Qué rápido llegamos al 9, ¿será que ya empezaré a resolver dudas o seguiré sembrando cositas?
IX – Amarga realidad
La habitación no estaba en el habitual orden. Había un montón de bocetos a lápiz en el piso y uno que otro lienzo en el que empezó trabajar y que terminó por desechar al no estar segura de lo que estaba haciendo.
Había asumido un gran reto y muchas veces sintió ganas de llamar a Michiru Kaiou para decirle que no estaba a la altura de la situación. Sin embargo, esa posibilidad se veía eclipsada cada vez que recordaba la confianza que Seiya le recalcaba en cada oportunidad.
Desde que habían almorzado juntos, él había entendido perfectamente cuando ella le dijo que no respondía mensajes en su teléfono (ya ni mencionar si se los enviaban por esas aplicaciones modernas de las que su teléfono carecía); por lo que el muchacho le llamó desde el primer momento para asegurarse de que había llegado bien a su casa y, aunque ya habían pasado algunos días, de vez en cuando le llamaba para saludarla y saber cómo estaba.
Serena trataba de ser lo más profesional posible y buscaba que en esas llamadas más bien informarle sobre sus ideas y progresos respecto al arte de su disco; aunque él le decía que no se preocupara, que se relajara y dejara que las ideas fluyeran. Como también artista, le aconsejaba que no se presionara y disfrutara el proceso.
– Tienes mucho talento. Estoy seguro que lo harás muy bien – le comentaba.
Cuando comenzaba a trabajar algo y no le gustaba, se sentía derrotada pero recordaba que Seiya y la propia Michiru confiaban en ella y volvía a empezar.
Era la primera vez que trabajaba para alguien más y, por ello, era también la primera vez que iniciaba desde cero tantas veces. Su estudio nunca había estado tan atestado de intentos fallidos y reinicios.
Darien diría que no desperdicie tanto material – pensaba. Pero por esta vez, dada su ausencia, Serena se daba la libertad de que la opinión de Darien no importara.
Sólo un poco… al menos esta vez.
Posiblemente cuando él viera el resultado y supiera hasta dónde llegó su trabajo, no importaría todo el material que "desperdició" para lograrlo.
En el par de llamadas que tuvo con Darien en esos días, ella no tuvo oportunidad de contarle lo que estaba haciendo; su novio era muy conciso en lo que decía: siempre ocupado, de reunión en reunión, arreglando temas en Estados Unidos y que sabía que los papeles de ella avanzaban favorablemente.
Serena se quedaba con cierta decepción al no poder contarle sobre lo que ella estaba haciendo, pasando, pensando, sintiendo… Y también por no encontrar en el tono de voz de Darien esa ansiedad por verla de la que Setsuna le había hablado.
A ello se le sumaba que no quería hablar con sus papás y con sus amigas de cómo empezaba a resentir la actitud de Darien. Lo que a veces la inquietaba y le robaba inspiración para pintar.
Y es que, por un lado, no quería preocupar a sus papás y menos manchar la buena imagen que Darien tenía con ellos; por el otro lado, no sabía qué pensarían sus amigas de la situación. Ellas siempre la cuidaron como una hermana menor y no quería tener con todas ellas una incómoda conversación como las que había tenido con Rei.
Con su amiga tuvo una primera incómoda charla que había terminado en una bofetada y en la segunda, Rei le había dado a entender que su preocupación era que Darien fuera como su padre: Takashi Hino.
Él no es así – se repetía constantemente. No podía serlo, Darien la cuidaba muchísimo, le procuraba todo lo que necesitaba y le preocupaba que se comportara como una dama. Sólo eso.
Serena miró la foto en su estudio. La única que había de ella y Darien, a él no le gustaban mucho las fotos pero ella se la había pedido con mucha insistencia y al final él cedió, inmortalizando su rostro con apenas media sonrisa mientras ella sonreía feliz colgada de su brazo.
