Aún era muy temprano cuando Marin se encontraba en la casa de Shaina, el mensaje que le había dado lo ameritaba, la peliverde por su parte la miraba desconcertada y solo atinó cuestionar a su visita.
-¿Ella dijo que quería verme..?-
-Sí, vamos, no creo que sea prudente hacerla esperar-
-Pero… ¿Para qué quiere verme?-
-¿En verdad crees que Saori me diría de qué quiere hablar contigo?- Marin empezaba a desesperarse –Anda rápido, alístate-
Shaina se levantó de su lugar y siguió a Marin, ambas caminaban en silencio, estaban tensas por lo que podría ocurrir durante y después de esa reunión.
La amazona del Águila, sintiendo que era su deber alertar a su amiga, fue la primera en hablar: -¿Sabes lo que le ocurrió a Faetón?-
-¿Faetón?... No, ¿Qué le paso?-
-Como sanción a todas las tropelías que cometió al mando de la guardia del Santuario, Saori lo envió de nuevo a su lugar de entrenamiento, le retiro su armadura hasta que demuestre que es nuevamente digno de ella- Dijo Marin con mucho tacto, cuidando la reacción que su compañera pudiera tener.
-¿Qué hizo que…?- Shaina se puso lívida y detuvo sus pasos, deteniendo con su brazo a la pelirroja, poniéndose frente a ella -¿Crees que para eso quiera verme? ¿Para castigarme?- Su voz se entrecortaba.
-No lo sé, en verdad, que no lo sé. Si te lo digo es solo para prevenirte y pedirte qué por favor, actúes como una amazona ante ella, muéstrate leal, obediente, que vea que eres de fiar, no una enemiga- La voz de la amazona sonaba como súplica.
-Pero… sí ella quiere castigarme, si ella me quita mi armadura… me muero Marin, te juro que me muero, yo…-Shaina entro en pánico ante el escenario.
Marin la tomó de los hombros –Tienes que tranquilizarte, si te prevengo no es para que te alteres, si no para que no cometas alguna estupidez. Anda, ya no podemos retrasarnos, ella ya debe estar esperándote- Dijo casi con frialdad, pero su objetivo era que Shaina no se dejara dominar por el temor y cometiera alguna tontería.
Ambas continuaron su camino en silencio hasta llegar a las escalinatas que conducían a la estancia que antes era ocupada por el Gran Patriarca. Marín se despidió de la amazona tratando de sonar tranquila.
Shaina empezó a subir esas escaleras, recordó la vez que estuvo allí con Seiya, cómo éste le había sonreído después de prometerle que no moriría a manos de Saga, y sonrió ante el recuerdo. Pronto se vio a unos pasos de aquellas puertas que alguna vez cruzó corriendo para no ser atrapada por Milo, antes de que el Patriarca aceptara a entrenarla, se detuvo un momento para suspirar profundo, ¿Cuánto había cambiado su vida desde entonces? Se frotó las manos nerviosa, su vida podría volver a cambiar al salir de esa habitación y eso la entristeció, decidió recargarse sobre un muro antes de entrar, recordaba los consejos de Marin: "…Se prudente, obediente, muéstrate leal…" No sabía que esa tristeza se convertiría en rabia al ver lo que se encontraría dentro de esa habitación.
Minutos antes de su llegada, Seiya había entrado a la estancia de Saori, la encontró inquieta, él no sabía de la orden para ver a Shaina; así que cuando entró, Saori se puso de pie, lo último que ella quería era un encuentro entre los tres, así que trató de despachar rápido a la inoportuna visita.
-Seiya ¿Qué haces aquí?- Dijo aparentando calma.
-¿No sabía que el hecho de terminar, significaba que no seamos amigos? No te he visto en días.- El castaño respondió lamentándose.
-No digas eso, sabes bien lo mucho que significas para mí- Se mordió los labios al recordar su deber de Diosa y corrigió –Lo mucho que el caballero del Pegaso significa para Atenea.-
Seiya solo sonrió y sin importarle su deber, se acercó para abrazarla con fuerza.
