Algunas cositas que ya quería contarles y otras tantas que no podía aplazar.
Relájense y, por favor, tómenlo con la mayor calma posible.
V – La confusión
Cerró los ojos y se dejó llevar por la melodía y letra una vez más. Encerrada en su habitación en casa de sus padres y mientras acariciaba a su fiel compañero felino Artemis, involuntariamente comenzó a mover levemente su cabeza al ritmo de la música y uno de sus pies también se sumaba a ese movimiento.
Llevaba gran parte de la tarde escuchando ese material y estaba segura que sería un éxito. Eso sí, todavía había mucho trabajo por delante y esto apenas era un avance.
Hacía unos días, los Three Lights le informaron con mucha emoción que tenían canciones nuevas que querían mostrarle. Después de la charla que tuvo con Seiya, éste se había puesto a trabajar en cosas nuevas y eso había motivado a sus hermanos a trabajar en nuevos materiales.
A Mina no le quedó duda de porqué él era el líder del grupo.
Le presentaron las canciones y al final seleccionaron un par para inmediatamente grabar. Mina creía que debían avanzar más en nuevas canciones antes de entrar al estudio pero los chicos realmente estaban emocionados por avanzar en su primer disco. Las pistas ya estaban en postproducción y, cuando estuvieran listas, las presentarían a los ejecutivos de la disquera.
Mina estaba escuchándolas una y otra vez para despejar cualquier duda. Aunque no había mucho por hacer, ella estaba convencida del talento de los chicos y su música lo demostraba.
Seiya había escrito una canción particularmente especial. Sobre lo pequeño que podría ser el mundo para encontrarte con alguien especial y, al mismo tiempo, lo grande que era para volverla a encontrar; sobre lo fugaz e instantáneo pero que por alguna razón se queda marcado.
A Mina le encantó la letra y el sentimiento de la canción. ¿Cuántas veces no se había sentido así? A diferencia de sus amigas, ella no había desistido en la idea de encontrar a su chico ideal y en varias ocasiones se sintió flechada rápidamente; aunque, claro, la mayoría de las veces había sufrido descalabros por culpa de esos arranques.
Suspiró y acarició el mentón de su gatito – Si los chicos que conozco fueran la mitad de cariñosos conmigo como lo eres tú – le dijo.
Y es que Mina reconocía que se equivocaba por dejarse envolver muy rápido; y no es que fuera pronta de sentimientos, simplemente a veces le ganaba la atracción y el arrebato. Afortunadamente no era siempre y ya había aprendido a distinguir ciertas cosas.
Como el día que visitó a Serena. Cuando vio al muchacho que llegó a verla, no pudo evitar notar lo atractivo que era, pero en cuanto empezó a hablar, se decepcionó de la clase de tipo que era.
Y peor aún. Cuando salió de la casa de su amiga, lo encontró ahí. Estaba hablando por teléfono y apenas alcanzó a escuchar un poco de esa conversación.
– Entonces, ¿sí conoces a alguien que pueda darnos información de ese auto…? – vio cómo escuchaba una respuesta. Él estaba de espaldas y no había notado que Mina estaba ahí – Perfecto, con eso podré dar con el responsable de ese choque. Te lo encargo.
Colgó y fue cuando Mina se hizo notar – Pensé que ya se había ido señor Kunz – le dijo.
– No me llamo Kunz – le respondió serio.
– Como sea, creo que no debería seguir indagando en ese asunto del accidente, Serena fue muy clara que no quiere hacer más grande esto.
– Y ya le dije que es un deber señorita…
– Mina – se presentó secamente – Y es en serio, ya no se meta más – dijo firme y dispuesta a encararlo de nuevo y es que ella ya temía algo.
El color del auto que mencionó Serena ya decía algo, pero justo cuando salió a visitarla, vio que el automóvil de los Three Lights tenía un golpe e incluso un poco de pintura de otro auto. Era probable que chocaran el vehículo y no quisieron decirle, pero lo que más le preocupaba eran las circunstancias de ese golpe.
– ¿Acaso ella le dijo algo más? – intuyó Kunzite y dio unos pasos para quedar frente a ella.
– No – mintió – Pero ya deje ese tema en paz, no atormente a mi amiga señor Kunz.
– ¡Que no me llamo así! – dijo y pareció mentalmente contar hasta tres para calmarse – Bien, qué le parece si la llevo a su casa, ya es un poco tarde.
Algo de lo que había aprendido de tantos tropiezos con los hombres eran los trucos y discursos que usaban para obtener algo. Y ésta era una de las veces en que Mina sabía que debía controlarse, ese sujeto quería ganarse su confianza y sacarle información, pero ella debía proteger a los Three Lights (al menos hasta confirmar o descartar su sospecha y enterarse de todas las circunstancias) y, sobre todo, apoyar a su amiga en no indagar más sobre el tema.
– No gracias señor Kunz, con permiso – y se fue rápidamente apenas escuchando cómo el chico azotaba la puerta de su auto y se marchaba.
Ya habían pasado unos días y no había tenido oportunidad de hablar con los Three Lights del asunto. Le preocupaba mucho que su sospecha fuera cierta, porque ellos habían dejado a su amiga y porque no habían tenido la confianza de contarle lo que había pasado.