¿Y lo de Andrew? – se cuestionó al recordar ese punto.
Bueno, ese era un asunto que le preguntaría personalmente, porque seguramente sería sólo un malentendido ¿cierto?
De pronto su móvil sonó. No había guardado el número que llamaba pero ya lo reconocía – Hola Seiya.
– Bombón, ya llegué.
Ella miró la hora – Seiya, perdón se me hizo tarde.
– No te preocupes, te espero.
– Dame un minuto y te hago pasar.
Fue a recibirlo en la puerta del edificio. Le dijo que se le había ido el tiempo y no se pudo alistar.
Seiya la tranquilizó. Quizá no alcanzarían la función que a la que habían querido ir pero podrían entrar a la siguiente. Y es que el muchacho le había insistido en su intención de acompañarla al cine y quizás eso le serviría para despejarse un poco del trabajo.
Serena no supo cómo negarse. Quería ir a ver esa película infantil y le daba mucha pena ir sola o pedirle a sus amigas que la acompañaran, era una suerte que Seiya se ofreciera con tanta insistencia.
Lo hizo pasar al departamento mientras ella se limpiaba cualquier resto de pintura que quedara en piel. No supo cuánto tiempo demoró pero el joven se quedó pacientemente esperando en el mismo sillón donde la recostó cuando ella se desmayó.
Aquella tarde, Serena optó por ropa más cómoda y casual que en la última reunión que tuvo con el muchacho; incluso notó que él también vestía más informal.
Cuando fue a verlo, el muchacho acariciaba con una mano a Luna y con la otra sostenía la revista en la que él mismo aparecía en la portada.
La rubia había comprado el ejemplar hacía unos días en el supermercado. La revista anunciaba con letras grandes la gran exclusiva: "la primera entrevista de los Three Lights" y Serena pensó que quizá saber un poco más de ellos le ayudaría a inspirarse o al menos hacer una lluvia de ideas.
La idea le había funcionado a medias tintas. La entrevista abordaba mucho sobre la grabación de su primer disco y la influencia musical que seguían, pero realmente no decía mucho de ellos como personas.
– Interesante entrevista – dijo la rubia en cuanto estuvo en la misma habitación que él – Compré la revista para saber más de para quien estoy trabajando.
– No era necesario – dijo sin apartar la vista de la revista – Tú me puedes entrevistar si quieres – la miró con una sonrisa y agregó – Vaya, luces muy bien.
– No te burles. Hacía años que no me ponía estos trapos – dijo aludiendo a la ropa que efectivamente tenía tiempo que no usaba y que seguramente Darien hubiera reprobado para salir.
– Pues me agrada, te ves más relajada y muy linda.
– No digas tonterías, sólo quería combinar con tu informalidad.
Él miró su ropa, la cual consistía en unos jeans viejos, una camiseta deportiva y una gorra hacia atrás – Oye, es mi día libre y quería estar más cómodo… ¿qué esperabas que anduviera por ahí con esmoquín todo el tiempo?
Serena rió, la sola idea de alguien vistiendo así podría sonar para un cuento de princesas pero en la vida real era ridículo.
Salieron de la casa con calma, sabiendo que ya habían perdido la función, les dio tiempo de caminar con calma, esperar el autobús y charlar un poco.
Él le contaba que estaba ocupado escribiendo nuevas canciones, ensayando y entrando al estudio a grabar. Serena se sintió un poco incómoda, Seiya debería tener poco tiempo libre y que dedicara éste a llevarla al cine, era… bueno, extraño… y halagador.
Seguro quiere que esté concentrada para terminar el arte del disco – excusó en su cabeza ante la pena de preguntarle directamente.
Como sea, él se portó muy amable con ella y, ya en la tienda del cine, compró cuanta golosina pudo sostener; eso sí, las palomitas y una soda no pudieron faltar.
