Capítulo 3

Unos días después, Judy se estaba recuperando poco a poco de su ataque al corazón. El médico les había informado que había sido un ataque muy fuerte, que habían tenido que hacerle un bypass coronario en la operación, y que a partir de ahora, debía cambiar sus hábitos y cuidarse mucho más.

Sean y Martin habían tenido que volver a Nueva York, cada uno a sus obligaciones. Martin era profesor de primaria en una escuela, y sólo le habían dado dos días de permiso; y Sean estaba a punto de inaugurar su propio restaurante. Sin embargo, Aaron y Erin sí pudieron quedarse.

La tía Maggie tampoco había abandonado el hospital, a pesar de los intentos de su sobrino para que se fuera a casa a descansar. Aaron sabía que tenía miedo que sucediera algo y no pudiera despedirse de su hermana. Bastante sufría ya sabiendo que no pudo tener unas últimas palabras con su querido esposo.

-¿Cómo se encuentra hoy, señora Hotchner? -el doctor Foster entró en la habitación con su sonrisa amable.

-Estoy deseando irme a casa -contestó Judy, malhumorada. Aaron palmeó su mano, para tranquilizarla.

-Pues felicidades, vengo a darle el alta -contestó el doctor mirando la planilla que llevaba en las manos-. Con alguna recomendación, eso sí.

El médico le dio todas las indicaciones que debía seguir para lograr recuperarse por completo, y después de asegurarles que en unos minutos tendrían el alta, salió de la habitación. Aaron ayudó a su madre a levantarse de la cama.

-¿Dónde están Erin y Maggie? -preguntó la mujer.

-Han bajado a la cafetería a desayunar. Espero que Erin consiga que la tía salga a tomar un poco el aire. Sabes que no se ha movido de aquí en todos estos días.

-Maggie y yo llevamos muchos años juntas, apoyándonos en todo. No se va a ir así como así -respondió su madre mientras comenzaba a ponerse de pie. Aaron corrió a ayudarla.

-Ya, pero…

En ese momento, las dos mujeres entraron en la habitación. Se sorprendieron al ver a Judy de pie.

-Nos vamos a casa -dijo Aaron con una sonrisa.

Maggie se acercó a su hermana y le pasó su ropa. Agitó una mano hacia Aaron para que se alejara.

-Yo la ayudo. Vosotros podéis esperar fuera.

-Pero…-comenzó a protestar.

-Aaron, vamos, salgamos -Erin lo cogió del brazo y tiró de él-. Podemos aprovechar y llamar a Sean para darle las buenas noticias.

Aaron se sentó en una silla y llamó a su hermano. Hablaron unos minutos y luego colgó. Erin había apoyado su cabeza en el hombro de él.

-¿Qué te ha dicho? -preguntó ella.

-Que le de un abrazo a mamá y que llamará esta noche -besó su cabeza y la miró, ya que luchaba por mantener los ojos abiertos-. Erin, cariño, ¿estás bien?

-Sí, sólo un poco cansada. Pero en cuanto lleguemos a casa, me echaré una pequeña siesta, lo prometo -lo miró y sonrió levemente. Él pareció conforme.

El doctor Foster se acercó con una enfermera, que llevaba una silla de ruedas y se levantaron. Aaron firmó el alta y luego llamó suavemente a la puerta. Cuando asomó la cabeza, su madre estaba preparada. Negó rápidamente con la cabeza cuando vio la silla de ruedas.

-Puedo andar perfectamente, no necesito una silla de ruedas -protestó sentándose en la cama.

-Mamá…

-Judy, en realidad no puedes andar y lo sabes. Y la silla será sólo para llevarte hasta el coche, en casa no te hará falta -Maggie se había sentado al lado de su hermana e intentaba convencerla. Aaron pensó que su madre parecía una niña desamparada en ese momento.

-Está bien…-se levantó con ayuda de Maggie y la enfermera acercó la silla.

-Ya nos ocupamos nosotros, gracias -le dijo Aaron a la chica, que asintió sonriendo y abandonó la habitación.

Erin y Maggie cogieron las pertenencias de Judy mientras Aaron empujaba despacio la silla por los pasillos. La mujer, levantó la cabeza y cerró los ojos, aspirando el aire fresco, cuando salieron a la calle.

-¡Qué ganas tenía de respirar aire fresco!

-Y seguirás haciéndolo, si sigues las órdenes del médico -contraatacó Maggie.

Judy gruñó, haciéndolos reír a todos. Aaron besó a su madre en la mejilla antes de alejarse por el coche.


Toda la casa olía a comida casera, y a Aaron se le hizo la boca agua cuando entró en la cocina. Observó a su tía, que removía con energía el guiso.

