La Donación

–¿Y qué quería Subtle Gossip al final? – preguntó Catal ni bien vio entrar a sus colegas. Sus caras de desconcierto le llamaron la atención – ¿Solamente hacerles perder su tiempo?

–Quería saber si teníamos un libro llamado "La Supernova del Crepúsculo" – contestó Sweet, quien fue a su escritorio para buscar el estuche de los anteojos y sacar de allí la franela para limpiarlos.

–¿La super qué?

–"La Supernova del Crepúsculo", publicado por un poni llamado Ghost Letter – repitió Archiver – No tenemos ni idea de qué clase de libro sea, pero según Subtle involucra a "ponis importantes", lo que tampoco especifica mucho. Además, supuestamente no se consigue en ninguna librería, por eso él vino aquí...

–Es lo que yo decía, les hizo perder el tiempo. – se apresuró a concluir la catalogadora, empezando a vaciar la cuarta caja para proceder a la revisión de los libros. Al quilombo instalado en su escritorio se habían sumado tres pilas, e iba por más.

–¿Qué clase de ponis importantes puede involucrar? – Sweet se puso a ayudar a su compañera, tomando un par de tomos con su magia para fijarse en el estado de la encuadernación, y pasó las hojas página por página para corroborar si estaban completas, o si no había ninguna dañada ni faltante.

–Lo suficiente como para interesar a un periódico amarillista, supongo. Ya sabes, las figuras relevantes para ellos son las princesas, los famosos, gente de la farándula. No creo que sea algo demasiado importante… – a pesar del desorden, la catalogadora se las arregló para tener de un lado de su escritorio, los libros ya escudriñados, para tenerlos separados de los que no. Había varios sobre historia reciente, sobre geografía ecuestriana y sobre principios morales.

–Hmm, para que no puedas comprarlo en una librería ni tampoco pedirlo en una biblioteca, sí debe serlo. – intervino Spokesmare, todo un semicírculo de libros levitaba alrededor de ella gracias a su magia, al igual que la lista de las donaciones – Quizá es una publicación que aún no ha salido a la venta, y pudo haber sido filtrada por personal sin escrúpulos. De hecho, ha habido casos de venta de información.

–Es posible, los sueldos de los trabajadores de imprenta no suelen ser muy justos que digamos… si bien se han puesto más controles para evitar esas filtraciones – convino Archiver – ¿pero cómo un reportero amarillista se puede enterar tan rápido de su existencia?

–Ay, por favor. – Catal revoleó los ojos – Todos sabemos la velocidad a la que corren los chismes. Y lo peor es que los chismosos se apresuran a difundir lo primero que les sale de su retorcida mente, antes de corroborar los hechos. Seguro que en la próxima edición de la Hooves sacan una nota al respecto, con su particular estilo bombista para remover el avispero.

–Tal vez tengas razón, Catal. Pero eso no contesta la pregunta de dónde salió ese libro ni de quién es Ghost Letter – señaló Sweet, corriéndose un mechón de la melena y acomodando sus anteojos sobre la nariz, se le resbalaban mucho por el sudor – De hecho, Subtle no mencionó el nombre de la editorial, a menos de que se trate de una edición amateur.

–O de una editorial de humo, de esas que aparecen y desaparecen sin pena ni gloria – agregó Catal con indiferencia.

–Es posible… Archiver, ¿podría dejar esto sobre tu escritorio? Ya no queda lugar en el mío – solicitó Sweet Prose, que ya había vaciado hasta el fondo de la caja, a lo que el archivero cedió amablemente un espacio en el suyo – Bueno, tendré que confeccionar más carteles de novedades...

En dicho fondo había encontrado muchas copias del diario local de Ponyville y las fue apilando sobre el escritorio de Archiver, quien siempre lo mantenía pulcro y ordenado. Nadie acotó nada hasta que la misma poni saltó con una idea.

–¿Y si se trata de una estrategia publicitaria? Es decir, puede ser un artilugio inventado para promocionar algún tipo de evento especial, no sería la primera vez.

