Tengan, lo hice con mucho cariño para que fangirleemos todos juntos.
VIII – Juego peligroso
Miraba a otro lado lo más discreta posible, se preguntaba si en un lugar como ese (que pertenecía a la familia Kaiou) habría conocidos de Darien y, si la reconocerían de la fiesta en la que anunciaron su nombramiento, qué dirían de verla ahí con un muchacho.
– Tranquila – dijo él como si supiera que algo le preocupaba – Es sólo una reunión de negocios.
Ella lo miró y trató de relajarse. Sí, estaban ahí para trabajar; nada más. No había nada de malo en eso ¿cierto?
– Pero primero, vamos a comer algo; muero de hambre – habló con un tono más despreocupado. Alzó la mano para que el mesero se acercara y comenzó a pedir comida como si no hubiera mañana.
Serena pensó que era un aprovechado por abusar de la hospitalidad de Michiru Kaiou; sin embargo, cada cosa que mencionaba él hacía que su estómago despertara, incluso se expresó con un gruñido de hambre en cuanto el mesero le preguntó si deseaba algo. Ella se limitó a pedir una ensalada que se veía bastante bien aunque un poco minimalista.
– Bombón, deberías comer bien, si no eres un conejo – se burló él en cuanto la chica recibió su comida, mientras él ya empezaba a comer una pasta que se veía más que apetecible.
– No seas grosero conmigo. Además estamos en un lugar público y muy refinado, no es propio que una chica como yo coma de otra manera – dijo. Y es que en las ocasiones que salía a cenar con Darien, trataba de comportarse lo mejor posible. Ya era una costumbre.
Seiya miró alrededor – No creo que a estas personas les importe mucho lo que comes o cómo lo haces… Y si es así, qué lástima por ellos que no tienen algo mejor que hacer.
Él continuó degustando y a Serena se le escapó una pequeña risa al imaginar que Seiya tenía un agujero negro en el estómago al comer así. Aunque ella reconocía que cuando era una adolescente, también comía sin remordimientos, incluso Rei se burlaba de ella diciendo que tenía una pierna hueca para comer de esa manera.
Pero esos eran otros tiempos.
Y a pesar de que todo lo que había en la mesa le estimulaba el hambre, la chica se sintió orgullosa de no ceder ante el antojo y mantener sus modales intactos.
Sin embargo, el mesero nuevamente se acercó a ellos para ofrecer un postre. ¡Un postre! su gran debilidad desde que era una niña. Y entonces Seiya pareció notar que ella dudaba en pedir algo o no, así que se tomó el atrevimiento de pedir dos rebanadas de dos pasteles diferentes, uno para cada uno.
– No es bueno que te quedes con las ganas de algo – le dijo en cuanto llegaron ambas porciones de postre – Tu cara no miente y no puedes decirle que no a alguno de estos dos deliciosos pasteles.
– Bueno… – ella pareció dudarlo y es que Seiya estaba poniendo ante ella toda una tentación. Los dos postres se veían deliciosos: uno de chocolate y otro de fresas – Tal vez podría… – y dudó un poco – Pero tú decide, yo me quedaré con el que no quieras.
– ¿Sabes lo mal que se escucha que prefieras lo que otros no quieren en lugar de que tomes lo que deseas?… Pues te quedarás sin postre, quiero los dos.
Y antes de que él procediera a apartarle ambos platos ella no pudo evitar casi gritar – ¡No!… – inmediatamente se avergonzó de su comportamiento – Es decir, no deberías comer tanto, así ya no le vas a gustar a las mujeres – declaró y con destreza tomó el pastel de chocolate, siempre fue su favorito.
– ¿A las mujeres? – preguntó mientras ella ya iba casi por la mitad de su rebanada.
– Quise decir a tus admiradoras… ya sabes.
Él comenzó a degustar su pastel y en un tono serio dijo – Sé que sin ellas no podría ser artista y me gusta que sigan mi música, pero no canto para ellas. A mí no me interesan todas las mujeres.
Entonces la curiosidad llenó a Serena y olvidó por completo la propiedad con la que debía manejarse y preguntó – ¿Ah no?
Seiya hizo una pausa mientras se terminaba su postre – Sólo canto para una… o al menos así lo creía.
La miró y se quitó sus lentes oscuros para fijar sus ojos azules en los de ella – Bombón, hay algo que me gustaría preguntarte – ella se puso nerviosa.
– Disculpen – interrumpió una jovencita – Eres Seiya Kou ¿verdad? – él asintió – Lo presentía, pero hasta que te quitaste los lentes, lo confirmé… ¿Me podrías regalar tu autógrafo?
– Claro.
La chica, que parecía de apenas unos 12 ó 13 años, sacó un papel y bolígrafo. Seiya escribía una dedicatoria luego de preguntarle su nombre y ponía su firma, la cual estaba adornada con una estrella.
Serena sonrió. Era agradable saber lo consciente que estaba de que se debía a su público. Ella también fue una chiquilla que admiraba a los artistas de moda y sabía lo feliz que estaba haciendo a esa niña con dedicarle un poco de su tiempo.
– ¿Sería demasiado una foto contigo? – preguntó la chica con cierta timidez.
– No, adelante – respondió y la chica sacó su teléfono para tomar ella misma la imagen.
– Espera, yo la tomo – se ofreció Serena y la chica asintió sonriendo, así saldría mejor la toma. Pero antes de acomodarse, notó que Seiya tenía una pequeña mancha en la comisura de sus labios, alguna evidencia del festín que había degustado.
Y como un reflejo, tomó una servilleta, estiró su brazo y lo limpió – Listo, así te verás mejor.
– Gracias – le sonrió y conservó esa expresión para la fotografía con su joven admiradora.
Mina tiene razón, no es un mal muchacho.
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No podía negarlo, le gustó el momento. Después de esa niña, otras tres se acercaron a él para también pedirle un autógrafo y una foto.
A diferencia de Yaten y Taiki, a quienes él convenció de esa locura de formar el grupo, Seiya se consideraba más paciente con las admiradoras y hasta le agradaba verlas contentas. Al final, ellas le estaban ayudando indirectamente a cumplir su objetivo con todo eso de los Three Lights, sin ellas sería imposible lograrlo.
Eso sí. Lamentaba que interrumpieran su charla con Bombón. Él estaba a punto de preguntarle si había alguien especial en su vida y, si la respuesta era negativa, sabía que era otra de esas señales del destino que le indicaban que podría intentar algo.
¿Estaré listo?
Seiya sabía que pasó demasiado tiempo sufriendo por un sentimiento prácticamente prohibido y no correspondido. Y aunque ese sentimiento lo había motivado a escribir sus primeras canciones, que se habían vuelto un fenómeno en internet, el desenlace de toda esa situación aún era una herida muy fresca en su corazón.
Sin embargo, el destino parecía empeñarse en cruzar su camino con Bombón, situación que no le desagradaba. Ella tenía ese brillo especial, muy parecido al de la mujer que lo inspiró en aquellos días en los que no pensaba en convertirse en famoso y que sólo era un muchachito normal que encontraba en la música su lenguaje para profesar ese amor que lo llenaba.
