Respiremos profundamente, fue un capítulo 6 muy intenso; así que ya nada puede malir sal.
VII – Nuevas oportunidades
Afortunadamente aún tenía buenos reflejos (o reflejos de deportista, decían sus hermanos) como para reaccionar a tiempo y evitar que, por su culpa y de nuevo, Bombón se lastimara.
Seiya apenas vio que la chica abrió la puerta y antes de que pudiera anunciarse, ella se desvaneció. Rápidamente sostuvo el ramo de rosas con su mano derecha para utilizar su brazo izquierdo para sostenerla.
Había llamado a la puerta cubriéndose el rostro con las flores para que ella no le cerrara la puerta inmediatamente o le soltara otra bofetada. Así que realmente no alcanzó a ver la primera expresión de la chica y cómo se desmayó.
La primera reacción de Seiya fue repetirle "Bombón, Bombón, Bombón"; y como no había respuesta, se atrevió a entrar al lugar y llevarla al sillón que estaba cruzando la estancia.
– ¿Hola? ¿Hay alguien más en casa? – preguntó mientras la recostaba – Tenemos una baja por aquí.
No hubo respuesta. Él la acomodó con cuidado y se quedó en cuclillas para observarla por un instante. Parecía tan frágil e indefensa así, aunque él sabía que no era así; había dejado a Bombón sola en el choque y seguramente ella tuvo que enfrentar todas las consecuencias así, sola. Y todavía tuvo el coraje de reclamarle con semejante bofetada; golpearlo a él, al cantante Seiya Kou.
Pero lo que más tenía convencido a Seiya del carácter de Bombón era el resplandor que ella tenía, ese que notó la primera vez que la vio en el aeropuerto.
Desde que era muy pequeño, le hablaron de ese resplandor que tenían las personas: su estrella, y con el tiempo hizo propio ese concepto, lo que le ayudaba a tener una percepción diferente de las personas y, hasta el momento, no se había equivocado con las conclusiones que sacaba de cada una de ellas.
Sin embargo, aunque le atraía mucho el brillo de Bombón, había algo que le inquietaba mucho. Ese resplandor sólo lo había encontrado en una persona y no sabía que le abrumaba más, comparar a Bombón con alguien más o saber que la última vez las cosas no terminaron nada bien.
De pronto la rubia comenzó a despertar – ¡Bombón! – dijo él contento de que la chica estuviera bien.
Ella se quejó levemente y, aún sin abrir los ojos, respondió – No me llamo así grosero.
Él suspiró aún más aliviado, ella estaba bien y tenía el humor suficiente para reclamarle que no le llamara de esa manera. Miró hacia la pequeña cocina del departamento y decidió acercarle un poco de agua. También aprovechó para poner en algún lugar las rosas que llevó y vio el sitio perfecto: un florero con apenas unos tallos secos.
Buscó en la cocina un vaso y le sirvió agua mientras ella se incorporaba lentamente sin abrir aún bien los ojos – ¿Qué pasó? – se preguntó confundida.
– Te desmayaste – le respondió acercándole el vaso, ella sujetó la bebida y lo miró.
– ¡Tú! – expresó tratando de ponerse de pie pero perdiendo el equilibrio al instante.
– Tranquila, necesitas recuperar fuerzas.
– ¿Qué haces en mi casa? – le cuestionó – ¿Cómo llegaste aquí?
– Le pedí a Mina me dijera cómo encontrarte, ella es tu amiga, ¿cierto? – la rubia asintió levemente – Necesitaba pedirte perdón por lo del otro día.
Ella respiró profundamente, de todas las cosas que tenía en la cabeza, ese chico debía ser el menor de sus problemas. Claro, le daba coraje todo lo que él representaba y que en sí mismo se hubiera comportado como un patán al huir.
– Pero creo que mi deuda bajaría un poco después de la bofetada del otro día – dijo el chico como si complementara lo que ella pensaba, al tiempo que se tocaba la mejilla y recordaba cómo le ardió por un buen rato.
Serena resopló y rió levemente – Qué dirán tus admiradoras si se enteran de que te quejas del golpe de una chica.
– Pues dolió y tampoco se me olvida que me echaste café caliente encima, en el aeropuerto – Serena lo miró; claro, había visto a ese chico aquel día.
– Pero – continuó Seiya poniendo de nuevo un tono serio – Sé que es nada comparado con lo que tú pasaste. De verdad, lo lamento, no sé qué puedo hacer para borrar esa imagen que tienes de mí.
La chica volvió a respirar profundamente, si decirle que lo disculpaba era suficiente para que él por fin se alejara de sus sueños inquietos y que ya no tuviera que escuchar "Bombón" todo el tiempo retumbando en su cabeza, lo haría.
– Descuida, acepto tus disculpas – él le sonrió más tranquilo.
¿Y ahora qué?
– De cualquier forma – continuó la chica – fue mi culpa.
Seiya no pudo evitar soltar una risa – ¿De qué hablas?
– No te burles – le reclamó.
– Pero tú manejabas correctamente, fui yo quien frenó de repente… ¿o me estoy perdiendo de algo?
– Pues yo no debí tomar el auto para empezar y… – de pronto se dio cuenta que no había razón para contarle todo a un desconocido – Bueno, no importa – se puso de pie por fin.
– A mí sí me importa – dijo Seiya también poniéndose de pie y dispuesto a escuchar a Bombón, si es que con eso la hacía sentir mejor y podría ayudarle de alguna manera.
– Olvídalo… – de pronto ella se dio cuenta de algo – Disculpa, ¿cómo te llamas?
– ¿Cómo? ¿No sabes mi nombre?
– Pues no, por eso estoy preguntando.
Él resopló algo indignado por no ser lo suficientemente conocido para que al menos Bombón supiera su nombre. Carraspeó – Soy Seiya Kou, guitarrista y voz principal de los Three Lights – hizo una leve reverencia – Mucho gusto Bombón.
– Que no me llamo así.
– Serena Bombón – le sonrió traviesamente.
– Como sea, ya no te preocupes por lo que pasó – y de pronto miró a otro lado y centró su mirada en las rosas – ¿Tú… tú las pusiste?
– Sí, me pareció un buen lugar… Disculpa el atrevimiento pero sólo tenías unas flores muertas ahí.
– Gra… gracias – respondió la chica sintiendo cómo de nuevo su hogar se llenaba del olor de esas flores que tanto le gustaban.
Aunque no sean de Darien – pensó la chica.