La rubia no negaba que estaba emocionada. Hacía mucho que no iba al cine. Darien no era muy afecto a ir, no por las películas sino porque siempre prefería la tranquilidad de la casa. Desde que vivían juntos, ese tipo de citas ya no eran comunes.
¿Cita? ¿Quién dijo que estaba en una cita ahora? – se cuestionó.
Definitivamente no lo era. Seiya sólo la estaba acompañando al cine porque quería que estuviera tranquila e inspirada para terminar su trabajo. Sólo eso ¿verdad?
Como sea, no había tiempo de indagar. Serena no le preguntaría a Seiya sus intenciones porque no quería que se malinterpretara su pregunta.
Además, no arruinaría el momento con una pregunta tan tonta y fuera de lugar. Y la verdad es que no podría ser una cita porque ambos se la pasaron muy atentos a la película y riendo como dos niños. En ningún momento habría oportunidad de esos acercamientos más "personales", como los que Darien tenía cuando iban al cine, cuando él se aventuraba a poner su mano en su pierna y acariciarla suavemente. A él le encantaba eso – Lo volvía loco.
Pero ¿por qué pensar en Darien en un momento así?
La rubia trató de despejar esos pensamientos y disfrutar la película. Salieron del cine aún riendo y comentando la cinta animada, y un par de chicas se acercaron a Seiya para preguntarle si era el líder de los Three Lights, ante la respuesta afirmativa, las fotos y autógrafos no pudieron faltar.
– Dame un momento Bombón – le dijo el muchacho con una sonrisa. Las admiradoras de Seiya la miraron y, sin ninguna pena preguntaron si ella era su novia – No… ¿debería serlo? – respondió el muchacho con una sonrisa.
¿Qué significaba esa respuesta?
¡Qué grosero! Yo tengo a Darien – respondió en su cabeza; aunque había un detalle importante, no se lo había mencionado a Seiya… ¿importaría? ¿cambiaría algo entre ellos?
– ¡Listo! – dijo el chico cuando terminó de atender a sus administradoras – ¿Quieres ir a comer algo o prefieres la revancha en Crown?
– Cómo piensas en comer, te acabas de terminar un bote grande de palomitas y todos los dulces del cine.
– Bombón tú también, no lo niegues. Además, eso no fue una comida, sólo fue para distraer al estómago. Vamos, debes comer bien, te desmayarás de nuevo si no lo haces.
Ella resopló.
– Está bien, vamos a Crown a jugar – insistió.
Sin embargo, la sola idea de volver a encontrarse con Andrew la inquietó. ¿Y si se enteraba de más cosas que Darien no le contó?
Y había algo peor de lo que no había cobrado consciencia hasta que las admiradoras de Seiya lo mencionaron. Seguir con saliendo con él se prestaría a toda clase de malinterpretaciones ¿y si Andrew los veía?… ¿Y si se lo contaba a Darien?
– No, iré a casa a seguir trabajando en tu arte; tengo unas ideas bastante avanzadas y quisiera enfocarme en eso.
– De acuerdo, pero deberías distraerte más Bombón ¿Acaso eres como la Princesa de la Luna de tus cuentos?… No está bien que estés todo el tiempo allá en tu casa encerrada y sola, sólo pintando.
– Mi gatita Luna está conmigo y ese trabajo es importante ¿cierto?
Él respiró profundamente y la miró a los ojos, tentado incluso a tomarla de las manos, pero sin aventurarse a hacerlo – Hay mucho en juego en eso; es importante, sí, pero para mí lo eres más tú.
Serena sintió que su corazón empezó a latir muy rápido y cómo sus mejillas se encendieron, así que trató de que él no lo notara – Bueno, tengo que irme – dijo apresurada. Agradeció que la acompañara al cine y se fue tan rápido como pudo, casi corriendo para que la agitación disfrazara sus mejillas rojas y el latir desbordándose de su pecho ante las palabras de Seiya.
o-o-o-o-o-o-o-o
Caminó por ese tranquilo sendero sin poder dejar de pensar en lo que hizo y estaba haciendo. ¿Era lo correcto?
