No sé, creo que ya me deschaveté.
Como sugerencia de lectura, tomen la calma del capítulo anterior y multiplíquenla x2.
VI – Rosas marchitas
Todo había empezado de una manera muy inocente. Sólo pasar a saludar y felicitar a alguien a quien orgullosamente ya podía llamar colega. Jamás pensó que terminaría en uno de los peores momentos de su vida.
Conversó con Michiru Kaiou por un momento y, pese a lo nervioso que estaba por hablar con una chica tan distinguida, se logró formar una atmósfera agradable, tanto que se atrevió a hacerle una pequeña propuesta. Seiya sabía del talento de la joven pintora y se preguntaba si le interesaría trabajar con ellos en el arte para su primer disco.
Mina les había dicho que los ejecutivos de la disquera insistían en que la portada del disco debía ser una foto de ellos tres, pero él y sus hermanos no buscaban atrapar a la gente con su imagen sino con todo un concepto musical y, sí, también visual. Ellos se habían aferrado a su idea y su mánager los apoyaba férreamente, así que logró un acuerdo: presentarían el arte terminado y, si los convencían de manera unánime, las cosas se harían como los Three Lights quisieran; si no, ellos y Mina ya no tomarían decisiones respecto al disco.
Era un riesgo pero valía la pena correrlo y Seiya pensaba que quizá con el respaldo de una personalidad como Michiru Kaiou sería más sencillo. Sin embargo, ella no aceptó la propuesta pues, según dijo, su visión no parecía empatar con la de ellos; pero conocía un poco del trabajo de alguien que quizá sí pudiera plasmar la idea que tenían.
Ella le pasaría el contacto de esa persona para ver si podían arreglar algo. Seiya se lo agradeció mucho, ellos eran nuevos en la ciudad y realmente no conocían a alguien que pudiera hacer el trabajo, así que la ayuda de la señorita Kaiou les vendría muy bien.
Luego de esa breve charla, él se disponía a irse; no obstante, Michiru le pidió apenada que le ayudara con su vestuario. La chica se disculpó por abusar de la nueva confianza pero había optado esa noche por un vestido bastante inconveniente y no podía quitárselo sola. Seiya sólo debía bajar su cierre hasta la frontera entre la nuca y la espalda.
Desde el primer intento notó porqué ella no lo hacía sola: era muy pequeño y se trababa con la tela. Después de un primer tirón y una risa nerviosa de ambos, lo volvió a intentar cuando la situación se les salió de las manos.
La puerta se abrió y en el umbral se dibujaron dos siluetas. La más alta dio un pasó hacia adelante y cuestionó sin tapujos – ¿Y éste qué hace aquí?
Pero no hubo una respuesta porque la otra silueta le sujetó del brazo. Seiya la miró bien y ya no supo si deseaba o no estar ahí en ese momento. Era ella, sin duda.
– Bombón – dijo lentamente y dando un paso hacia ella.
La chica se aferró aún más al brazo de su acompañante y esa persona pareció notarlo.
Seiya sintió una pequeña punzada en su corazón ¿acaso ella le temía? ¿recordaría que él chocó su auto? No la culpaba, seguramente por su culpa traía ese collarín y eso lo hizo sentir aún peor.
– Largo de aquí – dijo el recién llegado y Seiya apenas escuchó que Michiru decía "Haruka, espera…".
El músico no paraba de ver a la rubia y dio unos pasos hacia ella; sin embargo, eso fue suficiente para que la chica soltara del brazo a su acompañante y saliera a toda prisa.
Trató de reaccionar rápido e ir tras ella pero el recién llegado lo detuvo en el umbral de la puerta – ¿Qué te traes con ella? – de más cerca Seiya notó que no se trataba de un chico común sino una chica pero no tuvo mucha cabeza para pensar.
Estaba a punto de decirle que no le interesaba y empujarla para que pudiera ir tras Bombón, pero fue Michiru quien evitó hacer más grande el lío y con tomarla del brazo la tranquilizó – Haruka, déjalos no es lo que crees.
Apenas lo soltó y la joven miró a Seiya – ¿Vas a dejarla sola? – no fue necesario que agregara algo más y salió corriendo hacia la dirección en la que la chica se había marchado.
Sin duda le agradecería a Michiru por ayudarlo e incluso la acompañaría para aclarar cualquier malentendido con esa persona, pero eso sería después, ahora sólo pensaba en la pequeña rubia.
La alcanzó a ver hacia el final de uno de los pasillos que conectaba los camerinos con el resto del recinto y corrió aún más gritándole: ¡Bombón! Y esa palabra parece que la desconcertó y eso le permitió alcanzarla y tomarla del brazo con cuidado de no lastimarla más de lo que aparentemente ya había hecho.
Tiró de ella para verla de frente y cuando apenas iba a decir su primera disculpa, la mano de la chica golpeó directo a su mejilla.
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Esa cara, esa voz y de nuevo esa forma tan grosera de hablarle: "Bombón".
Serena reconocía que en cuanto vio su rostro en el afiche que Haruka le mostró, la desarmó por completo el recuerdo y las sensaciones del accidente. No es que fuera un incidente vial grave (afortunadamente no había sido así), sino que ese hecho simbolizaba que había fracasado en su intento de demostrarle a Darien que era capaz e independiente, y sobre todo el miedo de que él se enterara de lo sucedido.
Ella había pasado días tratando de olvidar todo, pero en la bruma de sus sueños era recurrente esa figura masculina desconocida que había salido del automóvil que provocó todo. Y resultaba que ahora esa figura no sólo tenía un perfil y una voz que sólo repetía "bombón" en su cabeza; ahora ya tenía una imagen más clara como uno de los mentados Three Lights.
Y luego ver a ese chico (que materializaba todas esas cosas que estaban pasando en su cabeza) así de pronto y de frente. Lo único que pudo hacer es apartarse lo más rápido que permitía una huída con un collarín. Pero él la alcanzó y Serena no pudo más que liberar su frustración, su miedo y su coraje en una bofetada que le dio de lleno.
A ella qué le importaba que fuera un cantante famoso, eso no le daba derecho a manejar como un animal, a ser tan patán como para abandonar el lugar del accidente que provocó y para rematar, hablarle con ese sobrenombre.
– ¡Cómo te atreves a dirigirme la palabra después de lo que me hiciste! – le dijo exaltada mientras él se volvía hacia ella después de poner su mano en la mejilla ardiente de dolor – ¡Y no soy Bombón, me llamo Serena! – agregó y, ahora sí, lo dejó congelado.
Serena se dio la media vuelta, dispuesta a irse de ahí pero dio unos pasos para doblar el pasillo y casi choca de frente con Mina, que venía seguida de Lita, Rei y Ami.
– ¡Serena! ¿Qué haces aquí? – dijo su amiga – Pensamos que nunca llegaste.
Afortunadamente tanto Mina como el resto de las chicas eran perceptivas e intuían que algo raro le pasaba a su amiga.