– Bueno, creo que tienes que irte – reaccionó.
– Ah, sí – Seiya se dio cuenta de que la breve visita terminaba. Sin duda, se sentía aliviado de que ella aceptara sus disculpas, pero ya sin un pretexto para seguir hablando, lamentaba tener que irse.
Y también se reprendió por ese pensamiento. De nuevo ese brillo especial lo estaba abrumando y una parte de él no se sentía cómodo con la idea de que alguien ocupara ese lugar en sus pensamientos y su corazón.
Él necesitaba pensar las cosas – Bueno, creo que tienes razón, debo irme – de pronto se escuchó que su teléfono móvil recibía un mensaje – ¡Ops! Parece que ya me están buscando.
– Sí, creo que eso es todo… Adiós Seiya – sólo dijo ella.
El muchacho se dirigió a la puerta y antes de salir agregó – Espero verte después.
Cerró la puerta tras sí. No sabía si sería lo correcto volverla a ver, dejarse llevar por lo que una persona con un brillo así podía despertar en él. Respiró profundamente, ya el tiempo le diría qué es lo correcto.
Entonces recordó el mensaje que recibió, miró su teléfono y se encontró con que Michiru Kaiou cumplía su palabra y le pasaba el contacto prometido.
El mensaje sólo decía que deseaba que esa chica le ayudara. El muchacho no perdió más tiempo y marcó.
Tras unos instantes, una voz femenina atendió – ¿Sí?
No puede ser.
– ¿Bombón?
De pronto la puerta se abrió y Serena estaba ahí con su teléfono en la mano – ¿Otra vez tú?
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Al menos una vez cada dos semanas tenían como costumbre reunirse fuera de los horarios laborales. Salir a tomar una cerveza, ver algún juego por televisión o simplemente relajarse.
El lugar de la reunión siempre era el mismo, un bar no muy lejos de la oficina; un espacio ideal para que los amigos se reunieran de vez en cuando.
Y era una suerte que las maravillas de la tecnología le permitieran tener una conversación en su teléfono con sus amigos: Kunzite, Zoycite y Jedite, para informarles que quería hablar con ellos, contarles varias cosas en un ambiente más neutral que no fuera la oficina.
Así que Neflyte citó a sus amigos en ese mismo lugar donde muchas veces se había reunido; incluso alguna que otra ocasión contaron con la presencia de Darien, quien siempre parecía esforzarse (sin mucho éxito) por relajarse; sin embargo, siempre hablaba poco y se iba temprano.
El castaño siempre pensó que se sentía inquieto por regresar pronto a casa con su chica que siempre lo esperaba.
Qué envidia.
Y más considerando que el resto de los chicos eran solteros. Claro, no eran unos monjes célibes, pero había una combinación de estar muy concentrados en su trabajo y de no conocer a alguna chica con la que realmente veían una relación formal.
Si acaso Zoycite era el que llegaba a contarles de alguna conquista esporádica que no iba más allá de unas citas o de un encuentro casual. Al principio Neflyte se preguntaba cómo era que su amigo se ganaba tan rápido a las mujeres, pero se dio cuenta de que era todo un caballero al tratarlas y siempre era muy franco con ellas.
Jedite, por su parte, era blanco de muchas chicas. Él era el más joven de todos, además de un muchacho de buena familia. No era raro que las mujeres fueran las que dieran los primeros pasos con él; sin embargo, el rubio terminaba cansado de ellas y las tachaba de falsas, presumidas, vacías y hasta frías en la intimidad. A ello se le sumaba que todo el tiempo su familia lo acosaba con el tema de la chica con la que lo comprometieron.
– Conociendo las ideas de mi papá – solía decir Jedite – Me quieren casar con una de esas chicas frívolas que abundan su círculo social.
Kunzite era casi tan reservado con sus cosas como Darien. Prácticamente no le conocían alguna chica, y Zoycite siempre bromeaba con él y le decía que debía dejarse ver con una mujer o, dada la estrecha cercanía entre ellos dos, la gente empezaría pensar que eran más que amigos.
La cuestión era que él era muy serio. Zoycite decía que no era que a su mejor amigo no le interesaran las mujeres, sino que todas le huían a esa actitud malhumorada, muy pocas estaban dispuestas a aguantar su sobriedad y no eran pacientes para sacar a relucir la gran persona que él es.
Neflyte, por su parte, era después de Kunzite el que menos hablaba de esos asuntos. Siempre se consideró muy torpe para las mujeres y le costaba más acercarse a ellas e invitarlas a salir. Sus contadas novias y experiencias las consideraba casi como una suerte, ya que casi siempre arruinaba todo con su timidez.
Y ahora que por fin había conocido a una que le dio valor de ser directo, de todos modos lo terminó arruinando.
Suspiró pensando en Lita. Serena le había sugerido esa tarde que debía irla a buscar, pero él aún se sentía inseguro.
Entró al bar y buscó con la mirada a alguno de sus amigos. Vio a Kunzite sentado en una mesa sólo acompañado de un trago; que fuera el primero en llegar no fue sorpresa, que ya estuviera servido era la novedad.
Tras él le tocaron el hombro. El resto de los chicos llegó y lo saludó preguntando de qué quería hablar.
– Es algo importante – sólo dijo y apuntó con la cabeza a Kunzite – ¿Algo que le preocupe?
– Está encaprichado con saber lo del choque de la señorita Serena – respondió Zoycite – Y ten cuidado que desde que llegó a la oficina se carga un humor insoportable.
– Y no creo que le caiga nada bien lo que voy a decir. Vamos.
Los tres se acercaron y su amigo apenas los miró cuando se sentaron – ¿Todo bien? – le preguntó Zoycite.
– Lo mismo pregunto – respondió el de cabello plateado y miró a Neflyte – ¿Por qué nos pediste venir? Se supone que deberías estar cuidando a la señorita Serena.
– De eso quiero hablarles – atrajo la atención de los tres – Ya no puedo seguir vigilando a la señorita Serena. Hoy renuncié.
– ¡¿Qué?! – Kunzite se inclinó poniendo sus ojos azules en él – ¿De qué rayos hablas?
– No puedo seguir haciéndole esto a la señorita Serena. Vigilarla día y noche, ¿de qué o por qué? Creo que desde el principio le incomodó que me pusiera a su total disposición y después ella estaba bien en casa de sus padres; no me necesitaba ahí.
– Son órdenes de Darien – replicó – Y sabes que desde un principio él exigió que fuera así y que si más bien se decidió que fueras sólo cuando ella te llamara, fue asunto de nosotros y no se lo diríamos, pero ve lo que pasó.