-Sabes bien que no debemos… que no es correcto…-fueron las palabras de Saori para resistirse al abrazo.
-Antes no te molestaba que lo hiciera- Susurró el castaño en el oído de su diosa, desvaneciendo así cualquier tipo de resistencia en su amada.
Sí, ella sabía que esa conducta era inapropiada, pero decidió dejarse llevar, al menos una última vez por ese amor que aún sentía, recordó con pesar, las ocasiones cuando aun siendo novios, Seiya le había pedido más que un beso o había buscado más que una caricia y ella siempre se negó. Ahora estando en brazos de ese hombre al que no podía amar, se preguntaba qué tan acertado habría sido negarse a esas peticiones.
Ella cerró sus ojos y no opuso resistencia cuando sintió los labios de Seiya, se besaron con una pasión contenida, se abrazaron con más fuerza y deseo, pero ambos se separaron violentamente al escuchar ruidos provenientes de la puerta, era Shaina que entró después de haber tocado y al no recibir respuesta consideró prudente entrar para no hacer esperar más a Saori.
Los dos amantes, al verse descubiertos se separaron inmediatamente, Saori cerró sus ojos "maldita sea" pensó y vio con desdén a Seiya, quien solo se ruborizó y agachó la cabeza ante la mirada de su diosa. Shaina, por su parte se mantuvo inmóvil por unos segundos, el encontrarlos besándose, le pareció una broma cruel por parte de su Diosa, sintió celos, como nunca antes los había sentido y la ira la dominó, pero recordando también con suma impotencia, qué su futuro como caballero dependía de esa mujer, no dijo ni hizo nada de lo que pasó por su mente para saciar su rabia; se disculpó, cerró la puerta y salió corriendo de allí, sintiéndose humillada.
-¡Demonios, esto era lo último que debía pasar!- Saori exclamó furiosa llevándose las manos a la cabeza.
-¿Qué hacía ella aquí?- cuestionó Seiya.
-Yo le pedí que viniera, quería poner en claro las cosas con ella. Por supuesto que ahora será mucho más difícil y todo por tu culpa- la Diosa aventó con enojo al caballero de Pegaso- ¿Por qué demonios tenías que besarme?-
Seiya estaba sorprendido de la reacción de Saori -… Perdón, no pensé que…-
-¡Ese es el problema! ¡no piensas!- lo interrumpió ella –Siempre eres tan impulsivo- Su enojo era evidente en su voz y en los manoteos que hacía al aire mientras hablaba y caminaba por la habitación, hasta que de repente, paro en seco y se puso frente a Seiya –Esto debe terminar aquí, en verdad te lo digo, si vuelves a buscarme con esa intención, te expulsaré del Santuario. Ahora ve tras ella y dile que quiero hablarle- Su voz tenía un tono de autoridad nunca antes usado, y el caballero de Pegaso no sabía que le había dolido más, si ese tono o la amenaza de expulsión, lo que hizo que él también se enfadara, pero no quiso discutir y obedeció a su diosa haciendo una reverencia exagerada y salió de la habitación.
Seiya corrió sintiendo el enojo crecer en él, no tardó en alcanzar a Shaina justo en las escalinatas después de la casa de Piscis, él la llamó, ella lo ignoró y siguió corriendo, hasta que por fin la alcanzó y la tomó de un brazo para detenerla, ella al sentir el agarre se soltó con violencia.
-Saori quiere hablarte- dijo él secamente.
-¿Ya terminó Atenea de cumplir con sus difíciles deberes? No quiero volver a interrumpir- contesto con desdén e ironía la amazona.
Seiya se molestó aún más y la tomó de los hombros –¡No hables así de ella!-
-¡Suéltame imbécil!- gritó ella zafándose –Yo habló como se me da la gana, de ella y de quien sea- y adoptó una postura de combate.
Seiya sintió su sangre hervir y pensó en darle gusto a la amazona con la pelea, cuando fueron interrumpidos por Marin, quien a lo lejos los vio y llegó corriendo a ellos, temiendo que había ocurrido lo peor para la peliverde.