Su vieja guitarra había sido su cómplice para plasmar todo aquello y ahora volvía a vibrar con ella cada vez que pensaba en Bombón. Tenía miedo, pero no podía ignorar las señales que el destino le enviaba.
Además, Bombón era realmente hermosa, era una gran artista y él quería saber más y más de ella.
– Bien, creo que será mejor movernos a otro lugar para charlar sobre el disco – dijo cuando terminó de atender a la última admiradora.
Serena asintió y él tomó su carpeta de trabajos. No olvidaba cuál era el objetivo de esa reunión: platicar con ella sobre lo que buscaba de su disco.
Agradecieron por todo y salieron de ahí. Era un día agradable y se dedicaron a caminar sin un rumbo fijo. Seiya le comentó que le había gustado mucho su trabajo, especialmente porque era muy similar a lo que él buscaba.
Le dijo que quería un paisaje que combinara una playa nocturna en la que el cielo estrellado destacara. Serena le preguntó por qué no quería que ellos aparecieran en la portada y él dijo que no quería vender sólo su imagen, sino su música y su concepto.
Sin embargo, Serena insistió en que debían darse un lugar en la portada de su propio disco, quizá sólo como una alusión y sugirió agregar algo que representara su esencia.
– Tu guitarra, tal vez – dijo la chica mientras caminaban por un parque.
A él le encantó la idea y bien podría agregar los instrumentos de sus hermanos.
– Y no puede faltar una brillante luna – comentó ella ya muy emocionada.
– Te gusta mucho ¿verdad?
Ella sonrió – Sí, casi siempre está en mis pinturas. No sé, es algo que me gusta desde siempre. Cuando era muy pequeña, mi mamá me contaba historias de una Princesa que vivía en la luna, observando a la Tierra y esperando ser amada como la gente que vive aquí.
– Pues yo sólo veo un conejo preparando pastel de arroz.
– ¡No te burles!
– No es burla – se detuvo y la miró serio – Sólo que imaginarme a una mujer allá, tan sola; me parece algo triste.
– Obviamente está esperando a su príncipe – le refutó y se sintió como si fuera una niña defendiendo su cuento de hadas ante otro niño.
– ¿Y crees que lo encuentre sólo observando a los demás? ¿Por qué no sale a buscarlo ella?
– Ay no digas tonterías, es sólo un cuento.
– Pues yo espero que lo haga… – hizo una pausa y agregó – Por cierto Bombón, hace rato quería preguntarte algo.
Volteó alrededor para asegurarse que nadie lo interrumpiera esta vez; pero al tenerlo tan cerca y verlo de perfil, Serena notó que tenía unos aretes de luna.
– ¡Wow! – dijo ella casi haciéndolo brincar – Me encantan – agregó tocando su oreja, lo que le erizó la piel.
– Ah, los tengo desde que me perforé – comentó pensando si sería otra señal del destino que hubiera elegido esos aretes en aquella ocasión que se sintió como un muchachito rebelde al hacerse esos orificios.
Y ahora le llamaban tanto la atención a Bombón que era la primera vez que ella se acercaba tanto a él que podía percibir su cálido aliento y el olor de su cabello. Seiya no sabía si la chica se daba cuenta de cómo ese contacto tan sutil le había puesto todo el cuerpo con piel de gallina.
– Necesito ir al baño – se le salió de pronto decir.
– Eso te pasa por comer tanto – lo reprendió – Ay, yo sé de un lugar cercano al que podemos ir. Anda.
Y empezó a caminar, llamándolo a que la siguiera. Desde luego, él estaba dispuesto a seguirla hasta donde ella quisiera.
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Se mordió el labio por enésima vez en esos días. Incluso pensaba que ya se le estaba empezando a notar una marca de tanto que mostraba ese mal hábito que tenía.
Pero es que ya llevaba días que una corriente de emociones la arrastraba de un lado a otro y ahora estaba en el estado de ansiedad. Lita había pasado por tantos estados de ánimo que sentía que se volvería loca: shock, nerviosismo, vergüenza, ilusión… pero ahora estaba ansiosa porque no sabía ya nada de él.
La castaña ya sentía una nueva emoción venir: el miedo. Qué tal si por no reaccionar a tiempo, Neflyte pensaba que ella no estaba interesada en él.
Y sí, eso le daba mucho miedo porque no quería perderlo y menos sabiendo que él estaba enamorado de ella.
Enamorado. Qué increíble sonaba, era la primera vez que un muchacho se lo decía y sólo de pensarlo, ella sentía vértigo en su estómago. Neflyte le había atraído prácticamente desde la primera vez que lo vio desde la ventana de su departamento aquella tarde que fue a dejar a Serena; pero había tratado (en vano) de ignorar esa atracción porque siempre se terminaba equivocando.
Desde que era una adolescente, se ilusionaba muy rápido con los chicos que conocía porque en todos veía a su primer "amor"; un muchachito de su escuela del que creía estar enamorada y que le rompió el corazón cuando le presentó a su novia.
Pero había algo especial en Neflyte que ella se esforzó por ignorar. No veía en él a ese chico del que creía estar enamorada, ni a ninguno otro. Le gustaba por quien era y lo mejor de todo era que no sólo le atraía su físico (que para ella era un sueño) sino que se la pasaba tan bien a su lado y también lo consideraba un buen hombre.
Y ahora lo extrañaba mucho y tenía miedo de que él ya no quisiera buscarla por ser una inmadura que no supo valorar su declaración o quizás porque se negara a intentar algo sólo por sus diferentes opiniones sobre Darien Chiba.
No obstante, esa tarde, mientras regresaba a casa, una gran sorpresa estaba esperándola. Casi como una respuesta a su anhelo de volverlo a ver, Neflyte estaba afuera de su edificio, aparentemente esperándola.
– Hola – la saludó.
Y de nuevo ella se sintió bloqueada sólo con su presencia, pero tomó todas las fuerzas que pudo para responderle – Hola.
Hubo un silencio entre ambos – Perdón – dijo él al fin – Vine a verte sin previo aviso.
– No, lamento que tuvieras que esperar aquí afuera. No imaginé que… – no sabía bien qué decirle – Pensé que estarías con Serena, ¿u ocurre algo con ella?
– La verdad es que ya no trabajo para ellos.
– ¿Qué?
Él bajó la cabeza – He reflexionado mucho lo que me dijiste sobre ellos y renuncié.
Por instinto se acercó a él. Sabía que no era una decisión sencilla, Neflyte no había ocultado su admiración por Darien y también le había hablado de lo mucho que le alegraba trabajar con sus amigos; eso agregando que, como todo el mundo, no trabajaba por gusto y más considerando que se vio ajustado de dinero al reparar el auto de su jefe.
De hecho por eso ella lo había ayudado, al menos con compartirle comida y ahora tampoco quería dejarlo solo; si él así se lo permitía, claro.