–Es una buena suposición, Prose. Se me hace similar al caso del Don Cascote de la Marcha apócrifo, al día de hoy no se sabe quién lo escribió, pero en el Caleidoscopio hipotetizamos que pudo tratarse de una estratagema del editor para apurar al autor original a que sacase la segunda parte de Don Cascote, pues la primera resultó un éxito en ventas. – explicó el corcel, procediendo con las publicaciones periódicas.

–Pero si fuera por eso, tendríamos que habernos enterado de alguna obra famosa llamada "Supernova del Crepúsculo" como para hablar de un apócrifo, – replicó Catal – y la verdad, me suena a nombre de, no sé… una superheroína todo-lo-puedo sin defectos, inventada por una escritora sin creatividad como realización de sus deseos más profundos de aventura y romance, que a pesar de su mala calidad se convierte en un boom. Como una mala mezcla de las Power Ponies y de Daring Do y con menos talento… aunque sí me caen bien las Power Ponies. Sus cómics son entretenidos.

–¿Y por qué llamaría la atención de la prensa? – insistió Sweet, a punto de abrir la quinta y última caja – Algún tema polémico o complicado debe abordar, sabemos que la literatura es capaz de hacerse cargo de aquello de lo que no se puede hablar directamente.

–Otra buena hipótesis… que sólo podremos confirmar una vez que se revele más información. – señaló Archiver, hojeando con interés los periódicos.

–Yo creo que no es para preocuparse tanto.

En cierta forma, los dos colegas antagónicos compartían la razón: ¿por qué hacerse problema por un asunto del cual de todas formas no se sabía nada oficial? Por ahora…

Por fin, la quinta caja. Los otros donativos, una vez chequeados, fueron regresados a sus cajas, para no mezclarlos y después organizarse mejor en los procesos técnicos, y porque tampoco se disponía de mucho espacio para ponerlos todos allí. Con un cauteloso manejo del cutter, la unicornio blanca apenas rozaba la ranura entre las solapas pegadas con dos vueltas de cinta de embalar. Antes de levantar las solapas para descubrir el contenido, un curioso aroma ascendió hacia sus fosas nasales, una mezcolanza entre humedad, polvo y ceniza. No le sorprendió tanto eso como lo que halló dentro del embalaje. Confundida y desconcertada, examinó el contenido sin retirarlo aún, parecía que lo habían acomodado allí a los apurones, sin la misma pulcritud ni cuidado de las demás. Como si alguien los hubiera metido ahí de prepo.

Mientras sus colegas se ocupaban de lo suyo sin reparar momentáneamente en ella, Sweet, vacilante, fue sacando de a uno aquellos extraños materiales. Su estado contrastaba mucho con el de los que había examinado previamente: ennegrecimiento de las tapas denotando probable exposición al fuego, acidificación de las hojas, manchas de humedad (probablemente) y otras manchas oscuras difíciles de identificar, desgaste en la encuadernación, delgadas capas de polvo. Lo más ominoso era el olor, parecían venir de un sótano o lugar cerrado por mucho tiempo, aunque se podía pensar también en un traslado tortuoso. No encajaban mucho con lo que la princesa había enviado. Con tan sólo mirarlos, uno sentía desprenderse de ellos una especie de aura siniestra. La poni de lentes les echó un vistazo, mientras una rara alarma saltaba en su inconsciente. Aquella perturbación no era menor al hacer un inventario rápido. En primer lugar, destacaban dos grandes carpetas, de 20x30, con tres anillos de acero (bastante oxidado) con hojas gruesas repletas de dibujos anatómicos de ponis y otras criaturas, con acotaciones en una letra apretada e ilegible. Un libro grueso con tres correas a lo ancho y dos a lo largo, cada una poseía un sistema de tres tuercas con números, seguramente debieron ser seguros. Un cuaderno artesanal de tapa roja, con una herradura en papel dorado pegada encima, con la curva hacia arriba, bajo la misma había un "4". Un cartapacio cerrado. Un libro en apaisado, parecía un registro de nacimientos y defunciones por sus columnas con nombres y fechas, y otro que indudablemente era un libro de actas, y otro más que contenía columnas de números, nombres y lugares, como una libreta de direcciones o de cuentas. Otros tres de formato similar, como si fueran parte de una trilogía, la cubierta de sus tapas era de un material con una textura muy diferente al papel, y tenían grabado un símbolo que Sweet creyó ver en los demás, aunque muy difusamente. Se trataba de una herradura con la curva hacia abajo, un ojo abierto bien en medio, y sobre éste, un compás a 90°, todo encerrado en un círculo en cuyos bordes se insinuaban las letras de una frase en un idioma desconocido. Aquella trilogía abordaba temas muy crípticos, relacionados con alquimia, magia, psicología, y las ilustraciones eran mucho más crípticas aún. También había dos manojos de papeles amarillentos de variados grosores y diversos tipos de escrituras, uno atado con una piola rústica, y el segundo sin atar. De éste, Prose tomó una hoja, pese a los borrones y manchones, podía distinguirse a duras penas lo que podían ser versos de un poema, que entre las palabras cortadas o inentendibles se leía así:

"Leche roja de amanecer

te bebemos al mediodía, te bebemos en la tarde te bebemos en la noche

bebemos y bebemos

corceles habitan en la casa, juegan con agujas

silban a sus lobos

escriben y escriben en tinta de sangre

tus crines de fuego Solaria,

tus crines de agua Selena,

redactan y salen en la noche, las estrellas alumbran

silba a sus mulos grita caven tumbas en el pantano

bailen y caven y hundan sus raíces en la pradera

húndanlas profundo y dennos sus cadáveres

no se yace perdido allí

incluso ellos irán al limo del que salieron

Leche roja del atardecer

te bebemos a medianoche te bebemos en la madrugada

el corcel escribe en la oscuridad de Red Hollows

mira desde todas las ventanas

los lobos empuñan el acero en sus grupas los blanden

nos grita bajad más hondo

canten dulcemente al silencio y échense a dormir

hundiendo sus raíces en la aguada fosa

juegan con las agujas en las aguas

nos hundimos bajo la luna

subimos hacia el sol

Roja leche del alba

los Vermilion se reúnen a la mesa

bebemos y bebemos

escriben en la carne hablan a la Muerte

escriben y escriben en sangre

clamamos a la oscuridad en Red Hollows

tendréis una tumba en las aguas

no se yace holgadamente allí

el corcel redacta en sus palabras dibujadas

la Muerte es un maestro venido de Etruria

los lobos habitan la casa juegan con cuchillos

el familiar sella las cartas

tus crines de fuego Solaria

tu piel blanca inmaculada

tus crines de noche Selena

tu piel negra profanada.

–Esto es terrible… – murmuró Sweet, y se pegó tremendo susto cuando Catal habló detrás de ella.

–¡Sí, es bastante terrible! Lo siento… es que se nota que quiere copiar el estilo de los poetas malditos, como Vermaine o Haydelaire, sus poemas no son fácilmente digeribles para el gusto sensible, por los temas tan grotescos, repugnantes y obscenos que retratan, pero a la vez su estilo tan poético y tan bien pensado te distrae del horror… tengo una antología bajo mi cama que leo cuando me ataca el insomnio o con Pepper cuando nos aburrimos.

–Pero esto… ¿esto lo habrá mandado la princesa Twilight?

La poni de crin negra se detuvo a mirar esos raros libros, volteó a mirar los que atestaban su escritorio y faltaba guardar, y de nuevo miró hacia los primeros.

–Pues, quizá los tenía en su sótano, quién sabe, ¿no? – dijo, aunque sin mucha convicción – Veamos, ¿qué piensa nuestro especialista en libros del año del tarugo?

–Hmm – Archiver sostenía una de las carpetas con sus cascos, observaba la gastada tapa con suma concentración, como un investigador intentando descifrar un enigma. De repente, frunció el ceño y afirmó con seriedad – Estos libros no pudieron pertenecer la princesa Twilight.

