Ficha de Usuario
–¡Cómo se atreve a querer corrernos así de la investigación! ¡No es mi madre para decirme qué hacer! – rezongaba la catalogadora mientras ella y la unicornio ponían orden en el mostrador.
A Sweet Prose no le gustaba quedar en medio de esa situación. Aunque sí le había molestado la actitud de su compañero, comprendía por qué él se preocupaba tanto. Lo que trajo la quinta caja implicaba cosas muy serias. Ella había aprovechado a husmear en algunos de los libros, especialmente las carpetas de anatomía, y al apenas apreciar una parte de su contenido, se le formaba una vaga pero escalofriante idea de lo que significaba, de lo que había detrás de esos dibujos anatómicamente precisos y las descripciones en letra casi inteligible, como escritas en el dialecto de una lengua desconocida. Mucho de ese material podía constituir evidencia de varios crímenes, especialmente tortura y asesinato, por lo cual no sería de extrañarse que los autores o cómplices estuvieran moviendo cielo y tierra para hallarlos. ¿Cuánto tiempo estarían seguros esos libros en la caja fuerte de la dirección de la Biblioteca de Fillydelphia? ¿Sabrían ya los dueños su ubicación exacta, o quizá ignoraban aún a qué biblioteca habían sido enviados? ¿Cuál era la amenaza real? ¿Qué otras bibliotecas corrían peligro de ser asaltadas por ello? Estas y otras preguntas que rondaban por la mente de la unicornio durante la limpieza, no hacían más que inquietarla.
Esa inquietud empezó a ganarle terreno cuando se dio cuenta de que, al no conocer el rostro del dueño de los libros, éste podía ser cualquier poni de la ciudad. Podrían cruzarlo por la calle, verlo en una tienda, o atenderlo en la biblioteca, sin tener idea de que él buscaba algo que ellos tenían. Si los que escribieron esos libros eran ponis con sangre tan fría como para descuartizar a alguien sin remordimiento, ¿de qué serían capaces por recuperarlos?
Pensó en la reacción de Archiver al llegar con los churros, y sintió que algo no encajaba… Se veía bastante asustado en la puerta, pese a que él no le dio ninguna importancia al asunto delante de ellas. Tal aludió a un recuerdo de infancia para ocultar lo que realmente la había pasado. La ineludible intuición femenina le advertía a Prose que el corcel se guardaba cosas, pero no sabía si debía quedarse en el molde o presionarlo para que se lo dijera. Eso sí, ella no pensaba permitir que ese asunto disgregara o fragmentara al equipo.
–Oye, Sweet, ¿qué te pasa? Estás temblando.
Fue entonces cuando la unicornio se percató de que, en efecto, un leve temblor perturbaba la armoniosidad de su pelaje.
–Sólo estoy un poco nerviosa…
–Ya relájate un poco, aún hay trabajo que hacer. Pero en un rato vamos a cerrar y seremos ponis libres.
De repente, oyeron abrirse la puerta aunque no vieron a nadie ingresar por ella. Sin embargo, unos pasos cortos delataban a un poni acercándose al mostrador. Cuando las dos bibliotecarias se inclinaron un poco, lograron ver por fin al recién llegado. Catal reprimió una risita, mientras pensaba "Oh, aquí vino el enano". En efecto, se trataba de un corcel de pelaje amarillo suave y profusa crin naranja oscuro casi rojizo. Al parecer su crecimiento se detuvo, por alguna razón, a una edad demasiado temprana, y entonces a la distancia se hacía difícil distinguirlo de un potrillo. Sin embargo, la profusa barba que se dejaba crecer despejaba toda duda. Al menos ser un unicornio con un buen nivel de magia compensaba su enanismo, y que su cuerno no sufría del mismo complejo, teniendo un tamaño que se podía considerar "normal".
–Buenas tardes, señoritas – saludó con tono comprador, quitándose su sombrero. Tenía una vocecita bastante cómica para ser un intelectual.
–Buenas tardes, señor Handbook – saludó Prose, y al ver las tres cajas que cargaba el visitante, agregó – ¿Quiere que le ayude con eso?