– Lo que le pasó fue eso: un accidente. Pasan todos los días y a veces toca la mala suerte de cruzarse con un idiota al volante.
– Pero no podemos dejarla sola, fue la orden.
– ¿Y por qué? – cuestionó el castaño – No es justo para ella, quiere hacer sus cosas como cualquier persona normal. ¡Y si Darien está aferrado a que hagamos lo mismo, creo que es válido que cada uno decida si es correcto o no! – agregó algo exaltado.
– Calma – pidió Zoycite – Kunzite creo que Nef tiene razón, estamos yendo demasiado lejos con esto; Ami me dijo…
– Ya sé de qué se trata todo esto – interrumpió – Son esas chicas, las amigas de la señorita Serena, esa chica Ami y la otra Lita ¿no es así?
Neflyte estuvo apunto de reclamarle que no metiera a Lita en ese asunto, pero fue su amigo quien reclamó – ¡Esto no tiene que ver con Ami! Se trata de nuestra propia ética, Darien tiene a la señorita Serena en una burbuja, ¿y sabes qué pasó? Apenas le pasa un incidente y ella se culpa de todo.
– Pues así es como ellos se manejan y no debemos meternos – se puso de pie – Y ya les dije que no deberíamos mezclar las cosas y buscar a esas chicas.
– ¿Qué tiene de malo? – cuestionó Zoycite – Ami es una gran chica y estoy convencido de querer hacerla mi novia. Si ella me sigue aceptando, qué daño le hacemos a Darien.
– Mira cómo terminó Neflyte, ya hasta renunció y le dejó botado el trabajo a Darien por…
– Ni se te ocurra culpar a Lita – atajó – Soy yo el que ha estado más cerca de la señorita Serena y he notado ciertas cosas que ya no me gustan – hizo una pausa y agregó algo apenado – El asunto de Lita es aparte.
– Te hubieras concentrado más en lo que Darien te encargó – le reclamó Kunzite – y no sólo en estar pensando en la señorita Mina… digo, Lita… – y luego agregó enojado – ¡Sólo sean prudentes! – y luego miró a Jedite – ¡Contigo también hablaré después!
No dijo más y salió furioso del lugar, dejando a sus amigos muy confundidos – ¿De qué rayos estamos hablando? – rompió Jedite el silencio.
– Las amigas de la señorita Serena – explicó Zoycite – Desde el día del accidente, empecé a pretender a Ami Mizuno y creo que las cosas han ido bien – sonrió recordando que ya en su segunda cita no fue necesario que le pidiera un beso, éstos llegaron de forma natural y un poco más profundos.
Neflyte sintió un poco de envidia. Mientras su amigo parecía ya estar entablando algo serio, él no encontraba el valor de volver a dirigirle la palabra a Lita.
– Y bueno, yo desde que empecé a trabajar con la señorita Serena empecé a frecuentar a Lita Kino.
– ¡Wow! ¿Y no tendrá una amiga que pueda presentarme? – bromeó Jedite.
– Sí claro, para que Kunzite nos mate a todos – le respondió Zoycite y luego se dirigió a Neflyte con una sonrisa – Así que la señorita Lita.
– De eso también quería hablarles, pedirles un consejo.
Sus amigos se reacomodaron en sus asientos para escucharlo con atención; el castaño estaba dispuesto a compartirles lo que había pasado las últimas semanas con Lita, cómo había sido su torpe declaración y el consejo que le había dado Serena Tsukino.
Eso sí, primero pediría una ronda de cervezas para sus amigos. Sería una larga charla.
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Aquel día se había apresurado para terminar sus pendientes temprano y estar a tiempo para escapar de la oficina un poco antes.
Quizás era lo mejor. Y es que en los últimos días el ambiente en la oficina era muy raro.
Setsuna Meiou estaba más callada de lo normal y aunque Zoycite sabía que era una mujer muy serena y discreta, desde que Darien había anunciado su viaje, ella parecía más ausente que nunca. Él creía que las cosas para su compañera de trabajo no eran sencillas, el plantearse de pronto irse a otro país debía ser complicado y más considerando que allá no contaría con tanto apoyo para cuidar a su hija.
Setsuna no les había hablado sobre la decisión definitiva que tomaría, pero lo que Zoycite sí sabía era que ella viajaría junto con la pequeña Hotaru y la señorita Serena en cuanto ésta tuviera sus papeles listos.
Por otro lado estaba su buen amigo Kunzite. Su silencio y distanciamiento eran casi hirientes. Se conocían desde hacía años y sabía que él era un gruñón de primera, pero últimamente su comportamiento iba más allá de lo acostumbrado.
Zoycite creía que su amigo debería estar contento por las cosas que estaban pasando y las que estaban por venir. Ver a sus amigos tan entusiasmados con unas buenas chicas y también un posible ascenso en su trabajo. Y es que si todas las cosas salían para Darien como tenía planeado y se quedaba en Estados Unidos, lo más natural era que Kunzite ocupara sus responsabilidades en la oficina.
Sin embargo, no le parecía complacer su ascenso y mucho menos que él y Nef pretendieran a Ami y Lita, respectivamente. A su amigo, sólo parecía interesarle las circunstancias del choque de la señorita Serena.
Esa actitud los estaba distanciando, y a Zoycite se le estaba haciendo muy pesado estar tan ilusionado con Ami y no poder compartírselo a Kunzite. Por ahora, el único alivio que sentía era volver a estar con ella y probar de sus labios. Desde su segunda cita, no habían podido verse, ella había estado un poco distante y ocupada porque tenía exámenes toda la semana.
Él lo entendía. Después de todo, hacía muy poco él fue estudiante universitario y sabía el compromiso que requería y más si se era un estudiante de alto rendimiento como él lo fue y como Ami lo era. Además sabía que la carrera de la chica era aún más demandante y larga que la suya.
En fin. Ese día había sido el último examen de Ami y se moría de ganas de visitarla para que ella por fin se distrajera y disfrutara de un poco de tiempo libre. Así que se apresuró todo lo que pudo para ir a comer con ella y pasar toda la tarde juntos.
Se marchó del lugar ante la mirada desaprobatoria de Kunzite, de camino aprovechó para pasar por una comida para dos y se dirigió al consultorio que Ami estaba instalando.
Llamó a la puerta y Ami ya estaba ahí – Hola. Traje esto para ti – dijo alzando la bolsa con la comida y sin atreverse a saludarla con un beso.
