"La cama-libro"
*dedicado a un poni muy especial
Gracias a que Archiver retenido en su casa por un resfrío y una madre cuidadora, y que la directora se hallaba en una reunión, aquel fue "día de chicas" en la Biblioteca, especialmente en el despacho de las bibliotecarias, dado que llovía torrencialmente y no andaban ni los fantasmas. Entonces Catal Fast y Sweet Prose pudieron conversar de temas que nunca solían mencionar delante de Archiver, ya fuera porque se trataban de él o porque simplemente eran temas muy personales. Después de todo, ellas se conocían desde potrancas, y además de compartir departamento habían cursado la carrera universitaria de Bibliotecología juntas, aunque a Catal le había costado un poco más graduarse, y no se hubieran graduado al mismo tiempo de no ser por la ayuda extra que Prose le había dado, quedándose hasta muy tarde en la noche para ayudarla con los exámenes finales. De esta manera, se habían hecho muy cercanas, casi como hermanas, y por eso compartían algunas anécdotas muy personales. Por lo general hacían un buen dúo, y se movían entre los escritorios, los estantes, los archiveros y las carpetas de su salón con total soltura, y también había momentos en los que cada una se inmiscuía tanto en su trabajo que todo quedaba en silencio.
Sólo existía una pequeña diferencia entre ambas...
–Uff, estas sillas se vuelven incómodas luego de pasarse dos horas sentada… – se quejó Catal, parándose para estirar un poco los cascos y masajearse los flancos – Me vendrían bien unos masajes de flancos como sólo Pepper sabe hacer. ¿No sientes los flancos endurecidos también?
El escritorio de la poni catalogadora se encontraba atiborrado como siempre, donde era increíble que aún pudiera caber una taza de café sin azúcar y un platillo con bizcochos, entre los tomos de la normativa de catalogación, libros para catalogar, varias fichas de 12x7 en blanco, papeles varios, la regla, la máquina de escribir, y el desparramo en que siempre terminaban las cosas de su bolso. Mientras que por el contrario, el escritorio de Sweet Prose estaba impoluto y ordenado, con todos sus materiales de trabajo allí pero cuidadosamente distribuidos. Daban un amplio contraste, en el que el escritorio que ocupaba Archiver, justo en medio de la fila de escritorios, se podía considerar el término medio. "¡Henos!" había mascullado Catal Fast cuando, aprovechando la ausencia del dueño de la silla, se había sentado en ella a dar vueltas, "¡si hasta su asiento huele a solterón añejo!". Prose intentó contener la risa pero al final no pudo, porque realmente estaba impregnado en la silla el olor de la loción de Archiver, que recordaba al trigo viejo. "La única forma de que purifiquen esta silla es quemándola" comentó Catal, y ambas ponis se desternillaron de risa.
Por otro lado estaba la oficina de Bureau Spokesmare, la directora, más hacia el fondo, entre el baño y las escaleras que conducían a los depósitos del subsuelo. Pero ese era territorio prohibido, pues la puerta, en ausencia de la directora, permanecía siempre bajo llave.
–Pues… sí, un poco – admitió Sweet, levantándose a su vez.
–Yo creo que el problema de mis flancos es que son muy huesudos, por eso me acalambro enseguida, en cambio tus flancos se ven más acolchonados. De hecho, Pepper me comentó una vez que tienes flancos muy carnosos.
Las mejillas de la unicornio pasaron del blanco al rojo en unos segundos. Sweet siempre había sido más rolliza que su amiga, y esos kilitos de más la venían acomplejando desde niña. Una ventaja era que sus flancos se mantenían redonditos y llamaban la atención, aunque ella no los consideraba parte de su atractivo. Por otra parte, Pepper era un unicornio de trabajo nómade con quien Catal tenía algo así como una relación.
–¿No deberían molestarte esos comentarios? – preguntó Prose, apenada – Digo, él debería valorarte más…
–Oh, claro que lo hace – contestó Catal, quitándole importancia al asunto con un gesto –, eso fue cuando vino por primera vez aquí. No lo culpo, probablemente si nosotros no nos hubiéramos conocido, Pepper te habría elegido a ti.
Sweet Prose seguía sonrojada, pues era una poni modesta y de bajo perfil.
–No te preocupes, Prose. Él y yo tenemos una relación flexible, somos dos ponis que matan su soledad juntos, pero tenemos un pacto de no represalias si aparece alguien más.
–¿Pero tú tomarías a bien que Pepper empezara a coquetearme?
–Quizá un poco, pero hey, yo te conozco, Sweet. – Catal Fast se acercó a ella y puso un casco en su hombro – No eres una amiga desleal, sé que no intentarás quitármelo porque se te antoja. No eres esa clase de ponis. Si Pepper se cansa de mí un día y se fija en ti, yo no tendría problema, él puede ser tu dulce mandarina mientras encuentras a tu naranja ideal.
