Quizá la gente ya se va a empezar a enojar conmigo. A ver qué pasa.
Here we go again.
III – Estrella fugaz
El camino de regreso fue silencioso. Por un lado, Serena se sentía sumamente apenada de que Neflyte pasara tantas horas esperándola en el auto y, por otro lado, no paraba de pensar en lo que Rei le había dicho.
Alguien te va a quitar todo.
No podía negarlo, a veces se sentía aún como una chiquilla y tener miedo de esas predicciones era un ejemplo de ello.
De pronto, Neflyte carraspeó sin apartar la vista del camino y preguntó – ¿La pasaste bien con tus amigas? Estás muy callada.
Era curioso. Ni siquiera Darien tendía a preguntarle sobre su visita a sus amigas, normalmente era ella quien se soltaba a contarle como una tarabilla sobre lo que habían platicado.
– Sí, todo en orden – respondió con una sonrisa.
– Ah… – y entonces preguntó con timidez – ¿Y vienes frecuentemente a visitar a la señorita Kino?
Serena creía que Neflyte era un muchacho muy amable y quizá estaba preocupado por verla tan callada que empezó a hacerle la plática. Sin embargo, todo el trayecto estuvo tan distraída que no había notado el ligero aroma que había en el ambiente: un exquisito pastel de chocolate, muy parecido al que Lita les había ofrecido esa tarde. Y también había en el auto un termo de café que no estaba cuando él la llevó al lugar.
Y ahora que lo pensaba, ¿acaso Lita no se había desaparecido un momento de su propia casa? Además, había un detalle muy importante: cómo sabía el nombre de Lita.
Todo empezaba a encajar de alguna forma y Serena tuvo otro de esos destellos adolescentosos para empezar a elucubrar cosas en su cabeza.
– No tanto como quisiera – y lanzó un pequeño anzuelo para cerciorarse de la situación – ¿Te gustaría que viniéramos más seguido a ver a Lita?
Era una suerte que transitaban a baja velocidad, porque Neflyte volteó a verla con desconcierto, aunque al momento reaccionó y volvió la vista al camino, para Serena ya estaba más claro todo y eso alimentaba su emoción.
– Bueno… yo… – intentaba explicar – No sé.
Ella consideraba un poco injusto que, mientras ella estaba muy feliz junto a Darien, sus amigas no habían encontrado alguien con quien compartir su tiempo. Y Neflyte parecía un buen muchacho que se mostraba interesado en Lita.
Hubo un silencio el resto del camino, pero no era como el del principio, ahora más bien Serena imaginaba por qué Lita decidió ir a ver a Neflyte para ofrecerle un postre, cómo reaccionó él y qué conversaron.
Cuando llegaron, ella bajó del auto y él le recordó que cualquier cosa que necesitara, no dudara en llamarle. Ambos estaban a punto de irse, cuando Serena se volvió hacia él.
– Por cierto, a Lita le gustan mucho las flores.
No fue necesario que él aclarara algo, sólo se puso rojo y agregó por lo bajo un "Gracias".
La rubia subió al departamento y de nuevo se sintió abrumada por la soledad del lugar. Era difícil pensar que por ahora Darien no estaría ahí para acompañarla. Sin embargo, antes de que pensar en su ausencia le hiciera romper en llanto, vio la luz parpadeante de la contestadora. Alguien había llamado y dejó un mensaje.
Ilusionada de que fuera su amado Darien, casi corrió hacia el aparato y puso el mensaje.
– ¿Hola?... ¿Serena?, ¿estás ahí? – decía la voz de Darien Chiba – Supongo que estás en tu estudio. Sólo quería decirte que hablé con Setsuna y mañana mismo puede empezar tus trámites; por favor, envíale con Neflyte tus papeles para que todo quede listo lo más pronto posible y podamos estar juntos de nuevo. Bueno, tengo que colgar, en unas horas tengo una reunión muy importante. Te mando un beso princesa, adiós.
La chica tuvo una leve decepción. Le hubiera gustado que Darien le contará más sobre su estancia allá, pero entendía que estaba muy ocupado y probablemente cansado. Serena sabía que no había tiempo para esos detalles, mucho menos para reclamos de parte de ella.
Presionó el botón de la contestadora para que el mensaje volviera a escucharse una y otra vez. Se sentó junto a la ventana aún en la oscuridad e incluso Luna se acercó para acurrucarse en su regazo.
