Red de metadatos
15 de mayo
Hay una energía demasiado densa en este lugar. Me siento acostumbrado a oír murmullos por las noches mientras duermo, pero aquí en Red Hollows pareciera que todo el mundo anda de vigilia. Apenas llevo un par de días en la mansión y ya me he encontrado con varias apariciones, sin embargo no me atrevo a comentar nada con los duques. El patriarca, el Mayor Crimson, es un anciano con escasa movilidad y una mirada demasiado incisiva que nadie es capaz de sostenerle, ni siquiera sus hijos Mahogany Sliver o Currant Mellow, aunque escuché que solamente uno fue la excepción a la regla, el tercero de sus hijos, pero de ése no se hablaba. "Incluso si usted le pregunta al Duque Crimson cuántos hijos tiene, siempre responderá que dos, usted nunca insista lo contrario" me decía la sirvienta que me asignaron, una yegua cuarentona, regordeta y con una verruga en la nariz.
Nunca me interesó demasiado fijarme en el físico de nadie, no obstante no puedo dejar de notar el aspecto tan poco agradable de la servidumbre. Si hay alguno joven, no debe ser menor de treinta años. "Los contratan así a propósito, para evitar las 'tentaciones', ¿sabe?. Existen dos cosas que los Vermillion no toleran por nada del mundo, una de ellas son los hijos ilegítimos de cónyuges, aunque se lo piensan bien en el caso contrario", me contó aquella criada la noche anterior, cuando me trajo una cobija extra. La resolución de contratar personal doméstico con escaso o nulo atractivo físico se originaba en hechos ocurridos varios atrás, cuando aún el Duque Crimson no había nacido. El patriarca de aquellos años no se encontraba conforme con la esposa que le había tocado, por lo cual inició un amorío con una sirvienta, con tan mala puntería de dejarla encinta. Al enterarse, la duquesa enloqueció de rabia. El día del parto ordenó matar a la madre y a la potrilla que dio a luz, pero ni el más cruel de los matones se atrevía a derramar la sangre de una recién nacida, especialmente conociendo la identidad del padre. Eso no detuvo a la duquesa, decidida ella misma a acabar con el fruto de la infidelidad. La criada murió defendiendo a la bebé, la cual sobrevivió gracias a la intervención del duque, quien la adoptó como hija legítima pese a la contrariedad de la duquesa. Ella estuvo a punto de ser desterrada de Red Hollows por su iniquidad. La niña creció infeliz, pues por su condición de bastarda nunca halló suficiente amor de familia, sumado a que en su breve vida vio siempre al fantasma de su verdadera madre, a los pies de la cama, con una expresión triste y angustiada. Sin llegar a cumplir los veinte, la potranca, presa de una profunda depresión, se suicidó… la he visto en el corredor, cerca del baño, delgada y silenciosa como lo fue en vida, según me dijo la sirvienta. "Pero no se crea, el duque conservó a la niña sólo porque era su padre… esa es la diferencia, si los hijos bastardos tienen sangre Vermillion, son absorbidos por la familia, de lo contrario, si ninguno de los adúlteros son Vermillion, el castigo es la muerte o el destierro. Pasó con un hermano del duque Crimson, su esposa tuvo un romance con un joven del pueblo, parió un hijo que no pudo ocultar, y enseguida que el duque se enteró, al otro día el amante y el bebé estaban fuera del pueblo, ordenados a exiliarse y no regresar bajo pena de muerte. No sé qué haya pasado con aquella duquesa, creo que la encerraron…"
"Y así, muchas historias trágicas guarda esta casa desde que fue levantada", lo cual explica muy claramente para mí la cantidad de presencias deambulando entre las paredes. Es como si al morir aquí, el alma quedara imposibilitada de trascender este mundo.
–¿Usted nunca estuvo con una yegua? – inquirió el Duque Crimson cuando comenté sobre mi estado civil en la entrevista que me hicieron al llegar a la casa.
Esa pregunta me incomodó bastante, especialmente por el modo en que el anciano fijaba la vista en mí, como si pretendiera observar a través de mi carne. Fue la mirada más ominosa que he recibido en la vida, ni siquiera Stallford, cuando sospechaba que yo le ocultaba algo, lograba inquietarme de esa forma. Yo respondí, humildemente, que pude tener alguno que otro encuentro amoroso, pero que no se me daban bien los romances. Quizá por el trabajo que elegí, o porque no poseo el perfil de un cautivador. Creo que esa respuesta no lo convenció mucho, porque el viejo patriarca continuó en su actitud desconfiada.
