo bella que era; acarició con cuidado su rostro y pensando que jamás volvería a verla, deposito un beso en su frente; para luego salir de aquella casa.
Gracias por leerme. Saludos!