Lo tomó de la mano – Ven, vamos a platicar – y sin soltarse, entraron al edificio y se dirigieron a su departamento.
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Llevaba días dándole vueltas al asunto. Luchando contra su timidez y por fin asumir su declaración. No le era tan fácil porque temía el rechazo de la mujer que lo tenía enamorado como nunca imaginó posible.
Zoycite y Jedite le insistieron en que fuera a buscar a Lita. El ojiverde le recomendó ir por todo y con todo, que la impresionara con enorme ramo de flores y le pidiera ser novios. El más joven de sus amigos, por su parte, le sugirió no ser tan directo ya que quizá eso la vuelva a dejar muda.
– Conociéndote – le dijo Jedite aquella noche en el bar – esa chica es igual de tímida que tú; pobre, seguro la dejaste en estado de shock con tu declaración.
El rubio le dijo que la buscara y midiera terreno con ella, si Lita de verdad se interesaba, las cosas fluirían solas y encontraría el momento perfecto para preguntarle lo que pensaba de su declaración. Y era una suerte que las cosas así se estuvieran dando.
Ella lo guiaba a su departamento y por el momento sólo era consciente de ese contacto entre sus manos. Llevaba días imaginando cómo sería tocar su piel y estaba más que complacido al descubrir que era tan suave.
Entraron y tomaron asiento en el pequeño sofá del departamento y hasta ese momento sus separaron sus manos.
– ¿Te ofrezco algo de beber?
– No, gracias. Estoy bien – sabía que ella quería platicar con él no porque fuera chismosa y le urgiera saber las circunstancias de su renuncia; sino porque desde el día en que se conocieron ella demostró preocuparse por él y ayudarlo en lo que pudiera de una manera totalmente desinteresada.
Amaba eso de Lita.
– Pensé mucho en lo que me dijiste sobre la señorita Serena y creo que tienes razón, ella parece muy agobiada por mi constante presencia.
– No lo hice para hacerte sentir mal.
– Lo sé y entiendo el punto, necesita su espacio pero creo que Darien no lo vería así; por eso decidí renunciar, no quisiera tener una discusión con él sobre nuestras diferencias respecto a lo que es proteger a una mujer.
Se puso rojo y empezó a latirle fuerte el corazón al recordar lo que le dijo a Lita antes de su declaración. Y claro que él protegería con todo su ser a Lita, porque la amaba, pero no hasta llegar al límite de incomodarla y mucho menos dejaría a otro para cumplir ese rol.
Ahí estaba la diferencia.
Entonces Lita colocó su mano sobre una de las suyas – Gracias Neflyte, significa mucho para mí, Serena es una amiga muy querida y me preocupa que esté bien.
Ese tacto le dio el valor para volver al tema que había pendiente entre ellos – Lo sé – colocó su otra mano sobre la que ella mantenía en la suya – Es algo muy tuyo y… – tragó saliva – es algo que me gusta mucho de ti.
Ella se puso roja y él intentó (como le sugirió Jedite) no ser tan directo y más bien seguir tentando terreno.
Lita, por su parte, se esforzó guardar la calma y por fin hablar con él de cómo le hacía sentir – Gracias por ayudarla así, incluso a costa de tu trabajo… Te prometo que estaré contigo y te ayudaré en todo lo que necesites mientras encuentras un nuevo empleo.
– Es muy agradable saber que cuento contigo – le sonrió – Eso me da fuerzas.
Sus castaños ojos fijos en ella le dieron la señal de que su declaración había sido sincera y que seguía en pie.
Sin embargo, no encontró las palabras para decirle que ella también se había enamorado de él y lo único que pudo hacer fue acercarse más, hasta que no quedó espacio entre sus rostros. Cerró los ojos y dejó que sus labios le dieran a Neflyte la respuesta que no había podido darle.
Él apartó la mano que sostenía la suya y acarició suavemente su mejilla mientras se besaban – Perdóname – pronunció el muchacho a milímetros de su boca.
– ¿Por qué? – preguntó, aunque sabía que no era algo malo porque él le dio un fugaz beso y después hizo un movimiento cariñoso jugueteando con su nariz.
– Porque la otra noche te solté de la nada lo que siento por ti – se separó un poco se ella – Soy muy tonto para estas cosas.
– No, yo fui una tonta al no responderte que… También me enamoré de ti – le confesó por fin.
Sus palabras entraron por sus oídos y estallaron en su corazón. ¡Era increíble! Neflyte no pudo con la emoción y la volvió a besar – Gracias Lita – dijo en cuanto se separó de ella – No sabes lo feliz que me haces.
Ella le sonrió – Me gustaría que fueras mi novia – luego hizo una pausa, arrepentido de volver a dejar que su bocota actuara impulsivamente – Perdón, no quisiera llevar las cosas tan rápido, es que…
– También me gustaría – lo interrumpió ella – Quiero ser tu novia.
Ella, que siempre se ilusionaba tan rápido con los chicos, se sentía tranquila al saber que en esta relación naciente, no era la única que le gustaba llevar las cosas muy en serio.
La volvió a besar, no se cansaba de hacerlo y quería seguir haciéndolo todos los días por el resto de su vida.
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Conocía los alrededores tan bien que no le costó nada de trabajo dar con el lugar. Finalmente, pasó gran parte de su adolescencia ahí, acompañada de sus amigas.
Seiya le había dicho que quería pasar al sanitario y lo único que se le ocurrió fue ir a los videojuegos Crown. Aunque durante todo el camino estuvo diciéndole que no debió comer tanto y que hubiera pasado antes de que salieran del restaurante, en cuanto entraron ella se quedó callada al notar que el lugar no había cambiado mucho desde sus días de escuela.
Seiya discretamente fue a ese lugar que le urgía ir y ella se quedó por un momento observando todo. Recordando cómo pasaba casi todas las tardes ahí. Se divertía tanto jugando videojuegos y se preguntaba si aún tendría algo de habilidad.
Se aproximó poco a poco a una de sus favoritas, un juego de carreras que incluía un asiento y volante como si se tratara de un auto de carreras real.
– ¡Serena! – le habló de pronto una voz a sus espaldas. El inconfundible tono alegre de Andrew.
La chica se volvió hacia él y le sorprendió que no había cambiado mucho. Era su amigo tal y como lo recordaba, incluso era tal y como le había gustado hacía mucho tiempo. Y es que no negaba que Andrew había sido su primer amor platónico que rápidamente se convirtió en sólo un gran amigo, ya que él les había presentado a su novia Reika, de la que se le veía muy enamorado.
Desde entonces se había convertido en ese gran amigo, casi como un hermano mayor, para ella y sus amigas. Y cómo olvidar que gracias a él había conocido a Darien, quien en ese entonces era su amigo y compañero de la universidad. Si bien el propio Andrew había fungido como un celestino entre los dos, con el tiempo ella se fue alejando poco a poco de Crown y de él, hasta que ya viviendo con Darien, dejó de ir al lugar y saber de su amigo.