–He de suponer, entonces, que a su edad no posee hijos propios.
En ese momento, supuse que toda esa indagación sobre mi familia respondía a un interés de los duques por si me ocurría algo. Sin embargo, había otra explicación para eso. La segunda cosa prohibida para mis nuevos empleadores, eran las desviaciones sexuales. De lo anterior podía deducirse claramente el valor dado a la descendencia, "para ellos, todo debe quedar 'en familia', quiere decir que sus posesiones siempre deben quedar en cascos de un Vermillion, obvio que sin recurrir al incesto", me dijo la criada. Una relación entre dos ponis del mismo sexo era inaceptable por cuanto no podían engendrar, además de que iba contra las disposiciones de la naturaleza. No quisiera adelantarme en mis conclusiones, pero puedo notar cierta preeminencia de un férreo discurso naturalista conservador en los duques, lo que explicaría bien la actitud del señor Crimson durante la entrevista. De hecho, mientras escribo esto, acabo de darme cuenta de que no sólo rechazan la homosexualidad sino que parecen estar muy atentos a cualquier signo que la delate. ¿Quién no pensaría mal de un semental que a sus sesenta años ni siquiera ha tenido una novia estable?
[...]
18 de mayo
Las cenas, a comparación de los almuerzos, suelen ser menos suntuosas, quizá debido a la falta de sueño que provoca comer tanto por las noches. Lo he comprobado en Stallford, siempre le cuesta dormir cuando se atiborra de comida antes de acostarse, pero es un vicio que hoy puede controlar. Bueno, se lo controla su esposa, para ser sincero.
A la cabecera se sienta siempre el Vermillion de mayor edad, en este caso, el Duque Crimson. Llegada su hora, le sucederá el señor Mahogany, aunque su hermano Currant pretende disputarle el puesto pese a saber que es menor. Según puedo observar, el primero no se encuentra lejos de los cincuenta y el segundo ronda los cuarenta, parece ser una constante en la familia que los hijos nazcan casi seguidos. El tercer hermano seguramente tendría unos treinta, de encontrarse presente. De manera ordenada, la disposición en la mesa sigue el mismo patrón: a la derecha del patriarca se sientan los duques con sus respectivas familias, mientras que a la izquierda se ubican los invitados, si los hay. Esa es otra particularidad en esta casa, que debe tener su origen como muchas de las otras costumbres imperantes.
La duquesa Saffron, esposa de Mahogany Sliver, es una de esas damas de talante duro pero afable. Suele andar bastante por la residencia, aunque con ciertas restricciones, las cuales aplican más que nada para quien trate con ella: no mirarle demasiado fijo, cuidar lo que se le dice, evitar contactos demasiado cercanos. Me dio cierta lástima, porque además usaba vestidos largos, y hasta una especie de velo que le cubría la melena. Sin embargo, eso no era cosa de ella.
-Mi Mahogany es celoso, absurdamente celoso, pues no hay motivo para que desconfíe de mi honra. A pesar de eso, no me puedo quejar, me atiende bien… Le he dado dos hijos, y ya quiere uno más, pero yo no. Creo que un par son suficientes. - me comentaba la señora Sliver esta tarde, justo cuando yo daba un paseo por los jardines interiores del castillo, queriendo curiosear más allá, hacia la plantación de fresas, y me la encontré sin querer, paseando sola -Por cierto, ¿qué busca aquí, en el límite de los jardines?
-Oh, nada en particular - respondí rápidamente - sólo quería apreciar la plantación de fresas que hay más allá.
-Mejor evite venir por aquí. Es una zona, por así decir, restringida. - la señora Vermillion desvió la mirada al decir estas palabras, con cierto aire de reserva.
-Lo lamento, no quise ser atrevido…
-Ya, no se ande disculpando como un potrillo. Para timidez está mi cuñada, ya no sale mucho ahora que va a convertirse en madre primeriza. A pesar de que Currant es más descuidado, se encarga bien de ella. Que nuestros maridos nos cuiden bien es lo menos que ambas podemos esperar en nuestra "casa para siempre".