Mina se disculpó con el chico y le dijo que luego lo vería, ahora quería hablar con su amiga. Serena apenas lo vio como se quedaba frotándose la mejilla.
Ahora que sabía que el responsable de su accidente trabajaba con su amiga, se juró a sí misma jamás volver a dejarse a arrastrar a uno de esos conciertos de los Three Lights.
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Después de que la talentosa Michiru Kaiou abandonó el escenario, el recinto empezó a vaciarse. Mina les dijo a las chicas que esperaran un rato a que casi todos se fueran para ir con calma a los camerinos.
Se quedaron ahí platicando de lo mucho que les había gustado la presentación de los Three Lights y qué guapos parecían en persona. Incluso Ami comentó lo atractivo que parecía Taiki, que era el que más admiraba porque le parecía un chico muy culto.
– El más serio de los tres – precisó Mina – Ya en un momento los conocerán… Pero Ami, no te vayas a emocionar mucho porque cierto chico que vino a dejarte se pondrá celoso.
Sus amigas soltaron una risita por lo bajo y Ami se puso muy roja; afortunadamente el recinto estaba casi vacío y emprendieron su camino hacia los camerinos.
Fue una completa sorpresa encontrarse de frente con Serena, quien se veía muy alterada y, atrás de ella, estaba Seiya Kou.
Mina temió que sus sospechas fueran ciertas y que los Three Lights fueran los responsables del choque, lo que estaba provocando esta inusual situación y, posiblemente, una discusión.
Las chicas le preguntaron que hacía ahí pero Serena estaba callada, fue casi al llegar a la salida que dijo que lo único que quería era irse de ahí.
Estaban a nada de llegar a la entrada principal del recinto cuando Mina se aventuró a preguntar – ¿Discutiste con Seiya por tu accidente?
Su amiga se detuvo – ¿Cómo es que…? – empezó a decir desconcertada.
Antes de que respondiera, Lita miró hacia la calle y notó que el automóvil de Darien Chiba estaba estacionado, junto, un joven de cabello castaño que parecía pensativo y distraído entre la gente que aún estaba por ahí.
– Neflyte… – dijo la castaña por lo bajo y casi escondiéndose tras sus amigas, algo difícil considerando que era la más alta de todas.
Mina estuvo a punto de preguntarle qué sucedía cuando Ami habló: – Serena, ¿qué tienes, estás temblando y te ves pálida?
– Serena tenemos que hablar de los Three Lights – dijo Mina, de verdad entendía que su amiga ya quería dejar el tema pero ella (Mina) no quería que se quedara con una mala impresión de sus chicos – Por favor.
Su amiga pareció pensarlo unos momentos y asintió – Necesito decirles algo – agregó y miró hacia donde Lita había volteado y todas las demás hicieron lo mismo.
Ahí estaba el muchacho castaño que, según entendía Mina, era el responsable de cuidar a Serena mientras su novio estaba de viaje.
Y la chica entendió la situación, Serena necesitaba espacio para hablar con sus amigas y con ese chico por ahí sería complicado.
– Pobre – dijo su amiga rubia luego de un rato en el que sólo se le quedaron viendo – Ha estado estos días sin despegarse de mí; me dijo que no tenía opción y que fue una nueva orden.
– Por eso no nos habíamos visto… – pronunció Lita como si pensara en voz alta y todas sus amigas la miraron, lo que provocó se pusiera roja inmediatamente.
– ¿Lita? – preguntó Serena – ¿Se siguieron frecuentando? – y la ojiverde asintió sin perder el sonrojo. Serena dibujó la mejor sonrisa que pudo – Me alegro.
– Pues sugiero que vayas a saludar a tu amigo y lo distraigas un momento en lo que vamos a otro lugar a platicar con calma – dijo Mina tomando del brazo a Lita y tirando de ella hacia la salida del lugar.
– Podríamos ir a mi casa – agregó Rei ignorando totalmente que Lita estaba tan roja que podría empezar a salirle humo por las orejas en cualquier momento – Te veríamos más tarde ahí.
– Claro, si ese chico guapo no te retiene demasiado.
– Mina… – dijo Lita entre dientes pero miró a Serena e intuyó que realmente necesitaban hablar así que dejó de poner resistencia, se ajustó y sacudió su ropa y fue con paso firme hacia el muchacho.
– Ay Dios santo – expresó Mina mientras todas observaban cómo Lita saludaba al joven – ¿De dónde saca Darien a trabajadores tan guapos?
Serena la miró extrañada y Mina agregó – Bueno, sólo decía… A ver si me pueden presentar a otro que no sea un engreído y también uno para Rei.
– Mina no digas tonterías – reclamó la aludida – Si no dejé que mi padre me casara con un desconocido, menos voy a confiar en tu criterio para los hombres.
No hubo espacio para más comentarios pues notaron que el muchacho estaba tan distraído que tenían un espacio para irse.
Y mientras caminaban en silencio, Mina pensaba en la disculpa que le daría a Serena si es que realmente los Three Lights le hicieron un daño y claro que también hablaría con ellos por lo que le hicieron a su amiga.
¿Sería eso de lo que Serena quería hablarles?
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Afortunadamente era una noche agradable, nada fría y con un calor no muy agobiante. Nada que no pudiera aliviar un poco de aire fresco. Así que no estaría mal esperar a la señorita Serena afuera del auto.
La gente ya se estaba marchando así que podría estacionarse justo afuera de la entrada principal y la vería inmediatamente. Estuvo unos minutos ahí parado, sintiendo la agradable sensación de estirar un rato las piernas.
Ahora pasaba prácticamente todo el día en el automóvil esperando que algo se ofreciera. La señorita Serena se había mostrado muy insistente en que no debía quedarse todo el tiempo ahí pero él quería cumplir con su deber.
En general, la familia Tsukino se comportaba muy amable y le hacían pasar a casa siempre que podían. Neflyte se sentía un poco abochornado por las atenciones de la señorita y sus padres, pero no negaba lo agradable que le parecía ese ambiente familiar.
A muy corta edad, él había perdido ese estilo de vida y se había acostumbrado a una dinámica totalmente diferente; pero siempre añoró aquellos días de sentarse a la mesa en familia, de las charlas del día a día, sentarse a ver el televisor envueltos en cobijas y, en general, el calor de un hogar.
Y aunque las atenciones de los Tsukino eran muy gratas, había algo que no dejaba de extrañar en los últimos días: a Lita.
En otras circunstancias, cumplir cabalmente una instrucción de Darien o del propio Kunzite no supondría un problema y poco le hubiera importado lo duro de las condiciones; pero ahora ya se le estaba haciendo muy pesado no verla y sólo se había conformado con avisarle que no estaría en su casa y que no sabía cuándo podrían volver a verse.
Suspiró. Era increíble cómo ella se había hecho parte de sus días de una forma tan rápida. Extrañaba su inmejorable sazón, sus charlas, su risa, sus hermosos ojos verdes y hasta ese perfume floral que lo llenaba cada vez que ella se le acercaba de más para saludarlo y despedirse.