–No se preocupe, no es nada, se lo agradezco. – respondió Handbook, depositando su cargamento sobre el mostrador, no sin cierto esfuerzo, pues no quería mostrarse débil frente a nadie y menos frente a dos damas – Aquí les dejo los programas y material para la conferencia, mañana traerán el resto. Perdonen pero ando medio apurado, ¿se encuentra Archiver?
–Oh, por supuesto, ahora lo llamo.
Sweet no se molestó en mirar a Catal, que disimulaba estar ocupada para no atender a la pregunta de Handbook. Al empujar la puerta del despacho vio a Archiver muy metido en la lectura del diario de Stratford Pones, y empezó a preocuparle que aquello se convirtiera en una obsesión tan grande para él al punto de desviarlo de sus otras responsabilidades. Ella también solía dejarse absorber por ese tipo de cosas, lo reconocía, pero cuando se trataba de priorizar eventos importantes, ponía mucha de su voluntad en cumplir su deber.
En lo que la unicornio se demoraba en llamar a su colega, Handbook intentó infructuosamente llamar la atención de la catalogadora. Dejó su bombín arriba del mostrador para pasarse un casco por la melena pulcramente peinada con gel. Luego emitió una tosecita, tratando de iniciar un diálogo con un comentario sobre trabajo. Pero la poni color crema ya conocía esas artimañas, simplemente se hacía la tonta. "Ah, rayos, le gusto al enano" pensó la primera vez que se dio cuenta, aunque ese detalle la fastidiaba y le divertía a la vez. Fastidio porque ella no recibía la misma atención que [los flancos de] Sweet Prose. Diversión porque se acordaba de una canción bastante popular de Rocky Marvel (un cantante de los años en que su madre era joven), cuyo estribillo decía "Qué tendrá el petiso…", y esa canción se le venía a la mente cuando se imaginaba lo que sería andar con un petiso. Al señor Handbook no le ayudaban ni la barba ni el esfuerzo de darle gravedad a su voz. Sin embargo, eso no lo tiraba abajo. Algún día le tocaría hallar a su poni especial… algún día, aunque muy probablemente esa no sería Catal Fast.
–Disculpa la demora, Handbook, estaba con unas cosas – dijo Archiver tras aparecerse por la puerta, dando la vuelta al mostrador para estrechar el casco del unicornio – ¿Esto es lo de la conferencia?
–Aún falta traer los banners, el servicio y lo demás, pero les dejo esto por ahora. También venía para consultarte cómo vienes con tu presentación, o si necesitas algo, pues te hemos visto un poco disperso estos días.
–Eh, es que estoy… no, en realidad, estoy concentrado con mi trabajo. Tengo muchas ideas para ordenar en mi cabeza.
La respuesta se escuchó bastante sonsa, y de haber podido, Archiver se habría pegado en la cara con su propio casco. Al menos sirvió para convencer a Handbook de momento. Continuaron charlando unos tantos sobre la Conferencia del Caleidoscopio de Equinotrología, a realizarse al día siguiente por la tarde.
–Esperamos contar con la presencia de mucho público, de verdad sería de gran promoción para nuestro grupo. Recuérdame agradecerle una vez más a la señora Spokesmare por brindarnos su aval para la conferencia. – comentó el unicornio antes de retirarse, y dirigió un gesto de cortesía a las dos jóvenes – Además de agradecer la colaboración de sus distinguidas colegas – agregó realizando una leve reverencia. Sweet Prose nada más sonrió con amabilidad, y Catal Fast por su lado, sólo rodeó los ojos como diciendo "Lo que tú digas".
Cuando por fin el pequeño corcel se hubo marchado de la biblioteca como los duendes de los jardines, ya se había hecho la hora de cierre para la Biblioteca de Fillydelphia. Tras ordenar minuciosamente la sala y los despachos, cada uno recogió sus pertenencias y sus implementos para la lluvia. Antes de despedirse y alejarse en direcciones diferentes, Sweet tuvo el impulso de preguntarle a Archiver si no quería que lo acompañaran por un trecho, pero al final no se animó. "Ojalá sólo sean temores míos, y no le pase nada" se dijo a sí misma, tratando de no armarse un drama. Por otra parte, una vez que estuvieron a cierta distancia, su compañera terrestre se sintió en libertad de liberar la carcajada retenida desde hacía rato.
