Capítulo 2

Cuando Erin llegó a casa, vio la chaqueta de Aaron en el perchero y un rico olor a comida llegaba desde la cocina. Se quitó su chaqueta y los zapatos y fue hacia allí.

Se apoyó en el marco de la puerta y observó a su marido. Descalzo, con unos vaqueros viejos y desgastados y una camiseta negra de manga corta, iba canturreando para sí mismo una canción que no llegó a reconocer mientras se movía por la cocina. Con una leve sonrisa en la cara, pensó que podría enamorarse de Aaron una y otra vez. Daba igual que pasaran diez o tres años, seis meses o tres días; porque cada vez que lo miraba, se enamoraba perdidamente de él como el primer día.

-Hey, no te he oído entrar -se acercó a ella con una sonrisa, sacándola de sus pensamientos-. ¿Llevas mucho ahí?

-Lo suficiente para ver tus movimientos sexis -bromeó ella.

La abrazó por la cintura cuando ella le echó los brazos alrededor del cuello. La besó con dulzura y luego besó su tripa, haciéndola reír.

-No quiero que garbancito se ponga celoso -bromeó besándola otra vez.

-Huele bien. ¿Qué estás cocinando? -preguntó sentándose a la mesa.

-Recalentando, más bien. El guiso de carne que hiciste el otro día.

A ninguno de los dos les habían enseñado exactamente a cocinar. Alguna cosa aquí y allá Erin había aprendido de Claire cuando se colaba a escondidas en la cocina. Y Judy también les había enseñado algo a sus hijos para que pudieran sobrevivir. El resto, lo habían tenido que aprender ellos solos cuando se habían independizado. Y no se les daba del todo mal. Solían bromear en las últimas semanas de que deberían apuntarse a un curso de cocina para cuando naciera el bebé fueran unos expertos cocineros.

Ahora, Erin solía cocinar una vez a la semana e iban sacando la comida según la iban necesitando.

-¿Qué tal tu día? -preguntó Erin cuando ya estaban cenando. No se dio cuenta del hambre que tenía hasta que Aaron puso un plato humeante frente a ella.

-Bien. He tenido un par de consultas con unos detectives que creen que en sus respectivos pueblos puede haber un asesino en serie, pero hasta ahora no hay ningún indicio que nos haga viajar hasta allí. Gideon dice que estoy haciendo un gran trabajo -respondió con la boca llena.

-Estoy segura que llegarás lejos, cariño.

Él le sonrió con amor y luego hablaron de cómo había sido el día de Erin. Le apasionaba su trabajo, y ya tenía una pequeña lista de pacientes; aunque en ocasiones, no conseguía distanciarse lo suficiente de los problemas que le contaban y le afectaba más de lo que le gustaría.

En momentos así, Aaron intentaba distraerla y que se sintiera mejor. A priori, su trabajo parecía más sencillo que el de él, pero cada uno tenía sus complicaciones. Lo bueno es que se tenían el uno al otro para apoyarse en los peores momentos.

Después de cenar y recoger la cocina, vieron juntos una película acurrucados en el sofá. Apenas llevaban media hora, y Erin se había quedado dormida. Aaron sonrió y besó su coronilla. Desde que estaba embarazada, dormía como una marmota.

Cuando terminó la película, despertó a Erin y se acostaron. Al día siguiente era Viernes, y si no tenían ningún caso, esperaba pasar un tranquilo fin de semana con su esposa.


El sonido del teléfono rompió el silencio de la noche. Aaron se apartó a regañadientes de Erin, que dormía apretada a su costado. Cogió el teléfono con los ojos cerrados y contestó adormilado.

-Hotchner -se despertó de golpe con lo que le decían al otro lado de la línea y se incorporó rápidamente, haciendo que Erin se despertara también-. Gracias por llamar. Iremos enseguida.

-Aaron, ¿qué pasa? -preguntó Erin preocupada, cuando vio que su marido se levantaba y comenzaba a vestirse en completo silencio. Era uno de sus mecanismos de defensa cuando algo le molestaba o le preocupaba, aislarse por completo de todo.

-Es…mi madre. Ha sufrido un ataque al corazón -contestó al fin.

-Oh Dios.