-¿"Casa para siempre"?
-Es una ironía curiosa, la aspiración de muchas jovencitas en este pueblo es casarse con un Vermillion por los lujos en que viven, pero cuando ven los sacrificios que implica ese enlace, ya es tarde para echarse atrás. Bueno, eso en caso de que exista un acuerdo voluntario, pues otros son más bien impuestos. Cuando existe un arreglo previo, no hay escapatoria. Una vez firmas los papeles y recibes la alianza, este castillo se convierte en tu "casa para siempre", para bien o para mal.
-Conociendo las historias que guarda la residencia, podría suponer que a muchos matrimonios les fue para mal.
La duquesa Saffron se detuvo y me observó detenidamente, luego agregó.
-No es tan malo como se rumorea, a veces simplemente no se elige la pareja adecuada. Durante el cortejo, uno cree aprender todo del poni que le acompañará por el resto de su vida, pero eso es un error. Lo aprendes todo durante el matrimonio, habrá rosas y espinas porque esto no es un cuento de hadas, y con suerte, al menos ambos llegarán a ser buenos amigos. Sin embargo, como le dije, depende mucho de la disposición de la doncella, y de qué tanto la vigiles, como le pasó a Currant.
-Perdone que sea un poco metido, pero, ¿a qué se refiere?
La conversación me sonaba muy extraña, de pronto caí en la cuenta de la inquietante intensidad que emanaba de la duquesa, la de alguien que maneja muchísima información sobre los demás.
-Oh, ya estuve hablando de más otra vez… pero se lo diré si promete no comentar nada.
-Olvidaré todo lo que ha dicho cuando salga del jardín.
-Dudo que eso sea posible, aunque no le veo cara de chismoso. Además, tan pronto como empiece a trabajar, no le quedará espacio en su mente para detalles irrelevantes. Como le dije, Mahogany es corcel de una sola yegua, sin embargo, Currant es lo contrario… o lo era en sus épocas de soltero, y eso lo demoró en su misión principal. No es que no se conformara con nada, sino que pasó casi diez años tratando de hallar a una novia perdida.
-Vaya...
-Más que "novia", yo la llamaría la "preferida" o la "prioritaria", la candidata más probable a ser desposada. Después estaban las otras, las "prescindibles", quienes sabían de sus pocas posibilidades de ganarle el lugar a Sunrise Morning, pero nunca imaginaron que ella lo abandonaría tan fácilmente. Durante un tiempo, los duques mandaron a investigar a cada una de ellas, creyendo que tenían algo que ver con su desaparición, más no hallaron nada al respecto.
-Pobre muchacha, el duque Currant debió quedar muy afectado.
-Lo pudo superar, o es lo que aparenta. - prosiguió la duquesa, levantando las cejas - Teorías hubo muchas, desde secuestro hasta ponicidio. Para mí, la más viable es que la señorita Sunrise simplemente se arrepintió de su elección, y huyó.
-Teniendo en cuenta lo que usted me comentó antes, imagino que fue por miedo a la "casa para siempre".
-Sí, pero había algo más. Según se averiguó, antes de borrarse del mapa, Sunrise fue a ver a Madame Midwife, y sólo hay una cosa por la que las potrancas van a ella. - la señora Saffron hizo una pausa, esperando quizá a que yo adivinara el resto. La respuesta me salió sin demasiado esfuerzo.
-Pero si estaba embarazada, ¿por qué marcharse?
-Usted lo dijo. Miedo. O tal vez se enamoró de otro poni, o ambas cosas. O bien, se enteró sin querer de algo que podía costarle la vida, esas cosas pasan... Sea como sea, Sunrise Morning dio a luz a un niño o una niña con sangre Vermillion, y fue lo suficientemente egoísta como para negarle a la criatura el conocer a su verdadera familia. ¿Quién sabe? Donde quiera que esté, se llame como se llame, ese potro o esa potranca desconoce sus raíces, y tampoco sabe que está en la lista de los más buscados por los Vermillion, después del "desviado"... Pero ya he hablado suficiente, debo alejarme de usted y volver a la casa por otro camino. Buenas tardes.