El castaño reconocía que estaba vuelto loco por Lita Kino y se moría de ganas de volver a tenerla cerca.
Y como si el destino estuviera leyendo sus pensamientos, justo en ese momento le mandó lo que tanto anhelaba. Saliendo del recinto y ya cruzando la calle estaba ella.
Neflyte apenas tuvo unos segundos para dudar si no era un espejismo provocado por su ferviente anhelo, pero todas las dudas se despejaron en cuanto tuvo a la chica frente a él.
– Hola, buenas noches – le saludó y él apenas pudo devolverle el saludo casi tartamudo – ¿Cómo has estado?
– Bien, ¿y tú?… ¿qué haces por aquí? – preguntó sin saber cómo actuar ante ella.
– Vine al concierto con Serena y otras amigas.
– Cierto, qué idiota soy… no caí en la cuenta que podrías estar aquí, sino yo hubiera… – comenzó a decir y su cabeza completó la frase: ido por ti, pedido acompañarte, traerte unas flores… al menos estar más presentable – Bueno, me alegra verte – te he extrañado como no tienes una idea; volvió a completar su mente.
– A mí también… Serena nos dijo que has estado todo el tiempo con ella, que no tuviste opción y fue una nueva orden.
– Sí, a mi amigo Kunzite no le hizo mucha gracia lo del accidente y me dijo que estuviera todo el tiempo con ella… Creo que tiene razón, si lo hubiera hecho así desde el principio, a la señorita Serena no le hubiera pasado nada.
– Neflyte ya hemos hablado de esto y no es tu culpa, ni de Serena… es de Darien.
Durante los días que ella fue a llevarle comida y pasaban un rato juntos, el tema de su jefe no había vuelto a ponerse en la mesa. Desde el día del accidente (poco antes de salir de casa de Lita), el nombre de Darien Chiba no había sido mencionado otra vez, como si fuera un acuerdo implícito para no arruinar la atmósfera que se creaba cuando estaban juntos.
– ¿De qué hablas? – le cuestionó.
– De esto a lo que él te ha arrastrado – le respondió – Qué es eso de no poder hacer nada porque tienes que estar vigilando a mi amiga.
– No la estoy vigilando sólo…
– Claro que lo haces. Y Serena no es libre de ir y venir sola porque ya no sabe ser independiente, tiene miedo de todo y de cómo lo que hace o dice puede afectar a su novio… Es lo que Darien hizo con ella.
– No es así.
– Conozco a Serena desde antes que conociera a Darien y sé que se ha enredado tanto en lo que él desea de ella que ya no sabe qué ser y hacer por sí misma.
– Lita no creo que las cosas sean así – trató de tranquilizarla.
– ¿Ah no? Si mis amigas me tuvieron que mandar para distraerte y llevarse a Serena, porque está muy tensa y no quiere hablar con nosotras, sus amigas, contigo cerca.
– ¡¿Qué?! – miró hacia el lugar del concierto y ambos lados de la calle y ya no había rastro de las chicas.
– Lo siento Neflyte, pero mi amiga necesita que le hagamos ver lo que sucede… El accidente fue una llamada de atención para quienes la queremos.
Él se dio la vuelta y se apoyó en el automóvil de su jefe y amigo. Él siempre vio a Darien como un ejemplo a seguir, era un buen líder, muy serio, dedicado y trabajador; lo que no le impedía tener una buena chica que lo esperaba siempre en casa.
No le entraba en la cabeza que hubiera algo turbio detrás de esa vida perfecta y equilibrada que veía en Darien Chiba.
Y cuando, poco antes de su viaje, le dio las instrucciones para cuidar a su novia, Neflyte se sentía honrado de que le confiara algo tan importante, pero ahora Lita le hacía cuestionarse si era correcto con lo que parecía ya excesivo.
Eso sí. Él creía fervientemente que Darien protegía tanto a la señorita Tsukino por amor ¿Acaso él no haría lo mismo por Lita?
Y quizás era cierto, él no sabía bien todos los hechos y aún tenía mucho que pensar – Lo siento Lita. No me di cuenta que la señorita Serena no está bien. Ten por seguro que no la agobiaré con mi presencia, sólo por favor, asegúrate que llegue bien a su casa esta noche.
Abrió la puerta del automóvil e iba a entrar cuando ella dijo: – Neflyte, no… No todo ha sido malo con todo esto – sonrió irónica – Si no fuera por ese afán de Darien con Serena, no te hubiera conocido.
El corazón del muchacho dio un vuelco solo de escucharla; sí, él estaba muy agradecido porque toda esa situación lo había llevado hasta esa chica que lo tenía vuelto de cabeza.
– ¿Sabes? – comenzó a hablar Neflyte – Me cuesta trabajo entender que veas mal lo que Darien hace por la señorita Serena. Si fueras mi novia, también te protegería con todo lo que tengo y haría hasta lo imposible para que estés tranquila y cómoda. Creo que es lo que haría cualquier hombre tan enamorado como lo estoy yo de ti.
Ella no dijo nada y él se sintió tan estúpido al confundir las cosas, creer que Lita podría verlo más que como un amigo.
El silencio incómodo le hizo ver que su declaración estuvo completamente fuera de lugar y decidió entrar en el auto y marcharse de ahí.
Neflyte se fue cumpliendo su palabra de no estar detrás de Serena Tsukino todo el tiempo y tratando de no ver hacia atrás por la vergüenza de haber arruinado su naciente amistad con Lita Kino por su tonta declaración.
Lo que él no supo es que la chica se quedó ahí congelada por fuera pero con un terremoto por dentro, al saber que lo que ella trataba de no sentir por él (con el pretexto de no volver a ilusionarse tan rápido), era algo completamente correspondido.
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En un principio, parecía que había un acuerdo implícito de no hablar hasta que estuvieran todas reunidas. Rei preparó un poco de té y se lo ofreció a Serena con la esperanza de que se sintiera mejor.
Ella sabía que casi siempre era muy dura con la rubia pero realmente la quería. Quizá, al igual que el resto de ese grupo de amigas, la veía como una hermana pequeña.
Y era una casualidad que todas ahí fueran hijas únicas y la amistad entre ellas se había hecho tan fuerte que terminaron viéndose como parte de una familia. Si fuese así, pensaba Rei, ella ocuparía el rol de la hermana mayor y más severa.
Lo admitía y odiaba reconocerlo, pero el carácter estricto de su padre le afloraba por todos lados. Y el blanco de esa severidad casi siempre terminaba siendo Serena.
Cuando adolescentes, la rubia era la más distraída en la escuela, la menos apta en deportes, un desastre en la cocina y las labores del hogar y, en general, la que más tendía a hacer desfiguros. A Rei, quien había sido educada con estándares muy estrictos para convertirla en una distinguida dama, todo el tiempo le conflictuaba la personalidad de Serena… quizá por envidiar esa forma de ser tan libre de lo pensaran los demás.