No lo había comentado prácticamente con nadie. No supo cómo conversarlo con sus amigos, si acaso a Kunzite le dijo como una formalidad; cuando fue a "renunciar a su trabajo", y definitivamente su amigo no lo tomó muy bien.
Jedite había ido a verlo para decirle que ya no podría seguir a Serena Tsukino y que, de hecho, ya no podría continuar apoyando al equipo de trabajo que se había formado alrededor de Darien Chiba.
En realidad, el rubio nunca trabajó formalmente para él. Se habían hecho amigos cuando su padre lo obligó a ir a conocer al joven protegido del señor Kaiou, para que aprendiera de él cómo introducirse en el mundo empresarial.
A Jedite no le interesaba aprender nada de eso y no deseaba heredar el control de las empresas de su familia. Y aunque fue de mala gana a conocer al famoso Darien Chiba, no le pareció un mal tipo, al contrario, se había ganado todo el respeto y confianza que tenía por parte del señor Kaiou.
Darien no tuvo nada en la vida. Nada. Y sólo trabajando logró la posición que tenía. Jedite respetaba y admiraba muchísimo eso de él.
A ello se le había sumado la amistad que logró con el resto de los chicos, incluso con Setsuna Meiou, pese a la seriedad de la chica; así que siguió frecuentándolos y ayudándolos en lo que pudiera.
Era una lástima que el viaje de Darien le hiciera ver cosas que ya no le gustaban tanto. ¿Qué era eso de no dejar ni a sol ni a sombra a su novia? ¿Por qué ellos tenían que vigilarla así?
La situación estaba dividiendo al grupo y Kunzite se empeñaba en seguir las órdenes de Darien y estaba muy encaprichado con el asunto del accidente de Serena Tsukino; mientras Zoy y Nef, bajo su propio criterio, no creían que fuera correcto agobiar con todo eso a la chica. Él, por su parte, no sabía bien qué posición tomar; desde luego espiar a la señorita Tsukino era una idea ridícula, pero había sido muy extraño que la visitara un joven en su departamento.
– ¿Todo bien? – interrumpió sus pensamientos el anciano del templo Hikawa.
Aquella tarde, Jedite llegaba para instalarse ahí. Solo traía una mochila con un poco de ropa y cosas personales. No quería que sus padres notaran que estaba abandonando su casa, su yugo.
– Sí – respondió algo distraído.
– Supongo que estás algo nervioso de venir a vivir con nosotros.
– Sí – dijo titubeando.
– No te preocupes, te iremos apoyando y acompañando en todo para que muy pronto te adaptes – el rubio trató de dibujar una sonrisa en agradecimiento. El anciano pareció notarlo y preguntó – Te noto inquieto… ¿hay algo en particular que dejas atrás?
El hombre parecía una buena persona y había confiando en él casi ciegamente; así que Jedite quería corresponderle a esa confianza.
– Algo así – se sinceró – Tengo un amigo, él está de viaje, nos pidió a mí y otros amigos que estuviéramos al pendiente de su novia y… yo la vi con otro chico – respiró profundamente – No sé si esa es la razón por la que nos pidió que viéramos por ella en su ausencia.
– Ya veo… ¿fue en una situación comprometedora? – le preguntó.
– No, en realidad parece que sólo fue a visitarla; pero no sé si deba decírselo a mi amigo – agregó pues en varias ocasiones estuvo tentado a enviarle un mensaje a Darien para contarle.
– Sé que puede sonar raro viniendo de un viejo, pero pensé que los tiempos en los que los hombres y mujeres no podían ser vistos como amigos ya habían pasado – le sonrió – Creo que sería un poco imprudente crear un rumor así, sin un fundamento.
– Creo – continuó – es mejor informarse antes de hablar, podrías causar un malentendido monumental alrededor de una situación inocente.