Sin embargo la chica parecía algo seria y a él le preocupó que sus exámenes no salieran bien o que tuviera problemas con el consultorio; ella le había comentado que no estaba recibiendo el apoyo esperado de parte de su madre y él se había mostrado dispuesto a ayudarle en lo que pudiera.
– ¿Ocurre algo? – le preguntó sin rodeos.
– No, pasa.
Ese "no" le sonó a que todo pasaba e insistió en su pregunta. Ami no pudo más, se dejó caer en su silla y se cubrió el rostro con sus manos, como si quisiera que él no notara que quería llorar.
Eso lo alarmó más y fue directamente hacia ella y se sentó en otra silla junto a ella – ¿Qué sucede? ¿Qué tienes?
– No podemos seguirnos viendo – le soltó.
– ¿Qué? ¿Por qué? ¿Hice algo mal?
Por fin lo miró con esos ojos azules que le fascinaban pero que ahora lucían llorosos – ¿Te irás?
– ¿Qué? – estaba confundido – No, ¿a dónde?
– A Estados Unidos con Darien Chiba… Él es tu jefe y yo entendería si…
Zoycite respiró aliviado, por un momento pensó que le pasaba algo más grave. De alguna manera ella creyó que sería posible que él se fuera tras Darien, cuestión que no estaba en sus planes ni aunque él se lo propusiera
– No, mi niña. No me voy a ir a ningún lado.
– ¿De verdad? – dijo ella más tranquila y el asintió sonriéndole – No quisiera ilusionarme en vano – le confesó – Sé lo importante que es tu trabajo y si tú decides irte, yo debo respetarlo – agregó bajando poco a poco la voz – Al final de cuentas, mis padres se separaron cuando mi madre ya no estuvo dispuesta a esperar a mi padre de sus largos viajes, ni él que ella pasara tantas horas trabajando.
Él le sonrió y acarició su mejilla – Créeme que no te ilusionaría en vano. No he hablado con Darien sobre ir allá pero creo que no lo haría; me gusta vivir aquí: los lugares, la comida, mi trabajo, mi rutina… mis padres ya no viven en la ciudad pero los tengo cerca, están mis amigos y, desde luego, tú.
– ¿De verdad?
– Sí y si tú decidieras mudarte por trabajo, sé que buscaríamos la forma de que estemos juntos; al final de cuentas, yo estaría muy orgulloso de ti y lo que logres.
Ella le sonrió y eso fue suficiente para preguntarle algo que llevaba planeando hacía unos días.
– Ami, ¿sabes?… Quiero que tengas muy claro que mis intenciones son serias. Me gustas mucho y realmente quiero estar contigo, así que quisiera saber si quieres ser mi novia.
La chica abrió los ojos como nunca lo había hecho. Desde luego Zoycite le gustaba mucho y se la pasaba bien con él, aún tenía mucho miedo de que las cosas no funcionaran pero él realmente estaba demostrando que quería hacerlo funcionar y eso le daba cierta seguridad de tener a su lado a alguien con quien construir algo.
La respuesta llegó con un sonrojo y un asentimiento. Ambos sonrieron y se acercaron para sellar ese trato con un beso.
Para Ami se volvió muy fácil perderse en la boca de ese chico que evidentemente tenía más experiencia que ella en esos menesteres y por primera vez en su vida no sintió ninguna vergüenza en que un chico la invadiera de esa manera.
Ami, que siempre se mostraba dispuesta a aprender, no tenía inconveniente en que su ahora novio le mostrara algo nuevo. De ahí que no le molestara que la atrajera de tal manera que prácticamente la colocara sobre él sin interrumpir los besos.
No supo cómo o por qué pero su instinto la guió para aferrarse cada vez más a él e incluso aflojar un poco la corbata del muchacho y eso le dio pie a Zoycite a explorar un poco su cuello. Era una completa locura; sí, pero era increíble.
Y de pronto alguien llamó a la puerta y los dos lamentaron en silencio que aquello se detuviera tan súbitamente. La persona afuera volvió a insistir y dijo: – ¿Ami? ¿Estás ahí?
– Un momento Serena – respondió Ami reconociendo la voz de su amiga. Y ambos tomaron un momento para tranquilizarse un poco.
De hecho, Zoycite se sentía un poco mal. No porque interrumpieran la situación, sino porque realmente le importaba Ami y no quería acelerar las cosas, quería demostrarle que lo suyo era serio, que podría esperar y, claro, que cuando algo más pasara entre ellos sería algo realmente especial y no en un consultorio en medio de un arranque de hormonas.
Además, cumpliría la petición de su amigo y sería muy prudente.
Ami abrió la puerta y Serena entró notando inmediatamente que su amiga no estaba sola – Ah lo siento si interrumpí algo – se disculpó – Perdón Ami, me dijiste que podría venir para que me quitaras el collarín.
– Señorita Serena, no se disculpe, yo vine a visitar a mi novia sin previo aviso.
– ¡¿Tu novia?! – casi gritó la rubia, provocando que Ami se pusiera roja.
Él se acercó a su chica y la tomó de la mano – Sí y permítame agradecerle el haberla conocido.
– No… no es nada – respondía atónita ante la noticia – Vaya, me alegro mucho por ustedes… Ami es una gran chica y me da mucho gusto que estén juntos – agregó ya asimilando los hechos – Y por favor, no me llames de usted, es extraño que el novio de una de mis mejores amigas me trate con esa formalidad.
– Muy bien Serena – le respondió con una sonrisa.
Después Ami, aún algo abochornada, le dijo a Serena que se acomodara. Zoycite observó todo el proceso mientras le quitaba el collarín a Serena, la revisaba, le hacía varias preguntas, tomaba sus anotaciones y le recomendaba algunos ejercicios para que tuviera una movilidad normal.
Él estaba embelesado viéndola y escuchándola. Sin duda, era muy afortunado en conocerla. Era una lástima que no pudiera compartir eso con su mejor amigo, a quien casi consideraba un hermano mayor. Al menos tenía como consuelo platicar con Jedite (que siempre era muy fresco) y con Neflyte, a quien le habían insistido que buscara a la señorita Lita.
Cuando terminaron, la rubia se disculpó al notar que comerían juntos y que seguro ella estaba interrumpiéndolos. Sin embargo, el chico le invitó a que se quedara: donde comían dos, podían comer tres.