Aunque de momentos le sonaba tonto que ellos chocaran con Serena. Justo como decía la canción de Seiya, el mundo a veces no era tan pequeño.
o-o-o-o-o-o-o-o
La usual tranquilidad de la oficina ese día se rompió en cuanto el joven expresó un "Sí" triunfante al leer el mensaje que había recibido e incluso dio una palmada de alegría a la mesa.
Esa expresión no pasó desapercibida por su compañero de escritorio, quien arqueó la ceja e intentó reprenderlo.
– Shhhh – dijo Kunzite.
– Lo siento – dijo Zoycite, quien en realidad sabía que la queja no era por su expresión, su amigo llevaba días serio con él.
Sin embargo, él no podía ocultar su alegría. Por fin había recibido la respuesta afirmativa que tanto esperaba: Ami le aceptaba una segunda cita y él no podía estar más contento. No podía negarlo, ella le había gustado desde el momento en que la vio y que, más adelante, ella aceptara salir a cenar, lo había convencido de que quería conocer más y más de ella.
Lamentablemente había alguien que no estaba tan contento. Kunzite llevaba días serio con él y se conocían tan bien que no hacía falta que hablaran del porqué.
Y es que después de salir con Ami, llegó a la oficina tan contento que Setsuna le preguntó por qué tenía esa sonrisa y él le contó que había salido con una chica fantástica y cómo la había conocido. Su amigo y compañero de trabajo escuchó todo y desde ese momento estaba distante.
– Ya les he dicho que es una oficina. Sean más reservados – dijo Kunzite sin apartar la vista de su computadora.
Zoycite era muy directo y no le gustaba andarse con rodeos, así que quizás era el momento de tocar el tema. Ese día sólo estaban ellos dos en la oficina.
– ¿Ya me dirás por qué estás tan molesto conmigo? – preguntó.
– ¿Crees que estoy molesto? – preguntó sin dejar de trabajar.
– Claro que sí. Te conozco muy bien.
– Deja de mandar mensajes todo el día y ponte a trabajar.
– He estado trabajando como siempre. Sé lo que te molesta, es Ami, ¿cierto? – no obtuvo respuesta y continuó – Estás así desde que salí con ella, ¿cuál es el problema?
Finalmente su amigo lo miró – Es amiga de la señorita Tsukino.
– Sí, ¿y? – le respondió tratando de entender el punto.
– Sé prudente.
– ¿De qué rayos hablas? Kunzite eres mi mejor amigo, nos conocemos desde el colegio, sabes cómo soy y que nunca le he faltado el respeto a una chica y que jamás sería un aprovechado.
– No me refiero a eso – se puso de pie y empezó a caminar como si pensara lo que quería decir – Hablo de mezclar las cosas, es amiga muy cercana de la mujer de Darien, nuestro jefe – remarcó la última frase.
– Darien es nuestro jefe, sí, pero también es nuestro amigo y sinceramente me decepciona un poco que conociera a una chica tan linda como Ami y que jamás cayera en la cuenta de que tendría cosas en común conmigo y nos presentara.
– Sabes cómo es él y que no le gusta mezclar las cosas ¿Ya pensaste qué le vas a decir cuando te pregunte cómo la conociste?
Zoycite sonrió irónicamente – ¿Crees que eso llegue a pasar?... Sabes sus planes y que quiere complacer al señor Kaiou para quedarse en Estados Unidos, él no piensa regresar, no le importa lo que pase aquí.
– ¿Y si quiere que lo sigamos? – le cuestionó.
– Sabes que no está en sus planes, al menos no en el corto y mediano plazo, es un asunto que sólo ha planteado a Setsuna y sabes bien el porqué – hizo una pausa – Mira, déjame vivir mi momento con Ami, es una chica increíble, es inteligente, muy agradable y bonita. No sabes lo que he deseado que acepte seguir saliendo conmigo; y ahora estoy feliz de que me dijo que sí y de volver a verla; pensé que al menos te daría gusto por mí.
– Sólo sé prudente, ¿sí?
Él asintió y justo en ese momento entró a la oficina Neflyte – Hola – saludó secamente, sabía que ambos se habían molestado mucho con él por ausentarse cuando la señorita Tsukino chocó y desde ese día estaba muy distante y serio.
Era una lástima que últimamente hubiera tantos roces entre ellos, que siempre habían sido muy unidos como amigos.
– Sólo vine a dejarle unos papeles a Setsuna, pero veo que no está.
– Tuvo un asunto familiar, ya sabes… – respondió Zoycite.
– Está bien, dejaré las cosas en su escritorio – dejó un folder y se dio la media vuelta.
– Espera – lo detuvo Zoycite – No había tenido la oportunidad de disculparme por lo del otro día. Si no hubieras resuelto lo del accidente de la señorita Tsukino así, Darien nos hubiera reprendido severamente… Además, de no haber sido así, no hubiera conocido a Ami.
– El crédito no es mío, es de Lita, fue su idea.
– ¿Quién es Lita? – intervino por fin Kunzite en la conversación.
– Es una amiga de la señorita Serena, yo estaba con ella ese día y nos ayudó – respondió Neflyte sin quitar su tono serio.
– Ah… ¿estabas con ella cuando fue el accidente?
– Sí – reconoció con firmeza. La propia Lita le había dicho que no se sintiera culpable por la situación pues la señorita Serena había decidido no llamarle y él no podía hacer nada al respecto.