–En serio… ¿cómo llegó Handbook a ser líder del Caleidoscopio? ¡Si al verlo dan ganas de apachurrarlo! Me imagino que en cualquier mesa de reuniones tienen que subirle la silla, como a los bebés...
–En el mundo intelectual no importa la fisonomía de un poni para evaluar su desempeño, – la corrigió Sweet, que no se sentía de humor para bromas – sino la eficiencia y la inteligencia que demuestra en su quehacer.
–Sí, sí, eso ya lo sé. Pero es como dice el dicho: "un espíritu noble engrandece hasta al poni más pequeño".
–No seas así, Catal… – no importaba cuántas miradas reprobatorias le echara la unicornio, cuando Catal encendía su mal genio, no había quien la pare.
–Además, ya me di cuenta de que le gusto. Se le nota que quieren salir a flote sus más "bajos" instintos – la catalogadora remató su chiste con otra andanada de risas. – Por suerte el cuerno de Handbook zafa de sus complejos de inferioridad, porque tiene la misma envergadura que el de un unicornio de tamaño natural. Quién sabe… de hecho, ¿te acuerdas cuando leímos esa edición especial de la Playmare que traía un artículo donde se comparaban los atributos…?
Sweet nada respondió con un silencio, mirando hacia el frente con expresión infranqueable. Empezaba a molestarle mucho que Catal no se tomara las cosas en serio, aunque en ese instante la unicornio prefería esperar a que se le pasara el enojo, pues sabía que en estado le podía echar las cosas en cara de una forma muy hiriente. Lo último que necesitaban era otra pelea entre ellas luego del encontronazo con Archiver, por ello convenía dejar que los ánimos se enfriaran hasta el día siguiente. La estrategia de callar dio un buen resultado, sin que las dos dijeran nada durante gran parte del trayecto.
Por la nubosidad, el cielo se veía mucho más oscuro de lo normal, adquiriendo un tono gris cuya consistencia cortaba el azul entre los huecos dejados por algunas nubes. La calma del barrio se reflejaba en los charcos de agua, junto con los brillos difusos de las luces exteriores más las provenientes del interior de los hogares. Se respiraba menos humedad en el aire, y el viento traía los aromas de deliciosas comidas en preparación. Entre los chapoteos de sus botas de goma, el rumor del viento y los susurros de la ciudad en descanso, de pronto Sweet percibió otro sonido que no encajaba en aquella melodía nocturna. Supuso que debía ser un transeúnte, otro poni regresando a su casa después de un día de trabajo. No le dio demasiada importancia, aunque ya no podía distraerse de ese ruido tan llamativo, como el de una capa ondeando. De seguro debía ser alguien con un impermeable… y entonces recordó la anécdota del Pony de la Bolsa. Parecía una estupidez, pero en su cuento, Gloomy Sonnet agregaba como uno de los detalles característicos de este personaje, el ruido de su capa al moverse. "Tonterías, el cansancio me hace imaginar cosas" pensó Prose, negando con la cabeza. No quería darle lugar en su mente a la idea de que alguien las seguía, porque sino ya se iba a poner paranoica. De todos modos, para asegurarse, miró por sobre su hombro.
–Tú también le temes al Pony de la Bolsa, ¿no? – comentó Catal, que ya adivinaba ese comportamiento de su amiga porque la venía observando hacía unos minutos.
–No es nada, está todo muy tranquilo.
–Oye, ¿seguiremos leyendo la Supernova?
–No lo sé, por esta noche quizá descanse… – respondió Sweet con un suspiro.
–Vamos, se va poniendo interesante, ya podemos comenzar el segundo capítulo.
–Te conozco, sé que quieres leer el tercero con muchas ganas.
–Porfa, por lo menos un ratito – suplicó Catal, juntando sus cascos delanteros a modo de ruego.
–Pero dejé el libro en mi casa, y se hará muy tarde para andar sola por la calle.
–Ah, changos… bueno, ¿no hay problema si me voy contigo y me quedo en tu casa? Prometo no molestar…
–Mira, Catal, quizá lo mejor sea que lo dejemos para el sábado a la mañana, ¿sí? Realmente quisiera descansar esta noche.