-Lo mejor de venir de visita, es comer tu comida, tía Maggie -la abrazó, aspirando el aroma familiar de la mujer.

-Anda, no digas tonterías -se zafó de sus brazos, un tanto azorada-. ¿Erin está descansado?

-Sí, estaba cansada. Sé que no ha dormido demasiado bien estos días -se sentó en una silla después de servirse un vaso de agua.

-¿Y tú? ¿No estás cansado?

-Estoy acostumbrado a dormir poco. Dormiré mejor esta noche -contestó escuetamente.

Ninguno de los dos dijo nada más durante un rato. Maggie cocinaba concentrada en su tarea, y Aaron la observaba perdido en sus pensamientos. Se sobresaltó levemente cuando su tía posó una mano sobre la suya.

-Sé que estás preocupado por tu madre, Aaron. Pero estará bien, cuidaré de ella. Ambas nos cuidaremos, como hemos hecho toda la vida -la mujer esbozó una ligera sonrisa.

-Lo sé. Es que…si le pasa algo, no sé si…

-Algún día, cariño, tu madre no estará. Igual que tú y que yo y que todos, es ley de vida. Pero no debes pensar en eso y disfrutar del tiempo que estemos aquí.

-Estamos demasiado lejos -se quejó él.

-Bueno, podemos ir a visitaros cuando nazca ese pequeño bebé que se está gestando en la tripa de Erin. Es una buena ocasión ¿no te parece?

-Me encanta la idea, tía Maggie -él apretó su mano y sonrió.

-Y ahora -la mujer se levantó y se acercó al fogón mientras hablaba-. Vete a despertar a tu guapa esposa porque la comida está lista.

-¿Y mamá? -Aaron se levantó también.

-¿Quién pregunta por mí? -Judy entró en la cocina apoyándose en la pared. Había estado durmiendo también, y estaba despeinada.

-¿Cómo te encuentras, mamá?

-Bien, hijo, estoy bien.

Maggie lo miró mientras le acercaba a su hermana un vaso de agua, instándolo a irse. Él asintió ligeramente y se marchó.


Cuando entró en la habitación, no pudo evitar sonreír ligeramente. Erin dormía profundamente con la cabeza hacia un lado y una mano sobre la tripa. Había pateado las mantas, que estaban hechas un ovillo a sus pies.

Le encantaba verla dormir, desde la primera noche que habían pasado juntos, hacía ya tantos años. Toda la energía que tenía cuando estaba despierta, dormía con ella, y sólo desprendía paz.

Se acercó despacio a la cama y se sentó a su lado. Se inclinó ligeramente y la besó con dulzura en la frente. Erin se revolvió y se fue despertando poco a poco. Su rostro se iluminó cuando enfocó su mirada en él.

-¿Has descansado, cariño? La comida está preparada -señaló Aaron acariciando su cabello.

-Podría seguir durmiendo, en realidad. Pero la verdad es que sí tengo hambre -respondió sentándose en la cama.

-Me dio un poco de pena despertarte. Sé que estabas cansada y estabas profundamente dormida.

-Me encuentro mejor. He dormido un par de horas y he recuperado fuerzas -sonrió mientras rodeaba sus brazos alrededor de su cintura. El embarazo la había vuelto muy mimosa y aprovechaba cada ocasión que tenía para que Aaron la abrazara.

-En realidad han sido casi cuatro horas -soltó una risita ante el asombro de la chica-. Y ahora vamos a comer, que se estarán preguntando dónde estamos.


Después de comer, mientras su esposa, su madre y su tía mantenían una alegre conversación sobre embarazos, bebés y cosas relacionadas, Aaron pensó en lo afortunado que era. Estaba casado con la mujer más maravillosa del mundo e iban a tener un precioso bebé (según su madre, la mezcla de sus genes iba a dar fruto a una criatura preciosa); a pesar del susto que les había dado a todos, su madre se estaba recuperando favorablemente y sabía que su tía la cuidaría mejor que nadie.

Erin estaba completamente integrada en su familia. Tanto que en ocasiones él sentía que era "el agregado" de la familia. Sabía, aunque ella no se lo había comentado (pero la conocía mejor que ella misma) que desde que estaba embarazada hubiera querido tener cerca a su madre, aunque su relación siempre había sido tensa; por eso, contar con Judy y Maggie era una bendición para ella.

Las estaba escuchando, pero en realidad no estaba prestando atención a sus palabras; sin embargo, la cara de las tres desprendía felicidad. Su mirada se cruzó con la de Erin, que le sonrió. Y volvió a pensarlo, era tremendamente afortunado.

Continuará…