Y esa pequeña envidia se agudizó más cuando una tarde después de la escuela, estaban en los videojuegos Crown y Andrew (quien trabaja ahí y era amigo de las chicas) recibió la visita de un compañero de la universidad: Darien Chiba.
A Rei le gustó inmediatamente pero no tardó en notar que a la única a la que le dedicó una sonrisa fue a Serena. No lo culpaba, su amiga era como una niña alegre y vivaz, justo lo que él buscaba.
Con el tiempo Rei sospechó que esa forma de ser tan infantil de Serena era lo que Darien buscaba no por una fijación o gusto, sino porque una niña como Serena sería más fácil de moldear a su gusto.
Cada día que su amiga pasaba aislada y lejos del resto y de su familia, se convencía más de ello. Pero ese día, que notó a su amiga al borde de un colapso nervioso porque su novio estaba de viaje, la dejó completamente segura.
Y como muchas otras tantas veces lo habían platicado entre ellas, la ausencia de Serena era una lástima porque fue ella quien las había unido como amigas. En el caso de Rei, que nunca siquiera fue a la escuela con el resto de las chicas, conoció a Serena un día que llegó al templo por accidente al tomar la ruta equivocada del autobús y no darse cuenta de ello hasta que llegó al final del camino.
Rei pensó que había que ser muy torpe para que eso le pasara a una jovencita ya de secundaria, pero Serena se mostró acostumbrada y poco avergonzada de su torpeza. Días después, regresó con sus amigas para presentarles a la que llamó la "bella sacerdotisa del Templo Hikawa".
Con el tiempo y la confianza, entre ellas se forjó un vínculo provocado por sus amistosas discusiones que evidenciaban lo diferentes que eran entre ellas. No obstante, detrás de esas peleas, Rei tenía un cariño muy especial por Serena y realmente le frustraba que eso que tanto envidió de su personalidad, se había marchitado por su empeño en ser una mujer digna de un tipo como Darien.
Miró a su amiga y notó que el té que le preparó parecía caerle bien. Era una vieja receta familiar que su madre le enseñó a preparar; cuando ella era niña, su madre solía servírselo a su padre después de aquellas jornadas laborales estresantes en su puesto como alto funcionario público.
– ¿Mejor? – le preguntó y su amiga asintió.
Unos minutos más tarde, llegó Lita y aunque en ese momento toda la atención se centraba en Serena, al ver el semblante de la castaña pensó que también sería bueno ofrecerle un poco de esa bebida tranquilizante.
Las cuatro miraron a Serena que terminaba de sorber lo último de su té, todas esperaban que dijera porqué estaba tan nerviosa y si es que era cierto que su accidente estaba relacionado con los Three Lights.
– Me voy a ir con Darien a Estados Unidos – soltó de pronto.
Silencio. Ninguna pudo decir algo. De qué trataba todo eso. Mina fue la primera en reaccionar.
– Pero Serena, pensé que hablaríamos de…
– Ese chico no importa ahora – respondió Serena – Sí, choqué con ellos pero yo reconozco mi culpa, no debí tomar el auto y debí hacer todo lo que Darien indicó hasta me fuera con él a Estados Unidos.
– Pero cómo que te vas con él – cuestionó Ami.
– Es un viaje de negocios de mucho tiempo… de años – agregó por lo bajo – Me iré con él en cuanto mis papeles estén listos.
– ¿Sólo tú?… ¿o también el resto de su equipo?– preguntó Ami.
– No lo sé – respiró profundamente – Lo siento chicas, se los debí decir hace unos días pero no podía porque…
Entonces Rei tomó el valor de decirle lo que quizá sus amigas temían decir – No quieres irte, ¿cierto? – un silencio – ¡Serena! ¿No quieres irte?
– No es eso, es que no es fácil – se defendió – Yo lo seguiría a donde vaya pero aquí están mis papás, ustedes…
– Y lo último que te queda de la vieja Serena – volvió a soltar Rei y resopló cruzando los brazos – Darien por fin logró terminar de apartarte de todo y todos.
– ¡Rei basta! – le alzó la voz – Él no es así, nos vamos a casar y mi deber es irme con él – las miró – Pensé que serían más comprensivas de mi deber con él, como su mujer.
– ¿Tu deber? ¿Y cuándo te importó lo que "debe" ser? – le cuestionó Rei que sentía cómo se le escapaba todo lo que llevaba años guardándole a Serena sobre Darien – ¡Escúchate! No habla la misma Serena que yo conocí, la que no le importaba hacer tonterías, ni lo que dijeran los demás sólo por no cumplir su "deber". ¡Y todo por Darien!
– Sólo dices eso porque él me prefirió a mí – le devolvió Serena nuevamente alterada.
Y Rei se sintió aún más frustrada de que su amiga no quisiera al menos escuchar un poco de lo que ellas llevaban años hablando entre sí y que no habían querido decirle para no herirla; ¿pero acaso no era peor lastimarla con el silencio, la indiferencia y fingir que todo estaba bien?
La ausencia de Darien había dado más visibilidad a esos temas: el querer sobreprotegerla y evidenciar que, sin él, ella se sentía perdida.
– ¡Tienes envidia de lo que tengo con Darien, de lo que hemos hecho juntos, de…! – la rubia no pudo terminar porque Rei no soportó más la necedad de Serena y le dio una bofetada.
El resto de las chicas soltó una expresión de sorpresa y Mina se acercó a Serena para preguntarle si estaba bien y abrió la boca quizá para reclamarle a Rei que había ido demasiado lejos.
Sin embargo, la joven sacerdotisa quería aclarar un punto – Claro que te tuve envidia… porque antes de Darien eras y hacías todo lo que yo no podía.
Serena se incorporó, se dio la media vuelta y se marchó. Hasta ese momento, Lita habló – Serena… espera…
Pero Rei fue más rápida y la detuvo – Dejémosla sola un rato.
– Pero Neflyte me pidió…
– Sólo por esta vez Lita, por favor – la castaña pareció entenderlo – Prepararé más té.
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Despertó con la mano entumida por apretar el teléfono toda la noche. Se había quedado dormido en algún momento tras marcar decenas de veces a Mina y enviarle otro tanto de mensajes.
Estuvo toda la noche desesperado y con un desasosiego que le estaba oprimiendo el pecho. Necesitaba desesperadamente hablar con Mina y saber si ella conocía a esa chica, qué se dijeron y, sobre todo, necesitaba saber cómo encontrarla y pedirle personalmente una disculpa.
Sin embargo, no tenía respuesta de su representante; incluso en algún momento su teléfono ya no sonaba y lo mandaba directo a buzón de voz.
Durante esa larga noche, Seiya pensaba que era señal de que debía dejar el tema en paz. Recordaba cada gesto y palabra de la chica y por eso, en momentos, creía que lo correcto era no seguir dañando a Bombón.