Era natural. Ella ya debía comportarse como una adulta y no perder el tiempo en los videojuegos; además, se vería muy mal si seguía frecuentando a un amigo (varón) cuando ella estaba muy comprometida con su relación.
Y Darien, quizás al igual que ella y sus amigas, se separó de su buen amigo Andrew para dedicarle a ella todo su tiempo libre. Era algo normal en las relaciones adultas y tan formales como la de ellos ¿cierto?
– Qué gusto verte – y sin poder contener la emoción de ver a su vieja amiga la abrazó.
– Andrew no imaginé que seguirías por aquí – confesó honesta, pues sabía que sólo era un empleo de medio tiempo que le ayudaba a pagar sus estudios.
– Bueno, no todos tenemos la misma suerte de Darien para ser jefe de su propio equipo en un gran corporativo. El dueño de Crown se retiró hace un par de años y me lo vendió – dijo con una sonrisa – Pero pensé que lo sabías.
Ella ladeó un poco la cabeza sin comprender – Se lo comenté a Darien en su momento, incluso le pedí un consejo sobre si sería un buen negocio – hizo una pausa e hizo un gesto como si estuviera pensando – De hecho, me comentó que se irían a Estados Unidos, pensé que te habías marchado con él.
Serena no entendía, Andrew parecía muy bien informado de lo que pasaba en su vida, mientras en los últimos años ella pensaba que el rubio se había convertido en esos amigos que con el paso del tiempo se van distanciando porque sus caminos se separan.
– Me iré en poco tiempo con él – respondió por reflejo, pero la curiosidad la empezó a asaltar – ¿Y cuándo fue la última que platicaste con Darien?
– No sé, el mes pasado… Como siempre, comemos una vez al mes para charlar.
¿Qué?
De pronto miró su reloj – Lo siento Serena, tengo que irme, Reika y yo estamos muy ocupados con los preparativos.
– ¿Preparativos? – preguntó.
– Sí, nuestra boda será en unos meses pero planearla es una actividad muy demandante. Darien me comentó que no podrían asistir, es una lástima… Y menos con lo de su viaje. En fin, qué bueno que pude verte antes de que te fueras y no me tuviera que conformar sólo con mandarte saludos con él.
La abrazó una vez más y se marchó recordándole que Crown era como su casa y se divirtiera mucho ahí.
Serena se quedó ahí parada sin entender nada de lo que sucedía. ¿Darien sí se seguía viendo con Andrew? ¿Por qué nunca se lo contó? A ella le hubiera gustado saber de un amigo tan querido como él y felicitarlo por su boda. Pero Darien, ni siquiera le hacía llegar sus saludos.
Y peor aún, qué injusto sonaba todo eso. Más allá de que se viera mal que siguiera frecuentando a un amigo varón, Serena pensaba que Darien también se había distanciado de Andrew como ella con sus amigas. Pero no, ¿por qué había hecho algo así?
Darien por fin logró apartarte de todo y de todos – repitió su cabeza la frase que Rei le había dicho la otra noche.
– Él no es así – habló pensando en voz alta.
– ¿De qué hablas Bombón?
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Obviamente no era un niño pequeño que no sabía aguantarse las ganas de ir al baño, pero la cercanía de Serena lo puso nervioso y necesitaba, al menos echarse agua en la cara.
Se sintió como un novato al tenerla tan cerca y bloquearse por completo, no poder preguntarle si habría una oportunidad para conocerla más a fondo.
Al final, ella lo guió a un lugar bastante espectacular. En su tierra natal no había sitios de videojuegos tan grandes, y ahora le emocionaba mucho conocer un sitio así, porque siempre le gustaron pero no tuvo una infancia con los suficientes recursos para darse ese gusto frecuentemente.
Por otro lado, Seiya reconocía que no se acostumbraba a la vida en la gran ciudad y extrañaba la tranquilidad de su viejo hogar. Realmente no se había dado oportunidad de conocer Juuban pero si Bombón era su guía, seguro terminaría encontrándole encanto a la gran urbe.
Cuando regresó con ella, la notó con un semblante pensativo y se preguntó si algo la estaba molestando o incomodando. Si era así, él quería ayudarle a sentirse mejor.
Bombón dijo algo que él no alcanzó a escuchar y le preguntó de qué hablaba.
– Nada – dijo ella tratando de despejarse – ¿Ya estás mejor?
– Sí… Oye, ya que estamos aquí… ¿podríamos quedarnos un momento? – miró junto a la rubia y había una espectacular máquina que simulaba un auto de carreras; un aparato que sólo había visto en televisión – Mira, ésta se ve muy bien para que te demuestre mis talentos en los videojuegos.
Ella lo miró y rió, pero no por burlarse de comportarse como un niño – ¿Tus talentos? No creo que puedas derrotarme – lo desafío y se sentó tras uno de los dos volantes del aparato – Anda – lo llamó y sacó unas monedas para que los dos pudieran competir al mismo tiempo.
Jugaron una primera carrera y él ni siquiera pudo terminarla de tantos choques que daba. Ella, por su parte, demostró maestría y se rió muchísimo cuando la máquina lo descalificó porque había dejado su auto destrozado.
Y aunque ironizó con el hecho de que por eso él había provocado el accidente del otro día, Seiya se sentía contento de escucharla reír con una particular estridencia (aunque él fuera el blanco de sus burlas), y es que durante su almuerzo le dio la impresión de que Serena se preocupaba mucho por lo que los demás dijeran si no se comportaba como una dama.
Jugaron un par de carreras más sin resultados positivos para el muchacho pero con muchas risas para la rubia. Entonces, decidió desafiarla en otros juegos en los que la competencia fue un poco más pareja, aunque los dos terminaron adoloridos de las muñecas. La falta de práctica les estaba haciendo una mala pasada.
Pero en realidad a Seiya no le importaba mucho el resultado en los videojuegos, él sentía que era el gran ganador de la tarde, sólo por el privilegio de estar con ella y escucharla reír.
– Ya – dijo ella agitando sus manos de lo cansada que estaba.
– Está bien, pero lo dejamos como un empate.
Caminaron hacia la salida – ¿De qué hablas? Te gané más veces.
– No me lo pareció, pero cuando quieras podríamos volver, me gustó este lugar.
– Crown, es el mejor en su tipo en todo Juuban, y de hecho aquí conocí a Mina.
Se detuvo ya estando en la calle – Entonces es un lugar especial – le sonrió – Bombón, hay algo que quisiera preguntarte – ella asintió.
Sin embargo, la rubia se distrajo mirando hacia el otro lado de la calle. Había un cine con una publicidad que captó su atención, una película animada era reestrenada en una versión 3-D. Seiya conocía la película, la estrenaron cuando era niño y nunca la vio en el cine.
La rubia se quedó viendo y él se atrevió a preguntar – ¿Te gustaría verla?
Ella se puso roja – Mis papás me trajeron cuando era niña, es de mis favoritas.
