En el mismo momento en que Saori pasaba la tarde con sus amigos, Marin y una amazona se encontraban afuera de la casa de Shaina, ésta les abrió, vio a Marin, luego a su acompañante y de nueva cuenta Marin.

-¿Ocurre algo?-Preguntó Ofiuco en un tono que mostraba que su visita le incomodaba.

-Vengo a presentarte a alguien.- Contestó la pelirroja -¿Podemos pasar?-

Shaina no respondió, se hizo a un lado y con la mano les señaló que entrarán.

Las tres amazonas se sentaron y a sugerencia de Marin, se quitaron la máscara para estar más cómodas, la peliverde no dejaba de ver con frialdad a la acompañante -¿Tú quién eres?- le preguntó.

-Soy June de Camaleón- Contestó con firmeza la chica que era rubia y bastante bonita.

-¿De Camaleón? ¿Caballero de bronce entonces?- Continúo Shaina sin suavizar ni la mirada ni la voz.

-Así es...- Ella trataba de ser amable, Marin le había advertido sobre la personalidad problemática de Ofiuco, así que trató de ser paciente ante el interrogatorio.

-No te había visto antes ¿De dónde eres?-

-De la Isla de Andrómeda.-

-¿Andrómeda? Entonces entrenaste junto a este niño... ¿Cómo se llama... Shun?-

-Si- contesto la rubia ya con poca paciencia.

-Y ¿Qué haces tan lejos de tu hogar?- Shaina notó que las preguntas molestaban a la amazona, pero ella lo estaba disfrutando, de reojo miraba a Marin, quien solo negaba con la cabeza.

-Vine a pelear junto a Shun-

-¡Llegas tarde a la batalla!- Sonrió Shaina de manera irónica.

June puso una cara seria, estaba más que molesta con la arrogante amazona que tenía en frente, no entendía porque Marin se refirió a ella como su amiga –Mi intención es unirme en las batallas futuras que tenga-

-!Aahh¡ Ya veo, te le unes después de que la batalla terminó ¡Que valiente!- Contestó Shaina con un notado sarcasmo, haciendo que June se levantara violentamente de su asiento para confrontarla, pero en ese momento Marin, que parecía divertirse con la situación, intervino -¡Basta Shaina! por favor, creí que después de todo lo ocurrido dejarías de ser tan odiosa. Saori ha aceptado que June se quede en el Santuario el tiempo que ella desee y me ha pedido a mí que la hospede. Creí que sería buena idea que ustedes dos se conocieran, pero ya veo que es imposible que socialices con alguien.-

Shaina giró los ojos hacia arriba mientras escuchaba el sermón de Marin, ¿Quién demonios se creía para estarla regañando? -¡A ver! Para por favor, no somos tan amigas como para que te creas con el derecho de regañarme ¿ok? Y diste en el clavo, no me gusta conocer gente. - Dijo con enfado y mirando nuevamente a la rubia amazona.

June miraba a Marin con desesperación, ¿Qué demonios hacían allí tolerando a esta horrible persona?, pero se desconcertaba al ver su reacción tranquila, cómo si ella supiera doblegar a Ofiuco.

-Mañana desayunaremos en mi casa, para darle una pequeña bienvenida a June, después de todo somos Amazonas y debemos estar unidas. Y cualquier persona normal, cuando se le invita a comer, acude y por lo regular lleva algo como agradecimiento, te lo explico, porque es obvio que no conoces de cortesía, así que puedes llevar algo de tomar, como jugo, o un postre estaría bien, pero no sé si sepas lo que es un postre, así que te dejo algo simple, como el jugo- La voz de Marin era una mezcla de ironía y burla que reconfortaron a June.

Shaina solo la miraba fijamente, en verdad le agradaba su "nueva amiga", sabía que ella no estaría a su lado por miedo como hasta el momento lo habían hecho la mayoría de las personas a su alrededor y tener una amiga "mujer", era nuevo para ella.