A Serena – corrigió su mente y dibujó una sonrisa al por fin ponerle un verdadero nombre a esa chica del aeropuerto, la del choque, la de ese brillo especial, la musa de su nueva canción.
Se sentó en la orilla de la cama. Aún traía su ropa del concierto, ni le explicó nada a sus hermanos, ya que no le importó mucho lo demás, sólo quería saber de Serena.
– Serena Bombón – dijo ampliando más su sonrisa.
Tras un nuevo intento de llamar a Mina, decidió mejor ir a hablar con ella. Tomó una ducha y se alistó.
Siendo sinceros, Mina se había lucido al conseguirles ese departamento. Era un tipo penthouse, con tres habitaciones (una para cada uno de ellos), las cuales estaban en un segundo piso y una puerta extra que los llevaba a una exclusiva terraza. A él le gustaba subir de vez en cuando y ver las estrellas para despejarse un rato.
Bajó las escaleras y encontró a Yaten aún enfundado en su pijama y desayunando; Taiki, quien ya se había duchado, también estaba ahí con sus gafas puestas y leyendo noticias en su teléfono.
– Buenos días – dijo Taiki – Pensé que dormirías hasta tarde, ¿vas a salir?
– Sí… Yaten, ¿sabes algo de Mina?
– No, afortunadamente – respondió su hermano, a quien sabía Mina le prestaba una especial atención – Dijo que tendríamos el fin de semana libre después del concierto; quizá ella también descanse.
– Lo dudo – agregó Taiki bebiendo su café – Siempre está muy ocupada, ya sabes con su otro trabajo y eso.
– Bueno, los veré después – dijo Seiya.
– Oye – le habló el castaño – ¿A dónde vas?… Al menos desayuna algo.
– Lo siento, tengo algo importante que hacer.
– ¿Qué te pasa Seiya? – le preguntó Yaten – Últimamente estás muy raro y no nos cuentas nada ¿Sigues molesto por lo del choque?
– Lo que hicimos estuvo muy mal… Esa chica, debimos ayudarla.
– Sabes que no podemos vernos involucrados en un incidente, la gente y los medios empezarían a hablar de nosotros para mal. No podemos darnos ese lujo ¿acaso se te olvida por qué estamos haciendo todo esto?
– Además – agregó Taiki – Todo esto del grupo fue tú idea Seiya.
Era cierto, reconocía Seiya, él había convencido a Yaten y Taiki de lanzarse al estrellato por una razón muy especial y personal, que sabía que de alguna manera sus hermanos compartían con él.
Aunque quizá no con la misma intensidad.
Como sea, sí, no podían exponerse a que los involucraran con un accidente automovilístico; sin embargo, el saber que Mina conocía a esa chica, era como si el destino le indicara que podía disculparse sin generar un escándalo y con eso se sentiría más tranquilo y después…
¿Qué?… ¿Qué harás cuando Bombón te perdone? ¿Resistirás tenerla lejos… o muy cerca?
– Chicos – les dijo – Esto es importante para mí ¿sí? Necesito preguntarle algo personal a Mina y, si todo sale bien, me sentiré más tranquilo y podré concentrarme en esto.
Fue Taiki el primero que asintió con una media sonrisa. Él era el más grande y centrado, entendía que Seiya necesitaba un poco de espacio para acomodar su cabeza y, ahora sí, desbordar todo ese talento que tenía.
Yaten asintió más serio. Seiya sabía que, de los tres, él era el más seco, pero a su manera se preocupaba por lo que pasara con sus hermanos y también que quería que Seiya arreglara sus asuntos.
El guitarrista y líder de los Three Lights se sintió más tranquilo al tener el apoyo de sus compañeros de casi toda la vida y les sonrió.
Se dirigió directamente a los estudios de televisión donde Mina Aino trabajaba y preguntó en la entrada si es que ella ya había llegado. Le indicaron que no había registro de su llegada así que decidió esperarla afuera. Después de un rato la vio que llegaba corriendo.
– ¡Seiya! – dijo sorprendida en cuanto lo vio – Lo siento no pude responderte anoche, se me agotó la batería del teléfono y me quedé dormida.
El chico la vio un poco acelerada y le preguntó si estaba bien, ella sólo bostezo y le dijo que sí, sólo que estaba un poco agotada, restándole importancia al asunto.
Y antes de que él empezara a hablar, fue Mina la que puso el tema – Supongo que quieres hablar de lo que le hicieron a mi amiga.
Él apretó los ojos y pasó su mano por su nuca. Estaba atrapado.
– ¡¿Por qué chocaron el auto y se fueron?! – lo reprendió.
– Todo fue muy rápido Mina, no supimos qué hacer y estábamos asustados – trató de explicar.
– Pues mi amiga también y ha estado hecha un manojo de nervios desde entonces – le reclamó.
– ¿Qué? ¿Pero ella cómo sigue? – preguntó preocupado.
– ¡Osh! ¡¿Pues cómo quieres que esté si lleva días usando un collarín y en reposo?!
Seiya recordó la bofetada que la chica le soltó el día anterior y supo que había sido nada comparado con lo que ella había pasado.
– Mina, necesito disculparme con ella como se debe. Por favor.
Ella pareció pensarlo un momento – ¿Discutiste con ella ayer?
– No me dejó decirle nada, en serio Mina; si es tu amiga, permíteme hablar con ella y enmendar esto – ella parecía pensarlo y él no tuvo más que hincarse ahí en plena calle – Por favor, haré lo que quieras, terminaré más canciones, haré las sesiones fotográficas que pidas… obligaré a Yaten a salir contigo.
– Seiya, levántate – le ayudó a ponerse de pie – No es necesario que hagas esto, ni que obligues a Yaten a algo que obviamente no quiere hacer.
– Mina, de verdad quiero hablar con ella – dijo mirándola a los ojos y tomándola de las manos – Te lo suplico, necesito hablar con Serena.
La rubia se mordió el labio inferior – De acuerdo.
Él sonrió aún más y ella buscó entre sus cosas un papel y bolígrafo, anotó algo y se lo entregó – Esta mañana hablé con su mamá para preguntarle cómo seguía Serena. Me dijo que iría a hacer unas cosas y por la tarde ya estaría en su departamento, ahí está la dirección.
El chico miró el papel. No conocía la ciudad pero supuso que con tomar un taxi y darle la dirección sería suficiente – Perfecto.
– Y por favor, no empeores las cosas Seiya.
– Claro que no – dijo y estaba tan emocionado que le dio un abrazo – ¡Gracias Mina, te adoro, eres la mejor! – agregó casi gritando
– ¡Shhh! Tranquilo, tranquilo… Cuando la veas dile que estamos muy preocupadas por ella ¿sí? –él asintió – Bueno, tengo que entrar ya es tarde.