–Eh… nunca fui muy fan de las mandarinas...
–Y sé lo que piensas, porque tú eres muy correcta y todo eso. Si algún día ocurre lo que te digo, no pierdas oportunidad de deschavarle el damasco, porque Pepper es muy buen amante.
¿"Deschavar el damasco"? Esta poni se inventa metáforas cada vez más raras… pero al fin y al cabo, Sweet Prose sabía a lo que ella se refería. Catal Fast era así: despreocupada y coleccionista de amores. Sus relaciones no solían trascender, algo salía mal y entonces ahí estaba ella de nuevo, soltera, pero no le preocupaba demasiado, además de que tenía facilidad para superar decepciones emocionales. Lo de Pepper, no obstante, llevaba ya cierto tiempo, superando la barrera de los trece meses, récord de su noviazgo más largo. Quizá fuera porque Pepper trabajaba viajando por toda Equestria, era un corcel de mundo y poseía un amplio repertorio de anécdotas y traía recuerdos y chucherías de todos lados, algo que a Catal le fascinaba. De hecho, en su casa guardaba un montón de regalos de noviazgos fallidos. La cuestión era que la distancia los hacía desearse más en cada encuentro.
–Oh, a propósito de eso: es muy excelente amante, porque sabe darle forma a tus fantasías.
–¿En serio? – por lo general, Sweet Prose era una poni muy reservada y tímida, y quería mantenerse alejada de lo que tuviera que ver con cosas íntimas, pero en el fondo no podía evitar pensar en eso. Al menos no con Catal, pues no lograba mantener a raya su curiosidad.
Catal Fast se paró delante de su compañera y la miró seria y fijamente,. para después preguntar:
–Dime, de bibliotecaria a bibliotecaria, ¿alguna vez no has tenido una fantasía especial relacionada con los libros?
–La verdad… no – contestó Prose, algo incómoda y tomada por sorpresa – Nunca vi a los libros como un objeto de placer. Además… ¿eso no los arruinaría? – repuso, mirando hacia la pila de tomos que tenía que reubicar en los estantes. Eran libros de tapas gruesas, lomos pronunciados, y nada blandos como para formar un colchón o intentar otra cosa.
–Bueno, te arruinan un poco la espalda, eso sí, pero hay que saber aprovechar el tamaño y la calidad. Intenté algo parecido cuando estábamos en tercer año de Bibliotecología, y no salió bien – contó Catal, rememorando uno de los momentos que guardaba en la sección "cosas que mejor olvidar pero no estuvieron tan mal".
–Intentas cosas muy raras, Catal… – Sweet prefería no indagar sobre las locuras de su compañera.
–Si tienes algo de creatividad, todo es posible. Pero como te venía diciendo, hace un tiempo Pepper me preguntó si yo tenía alguna fantasía con libros, porque tenía preparada una sorpresa. Te imaginarás mi emoción, ¿no? La cosa es que el fin de semana estuvo en la ciudad y me llevó a su departamento, porque así nos manejamos: una vez en mi casa, una vez en la suya. ¡Y no te vas a creer lo que tenía nuevecito en su habitación!
–¿Un libro con forma de pastel pero lleno de afrodisíacos?
La idea de Sweet hizo reír a Catal, tanto que tardó un rato para calmarse y seguir con el relato.
–Pero de dónde sacas esas cosas, amiga, jajajajaja. Eso suena como algo que Archiver intentaría jajajaja.
–Ya, bueno, yo no sé de esos temas…
–Oye, no, era algo mucho más increíble: ¡una cama-libro! – a partir de este punto, la poni terrestre se puso eufórica, como si estuviera comunicando el descubrimiento más colosal del mundo. Sus ojos se iluminaron y a partir de allí su cuerpo entró en estado de éxtasis.
–¿Una cama-libro?
–¡Una cama-libro! ¡UNA JODIDA CAMA LIBRO, O LIBRO CAMA!
–Wow, sí parece que te gustó…
Catal abrazó un tomo de la Enciclopedia Ecuestriana, necesitaba algo entre los cascos para rememorar la experiencia que había tenido.
–¡Me fascinó, Prose! Casi me casaría con Pepper sólo por la posibilidad de quedarme con esa cama, es lo mejor que ha sacado de su cabeza, no sé cómo lo hace. Verás, es un sommier con un colchón dividido en dos, que tiene un sistema para hacer que se cierre, ¡como un libro! Pero no se cierra del todo, sino que te deja cierto espacio para moverte dentro y para no asfixiarte. ¡Y las sábanas son como hojas de papel con estampados de palabras en distintos idiomas!