-Ese era el motivo de mi visita. Te espero mañana- Dijo Marin levantándose de su asiento y dirigiéndose a su puerta siendo seguida por June.

-No llores si no voy.- Contestó Shaina sin levantarse de su lugar.

Las amazonas del Águila y Camaleón salieron sin decir nada.

Shaina decidió que no iría, no iba a terminar siendo de esas amigas que se reúnen para tomar café y darse consejos, de esas tontas que se estiman y guardan secretos. No, ella establecería un límite a su amistad con Marin; y por supuesto que no aceptaría a esa rubia que era inferior a ella; y con esos pensamientos buscó en su nevera si tenía lo suficiente para hacer el jugo que necesitaría a la mañana siguiente. Se dio cuenta de su incongruencia y sonrió mientras pensaba: "Bien dijo Milo, hoy es un día diferente a los que hemos vivido aquí".

A la mañana siguiente, una Shaina no muy convencida tocaba a la puerta de Marin.

-¡Vaya, nunca creí que fueras tan civilizada!-Fue la bienvenida que recibió de parte de la amazona del águila.

Shaina sonrió forzada –¿Civilizada porque traje el jugo?- mientras entregaba la bebida a la anfitriona.

-Por el jugo no, sino porque viniste- Contestó Marin de lo más divertida con un exagerado tono sarcástico.

Las amazonas tomaron lugar en la mesa en donde ya la esperaba June, ninguna de la tres portaba máscara, Shaina y June no se saludaron, solo cruzaron miradas de manera fría e indiferente. Marin, al observarlas, se dio cuenta que necesitaría mucha paciencia y toda su habilidad de mediadora para lograr que esas dos se llevaran bien; así que empezó por hablar de temas banales y sin importancia para aligerar el ambiente. June participaba más seguido y con más entusiasmo en la charla que Shaina, ésta solo asentía o sonreía forzadamente cuando era aludida en la conversación, esto era nuevo para ella, ¡Verse en medio de mujeres, hablando temas de mujeres! se sentía fuera de lugar y por momentos, perdida en la conversación. Marin, entendió que la amazona no la estaba pasando bien, sólo por ver la expresión de confusión en su cara, así que decidió integrarla a la conversación, tocando el tema en que mejor la conocía.

-Por supuesto que es difícil destacar en el Santuario siendo mujer, no importa cuántos traseros patees, los hombres siempre te creen en peligro. Sin embargo, Shaina pudo superar eso, ¿sabías que es la única mujer que lidera una legión aquí? ¿Verdad Shaina?-

-Sí.. Así es...- Contestó Ofiuco sin entender cómo se había dado ese vuelco en la conversación.

-¡Vaya! Eso ha de ser grandioso y ¿Cómo hiciste para que todos esos hombres de la legión te obedecieran?- interrogó June, dejando de lado la primera impresión que Shaina le causó.

-Bueno, al principio fue difícil, pero cuando vieron que tenía el apoyo del Patriarca, dejaron de oponerse o cuestionarme- contestó Shaina, sintiéndose un poco más cómoda en la conversación.

-En la Isla de Andrómeda, solo éramos dos mujeres, así que nunca pudimos quitarnos ese estigma de que necesitábamos ser protegidas, ¡era horrible! sólo mi maestro y Shun, eran los únicos que entendían y nos veían como un igual sin subestimarnos.-

-Creo que el hecho de tener que portar una máscara y sujetarte a una ley absurda, hace que muchos caballeros no nos tomen en serio, o nos subestimen, como tú dices- Continúo Marin.

-¡Ah sí! la máscara, odio la máscara y todo lo que conlleva.- Prosiguió June con un tono de desagrado.