Es más. Lita consideraba que él estaba haciendo de más al ofrecerse a reparar el auto y asumir los gastos. Sin duda, ella había sido un gran apoyo moral los últimos días; incluso, la chica se había ofrecido a llevarle comida todos los días como agradecimiento de apoyar a ella y a su amiga.
Neflyte estaba muy apenado por lo que ella estaba haciendo pero su estómago estaba muy agradecido de recibir tan deliciosos manjares, su bolsillo también lo agradeció pues, aunque había sido un accidente menor, reparar el auto había resultado un importante gasto no planeado; pero el más agradecido era su corazón, pues se sentía rebosante al estar cerca de Lita, aunque fuera sólo como amigos.
– Entiendo… – dijo Kunzite – Bien, ya que terminaste de reparar el auto, tienes una nueva instrucción: quiero que estés pendiente de la señorita Tsukino día y noche, que la vigiles todo el tiempo para que esto no vuelva a pasar.
– ¿De qué hablas? He estado ahí para ella cuando me necesita.
– Pues no ha sido suficiente, quiero que vayas ahora mismo con ella y no te separes de ahí.
– Kunzite, ha estado todos estos días en casa de sus padres, apenas hoy salió a consulta con la señorita Mizuno, la acabo de dejar con sus papás… ¿qué puede necesitar de mí?
– Es una orden – dijo tajante.
Neflyte tuvo ganas de reclamarle que no era justo. No podía estar todo el tiempo afuera de la casa de la familia Tsukino esperando que algo se ofreciera. Él también tenía cosas que hacer y no quería dejar de frecuentar a Lita por un capricho de Kunzite o evitar un enojo de Darien.
Sin embargo, de nuevo tuvo esa sensación de culpa y se dio la media vuelta para cumplir con su nueva tarea.
– Hola, ¿qué hay? – apareció de pronto Jedite con su característica sonrisa – ¿Por qué tan serios todos?
Neflyte sólo le dio una palmada en el hombro y salió de la oficina – ¿De qué me perdí? – preguntó el rubio.
– Olvídalo – respondió Kunzite – ¿Tienes noticias de lo que te encargué?
– Sí, unos contactos en la oficina de tránsito me ayudaron a revisar la cámara de seguridad de esa calle – le entregó unos papeles – Efectivamente, la señorita Tsukino no tuvo la culpa del incidente.
– Kunzite, qué estás haciendo – intervino Zoycite – La señorita Tsukino fue clara en que dejáramos este asunto.
– ¿Qué más muestran las cámaras? – preguntó ignorando a su amigo.
– Un chico conducía el otro auto, tratamos de seguir el rastro pero se pierde en los alrededores de unos estudios de televisión. Ahí está toda la información.
Kunzite leía muy atento el informe – ¿Y las placas?
– No se ven muy bien pero lo que desciframos indican que pertenece a una empresa de alquiler. Así que no tenemos un nombre.
– ¿Podrías averiguarlo con la empresa que rentó el vehículo?
– Tal vez… es información privada pero el hijo del dueño estudiaba conmigo… ¿por qué tanto interés en esto?
– Te encargo esa información – dijo y se dirigió a la salida. Estaba dispuesto a ir a buscar personalmente el vehículo en la zona donde se perdía el rastro.
– ¿A dónde vas? – preguntó Jedite.
– Oye, espera… Kunz… – le llamó Zoycite, sabía que su amigo detestaba que le llamaran así pero realmente quería atraer su atención.
– Que no me llamo así – sólo se volvió para decir eso y se fue de ahí.
Zoycite respiró profundamente. Uno de los temas que abordaron en su cita es la opinión que Ami tenía sobre la sobreprotección que dejó Darien para su novia. Él prefirió reservarse su opinión, no quería arruinar su oportunidad de salir con esa chica con un tema controversial. Pero quizá había algo de razón.
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Habían pasado los días sorprendentemente rápido. Parecía como si pasar el tiempo en su vieja casa cambiara su perspectiva radicalmente. Al principio pensó que estar sola sin Darien sería muy pesado y que, hasta su reencuentro, sería una época larguísima.
Sin embargo, la compañía de sus padres y la cercanía de sus amigas hacían todo más llevadero, tanto que cada vez temía más del momento en el que les debía decir que se marchaba a Estados Unidos con Darien.
Era casi una bendición que sus padres la recibieran con tanta naturalidad. Ellos siempre le dijeron que esa es su casa, pero más allá de ese discurso, Serena realmente sentía que la dinámica poco había cambiando desde el día en que Darien se la llevó a vivir con él.
Si bien no quisieron agobiarla con preguntas, sí fue necesario contarles que Darien estaba en un viaje muy importante y que no quería molestarlo. Y por primera vez, los señores Tsukino no pudieron ocultar la desaprobación, pues creían que era importante que, al menos, el novio de su hija estuviera al tanto del estado de la chica.
Serena insistió en que lo mejor era dejar las cosas así. Y como siempre, sus padres cedieron.
Esa pequeña diferencia con ellos no impidió que la armonía de la casa continuara. Serena pasaba tiempo viendo a su madre hacer sus labores del hogar y la cocina para aprender, ahora sí, todo lo que pudiera; también, aprovechando que muchas de sus cosas se quedaron en esa casa, de pronto le ganaba la inspiración y hacía unos dibujos rápidos.
Sus padres se admiraron de lo mucho que había mejorado su trabajo en el tiempo que pasó lejos de ellos. E incluso le sugirieron tomar más en serio ese talento y lo considerara como una carrera.