Era cierto. Él no sabía nada de Serena Tsukino y si Darien sabía que la chica tenía una amistad con el cantante Seiya Kou. Jedite se sintió aliviado de no haber llamado a Darien y generado una confusión.
La señorita Tsukino le había parecido una buena chica y no parecía prestarse a algo tan bajo como engañar a su novio.
Jedite se sintió más tranquilo. Incluso estuvo tentado a decirle a Kunzite lo que había visto, pero ni pudo comentarle nada a su amigo pues, en su última charla, el rubio le entregó la información que tanto le pedía: quién había alquilado el automóvil que chocó a Serena.
Jedite le había dicho que sería el último trabajo que haría para ellos y, tras los reclamos de su amigo, le entregó un papel con el nombre que tanto buscada. El chico no supo qué sucedió pero Kunzite tuvo que tomar asiento cuando lo leyó.
Se preocupó un poco por él y quería preguntarle si estaba bien, pero conocía muy bien a Kunz y sabía que era demasiado discreto con lo que pensaba y sentía. No quería hacerlo rabiar con una pregunta sobre si estaba bien.
Sólo es un nombre lo que leyó, ¿acaso le afecta tanto que ya no tendrá que estar insistiendo con lo del choque? – pensó pues no le sonó nada en particular el nombre que encontró: Mina Aino.
En fin, posiblemente después le preguntaría a Zoy sobre lo que pasaba con su amigo; por ahora debía prestar atención a todo lo que tendría que hacer en el Templo Hikawa.
Y, a decir verdad, le parecía un lugar muy tranquilo y agradable. Sobre sus nuevas tareas no tenía problema, desde adolescente pidió a la servidumbre de su casa que, en lugar de hacer todo por él, le enseñaran a hacer las cosas. Él jamás quiso ser un inútil y decidió atenderse a sí mismo como cualquier persona funcional, así que no tenía problemas sobre hacer quehaceres domésticos en su nuevo lugar de residencia.
Quizás, en otras circunstancias, disfrutaría vivir ahí, pero era consciente de que su estancia debía ser temporal. Y es que había un pequeño problema en toda la situación…
– Ah, Rei – dijo el anciano en cuanto entraron a la casa junto al templo – Jedite llegó, voy a instalarlo en su habitación, ¿podrías indicarle después las actividades en la que te ayudará?
– Está bien – respondió la chica con cierta indiferencia.
– Gracias – continuó el anciano – Vamos muchacho, sígueme.
Él se quedó un momento observándola y se preguntó por primera vez qué hubiera sucedido si no hubiera desobedecido a sus padres y hubiera ido a la cena que ellos acordaron para que conociera a Rei Hino, su prometida. ¿Ya se habrían casado? ¿Cómo sería su vida con ella como su mujer?
Qué estupideces pienso – Con permiso señorita Hino – dijo y salió de la habitación, Rei asintió sin borrar la expresión seria de su rostro.
Me pregunto si aquella noche ella me esperó por mucho tiempo en ese restaurante, qué pensaría de nuestro compromiso, si le entusiasmaba conocernos… Como sea, debió verse hermosa para la velada. Qué clase de estúpido soy para dejar plantada a semejante chica – pensó, pero se reprendió a sí mismo de nuevo.
Tenía que dejar de pensar en esas tonterías, de lo contrario, sería una temporada difícil viviendo en el templo tan cerca de esa chica.
Debo controlarme y poner distancia.
o-o-o-o-o-o-o-o
Cerró de golpe la puerta de su habitación. Avergonzada y enojada por lo que acaba de suceder… o más bien ver.
Los últimos días habían sido muy particulares en el Templo Hikawa. La llegada del nuevo ayudante había aliviado sus responsabilidades en el lugar, pero no se acostumbraba a su presencia. Había algo en él que la inquietaba.