-A mí no me desagrada en lo más mínimo portarla, pero eso sí, no estoy en nada de acuerdo con esa tonta ley- Intervino Marin -Espero que Saori, al tener una formación fuera de este Santuario tenga una visión distinta del uso de la máscara, qué quedará a criterio de las amazonas el usarla o no y que derogue esa tonta ley-

Las amazonas oyentes sólo asintieron con la cabeza y reinó un silencio, cada una pensaba en la forma que esa máscara había influido en su vida.

-Nos pusimos muy serias- continuó Marin

-Sí- respondió June sonriendo. - Y bueno, ¿Qué hacen aquí para divertirse?- Su tono de voz se tornó pícara, esa joven nunca había salido de la Isla de Andrómeda y deseaba experimentar cosas nuevas.

Shaina y Marin se voltearon a ver confundidas y de nueva cuenta la arrogancia volvió a la peliverde: –No sé si te has dado cuenta que estás en el Santuario de Atenea, aquí no es un lugar de diversión.-

-¡En verdad eres odiosa!- Replicó June con enfado. -Lo preguntó porque Shun me comentó que había una aldea que colinda con el Santuario y que era muy bonita, solo creí que iban ahí a divertirse.-

-¿Cómo se te ocurre pensar eso?- Marin se rio de las palabras de la amazona de Camaleón. -Está totalmente prohibido ir a Rodorio, es más, está prohibido salir del santuario; a menos que se te encomiende una misión, así que olvídate de salir a divertirte.- Concluyo moderando su voz con seriedad.

-Entonces, en verdad ¿nunca han salido para hacer algo distinto a cumplir sus deberes?- Comentó June un poco decepcionada.

-¡No! Somos amazonas, ¿por qué haríamos algo así?- respondió Marin.

-¡Dioses! Y yo que creí que no tenía vida, aun y viviendo en una isla, creo que me he divertido más que Ustedes.- Dijo la rubia sintiéndose superior a sus acompañantes.

-Somos amazonas ¿por qué deberíamos de pensar en divertirnos?- La cara de Shaina mostraba su exasperación ante la rubia, definitivamente nunca se llevaría bien con esa niña.

-Sí, somos amazonas, pero también somos personas y jóvenes, no creo que Atenea haya querido esclavizar a sus caballeros privándolos de poder vivir una vida normal cuando sea posible. Es decir, nuestra primera obligación, deber y lealtad están con nuestra Diosa, pero eso no implica renunciar a tener una vida plena. Nos quejamos de la máscara, pero ¿aceptamos este destino limitado?- La amazona de Camaleón habló con tanta firmeza y convicción que sus interlocutoras no quisieron interrumpirla. –Si ustedes solo se han visualizado así, no me extraña que se enamoren y se confiesen con el primer hombre que les vea el rostro.- Culminó con una sonrisa pícara viendo directamente a Shaina.

Shaina se sonrojó al instante, ¿Qué acaso todo mundo lo sabía? "Estúpido Seiya, lengua floja" pensó. Pero no supo qué responder, solo abrió grandes los ojos, cuando fue Marin la que habló después de una gran carcajada: -¡June, eso fue cruel!- y continúo riendo.

-Lo sé, pero Shaina me la debía- Contestó June viendo a su víctima con aire triunfal, sabía que le había hecho pagar sus ofensas del día anterior.

-¡Maldita lagartija!- mencionó la amazona de Ofiuco regresando una mirada de odio a la rubia.

June y Marin se rieron en total complicidad.

Después de algunas horas de estarla pasando bien, entre insultos medidos e indirectas, las amazonas del Águila y Camaleón advirtieron que era tiempo de regresar a sus faenas: el atender y cuidar a los caballeros de bronce convalecientes.

-Sería bueno que tú también ayudaras, el estar atendiendo a cinco caballeros heridos no es tarea fácil- Reprochó Marin a Shaina.

-Mi deber no es cuidar a heridos, sino proteger los linderos del Santuario- Contestó con aires de superioridad Ofiuco, levantándose de su asiento y alistándose para salir.

Marin solo rodó los ojos hacia arriba.