–Suena cómodo… y abrigado también. – dijo Sweet, que estaba anonada ante la idea de que alguien pudiera convertir una cama en un libro.
–¡Oh, es mucho más que cómodo y abrigado! ¿Puedes creerlo? Todo estaba perfumado e impecable, listo para estrenarse, y soy la primera poni en la historia que escribe con su cuerpo sobre un libro, aunque esté hecho cama.
–Aunque si las páginas ya estaban escritas, eso no contaría como "escribir"...
–Y eso no es todo, – prosiguió Catal, recorriendo con sus cascos delanteros desde la orejas hasta sus cuartos traseros – mi cuerpo quedó también escrito, y bueno, el de Pepper también, jejeje. ¡Hasta la punta de los cascos!
–¿Cómo es eso?
–No me acuerdo exactamente lo que me explicó, pero sé que le agregó a las sábanas una propiedad especial: en contacto con el sudor, hace que se te impregnen las palabras en el pelaje... ¡Pepper y yo terminamos convertidos en poemas vivientes! La tinta sale con agua pero sigue siendo fascinante. Además, él lo tiene muy claro, no se le escapó ningún detalle – y entonces Catal comenzó a enumerar algunas de las habilidades de su amante, con esa pasión que era tan característica en ella. Y así y todo, sabía manejar lenguajes documentales fríos y exactos como ecuaciones matemáticas, colocando a cada libro la oblea con el número preciso de catalogación, lo que facilitaba encontrarlo en su respectiva sección a través del catálogo.
"Ok, Archiver puede considerarse afortunado de haber faltado hoy al trabajo" pensó la unicornio blanca, intentando alejar las imágenes que se formaban en su mente a raíz de lo que escuchaba decir a su amiga. La idea de una cama con forma de libro, con esas propiedades especiales, sin duda le ganaba a cualquier libro sobre erotismo convencional, especialmente si la sabían aprovechar. Aunque Prose creía que debía sentirse más como estar en medio de un sandwich y que en realidad no debía permitir mucha movilidad, al menos según la idea que ella tenía de hacer el amor.
Para no pensar más en eso, salió del despacho para ver si no había venido nadie a la biblioteca, preocupada de que algún usuario hubiera podido escuchar la perorata de Catal, que se había tendido en el suelo, suspirando placenteramente. No era lo más adecuado oír a las bibliotecarias hablar de esas cosas, pues perderían toda la seriedad y probablemente ganarían un sermón de la directora de la biblioteca, si se enterara.
Cuando entró de nuevo al despacho, Catal Fast se había tranquilizado, y se zampaba uno de los bizcochos con su característica cara de satisfacción. La comida también era un elemento erógeno para ella, y siempre se aseguraba de que hubiera algo comestible para el antes y el después.
–Por suerte no hay nadie allá afuera – comentó Prose – no sé con qué cara habría podido mirar a alguien que haya estado escuchando nuestra conversación.
–Oye, Prose, somos yeguas con necesidades al igual que cualquiera. No somos de piedra.
–Lo sé, lo sé, pero este no es lugar para charlar de esas necesidades.
–Como sea… es para que nos envidien, jaja. Para que no se piensen que somos ancianas solteronas aburridas que se pasan la tarde leyendo los libros o callando a todo el mundo en la sala de lectura. La cuestión es, que si no llegas a encontrar a un semental que tenga una de esas camas, definitivamente te doy permiso para que lo hagas con Pepper allí, o si encuentras candidato, puedo convencerlo de que te la preste – dijo Catal Fast, guiñándole un ojo. – Y no te preocupes, las sábanas son lavables.
Sweet Prose no pudo evitar sonrojarse por enésima vez, y no agregó más nada.
–En conclusión, amiga mía, – Catal se paró y dijo con voz solemne – yo declaro que todo amante de bibliotecaria que se precie, debería tener una cama-libro, lo demás es accesorio. HE DICHO. – finalizó dando un golpe seco en su escritorio.
–¿Y si el amante es el bibliotecario?
Tomada por sorpresa con la pregunta, Catal Fast se quedó callada.
–¿Te imaginas a Archiver con una de esas camas? – repuso finalmente la poni terrestre.
–Hmm… no lo sé, él está más orientado a la Archivística. Supongo que él debería tener una cama-archivero.
Las dos intercambiaron miradas serias, y luego estallaron en una sonora carcajada.
-.-.-
Notas
Creo que con esto ya les di ideas para fanfics lemmon, pero lo que los lectores piensen ya no es mi responsabilidad.
A los colegas bibliotecarios que puedan leer esto de casualidad, ¿les parecería interesante una cama-libro?