Pasaron la tarde charlando sobre cómo ellas se habían conocido y hecho amigas en sus días de secundaria y Serena recalcaba lo agradecida que estaba con Ami por ayudarla a terminar la escuela. Y entonces, a Zoycite le surgió la duda: – ¿Y por qué no seguiste estudiando?
Con una expresión nerviosa, la rubia respondió que se dedicó a Darien y cambió de tema diciendo que ellos hacían una bonita pareja.
No mucho tiempo después anunció que regresaría a casa y los dejó recalcándoles lo contenta que estaba al saber que Ami tenía un buen novio con ella.
– Me alegra ver que se anime a salir sola – comentó Ami mientras ambos se quedaban en la puerta viendo cómo la chica se iba.
– Ahora que Nef renunció, no queda otra opción. Supongo que Kunzite decidió que no sería buena idea poner a cualquiera a cuidarla… Además, supongo que ella debe aprender, estará en Estados Unidos y todo será muy diferente.
– Como si Darien la dejara salir allá – comentó con un tono irónico – Si aquí la tiene encerrada, allá será peor.
– ¿En verdad es así?
– No es que sea prisionera, pero creo que tu jefe tiene sus formas de convencerla de que lo mejor es que esté todo el tiempo en casa.
Él pensó por un momento sobre lo que Nef había dicho al renunciar a su trabajo y se preguntó si esas eran las "cosas" que ya no le gustaban.
– Bueno – dijo al fin – quizá sería bueno que Serena entablara amistad con Setsuna, tal vez sea bueno para las dos y que se sientan menos solas en un lugar nuevo y desconocido.
– ¿Quién?
– Ah, es la secretaria de Darien, ella será la única de nosotros que viajará con él a Estados Unidos.
– Vaya… ¿Y por qué sólo ella?
Él sólo se encogió de hombros – Supongo que porque ella siempre ha sido fundamental en su trabajo, incluso cuando llegamos a trabajar ahí, ellos ya hacían un gran equipo – hizo una pausa y recordó algo – O en palabras del propio Darien: realmente necesita a Setsuna.
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Fue un gran intento dos de salir sola a hacer sus cosas por ella misma. Las cosas habían salido sin contratiempos y más considerando que esta vez decidió no tomar el auto y viajar en transporte y caminar. ¿Que no era así que iba y venía cuando todavía estudiaba y vivía con sus papás?
Darien la había acostumbrado a viajar todo el tiempo en su auto, pero desde muy jovencita sus padres le habían enseñado cómo cuidarse sola; así que era un buen momento para poner en práctica ese conocimiento.
Serena solo fue a visitar a Ami para que por fin le retirara ese collarín. Por un momento pensó que sería incómodo verla, pues la última vez prácticamente salió corriendo de una discusión, aunque Ami (al igual que Lita y Mina) no había intervenido y no tendría que haber problemas.
No hubo conflictos pero sí un poco de incomodidad. Cuando llegó, su amiga no estaba sola, su ahora novio la acompañaba y Serena no supo qué pensar cuando notó que el cabello de ambos estaba un poco revuelto, la corbata de él estaba desajustada y el tenue lipstick de su amiga se marcaba en los labios de Zoycite.
Serena se preguntaba si interrumpió un momento muy personal entre ellos y, si era así, no sabía ni dónde esconder la cabeza de la pena.
Otro trozo de incomodidad lo puso el propio Zoycite sin querer. Mientras las chicas le contaban cómo se habían hecho amigas, él alabó todo el tiempo la inteligencia, la paciencia y buena persona que era Ami como para ayudarle a su amiga en la escuela. Eso sin contar que el chico estuvo todo el tiempo observándola mientras atendía a Serena.
La rubia se sintió conmovida por la manera en la que el novio de su amiga la admiraba. Y era lógico, Ami era una gran chica y merecía que el hombre que la acompañara la pusiera casi en un pedestal.
Ella, por su parte, no tenía la misma suerte. Se sabía torpe y poco hábil para casi todo, no habría muchos motivos para que Darien la admirara tanto como Zoycite a Ami.
Sin embargo, había una pequeña oportunidad para que destacara en algo y Darien tuviera un motivo para alagarla de esa manera, o al menos así le había dado a entender Michiru Kaiou.
Resultó que el tal Seiya se volvía a cruzar en su camino, ahora con una propuesta para hacer el arte de su disco. El muchacho le contó que la idea había sido de Michiru y que él no se imaginaba que a la persona que le recomendaba la chica era a ella.
Serena le pidió primero hablar con Michiru para aclarar la situación y él aceptó sólo diciéndole – Entonces te verte pronto Bombón.
Y luego de que ella se preguntara en silencio por qué el destino se empeñaba en que chocara de una u otra forma con Seiya, llamó a Michiru para asegurarse de que no fuera una equivocación.
Sin embargo, la chica le dijo que los Three Lights querían una pintura en la portada de su disco y buscaban que fuera un paisaje nocturno y estrellado; ella había notado que era una temática que ella (Serena) manejaba bien.
La rubia trataba de explicarle que no se sentía lista para un trabajo profesional y menos de esa envergadura; por lo que Michiru se comprometió a acompañarla y asesorarla en todo, con tal de que no dejara escapar esa oportunidad que, según dijo, era única en su vida profesional.
Al final Serena ya no supo cómo zafarse del compromiso y accedió a hacerlo, pidiéndole que siempre fuera honesta y que si se daba cuenta que no daba el ancho, la dejara abandonar el proyecto.
Michiru accedió, así como accedió a ser ella la intermediaria entre ella y los Three Lights. Se reuniría en unos días con ella para hablar sobre los pormenores.
Todo ello tenía a Serena en un nuevo mar de emociones. Estaba tan apenada de que más gente viera su trabajo, ella siempre había visto a esa actividad como un pasatiempo y nada más; por otro lado, reconocía que le emocionaba que pudiera trabajar algo especial y todo lo que podría aprender de Michiru Kaiou en el proceso; pero lo que más la tenía preocupada era lo que Darien pensara de todo el asunto: ¿le emocionaría? ¿tendría al fin una razón para estar orgulloso de ella? ¿le molestaría que se involucrara tanto con la hija de su jefe?
No quiso enredarse en esos pensamientos. Entró al departamento y a diferencia de otros días en los que le parecía hasta triste entrar, un exquisito aroma a rosas la llenó en cuanto llegó.
El florero que siempre tenía dos o tres ejemplares de los que Darien le llevaba frecuentemente, ahora estaba repleto por al menos una docena y media de rosas que Seiya Kou le había llevado como disculpa.