– ¿Quieres que entremos? – se aventuró.
Ella pareció dudarlo un poco – ¿Tú viendo una película para niñas?
– Nunca la vi en el cine y no me importa si supuestamente es de "niñas", si quieres verla, yo encantado de acompañarte.
Serena se quedó callada y después de unos momentos habló – Ya es un poco tarde, quizá después… De hecho, tengo que irme.
– ¿Te llevo a tu casa?
– No, no te preocupes, está algo lejos.
Él reconocía que sí, era un viaje algo largo; pero esa no fue la razón para no insistir, en realidad, no quería agobiarla.
– De acuerdo pero te enviaré un mensaje para saber si llegaste bien.
Ella sonrió – Nunca los contesto, mis amigas siempre me reclaman eso.
– Entonces te llamaré, quisiera asegurarme de que estés bien.
Serena se sonrojó un poco – Gracias… Bueno, ya me voy. Te veré después Seiya, después de todo tengo que terminar el arte que necesitas.
– Sí y no creas que olvidaré nuestra revancha en Crown y que me gustaría acompañarte en el cine.
– Sí. Bueno, hasta luego Seiya – dijo y se fue por la calle.
Seiya la observó hasta que se perdió de vista. Ya no pudo preguntarle, pero si ella le estaba siguiendo el juego de esa manera significaba que no tenía a alguien en particular ¿cierto?
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Ya era muy tarde. Todos se habían ido de la oficina, pero él se había quedado con el pretexto de terminar unos pendientes que tenía.
Pero la verdad es que no podía concentrarse en nada. Su cabeza estaba llena de esa pequeña rubia que no mostraba ninguna pena de enfrentarlo y que cada cosa que decía no hacía más que alterarlo.
¿Acaso no era esa personalidad parte de lo que le obsesionaba de Mina? En un principio, Kunzite se recriminaba mucho por pensar en ella, porque siempre había sido muy leal a Darien, como su amigo y jefe, y respetaba que no mezclara su vida personal con la laboral; así que creía que entre sus cánones estaba el tener muy apartada a la señorita Tsukino (y todo lo que ella implicaba) de ese micro universo de la oficina.
Así que él creía incorrecto que ese micro universo laboral de Darien conviviera con el de su vida personal. Pero Zoycite y la propia Mina tenían un punto: en qué afectaría a Darien, si él ya estaba en el extranjero.
Aunque él aún dudaba sobre ese tema, suponiendo que asimilaba esa idea, había otro gran obstáculo.
Kunzite sabía que había empezado con el pie izquierdo al conocer a Mina en un pésimo contexto. Él estaba acostumbrado a cumplir con su deber y, bajo ese precepto, estaba seguro de que lo correcto era encontrar al responsable del accidente de la señorita Serena.
Se había encaprichado con eso, pero se había encaprichado más con la idea de que Mina sabía algo más sobre el tema. Tenía que ser, él quería que fuera así porque era el pretexto perfecto para seguir buscándola.
Kunzite odiaba toda esa situación, porque de alguna manera necesitaba seguir viéndola y escuchándola. Era una chica que lo tenía impactado con su seguridad, su honestidad y la lealtad a su amiga; pero se sentía incapaz de entablar una conversación con ella fuera de todo el asunto del choque.
Él había sido criado solo por su padre con mucha severidad y tuvo una infancia completamente ajena a una figura femenina y la calidez que naturalmente brindaba, por eso siempre se sentía incapaz de exteriorizar algún sentimiento (porque según su padre, esas cosas lo harían mostrarse vulnerable), y mucho menos sabía cómo acercarse a una mujer.
Lo poco que sabía de las mujeres lo había aprendido pagando ocasionalmente por su compañía y siempre estuvo conforme con eso. Sin embargo, la llegada de Mina había roto ese paradigma y ahora no sabía qué más hacer para acercarse a ella que no fuera ese estúpido asunto del choque.
Y había otro gran obstáculo que se le atravesaba. Ese niño que el otro día estaba con ella. Cómo le había hervido la sangre al verla tan cerca de otro.
Aunque le parecía natural, Mina era una chica con mucha energía y era realmente hermosa, incluso no le sorprendió que trabajara en televisión y se la imaginaba como una espectacular actriz o presentadora en algún programa; lo que fuera, seguro robaba la atención de todos. Y eso es lo que más le pesaba a Kunzite, que le parecía obvio que la chica tuviera decenas de hombres detrás de ella.
Necesitaba saberlo.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Jedite llegó a la oficina – Buenas noches ¿querías verme?
– Sí.
– Es raro que me cites tan tarde… De hecho, es raro que me cites – dijo el rubio tomando asiento – Siempre dices que sólo vengo a perder el tiempo y…
– Ahora necesito de tu ayuda– lo interrumpió muy serio.
Jedite ya lo veía venir. Sus amigos le habían advertido que Kunzite lo buscaría para tener al menos a uno de ellos "de su lado", aunque en realidad a él no le importaba estar de un lado o no. Y si bien consideraba a Darien como un buen amigo, no se sentía obligado a hacer cosas sólo por complacerlo.
– Sólo te aviso que no voy a reemplazar a Nef como niñero de la señorita Serena – le dijo – Ni siquiera sé manejar bien un auto, ¿recuerdas que deshice ya dos automóviles?
– Sé perfectamente que lo hiciste para fastidiar a tu padre. Pero no es eso precisamente lo que quiero, necesito que investigues unas cosas… relacionadas con ella, obviamente.
Jedite resopló – Ni siquiera he terminado con lo del nombre de quien alquiló el automóvil que la chocó y ya me estás pidiendo algo más.
– Necesito que sigas a la señorita Tsukino a todos lados – continuó – Quiero saber sobre lo que hace y con quién, especialmente si se ve con sus amigas.
– ¿Las chicas de Zoy y Nef?
Él carraspeó – Todas sus amigas, quisiera saber qué tipo de personas son y asegurarme de que la señorita Serena está bien con ellas sin que tengamos que estar todo el tiempo con ella.
– No soy espía.
Kunzite respiró profundamente – Es un favor que te pido como amigo.
– Está bien, pero no esperes un trabajo de excelencia.
– Gracias.
El rubio preguntó si eso era todo, ya se tenía que ir. Pero antes de salir, se volvió hacia su amigo – ¿Hay algo que te preocupe especialmente?
– ¿Qué?
– Últimamente estás más serio de lo normal y con esto de seguir a la señorita Serena. Siento que algo te está sucediendo ¿te puedo ayudar?
Kunzite lo pensó. Jedite era el más joven de ellos, siempre se la pasaba hablando y bromeando de todo y con todos; pero sabía que le gustaba escuchar a los demás y ayudar en lo que pudiera, además, si se trataba de un asunto serio, podría ser tan sobrio y terco como él.
No por nada Jedite había decidido desafiar a su padre y vivía casi en una guerra con su familia al no querer casarse con la chica que habían elegido para él.