Serena no decía nada al respecto, pues era algo que no estaba en los planes. Suspiró.
De pronto, llamaron a su puerta. Su madre le dijo que unas amigas habían ido a saludarla. A Serena se le hizo un poco inusual que su mamá le avisara, ella ya conocía muy bien a Ami, Rei, Lita y Mina y las dejaba pasar como si fuera su casa.
Además, para esa hora del día, quién podría ir a verla. Lita estaría en la escuela, Mina vuelta loca con su doble trabajo, Rei ahora estaba más ocupada que nunca en el templo porque se hacía cargo de prácticamente todo y a Ami acababa de verla en su consulta; de hecho, con ella habían conversado un rato, y Serena esperaba que la plática le ayudara a su amiga a ver todo con mayor claridad respecto al chico que la pretendía y deseaba que, para ese momento, ya le diera una respuesta de estar o no dispuesta a seguir viéndolo.
El punto en ese momento era saber quién la visitaba y, cuando la puerta de su habitación se abrió, se llevó una grata sorpresa.
– ¡Haruka, Michiru! – expresó.
Las dos chicas la saludaron con una sonrisa y agradecieron a su mamá por recibirlas y ésta cerró la puerta para dejarlas solas.
– Cómo es que… – trató de preguntar.
– Nos enteramos por casualidad de lo que te pasó y sólo tuve que indagar un poco con los chicos de Darien para saber dónde estabas – dijo Michiru – No olvides que, al final, todos ellos trabajan para mi papá – agregó cerrando el ojo.
– ¿Cómo estás preciosa? – preguntó Haruka.
– Bien, no es tan serio como parece – respondió señalando al collarín que, según Ami, sólo usaría unos días más.
– Me alegra escucharlo y también saber que no estás sola. La casa de tus papás es muy bonita y tu madre es muy amable – dijo Michiru mirando a todos lados, admirando el lugar – Ves Haruka, así quiero nuestra casa, con este estilo más hogareño.
– Eso lo hablaremos después… Y cuéntanos preciosa, ¿qué dijo tu novio cuando se enteró del accidente?
Ella se quedó callada y no hizo falta que respondiera, las chicas adivinaron qué sucedía – ¿Por qué no le contaste? – cuestionó Michiru.
– No quiero preocuparlo ni distraerlo – respondió tímida.
– Bueno, al menos sospecha que algo te está pasando, ¿no? – quiso saber Haruka – Cuando te llama o algo así.
La realidad era que no sabía si Darien había vuelto a llamar a la casa y, si ante la falta de una respuesta, se preocupara. Y es que su novio se comunicaba esporádicamente por mensajes a su celular para informarle que estaba bien y muy ocupado trabajando. También le dijo que estaba muy contento porque Setsuna le había informado que sus trámites avanzaban bien y pronto lo alcanzaría en Estados Unidos.
– Todo está en orden – respondió y las chicas se miraron entre sí.
– ¡Vaya! – expresó de pronto Michiru, quien centró su vista en la mesita de la habitación, donde Serena había dejado los dibujos que había hecho esos días para matar el tiempo – ¿Tú los hiciste?
Ella asintió tímida. Le daba mucha pena que alguien de la talla de Neptuno viera su trabajo.
– Son realmente buenos – opinó y Serena se puso roja – Y créeme que no lo digo por agradar, creo que si pules bien algunos detalles, podrías ser profesional… ¿Ya pensaste lo de la escuela de arte en Nueva York?
Serena estuvo a punto de pedirle que hablara más bajo por si su madre llegaba a escuchar el comentario pero no quería ser grosera.
– No he tenido cabeza para eso.
– No quiero que te agobies, sólo es una opinión muy personal. Tienes talento y sería una pena que se desperdiciara.
Serena trató de sonreírle por el alago; sin embargo, no era que no le interesara o considerara al menos la idea (todo lo contrario), el tema era lo que pensaría Darien al respecto; él tenía muchas ganas de que le diera una hija y que dedicara su tiempo a cuidarla y criarla. El arte no estaba en los planes de su vida en Estados Unidos.
– Bueno, sólo pasamos rápido a saludarte y ver que estuvieras bien – dijo Haruka – Debes seguir descansando y Michiru tiene un ensayo.
La rubia agradeció la visita y que se tomaran el tiempo para ir a verla. Aunque aún tenía curiosidad de saber cómo se había filtrado la información del accidente, no porque le preocupara que ellas lo supieran, sino si la información podría llegar a oídos de Darien.
Por ello, no pudo evitar preguntar – Perdonen, ¿cómo supieron de lo que me pasó?
– Fui a ver a Setsuna a la oficina y escuché que lo comentaba con los muchachos… Pero no te preocupes – agregó tranquilizándola – Setsuna siempre es muy discreta con todo, créeme que no se lo dirá a su jefe.
– Gracias… ¿Ustedes son amigas? – preguntó sin motivo particular, le llamó la atención que Michiru la visitara tanto en su trabajo.
– Sí, desde hace algún tiempo. Incluso le ayudé a entrar a trabajar ahí, creo que fue más o menos por la misma época que llegó Darien.
– Oh, ya veo.
– Además, después de todo lo que le pasó por aquella época, nos hemos hecho muy unidas y somos casi una familia.