–¿Y por qué no? Vinieron con todo lo que ella envió para nosotros.

–No – Archiver negó enfáticamente con la cabeza y puso delante de su colega la carpeta – ¿te has fijado en las sutiles diferencias, Catal? Estas marcas no fueron hechas al azar, son marcas de propiedad, indican pertenencia a un determinado individuo o entidad, a una biblioteca particular.

–Pero se los pueden haber regalado a la princesa, por ahí ella no los quiere y por eso los donó.

–No lo sé – objetó Sweet – estaban puestos muy descuidadamente, y he notado algunas irregularidades en la cinta protectora.

Archiver agarró varios libros y los sometió a su escrutinio inquisidor.

–Tal vez los hayan metido aquí, pero vinieron de otro lado, no tengo duda. Alguien los robó, los hurtó, los saqueó de su lugar original.

–Sí, ya veo, el tema es por qué el supuesto ladrón se tomaría el trabajo de ocultar su botín en la caja de una encomienda, sabiendo que todo iría a un lugar de donde sería difícil recuperarlo.

–Quizá porque estaba desesperado, a punto de ser descubierto – teorizó Prose – y cuando uno está acorralado puede tomar cualquier decisión.

–Ajá, y si lo capturaron ya valió henos. Se queda sin pan y sin torta, ¿por qué arriesgarse por robar libros? ¿No es oro o joyas lo que uno esperaría encontrar oculto?

–No todo lo brillante es oro, Catal – la refutó Archiver – los saqueos de bibliotecas son más comunes de lo que crees, sobre todo por el tipo de información que se puede sacar de allí. Por lo que veo, – el corcel escrutaba los índices de los tres tomos gemelos – hay mucha ciencia prohibida aquí, a la que no hay fácil acceso.

–¿Es posible que mandarlos aquí haya sido un acto intencional? – inquirió Sweet, se había mantenido pensando arduamente en la cuestión.

–Lo dudo…

En eso, Bureau Spokesmare, quien había ido a su oficina a buscar unos papeles antes de que Prose abriera la caja, atraída por la conversación se acercó a preguntar qué ocurría. Al ver la "donación desconocida", quedó desconcertada e indignada a partes iguales, su expresión se frunció y exclamó: "¡Yo no pedí esto! ¡No estaba en el listado!", a lo que los tres bibliotecarios, con la confirmación directa de que aquello no había sido contemplado, la pusieron al corriente de sus hipótesis sobre el misterioso contenido de la quinta caja. La directora Spokesmare no sabía qué pensar. La teoría del robo era muy plausible, a pesar de no haber recibido ninguna noticia de tal hecho delictivo. Archiver se afirmó sobre la certeza de que alguien estaría buscando esos libros, probablemente robados a un poni poderoso, insistió en que, por razones de seguridad (que él no quiso explicitar) lo más conveniente sería mantener un pacto de silencio sobre ellos y tenerlos bien custodiados en la caja fuerte, dentro del despacho de la directora. Hasta le aconsejó que cambiara la clave y no se la dijera ni a su personal, con lo cual sorprendió a las tres yeguas por tal exceso de reserva. Sus intuiciones femeninas les advertían que el semental se callaba algo, pero sabían que podían confiar en el instinto de un archivero hasta que se demostrara lo contrario.


Durante la mayor parte de la tarde, Sweet Prose y Catal Fast se ocuparon de los procesos técnicos. Habían almorzado unas hamburguesas de soja en un restaurante que quedaba a dos cuadras, sin conversar mucho de todo lo acontecido en la mañana. Vieron pasar al padre de Sweet con toda prisa, ella lo llamó pero éste no la oyó, continuando su camino. No era raro verlo así apurado, de seguro iba a cubrir un caso. Mientras que Archiver permaneció un tiempo más en la biblioteca, junto con Spokesmare, y luego debía asistir a una reunión del Caleidoscopio de Entropología, para ultimar los detalles de la próxima conferencia. La directora, por su parte, se marchó también para una reunión importante.

La tarde transcurrió con tranquilidad. Con una buena coordinación, las dos jóvenes ponis se dividían las tareas para la catalogación, clasificación e indización. Sin perder la concentración, trabajaban de forma cruzada con dos libros a la vez, en una serie ordenada de facetas. Primero, por un lado, Catal apuntaba los datos principales de uno para la ficha, con todo y medidas, y por otro lado, Sweet se encargaba de analizar otro para determinar su materia, sus características de contenido, y los subtemas, para así poder buscar en el Sistema de Clasificación Decimal el número con el que se lo podrá ubicar dentro de la sección correspondiente, y en el Tesauro y la lista de palabras claves, para las fichas secundarias de materia. Cuando cada una finalizaba su tarea, le pasaba su libro a la otra, y repetían el procedimiento. La siguiente fase era la confección de las fichas catalográficas, Catal hacía las de asiento principal y asientos secundarios, Sweet las de asiento de materia. La única desventaja era la posibilidad de confundir datos en las fichas, no obstante, como hacía tiempo que se manejaban así, habían aprendido a corroborar una y otra vez lo que iban haciendo. Incluso, una evaluaba a la otra. Ah, y me olvidaba de algo fundamental entre los primeros pasos: el sellado. Es el primer paso en la serie de procedimientos con el cual un libro pasa a formar parte de la colección, además de que establece la pertenencia del mismo a la biblioteca. La misma determina en qué páginas se aplica el sello, por ejemplo, en el caso de la Biblioteca de Fillydelphia, se estampa el sello en la portada, la contraportada, el índice y cada quince páginas en el resto del cuerpo. Sellar era una de las tareas favoritas de Sweet.

En un momento, cuando ya habían procesado la mitad de la caja, Catal sugirió hacer una pausa. Se prepararon unas tazas de té y salieron del despacho un rato. Por las ventanas se notaba el lento declive de la tarde, no habían tenido tanta concurrencia como en la mañana.

De repente, un semental maduro cruzó la puerta. Un poni terrestre de pelaje gris claro, y su crin, que ya raleaba en la parte frontal de su cabeza, era de color marrón, con la aparición de algunas canas ya propias de la edad. Historiador y periodista nunca detenido por sus cascos a la hora de escribir, a pesar de sus primeras batallas con la máquina analógica porque no le tomaba el punto, pero la necesitaba para trabajar. Eso le granjeaba la admiración de su esposa, quien podía hacer de todo simplemente con encender su cuerno. Publicaba una columna de crítica social y política en el Fillydelphia Herald y a la vez participaba en la publicación del Boletín del Caleidoscopio de Entropología.

–Buenas tardes – saludó amablemente, aunque había en su tono de voz un cierto cansancio.

–Buenas tardes, papá – lo saludó Sweet Prose con mucha alegría – ¿Cómo has estado hoy?

–¡Buenas tardes, señor Critic Journal! – la secundó Catal con efusividad – Hoy al mediodía lo vimos pasar y ni siquiera se fijó en nosotras.

–Ah, lo siento… – se disculpó Critic Journal, bajando la cabeza – Hoy he tenido un día… Siempre digo que me gustaría ser Redactor en Jefe del diario, pero otras veces también digo que no me gustaría ser Redactor en Jefe del diario.

–¿Por qué no? Lo más divertido es mandar a todo el mundo a escribir y pedírselo para ayer. – comentó Catal, mandonear era una de las cosas para las que se sentía llamada al deber, si bien no podía ponerlo mucho en práctica.

Critic sonrió y meneó la cabeza.

–Sí, aunque lo no tan divertido es que tienes al propio Director del diario acicateándote también. La cuestión viene a ser que hoy, a las siete en punto de la mañana, el jefe me convocó a una reunión de urgencia. Traía esa cara típica de insomnio cuando quiere apoderarse de una primicia y no pega un ojo a la noche. Hasta dudo que haya ido a su casa ayer, de seguro trasnochó en su oficina dando vueltas con un licor.

–Eso no va a ser sano para su salud… – opinó Catal.

–¿Y qué fue lo que te pidió? – preguntó Sweet.

–Bueno, al final acabé tan desquiciado como él, a las carreras de aquí para allá, moviendo influencias y muchos, pero muchos contactos, pero lo pude conseguir… – el corcel hurgó en su portafolios y sacó de allí un libro, el cual dejó encima del mostrador y cuyo título se hizo conocido a las dos bibliotecarias – ni hablar del costo, sin embargo, el valor de este librito va más allá de lo pecuniario.

Sweet y Catal observaron el libro anonadas. Abarcaba aproximadamente trescientas páginas, el papel era de un buen gramaje, la encuadernación era simple pero no ordinaria. En la portada se exhibía una fotografía de una colina en pleno ocaso carmesí. Bajo el título, en una curva oblicua ascendente, aparecían representados el sol, la luna y una estrella púrpura, y un poco aislado, hacia la derecha, un corazón de cristal. Más abajo, con letras rojas, el nombre del autor, y debajo de este, el de la editorial.

Ahí estaba "La Supernova del Crepúsculo", de Ghost Letter.

–¡Pero si éste es el libro que buscaba Subtle Gossip hoy! – exclamó Sweet.

–¿Ah, Subtle Gossip? Así que los de Hooves van por la misma ruta, eso lo explica todo. Es la guerra por quién agarra la primicia en la ciudad.

–Entonces, el misterioso best seller existe, y Subtle no mentía, por los dibujos de la tapa, habla de las princesas – comentó Catal, mientras su amiga acercaba sus cascos al libro con timidez.

–¿Puedo…?

–Adelante, hija mía – asintió Critic con ternura, desde muy pequeña, su Sweet se emocionaba mucho con cada libro nuevo que le regalaba.

Ni bien lo abrió, la unicornio se dirigió al índice para leer los títulos de los capítulos:

Prefacio

Mitos fundacionales, paternalismo y próceres

Las características de los soberanos

La jerarquía de los depredadores

La justicia: Vigilar y Castigar ó Asimilar y Controlar

Perpetuidades y sucesiones

Consejos finales del presente para el futuro

Despedida

Adelantándose a cualquier comentario, Critic Journal afirmó:

–Este libro no es fácil de conseguir porque se ha editado para ser distribuido entre los principales círculos de poder en Equestria. No es para lectura del pueblo, sino para los gobernantes, según me comentó el buen amigo que me cedió su ejemplar. "Quien sea Ghost Letter" me dijo, "sin dudas debe ser un tipo erudito, un magnate con una educación superior, alguien muy enterado en materia de política, y un atrevido en el sentido más bizarro de la palabra, atrevido y sin embargo valiente, porque se anima a decir lo que nosotros nos callamos desde hace tiempo". Recuerdo bien esas palabras por la inflexión que mi contacto les dio, no me dijo mucho más, sin embargo me dijo lo suficiente como para estimular mi interés como para querer leerme todo de un solo tirón.

–Oh, cielos… entonces… – balbuceó Sweet.

–...este libro es una crítica a las princesas, ¿verdad? – completó Catal.


*existió un Quijote apócrifo, escrito y publicado por un alguien desconocido bajo el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda. Nunca se supo bien quién fue, aunque hubo muchos sospechosos. Les recomiendo leer la novela "Ladrones de tinta", de Alfonso Mateo-Sagasta, es ficción pero su hipótesis es muy buena.

**el poema "Leche roja…" es una referencia al poema "Fuga de la muerte" de Paul Celan.

***los poetas Vermaine y Haydelaire son referencias a los poetas franceses Verlaine y Baudelaire.

Aunque hay referencias fáciles de captar, hay otras que considero necesarias aclarar por cierto a las figuras originales.

Si bien este fic estaba más pensado como episodios tipo slice of life, se me ha ocurrido una trama que conjuga varias de mis impresiones sobre el universo de MLP con varias idea de fanfics que nunca llegué a redactar, y que creo, son lo suficientemente buenas como para rescatarlas. Así que verán algunos cambios a partir de ahora, pero espero que no se pierda la esencia.

Saludos.