Dicho esto, la condesa apuró el paso sin dirigirme una sola mirada, dejándome parado allí con mis propios pensamientos. [...]
[...]
24 de mayo
[...] el doctor Manedeleiev es el más claro exponente del discurso naturalista de los Vermillion. Cuando estreché su casco tras bajar a los subsuelos, sintiéndome brutalmente golpeado por las vibras inquietantes de ese sitio encerrado, una serie de escalofríos me recorrió desde la columna al resto del cuerpo. Este científico no daba la impresión de ser alguien que viera seguido la luz del día, con ese pelaje pálido y la rala melena descuidada que vio mejores años; los ojos hundidos y vidriosos, con dos grandes pupilas azul grisáceo, como un par de láseres capaces de atravesar la piel para examinar los órganos internos; al abrir la boca saltaban a la vista sus grandes dientes chuecos, medio separados entre sí, que adquirían un curioso brillo opaco en la penumbra del laboratorio, y parecían fluorescentes como las luciérnagas. Flaco, anguloso, con una vitalidad proveniente de un espíritu activo y en constante movimiento, este corcel lideraba cada investigación llevada minuciosamente a cabo por él y su equipo desde hacía varios años. De prodigiosa memoria, recitaba fórmulas químicas, propiedades de ácidos o solventes, grupos sanguíneos, funciones instrumentales, procedimientos quirúrgicos. Había diseñado varios tipos de artefactos para simplificar su trabajo en la sala de cirugías. No le temblaba el casco en lo más mínimo a la hora de tomar un bisturí para operar, menos que menos para los delicados procesos con los cuales elaboraba toda una variedad de sustancias, desde las más nocivas hasta las más benéficas, almacenadas prolijamente en la droguería. Modulaba los tonos de su voz cascada según la situación en que se encontrase, aunque lo más normal era escucharlo gritar a través de los pasillos.
Tuve una extensa charla con este personaje, no porque me fascinara su discurso, sino porque era un tipo absorbente, a cada minuto pretendía retenerme para continuar discurriendo sobre sus investigaciones. La verdad es que me ponía los pelos de punta, y no veía la hora de escabullirme de ahí. La atmósfera empezaba a asfixiarme.
-Nuestra misión es mejorar lo que la naturaleza ha hecho desperfecto. Hemos descubierto la forma de compensar las más comunes fallas biológicas para desarrollar el mayor potencial de los sujetos. Usted creerá que aquí tenemos una carnicería o un matadero, sin embargo no existe manera de saber qué es lo que potencia a la fruta si no se la disecciona para descubrir sus componentes y propiedades...
"El poder de hacer vivir o dejar morir" fue una de sus frases más impactantes, aducía a todo un sistema de pensamiento sustentado en una dicotomía entre lo naturalmente óptimo y lo biológicamente defectuoso, por así decir. También sostenía el argumento de que en cada criatura, su pensamiento, sus motivaciones y sentimientos eran fuertemente influenciados por limitaciones físicas u hormonales. Sinceramente, podría llenar todo este diario con las ideas del doctor Manedeleiev, son tan fascinantes como terribles. Específicamente por el hecho de que fueron elaboradas a partir del sufrimiento de otros, no sólo ponis, sino además grifos, burros, ciervos, minotauros, hipogrifos, dragones, y otras criaturas que nunca he visto pero conocía de oídas. Cuando los cuerpos finalmente expiran, la mayoría son enterrados en fosas comunes, mientras que una minoría con rasgos físicos singulares son disecados o embalsamados, y pasan a formar del inventario de laboratorio. He visto esos cuerpos protegidos contra la degradación de la muerte. He visto algunas de las almas que esos cuerpos poseyeron deambular por ahí.