Miraba por la ventana a la luna, musa y protagonista de muchos de sus trabajos. Le gustaba mucho mirarla para inspirarse. De pronto pensó en Lita y Neflyte, si es que él se decidiría a buscarla y si su amiga viera bien eso.
Serena sabía que durante muchos años, Lita pasaba todo el tiempo comparando a cuanto chico conocía con un viejo amor que tuvo. La mayor parte de su adolescencia pasó casi obsesionada con ese tema. Y no era algo que Serena pensaba o decía, sino que la propia Lita reconocía, así como reconocía que perdió mucho tiempo por sólo pensar en él; así que un día decidió concentrarse sólo en ella, sus aspiraciones y sueños.
Se preguntó si ahora habría una oportunidad.
Y en ese momento logró ver una estrella fugaz, uno de esos acontecimientos que poco se veían y que, cuando era más niña, le gustaba aprovechar para pedir un deseo. Qué más daba si era una cosa infantil, estaba ahí sola en casa y sólo Luna era testigo. Así que Serena cerró los ojos y pensó no sólo en Lita, sino en Ami, Rei y Mina, que pudieran ser felices con alguien especial. Ese era su deseo.
Sin embargo, escuchó la voz de Darien que se repetía una y otra vez en esa grabación, miró hacia el aparato y junto notó las últimas rosas que él le obsequió antes de partir, ya comenzaban a secarse, a morir. Sintió un escalofrío y en silencio agregó algo más a su deseo: que sus amigas y ella fueran felices.
Que esa predicción no se cumpla, por favor estrella.
o-o-o-o-o-o-o-o
Toda la mañana tuvo la sensación de que algo faltaba. Mentalmente, repasó una y otra vez todo lo que hizo desde el instante que se despertó: desde silenciar su alarma hasta estar sentada en ese momento en su escritorio, pasando por cumplir todas sus responsabilidades en casa y su traslado a la oficina.
Bueno, no importaba cuántas veces repasara todo eso, Setsuna sabía perfectamente qué era lo que le daba esa sensación que no era exclusiva de esa mañana, sino que la venía acosando desde que él se fue.
Inmediatamente se reprendió a sí misma por lo que su mente le insinuaba. Ella se había dicho a sí misma que no era correcto, que debía ser profesional y manejarse con la misma seriedad y discreción que mostraba desde el día que lo conoció.
Ese momento, aunque un poco lejano, le parecía aún un recuerdo muy fresco. Ambos habían entrado a trabajar a ese lugar al mismo tiempo, por lo que las circunstancias los obligaron a adaptarse y aprender juntos; el hecho de que ambos tuvieran cosas en común hizo que todo fuera más sencillo y que rápidamente él se hiciera parte de su rutina, de su vida.
Y ahora, que él debía irse muy lejos, le estaba resultando algo complicado. Pero como siempre, debía ser discreta al respecto; de todos modos, no sería algo rotundo, había una posibilidad (aunque muy pequeña) de que su viaje no se prolongara por mucho tiempo y también, él le había dicho que la necesitaba mucho y muy pronto ella tendría que viajar para alcanzarlo.
Eso sí, debía admitir que, pese a los planes de él, ella no estaba completamente segura de seguirlo hasta Estados Unidos y establecerse por quién sabe cuánto tiempo allá.
Contuvo el suspiro que estuvo a punto de escapársele. Aunque era una suerte que nadie notara que se perdió un momento en sus propios pensamientos.
–Jaque mate – interrumpió el silencio de la oficina la voz de Zoycite.
Su interlocutor refunfuñó – Odio este juego.
– Tu problema es que por más que me esfuerzo, no aprendes a jugarlo – le respondió.
–Shhh… – reprendió una tercera voz.
– No importa que no esté Darien, su espíritu es fuerte en ti y nos censuras – reclamó Jedite que, además de perder en el ajedrez, ahora había sido callado.
– Lo hago porque esta es una oficina y no es lugar para jugar – respondió Kunzite tan serio como siempre.
En eso coincidía Setsuna, aunque en general había un ambiente de tranquilidad y silencio en ese espacio (conformado por su escritorio, un sillón y un escritorio más que compartían Kunzite y Zoycite), el hecho de que Darien no estuviera en su oficina, la cual estaba atravesando la puerta de ese pequeño lobby, parecía invitar a los chicos a ser más dispersos de lo común.
Y no es que fueran unos aprovechados ante la ausencia de su jefe, sino que no había quien les asignara una tarea tras otra para tratar de ser un equipo productivo y de excelencia.