Las tres amazonas se despidieron y tomaron sus respectivos caminos.

Esas reuniones se hicieron frecuentes entre ellas, aunque Shaina y June seguían insultándose veladamente, ninguna de las tres podía negar que disfrutaban esos momentos y a pesar de las reservas que cada una ponía para no darse a conocer totalmente, fue inevitable no descubrir que el objetivo de June allí, era lograr que Shun correspondiera el amor que ella sentía; así como el hecho de que Marin y Aioria eran algo más que amigos.

Y mientras esto ocurría en los recintos amazónicos; en el templo de Atenea, Saori estaba decidida a decirle a Seiya que su relación terminaría, sabía que el guerrero estaba recuperado y ella no había vuelto a verle desde aquella vez cuando aún lo encontró inconsciente. Sus manos estaban sudorosas, algo raro en ella, y cuando los sirvientes le anunciaron que el caballero estaba afuera, con voz temblorosa les ordenó que lo dejaran pasar, había imaginado tantas veces este encuentro, se había aprendido perfectamente sus diálogos, pero al verlo entrar con una sonrisa de oreja a oreja, ella olvido todo, menos su difícil deber y las lágrimas quisieron abrirse paso, pero como pudo se recobró para llevar a cabo su plan. Estaban en la terraza de sus aposentos, la cual brindaba una vista panorámica de las doce casas y una parte del vasto territorio del Santuario, protegido por la gran estatua de Atenea, ella había elegido ese lugar, para que, sí tuviera un momento de duda, esa estatua le recordara su obligación, lo esperaba de pie, cerca del barandal de mármol que limitaba la terraza.

-¡Saori, tenía tantas ganas de verte! No imagine que el ser Atenea era tan absorbente como para no visitar a tu novio- reprochó con una cálida sonrisa el caballero de Pegaso, él estaba feliz de volver a verla, aunque la actitud de su aun novia, le hizo saber que algo no andaba bien. Se acercó a ella para besarla, con su mano acarició el cuello y mejilla de la joven y depósito un beso en sus labios, fue un beso corto, porque Saori, al sentir el contacto de sus labios, se separó lentamente de él.

-Seiya, yo…- dijo mientras le daba la espalda al caballero, cerraba sus ojos para darse valor sobre lo que estaba por decir- Tengo algo muy importante que decirte, ven vamos a sentarnos.- Tomó a Seiya de las manos y lo dirigió a un pequeño sofá.

Seiya la siguió desconcertado, ¿Qué demonios había pasado durante el tiempo que estuvo inconsciente para provocar ese cambio en ella? pensó, mientras se sentaba junto a ella y retuvo las manos de su Diosa justo en el momento en que ella quería soltarlo.

-Verás Seiya, al momento que tomó mi lugar como Atenea en el Santuario, se me hicieron saber mis obligaciones y deberes…- Respiró profundo -Y entre ellos esta….- Se detuvo para separar sus manos de las de Seiya –El de…- Vuelve a suspirar -No poder amar a un caballero de esta orden.- Guardó silencio esperando la reacción de él.

Seiya no dijo nada, parecía no entender lo que acaba de escuchar, la vio extrañado y con esa mirada parecía solicitar una explicación más clara.

-Eso quiere decir… que tú y yo, no podemos seguir juntos-

-Pero… ¿Por qué no? ¿Quién demonios te dijo eso? ¿A quién le importa que tú y yo estemos juntos?- La duda dio paso al enojo, se paró del sillón como buscando en la habitación al culpable.

-Mu y Shaka me lo hicieron saber, el amor de Atenea debe ser para todos sus caballeros no para uno solo.-

-Eso es una estupidez ¿Dime que no harás caso de eso? Tu y yo debemos estar juntos, nos amamos- Se inclinó para quedar a la altura de Saori, quien aún permanecía sentada, la tomó nuevamente de sus manos y le acarició el rostro.