Había especímenes realmente llamativos, como el de la arpía: criatura mitad pony, mitad cuervo, de género singularmente femenino y un temperamento hostil; se diferenciaba de un grifo o un hipogrifo por sus pupilas rasgadas y la ausencia de pico. Una criatura que nunca me esperé hallar, fue un cambiante o simulador, como le dicen. Los cambiantes normalmente se mueven en enjambre, este debió perderse en alguna de sus peregrinaciones, de otra forma no me imagino que hubieran podido capturarlo tan fácil. Aunque mis dudas fueron aclaradas por el dependiente de la droguería, cuando me pasé por allí. "Éste fue un ejemplar que trajeron los duques de Etruria. Lo guardan como un trofeo, después de todo sirvió para contrarrestar la emboscada de esos insectos" me dijo el joven, "ahora disponemos del Kahottrin, altamente efectivo contra los cambiantes". Se trataba de una especie de insecticida muy concentrado, de color verde oscuro, ubicado en la estantería de las pociones mortales. Todas las botellas en esos estantes llevaban una etiqueta con una escala de amarillos, del más claro al más oscuro se medía su poder tóxico, y el Kahottrin se hallaba entre los niveles más altos.
Ese tipo de etiquetas, con distintos colores, conformaban el sistema de clasificación en la farmacia. El violeta y el azul servían para diferenciar a las sustancias de ocio, como el Opium, el verde para los medicamentos, el rojo para lo que ellos llamaban "optimizadores", unas pastillas capaces de potenciar las habilidades o destrezas más representativas de cada raza de poni, y compensar sus debilidades o falencias. Por eso, cada variedad de cápsulas fue denominada con un nombre particular. Para los ponis terrestres, Earthquake prometía aumentar la fuerza muscular, la resistencia al galope, la flexibilidad de las articulaciones. Para los pegasos, Skywalker aseguraba un mayor desarrollo de las alas, óptimo trabajo de los pulmones, la supresión del vértigo a las alturas. Para los unicornios, Dumblecolt ayudaría a la concentración al momento de conjurar hechizos, una rápida memorización, proporcionaría la capacidad de ejecutar magia sin inconvenientes… Y estaban desarrollando una nueva, Bloodmoon, para los batponis, supuestamente sirve para bloquear o detener la Sed. "¿Sabe lo que es la Sed? Bueno, en palabras generales, es un instinto salvaje que se les despierta, a veces sin motivo. Los batponis pierden el control de sí mismos y se convierten en ferales, bestias cuyo único deseo es matar. Antes tenían una pésima reputación, pero ahora sirven a la princesa Luna, a la que veneran como a una diosa. Gracias a ella, pueden convivir sin muchos problemas con la sociedad poni, aunque les juega en contra esa configuración biológica que traen por defecto."
Lo que me dejó de piedra fue saber que esas pastillas eran comercializadas en el exterior, es decir, en Equestria. Conformaban un mercado dirigido especialmente a los soldados y a todo aquel poni que desempeñara algún oficio de mucha destreza, como los Wonderbolts. A pesar de ser muy exitosas, sus efectos secundarios podían resultar muy contraproducentes para el consumidor. Y lo sé porque recuerdo perfectamente el día en que leí esa noticia en el periódico de Las Pegasus sobre la muerte de un unicornio durante un show de magia. Desató un escándalo, porque ya era la segunda vez que un corcel moría por el uso indebido de una sustancia no controlada. Sin querer, había encontrado el origen de los esteroides que circulaban en Equestria, y no tenía forma de comunicárselo al jefe de la Oficina de Investigaciones. Pero, por mi propia seguridad, debía evitar comentar esto con nadie. Traicionar a los duques estando en su propio territorio sería cometer suicidio, o por lo menos, de poder escapar, sería echarme a la muerte encima por el resto de mi vida.
[...] empiezo a pensar que fue mala idea aceptar venir aquí. En este instante, me siento como una de esas doncellas que al casarse con un Vermillion entran en la "Casa para Siempre".
–No es posible… – musitó Archiver cuando leyó aquel pasaje. Antes de arrancar la lectura, pensaba con preocupación si no había sido muy duro con sus compañeras, pero ese sentimiento se le había disipado de la mente a medida que accedía a las descripciones de Stratford Pones sobre su experiencia en Red Hollows.