Típico de Darien… del señor Chiba – corrigió inmediatamente pues no se podía permitir ni una indiscreción, ni siquiera en su propia cabeza.
– Calma – intervino Zoycite – ya terminé las proyecciones que Darien me pidió y estoy atento de cualquier otra cosa que me solicite.
– Y yo vine para cualquier cosa que necesiten – agregó Jedite.
–Qué acomedido – dijo Kunzite irónico – Si lo que no quieres es estar en tu casa.
– Deberías estar agradecido de que vengo a alegrar sus mañanas – se puso de pie y sonrío pícaramente a la chica – Deberías aprender a Setsuna que nunca se queja de que esté aquí y siempre me recibe con esa bella sonrisa.
– Eso es porque la señorita Meiou es una dama.
La aludida sonrió, debía admitir que aquellos muchachos los consideraba buenos amigos y, especialmente en ese momento, hacían más llevadera la ausencia de su jefe.
– Ahora que lo mencionas Jedite, sí hay algo que necesito pedirte.
– Claro, dime.
– El señor Chiba me comentó que en alguna ocasión le ofreciste ayudarle a agilizar el trámite de sus papeles para poder viajar a Estados Unidos.
– Sí, aunque él me dijo que no tenía prisa.
– Quisiera que me ayudaras a hacer más rápido el trámite de la señorita Tsukino, al señor Chiba le interesa mucho que viaje a Estados Unidos lo más pronto posible.
– Bien, sí… Hablaré personalmente con el embajador, me debe un favor – y agregó con su acostumbrado tono juguetón – ¿Quieren saber por qué está en deuda conmigo?
– No – Kunzite fue el único que respondió.
– Como el embajador es amigo de mi padre, en una ocasión se me acercó para pedirme que saliera con su hija, una de esas chicas caprichosas y pesadas, yo acepté para quitármelos de encima. Y tuve la brillante idea de fingir y comportarme como un idiota en la cita para que no me volviera a buscar.
– ¿Y dónde está la parte donde fingiste? – continuó Kunzite.
– Como sea, puedo ir inmediatamente a visitarlo.
– Muchas gracias. Espero que hoy mismo Neflyte traiga los papeles para iniciar el trámite.
– Perfecto… Zoycite, ¿me llevas? Mi padre aún me tiene decomisado mi auto.
– ¿Sigue molesto por lo de Takahashi? – dijo el aludido mientras se ponía de pie y se acercaba a la puerta del lugar.
– Eso sólo fue el comienzo… – y continuó hablando mientras salían de ahí y su voz se perdía entre los pasillos.
– Bueno, iré a la oficina del señor Kaiou a dejar la información que envió Darien – dijo Kunzite – ¿Lo tienes?
Ella asintió. Lo había dejado en el privado de su jefe. Así que entró a la pequeña oficina y le entregó el folder con una serie de documentos que Darien Chiba mandó por correo y pidió que se imprimiera y entregara al señor Kaiou.
El joven se marchó de ahí dejándola sola de nuevo, en el incómodo silencio y esa sensación de que algo faltaba.
Y ella se quedó ahí parada en medio de la oficina de su jefe, un espacio que era solo de él, que tenía toda su esencia impregnada y en el que habían pasado tantas horas juntos.
Dio la vuelta al escritorio y se colocó detrás de la silla que él ocupaba todos los días. Colocó sus manos en el ancho respaldo y se inclinó un poco para apoyar su cabeza en éste.
Setsuna se imaginó que se veía ridícula haciendo eso, pero se daba cuenta que casi podía percibir su olor y así borrar, aunque sea un poquito, esa sensación de que algo le faltaba. Pero qué importaba cómo se veía, estaba ahí sola.
– ¿Hola? – escuchó una voz femenina que le pareció vagamente conocida.
Apenas le dio tiempo de reincorporarse antes de que la chica rubia asomara la cabeza en la oficina.
– ¿Setsuna Meiou? – preguntó Serena.
o-o-o-o-o-o-o-o
Esa mañana despertó con toda la intención de cumplir lo que Darien le había pedido. Sin embargo, el espectáculo que fue ver aquella estrella la noche anterior le dio uno de esos espontáneos momentos de inspiración y después de desayunar estuvo toda la mañana en su estudio.
El problema fue que no se percató de que Luna echó un botecito de pintura en la tarjeta de Neflyte, la cual había dejado ahí para no olvidar que era muy importante llamarle para pedirle que fuera a recoger los papeles.