Sin embargo, Kunzite no se sentía listo para hablar sobre Mina; no sin antes decidir si era o no correcto casi traicionar a Darien al mezclar las cosas y, sobre todo, sin saber si la rubia estaba disponible.
– Sólo ayúdame con esto. Por favor.
El rubio asintió y salió de ahí.
Kunzite se reclinó en su silla. Le interesaba mucho estar seguro de que Serena Tsukino estaría bien sin ellos, saber si Zoycite y Neflyte tenían razón sobre lo que decían; sin embargo, no negaba que le importaba mucho más que en ese proceso Jedite lograra obtener una información adicional sobre Mina, lo que fuera; y así, ser tan resuelto como en su trabajo y, por primera vez, hablarle a una chica sobre lo loco que lo estaba volviendo (de muchas formas distintas).
Señor Kunz – repitió la voz de la chica en su cabeza y no pudo evitar dibujar una media sonrisa. Realmente odiaba que le llamaran así, su padre solía decirle que los diminutivos no se veían bien en un hombre como él debía ser, pero de los labios de Mina no sonaba tan mal – Pequeña Mina.
o-o-o-o-o-o-o-o
La llamada la tomó por sorpresa. No imaginaba que Serena quisiera visitarla, no después de su último encuentro.
Rei sabía que quizá se había excedido con su amiga al soltarle semejante bofetada, pero no encontraba la manera de que al menos las escuchara.
Y es que todas ellas estaban preocupadas de cómo se estaban dando las cosas. No es que quisieran retener a fuerzas a Serena en Japón, pero les parecía poco sano que Darien dispusiera llevársela así sin más y que, en el proceso, dejara a sus empleados para prácticamente vigilarla. Como si fuera una cosa que cuidar y llevar.
Esa misma noche las chicas habían comentado que no había nada de malo en que su amiga se marchara a otro país; dolía que se fuera, sí, pero dolía más verla a ella misma sufrir por el hecho en sí.
Rei, por su parte, quería otra oportunidad para volver a hablar con Serena y mostrarle un poco de lo que le preocupaba de esas actitudes de Darien y hacia dónde podrían dirigirse. Y es que, con el tiempo, había reflexionado mucho sobre dónde había visto a un hombre como el novio de su amiga.
En fin. La chica agradecía que la oportunidad de platicar llegara orgánicamente entre ellas.
Aquella tarde Rei dirigió a la entrada del templo para esperarla a la hora pactada. No pasó mucho tiempo cuando pasó un autobús y se detuvo. Su amiga descendió. A Rei se le hizo un poco raro ¿no se suponía que ese muchacho Neflyte era su chofer?
Al verse, ambas se sonrieron. No hacía falta decir que no había rencores entre ellas, la joven sacerdotisa le hizo un gesto de que pasara y Serena emprendió camino admirando aquel templo que visitó tantas veces en su adolescencia.
Sin embargo, Rei se quedó un momento más y notó que el autobús no se había marchado. Un pasajero más parecía hacer tiempo antes de descender. En la puerta de la unidad se quedó parado un joven rubio y, por un brevísimo momento, ambos cruzaron miradas y él le dedicó una una ligera sonrisa.
El conductor interrumpió y le dijo al muchacho si iba a bajar de una vez o no. El chico se disculpó y descendió, Rei apenas soltó una risita.
La chica entró tras su amiga y no notó que el joven se quedó parado a media calle, indeciso de seguirlas o esperar afuera a la novia de su jefe, a quien llevaba todo el día siguiendo.
Rei alcanzó a Serena y caminaron juntas por el sendero que llevaba a su casa, la cual estaba al fondo de la propiedad.
– ¿Qué tal te ha ido? – preguntó de pronto Serena.
– He estado un poco ocupada; ya sabes, prácticamente estoy encargándome de todo en el templo, mi abuelo es un hombre mayor y…
– Nicolas se marchó.
– Lo dejé ir – corrigió la chica. A pesar de ver más frecuentemente a Mina, Lita y Ami, no había hablado con ellas sobre lo que realmente pasaba entre ella y el ex ayudante del Templo Hikawa; quizá porque no quería agobiarlas con el hecho de que ella tenía una relación (mientras ellas no) o tal vez porque en el fondo nunca consideró tan importante esa relación.
– ¿Lo… dejaste?
Llegaron a la casa de estilo antiguo y la anfitriona se sentó en el borde la entrada, su amiga hizo lo propio – Tuve que sincerarme con él… Yo no soy lo que él esperaba en una relación.
– ¿O sea que tú y él eran novios?
– No lo éramos y ese era uno de los problemas – le explicó, quizá lo que sucedió también le ayudaría un poco a ver un punto importante – Nicolas es un buen muchacho: trabajador, amable y guapo; pero yo no sentía lo mismo que él y mucho menos mirábamos en la misma dirección.
La rubia inclinó un poco su cabeza tratando de entender.
– Que sea un buen partido no significaba que sea el hombre para mí – sonrió amargamente – Él quería una relación con toda la formalidad del mundo, "noviecillos" ante todo el mundo, casarnos y tener muchos hijitos, que nuestras familias formarán una sola gran familia.
– Vaya, si que quería llevar las cosas a otro nivel – comentó Serena, había conocido a Nicolas y era obvio que estaba interesado en su amiga pero desconocía completamente el trasfondo.
– A veces se le olvidaba que yo no quería esas cosas para mí – continuó – Creo que todo se precipitó después pasamos una noche juntos.
– ¡Rei! – dijo Serena roja.
– Ay Serena no seas tonta, no finjamos ser las señoritas que todo el mundo espera que seamos. Si no es que te importen mucho las relaciones fuera del matrimonio, llevas años viviendo con Darien y no creo que pasen las noches sólo conversando.
Su amiga se puso más roja y ella continuó – Yo no estaba enamorada de él ni nada, me atraía y sólo tenía curiosidad, pero él se lo tomó demasiado en serio y me hizo sentir como si sólo porque pasó "eso" entre nosotros yo ya era de su propiedad.
Resopló – Yo tenía muy claro lo que esperaba de esa relación y se lo hice saber muchas veces; pero él insistía en hacer planes, sus planes, incluso se concentraba tanto en eso que dejó de cumplir sus responsabilidades en el templo; así que preferí pedirle distancia definitivamente…. Cuando se ponía en esa actitud impositiva, me recordaba tanto a mi padre.
De pronto miró a lo lejos, apenas se alcanzaba a ver a lo lejos la entrada del templo y vio que el joven rubio que bajó del autobús se asomaba, como si buscara algo.
Cuando el muchacho se dio cuenta, volvió a esconderse y luego entró como si nada, viendo hacía un lado y otro, como cualquier otro visitante del lugar. Rei notó que su abuelo comenzó a acercarse a él con su paso ya cansino, seguramente lo atendería y se marcharía.
– ¿Sigues sin hablar con tu papá? – la interrumpió Serena
– Sí.