Saori no pudo más y las lágrimas saltaron copiosamente de sus ojos, se levantó de su lugar para separarse de Seiya, quien al ver a su amada llorar, tampoco pudo contenerse. Ella le daba la espalda, él se acercó y rodeo su cintura con sus brazos, Atenea cerró los ojos, dejándose envolver en el amor que ese abrazo le proporcionaba. El intentó besarla en el cuello, ella reaccionó y se separó de nuevo, esta vez quedando frente a él.

-Es mi deber Seiya, no puedo ser… no seré más débil que las anteriores reencarnaciones de Atenea, no, no seré yo quien comprometa al propio santuario por amar a uno solo de mis caballeros. Cumpliré mi deber y honraré mi investidura; y si tú dices amarme, deberás respetar mi decisión. Y de hoy en adelante solo seremos dos buenos amigos luchando por la paz del mundo, tal y como nuestras constelaciones lo indican.- Sentía que su corazón se desgarraba con cada palabra que decía, pero lo que más le dolía era ver el sufrimiento en la cara de Seiya.

-No lo haré, déjame de amar tú si quieres, yo no, yo no te dejaré de amar- Dijo con Seiya con la misma resolución con la que enfrentaba a sus enemigos, se acercó nuevamente a ella, pero fue rechazado esta vez.

-Entonces me iré del Santuario, iré a Japón y ordenaré que te quedes aquí. Si no podemos estar juntos, si no vas a respetar esto, será mejor que me vaya. Yo no voy a deshonrar a mi orden- Replicó ella con entereza.

-¡No, por favor, no te vayas! Solo te digo la verdad, tú podrás dejar de amarme, a eso te obligan. Pero a mí nada me detiene a seguir amándote, te amaré siempre- con voz derrotada Seiya veía como la felicidad se le iba de entre las manos.

-El único amor que puede existir entre tú y yo, es el que debe sentir un caballero por su Diosa, y debe estar repleto de respeto y devoción. Cualquier otro sentimiento, pronto desaparecerá, ya verás- Al escuchar al Pegaso decir que la amaría por siempre, le hizo recordar cuando él mencionó a Shaina después de haberlo besado y quiso hacerle saber que no cumpliría su promesa.

Aún seguían de pie, viéndose de frente, ella había recobrado su entereza, él parecía haber sido derrotado en una batalla, estaba cabizbajo y con la mirada perdida.

-No podré amar a nadie más- la voz del caballero apenas era audible y ahora fue el quien le dio la espalda a su diosa.

-¿Ni a Shaina?- cuestionó Saori entre dientes con la voz cargada de recelo, provocando que Seiya volteara violentamente.

-¿A qué viene eso?- La voz del caballero se empezaba a encender.

-Fui a visitarte, a la mañana siguiente de la batalla. Estabas inconsciente, intenté besarte y tú…- Tragó saliva -dijiste su nombre. Salí de la habitación tan desconcertada que pensé en ir a buscarla, justo en ese momento Mu y Shaka, me encontraron para hablar sobre nuestra relación y por eso decidí no verte más.- La voz de la diosa se tornó de gentil a molesta y su postura también lo reflejaba, se veía tensa. –Pronto estarás con ella, y ambos sabremos que tu promesa de amor no será cierta.- Concluyo molesta viendo fijamente a los ojos del caballero "¿Por qué tuve mencionarla?, esto no es lo que quería", pensó mientras esperaba la respuesta del hombre frente a ella.

Seiya sonrió con desagrado –No sé de qué estás hablando, ella nunca ha significado nada para mí-

-¿No era "tu chica de los ojos verdes"?- Sin duda, este no era el rumbo que Saori había planeado para terminar con Seiya, pero ahora sentía que no podía detenerse, el enojo y los celos la habían turbado.

Seiya no respondió nada, su mirada se hizo más confusa, pero penetrante ¿Cómo se había enterado ella de eso?.