Se sintió una tonta al arruinar una instrucción tan simple que Darien le había dejado. Y si bien hubiera sido más sencillo llamar a la oficina y pedirle a Setsuna lo enviara, no quería causar más lío y era justo ésta la oportunidad de demostrarle a Darien que era capaz de resolver problemas, de hacer las cosas por sí mismo.
Así que determinó que había una forma muy simple de resolver el asunto. Tomaría el automóvil de Darien y reviviría las lecciones de conducir que su padre le daba poco antes de mudarse; de hecho, su papá le decía que estaba lista para manejar, sólo debía practicar un poco más y obtener su permiso oficial.
En más de una ocasión, Darien le pidió hacer una pequeña escala en su oficina para recoger algo urgente, así que conocía bien la ubicación de su trabajo. Iría, le daría personalmente a Setsuna los papeles y le pediría de nuevo el número de Neflyte.
No había falla en el plan.
Tomó las llaves de Darien y bajó al estacionamiento de los departamentos. Era una suerte que él dispusiera que el auto se quedara ahí todo el tiempo.
Se sentó por primera vez en ese vehículo en el asiento de conductor. Acomodó el asiento y los espejos tal y como su papá le había enseñado. Lo encendió y, tras un par de intentos fallidos, logró ponerlo en marcha. Algo nerviosa por esta primera vez pero contenta de que podía demostrar que era autosuficiente.
Era una fortuna que vivieran a las afueras de la ciudad y así se evitara el tráfico de la urbe, por lo que fue camino tranquilo, con pocos autos alrededor, sin semáforos y tránsito constante.
Tardó un poco en llegar ya que circuló a una velocidad baja; sin embargo fue una suerte que, al llegar, la dejaran pasar al presentarse como la novia de Darien Chiba y preguntando por Setsuna Meiou, a quien no conocía personalmente pero había conversado por teléfono algunas veces y Darien la había mencionado en varias ocasiones.
Otra fortuna fue que desde la recepción le explicarán a detalle cómo encontrar la oficina de Darien, donde estaría su secretaria y asistente.
Cuando encontró la puerta que le indicaron, alcanzó a ver a un chico de larga cabellera blanca que salía y se iba por el lado contrario del pasillo.
Ella se acercó y vio la placa con el nombre de Darien. Se asomó y vio un pequeño lobby con un sillón y un par de escritorios. Se adentró y dijo: ¿Hola?
Vio otra puerta y decidió asomarse. Se encontró con una mujer alta y muy bella parada del otro lado del escritorio que, supuso, era el de Darien.
– ¿Setsuna Meiou? – preguntó tímida.
– Sí, buenas tardes; ¿en qué puedo ayudarle?
– Mucho gusto, soy Serena Tsukino.
Por un momento, le dio la impresión que la mujer abrió los ojos sorprendida, pero rápidamente volvió a su tono formal y se presentó, le dio la bienvenida, le preguntó si deseaba algo de tomar y le invitó a tomar asiento en uno de los escritorios de afuera.
Serena se sintió nerviosa, al igual que cuando conoció a Michiru, Haruka y Neflyte, temía decir o hacer algo inapropiado – Sólo vine rápidamente a dejarte los papeles que Darien me indicó – le entregó el folder.
– Ah, perfecto. En cuanto, Neflyte te deje en casa, lo mandaré a iniciar el trámite, así que puedes dárselos… ¿dónde está él?
Buena pregunta.
La rubia no supo cómo explicarle que el castaño no la había llevado, sino que ella se aventuró a tomar el automóvil e ir personalmente a la oficina.
– Yo vine sola – declaró tras un silencio.
– Oh… ya veo…
Setsuna no sabía cómo era Darien Chiba con su novia, pero como jefe era muy estricto y severo a la hora de cumplir o no con las instrucciones que daba. Así que no sabía cómo tomaría que no se cumpliera la instrucción que le dejó a Neflyte. Ella no pretendía reprenderlo, pero sí quería saber qué había pasado. Asimismo, consideraba una suerte que Kunzite no estuviera ahí pues armaría un escándalo.
Las dos se quedaron calladas por un momento. Fue hasta que alguien llegó.
– Ah, disculpa Setsuna no vi que estabas ocupada… – dijo la mujer – Ah, pero si eres tú Serena.
La aludida volteó y se encontró de frente con Michiru. Se saludaron.
– No sabía que te encontraría aquí Serena.
– Vine a dejar unos papeles para viajar con Darien.