Se levantó también y comenzó a vestirse. Luego hicieron el equipaje en silencio, sumidos cada uno en sus pensamientos. Antes de salir, Aaron detuvo a Erin cogiéndola del brazo con suavidad.

-Tal vez deberías…-ella lo interrumpió alzando una mano.

-No voy a quedarme aquí, Aaron. No voy a dejarte solo en estos momentos tan duros, y a ella tampoco -respondió con seriedad.

-El viaje es largo y en tu estado…-bajó la mirada hacia su tripa.

-Entonces salgamos ya. Y haremos las paradas necesarias para descansar, aunque tardemos catorce horas en llegar.

Se puso de puntillas y lo besó en la mejilla. Le sonrió levemente, calentando el corazón de Aaron. Le quitó las llaves del coche de la mano, y salió de casa. Aaron la siguió a regañadientes.


Después de un viaje de casi diez horas en el que hicieron varias paradas para descansar, y llamar a sus respectivos trabajos para decir que necesitaban tomarse unos días libres, por fin llegaron al hospital de Charleston alrededor del mediodía. Aaron notó el cansancio en el rostro de su esposa. Sin embargo, Erin le sonrió levemente transmitiéndole fuerza y seguridad. Funcionó, porque ver esa sonrisa en su rostro lo llenó de la energía que le hacía falta en ese momento.

Encontraron la UCI, y a la tía Maggie sentada en una silla de plástico al fondo de la sala de espera. Parecía más pequeña y frágil de lo que era normalmente. Aaron sintió una pena inmensa por ella. Desde la muerte del tío Al un par de años antes, no había levantado cabeza.

Recién comenzado el 2004, una noche de helada de mediados de Enero en la que el tío Al volvía a casa después de ayudar al veterinario a examinar al ganado de uno de los vecinos del pueblo, su coche perdió el control y se estrelló contra un árbol. El forense les aseguró que no sufrió, que murió al instante.

Cuando se acercaron a ella, Aaron le cogió la mano con cuidado. Maggie levantó la cabeza y lo miró. Al principio, pareció no reconocerlo, luego sonrió.

-Aaron, ¿qué tal el viaje? -preguntó con voz débil.

-Largo. ¿Cómo está mamá, tía Maggie? -preguntó él para que se centrara.

-Inconsciente. La han operado, pero está grave -contestó con un nudo en la garganta.

Erin posó una mano en el hombro de Aaron y él se dio la vuelta. Sean y Martin, su novio, se estaban acercando a ellos. Besó en la sien a su tía y se levantó.

Avanzó hacia su hermano y ambos se abrazaron. Erin y Martin hicieron lo mismo, hablando brevemente. Él la felicitó por su embarazo.

-¿Has visto ya a mamá? -preguntó Aaron.

-Sí, venimos de allí. No nos dejan entrar todavía en la habitación, pero podemos verla unos minutos desde el ventanal.

Sean notó por la cara de Aaron que estaba a punto de derrumbarse. Cuando apretaba fuertemente la mandíbula y desviaba la mirada, era la señal que necesitaban para no dejarlo solo y rescatarlo de su propia mente. Cogió a su hermano por los hombros y lo apartó un poco.

-Aaron, mamá va a ponerse bien, ya lo verás. Es una mujer muy fuerte que ha sabido salir de todas las dificultades que la vida le ha presentado, y ésta no será la excepción. Mamá lo superará y en unos pocos meses, nos reiremos de esto.

Aaron parpadeó rápidamente para alejar las lágrimas, mientras asentía. Erin y Martin se acercaron.

-¿Quieres que vayamos a verla, cariño? -preguntó ella con una dulce sonrisa. La cogió de la mano y volvió a asentir.

Se alejaron por el pasillo, y gracias a Erin, y al fuerte agarre de su mano, pudo sentir cómo se mantenía sereno.

Llegaron a la habitación, y a través del cristal vieron a Judy rodeada de cables. Parecía simplemente dormida, pero todas las máquinas a las que estaba conectada, borraban de un plumazo esa sensación. Erin se limpió las lágrimas de las mejillas, no queriendo derrumbarse en ese momento, pero abrazó fuertemente a Aaron y lo apartó del cristal cuando lo sintió sollozar a su lado.

Continuará…