-Tus amigos también son mis amigos, Seiya- respondió Saori adivinando el motivo de su mirada, mientras volvía a tomar asiento. –No me importa, en verdad que no. Sé que el tiempo que estuvimos juntos, me fuiste fiel. Lo que trato de decir… Lo que quiero decir es que, eres libre, no te ates a una promesa que no debes de cumplir- dijo secamente, pensando que así retomaría su compostura.

Sin embargo, Seiya estaba furioso, y eran muchos los motivos: Saori terminando con él por una estúpida ley, por verse descubierto respecto a Shaina, pero, sobre todo, por la incredulidad de su diosa ante sus palabras de amor eterno. Sabía que no podía, ni quería, herirla con todo lo que se le ocurría decirle para sacar todo el enojo y frustración que sentía.

-¡Qué magnánima! Gracias- contestó con evidente sarcasmo, pero al ver que sus palabras incomodaron a Saori, suavizó su voz –Perdóname, no quise ofenderte- Se acercó nuevamente a ella inclinándose -Es solo que no puedo creer que esto éste pasando, me han quitado la felicidad de un solo golpe y sin darme oportunidad a luchar por ella-

Saori también suavizó su postura y acarició el caballo castaño de Seiya –Lo sé, será difícil para los dos, pero lo peor que podemos hacer es pelear. Si mencioné a Shaina es solo porque te quiero dar a entender que eres libre, y que debes ser feliz, sea con ella o con quien sea. Voy a hacer todo lo que este a mi alcance para que ocupes el lugar que debes en mi corazón, el lugar de mi más fiel caballero- Sonaba tan convincente que Seiya ya no quiso debatir.

-Ésta bien.- Contestó con voz apagada y dirigió su pasos a la salida de la habitación, se detuvo y volteo a verla -¿No irás a Japón, verdad?-

-No-

Al escuchar eso, Seiya salió de la habitación con el corazón y ánimo destrozados, necesitaba hablar con alguien, pero no quería ir con sus amigos, por el momento se sentía molesto con todos ellos al saber que le habían contado a Saori sobre Shaina. Así que buscó el apoyo en su antigua maestra.

Caundo llegó a casa de Marin, a Seiya le extraño escuchar tanto alboroto dentro, desde la puerta se escuchaban algunas risas; y creyendo llegar en un mal momento, estaba por dar la media vuelta para regresar por donde vino, cuando escucho que la puerta se abrió y se encontró con la persona que menos deseaba ver en ese momento: Shaina.

La amazona, quien portaba su máscara, salía de la casa con un evidente buen humor, pues aún se reía cuando vio de frente al caballero y de inmediato adoptó su postura fría y seria, no dijo nada, solo pasó saliva y levantó su cara. Seiya tampoco dijo nada, ¿Qué decirle a esa mujer que había provocado los celos de su amada? Se miraron por un breve instante, cuando Marin interrumpió:

-¿Seiya? ¿Qué haces aquí?-

-Yo… mmm… nada… solo venía a saludarte, pero veo que estas ocupada, mejor regreso en otro momento-

-No, para nada, ven pásate-

Shaina se alejó sin decir nada, quiso correr, pero temió que las piernas le fallaran, así que caminó lo más rápido que pudo, su corazón latía con fuerza, le dio gusto ver que Seiya se había recuperado, aunque tonó cierta tristeza en su mirada y le extraño ver lo frio que se portó con ella, la última vez que los dos se vieron fue en las escaleras del salón del Gran Patriarca y él se había comportado de una manera totalmente distinta, ¿Qué le podría haber causado ese cambio? Pensaba mientras comenzaba a inquietarse y de todas las opciones que se le ocurrieron, creyó que la causa sin duda era, que Saori le habría contado sobre las faltas de respeto que había tenido. Suspiro con pesadez y cerró los ojos para tratar de no pensar en eso.