Michiru arqueó ligeramente la ceja. Sabía que, al menos durante la cena de la compañía, la chica se había mostrado un poco dudosa de la decisión de su novio.
– Ya veo. Setsuna, sólo pasé a decirte que tuve que venir a ver a mi papá, pero no te preocupes, ella está bien, Haruka se está haciendo cargo.
– Muchas gracias Michiru.
– Y usted señorita, tenemos una charla pendiente – dijo Michiru e invitó a Serena a ponerse de pie.
La rubia, un poco desconcertada, no supo qué hacer. No quería ser grosera con ninguna de las dos. Pero Michiru la tiró del brazo y Serena sólo pudo hacer un gesto de agradecimiento a la asistente de Darien, quien le respondió con un gesto igual.
Sin embargo, cuando salieron Setsuna se mordió ligeramente el labio, nerviosa de que no se cumplieran los deseos de su jefe. ¿Y dónde estaría Neflyte a esa hora de la tarde? Qué es tan importante como para no estar pendiente de Serena Tsukino, su actual prioridad.
Por su parte, Serena ya caminaba por los pasillos con Michiru, quien, sin soltarla del brazo, saludaba con la mano a cuanta persona se encontrara. La rubia se imaginaba que era muy conocida al ser la hija del dueño y ella se mostraba muy accesible con los empleados. Incluso con ella.
De hecho, con Haruka, la chica se había mostrado muy amigable en la cena de Darien y le ayudaron a no sentirse tan sola.
– Y dime Serena, ¿cómo te fue con Darien? – le preguntó.
– Pronto viajaré a Estados Unidos, él se adelantó mientras yo arreglo mis papeles.
– Ya veo. Así que… ¿esos detalles que querías hablar con él sólo eran tus papeles? – inquirió. Serena sentía que no era por ser chismosa, más bien sonaba preocupada y quizá era un sentimiento auténtico, pues realmente la vio muy desconcertada aquella noche.
Hubo un silencio. Se detuvieron y Michiru la miró de frente – Hay algo más ¿cierto?
De nuevo Serena guardó silencio, por lo que la chica continuó hablando.
– Es difícil marcharse a otro país ¿verdad?
– Mis papás y mis amigas viven aquí, no es sencillo dejarlos atrás. Darien no tiene familia y le es más fácil desprenderse – se sinceró.
– ¿Y cómo lo tomó Darien? – otro silencio – No se lo dijiste ¿verdad? – ante otro silencio, Michiru siguió – Es importante que lo hagas Serena.
Ella asintió y miró hacia abajo. Sabía que no era un regaño, simplemente un consejo honesto. Mientras tenía su vista hacia abajo notó que todo el tiempo Michiru trajo un libro de arte que Darien le había obsequiado no hace mucho.
– Me encanta – dijo señalando el libro en cuestión y también para aliviar un poco la tensión.
– Ah – dijo la chica alzándolo un poco – Lo utilizo para mis clases de arte.
– Darien me regaló un ejemplar, el artista es realmente inspirador.
– Muchas gracias, fue un recompilado que hice de algunas de mis obras favoritas.
– ¿Tú eres Neptuno? – dijo sorprendida, aludiendo a al sobrenombre del autor del libro.
– Sí, soy la autora; lo uso para dar mis clases de arte.
Serena no sabía qué decir. Un buen día, Darien llegó del trabajo y la sorprendió con ese libro que se había convertido en un referente para su trabajo, le gustaba mirarlo muy de vez en cuando para inspirarse, pues consideraba que el autor realmente había plasmado una pasión que contagiaba en cada obra contenida en el libro.
– Es maravilloso, me ha servido mucho y aprendo mucho con él.
– ¿Acaso pintas?
Se puso roja – No soy profesional ni nada espectacular.
– Me encantaría averiguarlo. Darien nunca mencionó que su novia dedicaba tiempo al arte, me gustaría mucho ver tu trabajo.
– Sí – respondió tímida.
– Claro, antes de que te vayas a Nueva York… Ahora que lo pienso, si es que te interesa seguir aprendiendo, podría recomendarte buenas escuelas de arte allá.
– Gra… gracias – y aunque la propuesta era atractiva, nunca había pensado estudiar eso, y no creía que Darien lo viera como una posibilidad, considerando que él prefería la maternidad para su futuro próximo.
– Bueno Serena, tengo que irme; vine a ver a mi padre. Qué bueno fue encontrarte y me alegra mucho te guste mi libro. Es una suerte que de todos los ejemplares que mi papá repartió por toda la empresa, uno llegara a manos de alguien que lo valorara tanto.