Se fue y Seiya se dio la media vuelta, volvería a casa para ponerse su mejor camisa e iría a ver a Bombón en la tarde, quizá volvería a bañarse y si le daba tiempo, pasaría a comprarle un detalle.
¿No sería demasiado?
Trató de no pensar en eso y cruzó la calle para regresar al departamento, ya en la acera de enfrente caminó leyendo una vez más la dirección de Bombón. Estaba tan concentrado que chocó con alguien.
– Lo siento señor – se disculpó y continuó caminando.
Lo que no notó es que ese sujeto estuvo todo el tiempo observando la escena tan particular de un chico hablando con una chica, hincándose ante ella, abrazándola y diciéndole que la adoraba y que era la mejor; Seiya mucho menos sabía que ese hombre estaba esperando a Mina y que no era la primera vez que iba a buscarla.
¿Quién es ese "cara de niño" que se cree con el derecho a tratar así a la señorita Mina? – se preguntó Kunzite con su característico aire molesto y olvidando la razón por la que buscaba a la rubia ese día.
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Bajó del automóvil teniendo cuidado. Luna se había acostado en su regazo y se había dormido en el camino. Había sido un viaje corto pero muy silencioso.
Serena había hablado con sus padres esa mañana sobre su viaje a Estados Unidos. El rostro molesto de su padre y el semblante triste de su madre no le estaban ayudando a hacer todo más fácil.
Ellos, como siempre, le dijeron que estaba bien y que apoyarían todo lo que decidiera; la chica, por su parte, les aseguró que estaría bien allá, que Darien la cuidaría y que estaría en contacto lo más posible; pero las lágrimas de ella y su mamá decían más que esas palabras.
¿Y acaso hubiera soportado una conversación con sus padres como la que tuvo con sus amigas?
De hecho, le era relativamente tranquilizante que sus papás no discutieran con ella sobre el tema como lo hizo Rei. Sin embargo, sí le hubiera gustado que sus progenitores dijeran lo que realmente pensaban y que sus expresiones no podían ya ocultar.
¿Pensarían ellos de Darien lo mismo que Rei?
No. Darien era un buen yerno. Desde el principio fue a presentarse con ellos, se quedaba a cenar siempre que lo invitaban, se comportaba muy bien en la casa Tsukino y siempre la regresó temprano a casa. Ya viviendo con él, seguía yendo cada vez que los invitaban y siempre les aseguró a sus padres, que mantenía a su hija viviendo con todas las comodidades.
Eso debería ser suficiente para sus padres ¿cierto?
No quería pensar en ello. Tampoco en lo que hubieran dicho sus papás si les contaba el resto de sus planes: casarse y ya tener hijos.
Hija – aclaró en su mente la voz de Darien, recordándole lo que él había dicho – Quiero que me des una hija.
– ¿Estás bien? – le preguntó Neflyte, quien le abrió la puerta del automóvil y notó que de pronto se puso tensa.
– Sí, gracias – respondió. Supuso que él estaba preocupado por ella pues presenció que su madre se despedía de ella esa mañana con lágrimas, además de que ella (Serena) se "le había escapado" la noche anterior con sus amigas.
Él no le cuestionó nada cuando ella le llamó en la mañana y supuso que Lita le había explicado la situación. Sin embargo, era un hecho que el castaño estaba muy callado y ausente ese día.
Serena llevaba en sus brazos a Luna porque ya regresarían a casa esa tarde, pero primero haría una parada en la oficina de Darien para firmar unos papeles que Setsuna Meiou requería.
Era una suerte que Luna fuera tan tranquila y dócil y no tuviera problemas con llevarla a todas partes. Eso sí, no quería ni imaginarse el escándalo que armaría Darien si se enteraba que llevó a Luna a la oficina.
Llegaron a la oficina y saludaron a Setsuna, quien ese día estaba sola en el lugar. La mujer le dijo a Serena que le permitiera un momento imprimir todos los documentos que necesitaba se firmaran y le ofreció un poco de café mientras esperaba. Como un gesto de cortesía, la rubia aceptó mientras Neflyte tomaba asiento y sostenía a Luna.
Serena sorbió el café que le sirvieron y tuvo uno de esos destellos infantiles que la caracterizaban hacía años. No pudo evitar poner un gesto de desagrado ante una bebida tan fuerte y amarga.
Por un instante olvidó que no era lugar y momento para comportarse así, pero inmediatamente se disculpó al ver la cara sorprendida de Setsuna.
– Lo siento señorita Serena – ella le replicó – La costumbre de hacer el café para el señor Chiba, así es como le gusta.
Serena se sintió sorprendida. Él siempre se preparaba su propio café en casa y era una tarea en la que insistía ella no hiciera, por lo que desconocía que le gustara tan amargo.
– Descuida – dijo la rubia – Vaya, es muy particular su café; me pregunto si allá tiene su café como le gusta.
– Oh sí – comentó Setsuna – Él está muy bien allá, se ha adaptado muy rápido y ya tiene una rutina allá, que sin duda incluirá su café.
– ¿Has hablado con él? – preguntó Serena pues realmente ella poco sabía de lo que Darien hacia en Estados Unidos ya que sus mensajes no era muy profundos.
La pregunta tomó desprevenida a su interlocutora y hasta Neflyte dejó de acariciar el mentón de Luna ante el cuestionamiento.
– Un poco – respondió la mujer luego de una pausa – Ha estado muy pendiente de las cosas de la oficina y constantemente nos pide informes.
– Ya veo…
– Él ha estado muy ocupado, pero ten por seguro que está bien y muy ansioso de que estés allá.
Incluso Neflyte se reacomodó en su lugar por la particular charla que se estaba suscitando. Él no sabía nada de Darien desde que se había ido y sabía que Jedite tampoco; Kunzite y Zoycite tenían comunicación escasa pero aparentemente con Setsuna no era así.
Y antes de que alguien dijera algo más Haruka Tenou asomó la cabeza en el lugar y saludó – Buen día.
De entre sus brazos una pequeña figura se le escapó y fue corriendo hacia Setsuna – Mamá – expresó la pequeña abrazándola.
– Lo siento Sets – continuó Haruka – Sé que prometí cuidarla pero me llamaron de emergencia para hacer unas pruebas en pista y no puedo llevarla.
– Descuida Haruka – respondió la mujer – Veremos qué pondremos a hacer a esta señorita para que no se aburra.
La pequeña de cabello negro soltó un "Sí" y salió corriendo hacia la oficina de Darien, que esa tarde tenía la puerta abierta. Fue Neflyte quien se puso de pie y la detuvo – Espera, ¿a dónde vas?… ¿No me vas a saludar?
– Hola, ¿me vas a llevar al jardín a jugar? – le preguntó la pequeña Hotaru mientras Serena observaba toda la escena.
– Creo que hoy no podré – respondió el joven que parecía muy empático con la niña, quien vio que junto al muchacho estaba Luna.
– ¡Un gatito! – pronunció y se acercó a Luna para acariciarla. En respuesta, la compañera felina de Serena comenzó a ronronear, lo que le dio pie a Hotaru a cargarla – Mira mamá, el gatito.