–De acuerdo, de acuerdo. ¿Qué te parece si vienes a mi departamento, y yo consigo una de esas promociones de facturas en la panadería de a la vuelta? Tendré preparado un buen café.
–Gracias, Catal. Buenas noches.
–Buenos días – saludó Bureau Spokesmare a la mañana siguiente, sin percibir los vestigios de la tensión surgida en el personal de la biblioteca el día anterior – ayer por la tarde asistí a una reunión con la supervisora cultural de la ciudad y otras autoridades. Allí nos informó de una convocatoria especial que se realizará en toda Equestria.
–Ya va… – bostezó Catal sin ganas, aún tenía varios residuos de sueño en la cara – ¿Hay algún festejo cerca? ¿Otra invasión al reino fue detenida y vamos a celebrarlo?
Había una reminiscencia de tristeza o desasosiego en la expresión de la directora, lo cual desconcertó por un momento a los bibliotecarios. Normalmente, Spokesmare siempre demostraba entusiasmo de participar en eventos a nivel nacional, pero en este caso no parecía ser así.
–No exactamente – respondió con una calma turbia, su tono de voz adquirió solemnidad y melancolía – es una convocatoria para un homenaje, no es nada para festejar. Quizá ninguno de ustedes esté enterado, pero… dentro de poco tiempo se cumplirán veinticinco años de la Masacre de Bloodbourne, y las princesas dispusieron que, en conmemoración de las víctimas, toda Equestria participe para reconstruir su memoria.
Aquello sorprendió a los tres ponis. No habían oído ni leído casi nada sobre aquello en años, nada más en los viejos recortes de periódicos o en las escasas anécdotas de familiares o conocidos. Fuera de eso, era un tema enterrado para Equestria, un episodio para el olvido, un tema para el silencio. Con algunos meses de diferencia, en esa época Sweet y Catal apenas eran bebés, mientras que Archiver no tendría más de tres o cuatro años. Lo único que a él le quedó registrado, a eso de los seis años, fueron las historias de terror narradas por los potros adolescentes de su barrio, para divertirse viendo el miedo de los más pequeños. Decían todo tipo de locuras que podrían encajar fácilmente en un cuento de Ponecraft. Claro que la mayoría de esas habladurías eran exageraciones, se acabaron cuando alguien les chivó a los padres de esos adolescentes, y sanseacabó.
–Se refiere a la… a la Masacre de las Lunas de Sangre, ¿no? – la primera en romper el silencio fue Catal, en su particular estilo directo – "Bloodbourne" es como se hacía llamar el asesino, creo...
La directora Spokesmare hizo una mueca de horror ante aquellas menciones. En silencio, le extendió el programa del homenaje a Prose para que lo fueran mirando, mientras luchaba consigo misma para mantener la compostura y no ceder ante sus recuerdos de ese tiempo. La ansiedad, la angustia, el temor y otros sentimientos propios de una poni en su primer embarazo se potenciaban con la psicosis general causada por la acechanza de un ponicida. Día por medio, los periódicos equestrianos publicaban un seguimiento de cada nuevo caso acaecido por semana. Ella sufría de pesadillas recurrentes, con variable intensidad, en las cuales alguien entraba a su casa, mataba a su esposo Molten Steel, y se robaba a su bebé recién nacido, sacándoselo del vientre directamente. Ojalá hubiera estado la princesa Luna para ayudarla con esos sueños, pero por desgracia ella regresó muy tarde para evitar los traumas oníricos de una generación completa de ponis. Por suerte, aquel joven Molten estuvo allí para contenerla, le consiguió un buen terapeuta, y a pesar de las complicaciones de parto, su pequeño Carburettor Turn nació sano y salvo. Actualmente, Bureau Spokesmare estaba divorciada, y desde su separación no había vuelto a formar pareja, sino que se dedicaba a su trabajo y a apoyar a su hijo, quien vivía en Manehattan cumpliendo su gran sueño.
Por supuesto que lo que ella sufrió no se comparaba con lo que les tocó a los familiares de los ponis asesinados, ni por lejos.