Se despidió y Serena tomó camino de regreso al auto. Qué emocionante había sido enterarse de que la mano talentosa que tanto admiraba por su arte, fuera una chica tan elegante y sensible como Michiru Kaiou, aunque era una sorpresa también enterarse de que el libro que tanto valoraba porque su novio le regaló, había sido sólo un obsequio que le dieron a él y que no le vio otro uso que dárselo a ella.
No quiso más pensar en ello. Llegó al auto de nuevo y sintió nervios al encenderlo de nuevo. Había tenido mucho éxito al llegar hasta allá sin contratiempos y se preguntó si su habilidad al volante le permitiría visitar a su mamá.
Encendió el vehículo al primer intento y se puso en marcha sin problemas. Quizá una buena señal de que no habría contratiempos y que podría hacer sus cosas sin necesitar a Neflyte.
o-o-o-o-o-o-o-o
En cuanto llegó, estuvo un buen rato observando las ventanas del edificio, tratando de calcular a cuál departamento debía pertenecer. Aunque la verdad, creía que sólo era un pretexto para seguir dándole vueltas al asunto y analizar si era o no conveniente ir a verla.
En realidad había pasado gran parte de la noche pensando si podía o no regresar a ver a la señorita Kino. Serena le había dado a entender que sí y él se preguntaba si la chica le habría contado o preguntado algo sobre él.
Como sea, ella había sido muy amable con él y creía que lo correcto era agradecerle su gesto. Además, Neflyte no podía negarlo, no encontraba la manera de corresponderle a la deliciosa experiencia culinaria que ella le había regalado. Él no recordaba cuándo había sido la última vez que disfrutó tanto un postre.
Y finalmente, debía ir a devolverle los trates y utensilios en los que le dio de comer. Eso no tenía nada de malo ¿cierto? No habría una razón para que la chica se sintiera agobiada o un posible novio o pretendiente se molestara.
Así que decidió entrar al edificio. Encontró una puerta y tocó un par de veces sin respuesta. Una vez más y nada. Algunas otras más y no.
Se llevó una leve decepción. Toda la mañana pensó que si la señorita Serena no le llamaba, era una especie de señal del destino para que fuera a buscar a la señorita Kino. Otra señal fue el presente que encontró para agradecerle su amabilidad.
Sin embargo, no ella no estaba o quizá no quería atender la puerta. Había una ligera decepción y estaba a punto de irse cuando la puerta de junto se abrió y apareció una figura femenina.
– ¡Hola!
Dio un brinco involuntario y volteó para encontrarse de frente con Lita, quien aparentemente venía llevando – Ah, señorita Kino.
– Neflyte, ¿correcto? – preguntó la chica. Serena les había dicho el nombre del muchacho y, aunque ella se presentó con él, Neflyte no tuvo oportunidad de hacerlo formalmente.
– Sí, disculpe que vine así sin anunciarme.
– No te preocupes pero… por qué estás tocando en el departamento de mis vecinos.
Mientras él se sentía tan torpe por estar llamando a la puerta equivocada, Lita lo invitó a pasar, considerando que verla conversar en pleno pasillo con un chico que estuvo haciendo tanto ruido, se prestaría a toda clase de interpretaciones.
– Lo siento, espero no haber molestado a sus vecinos. Calculé mal y pensé que ese sería su departamento – se explicó.
– Descuida y por favor háblame de tú – le dijo con una sonrisa que le hizo pensar que ya a la luz del día era aún más resplandeciente – En realidad son departamentos muy pequeños.
Él asintió – Bueno, vine a devolverte esto – le entregó una bolsa – Y a agradecerte que me compartieras un poco de tu pastel.
– Es un gusto, no me parecía correcto que estuvieras ahí sin comer.
Ella tomó la bolsa y se acercó a la mesa para dejarla. Neflyte temió que se le empezara a escapar la oportunidad de entregarle el obsequio que le llevó.
– Fue muy amable de tu parte… de verdad y… hay algo más que traje para agradecerte.
Serena le había dicho que a su amiga le gustaban las flores y a él le pareció muy radical e inadecuado llevarle un ramo. No sabía cómo darle a entender que él había estado muy contento por el gesto de la chica, pero una pequeña visita a una tienda cerca de su casa, le mostró el agradecimiento perfecto.
Sacó de su bolsillo una pequeña bolsa de papel y se la extendió. Lita fue hacia él y lo recibió curiosa. La verdad es que ella sólo lo había hecho para compartir su comida y nunca espero algo a cambio.