-¿Qué demonios les pasa?- interrumpió la amazona del Águila interponiéndose entre los dos y refiriéndose a Ofiuco, le pregunto con preocupación -¿Qué pasó con Atenea?-
Shaina respiró hondo, aunque la ira era demasiada y quería dañar al hombre frente a ella, no quiso decirle a Marin lo que había visto –Nada, aun no la he visto-
-¿Y qué esperas entonces? Anda ve- Contesto Marín apurándola.
Shaina no dijo nada, y aun con el odio recorriendo su cuerpo, dio la media vuelta y dirigió sus pasos hacia donde Saori la esperaba, tocó la puerta nuevamente, esta vez más fuerte y escucho cuando Atenea le pidió que pasara. La encontró sentada mirando hacia su estatua, Shaina permaneció de pie y en silencio, no hizo reverencia, pasaron unos segundos hasta que Saori volteo a verla.
-Toma asiento por favor- Su voz era una mezcla de nerviosismo y enojo.
-Prefiero permanecer de pie.-
Saori la miro fijamente –¡Cómo gustes!- y volvió la vista hacia su estatua, pedía tener la paciencia necesaria –Lamento que hayas visto eso-
-No creo que lo haya lamentado más que Usted- Contestó la amazona con ironía.
Saori se puso de pie, evidentemente molesta -¿Qué quieres decir con eso?
-Lo que escuchó: que es más probable que Usted y Seiya lamenten el que yo los haya interrumpido-
-No pienso tolerar tu altanería, ya he pasado en ocasiones anteriores tus faltas de respeto y es momento de poner un límite- Dijo la diosa con firmeza, encarando a su interlocutora.
Shaina recordó las palabras de Marin, su futuro como caballero dependían de esta mujer, así que apretó sus puños y con todo el dolor de su alma decidió doblegarse ante ella. –Así que me citó para darme mi merecido- contestó viéndola de frente.
-Aunque creo que te hace falta una lección- Contestó Saori dándole la espalda, su tono de voz se había suavizado -Te equivocas, el motivo de hablar contigo es poner las cosas en claro- y volvió a verla de frente y trato de sonreírle –Sé lo que sientes por Seiya y eso ha creado una enemistad entre nosotras que no debe existir, eres un caballero de esta orden y nuestro deber mutuo es protegernos y respetarnos, cumplir con nuestros roles como Diosa y amazona-
Shaina estaba desconcertada, de todos los escenarios que imagino, el de Saori pidiéndole hacer las paces, no lo visualizó, mucho menos después de lo que vio, no quería hablar, pero ante el silencio guardado por su diosa, sabía que ella esperaba una respuesta.
-¿Protegernos y respetarnos? Yo soy la amazona y Usted la diosa, ¿Puedo esperar yo lo mismo de su parte?- replicó Shaina sin dejar de lado la ironía.
Saori respiró hondo pidiéndose paciencia –Si quieres continuar con esa postura, adelante, tú eres la única que perderás; después de todo lo dijiste bien: la Diosa soy yo y tú la amazona.- Saori habló con autoridad en su voz que luego fue suavizando mientras encendía su cosmos y trató de mostrarle la bondad que él mismo desplegaba –Sé de tu valía como guerrera, de tu lealtad para con tus amigos, Marin y Milo me han hablado de ello. Yo solo quiero que cumplamos con nuestras obligaciones-
Ante esas muestras, Shaina no supo cómo reaccionar, le dolió reconocer que esa mujer merecía ser Atenea y por ese simple hecho merecía su respeto, así que asintió con la cabeza mientras le dijo: Cuente con ello.
