Ficha de Autor
Con un grito ahogado, Archiver cayó al suelo hacia un costado al girar y toparse con la anciana figura de un corcel, de más o menos sesenta años, embutido en un traje negro y el cual se apoyaba en un bastón con una bola 8 en su punta. Detrás de unos cuadrados anteojos se divisaba una mirada de león, lo que le daba un aspecto muy animado a pesar de las profusas canas asomando debajo de su fez rojo, algo gastado. Su corpulencia desinflada indicaba el buen estado físico mantenido desde su juventud, pero también acusaba algunas marcas de su sedentarismo actual. No traía una expresión muy amigable, pero la cambió enseguida a una más afable cuando empezó a hablar.
–¡Bienvenido a "La Casa de los Secretos"... aunque todavía es muy temprano para visitarla! – exclamó el viejo, con una voz algo cascada y altisonante, ayudando al archivero a levantarse – Mi nombre es Stallford Pones, fundador y administrador de la cabaña. He salido de mi despacho al oír ruidos, creí que era una de esas molestas ratas, pero no me imaginé que me encontraría con un visitante tan temprano...
–Eh, lo siento, señor Pones, no quería irrumpir de esta manera en su negocio… Me llamo Clear Archiver, mucho gusto – ambos corceles estrecharon sus cascos – vengo de la Biblioteca de Fillydelphia, trabajo allí – Archiver no supo bien por qué dijo eso, quizá en un intento de amenizar el encuentro.
–Ah, usted viene de aquí nomás de la ciudad, ¿eh? Supongo que ya ha oído hablar de la Casa, y está interesado en recopilar algunas historias sobre los objetos que se exhiben, o sobre la misma cabaña. ¿Quiere una entrevista especial, y por eso se apareció tan temprano...? – de repente, el viejo pareció darse cuenta de algo y preguntó –¿Quién le abrió, mi hijo Wencesford?
–Sí, es que en realidad, yo estoy acompañando a mi amigo Gloomy Sonnet, está hablando con su hijo ahora, por el libro que quieren publicar sus nietas – respondió Archiver, sintiéndose un poco fuera de lugar.
El semblante de Stallford se oscureció, y éste miró hacia otro lado, hacia la puerta que conectaba con el recibidor. Parecía que ese tema tampoco era del agrado del abuelo de las gemelas. Éste permaneció en silencio unos segundos mientras reparaba en el rostro de Archiver y en el sitio donde estaba parado. Un tanto incómodo, el bibliotecario volvió a tomar la palabra.
–Me disculpo una vez más por haber irrumpido así, el señor Wencesford me dijo que podía pasar… ¿Son usted y su hermano los del retrato?
–Así es – contestó secamente el viejo Pones, tras detenerse unos segundos en la contemplación del cuadro – Mi hermano Stratford y yo somos hermanos gemelos, nos pasamos nuestra juventud yendo detrás de misterios, leyendas urbanas, fantasmas y casas embrujadas, todo tipo de cosas que no recibían explicación alguna. De nuestras aventuras siempre nos llevábamos algún recuerdo, fotografía, objeto, lo que fuera, y cada poni que nos preguntaba qué era, quedaba fascinado con la historia de cómo obtuvimos tal o cual chuchería. De ahí que tuve la idea de fundar "La Casa de los Secretos", al darme cuenta de la predisposición del público de pagar por ver y escuchar sobre los misterios más grandes de Equestria. Además, debo confesarlo, necesitábamos dinero, y yo estaba en planes de casarme, aunque no fuera por entero mi voluntad…
–Perdone que lo interrumpa, – Archiver señaló los cuadernos numerados del anaquel – ¿aquéllos son sus bitácoras de viaje? ¿Los escribieron su hermano y usted?
–¿Esos diarios? ...Todos los redactó Stratford, con una minuciosidad imperiosa por los detalles, creo que habría sido un perfecto "periodista de lo paranormal" si hubiera querido agarrar ese oficio. De hecho, mi nieta Pitchpine posee esa misma peculiaridad, a ella no se le escapa nada cuando relata algo, se mantiene fiel a la verdad o a lo que considera verdadero. Se la puede considerar una muchacha muy realista, a diferencia de Pineseed, que es más imaginativa, más sentimental.
–Oh, ya veo. ¿La numeración responde a algún criterio en particular?
–No, simplemente a que cuando se le acababan las hojas de uno, empezaba otro.
Hubo otra pausa después de esa respuesta, la cual sonaba tan simple que parecía estar disfrazando una mentira. Si antes o durante la charla, Stallford observaba con suspicacia al visitante, a partir de ese momento, el semental sesentón le clavó la mirada fijamente, como si pretendiera atravesar una barrera invisible y escudriñar en los pensamientos de Archiver.
–¿Qué quieres saber sobre mi hermano? –le preguntó finalmente – No, mejor dicho, ¿qué sabes sobre Stratford Pones?
Un escalofrío recorrió la espalda del interpelado, sin entender por qué, como si se encontrara sentado ante un juez, listo para rendir cuentas por un crimen. Una sensación extraña le picaba en la nuca, intensificando su incomodidad. No sabía qué contestar ante la acertada dupla de interrogaciones, no podía quedarse callado pero tampoco podía revelar lo que sabía, todavía no. Por primera vez, Archiver comenzó a entender algo que luego se le presentaría con más nitidez. Aún sin decidirse a decir la verdad, ensayó una respuesta improvisada.
–No es mucho lo que sé, pero quisiera saber más, porque estoy pensando en escribir algo sobre la historia de su hermano, a raíz de lo que he visto y oído.
El filo de la mirada de Stallford Pones no se aplacó ni un milímetro.
–Suena a que me estás ocultando algo, muchacho, – el paso del trato formal al informal, así como la cercanía que iba estableciendo Stallford con cada paso hacia adelante que daba, contribuían a aumentar la presión sobre Archiver – no me parece casualidad que te hayas acercado justamente a esta parte de la cabaña, cuando la mayoría de los ponis que vienen aquí, siempre se detiene ante otras cosas, y además puedo adivinar que esa curiosidad tuya sobre Stratford no es la curiosidad común.
–Eh, pues…
–Mira, voy a serte sincero. Yo tengo una peculiaridad: la de distinguir lo que esconden los ponis con tan sólo examinar sus rostros, sus formas de actuar, la forma en que se mueven. Así fue que he logrado reflotar este negocio. – explicó el dueño de la cabaña, con un tono tranquilo – Puedo ver también que tienes motivos para reservarte la verdad, así que propongo lo siguiente: cada uno dará una parte de información, a cambio de que el otro haga lo mismo, ¿qué te parece? – en ese momento se notaba claramente la faceta de negociante que poseía Stallford.
–Bueno, como le dije, no no tengo mucha información, pero si me promete que esto no saldrá de aquí, se lo diré.
–De acuerdo. Empieza tú, entonces.
–Verá… hace un par de días, dentro de un envío de libros que recibió la Biblioteca donde trabajo, encontré uno muy raro. No lo leí, pero al mirar la primera página, supe que no era un libro, sino un diario o registro personal. En su tapa, había un número 4 estampado dentro de una herradura.
Archiver se quedó callado, para dar a entender a Stallford que le tocaba el turno. El señor Pones tosió un poco, y procedió a relatar la historia de su nacimiento conjunto con el de su gemelo. Resulta que, más de sesenta años atrás, y en una locación más apartada de la actual, en una humilde casa, una partera asistía a una madre dando a luz. Por el tamaño de su vientre, se esperaba a dos bebés, sin embargo, el primero salió sin llanto, sin ninguna señal de vida aparente. Fue un golpe de angustia para la madre, pero dada la urgencia del alumbramiento del segundo hijo, sobre el cual recaerían las esperanzas de vida, tuvieron que dejar al primogénito momentáneamente sobre una delicada pila de trapos. El segundo nació, tras pequeñas dificultades, con éxito. El milagro ocurrió gracias a una idea de la madre, apenada por la triste suerte de su primer pequeño, de colocar al otro a su lado, a modo de despedida, antes de iniciar los preparativos para despedirlo de su corta estancia fuera del vientre materno. Al acostar, entonces, a un bebé al lado del otro, el que creían muerto prorrumpió en llanto, motivado por la cercanía de su hermano. Fue todo un acontecimiento para la familia, y la partera, asombrada, exclamó la verdad que acompañaría al bebé re-nacido por el resto de su vida: "Este niño será muy especial, ha visto el reino de los muertos".
–Y no se equivocó. Fue como si la Muerte, si la podemos imaginar como un ente único e inefable, se hubiera arrepentido de tomar tan pronto el alma de Stratford y lo hubiese devuelto, conmovida por la soledad a la que iba a condenarme desde bebé.
–Es una historia asombrosa, señor Pones. Conozco pocos casos como ése, aunque parece haber algo de cierto en que las alteraciones en el embarazo o en el parto suelen determinar características especiales en los ponis, o incluso en otras criaturas. Cuando vi el nombre de Stratford Pones en el diario, sentí que había algo especial allí, al igual que los otros libros con los que había llegado.
–¿Qué tenían de especiales esos libros?
–Una marca de pertenencia. Esos libros… provenían de Red Hollows, ese cuarto diario escrito por su hermano, estaba allá.
Con la mención de Red Hollows, Stallford se enderezó de repente y abrió grandes los ojos, pasando a mascullar algo entre dientes. Archiver no pudo entender lo que dijo porque oyeron voces que provenían del salón contiguo, donde habían quedado conversando Gloomy Sonnet y Wencesford, seguramente había llegado la esposa de éste con sus hijas gemelas, Pitchpine y Pineseed. Aquella próxima irrupción motivó al corcel entrado en años a completar rápidamente su historia, sin importar ya su trato.
–Mi hermano era especial, sí. Podía ver espíritus, almas, seres, cosas que no estaban allí, que nadie podía más podía percibir. Ni siquiera yo, aunque sí presentía lo que no andaba bien en el aire. Esa peculiaridad lo llevó a interesarse demasiado por lo sobrenatural y lo paranormal, queriendo encontrar la respuesta a su anomalía, y yo lo acompañé porque hacíamos todo juntos, porque éramos gemelos y estábamos unidos por una fuerza superior… pero esa unión no duró para siempre. A mí me tocó sentar cabeza, hacerme cargo de una familia y de un trabajo, pero Stratford siguió viajando, siguió indagando, y por mucho que intenté disuadirlo de dejar toda esa mierda, aceptar vivir con su visión especial y buscar una yegua que lo amara, a pesar de todos mis esfuerzos, cada vez que andaba de visita por aquí, de convencerlo de quedarse con nosotros, no… volvía a marcharse. Yo tenía miedo de que ese camino lo llevara a un destino fatal, rogaba equivocarme pero desgraciadamente tuve razón… hace dos años, la última vez que lo vi, dijo que había sido contratado por los Duques de Vermilion para trabajar en su castillo de Red Hollows, supuestamente investigando eventos raros. Al principio, nos manteníamos bien en contacto, pero luego no tuve más noticias de él. Y hace un año, mis nietas empezaron a insistir en viajar a Red Hollows para averiguar qué había pasado con Stratford, porque Pineseed decía que lo había visto en sueños, que debíamos ir allá porque algo terrible había ocurrido. Y yo les hice caso… les hice caso, porque también quería saber… pero si alguien me hubiera advertido lo que era ese infame castillo en ruinas, definitivamente me hubiera opuesto...
Aquellas palabras, Stallford las soltó de un tirón, como si nunca antes hubiera tenido la oportunidad de hacerlo. Archiver pensó que continuaría, pero al contrario, Stallford se repuso de su impulso confesional y marchó hacia la puerta que salía al living para encontrarse con su familia, y al poni terrestre no le quedó de otra que seguirlo, profundamente marcado por ese acelerado testimonio.
–Queremos contar lo que vimos en Red Hollows para hablar por los que no pudieron, por los que sufrieron muchas crueldades allí y nadie quedó para testimoniar de ese horror.
Quien explicaba esto era Pineseed, la gemela sensible, alegre y bondadosa, quien vestía una playera celeste con un estampado de plumas blancas en ella, un par de aretes en las orejas y una cinta color rosa sujetando su crin en una coleta. Además llevaba frenillos, por lo que cuando hablaba, de su boca emitía pequeños destellos por los rayos de sol filtrados entre la sombra del gran árbol bajo el cual se guarecían ella y los demás presentes, acomodados ante una mesa de jardín. Era una pegaso por herencia de su madre, que pertenecía a esta raza de poni.
–Es imposible para nosotras reconstruir la historia de cada uno de los ponis del pueblo y de los que están enterrados sin nombre en los baldíos cerca del castillo. Pero esperamos que al menos, lo poco que nosotras pudimos recopilar de nuestro viaje hacia allá, pueda servir de impulso inicial para que se siga investigando el caso y para que se construya la memoria de las víctimas.
Aquí tomaba la palabra Pitchpine, que compartía con su hermana el color amarillo suave del pelaje, la crin marrón claro, y los ojos celestes, aunque ella era una poni terrestre. Lo que la diferenciaba era lo corto de su melena, una bandana azul que retenía su flequillo, y un chaleco verde. Su tono de voz era apenas más grave que el de su hermana, y tenía un carácter mucho más serio. En ambas se evidenciaban los rasgos más típicos de la adolescencia, aunque se notaba mucho que Pineseed iba a ser la gemela más popular, o por lo menos la más sociable.
La reunión se llevaba a cabo alrededor de una mesa de madera, como las de picnic, sobre la cual reposaba una jarra de limonada fresca y algunos vasos, por otro lado, las carpetas con las fotos del viaje, manuscritos y el primer borrador mecanografiado del futuro libro. Se encontraban presentes, además de las gemelas, su padre Wencesford, su madre, y Gloomy Sonnet, acompañado de Archiver. El señor Stallford se había retirado nuevamente a su oficina, aunque le había susurrado aparte algo al bibliotecario, antes de que éste saliera con los demás: "Vea si puede traerme el diario de mi hermano, se lo agradecería mucho".
Las dos jovencitas se turnaron para realizar un breve resumen de su experiencia, y así poner en contexto al escritor, en cuya mente aún resonaban las exigencias y recomendaciones de Wencesford. No creía poder convencer a las niñas de cambiar la estructura y el contenido de su relato, y omitir varios detalles así como dejar de lado completamente las fotografías, pues las veía muy seguras de lo que querían hacer. Lo que le parecía increíblemente llamativo era el impulso de construir sentido sobre el horror que otros padecieron, y el cual su tío podría haber sufrido también, aunque no encontraron evidencias de ello.
–Hace un par de años, nuestro tío abuelo Stratford Pones nos dijo que se instalaría en el castillo de Red Hollows para investigar sucesos paranormales, por pedido de los mismos duques que gobernaban ese lugar. – continuó Pitchpine – Tenemos aquí las pocas cartas que nos envió, durante unos pocos meses, hasta que dejó de escribirnos...
–En ellas decía que el lugar era bonito, hablaba mucho de las plantaciones de frambuesas, arándanos, moras, y otros frutos rojos, decía que todos en el castillo eran amables y que el ambiente tendía a ser bastante húmedo. Eso nos resultaba un poco raro, porque el tío Stratford no solía enfocarse mucho en ese tipo de descripciones cuando nos escribía durante sus viajes, pero aquí no nos comentaba mucho, casi nada – agregó Pineseed.
–Era muy probable que le miraran la correspondencia, es decir, que alguien interceptaba sus cartas y las leía antes de que fueran enviadas. Ese fue el primer indicio de que algo no andaba bien, pero no nos dimos cuenta enseguida. Lo entendimos cuando llegamos al pueblo y nos encontramos con uno de los únicos y últimos pobladores, un viejo labrador. Él nos dijo que los Duques Vermilion ejercían demasiada vigilancia alrededor de Red Hollows y sus dominios, controlaban lo que se decía y lo que se hacía, hasta lo que se pensaba, y además sus soldados siempre estaban rondando.
–¿Soldados? – preguntó Archiver.
–¡Más bien matones! – exclamó Pineseed con indignación – Los duques eran muy autoritarios y crueles, todo lo contrario a las princesas de Equestria, tenían a todo poni aterrado de decir o hacer algo contra ellos porque enseguida los mandaban a secuestrar y los torturaban. Mantenían a todo el pueblo aislado de lo que ocurría en Equestria, y no permitían que nadie viajara lejos al exterior, además de que secuestraban seres de otras especies y los traían en la madrugada, en carretas completamente cerradas. Y esto era así desde hace mucho, hasta que por fin todos los ponis se rebelaron y los echaron de allí. Ahora viven mejor… los pocos que se quedaron – el ímpetu de la poni se desinfló de pronto al recordar la tristeza y el dolor que había percibido en cada cosa de Red Hollows, y en el mismo labrador que les contaba la historia de la rebelión – muchos murieron ese día, otros se fueron o desaparecieron.
–Nos dijeron que sólo dos miembros de la familia, los dos hijos mayores, consiguieron escapar de la matanza, y se mudaron a otra ciudad, se fueron hacia el mar… hoy nadie va al Castillo de los Vermilion, está completamente abandonado, – prosiguió Pitchpine – pero al parecer, ellos todavía mandan sirvientes a retirar objetos de valor que no pudieron llevarse. Por eso, el obrero nos advirtió que fuéramos con cuidado – a continuación, desplegó un rudimentario plano de la propiedad, hecho a casco por ella misma, al parecer – Cuando nosotros estuvimos allí, vimos que, por ejemplo, había una biblioteca que estaba completamente vacía, pero por otro lado, había un salón cercano, que contenía varios retratos de la familia de generación en generación, y se encontraban casi intactos, al menos a los que no alcanzó el fuego. Tomamos algunas fotos de esos retratos, una de esas es de la familia actual, aunque no se ven muy bien… – la joven poni les extendió el sobre con las fotografías, Archiver lo tomó ante la indecisión de Gloomy, dominado por una impetuosa ansiedad.
Ciertamente, la calidad de las tomas no era muy buena, fuera por la falta de luz, la poca precisión en el enfoque o problemas en el proceso de revelado. No obstante, algo podía llegar a verse. Entre las más legibles había dos, en una de ellas, se podía observar a una familia de cinco integrantes. Archiver la escudriñó con detenimiento, estaban los padres en el centro, y sus tres hijos alrededor, de mayor a menor en sentido de izquierda a derecha. Miró a cada poni, sus expresiones y la pose de sus cuerpos. Notó algo en el menor de los hermanos, aunque no pareciera haber diferencia entre los tres potrillos, pero Archiver no podía dejar de observar al tercero, como si éste portara un enigma a ser resuelto. Estuvo tentado de preguntar qué fue del tercero durante la refriega.
–Eso no es nada, comparado a lo que son los sótanos – repuso Pineseed, señalando al plano con una cara de disgusto – el Castillo es realmente grande, tiene tres pisos y un subsuelo. En el tercer piso estaban los dormitorios, en el segundo tenían la biblioteca, el salón de baile, ese salón de los retratos, y abajo se ubicaban la cocina, el living, toda la zona de servicio… pero lo realmente aterrador es el subsuelo. – la pegaso se abrazó al sentir un escalofrío terrible por los recuerdos que la abrumaban – Es un laberinto de cuartos oscuros, apestosos, húmedos y empapados de olor a muerte, donde se hacían quién sabe qué clase de experimentos… hasta tenían una morgue. Estaban semi vacíos, porque sólo quedaban muebles rotos, frascos quebrados y basura, ni siquiera las ratas querían andar por allí.
–¿Y ustedes se recorrieron todo el castillo? – Gloomy no podía creer que aquella familia hubiera resistido tanto tiempo dentro de una propiedad arrasada por la desgracia.
–Casi obligadamente – intervino Wencesford – Pineseed se perdió, y el resto nos acabamos perdiendo por encontrarla.
–¡Yo no me perdí, papá! ¡Fueron los espíritus del castillo, ellos me engañaron, y empezaron a separarnos! Querían retrasarnos hasta que llegara la noche, hacernos perder la cabeza…
–Eso no lo sabemos con certeza, puede haber sido una alucinación, el aire allá no es tan limpio como el de aquí.
–No empieces con eso, papá, – lo interrumpió Pitchpine, con calma – ya hablamos de esto, tú no viste lo que nosotras vimos.
Allí se presentaba uno de los puntos de discordancia en la familia: quién había visto qué, y cómo lo interpretaba cada uno. Wencesford era un escéptico, poni de números, sin nada peculiar, se había graduado como Profesor de Matemáticas y Física. Estaba acostumbrado a tratar con cosas totalmente comprobables, confiando en la lógica y la razón. El hecho de que no tuviera nada de peculiar y de que desde pequeño no mostrara mucho interés en las anécdotas de Stratford que cada tanto aparecía de visita, con lo cual seguiría una vida normal, había aliviado a Stallford al tener por seguro que su hijo no tomaría el mismo camino que su hermano. La cosa cambió con las gemelas, porque ellas sí nacieron con una predisposición especial por lo raro y lo misterioso, a pesar de no presentarse complicaciones en el parto. El abuelo Stallford entendió que el misterio era cosa de familia, y si bien no impidió que sus nietas admiraran a Stratford, después de la jornada en Red Hollows no pensaba permitir que se adentraran en esa senda. Les hizo jurar que jamás volverían allí.
–Es como el cuento "El Palacio Bermellón", de Hoofar Ponecraft – comentó Archiver – ...con la diferencia de que ustedes pudieron salir con sus almas intactas.
–¿Usted también lo leyó? – preguntó Pitchpine, asombrada – ¡Es eso mismo! ¡Ponecraft estaba haciendo una alegoría de los Duques de Vermilion con ese cuento! ¿Cómo nadie se pudo dar cuenta antes? Ponecraft sabía lo que ocurría allí, quizá estaba emparentado con ellos o tenían algún contacto, y tal vez quería contarle a alguien sobre ello, por eso lo tradujo en su literatura.
–Ponecraft es un maestro de la alegoría y los códigos cifrados, – comentó Gloomy, que se había mantenido callado durante un buen rato, hojeando el borrador de las gemelas – y me atrevo a afirmar que no lo hacía por simple gusto al arte, sino que plantaba enigmas para ser encontrados por los lectores. Y quizá, también, que utilizaba esos procedimientos para protegerse… – dicho esto, se enderezó y miró con seriedad a las gemelas – Ustedes lo dijeron, hay herederos vivos de los duques, y por lo general, a los ponis de alta alcurnia no les gusta que se los difame, que se hable de sus secretos, por lo tanto, harán todo lo posible para callar las voces de la verdad. Debo admitirlo, lo poco que he leído me tiene muy interesado, cada una, con su estilo, consigue capturarme en diferentes facetas, quiero saber qué pasó con Stratford Pones y al mismo tiempo, siento mucha lástima por las víctimas de Red Hollows. No dudo que este libro podría producir un impacto grande en Equestria, pero si llega a cascos de los herederos, éstos podrían tomar represalias contra ustedes o alguien de su familia.
–¡Eso es lo que Wences y yo hemos tratado de hacerles entender! – exclamó la madre.
–Déjeme terminar, madame – el tono amable y la mirada dulce del corcel aplacaron a la yegua – Yo creo que su historia podría publicarse bajo una forma de ficción, utilizando anagramas, códigos y paráfrasis, reescribiéndola con la misma estructura, pero sin descartar la versión original. Siempre habrá alguien que se interese por descifrar el código. El enigma de la desaparición de Stratford Pones es un gancho muy fuerte para cualquiera, y aunque no he llegado a leer esa parte, quisiera saber… ¿hallaron finalmente algún indicio de su destino?
Aquella pregunta instaló un profundo silencio en la familia Pones. En las miradas de Wencesford, Pitchpine y Pineseed se denotaba tristeza y confusión, recordando el episodio que cerró la tétrica exploración del Castillo de los Vermilion por parte de los familiares del investigador desaparecido. Ni Gloomy Sonnet ni Archiver dijeron nada, el primero, esperando pacientemente la respuesta, el segundo, intentando procesar la información que estaba recibiendo, sin poder dejar de mirar el plano del castillo y las demás fotos, grabándose cada imagen en la mente. También, pensando en De-Cryptor y en los códigos, pensando en la posibilidad de ponerlo en contacto con esta familia.
Fue Pitchpine quien se animó a romper el silencio.
–Esto está mejor relatado en el borrador, pero se lo contaré de todas formas… Estuvimos hasta la medianoche en el castillo. Cuando nos separamos sin querer, el abuelo Stallford y yo recorrimos el segundo piso, mirando una por una las habitaciones. Encontramos un cuarto que parecía haber sido ocupado por el tío Stratford, lo revisamos a fondo pero sólo había una chaqueta que pudo haberle pertenecido, y unos papeles sucios. Nada más. Afuera llovía mucho, las tormentas eran frecuentes. Por las ventanas apenas se alcanzaba a ver los campos de fresas al oeste, entre los que se habían formado profundos y peligrosos lodazales. El abuelo y yo decidimos ir a buscar a Pineseed y a papá, íbamos a oscuras porque no había nada con qué iluminarse, ni una sola vela, y para colmo, la tormenta se ponía cada vez más feroz. Cuando llegamos a la planta baja, por una escalera del ala oeste, caminamos hasta una habitación con un gran ventanal y puertas que daban al exterior. A veces se iluminaba con los relámpagos. En ese momento, el abuelo dijo que necesitaba salir y se puso a aporrear las puertas con insistencia. Yo no entendía lo que le pasaba, yo sólo quería continuar, pero él no me escuchaba… no estoy segura de lo que ocurrió después, sólo sé que hubo un estruendo de vidrios rotos, yo caí hacia atrás y me golpeé la cabeza. Cuando volví en mí, estaba sola, tenía la sensación de que algo se acercaba a mí, algo no amigable, y empecé a tener muchísimo miedo. Lo admito. Pensé que podía ser uno de los dueños de la casa… vi las ventanas rotas, tardé en hacerme a la idea de que el abuelo se había ido por allí. No lo dudé ni un segundo y salí. Corrí por los patios, mojada entera y gritando el nombre del abuelo, y después los de mi papá y mi hermana, de cualquiera que viniera a buscarme. Nadie me respondía, no podía ver nada y me sentía completamente sola, así que me quedé debajo de una glorieta, hasta que me encontraron.
–Pineseed y yo andábamos en el segundo piso cuando de repente una parte del suelo cedió debajo de ella, y cayó. – continuó Wencesford – Le grité que me esperara, me aseguré de que podía oírme bajé tan rápido como pude. No sé cómo diablos acabó en los sótanos, pero tuve que meterme en ese laberinto hediondo para rescatar a mi hija. Cuando la hallé, hecha un ovillo en un rincón, pudo volver en sí y nos largamos enseguida, porque parecía que en cualquier momento saldría un monstruo de la oscuridad para devorarnos. Al final, nos topamos con un atajo hacia el exterior, la lluvia no era un elemento favorable pero estar afuera era mil veces mejor que estar adentro. Oímos a lo lejos los gritos de Pitchpine, y los seguimos.
–Fue ahí cuando apareció la luz, – siguió Pineseed – era una luz chiquitita y celeste, daba vueltas y vueltas sin que la lluvia le afectara. Estábamos tan felices de habernos reunido que no la habíamos notado. Cuando la vi, no sé por qué pero entendí que nos quería guiar hacia algo, entonces me acerqué y la lucecita se movió. No dudé en seguirla, nos condujo al límite del jardín con el campo abierto, que ya estaba todo anegado por la constante caída de agua… ahí vimos al abuelo Stallford, tendido, parecía llorar porque su rostro lo demostraba. Por lo sucio y embarrado que estaba, daba la idea de que se había metido en la ciénaga. Lo más asombroso no es sólo que había salido con vida, sino que había una dama flotante encima suyo, como custodiándolo.
–¿Una dama flotante? ¿Algo así como el fantasma de una yegua? – preguntó Gloomy, confundido por el giro que había tomado el relato.
–Era una dama hermosa, tenía un velo celeste que le cubría la cara y vestía una túnica blanca, translúcida, su ropa flameaba como las melenas de las princesas Celestia y Luna, quizá tal vez ella era una especie de princesa o yegua especial, – respondió Pineseed – acariciaba la cabeza del abuelo como si consolara a un potrillo. Estoy casi segura de que ella lo salvó, no sé cómo, pero pude sentir el poder que emanaba. Te hacía sentir… tranquilidad, y paz.
–Es difícil de explicar… yo también la vi – admitió Pitchpine – desapareció cuando nos acercamos al abuelo, él por suerte estaba bien, se alegró tanto de vernos que hasta nos envolvió en un abrazo, y eso que no es de mucho mostrar afecto. Mientras tratábamos de hallar una salida, le preguntamos al abuelo cien veces qué le había pasado, pero nunca nos quiso responder nada concreto. Lo único que repetía era "no está muerto ni está vivo, está desaparecido". Después comprendimos a qué se refería… el tío Stratford no estaba allí.
Aquella afirmación resultaba muy confusa para los dos corceles, quienes esperaban alguna otra aclaración, que la jovencita nunca dio.
–Vaya… ¿cómo hallaron la salida? – preguntó Gloomy.
–Gracias a la dama celestina, ella envió unas esferas de luz que nos guiaron incluso hasta cuando salimos de las inmediaciones del castillo. – respondió Pineseed – Ojalá supiéramos si el tío Stratford escribió otro diario mientras estaba allí, seguro habría hablado de ella…
De nuevo en la ciudad, Gloomy Sonnet se despedía de Archiver en la puerta de su casa. Durante el trayecto de regreso no habían charlado en absoluto sobre lo acontecido en el último par de horas, y el poeta, interpretando el silencio de su amigo como señal de fastidio porque la reunión se había demorado más de lo previsto, se ofreció a pagar el transporte hasta la biblioteca, tras reiteradas disculpas. Archiver fue gentil y le dijo que no había problema, que lo alcanzaran hasta su casa nada más. Le explicó que no estaba enojado ni nada, sino que aquella visita le había dado mucho en qué pensar, le agradeció por invitarlo a ir, y antes de que Gloomy Sonnet se marchara, le dio el contacto de Cryptogram Decryptor, en Vanhoover.
–Que venga y lea el borrador, te va a ayudar a convertirlo en una historia críptica, porque Wencesford no se equivoca en su percepción… dile a Cryptogram que vas de parte mía, él va entender el resto.
Por si alguien se quedó con la duda, sí, en este capítulo hay una gran referencia a los personajes de Gravity Falls, es mi forma de homenajear a una de las mejores series de la década. Tomé prestado el concepto de los diarios, aunque modifiqué la estructura familiar de los Pines/Pones, en primer lugar para que no se vea como un plagio, y en segundo lugar, porque esa estructura me era más funcional para este fic.
También, el apellido Pones es una referencia a Aitana Pones, protagonista de "La guerra en las sombras", de Volgrand, fic altamente recomendable por su nivel de acción, misterio, conspiraciones y batallas trémulas.
Siento que el capítulo se haya enfocado mucho en la historia de las gemelas Pones, pero en el próximo avanzaremos más sobre la investigación de Sweet Prose, y vamos a descubrir que todo está conectado de alguna forma...