– Ella nos ha permitido estar muy cerca de su hija – agregó Haruka con una sonrisa.
Serena se sorprendió al escuchar aquello. Setsuna Meiou, la fiel secretaria y asistente de Darien, tenía una hija. Y no es que fuera algo fuera de lo común, pero ella era a la única que Darien le mencionaba y, por cómo imaginaba su carácter y dinámica de trabajo, nunca pensó que tuviera una hija.
– La pequeña Hotaru me considera como una segunda madre y a Haruka como un papá, aunque todo el crédito de su crianza es de Setsuna, ella se esfuerza muchísimo, considerando que Darien la mantiene muy ocupada, nosotras sólo la apoyamos en lo que podemos.
– Bueno, ya nos tenemos que ir – agregó Haruka – Sigue descansando cabeza de bombón.
Bombón, bombón, bombón… – retumbó la palabra en su cabeza. ¿A qué le recordaba?
Las chicas se marcharon pero la idea se quedó hasta que comenzó a dolerle la cabeza. Serena decidió tomar una pastilla y luego una siesta.
No se sentía muy bien.
o-o-o-o-o-o-o-o
Llevaba horas en las que las letras del libro no tenían ni un sentido. Estaban sólo ahí pero no podía entenderlas, su cabeza estaba en otro lado.
Ese día, Serena había ido a visitarla a su consultorio como seguimiento a sus lesiones, todo parecía muy bien y en poco tiempo le quitaría el collarín. Sin embargo, no fueron los temas médicos los que robaron la atención de la consulta.
Su amiga no tardó en querer saber si ya había tenido su cita con Zoycite y qué había pasado con ese asunto.
Ante la pregunta a Ami hasta se le olvidó lo que estaba anotando en el archivo de su amiga. Y es que todavía se sentía contrariada con todo ese tema. Pero confiaba mucho en Serena y ya era tiempo de hablar sobre ello.
– Salimos a cenar – respondió tímida.
Serena no pudo evitar un gritito de emoción y la miró para alentarla a seguir hablando.
– Ay Serena… Todo salió mal.
– ¿Qué? Pero por qué… ¿no te gustó? ¿Se portó mal contigo?
Ella se dejó caer en la silla para explicarle – No, todo lo contrario. Él se portó muy bien; es tan atento, elocuente, es brillante… ¿sabes que ha sido campeón en torneos de ajedrez? – dijo contenta pero luego volvió a ponerse seria – Es un gran muchacho.
– ¿Pero?
– Ese es el problema. Siempre me he mantenido muy ajena al tema de los chicos y lo sabes… Mis papás se separaron cuando era muy pequeña y me dejaron en medio de sus problemas. No son malos padres pero desde muy niña aprendí lo difícil que es una desilusión amorosa.
– Ami… – le dijo su amiga.
– Me refugié siempre en mis estudios para no pasar por lo mismo que ellos y siempre me funcionó, si algún chico intentaba algo, rápidamente nos dábamos cuenta que no tenía caso – y de pronto no pudo evitar sonreír – Pero Zoycite fue tan insistente y seguí tu consejo y acepté salir con él. Y ha sido increíble conmigo, está al pendiente de mí y quiere saber cómo estoy, se ha ofrecido a ayudarme con el consultorio y me ha preguntado si me gustaría volver a salir.
Para la rubia intentaba entender a Ami. De su grupo de amigas, ella era la única que provenía de un matrimonio fallido y siempre había evadido el tema del romance por esa mala experiencia que indirectamente había vivido con sus padres.
– Ami, por lo que escucho parece que él también te interesa.
La joven aprendiz de doctora la miró. Serena era una buena amiga –¿Y si no funciona?, yo tengo muy claras mis metas y mi carrera, eso fue lo que dividió a mis papás.
– Creo que debes enfocarte en lo positivo antes de preocuparte por lo que saldrá mal… Además, apenas salieron una vez.
Era cierto. Y Ami era honesta consigo misma al reconocer que sí le atraía Zoycite y que él realmente se estaba esforzando por borrar la primera impresión que ella tuvo de él.
No obstante, cómo le afectaría a sus metas personales engancharse así con un hombre. Ami pensaba que esa era una parte de Serena no veía, y es que su amiga prácticamente había renunciado a todo por estar con Darien.
Y ella (Ami) no quería lo mismo. Zoycite le contó que Darien, además de ser su jefe era su amigo, y la chica dudaba si pensarían similar respecto a una relación.
Todo ese debate interno llevaba atormentándola desde aquella noche que salieron juntos y, al final de la velada cuando la dejó en su casa, le pidió permiso para darle un beso.
La pregunta había llegado con una disculpa si es que le parecía inadecuado, pero él era muy directo y tenía claro que deseaba hacerlo. Ella se había dejado perder un momento en sus ojos verdes que se mostraban muy sinceros y había asentido muy nerviosa, no recordaba cuándo fue la última vez que había besado a un muchacho. Él se había acercado para un roce de labios muy suave.
Con una sonrisa le agradeció por permitírselo y deseó que la cita se repitiera.
Ella llevaba días dándole vueltas al asunto y, tras la charla con Serena y deseosa de poder quitarse el tema de la cabeza, impulsivamente tomó su teléfono y abrió la conversación que tenía con Zoycite, la cual estaba llena de mensajes de ambos contándose cómo había estado el día, sobre lo que estaban haciendo en ese momento y comentarios aleatorios.