Abrió la bolsa y, ante la expectante mirada de Neflyte, sacó un par de aretes en forma de rosas rosas. Eran simplemente perfectos.
– ¡Wow! – sólo pudo expresar.
– Espero que te gusten.
– Me encantan… pero es demasiado. Yo no…
– Por favor acéptalos. De verdad que es mi forma de agradecerte.
Los castaños ojos suplicantes fueron demasiado para ella – Está bien, pero para compensarlo… qué te parece si te quedas a almorzar. Hay un poco de yakimeshi.
La pena de Neflyte estuvo a punto de decir que no, pero de nuevo su estómago fue más rápido y reaccionó con un rugido ante la idea de una buena comida casera.
La chica sonrió ante esa reacción y lo invitó a sentarse en la mesa; sin embargo, él se ofreció a ayudarla, esperando no ser invasivo con su espacio. Aunque ella al principio pareció indecisa con la idea, pero finalmente accedió para no parecer grosera.
Mientras servían y ya comiendo, la pasaron conversando sobre esto y lo otro. Lita le contó que su casa era muy pequeña debido a que vivía sola, sus padres fallecieron en un accidente en una tormenta hacía mucho tiempo. Él le contó que desde muy jovencito también aprendió a ser independiente, en circunstancias diferentes, pero ambos tenían en común ese punto.
Para Lita, había sido una muy afortunada coincidencia que ese día no tuviera su última clase y regresara muy temprano a casa; de haber sido diferente, no habría encontrado a Neflyte.
Él, por su parte, creía que las cosas habían salido mejor de lo que hubiera previsto. Aun con el instantáneo momento en que la vio por la ventana y con la brevísima conversación que tuvieron, le surgió la curiosidad de saber más de Lita Kino.
Cuando era adolescente había salido con chicas e incluso había tenido alguna que otra noviecilla, pero eso lo había dejado de lado conforme lo demandante de su trabajo (o más bien de su jefe), le exigía concentrarse en otras cosas. Y ahora, se le presentaba la oportunidad de conocer a una chica que, no podía negar, le parecía muy bonita y agradable.
Era una suerte.
– Y… ¿Serena o Darien saben que estás aquí? – preguntó la chica una vez que él terminó de contarle a qué se dedicaba actualmente.
– No. La señorita Serena no me pidió la llevara a algún lado y sobre Darien… bueno, él está de viaje y realmente no sé cómo tomaría que no esté al pendiente de su novia.
– Ya veo. Es muy estricto y pidió que no te separaras de ella – él asintió – No me sorprende viniendo de él.
Neflyte arqueó un poco la ceja – ¿A qué te refieres?
– Darien es en exceso cuidadoso con Serena.
– ¿Y qué tiene de malo eso? Ama a su chica y no quiere dejarla desprotegida.
– ¿No te parece demasiado que tengas que estar sólo pendiente de ella? Es como si Serena no pudiera hacer algo sin que tú o tus compañeros se lo permitan.
Desde hacía tiempo, Neflyte consideraba a Darien como un amigo y modelo a seguir, por lo que lo que Lita decía le parecía exagerado. Era una lástima que el agradable almuerzo que tuvieron juntos comenzara a tomar ese rumbo.
Y antes de que alguno pudiera decir algo que seguramente aumentaría la tensión de la conversación. El teléfono de Neflyte sonó y vio en la pantalla el nombre de Zoycite.
– ¿Sí?... Estoy ocupado con otro asunto y… ¡¿Qué?! – escuchó lo que decía su interlocutor – Conozco la zona, voy para allá.
Colgó y al ver su gesto preocupado y que inmediatamente se puso de pie, Lita borró el tono con el que estaban hablando – ¿Qué sucede?
– Tengo que irme, Serena chocó en el auto de Darien.
o-o-o-o-o-o-o-o
Estaba emocionado. Había ganado la pequeña discusión con su hermano, bajo el argumento de que lo justo era que los tres pudieran manejar el auto. Taiki le había dicho que no era un juguete, que se requería ser muy cuidadoso y, sobre todo, que él lo hacía porque tenía más experiencia.
A Yaten pareció no interesarle el asunto, pero Seiya insistió en que podía hacerlo. Y la verdad era que la idea se le había metido en la cabeza desde que Mina Aino llegó al aeropuerto por ellos con semejante vehículo y les dio las llaves, lo había alquilado para que ellos pudieran ir y venir como se les antojara.