La chica se acercó y admiró por un momento las bellas flores. Tan frescas, tan rojas, tan vivas, que le daban un nuevo aire a su hogar e incluso a su día. Tan concentrada estaba que en primera instancia no vio el mensaje en la contestadora pero ya junto al aparato reprodujo éste.
Mientras escuchaba el rutinario mensaje de Darien, Serena no dejaba de admirar las flores y más bien pensaba en qué trabajos llevaría a Michiru para que hablaran sobre el proyecto en el que trabajarían.
Apenas terminó de escuchar la voz de Darien y se dirigió a su estudio para buscar y seleccionar lo que consideraba sus obras más adecuadas y alineadas a lo que los dichosos Three Lights querían.
Y eso le recordó algo. No había tenido oportunidad de hablar con Mina y cuestionarle que le diera su dirección al chico Kou. Así que decidió llamarle para ¿reclamarle?
– ¡Hola Serena! – saludó la chica en cuanto contestó, reconociendo el número de su amiga.
– Hola Mina – trató de sonar lo más seria que podía pero con Mina era muy difícil poner un tono así; ella había sido la última en unirse al grupo de amigas y desde entonces habían sido muy unidas básicamente por todo lo que tenían en común.
Se habían conocido mientras competían en la sala de videojuegos Crown en cuanta arcade se les cruzara en el camino y sí, también por llamar la atención del encargado del lugar: Andrew.
En aquellos días las dos rubias eran casi una bomba juntas (al menos así decía Rei) y siempre se la pasaban riendo, jugando, buscando en la televisión y revistas a chicos guapos, y sufriendo juntas cada final de semestre por salvar sus materias en la escuela.
Por eso, para Serena, Mina no le despertaba ese tono serio con el que ya debía hablar siempre ahora que las dos ya eran adultas. Y es que Mina no cambiaba en nada y aún se comportaba con esa chispa casi adolescente y no le pesaba soltar sin filtros lo que pensaba, algo que Serena ya no podía hacer.
– Ya sé – atajó Mina – Seiya… ¿verdad? … Osh, no debí confiarle tu ubicación… ¿Te molestó? ¿Hizo o dijo algo malo?
– En realidad no – reconoció Serena.
– ¡Uf! Por un momento pensé que te incomodó su visita. Serena créeme que no son malos muchachos y especialmente Seiya sabe que se equivocaron, lamento mucho su comportamiento y ten por seguro que ya le reclamé por lo que te hicieron… ¡Ya sé! – continuó su amiga después de una pausa – Como castigo les reduciré sus días de descanso y aumentaré sus horas de ensayos.
Serena rió un poco al imaginarse la escena de Mina como una impositiva manager mientras los Three Lights le suplicaban por un descanso.
– No es necesario – dijo y recordó la cachetada que le plantó a Seiya, quizá ya había sido suficiente castigo y, como decía Mina, no parecía un mal muchacho.
– Está bien… Entonces, ¿a qué se debe la llamada?
– Ah, yo quería saber… ¿por qué le dijiste que me buscara Mina?
– Yo no le dije ni le pedí que se disculpara. Nació de Seiya hacerlo y literalmente me suplicó porque le diera información para encontrarte – hizo una pausa – Honestamente me conmovió su insistencia, creo que tienes muy impresionado a ese chico tan guapo.
Serena conocía muy bien a Mina y sabía que a qué se refería con el tono que usó en la última frase y sólo considerarlo era una completa tontería.
– Mina – dijo entre dientes.
– Ya sé, ya sé… sólo bromeaba; pero no me negarás que es guapísimo.
Y de nuevo recordó aquellos días de escuela, incluso antes de conocer a Darien, cuando ella y Mina se la pasaban comentando de los chicos atractivos de la farándula, de lo increíble que sería conocer a alguno e incluso soñando despiertas sobre cuáles eran sus novios.
– Sólo un poco – le respondió y miró de nuevo las rosas– Como sea, gracias Mina.
– No es nada. Sabes que me… nos – corrigió inmediatamente – preocupas y queremos que estés bien.
Colgaron dejando implícito que no había problemas entre ellas y ni siquiera tenía problemas con Rei, la quería y sabía que de alguna manera ella se preocupaba. Quizá después también hablarían.
A final de cuentas, no quería marcharse de Japón dejando malos términos con sus amigas y es que quién sabe cuándo volvería a verlas.
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Desde que colgó con su amiga no quitó la sonrisa. Adoraba a su Serena como la hermanita que siempre quiso tener y quería lo mejor para ella.
Claro que desde que Serena conoció a Darien se alegró de que ella viviera un sueño (y por qué no llamarlo también fantasía) de estar con un muchacho guapo y más grande que ellas.
Aunque para Mina, ese cuento de hadas se fue convirtiendo en un cuento de terror conforme el príncipe se convertía en un ogro que mantenía cautiva a su princesa.
Y sabía que a todas les indignaba que Serena se alejara cada vez más de ellas y se dedicara a vivir por y para Darien Chiba, pero ella mantenía su teoría de que nunca sería tarde para hacerla reaccionar. Rei era muy radical y trató de hacerlo a su estilo muy personal, pero ella usaría sus propios medios.
A Mina no le pasó por alto que Seiya parecía perdido ese mismo día del accidente y cualquiera podría pensar que todo era por la culpa pero había que detenerse un momento a ver o más bien, escuchar.
Qué casualidad que casi al mismo tiempo Seiya escribiera una canción hablando de los flechazos fugaces y después le rogara saber más de ella.
Los Three Lights era increíblemente discretos con su vida personal y ella había aceptado no meterse en ello; realmente no sabía quiénes eran, qué los movía o inspiraba, si tenían a alguien especial en sus vidas, si tenían un pasado y qué deseaban a futuro; pero Seiya parecía un gran prospecto para que Serena notara que Darien no era el único hombre en el universo y que bien podría atraer al que deseara, porque ya no era la niña torpe de preparatoria que Darien Chiba encerró en su casa.
Y tal vez se estaba equivocando en sus suposiciones con Seiya y el chico sólo quería enmendar su error, o tal vez era esa clase "galancitos" de la farándula que tomaba ventaja para sólo divertirse un rato; como fuera el caso, Mina estaba decidida a ayudar a su amiga.
– Ay y qué suerte tiene – pensó en voz alta mientras se dirigía a su trabajo.
Y es que desde muy jovencita Serena no sólo había atraído a Darien Chiba y logró una relación estable, sino que todo parecía indicar que estaba llamando la atención de Seiya Kou.