La peliazul trató de no pensarlo más y le preguntó qué haría el fin de semana. Él dijo que nada en particular pero que le encantaría ir a un museo con ella, Ami respondió que sí.
Su corazón dio un vuelco sólo de pensar volver a verlo y deseó de todo corazón que las cosas marcharan bien. No quería terminar como su buena amiga Serena y tampoco con el corazón roto como sus padres.
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Miraba nerviosa de un lado a otro. Era un día muy importante, había conseguido que los Three Lights fueran parte de un concierto con otros artistas invitados y sería la primera vez que pisarían un escenario en un evento masivo.
Los chicos no se habían mostrado nerviosos y estaban emocionados de dar ese paso. Estuvieron gran parte de la semana ensayando y si bien tocarían sólo unas de canciones, sería un debut espectacular.
De hecho, los organizadores le contaron a Mina que, en cuanto se corrió el rumor de que los Three Lights serían parte del cartel, los boletos se agotaron en horas.
Sin embargo, Mina logró reservar algunos para sus amigas, quienes habían declarado abiertamente ser fans del grupo; excepto Serena, que le dijo que sólo había escuchado un par de veces una canción en la radio mientras conversaba con su mamá en casa.
La rubia esperaba a sus amigas en la entrada del recinto y miraba a todos lados nerviosa. No era que le preocupara que llegaran, sino que estaba atenta a su alrededor desde hacía unos días.
Ella iba al trabajo y caminaba afuera de los estudios de televisión cuando se encontró ni más ni menos que al empleado de Darien Chiba rondando por ahí.
– ¿Qué hace aquí? – le preguntó al ver a Kunzite como si buscara algo.
– Estoy siguiendo el rastro del automóvil que causó el accidente de la señorita Tsukino y no sé porqué pero no me sorprende encontrarla.
– ¿Qué insinúa?
– Creo que sabe más de lo que dice.
– No diga tonterías. Yo trabajo aquí y Serena es mi amiga y lo único que sí puedo decirle es que ella no quiere que se siga metiendo en este asunto.
– Así que trabaja aquí – dijo ignorando la última parte de su comentario y admirando las instalaciones desde afuera – Tampoco me sorprende que trabaje en televisión. En fin, supongo que nos veremos después – terminó y se dio la media vuelta.
Mina no lo había vuelto a ver por ahí y tampoco sabía cómo había llegado hasta ese lugar. Quizá descubrió que el automóvil de los chicos había terminado ahí y es que ella había conseguido un espacio entre los foros para realizar la sesión de fotos aquel día.
Como precaución, la chica les comentó a los chicos que vio un golpe en el auto y que lo mejor era cambiarlo. Había decidido no encararlos con el tema y, como decía Serena, ya dejarlo en paz.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por Lita, que llegó puntual a la entrada principal del recinto, donde Mina las había citado. No mucho después una muy agitada Rei arribó y se disculpó si es que iba tarde.
– Tenía que terminar mis deberes en el Templo – se disculpó.
– Deberías buscar un reemplazo para Nicolas en el Templo – sugirió Mina – Sólo procura que no se enamore de ti y que, cuando se dé cuenta que eres inalcanzable, se vaya y te deje botado el trabajo.
– No empieces con tus cosas Mina – le reclamó la chica, sabiendo que ese no había sido precisamente el problema con él.
– ¿Sabes si ya viene Serena? – preguntó Lita.
– Esa Serena es una tonta – respondió Rei – Llamé a su casa y su mamá me dijo que tomó una de sus siestas vespertinas y se le olvidó la invitación de sus amigas.
Lita torció levemente los labios. Hacía unos días que no veía a Neflyte y guardaba la leve esperanza de saludarlo aunque sea rápidamente, si es que llevaba a Serena al concierto.
– ¿Y si le mandas un mensaje a su celular? – sugirió Mina.
– A su "cacahuate" que sólo recibe llamadas, eso no es un celular – dijo Rei –Lo tiene hace años, apenas y recibe mensajes, pero nunca los responde y tampoco es que esté muy atenta al teléfono. Yo no sé para qué lo tiene si no lo usa.
– Bueno, ojalá que llegue – dijo Mina– Los chicos tocarán casi al final del evento y me gustaría llevarlas a los camerinos para que los conozcan.
La rubia les platicó que los Three Lights estaban preparando su primer disco y que se escuchaba muy bien lo que estaban trabajando. Sin embargo, la conversación se vio interrumpida por la llegada de Ami, lo que las dejó mudas a las tres.
Su amiga bajó de un automóvil acompañada de un chico. Hablaron entre ellos un momento y se acercaron al trío de amigas, el chico la tomaba de la mano y a Ami no parecía molestarle ese gesto.
En qué momento Ami empezó a salir con chicos tan guapos.
– Hola – saludó la peliazul sonrojada – Disculpen el retraso.
Las tres no dijeron nada y más bien no paraban de ver a la pareja.
– Perdonen – dijo el joven – Soy yo quien debe disculparse por traerla apenas.
Las chicas asintieron aún mudas.
–Zoycite, te presento a mis amigas: Rei, Lita y Mina. Chicas, él es Zoycite, es… – aparentemente ellas no eran las únicas mudas, pues Ami estaba que no cabía de pena y no podía articular muchas palabras.