La directora no esperaba que Catal ni los demás pudieran comprender lo que ese asunto le hacía sentir, pero ahora consideraba que recuperar la memoria de las víctimas ayudaría a reactivar la memoria colectiva, y dejar así un importante mensaje para el resto de la sociedad a futuro. Especialmente, para quienes no la vivieron directamente o nacieron mucho después.
–Hoy en día se ha decidido llamarlo "Masacre de Bloodbourne", – aclaró Spokesmare en tono frío – en primer lugar, para disociar ese hecho del astro de la princesa Luna, y en segundo lugar, para llamarlo como lo que verdaderamente fue: una masacre bajo el nombre de su perpetrador.
–Las cosas por su nombre, ¿eh? De todas formas, sigue sonando espantoso… cuando yo le preguntaba a mi madre sobre el tema, o si comentaba algo, ella mínimo se largaba a llorar porque lo pasó bastante mal. En ese tiempo todavía estaba con mi padre, antes de que éste se tomara el palo, y ella después llegó a pensar que… bueno, no lo creo. Como sea, yo pienso que fue por culpa de la prensa, con ver las tapas de varios periódicos cualquiera quedaría muy traumado.
–Ciertamente, fue una conmoción para todos los ponis en Equestria. Algunos superaron sus traumas, otros no… – comentó la directora, pensando en los suyos.
–Me imagino que armar un homenaje va a ser difícil si queremos atraer la colaboración de los familiares y amigos de aquellos siete ponis. – apuntó Sweet, viendo la lista de actividades y propuestas para la construcción de la memoria – Después de veinticinco años, siento que no todos van a estar dispuestos a reabrir esas heridas. Lo sé por mi padre, cuando recuerda el nombre de Bright Eyes, que fue su compañera en la escuela de periodismo y colega en el diario, se envuelve de melancolía y no habla. Ellos tenían una rivalidad fuerte, aunque nunca se odiaron, si hasta conoció a mi mamá gracias a ella, porque ambas eran amigas.
–Incluso la princesa Celestia se pone melancólica cuando se cumple otro año de esas siete semanas, lo he leído en varias revistas – dijo Catal, y señaló el documento que había traído Spokesmare – me parece raro que haya aprobado esto, teniendo en cuenta que la última víctima, Twinkle Shine, fue una de sus mejores estudiantes. Joder, esa unicornio había alcanzado el mismo nivel que Twilight Sparkle, quizá hasta habría llegado a ser princesa igual que ella.
Archiver se quedó pensando en el asunto de la reconstrucción de la memoria y el resurgimiento del dolor que ello conllevaba. Parecía el mismo caso que el de la familia Pones: vivieron un capítulo de horror, perdieron a un ser querido, y se resisten a compartir su tragedia. La diferencia, sin embargo, era el miedo oculto detrás de esa resistencia, porque había mucho más por escarbar. Había muchos cuerpos enterrados en el jardín de fresas, y en cualquier momento podían aparecer los jardineros que los sepultaron.
–Bueno, en mi opinión, es justo que se decida rememorar a los ponis fallecidos, no porque la forma en que murieron los haya convertido en mártires, sino porque son parte de la memoria de Equestria. Además, el asesino nunca fue atrapado… no estoy seguro, pero creo que todavía lo siguen buscando.
–No creerás que por eso se le va a ocurrir a este loco aparecer y empezar a matar de vuelta, ¿no? – comentó la catalogadora.
–Catal, por favor. – contestó Archiver secamente – Las probabilidades son mínimas, incluso es posible que esté muerto. Si en veinticinco años no ha vuelto a cometer crímenes en nuestro reino, eso es porque probablemente se marchó.
–O quizá lo han encerrado en otra parte. Nunca se sabe…
–Escuchen – se interpuso Spokesmare para evitar que se extendiera el debate y eso impidiera que pudieran tratar la cuestión más importante – lo que quisiera que hiciéramos ahora, es definir nuestras propuestas culturales. He pensado en varias opciones interesantes, como armar una muestra. En la hemeroteca disponemos de una colección casi completa de los periódicos que cubrieron la Masacre de Bloodbourne desde que comenzó.
–También podríamos incluir otras cosas. Tengo entendido que Bright Eyes era socia de nuestra biblioteca, a lo mejor todavía está guardada aquí su ficha de usuario. – propuso Sweet.