Ella, por su parte, no lograba algo estable con los chicos que conocía y los que de verdad le gustaban, terminaban siendo unos idiotas.
– Señorita Mina – le hablaron y se encontró justamente con el ejemplo vivo de lo que estaba pensando.
– Señor Kunz, de nuevo por aquí – le saludó sabiendo qué era con lo que iba a insistir: el dichosos choque.
– Necesito hablar con usted de…
– Ya le dije que no sé nada del accidente; y ya es tema pasado ¿sí? Déjelo ir, supérelo.
Él apretó el puño – No, es muy importante saber más.
– ¿Y para qué? Si ni siquiera Serena y Darien van a vivir ya en Japón. ¿A quién le interesa lo que pasó ese día?
– A mí – y luego trató de tranquilizarse – Lo que necesito es que me ayude a entrar al estacionamiento de estos estudios de televisión y pueda revisar auto por auto.
– Usted ya perdió la noción de la realidad. Obviamente no – y trató de seguir su camino hacia la entrada de su trabajo pero él se interpuso.
– Por favor – por primera vez no usaba ese tono altivo y eso casi la desarma, sin contar que teniéndolo tan cerca podía percibir esa elegante loción que él usaba.
Cabeza fría, cabeza fría, cabeza fría.
– Disculpe señor Kunz pero no; mi amiga ya dio por cerrado el tema y yo la apoyo – se hizo a un lado y continuó su camino orgullosa de no ceder ante ese extraño encanto que encontraba en ese hombre.
– ¿También quiere que me hinque como ese cara de niño del otro día? – le soltó y ella se volvió hacia él – Ni crea que soy como esos jovencitos que deben estar detrás de usted: "Ay Mina, te adoro, eres la mejor" – agregó con un tono agudo.
Ella no pudo evitar reír – ¿Me ha estado espiando señor Kunz? Y peor aún – agregó acercándose lo suficiente como para ponerlo nervioso – ¿Está celoso?
Aquel gesto fue suficiente para que él se quedara sin palabras y Mina notó lo tenso que se ponía – No – dijo al fin – Sólo vine a pedirle su ayuda, pero la vi muy ocupada con ese cara de niño – y volvió esa actitud engreída – Y para que lo sepa, un hombre como yo jamás estaría celoso de un chiquillo como ese.
– Pues ni hincándose logrará sacarme algo y por favor ya deje de necear con ese tema, ya sabe lo que dice el dicho: no busque tres pies ni al rato.
Él pensó por un momento y eso le dio oportunidad a ella de escabullirse – ¡Así no dice el dicho! – lo escuchó gritar.
Ella volvió a reír. Ese hombre le encantaba y lo encontraba seductoramente serio, pero esa terquedad con el asunto del choque no le terminaba de cuadrar, además era cercano a Darien y eso no podía ser algo bueno.
Lástima.
o-o-o-o-o-o-o-o
Estaba nerviosa como nunca antes y no porque fuera una sensación abrumadora, sino porque era un sentimiento nuevo, emocionante.
Michiru Kaiou la había citado para empezar a hablar de los pormenores de lo que denominaba "su trabajo". Qué increíble se escuchaba pensar que tenía un trabajo, su primer trabajo en sus 20 años de vida y más que fuera de algo que le gustaba tanto hacer.
Llegó al restaurante acompañada de su carpeta con algunas obras que había seleccionado para mostrárselas. Sería la primera vez que un ojo experto viera su trabajo y Serena estaba muy ansiosa por saber lo que opinaría.
Inmediatamente le indicaron que la señorita Kaiou estaba esperándola y la guiaron por el elegante lugar hacia unas mesas que estaban afuera y donde Michiru y Haruka terminaban de almorzar.
– Lo siento mucho Serena – se disculpó Michiru luego de saludarse – Decidimos adelantarnos y comer algo porque Haruka lleva algo de prisa, pero adelante, ordena lo que desees.
– No gracias – sonrió, aunque le daba pena pedir algo y comer sola mientras ellas sólo observaban, quizá se esperaría hasta llegar a casa y ver si aún tenía algo.
Sin mucho más protocolo, Michiru le pidió su carpeta y comenzó a revisar cada dibujo que había llevado, deteniéndose en cada uno para observarlo con calma.
– Serena, ¿no has tenido una preparación formal? – le preguntó sin quitar la vista del material mientras los revisaba una segunda vez.
– Estuve en el club de arte en la preparatoria y todo lo demás ha sido práctica, casi diario, no hago otra cosa.
– O sea que estás todo el día en tu casa sólo pintando – intervino Haruka.
La rubia sólo asintió y ellas se miraron – Bueno Serena – continuó Michiru – como te lo dije la otra vez, tu trabajo es bueno y tienes mucho potencial. De verdad, si quisieras, podría recomendarte en una buena escuela en Nueva York… o aquí en Japón.
– Michiru es profesora en la Universidad Nacional de Bellas Artes – explicó Haruka – Es la más joven ahí pero es muy respetada.
La chica sintió vértigo en el estómago, era una gran oportunidad, incluso única en la vida; no obstante, había un enorme "pero" – Muchas gracias, pero me iré pronto con Darien a Nueva York.
– Tengo varios conocidos allá, bien podría hablar con alguien.
Ese no es precisamente el tema.
– Bueno, es que Darien quiere que nos casemos y que tengamos una hija mientras vivimos allá – confesó sin poder encontrar más pretextos.
– ¿De qué hablas preciosa? – se interesó Haruka.
– Bueno, llevamos varios años juntos y vivimos bajo el mismo techo desde hace casi 3 años.
– No preciosa, me refiero a que si quieres o él quiere tener hijos – insistió Haruka.
Ella se quedó callada y sus nuevas amigas cruzaron miradas de nuevo.
– Nosotras lo hemos pensado bastante y nos encantaría – dijo al fin Michiru – pero vemos a Setsuna y Hotaru y creemos que aún no estamos listas. Si ya has tomado una decisión, me parece muy respetable y admirable, es un gran compromiso. Eso sí, que decidas tener hijos no significa que no puedas hacer nada más.
Ella tragó saliva. No sabía que más decir. Darien había tomado la decisión y e incluso, antes de partir, ya se habían puesto a "trabajar" en ello. Se imaginaba que, en poco tiempo y en cuanto ya estuviera en Estados Unidos con él, continuarían buscando ser padres.