Afortunadamente, el susodicho estaba muy consciente del inusual momento y se presentó – Mucho gusto, Ami me ha contado mucho de ustedes – y se dirigió especialmente a Lita – Es un gusto volver a verla señorita.
Mina se sintió fuera de lugar, de qué se había perdido que de un momento a otro Ami aparecía con un chico que, incluso, ya conocía a Lita.
– Ho…la – respondió la castaña.
– Bueno, tengo que irme – y se dirigió a Ami – ¿Segura que no quieres que pase por ti?
– Sí, descuida – respondió aún tímida de toda la situación.
El muchacho se marchó con una sonrisa y deseándoles que se divirtieran, fue hasta ese momento que la conversación se destrabó.
– ¡Ami! – comenzó Mina – Necesito entender lo que acaba de pasar.
Mientras entraban al recinto, donde ya había comenzado el concierto, su amiga les contó que ese muchacho trabajaba con Darien Chiba y se habían conocido el día del accidente de Serena.
A pregunta expresa de Mina, Ami aseguró que no era su novio y dijo que apenas ésta era su segunda cita.
Para suerte de la peliazul llegaron a sus lugares en el concierto y ya no tuvo que seguir respondiendo preguntas que Mina ya tenía preparadas como: si le gustaba, si ya se habían besado, si se veía como su novia.
De hecho, la rubia se distrajo completamente con el evento, asegurándose con el staff organizador si todo estaba en orden para la presentación de los Three Lights, incluso fue un momento a verlos para saber si algo necesitaban. Poco vio de los artistas que se presentaron antes con ese ir y venir.
Se trataba de un concierto en realidad pequeño y con varios artistas. Los chicos serían el penúltimo artista en escena, sólo antes de virtuosa violinista Michiru Kaiou, que sería la encargada de cerrar el evento.
Y aunque la presentación de los Three Lights fue de apenas las tres canciones que se habían hecho populares en internet, fue más que evidente que la mayoría del público acudió sólo para verlos, pues en cuanto salieron al escenario, todo el recinto estalló en gritos.
Mina se sintió feliz de que sus amigas disfrutaran tanto la presentación y que también cientos de personas se vieran tan contentas. Los chicos también lucían muy satisfechos.
La presentación de la última artista fue igualmente sorprendente y, aunque era poco común que en un evento mezclaran tantos estilos musicales, la joven logró captar la atención de los asistentes y fue un gran final.
Mina quería ir a felicitar a sus muchachos por su exitosa presentación y aprovecharía para llevar a sus amigas. Así que esperarían un poco a que se despejara el recinto para ir con más calma.
Eso sí, Mina lamentaba muchísimo que al final Serena no llegó.
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Aunque ya habían pasado varios minutos. Aún sentía su corazón latir con mucha fuerza. Los gritos, las luces, el escenario, todo había formado una increíble experiencia.
La adrenalina de por fin estar ante tantas personas, todas coreando al mismo tiempo sus canciones. Logrando lo que tanto había soñado: que su música se escuchara.
Sin embargo, Seiya sabía que no era suficiente y que apenas esto había sido un pequeño paso. Su gran meta aún estaba lejos y debían seguir trabajando.
En el camerino, acompañado de sus hermanos, escuchaba la última presentación de la noche: la talentosa Michiru Kaiou.
Seiya ya había escuchado su música y sabía que la joven era una auténtica prodigio que combinaba su faceta de violinista con la de pintora.
Una vez que el evento culminó, el joven se preguntó si sería correcto ir a saludarla e incluso hacerle una propuesta a la talentosísima señorita Kaiou. Espero unos minutos luego de que la música finalizó y les dijo a sus hermanos que iría a saludarla.
Ellos se quedaron en el camerino y Seiya no les insistió, aún estaba un poco distante con ellos y también entendía que estaban procesando lo que había sucedido en el escenario.
Se limpió el sudor del rostro y se ajustó su saco. Quería verse presentable ante una personalidad como Michiru Kaiou. Salió y caminó nervioso por el pasillo buscando la puerta que tenía el nombre de la artista.
Tocó y una voz le dijo que pasara. Michiru estaba ahí bebiendo un poco de agua y se relajaba después de su presentación.
– Ah, hola mucho gusto – dijo la chica– Seiya Kou, ¿cierto? – él asintió – Me encantó su presentación. Pasa.
Él procedió y cerró la puerta tras sí como un reflejo. Michiru Kaiou era una chica muy talentosa y, sin embargo, parecía tan sencilla y accesible. Además que era hermosa en persona.
Era reconfortante encontrar a personas tan agradables en el medio del espectáculo.
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Qué vergüenza sentía. Su siesta de la tarde se había prolongado de más y perdió la noción del tiempo por completo.
Mina la había invitado a la primera presentación del grupo que representaba y ella se quedó dormida. Qué horror, su amiga estaba compartiendo con ellas un acontecimiento importante y ella le falló.
Pero Serena quería enmendar la situación y esperaba que al menos pudiera llegar al evento. Se levantó y se duchó lo más rápido que pudo. Era una suerte que Neflyte insistía en estar afuera de su casa casi todo el tiempo y pudieron salir rápido. Puntos extra que él conocía muy bien la ciudad y sabía llegar rápido a todos lados.
Llegaron al recinto y no lograban encontrar un sitio para estacionarse. Él le dijo que no se preocupara y que fuera a buscar a sus amigas, parecía que la gente ya se estaba retirando y era probable que no tardara en encontrar un lugar para esperarla. Serena le agradeció mucho y fue a buscar a las chicas.