– Pero sin abusar – les había advertido su nueva representante.
No era un auto lujoso ni llamativo, cuestión que agradecían los Kou pues no pretendían llamar la atención; pero Seiya nunca había estado (mucho menos manejado) en un automóvil tan nuevo y bonito.
Cuando al fin se puso al volante, desde el asiento de copiloto, Taiki no dejaba de decirle una y otra vez que permaneciera atento.
– Vamos con tiempo suficiente, no es necesario que conduzcas rápido – le decía Taiki.
– Lo sé, lo sé. Mina también me mandó ese mensaje.
– A mi también me llegó – terció Yaten desde el asiento trasero – Y también la decena de mensajes que me mandó – agregó con cierto fastidio.
Taiki y Seiya se miraron de reojo con complicidad.
– ¿No les parece que se mete mucho con nuestros asuntos? – continuó Yaten y ahí fue cuando sus hermanos soltaron una risa, que sólo se acalló cuando Taiki le hizo una seña a Seiya de que volviera a poner atención en el camino.
Yaten, por su parte, no le encontró lo divertido al asunto y cuestionó de qué se reían.
– Mina ha sido muy amable y está al pendiente de lo que necesitamos – respondió Taiki – Ese es su trabajo. Si te manda más mensajes o te presta más atención, por algo será.
– Se le llama coquetería – agregó Seiya – Por si no la conocías, amargado – y se volvió a reír.
– ¡Seiya, pon atención al camino!... Éste no es uno de tus tontos videojuegos.
Él obedeció, aunque estaban detenidos en un cruce, no quería ser reprendido y perder el privilegio de manejar ese auto.
– ¿Ah sí? – respondió Yaten – Pues me está haciendo preguntas muy personales, privadas: cómo aparecimos de repente, de dónde aprendimos a hacer música, por qué de pronto sí quisimos "ser famosos"… qué buscamos con todo esto.
Para cuando terminó de hablar, el tránsito ya avanzaba y Seiya había comenzado a menejar hacia el otro lado del cruce, sin dejar de prestar atención a lo que decía su hermano.
Y cuando escuchó la última frase, no pudo evitar frenar de golpe. Respuestas y razones había, pero habían decidido guardárselas sólo para ellos. O como decía Yaten, eran muy personales y privadas.
Se volteó hacia él y antes de que pudiera cuestionarle qué le había respondido a Mina o de que Taiki de nuevo lo volviera a reprender, un vehículo que también atravesaba ese crucero alcanzó a golpear una parte del costado trasero de su auto.
Al ruido de ese impacto, le siguió otro, que sólo recibió el vehículo que les había pegado. Como un reflejo, Seiya bajó y se preocupó al ver que el vehículo que les había pegado (y que a su vez recibió otro golpe en la parte trasera) era un auto deportivo.
Lo que costará saldar el daño.
Fue hacia la ventana del conductor para saber qué podía hacer. Y se encontró con una chica que parecía desorientada y adolorida por los impactos.
Afortunadamente consciente, pero lo que más agradeció Seiya es que la casualidad le volviera hacer coincidir, aunque fuera de nuevo accidentadamente, con la chica que vio en el aeropuerto.
– ¿Bombón?
Continuará…
Hola de nuevo. Ya empecé a enredar las cosas más y más, a soltar cosas aquí, esos detalles que me encanta sembrar en las historias. De momento me sentí muy rara cuando empecé a diseñar este capítulo, porque temporalmente pasa tan poco y, sin embargo, hay mucha información contenida.
Vimos por ahí una potencial pareja asomándose pero oh-oh hasta el Darien (alias princeso mayor) viene a meter conflicto por ahí. Y bueno, también hubo más cameos que irán cobrando fuerza conforme la historia lo demande. ¿Ya vieron cómo está la onda?
Nuestra protagonista anda por ahí medio preocupada por varios temas: que si Darien, que si lo que dijo Rei, que si la vida sentimental de sus amigas y entre tanta cosa ¡pum!, al final del capítulo le mandé una sorpresita de golpe.
Y ya verán lo que viene. En mi cabecita tengo muy claro lo que quiero de este fic (al menos hasta cierto punto) y eso me ha ayudado a escribir con más fluidez, a ello se le suma el amor que le han dado a la historia y el cariño que yo misma le he agarrado. Por eso, espero leerlos muy pronto y les agradezco infinitamente de nuevo su tiempo de lectura, reviews, corazoncitos y follows.