Al contrario de los tres primeros diarios del gran investigador paranormal, de corte más expositivo, abundante en detalles e ilustraciones sobre seres fuera de lo conocido, el cuarto diario parecía correrse unos tantos de esa tendencia para explayarse más en la geografía del lugar, las particularidades del clima, las historias que confluían en la casa y explicaban la presencia de tantos fantasmas o entes inmateriales. Uno de ellos era aquella que Pitchpine y Pineseed llamaban "la Celestina": en vida fue una dama de buen corazón, amada por todos, que envejeció conservando su pureza original pues jamás tomó marido luego de enviudar precozmente, y, en un caso excepcional, el patriarca decidió que se quedara con la familia, que vistiera siempre de luto, y que nadie se atreviera a mancillar su honra. Falleció en completa paz, y por alguna razón, su espíritu aún permanecía en el Castillo de los Vermillion. Su presencia era agradable y sin maldad, solía aparecerse a los moribundos antes de su deceso, y tenía particular gusto en proteger la inocencia de los infantes. Un espíritu guardián, se podía decir.
Con toda la información que brindaba ese diario, Archiver cayó en la cuenta de que valía muchísimo más que los otros tres. Cuando escribía sobre el loco doctor Manedeleiev y sus ayudantes o sobre las costumbres de los Vermillion, regresaban con avasallante intensidad las imágenes que Ponecraft narraba en "El Palacio Bermellón". También se le venía a la mente el poema anónimo, cuyo sentido se aclaraba más a medida que desentrañaba la intrincada red tejida entre textos trazados por distintas plumas.
Y eso no era todo. Casi desde el principio de su escrito, y hasta las últimas páginas, Stratford Pones proporcionaba algunos datos interesantes sobre el tercer hijo del Duque Crimson, exiliado o fugado de Red Hollows por un comportamiento intolerable, tal era así que habían vetado su nombre. Del mismo modo en que a Archiver le llamó la atención cuando lo vio en la fotografía que las gemelas Pones le tomaron al correspondiente retrato familiar, Stratford se interesaba en saber la verdad sobre el Vermillion innominado. Pero investigar esa línea resultaba muy difícil, dada la imposibilidad de preguntar directamente a ninguno de los miembros de la familia, ni siquiera a la servidumbre, que callaba por no meterse en problemas. La única en realizar un aporte significativo fue la duquesa Saffron, aunque continuaba dejando huecos sin rellenar. Durante la estadía en el Castillo Vermillion, ella sembró un camino de migajas de forma muy sutil para el señor Pones, a quien la señora, al parecer, consideraba un amigo circunstancial. En la penúltima entrada, antes de la inminencia de las hojas blancas, mudas, Stratford redactaba unas conclusiones sobre lo que interpretaba del asunto, para finalmente apuntar el nombre del "ex" cuñado de la duquesa.
Sin embargo, cuando Archiver estaba a punto de tomar nota sobre ello, impulsado por una intuición, la puerta de los despachos se abrió para dar paso a Sweet Prose.
–¿Archiver? Perdón por la molestia… vino Handbook, te busca por lo de la Conferencia del Caleidoscopio.
–¿La conferencia….? ¡Oh, cierto! Dile que ya voy, no me tardo.
Se había olvidado totalmente del evento del viernes, es decir, de mañana, y apenas tenía preparada una parte de la ponencia. Por esa noche, le tocaría dejar de lado las investigaciones sobre los libros de la misteriosa 5° caja, que ya empezaba a perder el misterio.
Cada año, en determinada época, algo cambia en el semblante de la princesa. Durante siete semanas, revive en su corazón el mismo duelo, el mismo dolor, la misma cicatriz jamás cerrada. De cada una de esas semanas, hay un día específico en el cual suspende todas sus actividades, se recluye en su habitación palaciega, o a veces en los jardines, o incluso llega a internarse en el laberinto. Guardias y sirvientes saben que no deben molestarla en esa especie de expiación, el por qué se ha diluido con el paso de los años, y sólo los más viejos lo recuerdan bien. La alicornio pasa esa jornada en completa soledad, hasta cierta hora de la noche en que abandona su reclusión, y recoge unas flores para luego volar hacia el Memorial. Una vez allí, se queda a contemplar detenidamente los rostros grabados en la piedra, los nombres de quienes fueron y hoy ya no son. Siempre se detiene en el último, y es cuando finalmente empieza a hacerse reproches a sí misma. No bien termina de derramar la última lágrima, la longeva yegua regresa al castillo de Canterlot.
Muchos ponis ha visto abandonar esta existencia, pero hay muertes que simplemente no puedes soltar, se te pegan al alma y te rondan cual fantasma en pena.