Adentro ya no se escuchaba música y Serena se sintió tan mal de no haber podido escuchar en vivo a los dichosos Three Lights de los que sus amigas hablaban tanto.
Y entre tanta gente que empezaba a abandonar el lugar comentando lo excelente que había sido el concierto, fue un verdadero milagro encontrarse a mi más ni menos que Haruka, quien estaba afuera del lugar con un enorme ramo de rosas blancas.
– ¡Preciosa! – dijo la chica en cuanto la vio – ¿Qué haces por aquí?
– Una amiga me regaló un boleto para el concierto… – se puso muy roja– pero me quedé dormida y se me hizo tarde. Ya terminó ¿verdad? No
– Sí, pero no te sientas mal, también se me hizo tarde y no logré escuchar a Michiru.
– ¿Ella canta? – preguntó sorprendida – No, es violinista y fue la encargada de clausurar el evento. No alcancé a verla.
– Lo siento mucho – dijo la rubia – No te preocupes. De hecho Michiru sabía que no podía venir, tenía un compromiso con unos patrocinadores y nos veríamos en el departamento. Aunque terminé antes decidí venir y sorprenderla – dijo mirando el ramo que sostenía.
– ¿Te gustaría acompañarme a buscarla? – dijo extendiéndole su brazo.
Serena accedió, aunque debía buscar a sus amigas, no estaría mal pasar a saludar a Michiru y felicitarla por su actuación.
Durante su camino a los camerinos, Serena le comentó a Haruka lo curioso que le parecía que tanto ella como su novia hicieran sus cosas tan independientemente.
– Bueno, no es que no me importe que se presente – le explicaba Haruka – Al contrario, estoy muy orgulloso de ella y me encanta escucharla. Pero ella igualmente sabe que tengo mis propios compromisos de trabajo – suspiró – Aunque me gustaría tener a alguien que me ayude a negociar en este tipo de compromisos con empresarios aburridos.
Serena rió – Te debería presentar a mi amiga Mina, es una excelente manager. Ella fue quien me invitó porque trajo al grupo Three Lights.
– ¿En serio? Y supongo que eres fan, como todo el mundo.
Otra vez se sintió avergonzada y contestó – En realidad ni los conozco.
Haruka se detuvo de golpe muy sorprendida, que una chiquilla de la edad de Serena reconociera que ni siquiera conocía al fenómeno musical del momento era toda una rareza.
– ¿De verdad? – preguntó y Serena asintió sonrojada.
Entonces Haruka miró alrededor y vio una serie de afiches que anunciaban a los artistas invitados de esa noche. Buscó con la mirada al que correspondía al último grupo que confirmó su participación: los Three Lights.
Y antes de que preguntara si de verdad no los conocía, Serena fijó su vista en uno de los chicos de la foto. El que estaba en medio le parecía vagamente familiar.
Esos ojos, ese porte, ese cabello. Su cabeza lo recordó como si lo hubiera visto entre la bruma, en la confusión del accidente. Ese momento que ya quería borrar de su mente y que sin embargo volvía constantemente en sus sueños. Él se había acercado desde el auto que provocó todo y le dijo…
– ¿Estás bien cabeza de bombón? – preguntó Haruka preocupada de que Serena se puso hasta pálida de recordar con claridad el rostro del chico por el que había dañado el auto de Darien, por el que llevaba días con un collarín y adolorida.
Y esa palabra: Bombón, bombón, bombón – la palabra seguía retumbándole en la cabeza.
– Sí… sólo… – trataba de decir.
– Te llevaré al camerino de Michiru para que te sientes un momento – le dijo y caminaron juntas dándole la vuelta al recinto que ya estaba casi vacío y se aproximaban a la parte trasera del escenario.
Haruka la condujo por un pasillo hasta llegar por fin a la puerta que tenía el nombre de Michiru Kaiou y para esas alturas, Serena ya no aguantaba el dolor de cabeza y no podía borrar de su mente el rostro de ese muchacho.
Y cuando Haruka abrió y la rubia trató de dibujar su mejor sonrisa para saludar a Michiru, la encontraron de espaldas mientras un chico luchaba por bajar el cierre de su vestido. Ellos voltearon a ver a los recién llegados y Serena sintió cómo sus piernas perdían fuerza sólo de ver frente a frente ese rostro.
Él de nuevo.
Continuará…
Hola, hola. Llegué hasta aquí después de algunos mini infartos al escribir, espero no haber provocado reacciones tan intensas. Pasaron un montón de cosas y un final de capítulo que se presta para todas las malas interpretaciones del mundo. ¿Se acuerdan que les dije sobre la posibilidad de un reencuentro no accidentado? Pues mentí, y, si no se han dado cuenta, yo soy la verdadera villana en este fic.
Pero no todo fue malo en el capítulo. Como también les comenté, el desarrollo de las parejas no sería igual y ya ven la más tranquila y seriecita fue la que nos salió más viva y ahí va; claro, con sus sin embargos.
Espero que sigan pescando varias cosas que he ido mencionando, me gusta meter mucho diálogo random pero también sembrar algunas cositas interesantes. ¿Saben de lo que hablo?
Bueno, espero leerlos pronto y de verdad les agradezco el amor que le están dando a esta historia.