Mientras tanto, Seiya se sintió decepcionado al ver que Marin estaba con June, así que inventó una excusa para irse, pero ya estando afuera de la vivienda, escucho que su maestra lo llamaba, el agachó la cabeza y regresó hacía donde ella estaba, la amazona lo esperaba sentada en el pórtico de su hogar.

-¿Qué te pasa? Te conozco bastante bien como para no saber qué algo te ocurre- Dijo Marin mientras lo invitaba a sentarse a un lado de ella.

Seiya obedeció y en cuanto estuvo a su lado, no pudo contener el llanto y como pudo le contó lo que había pasado con Saori.

Marin escuchó con atención, no dejó de abrazar a su discípulo, la noticia la tomó por sorpresa, al igual que a los demás y buscaba las palabras correctas para hacerlo sentir mejor sin ser condescendiente.

-Lo lamento mucho Seiya, en este Santuario, seas amazona o diosa, ser mujer es difícil y lamentó que tu tengas que sufrir por eso, pero debes cumplir con tu deber y demostrar tu valía y dignidad como hombre y caballero. Tienes que ayudarla, ahora más que nunca, a que ella cumpla con su deber, a que su nombre y reputación no se vean manchados. Eres su más fiel caballero, sé el apoyo que ella necesita, no te conviertas en una carga negándote a olvidarla. Cuando llegaste aquí, siendo un niño, tenías una mirada tan inocente, que dudé pudieras convertirte en caballero, pero luego, cuando entrenabas o me hablabas de tu hermana, esa mirada inocente, asomaba una fuerza, una tenacidad que me hacía pensar que tenías todo para convertirte en el mejor caballero del Santuario, y mírate, estas en ese camino, no permitas que esto borre tu destino. No permitas que Atenea te aleje de su lado, solo por tu necedad a no entender su papel como Diosa.- hablaba con dulzura pero también con la firmeza propia de ella, en varias ocasiones, limpió las lágrimas en los ojos de su discípulo.

-Si, sé que tienes razón, solo que duele demasiado, no solo me quitan a quien más he amado, si no que me quitan toda posibilidad de amar en mi vida. Jamás volveré a sentir esto por otra persona.- hablaba mientras permanecía abrazado a su maestra.

-Dices eso por qué éstas dolido. Deja que pase y verás cómo de nuevo el amor entrara en tu vida. Ahora que, si te cierras y conviertes tu corazón en una roca, seguramente no solo no volverás a amar, sino que eventualmente dejarás de serle útil a Atenea, ella que es todo amor, no creo que pudiera necesitar alguien incapaz de amar.-

Seiya intentaba controlarse, como siempre su maestra tenía las palabras correctas para él, suspiro hondo y se levantó del lugar, Marin también lo hizo.

-Será mejor que me vaya, gracias por todo.-

-Sabes bien que puedes contar conmigo, es más por qué no te alejas un poco de ella y te quedas en mi casa, puedo pedirle a Shaina hospede a June.-

Seiya la miro un poco extrañado, si bien, Shaina era la última persona de quien quería hablar, lo cierto es que le sorprendió encontrarla allí. -¿Desde cuándo Shaina y tu son amigas?-

-Cuando ella y Aoiria regresaron de Oriente, digamos que limamos asperezas. Qué dices ¿te quedas unos días conmigo? -

El caballero sonrió –Aunque no lo creas, a veces extraño los días aquí. Pero no quiero ver a Shaina.-

-¿Por qué no?- Marin arrugó el ceño

-Saori cree que ahora que nos estamos juntos, yo iré tras ella.- sonrió amargamente.

Marin puso una mano sobre la espalda del caballero –Sabes bien lo que Shaina siente por ti y ella no es culpable de lo que haya ocurrido con Saori, no creo que se merezca esa frialdad de tu parte, más cuando ha dejado claro de lo que es capaz por amor. Lo que tú necesitas es tiempo, ya verás como todo se va acomodando-

Seiya sonrió con pesar y se despidió de su maestra.