Saori reaccionó con una sonrisa, se obligaba así misma a no ver a la amazona como una rival -¡Perfecto! Ahora quiero pedirte un favor; hay una aldea, no muy lejos de aquí que es sometida por un caballero que se ha dedicado a gobernar con tiranía a dicha aldea, dicho caballero sé niega a reconocerme como Atenea, se también qué en el pasado, los pobladores solicitaron la protección del Santuario y les fue negada de la forma más cruel. Una vez más han pedido esa protección y pienso apoyarlos, para eso necesito que vayas a y me ayudes derrotando a dicho caballero y restablezcas la paz en ese lugar-
Shaina escuchó con desconfianza, ¿era en verdad una misión o un castigo disfrazado? De cualquier forma, no podía negarse ante la petición –Por supuesto, dígame donde es y partiré enseguida-
-Shaka te dará los detalles mañana temprano. Puedes irte-
Ofiuco no contestó, solo se preparó para alistarse cuando escucho la voz de Saori llamándola nuevamente.
-Shaina… por favor, no le digas a nadie lo que viste hoy. Eso no me afectaría solo a mí, sino también a Seiya- la voz de Saori había cambiado por una súplica mientras la veía fijamente.
-No tiene que pedirlo, jamás provocaría la deshonra de una mujer- contestó secamente y después salió de la habitación.
Una vez fuera, respiró hondo, no solo tenía mucho que asimilar de ese encuentro, sino que también debía prepararse para su misión, la que veía con alivió ya que serían días fuera del Santuario y lejos de Seiya, porque después de lo ocurrido esa mañana, lo mejor sería poner tierra de por medio, acabando así con cualquier esperanza de que él pudiere corresponderle.
A la mañana siguiente, cuando Shaina escuchó que llamaban a su puerta, llevaba ya varias horas despierta dando vueltas en su cama, no había podido quitarse la imagen de Seiya y Saori besándose, la cabeza le dolía y francamente estaba de malas. Su intención era no atender a quien fuera que estuviera llamándola, así que solo se envolvió nuevamente en sus sábanas, pero la insistencia de su visitante, hizo que se levantara, se puso su máscara y abrió decidida a maltratar a ese ser que no dejaba de molestarla.
Al momento de ver quien la buscaba, recordó de golpe que tenía una misión que realizar y eso aumentó su enfado, no había preparado nada para su partida. La persona que la llamaba era un sirviente de Shaka, quien le anunció que el dorado la esperaba en su templo.
Shaina se alistó y asistió a la casa de Virgo sin demora, pero se sorprendió al ver allí a Milo, Aldebarán y a Seiya, que se veía igual de asombrado que ella.
-¡Llegas tarde!- Fue el saludo con que la recibió Shaka, mostrando ese tono de autoridad que indicaba enfado, él estaba en su postura habitual de meditación, mientras que los otros dorados estaban uno a cada lado, mientras que Seiya estaba frente a ellos, de modo que Shaina tuvo que quedarse a un lado del caballero de bronce, pero tomando suficiente distancia.
Shaina no sabía cómo actuar frente a Seiya, un cúmulo de emociones la invadían desde el enojo hasta la desesperación, así que optó por aparentar cinismo, se cruzó de brazos, levantó su cara y habló: ¿Me llamaron para tomar nota de mi puntualidad o tienen algo importante qué decirme?
Milo, la vio fijamente indicándole que estaba siendo imprudente, pero la amazona decidió ignorarlo.
Shaka respiró tratando de mantener la calma –Como ya lo sabes, Atenea te ha encomendado una misión: tú y Seiya irán a Eleusis; los líderes de la aldea, han solicitado la ayuda del Santuario para librarse de un enemigo. Atenea asintió y confía en ustedes para que puedan restablecer la paz en ese lugar-
La amazona y el caballero de bronce escucharon atónitos la orden que recibían, Seiya estaba boquiabierto, tratando de adivinar los motivos de Saori para enviarlo con Shaina a una misión; mientras que ésta última se puso rígida y apretó fuerte los puños, era evidente su incomodidad.
Los dorados sabían que esa orden causaría malestar en ambos, pero adivinaron que la primera en reaccionar sería la amazona, así que la mirada de los tres recaía sobre ella, quien después de algunos segundos dijo -Yo sola puedo cumplir la misión, no necesito de nadie-
-La orden de Atenea es que vayan ambos- Contestó Shaka secamente.
-Pero yo puedo hacerlo sola y ustedes lo saben- La frustración se apoderaba de la guerrera.