Con la reincorporación de Luna a su vida, ese comportamiento fue alterado, aunque no mucho. Por sus problemas iniciales para integrarse a la vida moderna equestriana, la princesa de la noche tardó en comprender y en indagar la causa de esa tristeza que afloraba en su hermana mayor. Sin embargo, nunca encontraba la ocasión para hacerlo. Lo supo en un sueño. Cuando lo atisbó en el mundo onírico, la menor no dudó en intervenir allí. Aquel sueño se desarrollaba en un entorno oscuro, donde Celestia luchaba contra un poni de facciones monstruosas para salvar a una joven unicornio. No alcanzó a ver más, pues todo acabó cuando ambas hermanas cruzaron sus miradas.
De alguna forma, Celestia había logrado tener cierto control sobre sus sueños, y eso se confirmaba en la segunda vez que Luna accedió a ellos. Fue después de saber el significado del primero, tras mucho insistirle a Celestia en que le dijera la verdad. Cuando su deseo fue cumplido, la menor de las hermanas reales no volvió a tocar el tema por un tiempo. Pero ese año se cumplirían veinticinco de lo sucedido, y la única que parecía recordarlo era la princesa del sol. No le pareció justo a Luna permitir que aquellos siete ponis fueran olvidados como a ella la olvidaron, por eso se determinó a convencerla de realizarles un homenaje, con lo que inició cierta tensión en ellas.
–Ser víctima no es un honor, Luna – fue uno de los argumentos más contundentes de la princesa del sol – lo que les pasó no los convierte en mártires… ni siquiera a ella. No es algo para decretar una fecha festiva, no es igual que en tu caso. Tú volviste, y desde entonces el día en que te perdí pasó a ser aquél en el que te recuperé. Pero ellos no va a regresar, jamás van a regresar.
–Un homenaje no es necesariamente una celebración. – replicó Luna – La causa sigue abierta, el culpable no ha sido ajusticiado aunque se lo crea muerto. Ciertamente, ha sido el episodio más terrible en la historia del reino, pero así como debemos mantener en la memoria los hechos más destacables, así también hay que hacerlo con los otros, para que éstos nunca se vuelvan a repetir.
No obstante, cerrada en su propia burbuja de negación, Celestia le dio la espalda. A través de la ventana, observaba a la distancia la radiante Canterlot, y más allá, los confines de Equestria, como si buscara en cada palmo de territorio al maldito. Temía remover el agua turbia del pasado y hacer que la piraña regresara, no podía permitir que otro poni saliera lastimado. Tenía miedo por Twilight Sparkle así como lo tuvo, en su momento, por Sunset Shimmer. Aunque aún se preocupaba por ella, pese a saber que estaba "segura" en el mundo al otro lado del espejo, y eso era por algo que había descubierto del pasado de su ex alumna. Dependía de si alguien, además de ella, lo sabía, pero confiaba en que el portal estaría bien custodiado.
Por su parte, Luna no quería dar el casco a torcer. Detrás del drama se escondía una trama peligrosa, pero esa parte de la historia podían obviarla.
–Sabes que ahora tengo a los batponies a mi cargo, y ellos también han sufrido por Bloodbourne. Supe que no han dejado de seguirle el rastro desde hace años, obtuvieron varios datos importantes de su paradero pero ha sido muy escurridizo.
–Estoy al tanto de todo eso. – con aire sombrío, Celestia se giró hacia su hermana bruscamente – Siempre estoy al tanto, los vigilo a ellos como vigilo a los saturninos. Si he delegado tareas en ti, en Twilight y en Cadence, es para protegerlas.
Luna sabía a lo que se refería. No le hacía sentir bien estar apartada de un asunto en que consideraba que debía participar.
–Hermana, puedo perdonarte que permitieras que los ponis me hubieran olvidado por mil años, pero no te perdonaré que dejes en el olvido a las víctimas de una masacre, no me importa el nombre con que la han bautizado.
Debo aclarar que el concepto de la "Sed" pertenece a Volgrand, de su fic "La maldición del batpony", pasen a echarle una leída que está mortal.
Y bueno, hoy no hay mucha biblioteca, pero cuando empecé a escribir cada parte, lo demás fue saliendo solo. Creo que ya debería cambiarle el título, porque como que la historia se ha ramificado bastante...