Parecía que fue en ese momento que Setsuna cobró la consciencia de que estaba atendiendo a Serena Tsukino, se disculpó con ella y le indicó a Hotaru que dejara al gato.
– Descuida, Luna es muy sociable y parece agradarle tu hija.
Entonces Haruka se acercó a Serena para saludarla y le preguntó cómo seguía. La rubia respondía por reflejo pues de reojo no podía quitarle la atención a Setsuna y su hija.
La mujer se había agachado a su altura y le explicaba que no estaba bien que agarrara a las mascotas de otros sin su permiso y la niña le preguntaba si podría tener una mascota. Setsuna Meiou negociaba el pensarlo si es que la pequeña prometía portarse bien mientras se quedaba en la oficina.
Serena se preguntó cuántos años tendría la niña, qué tan difícil sería cuidar a una niña de esa edad, cómo le haría Setsuna para hacerlo. Y se sintió agobiada. La asistente de Darien no sólo era una eficiente y responsable trabajadora que hasta conocía el punto exacto del café de su novio, sino que parecía una madre paciente y amorosa.
No estoy lista para esto – pensó.
Entonces la pequeña terminó de asentir de todo lo que le decía su madre y asomó su cabeza hacia la oficina de Darien, como si buscara algo.
– Lo siento señorita Serena – dijo Setsuna atrayendo su atención – Ahí están los documentos que tienes que firmar.
– Ah sí – procedió a hacerlo y mientras escuchaba cómo la mujer cerraba la oficina de Darien y le decía por lo bajo a la pequeña Hotaru que esta vez no podía estar ahí – Listo, creo que es todo.
– Gracias, en cuanto estén listos estos papeles ya podré decirte la fecha de tu vuelo.
– Bueno, preciosa, si quieres vamos juntos a la salida – dijo Haruka poniéndole su brazo.
Neflyte hizo un gesto de entender que ya era hora de marcharse y le entregó a Luna. Se despidió de la pequeña Hotaru disculpándose de que ese día no jugarían y sugiriéndole que se portara bien.
Serena estaba a punto de salir cuando se volvió hacia Hotaru para que se despidiera de Luna. La niña se acercó y acarició una vez más a la gatita. Setsuna le indicó que se despidiera y agradeciera a la señorita Serena, con los modales que tanto le habían enseñado.
– Hasta luego. Gracias "serita" Serena – dijo imposibilitada a repetir una palabra tan larga como "señorita".
La rubia le sonrió. No sabía nada de niños pero veía que Hotaru era aún muy pequeña y, sin embargo, de repente tenía un aire muy serio para hablar.
Una herencia – pensó – de su mamá, supongo.
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Caminaron de juntas hacia el estacionamiento del lugar. Haruka se sentía muy complacida de la compañía de esa niña con cabeza de bombón. Es algo que había hablado con Michiru desde la noche que la conocieron.
Serena parecía una niña pequeña y asustada en aquella fiesta y eso las conmovió a las dos. Michiru tenía una sensibilidad especial para ayudar a los demás y ella (Haruka) se sentía atraída por las jovencitas que requirieran un "caballero andante".
Eso hizo que se entablara un vínculo más fácil. También estaba la preocupación que ambas veían en la relación de ella con Darien Chiba, un sujeto que a Haruka nunca le había agradado.
– ¿Y anoche lograste escapar de ese muchacho? – le preguntó a Serena.
La chica volteó hacia el chico que la acompañaba, seguramente preocupada de que escuchara y malinterpretara la pregunta. Sin embargo, él estaba varios pasos atrás respetando la privacidad de las chicas.
Haruka no conocía muy bien a ese muchacho, si acaso alguna mención ocasional de Setsuna o alguna vez que lo vio por ahí. Su referencia más clara se la había dado Hotaru, quien le había presumido que tenía un nuevo amigo, uno de los empleados de Darien Chiba que había sido mandado por su jefe a entretener a la niña mientras él y su madre trabajaban.
Hotaru no podía pronunciar su nombre y sólo lo llamaba Nefff, enfatizando las efes finales de una manera muy graciosa. Haruka le había preguntado a Michiru quién era y si estaba bien que cuidara a la pequeña, su prometida la tranquilizó explicándole que era un buen muchacho y le aseguró que, conociéndolos, no permitirían que cualquiera se hiciera cargo de Hotaru.
Y Haruka lo entendía. Ella y Michiru no podían ayudarle todo el tiempo a Setsuna con su hija, y la niña estaba creciendo rápido; pronto cumpliría los cinco años y se volvía más inquieta y con ganas de jugar. Ya no era tan sencillo como dejarla domir toda la tarde en el sillón de la oficina del jefe de Setsuna.
Así que, como siempre, respetaba las decisiones de Setsuna respecto a Hotaru, aunque no siempre las compartía; por lo que limitaba a escuchar atenta lo que Hotaru le contaba sobre su nuevo amigo Nefff.
– Sí – respondió Serena por lo bajo, sacando a Haruka de sus divagaciones – Pero eso no importa, ¿todo salió bien para ti?
Haruka sabía a qué se refería – Claro, Michiru me explicó las cosas… aunque tuve que hacerme un poco del rogar para que me quitara lo enojado – agregó en un tono juguetón que Serena no captó.
– ¿Por qué?
– Pues ya sabes, lo mejor de una discusión es la reconciliación – dijo sonriendo al recordar lo que pasó ahí mismo en el camerino y que siguieron en su departamento hasta altas horas de la madrugada.
Serena, quien nunca había discutido con Darien por algo de la magnitud de la situación que vio la noche anterior entre Haruka y Michiru, siguió sin comprender.
– Como sea, me alegro que ese muchacho no te molestara… Conozco a los "cantantillos" de su tipo y no me agradan, son como lobos disfrazados de corderitos.
Serena sonrió por no parecer grosera, pero no entendía muy bien a qué se refería Haruka. No importaba, lo único que quería Haruka es que su nueva amiga no fuera molestada por ese chico.
Sin embargo, después de que Michiru se esforzara por horas en "encontentarla", le contó que ese tal Seiya Kou la había buscando para ofrecerle colaborar en el arte de su disco; pero ella pensaba que Serena Tsukino era ideal para esa tarea ya que su trabajo se asemejaba más a lo que Seiya tenía en mente, además sería la oportunidad perfecta para motivar a la rubia en el camino del arte.
– Es una corazonada – le había dicho Michiru poco antes de que se quedaran dormidas.
Mientras Haruka veía cómo Serena abordaba el automóvil conducido por el tal Nefff, deseó que esa corazonada de Michiru fuera correcta.
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El regreso a casa fue de nuevo silencioso. Ahora se sentía más extraña, como si la visita a Setsuna Meiou hubiera agregado otra loza a las que ya cargaba en su espalda.