-Atenea ha sido clara en su orden, irán ambos- volvió a contestar Aldebarán mientras se cruzaba de brazos mostrando el desagrado que sentía por Shaina.
-Entonces, quiero hablar con ella- insistió una vez más la amazona, levantando la voz.
-Shaina, entiende, es una orden- Fue ahora Milo quien le contestó de manera paciente, con la mirada le rogaba que parara.
-¡Ya entendí que es una orden! pero aun así quiero hablar con ella-
-¡Con un demonio Shaina, entiende que es una orden de nuestra Diosa! ¡y tú no eres nadie, siquiera para cuestionarla!- La insistencia de la amazona provocó el enojo del caballero de Tauro.
-¿Y ustedes quién demonios se creen, para no dejarme hablar con ella?- La amazona contestó en el mismo tono violento que el dorado y dio un paso hacia ellos, retándolos.
Aldebarán también caminó hacia ella, pensaba en sacarla a empujones de la casa, pero Milo se interpuso entre ambos, tomó a Shaina por los hombros y con voz baja le habló -Shaina por favor, no compliques las cosas, no estás en una posición favorable como para que te atrevas a hablarnos así o a cuestionar las órdenes de nuestra Diosa-.
Shaina se sitió un poco avergonzada ante su amigo, sabía que tenía razón y el enojo dio lugar a la impotencia y frustración –¡No estoy cuestionando sus órdenes!- vio de reojo a Seiya y el enojo volvió a dominarla –¡A quienes cuestiono es a Ustedes…!- decía mientras se soltaba de su amigo, señalando con su dedo a Aldebarán –que se creen superiores como para darme órdenes y limitarme a hablar con Atenea- Termino su frase gritando viendo fijamente al dorado de Tauro.
Éste se acercó más a ella vociferando –Por supuesto que somos superiores, nosotros somos…–
-¿Qué?.. ¿Qué son?- lo interrumpió la amazona perdiendo totalmente los estribos, mientras Milo la sostenía fuertemente de un brazo impidiendo que se acercará más a Aldebarán –El único que es superior a los 88 caballeros de la orden de Atenea es el Gran Patriarca y hasta donde sé ninguno de ustedes ha sido nombrado como tal-
Shaka se levantó de su asiento, haciendo que todos lo mirasen, había sido demasiado paciente con Ofiuco, se disponía a hablar cuando fue interrumpido por ella.
-¡No!- dijo Shaina tajante y poniendo su mano en señal de alto –Ya no quiero escucharlos ¡Vayanse al diablo los tres!- se soltó de Milo y salió tan pronto como pudo de ese lugar.
Ante esa escena, Seiya estaba en completo silencio, no sabía cómo reaccionar ante ello, aunque a él también, la actitud de la amazona lo había colmado, jamás imaginó que la guerrera tuviera ese temple de enfrentar a tres caballeros dorados.
Milo salió tras ella, la encontró cerca de unas ruinas, sin máscara y llorando, con sus manos tapaba su rostro; cuando ella lo vio, dejó atrás todo el enojo, sabía que se había extralimitado y ahora recibiría su castigo de manos de su amigo.
-¿Qué diablos fue eso? Te comportaste como una idiota, como si eso fuera lo que necesitarás en este momento- A pesar del disgusto que sentía habló de manera calmada.
-Me molesta que me traten como si fuera inferior a ellos- respondió aun con voz baja pero firme, mientras se ponía la máscara –Si bien, no tengo una armadura dorada, si soy líder de una legión y conseguí mi armadura en menos tiempo que cualquiera de ustedes y estoy segura de que si la constelación de Ofiuco ocupara su lugar como la treceava en la orden de los dorados, yo portaría esa armadura- Su voz y su postura seguían exaltadas, le dio la espalda a Milo mientras se abrazaba así misma.