–¿Y qué sentido tendría exponer su ficha de usuario? ¿Para que todos vean lo buena lectora que era?
–Exactamente, Catal. Aunque… ¿será un homenaje general, o habrá homenajes individuales?
–Bueno, eso lo han dejado a criterio de cada ciudad. No conozco qué resolución tomarán en Vanhoover, Manehattan o Canterlot, depende de la importancia que tuvo cada poni allí. Aquí en Fillydelphia se ha optado por priorizar a Bright Eyes, pero sin excluir a los demás. De todas formas, nosotros contamos con material para cubrir un amplio margen.
–Otra pregunta, dire. – Catal levantó su casco como si aún estuviera en la escuela – ¿Para cuándo hay que presentar el proyecto? Recuerde que esta tarde hay que preparar lo de la Conferencia del Caleidoscopio.
–Archiver y yo nos encargaremos de eso. Tú y Sweet Prose pueden revisar la hemeroteca y los ficheros, ¿de acuerdo?
–Ah, bueno.
La Biblioteca de Fillydelphia se había fundado hacía unos sesenta años, al principio se utilizaba un orden distinto para el inventario, las colecciones y la lista de usuarios. Cuando su crecimiento se hizo más evidente, se habían sistematizado en las bibliotecas de Equestria los lenguajes documentales y el llamado "Sistema de Triple Entrada", cuya practicidad residía en la elaboración de fichas estandarizadas. De ahí salían las famosas fichas catalográficas que permitían buscar un libro por Autor, Título, Materia y Autores secundarios. En cuanto a la ficha de usuario, se trataba de una cartulina más alta y ancha que la de un libro. En la parte superior se consignaban los datos del poni: nombre, número de cédula, dirección, ciudad, y se incluía, a modo de identificación especial, una representación de la cutie mark. Actualmente, con el desarrollo de la fotografía, también se agregaba una foto en tamaño 4x4. Debajo, en una ordenada tabla se anotaban el número de inventario del libro, su título, su autor, la fecha de retiro, la fecha de devolución, la firma del usuario y finalmente, la firma del bibliotecario que realiza el préstamo.
El viaje por los archiveros fue un poco largo. Si bien tenían la referencia de en qué año y en qué letra buscar, de todas formas fue un trabajo tedioso recuperar la bendita ficha entre toda la gran cantidad de fichas amarillentas, muchas de ellas en desuso porque estaban completas o porque los usuarios se dieron de baja.
O porque, simplemente, ya no volverían a la biblioteca.
Allí estaban, delante de la puerta del cuarto prohibido. Nadie había dormido allí en años. De hecho, no entraba nadie más que una ocasional empleada para quitar el polvo y las telarañas, siempre evitando mirar hacia cierta parte de la pared. A pesar del vacío imperante en esa habitación, parecía estar llena de huellas, de restos de una presencia muy fuerte, con una mezcla de melancolía y desolación. Ya el simple hecho de pararse delante de aquella puerta, conociendo el significado de lo que aguardaba detrás de ella, daba bastante grima. Esa especie de expectativa inquietante dominaba a ambas alicornios, mientras la mayor con su magia quitaba los cerrojos que custodiaban la sala de un recuerdo tortuoso, una vista al pasado entre cuatro paredes detenidas en el tiempo. Para ella no resultaba fácil ese procedimiento, pues implicaba revivir uno de los instantes más dolorosos de su longeva vida. Pero quería hacerlo de todos modos, para mostrar a su hermana una parte de ese pasado que mejor convenía olvidar, aunque nunca se marchaba del todo.
–Aquí es donde Twinkle Shine dormía mientras cursaba sus estudios. Y aquí es donde la encontramos después de que estuvo desaparecida varios días.
Las bisagras rechinaron con un sonido ominoso. Un aire de encierro escapaba desde adentro, se sentía frío y seco. Antes de traspasar el umbral con sus cascos, la princesa Luna pudo apreciar en un vistazo panorámico la soledad del mobiliario, las paredes mustias y las ventanas firmemente cerradas.
–Jamás quise que ninguna de mis otras estudiantes ocupara este cuarto, ni permití que entraran. Tampoco me preguntaban sobre eso.