Gran parte de su vida la había pasado en el templo y había conocido a muchas personas que trabajaron ahí, fue hasta que ella se involucró de lleno con el templo cuando empezó a tomar importancia el asunto. Nicolas había sido por una buena temporada su ayudante y, dado que en ningún momento él ocultó su interés por ella, con el tiempo sucedió algo entre ellos.
Rei aún recordaba cómo él todo el tiempo se ponía a sus pies para lo que ella quisiera y eso generó cierta apertura a una relación de otro tipo. Desde luego ella no estaba enamorada de él ni le interesaba una relación formal, sólo era una curiosidad adolescente de conocer a un hombre de manera más íntima y también conocerse a ella misma en el camino.
En su momento, se lo dejó bien en claro a Nicolas y él aceptó las condiciones, pero faltó a su palabra cuando los encuentros entre ellos empezaron a hacerse más frecuentes y él comenzó a confundir las cosas. Rei no tuvo más que poner fin a todo y dejar que se fuera a buscar a una chica que le diera lo que él buscaba.
Así, ella tomó casi por completo el control de las actividades y responsabilidades en el templo. Era agotador pero estaba conforme con eso, ya no tenía a nadie que alterara su paz y la tranquilidad de la casa.
Hasta que llegó Jedite. Su abuelo se había aferrado a que debían tener un reemplazo para Nicolas y literalmente contrató al primer tipo que se le puso enfrente. Rei no estaba de acuerdo y menos cuando no sabían nada de él.
El chico rubio llegó un día al templo y sin muchas explicaciones se instaló en la casa. Ella le había explicado un poco de lo que haría ahí, empezaría con algunas labores de limpieza y después, si se daban las condiciones, le ayudaría con cosas del templo.
El muchacho recorrió el lugar y escuchó lo que debía hacer sin cuestionar nada. Parecía un joven bastante sobrio; sin embargo, Rei no tardó en descubrir que esa sobriedad no era auténtica.
Jedite se mostraba muy alegre y conversador con su abuelo, incluso lo había escuchado silbar, tararear y hasta cantar mientras hacía sus actividades. También se mostraba muy amable y sociable con personas que visitaban el lugar.
Pero cuando se dirigía a ella o notaba su presencia cerca, regresaba su expresión y sus respuestas cortas.
Qué tipo.
Entonces ella decidió ser igual de indiferente. Si el sujeto no quería dirigirle la palabra, ella no le rogaría. Y pudo ignorarlo por siempre si no hubiera ocurrido el incidente de hacía un momento.
Tras su larga sesión de meditación, se dirigió al baño para tomar una buena ducha caliente e irse a dormir. Ya era un poco tarde así que seguramente su abuelo ya estaría descansando, así que mecánicamente entró en el lugar sin reparar un momento en que ya no vivían solos.
Y Jedite estaba ahí, aparentemente terminando su ducha. Rei se quedó un momento congelada, fueron apenas unos segundos en los que no supo cómo reaccionar mientras él se secaba su cuerpo despreocupadamente hasta que notó que ya no estaba ahí solo.
Fue la expresión de sorpresa del rubio lo que la sacó de su estupor y que él buscara rápidamente cubrir ciertas partes de su cuerpo – ¡¿Qué haces aquí?!
– Yo… no quise… – se cubrió los ojos avergonzada, pero fue la respuesta de él lo que la hizo enojar.
– Claro, pero sal – le reclamó – ¡No te quedes ahí!
Qué le pasaba a ese tipo, ¿acaso estaba insinuando que se quedó a verlo? – Engreído, ni quién quiera verlo. Sólo fue un error.
Se acostó para dormir, aún con el malhumor por lo sucedido y refunfuñando en su cabeza lo engreído que era Jedite.
Como si quisiera espiarlo, ni que fuera tan atractivo… Bueno…
Era innegable que el muchacho era apuesto, muy educado y por el carácter extrovertido que mostraba (excepto con ella), parecía el tipo de chico que atraía la atención de las mujeres.