Milo solo movió la cabeza –Lo peor de todo es que te crees la más digna y eres la única que esta con un pie fuera del Santuario y debido a tu manera tan impulsiva de ser, crees que todo el mundo te ataca, que siempre debes estar a la defensiva, no tienes idea de cuánto te odio cuando te comportas así. Lo que hoy hiciste es imperdonable; en estos momentos, Aldebarán y Shaka le deberán estar reportando a Saori tu escenita ¿y qué vas a ganar? Todo por querer tener la audacia de gritar por dos minutos. Lo peor es que no sé si tendré argumentos o ganas de defenderte- el dorado hablaba con decepción en su voz.
Cuando la peliverde escucho las últimas palabras de Milo volteó rápidamente –¡No digas eso por favor! Es que últimamente me siento perdida ante todo esto, te juro que… cuando se trata de Saori o de Seiya, no sé qué me pasa, solo quiero desaparecer, que todo fuera como antes. No fue mi intención ofenderte, pero llegó un momento en el que ya no pude parar. Dime ¿Por qué demonios quiere enviarme con Seiya? ¿Qué pretende esa mujer?- su voz era más calmada y se acercó a su amigo por consuelo.
Milo la abrazó y guardaron silencio; el caballero dorado se separó un poco de la amazona y sin dejar de abrazarla, le quito la máscara; levantó con su mano el mentón de la guerrera y le dijo: Prométeme que irás y cumplirás tu misión sin que ese horrible ego te gane-
Shaina lo vio con algo de desdén –Ésta bien, lo haré-
-Muy bien, hazme sentir orgulloso- dijo con una sonrisa y le despidió con el acostumbrado beso en la frente.
Shaina tomó camino hacia su casa donde Marin y June la esperaban, al verlas dejó caer sus hombros, no quería ver a nadie ya, pero sabía que sería imposible despachar a esas dos, así que se preparó mentalmente, pero antes de poder decir algo, Marín se le anticipó con voz de preocupación: -Seiya nos ha platicado todo-
Shaina se sentó en el pórtico de su casa, quedando en medio de las amazonas y suspiró al responder con un aire de desánimo en su voz –Si ya lo saben, ¿Qué más quieren de mí?-
-¿Saber porque hiciste eso? y convencerte de que vayas a esa misión, si no lo haces, tu futuro como amazona ésta en riesgo- Anticipó June alarmada.
-Si lo haré. No le daré el gusto a nadie de que me castiguen; y ¿por qué lo hice? Porque ningún idiota, así sea un caballero dorado, tiene el derecho a humillarme. Ahora si me disculpan, sabrán que tengo que prepararme para el viaje- al decir eso, se levantó de su lugar y abrió la puerta, cuando fue sorprendida con un June abrazándola, Shaina no supo cómo reaccionar y miró hacia Marin como preguntándole que hacer.
-Estarás bien- dijo la rubia mientras soltaba el abrazo.
-Lo sé- dijo Shaina tratando de sonar convincente.
-Me refiero a Seiya- insistió June.
Shaina agachó la cabeza por un instante y sonrió –Gracias- para después meterse a su hogar.
Decidió darse una ducha y se sentó en el suelo permitiendo que el agua le cayera encima, pensaba qué hacer, cómo actuar, qué decir ante ese hombre a quien amaba y era evidente que él la odiaba; se preguntaba por qué de todos los hombres del santuario, tuvo que enamorarse de él; y no era culpa de la Ley de la máscara, esa fue su excusa al no poder, o no querer, explicar el origen de sus sentimientos; pudo haberse enamorado de cualquier otro ¡habiendo tantos hombres! y ahí sonrió, al enumerar a los pocos hombres de su vida, sí bien, ella conocía a todos los caballeros del santuario, con ninguno de ellos había profundizado siquiera una amistad, así que en su corta lista estaban Milo y Cassios; el primero era su mejor amigo, su confidente y aunque por momentos existieron coqueteos de ambos, se dieron cuenta que un paso en falso en esa dirección habría arruinado su amistad y al último; siempre lo vio cómo su discípulo y la herida de su muerte regresó a lastimarla, sus ojos se llenaron de lágrimas y decidió dejar de pensar en eso; salió de la ducha y preparó lo que creyó necesitar en su viaje y se tumbó en la cama esperando que llegara la mañana para partir.