La voz de Celestia sonaba muy apagada, neutra, soltando aquellos comentarios a medida que observaba las reacciones de su hermana. Por fin, los ojos de Luna se detuvieron en la figura pintada en la pared, una cara de aspecto sonriente que le devolvía una expresión risueña. El carmesí apagado de los bordes delataba el paso del tiempo, sin embargo aún podía ser reconocida con facilidad. Para controlar la agitación interior, la princesa del sol respiró hondo, tratando de concentrarse en el relato y no pensar en lo que le provocaba toparse con ese rostro desagradable.
–Bloodbourne tenía un extraño sentido de la teatralidad, cada asesinato implicaba una puesta en escena más que un simple crimen… mojaba la punta de un casco en la sangre de la víctima, y dibujaba en la pared una cara de poni con los ojos cerrados, casi sonriendo. Lo hacía siempre en un punto exacto, para que cuando entraras y vieras el dibujo, supieras lo que había ocurrido. Entonces, sólo entonces, veías el cuerpo.
En este punto, Celestia desvió su atención para concentarse en la cama, prolijamente tendida, con un cobertor simple tapado en polvillo. Ella se paró a la diestra, como había hecho aquel día. Nuevamente regresaba la imagen de Twinkle Shine tendida, con sus heridas abiertas, con parte de su sangre manchando las sábanas, los cascos delanteros cruzados sobre el pecho…
–También dibujaba una media luna en el piso – acotó Luna, rompiendo la monotonía del ambiente, examinando aquella forma que recordaba a la estampada en su flanco, una media luna semi difuminada en las baldosas – El rostro era su sello; la luna roja, el símbolo de su maldición. Por eso llamaron a su obra "Las Siete Lunas de Sangre": cada semana, durante siete semanas, un sacrificio. Lo sé. Lo leí en los archivos. Él lo dejó escrito en un papel junto con la primera víctima, anunciando que habría más, cada sábado a la medianoche.
Como una estatua, la gran alicornio blanca permaneció impasible en un silencio gélido y sin alterarse en lo más mínimo. Se sabía esos datos de memoria, y a pesar de eso, oírlos desde la voz de Luna le producía una sensación inconcebible, porque se sentía como si al mismo tiempo reviviera la noche en que su hermana se rebeló para proclamar la noche eterna.
–Entiendo que prefieren censurar ese título, para no molestarme... – continuó la princesa de la noche, pasando su casco por sobre la superficie del suelo, y tuvo la idea de que probablemente a Nightmare tampoco le gustara del todo aquella asociación –Pero sé que no se trata de mí, sino de una vieja leyenda: "quien vea hacia la luna cuando ésta adquiere el color de la sangre, jamás dejará de ansiarla". Por eso los mordía en el cuello, Bloodbourne tenía una fascinación por la sangre, era la Sed de los batponis.
Otra larga pausa. La princesa Celestia se mordía en su interior. No podía soportar la ligereza con la cual su hermana menor decía todo aquello, no porque Luna lo hiciera con la intención de molestarla, sino porque aún no asimilaba el significado de la tragedia. A su vez, desde su reincorporación al principado de Equestria, lo que había aprendido la ex yegua de las pesadillas fue que, en todo un milenio, la princesa del sol había confeccionado grandes barreras sobre aquello que nunca había podido resolver, y prefería evadir. Además de que había aprendido a manejar asuntos complejos desde las sombras mientras se encargaba de los más simples de forma pública. El lado oscuro del sol.
Ante el silencio ininterrumpido, Luna fue al lado de su hermana, tendiéndole un ala cálida sobre los hombros.
–Lo siento – murmuró, y se quedó ahí esperando el estallido de las lágrimas. Sin embargo, pese a que no le faltaba demasiado para llegar a eso, Celestia mantuvo la compostura.
–Twinkle Shine murió luchando, en su búsqueda de la verdad. Pero fue la única que murió con los ojos cerrados, y no fue casualidad, porque todos los demás murieron con los ojos abiertos.
Dicho esto, la alicornio de melena multicolor se incorporó para marcharse, dejando a la de melena azul con un intenso caudal de dudas.
–Si has leído los otros archivos, sabrás a lo que me refiero.