No era mucho más alto que ella, e incluso era más bajo que Nicolas. Rei lo notó cuando le entregó la ropa que debía usar y que en su momento, Nicolas portó. A Jedite le quedó un poco grande pero no pareció incomodarlo y dijo que no era necesario ajustar.
Era más delgado pero parecía que hacía ejercicio, o al menos practicó por algún tiempo. En el incómodo momento en el baño, pudo notar sus brazos y abdomen un poco trabajados. Y eso no es lo único que había notado.
La chica sólo conocía de una manera más personal a Nicolas y esa noche se enteró que no todos los hombres son iguales. Jedite podía ser menos alto y corpulento que su antecesor, pero en el aspecto más privado llevaba una importante ventaja.
¡Rei Hino! ¡¿Qué tonterías estás pensando?! – se reprendió a sí misma sin poder evitar que los colores se le subieran al rostro. Ella no era una loca ni una desvergonzada, ya había explorado esos terrenos de la intimidad y ya no era necesario satisfacer nada en ese aspecto – Y menos con un engreído como Jedite.
Trató de conciliar el sueño y dejar de pensar en ese tonto. Debía descansar, al día siguiente se vería con sus amigas, aprovecharía con ellas su primer fin de semana libre desde la llegada del nuevo ayudante.
Lita, Ami y Mina la visitarían en el templo; sólo Serena no asistiría, estaba un poco ocupada trabajando en algo. Rei lo lamentó, no sabía cuándo se iría su amiga a Estados Unidos y le gustaría pasar más tiempo con ella.
¿En qué estaría trabajando?
Ya al día siguiente, las chicas llegaron a la hora acordada y fue hasta ese momento que Rei decidió salir de su habitación. No quería encontrarse con Jedite y volver a pensar en el incómodo incidente de la noche anterior.
Llevó a las chicas a la casa, en el punto acostumbrado de reunión, donde hacía mucho años incluso pasaban horas estudiando y haciendo tareas (o tratando de hacerlo).
– Qué bueno que ya tienes más tiempo libre – dijo Mina – Tu abuelo tenía que poner orden y contratar a alguien.
Y las chicas se abalanzaron a lanzar preguntas sobre qué clase de persona era su nuevo ayudante, pero Rei trataba de esquivar todos los cuestionamientos diciendo que ella no sabía o no le importaba.
Y justo cuando ya estaba llevando la conversación hacia otros temas, el propio Jedite asomó la cabeza – Disculpa, tu abuelo me mandó para ofrecerles algo de beber.
Rei trató de desviarle la mirada, no podía pensar con claridad al notar la mirada curiosa de sus amigas y, al mismo tiempo, pensar en lo que había pasado la noche anterior.
– Descuida, yo me encargo – dijo rápidamente y salió de ahí para lograr recuperar el control de sí.
Fue a la cocina para servir un poco de limonada para sus amigas y, cuando regresó, Jedite seguía ahí. Rei ya no supo si él, por cortesía o ser sociable, se había quedado para presentarse, o sus amigas (seguramente Mina) lo habían retenido para hacerle la plática.
Y como ya se estaba haciendo costumbre, en cuanto ella entró a la habitación, él cambió de actitud, se puso serio, se disculpó y se fue a continuar con sus deberes.
– Qué agradable chico – dijo la rubia – y bastante apuesto.
– Mina… – respondió Rei entre dientes, ya conocía los tonitos de su amiga.
– No finjas, también lo notaste.
– Olvídalo Mina, pero si tan agradable y apuesto te parece, adelante.
– No es mi tipo – suspiró – Tengo otros intereses… y no creo que las chicas – refiriéndose a Ami y Lita – estén interesadas, ya tienen a un chico que las rodea.
Las aludidas se pusieron rojas y fue Ami la primera en aclarar – De hecho – dijo con voz queda – Zoycite ya es mi novio – agregó mas roja.
Pese al momento de confusión, Lita también se confesó – