Ficha de Autor Secundario

El pronóstico oficial anunciaba una tarde lluviosa. El cielo se fue cubriendo de nubes mientras las potrancas salían de la residencia Prose, poniendo las calles en esa semipenumbra típica previa a las precipitaciones. Las primeras gotas repiquetearon en el techo justo cuando los bibliotecarios se disponían a cumplir sus tareas. Muy probablemente, esa tarde estarían aliviados de la atención al público. Por eso, como solía ser costumbre los días lluviosos, encargarían unas frituras en la pastelería cerca de la biblioteca, y beberían algo caliente. Ese momento sería el ideal para compartir impresiones.

Pero primero, Sweet y Catal querían finalizar con su tarea de procesamiento, especialmente con el de un libro que se habían dejado sin catalogar al mediodía. La duda venía porque el tomo poseía dos autores, pero solamente uno figuraba en la tapa y en la portada, mientras que el segundo aparecía en la contraportada y otras fuentes menores. La mención del segundo autor respondía a su participación con las ilustraciones y la diagramación del escrito, porque se trataba de una obra acerca de estructuras mitológicas de culturas desaparecidas cuyas ruinas aún continuaban de pie, y que todavía preservaban rastros de los símbolos grabados en sus paredes. En las páginas se incluían representaciones de cómo serían esas edificaciones sin la erosión del tiempo. Ambas ponis debatieron si la omisión era intencional o producto de un error en la imprenta. La hipótesis de la intencionalidad se alzaba como la más probable, por eso resolvieron hacer de todas formas la ficha de autor secundario, pues si el tipo se volvía cada vez más famoso, alguien vendría a buscar libros donde éste hubiera trabajado.

En la bibliotecología nunca se debe perder ningún detalle, pues no sabes qué dato puede ser el que permita recuperar una obra solicitada, que se ajuste a la necesidad del usuario. Algo parecido ocurría con los títulos, en el caso de mitos, cuentos o leyendas populares que pertenecen al dominio público, y por lo tanto, podemos encontrar publicadas muchísimas versiones de los mismos, a cargo de diferentes editoriales. En ese caso, si la biblioteca disponía de más de dos versiones de la misma historia, había que elegir un título predefinido, el cual se escribe entre corchetes en el primer renglón de la ficha, el encabezado. Eso ya les había pasado, por ejemplo, con el relato de la "Noche de los Corazones Cálidos" o "Víspera del Calor del Hogar", publicada a veces con títulos escuetos, y otras tantas, la mayoría, con títulos muy elaborados (esto también dependía de la edición, un título rimbombante contribuye a resaltar una edición de lujo). El criterio para establecer un encabezado común se regía por la denominación dada a la obra por el público general. Después de varias investigaciones en escritos de vasta antigüedad por parte de Archiver, descubrieron que "Noche de los Corazones Cálidos" fue el primer nombre que recibió la festividad, de ahí que decidieran elegirlo como título. Con las biografías de grandes figuras ocurría lo mismo, en esos casos bastaba con seleccionar el nombre del poni. Por ejemplo, todos los libros que retrataban la vida del mago Starswirl el Barbado llevarían su nombre entre corchetes en el encabezado de sus fichas catalográficas.

La resolución del dilema del segundo autor le sacó un suspiro a Catal Fast, que esperaba zafar del doble trabajo. Más fichas de 12,5 x 7, más letra apretada para que entre toda la información del libro, para que vaya a saber quién sabe cuándo, a alguien se le ocurra pedir ese libro no por el nombre del autor principal sino por el del otro, ya sea porque está interesado en éste o no se acuerda del nombre del primero. Aunque, mientras confeccionaba las fichas, esa cuestión del participante omitido la dejó pensando en Ghost Letter. Ya suponían que era el pseudónimo de un poni misterioso, que prefería ocultar su identidad. ¿Y qué si en vez de un único escritor, fueran varios?, se preguntó la catalogadora. No tenía muchas pruebas pero sí suficientes dudas.

Por la nubosidad cada vez más densa, la luminosidad se redujo en la sala de lectura, dándole cierto aspecto oscurantista. Se hacía el momento de prender las luces porque ya se ponía difícil para ver. Viendo que apenas caía una garúa, Archiver decidió tomar una pausa de su lectura del diario de Stratford Pones, y se ofreció a buscar unos churros rellenos a la pastelería. Sus colegas aprobaron su ofrecimiento y le dieron su parte del costo de los churros, pues siempre dividían los costos, mientras tanto ellas prepararían un buen café. Entonces el archivero se ajustó bien el impermeable y se dispuso a salir, no sin antes de que Catal hiciera su encargo especial.

—¡Si hay churros rellenos, tráeme media docena, please!

Los churros rellenos, especialmente de dulce de leche, eran la locura de Catal para los días de lluvia. De los tres, era sin dudas la más golosa, además de tener una suerte inmensa al no engordar, tal secreto de su metabolismo traía muy intrigado a Archiver. Su gusto iba más por lo salado, prefería las medialunas saladas de hojaldre, los panes saborizados o los bizcochos, quizá eso se debía a que en su casa no solían comer mucho dulce a causa de la diabetes de su madre. Ya de mayor, apenas un pastelillo alcanzaba para empalagarse. Los sabores agridulces, no obstante, los toleraba un poco mejor, dependiendo mucho de su combinación. Los caramelos de Choco Mint, por ejemplo, generaban un buen equilibrio en su boca, entre el dulzor del chocolate y la frescura de la menta.

Durante las pocas cuadras que duró su periplo a la pastelería, nada inusual se presentó ante el corcel. Cuando entró al local, inundado del aroma a fritura y de los variopintos colores de sus especialidades, ya había una buena cantidad de clientes aguardando por lo mismo que él. No le sorprendía, después de todo aquello ya estaba convertido casi en tradición. Mientras avanzaba la fila, Archiver se distraía contemplando las exquisiteces o a los escasos transeúntes que pasaban por delante de la vidriera. Fue así como vio al corcel de la gabardina oscura, observándolo detrás del cristal. Un sombrero de alas muy anchas y unos anteojos color sepia, para ver en la neblina, ocultaban su rostro. Al descubrirlo, el poni terrestre le sostuvo la mirada, sin saber si realmente el otro lo veía. Si se trataba de un simple casual, o si su presencia allí afuera significaba algo. Pero le transmitió de pronto una inquietud tan grande, que Archiver volvió la cabeza bruscamente, deseando que tal figura desapareciera. Y aunque efectivamente ya no estaba cuando echó un vistazo afuera antes de marcharse con el paquete de churros, el temor no se le había disipado. Abandonó la pastelería a paso ligero, intentando parecer normal, despreocupado, como cualquier poni que vuelve a su casa o trabajo luego de comprar algo para deleitarse. El trayecto de regreso se tornó más ominoso que el de partida. Podía sentir la sombra del desconocido deslizándose a pocos metros detrás de él, sin embargo Archiver resistió el impulso de mirar por sobre el hombro. "Deben ser ideas mías, es una sugestión de mi mente…" se decía a sí mismo para tranquilizarse.

De potrillos, Gloomy Sonnet y Archiver solían jugar a imaginarse que un monstruo los perseguía mientras regresaban a casa después de la escuela. Se inventaban las más disparatadas criaturas, describiéndolas al detalle, con la consigna de no correr hasta la puerta. De cuando en cuando se llevaban tremendos sustos, como si de repente aquellos peligrosos seres imaginarios hubiera cobrado vida. Al final, cuando se sentaban a merendar, se reían de sus propias reacciones. Aquellas experiencias compartidas le sirvieron de inspiración a Gloomy para un cuento, "Los monstruos a la vuelta de la esquina", y "Monstruos secretos", una novela sobre dos niños que investigan a los míticos monstruos de la infancia (como el Cuco), aunque mezclándolo con la sutileza de los problemas del mundo adulto. Ahora el bibliotecario recordaba al Pony de la Bolsa, imaginado también un día nublado. Reproducía cada una de sus palabras de niño, describiéndolo como "un viejo caballo cubierto de negro de la cabeza a los cascos, cargando con su boca llena de dientes chuecos y alargados, un saco en el que guarda a los potrillos que captura portándose mal, y se los lleva para comerse su carne y decorar su casa con los huesos de ellos". Aquella vez tuvieron un susto memorable cuando justo un vecino, cubierto por su impermeable, les ofreció prestarles un paraguas porque había comenzado a llover. Ahora, un par de décadas después, Archiver pasaba por una situación similar, con la diferencia de que el poni de la gabardina resultaba mucho más real y mucho más peligroso.

Los nervios lo dominaban cada vez más, su corazón palpitaba con fuerza dentro del pecho y le faltaba el aire. Pero se mantuvo fiel a la norma de su juego infantil con Gloomy: no mirar atrás, no correr hasta la puerta de casa. Finalmente, tras un esfuerzo supremo, llegó a la biblioteca, lanzándose hacia adentro como si el exterior se desmoronara de repente. Ya en la calidez de su lugar de trabajo, pudo por fin respirar tranquilo, recostándose un segundo contra la pared para recuperar el aliento...

—¡Aaaahh! — un trueno que resonó inesperadamente sobresaltó al corcel. La bolsa de churros cayó al suelo, por suerte sin perder su contenido, de lo contrario se las tendría que ver con la furia de Catal Fast.

—¡Archiver! ¿Qué pasó? — Sweet salió a su encuentro inmediatamente, y se preocupó mucho al verlo tan agitado — ¿Estás bien?

—¿Los churros están bien? — preguntó Catal, viniendo detrás de su amiga.

—Sí, no se preocupen, no pasa nada. Sólo fue un trueno que me tomó por sorpresa… — mintió Archiver, forjando una sonrisa mientras recogía los churros con cuidado — En el camino me venía acordando de cuando jugaba a imaginar que me seguían monstruos hasta mi casa, un día lluvioso como éste inventé al Pony de la Bolsa, y hoy, por un instante tuve la sensación de que él había regresado.

—Por suerte pasó de largo… de otra manera, nos habríamos quedado sin churros para comer — bromeó Catal mientras se apoderaba del preciado tesoro. Para su sorpresa, Archiver no se molestó por la broma, hasta se rió un poco, como si realmente se sintiera aliviado de escapar de un serio peligro. Aquello llamó la atención de la catalogadora, su intuición femenina sospechaba algo, no obstante, el hambre podía más.

—Oh, recuerdo la historia de ese personaje en "Los monstruos a la vuelta de la esquina", Gloomy dijo que se había inspirado en un juego de infancia, inventado por ustedes juntos. — comentó Sweet con emoción — Nos leyó su cuento en el Salón Literario, y nos dio la consigna de escribir sobre nuestros propios "monstruos de la infancia", fue muy divertido. Yo escribí sobre las sombras raras que se formaban en mi cuarto cuando me iba a dormir por la noche. Siempre me levantaba a prender la luz para asegurarme de que no había nada.

Un mantel grueso reposaba sobre el mostrador. Encima, tres tazas humeantes, una pila de servilletas y un gran plato aguardaban el ingrediente faltante para dar inicio al ritual. Normalmente, armaban eso en una mesita dentro del despacho, para cumplir con la normativa de la sala. Pero por esta vez, dada la ausencia total de usuarios y de la directora, lo dejaban pasar. Obviamente no quedaría ninguna prueba del delito. Con una disposición casi artística, Sweet acomodó varios churros sobre la bandeja, colocando los de Catal un poco más aparte. Por unos segundos, el equipo se dio el gusto de apreciar la puesta en escena antes de pasar a la degustación, endulzando sus cafés primero.

—Es una bobada, — continuó Catal — pero en la casa de mi vieja me tocaba cruzar un pasillo largo para ir desde mi cuarto hasta el baño. Bueno, en ese entonces me parecía largo… El típico terror de que haya un fantasma en el pasillo a oscuras.

—O el baño de una casa antigua, en muchas lo construían aparte. — agregó Sweet — Cuando visitaba a mi abuela yo siempre evitaba ir al baño, el váter me parecía enorme, pensaba que me caería dentro. Además tenía una rejilla de la que se podía escuchar un hilo de agua cayendo en algún lado…

Aquel rato de anécdotas más el calor del café habían logrado bajar la tensión de Archiver. Tal vez no haya sido lo correcto ocultarles la verdad, pero no quería despertar la alarma de sus compañeras por algo de lo que no poseía completa seguridad. Prefería creer que el poni de la gabardina no era ningún espía, simplemente alguien bien protegido de la lluvia. Sin embargo, al momento de irse a casa tomaría otro camino e iría con cuidado.

—Por cierto… no sé si ya hemos tocado este tema, pero me he puesto a pensar. ¿Qué tal si Ghost Letter es más de un poni? — dijo Catal Fast, después del segundo churro relleno — Ya que el nombre no hace referencia a nadie en concreto, es muy fácil deducir que "La Supernova del Crepúsculo" fue escrita por varios contribuyentes, y que alguno se encargó de pulirlo para que tuviera consistencia.

—Es una teoría posible, después de todo, viendo todo el trabajo de edición y de distribución, sin dudas estamos ante una obra colectiva — acotó Sweet.

—Así y todo, alguien tuvo que ser la mente maestra de esa obra colectiva. Hay contados ejemplos de libros escritos por varios pares de cascos que consiguieran fundirse en un mismo ente. Y encontrar las pistas que nos lleven a cada uno terminaría siendo una tarea irrisoria. Más no imposible.

—Ok, la cosa es… ¿por qué eso nos competería a nosotros? — replicó Catal — Somos bibliotecarios, lo dicho en ese libro no nos afecta en lo personal ni en lo laboral. Seguramente ya lo están investigando las princesas, que es a quienes más ataca… supuestamente, porque en lo que hemos leído Sweet y yo, no es que hable tan mal de las princesas, o bien no llegamos a esa parte. Cuando pienso que un amarillista como Subtle Gossip está interesado en ese libro, siento que no tiene sentido.

Entonces, la unicornio blanca recordó preguntarle a Archiver sobre el origen del mito de Lupertius, el poni que venció a un lobo, realizando previamente una síntesis de la lectura del primer capítulo y la impresión causada en ella y en Catal. Por sus investigaciones junto a sus colegas en el Caleidoscopio, aquel mito no era desconocido para él; le sorprendía quizás la versión tan uniforme relatada por Ghost Letter, pues se trataba de un relato con muchas variantes y teorías detrás de las mismas. Había una versión donde los hermanos poni eran criados desde potrillos por una loba, conviviendo con los mismos hasta que retornan a la comunidad poni, y en un giro de los acontecimientos, uno de ellos atacaba a un lobo por defender a una potranca. Otra versión relataba que, por matar a un lobo en una pelea no muy limpia, un corcel es castigado por los espíritus de aquellos animales, siendo convertido en lobo y emprendiendo así el camino a la redención. Acerca de la aldea poni fundada en tiempos de la gran helada también circulaban muchas especulaciones en el mundo académico, aunque prácticamente nadie asociaba a esta aldea con el poni-lobo… Al parecer, Ghost Letter había fundido dos historias míticas para construir un mito fundacional. Cuando Archiver dijo eso, la decepción se dibujó en los rostros de las lectoras de la Supernova, no obstante, insistieron en la conexión de ese mito fundacional con las afirmaciones acerca de la "Equestria del Oeste", sobre ese lugar donde supuestamente se desarrolló otra sociedad de ponis. Al archivero le pareció muy improbable, porque debería ser algo de público conocimiento, no podría mantenerse tan oculto de tratarse de un país, aunque en caso de una ciudad, se consideraba plausible una política de ocultamiento…

De repente, una conexión de ideas se produjo de forma inesperada en la mente de Archiver. Lobos, ponis, una ciudad escondida. Se limpió bien los cascos con una servilleta, mientras algunos versos de uno de los poemas anónimos de la 5° Caja saltaban de su memoria: "corceles habitan en la casa, juegan con agujas, silban a sus lobos", "los lobos empuñan el acero en sus grupas", "los lobos habitan la casa juegan con cuchillos". No podía buscar el poema porque se encontraba dentro de la caja fuerte y Spokesmare no había venido esa tarde, pero sí tenía al casco el 4° Diario de Stratford Pones, pues le había pedido a la directora que le permitiera dejarlo afuera antes de cerrar. Se sentía seguro de haber hallado una pista importante en todo el asunto.

Exhibió el cuaderno a sus compañeras y lo dejó apoyado sobre una pila de libros.

—¿Este tipo de portada no les resulta conocida?

Sorprendida por la pregunta e intrigada por las intenciones de Archiver, Sweet se fijó en la tapa del diario, el único sin el extraño símbolo presentes en los demás libros de la donación misteriosa, y Catal analizaba la herradura y el número cuatro mientras se zampaba un cuarto churro relleno. Los ojos de la poni color crema se agrandaron cuando cayó en cuenta de a qué hacía referencia esa presentación. Apresuradamente tragó el bocado que estaba masticando, casi atorándose en el proceso.

—¡Ya sé! Un número enmarcado con una herradura es la forma en la que Stratford Pones enumeraba sus diarios. Que yo sepa, sólo existen tres, bien resguardados por su hermano gemelo Stallford Pones en La Casa de los Secretos, una de las mayores atracciones turísticas de Fillydelphia… Iba mucho por allí con uno de mis ex, en mi etapa de adolescente friki. Nos pasábamos horas mirando los cachivaches sobrenaturales y escuchando las estrafalarias anécdotas del señor Stallford. Además de gastarnos mucho dinero en chucherías, claro. Luego maduré y dejó de interesarme todo eso, pero creo que mi ex todavía va a la cabaña esperando encontrar de nuevo al señor Stratford para hacerle preguntas sobre sus dichosos diarios, al igual que todos sus fanáticos.

—Sé de Stratford Pones por uno de los miembros del Salón Literario, ha escrito incontables cuentos acerca de los misterios descubiertos por el señor Pones, un verdadero investigador de lo paranormal. Gloomy Sonnet dice que, con suficiente esfuerzo, podría llegar a ser el sucesor de Ponecraft en la literatura de terror.

—¡Seguro es mi ex! — exclamó Catal con una risita — Ahora, hablado en serio, ¿acaso ése es un diario perdido de Stratford Pones? ¿qué tiene que ver con Ghost Letter?

—Bueno… con respecto a tu primera pregunta, Catal, estás en lo cierto. Este debió ser el último diario que escribió Stratford, aunque está incompleto. Y sobre la segunda, no estoy seguro de que se relacione directamente con Ghost Letter, pero sí con los libros de la quinta caja. No sólo este diario, sino la historia del poni que lo escribió, me han brindado una información muy importante… y esa información me confirma también que debemos tener cuidado sobre lo que decidamos hacer con este asunto. Verán, hoy acompañé a Gloomy Sonnet a la Casa de los Secretos porque le salió un trabajo…

De este modo, mientras se terminaban el café y los churros, Archiver les relató su charla con Stallford Pones, la historia del gemelo, la controversia familiar entre creer o no lo ocurrido en su viaje a Red Hollows, la determinación de las jóvenes Pitchpine y Pineseed por publicar su historia y así difundir la verdad, el temor de sus padres a sufrir represalias por parte de los herederos del clan gobernante.

—Hace dos años, Stratford Pones fue a Red Hollows para ponerse al servicio de los Duques de Vermillion, y desde hace más de un año que no se tienen noticias de él. Hasta el día de hoy, su paradero es un misterio, y no han quedado rastros suyos después de la sublevación de los pueblerinos contra los duques. El único legado son sus escritos, sobre todo este diario…

—¿En qué piensas, Sweet? — preguntó Catal a la unicornio, al verla muy pensativa. Reconocía su cara de "genios trabajando".

—Pues, me llama la atención que los libros fueran robados del castillo de Vermillion hace poco más de un año, antes de que los Pones viajaran allí, por eso no hallaron el diario… No conocemos las intenciones del o los ladrones, pero me intriga saber por qué ahora deciden repartir ese botín a las bibliotecas de Equestria en vez de intentar venderlos o utilizarlos para su beneficio personal.

—Quizá alguien los compró — acotó Catal — aunque seguiría siendo raro que el comprador, si quería donarlos a una biblioteca, eligiera alterar la donación de otro contribuyente. Hay formas menos arriesgadas de realizar una donación anónima.

—Y da la casualidad de que, casi al mismo tiempo, sale "La Supernova de Crepúsculo"... — de pronto el rostro de la unicornio reflejaba una gran cuota de emoción al darse cuenta de que dos hechos "aislados" podían estar íntimamente ligados.

Hubo un silencio, como si los otros dos bibliotecarios hubieran completado la frase dejada en vilo, y hubieran llegado a la misma probable conclusión. O más bien, a la misma hipótesis, pues para arribar a una conclusión era fundamental poseer pruebas concretas y verificables que la justificaran. Si la donación anónima y el libro clandestino se vinculaban de alguna forma, si formaban parte de un plan mayor, entonces las principales fuentes de información debían ser el 4° Diario y la Supernova, en los cuales cualquier mínima cita o referencia podía indicar un camino. El equipo de la Biblioteca de Fillydelphia discutió acerca del rango de implicación en el asunto, siendo Catal Fast la primera en señalar qué iban a hacer en caso de descubrir, por ejemplo, una conspiración a gran escala. O, más complicado aún, si uno de los implicados en tal conspiración descubría la investigación de los bibliotecarios. Eso dio que pensar a Archiver, teniendo en cuenta el episodio de aquella misma tarde. Lo asaltó la inseguridad de verse envueltos, sin querer, en una especie de guerra secreta donde los bandos enemigos mueven sus fichas desde las sombras, pero sus rostros jamás son visibles. Quizá De-Cryptor estuviera en lo cierto con sus sospechas conspiranoicas sobre grupos de poder que manejan los hilos de Equestria sin que nadie se entere, sin que nadie sospeche jamás lo que se trama por debajo.

—Con estas cosas secretas uno se puede topar de todo, — comentaba Catal — que Stratford Pones es Ghost Letter, que su hermano Stallford sabe la verdad pero se la oculta a su familia, que algún poni allegado a nosotros resulte estar trabajando para esos tales Vermillion, que todo es una estrategia de algún villano para manipularnos a todos, ¿quién sabe? Es como cuando tienes un patio cubierto de flores, pero se te cuela un perro por la verja y empieza a desenterrar cosas… en eso me identifico con los padres de las gemelas Pones, desempolvaron secretos atroces que no se animan a revelar.

—Pero la verdad debe salir a la luz, por muy terrible que sea. Por muy difícil que sea para el público creerla. — insistió Sweet con vehemencia.

—El problema es que donde ventiles de más, eso va a generar un efecto dominó que quién sabe en dónde termine…

—Lo mejor es que seamos cuidadosos, no decir más de lo necesario, y vigilar nuestros pasos — propuso secamente Archiver, había estado hojeando el diario mientras conversaban, y al pasar notó ciertos detalles llamativos.

—Por cierto, Archiver, ¿le has comentado a la familia de Stratford Pones sobre el cuarto diario?

—Solamente a su hermano. Me pidió que le alcanzara una copia cuando pudiera.

—Bien, sabemos que allí debe haber escrito mucho sobre Red Hollows y los Duques de Vermillion, eso nos podría ayudar a…

—No. — la cortó Archiver, parándose enseguida — Preferiría que no se involucren más de lo debido en esto.

—¡Ah, no, eso no! Tú sólo quieres apartarnos de la investigación para quedarte con todo el crédito al final. — contestó Catal.

—Piensen lo que quieran, — repuso el corcel, llevándose el diario — pero no quiero comprometer la seguridad de mis colegas.

Sin decir nada más y sin hacer caso de las protestas de las yeguas, Archiver se retiró al despacho. Compartir sus avances con ellas había sido un error, porque si sus temores eran ciertos, el más mínimo descuido podía acarrear consecuencias graves. Aunque pareciera un egoísta, tenía sus razones para reservarse cierta información. No dejaba de recrear en su memoria el retrato de la última familia Vermillion, no dejaba de pensar en la imagen del hijo menor ni de preguntarse qué fue de él, qué lo hacía parecer distinto. Bloodbourne, Pones lo había citado en una anécdota inquietante, como la mayoría de los relatos de su estancia en el castillo de Red Hollows. Las etiquetas de los frascos que vio el investigador paranormal en las estanterías del laboratorio del sótano, Skywalker, Earthquake, Dumblecolt, Bloodmoon, y que Archiver estaba seguro de haber visto en otro libro. El misterioso cartapacio con documentos de la OICE (Oficina de Investigaciones Criminales de Equestria).

Todo eso, y más, lo inquietaba sobremanera. Todo se conectaba mediante enrevesadas redes de araña, en cualquiera de las cuales podía quedarse atrapado.