– ¿No crees que es demasiado sólo por querer presentarte a un chico que le agradaba para ti? ¿Qué tal si sí te hubiera gustado ese muchacho?
Rei rió un poco – No lo creo – y de haber sido un muchacho agradable, estaba segura que ella se hubiera esforzado por encontrarle todos los defectos del mundo.
– Pero – siguió hablando– no sólo por querer casarme con un desconocido, creo que eso sólo fue la gota que derramó el vaso. Mi papá nunca escuchó lo que yo quería, siempre se tenía que hacer su voluntad. Millones de veces le supliqué que me dejara ir a la misma escuela que ustedes, que ya no quería tomar tantas clases especiales y todo eso.
– Además – continuó – no sólo es lo que me hizo, sino lo que le hizo a mi mamá. Mi mamá era muy jovencita cuando se conocieron, ella siempre me contaba que quedó muy impresionada con lo caballeroso y galante que le parecía; no tardaron mucho en casarse y mi madre dejó este lugar, olvidando su deseo de servir al templo y su vocación de ayudar a la gente que viene aquí ¿sabes por qué?
La rubia negó con la cabeza – Sólo porque quería complacer a mi papá. Ella lo amaba profundamente y hacía todo para que él estuviera contento, siendo su dama de compañía cada que la situación lo requería y el resto del tiempo permaneciendo en casa criándome.
Siempre que Rei pensaba en todo eso quería llorar pero esta vez no se lo permitiría para no distraer la charla del punto que quería tocar – Yo era sólo una niña y no alcanzaba a ver lo egoísta que papá es, hasta que ella enfermó y él parecía más preocupado por no tener quién lo acompañara a sus reuniones.
– Creo que mi mamá también se dio cuenta de que él no estaba cuando realmente lo necesitaba y no pudo soportar ese golpe – hizo una pausa para nuevamente tomar fuerzas para no llorar – Cuando falleció, mi papá pasó más tiempo preparando su postura ante los medios que preocupándose por mí, por eso quise vivir con mi abuelito en este lugar, del que mi mamá no debió marcharse.
– Rei… – sólo dijo la rubia, Rei era muy callada con sus cosas y era la primera vez que le hablaba tan a profundidad de su familia – Lo siento mucho.
– No te preocupes – miró hacia otro lado para despejarse un poco y notó que su abuelo se acercaba a ellas acompañado del joven que vio bajar del autobús – Sólo quisiera hacerte entender porqué me preocupas tanto – confesó, hubo un pausa en la que su amiga no le dio una respuesta.
Se quedaron calladas hasta que llegaron ante ellas.
– Rei, mira encontré a este muchacho que vino por el puesto de ayudante en el templo – dijo el anunciado luego de saludar a Serena – Y ya lo contraté.
– ¿Qué? – expresaron al unísono Rei y el joven, lo que provocó que ambos se miraran uno al otro y luego desviaran la vista con un sonrojo casi imperceptible.
– Conociéndote vas a poner muchos "peros" y nadie ha venido a postularse para el puesto. Así que ya está decidido; además, tengo buen ojo para eso, el último que elegí parecía agradarte bastante.
– ¡Abuelo! – dijo la chica roja. Se disculpó y se apartó un momento con su abuelo.
– Abuelo, qué haces, cómo se te ocurre contratar a este chico sin hablarlo primero conmigo.
– Nadie habia venido a preguntar y tú no puedes seguir encargándote de todo, necesitas despejarte un poco y volver a salir con tus amigas – señaló con la cabeza – Mira, hacía mucho que tu amiga Tsukino no te visitaba, ¿no te agrada tener tiempo libre para platicar con ella?
Rei miró a Serena que, fiel a su naturaleza sociable, ya hacía plática con el recién llegado; incluso el muchacho se sintió observado, la miró un momento y le sonrió.
La chica desvió rápido la mirada y siguió hablando con su abuelo – Pero es un desconocido y no puedes meterlo al templo y nuestra casa así nada más.
– He estado en el templo toda mi vida y nunca me he equivocado. Estaba como perdido cuando me acerqué a él y parece buen muchacho; tengo una buena corazonada sobre él.
Ella respiró profundamente; aunque a ella le gustaba tomar decisiones en el templo, sabía que su abuelo era el responsable del lugar y ella debía confiar en su criterio.
– Está bien, pero al primer problema se va – dijo tajante y su abuelo asintió – ¿Y como se llama?
– Jedite.
¿De dónde le sonaba el nombre? No era muy común y sabía que lo había escuchado en algún lugar pero no podía recordar dónde.
Rei volvió a ver a su amiga y al chico. Serena le dijo algo y él volvió a mirarla con los ojos muy abiertos, parecía bastante sorprendido.
¿Quién es este chico?
o-o-o-o-o-o-o-o
¿Cómo se había metido en semejante situación? La otra noche se había dejado convencer muy fácilmente por Kunzite de seguir a la señorita Serena. No tenía mucho ánimo pero estaba intrigado por lo que buscaba su amigo y más cuando se lo pidió como un favor de amigos. Así que accedió a ayudarle.
Había ido al departamento de Darien y su novia y esperó ahí por un largo rato. Parecía que la chica no salía mucho y le pareció ridículo que estuviera ahí casi espiándola.
La chica sólo había salido un momento a un supermercado cercano y él se aburrió muchísimo al ver que ella tardaba tanto en leer las instrucciones para preparar comida congelada.
Por favor no es nada difícil, no se puede ser tan incapaz.
Jedite se preguntó qué tan "consentida" tenía Darien a su novia para que no pudiera hacer algo tan sencillo. ¿Sería por eso que los quiso mantener tan al pendiente de ella?
Luego la chica se había ido a casa y estuvo ahí todo el día. Jedite pensaba que la tarea que le asignó Kunzite era inservible. Eso sí, seguía siendo un buen pretexto para no estar en su propia casa. Realmente odiaba estar ahí y estar todo el tiempo bajo la mirada crítica de sus padres.
Jedite siempre había odiado que ellos decidieran todo en cuanto él debía ser y hacer, por lo que conforme fue creciendo, se rebelaba constantemente para hacerles entender (sin éxito) que él no estaba dispuesto a seguir ciegamente lo que ellos deseaban.
Un día después siguió a Serena Tsukino a otro sitio. Discretamente se subió al mismo autobús que ella preguntándose si por fin sucedería algo interesante. Casi al final de la ruta, la chica bajó. Él hizo un poco de tiempo para no verse tan obvio pero en cuanto iba a bajar, una chica lo observó.
No sabía quién era pero le pareció realmente hermosa con ese traje ceremonial y lo único que pudo hacer fue sonreírle. Después vio cómo conversaba con la señorita Serena, mientras se adentraban en un templo. Él no supo qué hacer y trató de ocultarse en la entrada.
No parecía una visita para buscar ayuda espiritual pues las chicas se sentaron a hablar con mucha informalidad. Quizá se trataba de una de las amigas de Serena Tsukino, aunque no encajaba con la descripción que Nef y Zoy le habían dado de sus respectivos intereses románticos.