Serena tenía tantas cosas en la cabeza y ahora no paraba de pensar si Darien esperaba que ella fuera una madre como se mostraba su asistente e incluso si él quería una niña tan linda y educada como la pequeña Hotaru.
Llegaron a los departamentos y una vez más Neflyte le ayudó a salir del vehículo y le preguntó si necesitaba algo más. Ella le agradeció y dijo que no.
Sin embargo, el muchacho aún le diría algo más – Ten – pronunció dándole las llaves del auto.
– ¿Y esto? – le preguntó desconcertada.
– Hoy es mi último día trabajando para ti.
– ¿Qué? ¿Por qué? – no entendía nada.
– Lo estuve pensando toda la noche y es lo mejor. Ya no trabajaré para Darien.
– No. Si esto es por el choque, no quiero que te sientas responsable, fue mi culpa.
– No fue tu culpa… Pero no es por eso, simplemente ya no puedo cumplir con esto – luego dibujó una amarga sonrisa – Además, no soportaría seguir trabajando para ti y correr el riesgo de encontrarme con Lita.
– ¿Pasó algo? – preguntó preocupada de que una nueva loza se viniera a su espalda.
– Sólo que soy un idiota y… le confesé anoche que estoy enamorado de ella.
Serena casi grita de la emoción, lo único que se lo impidió fue que el muchacho no parecía tan contento. Ella lo miró invitándolo a que le contara qué sucedió.
– Lo arruiné todo, se me salió decírselo sin más. Creo que confundí su amabilidad con otra cosa.
– ¿Por qué? ¿Ella te dijo algo?
– No, se quedó callada y yo me fui. Qué vergüenza de decírselo y de contártelo ahora.
– No, no, no. Neflyte conozco desde hace años a Lita y créeme que no le eres indiferente. Sólo que mi amiga ha sufrido mucho por un chico que le rompió el corazón y por ilusionarse tan rápido con los que conoció después de él, por eso ahora es más cautelosa.
– Pero estoy convencida de que le atraes. Y yo te he observado y sé que eres un buen muchacho para ella – continuó la chica – Hasta noté que eres paciente con los niños, seguro que a Lita le encantaría tener una familia.
Neflyte se puso rojo – Pero, ella no dijo nada.
– Pues claro. Me imagino a mi pobre amiga escuchando la declaración de un chico tan guapo y que además le gusta… Fue una suerte que no se desmayara ahí mismo – Serena le sonrió – Yo creo que debes buscarla y, con más calma, ella te dará una respuesta.
– ¿Lo crees?
– Sí, aunque ya no trabajes con Darien, a mí me gustaría seguirte viendo como el novio de mi amiga.
El chico de nuevo se puso rojo ante la idea de que pudiera hacer de Lita su novia oficial. Neflyte le agradeció por todo y se fue de ahí.
Serena, por su parte, fue al departamento. Pensaba en lo emocionada que estuvo Lita al escuchar la declaración de Neflyte y se preguntó si algo podría florecer entre ellos; así como todo parecía indicar que entre Ami y Zoycite pasaría algo, si es que su amiga dejaba de estar tan a la defensiva.
La rubia suspiró. No estaba enojada con ellas, ni siquiera con Rei; sólo quería que hicieran más fácil ese proceso de transición, porque ella pasaría a ser Serena Chiba y viviría en otro país.
Entró al departamento. Seguía solitario y vacío sin Darien. Luna saltó de sus brazos y fue directo a buscar un espacio para recostarse. Serena vio que la contestadora tenía un par de mensajes de Darien, los escuchó. Eran breves y sólo reiteraba que estaba bien y le recordaba que agilizara todo para que pronto lo alcanzara.
Muy ansioso de que estés allá – repitió en su cabeza la frase de Setsuna Meiou.
Ojalá él realmente le demostrara esa ansiedad de verla. Ojalá la llamara en plena madrugada para decirle que la extrañaba como un loco, que necesitaba tenerla cerca porque sin ella no sabía qué hacer, sentir su seguridad en todo lo que hacía, que añoraba su olor y su cuerpo en la cama cada noche; todo lo que justo ella sentía.
Serena miró junto a la contestadora, ahí estaba el florero con sólo tallos secos. Las últimas rosas que Darien le dio se habían secado, estaban muertas.
Y ahí en la soledad, ya no resistió más y rompió a llorar. Porque sabía que ya no sería tan sencillo ver a sus papás y a sus amigas, porque iría a algún lugar desconocido y dejaría todas sus pinturas, porque ni siquiera sabía si Luna podría acompañarla, porque tendría que aprender a ser una madre responsable y amorosa, porque en los últimos días no pudo demostrarle a Darien que podía hacer las cosas bien y, sí, porque temía decirle a alguien cómo todas esas pesadas losas estaban acabando con ella.
Lloró por un largo rato, hasta que sintió que la cabeza le iba a reventar por tantas ideas y que el pecho no podía más de tanta frustración.
De pronto la puerta sonó y como mero reflejo fue a atender. Una figura masculina apareció, pero no lograba distinguirla. Él estaba detrás de un enorme ramo de hermosas rosas rojas; como con las que su novio la conquistó y que le entregaba siempre que podía.
– Darien… – sólo alcanzó a pronunciar casi en un suspiro y sintió cómo sus piernas perdieron fuerza y todo alrededor se desvanecía y se tornaba oscuro.
Afortunadamente el joven logró notarlo y la sostuvo antes de que la chica desmayada realmente se lastimara.
– Bombón – dijo Seiya preocupado.
Continuará…
¡Uf! Qué barbaridad, qué cosa, qué cosa. Les dije que ya estaba deschavetada, ya me perdieron. Tanta información, tanta cosa que pasó aquí que ni yo sé por dónde empezar a comentar.
Y es que aquí tocamos todas las tramas y subtramas planteadas hasta el momento (sí, hasta el momento). Por un lado tuvimos a Lita que le hizo cortocircuito su cabeza y su pretendiente se sintió rechazado; Rei se puso crazy y ya no se aguantó callar el #AmigaDateCuenta; Mina nomás sembrando malos entendidos.
Por otro lado, hubo puras ondas rarísimas en la oficina de Darien y hasta Haruka le lanzó una dudita a Serena.
Y bueno, ella, ay fue la más tundida de todo el capítulo, al menos al final la dejé caer en blandito ¿no?
Hay un montón de cosas que quisiera decirles pero no puedo, la historia hablará por sí sola, pero como un consuelo les comparto que en mi cabecita ya todo está en orden y sé con claridad hacia dónde llevar la historia. Gracias Princesa Saiyajin por tanto fangirleo intenso y por tus involuntarias ideas que me permiten poner a trabajar a mis musas a un ritmo que no teníamos desde mis años 20s. Fuego, muchas gracias por la oportunidad de que me leas por primera vez en un longfic, espero no causar una mala impresión.
Y también gracias a todos los lectores que le están dando amor a esta humilde historia.
Espero leerlos muy pronto.