Serena reconocía que extrañaba estar de esa manera con Darien, pero también reconocía que compartir intimidad con él pensando en que era para engendrar una hija no le permitía disfrutar el momento e incluso no le parecía una idea muy romántica a la hora de hacer el amor.
Estuvo a punto de reprenderse a sí misma por pensar así de Darien y su vida íntima cuando de pronto escuchó una voz detrás de ella.
– Hola Bombón.
Ay no. Otra vez él.
Haruka fue la primera en responder – ¿Cómo le dijiste?
– Haruka – la reprendió Michiru – Hola Seiya, te estábamos esperando, toma asiento por favor.
El muchacho se sentó junto a la rubia. Enfundado con unas gafas oscuras, le sonrió – Me da mucho gusto volver a verte.
o-o-o-o-o-o-o-o
Hacía tiempo que no tenía ese humor. Desde el día que regresó de hablar con Bombón, se sentía muy animando, con energía y hasta inspirado.
Aquella tarde incluso olvidó que era su fin de semana libre y puso a sus hermanos a ensayar sus primeras canciones, las nuevas y hasta improvisaron un poco, lo que les dio material para próximas nuevas canciones.
Los siguientes días también siguió trabajando en la privacidad de su habitación, solo con su guitarra. Nuevas letras, explorando nuevos ritmos y sin quitar una sonrisa al pensar en que podría seguir viendo a Bombón.
Desconocía que era pintora, pero Michiru le había asegurado que ella tenía el talento y la capacidad que ellos buscaban para su disco. Él aún no había visto nada de su trabajo, pero imaginaba que una chica con ese brillo tan especial sólo podría plasmar algo bello en sus obras.
Y ese día sería muy especial, Michiru le dijo que concretó una reunión entre los Three Lights y Serena para hablar sobre el tema del disco; sin embargo, sus hermanos no se mostraron tan animados en acompañarlo y él no quiso insistir. Si bien se moría de ganas de presentarles a Bombón, le agradaba la idea de estarla observando sin que sus hermanos notaran que algo estaba pasando.
Aunque nunca habían hablado abiertamente del tema, sabía que Yaten y Taiki se preocuparían mucho si lo vuelven a ver tan ilusionado por alguien. Y es que ya había sufrido en el pasado.
Aún no sabía qué tan dispuesto estaba a dejarse llevar; por eso y por ahora, sólo quería disfrutar el momento, la inspiración, la energía, todo lo que le estaba dando el sólo saber de la existencia de Bombón.
Y ahí estaba ella de nuevo, sentada platicando con Michiru Kaiou y su pareja. Seiya se alegró mucho de verla ya sin ese collarín, no sólo porque se veía más linda, sino porque demostraba que ya estaba mejor.
Se sentó y le dijo lo contento que estaba de verla. Entonces la acompañante de Michiru interrumpió – Bueno, esto es una comida de negocios ¿no?
– Sí y creo que está de más que los presente – tomó la palabra Michiru – Seiya, Serena es una gran artista y, aunque no es profesional, creo que te interesará su trabajo.
Le entregó una carpeta y el se perdió un momento observando cada imagen que veía. Le encantaba ver esos paisajes nocturnos en los que las estrellas brillaban con intensidad, aunque también notaba que Bombón destacaba mucho a la luna, algo que le quedaba bastante bien.
– ¡Perfecto! – sólo pudo decir.
– Muy bien. Ustedes pueden intercambiar ideas sobre lo que esperan para el disco y con mucho gusto asesoraré a Serena en todo lo que necesite – miró su reloj – Haruka, se te hará tarde; vamos.
Se puso de pie y tiró del brazo de su compañera. Seiya se puso de pie pero ella dijo – No se molesten, pueden quedarse hablando de esto y pidan lo que deseen, el restaurante es de mi familia y dejaré instrucciones para que no paguen una sola moneda.
– Pero… – trató de decir Serena.
– No te preocupes Serena, yo estaré muy al pendiente de lo que necesites… Anda Haruka – tiró de nuevo del brazo de su pareja, quien antes de irse se acercó a Serena.
– Ten cuidado preciosa o el lobo te comerá – y luego miró con desdén a Seiya.
¿Y a ese qué le pasa?
El muchacho se quedó viendo cómo se marchaban del lugar mientras Michiru tiraba del brazo a Haruka y ésta le pedía que no sólo la tratara bien cuando están asolas.
Y de pronto cayó en la cuenta de que lo habían dejado con Bombón. La miró y ella volteaba hacia otro lado, tratando de ocultar el sonrojo que se estaba dibujado en su rostro.
Se ve preciosa – sonrió pero borró ese gesto en cuanto una duda lo asaltó – Me pregunto si podría volver a enamorarme de una mujer.
Continuará…
Hola de nuevo. Espero que estén más tranquilos mientras leen estas líneas y que al mismo tiempo no sientan que le bajé brutalmente a la intensidad en este capítulo. Hubo muchas cosas que les solté en el anterior pero si se observa con más detenimiento, aquí también encontramos cosas interesantes.
Pero vámonos por partes. Mina siempre ha sido mi favorita en el fandom de Sailor Moon y definitivamente no le voy a fallar en este fic y menos cuando anda bien trucha ayudando a su amiga, empujándola a lo que cree mejor para ella. Y no es la única.
Por otro lado, nuestros muchachos también andan muy activos y los que ya están vueltos de cabeza por las amigas de nuestra protagonista, están que me matan del fangirleo. Lo confieso, estoy disfrutando mucho darles una vida amorosa a las Scouts que ni en anime ni en manga se les hizo justicia, y desde que me enteré que tenían una subtrama con estos jóvenes en el manga, la cual se planteó pero no se desarrolló, me traumé y supe que era la ventana de oportunidad de hacer justicia para ellas. ¡Justicia fanficker! ¡Sí!
Y hablando de justicia, ahí anda Serena que le urge una limpia contra la toxicidad; no es sencillo pero le ando mandando ayuda. Eso sí, no es la única que necesita un respiro para revalorar varias cosas, Seiya también tiene ahí unos temas pendientes. En conclusión, aún tengo mucho trabajo por hacer.
Como podrán sospechar, mis musas andan muy trabajadoras con esta historia y espero que estén disfrutando cada locura que se les ocurre. Muchas gracias por su tiempo de lectura, espero leerlos muy pronto.
PD. Este capítulo llegó hasta ustedes gracias al invaluable apoyo de SS Unión Fanfickera y como un auto-regalo por mis 13 años fanfickeando por la vida n.n