¿De dónde saca esta niña a sus amigas? – se preguntó mientras se sorprendía a sí mismo sin apartar la mirada de la chica. Qué locura, ahora resultaba que se estaba dejando arrastrar tan rápido como sus amigos.
Sin embargo, no tuvo mucho tiempo de pensar pues ella lo vio y no tuvo más remedio que entrar y fingir que estaba visitando el lugar. En ese momento, un anciano lo vio y se acercó. Le preguntó si iba por el empleo y él (sin saber qué decir) le siguió el juego.
Y sin entender muy bien la situación, el hombre le dijo a la chica que lo había contratado. Pero la situación no terminaba de salirse de control, fue la señorita Serena quien lo terminó desestabilizar.
– Así que estarás trabajando en el templo – le dijo atrayendo su atención, pues involuntariamente volvía a ver a la chica del templo.
– Así parece – dijo convencido de que ahora que la señorita Serena lo estaba viendo, sería muy difícil continuar siguiéndola.
– Qué bueno que Rei ya tendrá quien le ayude con sus deberes, el Templo Hikawa a veces puede ser muy demandante.
– ¿El Templo Hikawa? – la chica afirmó con la cabeza – ¿Dijiste Rei?
– Sí, Rei Hino, la sacerdotisa del Templo Hikawa.
¡Rayos!
Debía ser la peor broma del destino. Conocía perfectamente ese nombre que su padre le recordaba siempre que podía. Rei Hino era la hija del poderoso político Takashi Hino, era la chica que sus progenitores eligieron para ser su esposa y a la que él había plantado en aquella cena que les habían acordado para conocerse, la razón por la que había terminado de romper relación con su familia.
– Es muy linda… pero cuidado, puede ser una gruñona amargada si quiere.
Él la miró sin poder ocultar la sorpresa. Después el abuelo de la chica lo volvió a llamar y dejaron platicando a las chicas. El anciano le contaba que ya había convencido a su nieta de contratarlo y seguía dándole instrucciones sobre lo que haría ahí y lo mucho que les ayudaría su presencia.
Él sólo asentía. No podía pensar con claridad. Su padre le había dicho que su prometida vivía en ese templo y que, en cuanto se casaran, ella dejaría ese lugar. Jamás imaginó que su "prometida" fuera una chica tan hermosa y se preguntaba qué clase de persona sería para ser amiga de las chicas de sus amigos.
Qué tontería estoy pensando. Si mis papás la escogieron, no debe ser algo bueno.
Ya había pasado un día de aquel encuentro en el Templo Hikawa y, mientras esperaba de nuevo alguna novedad afuera del departamento de Darien, no paraba de pensar en Rei Hino.
Si bien la inesperada oportunidad de trabajar en el templo le resultaba conveniente (por fin un sueldo estable, un trabajo en el que su padre no interviniera y la posibilidad de ya no vivir bajo el mismo techo que sus padres), era irónico que esa oportunidad implicara estar cerca de "su prometida".
Jedite no quería darle el gusto a su familia de estar cerca de Rei Hino, pero no quería desaprovechar la oportunidad de al menos reunir por sí mismo un poco de dinero y por fin alejarse definitivamente de su familia.
Quizá lo mejor sea volver al templo y aceptar el trabajo… Al menos por un tiempo – y de nuevo pensó en Rei y recordó la primera impresión que le dio cuando la vio afuera del templo – Es una lástima, parecía linda.
Suspiró y miró su reloj. Ya llevaba ahí un buen rato y no había nada interesante. Quizá lo mejor era dejar ese asunto por la paz, terminar la otra asignación pendiente de Kunzite y aceptar que, de momento, su mejor opción era ir al Templo Hikawa.
Estuvo apunto de irse cuando vio llegar a un chico. Se le hacía conocido… ¿No era Seiya Kou, el líder del fenómeno de internet los Three Lights? ¿Sería vecino de Darien?
El chico hizo una llamada y esperó un momento. Parecía que más bien iba visitando a alguien. Jedite estuvo a punto de acercarse a saludar (reconocía que le gustaban las canciones del grupo), pero antes de que intentara algo, la puerta del edificio se abrió y salió Serena Tsukino, quien saludó al chico y entraron a los departamentos… sospechosamente juntos.
¿Qué rayos sucede? – se preguntó el muchacho si eso era lo que le interesaba saber a Kunzite y peor aún, si Darien estaba al tanto de la situación.
Continuará…
Hola de nuevo. He sufrido como no tienen una idea. Debo confesar que el presente capítulo está formado por escenas que he ido "pateando" de capítulo en capítulo; es decir, hay cosas que debieron pasar antes y otras que debieron pasar después. Y lo peor es que había cosas que iban aquí y ya patee para otro lugar y da la impresión de que algunas cosas las dejé a medias. Perdón.
Vámonos con calma. Primero el shippeo entre Lita y Nef que, debo confesar, no debía suceder así y ellos estarían un ratito más alejados en el fic; pero a cierto hombre se le ocurrió irse de boca en el capítulo 6 y me resultó imposible mantener a esta parejita separada. Pero no me quejo, la verdad es que todo fue muy orgánico de llevar y, obviamente, estoy muy contenta de que ya hayan hablado. Ustedes no saben cómo fangirlee. Sabremos más de ellos más adelante.
Luego, don Kunz. Después de que ya llevara algunos capítulos desesperándome, necesitaba limpiar su nombre porque sino al rato ni yo iba a quererlo cerca de ya saben quien, por lo que me vi en la necesidad de explicar qué onda con él pero ya. Y pues ya ven, no es un bad hombre, nomás que no le sabe a esta ondita. Y créanlo o no, también fangirlee.
Y otra cosa que ya llevaba yo pateando mucho son a ciertos personajes que ya se debían conocer, porque llevo aludiendo su vínculo básicamente desde el capítulo 2 y nomás no encontraba el espacio para cruzar sus caminos. Pero de nuevo salió la oportunidad orgánicamente y pues ya veremos qué pasará ahí.
Sobre Rei sólo diré que un objetivo personal en este fic es demostrar porqué sí es amiga de Serena. Ay porque en el anime, de verdad puede ser irritante; sin embargo, en su caso particular, su versión manga me es más interesante y tiene un trasfondo intenso, parecido a lo que vimos aquí pero unas rayitas menos de melodrama. Para más información les recomiendo leer las historias extra del manga, hay una que particularmente me inspiró ;)
Y bueno, el plato fuerte de fangirleo en el capítulo nos lo dio nuestra protagonista, que justo dio con la idea: Seiya no es mal muchacho. Aunque hay algunas (varias) cosas que dejé como a medias, os prometo que en el capítulo que sigue les diré qué onda con las conversaciones que tuvo aquí y sí, también sobre ese final, con todo y su visita sospechosa.
Pero bueno, ya hablé mucho. Una vez más gracias por todo el amor que le están dando a esta historia. Espero leerlos pronto.
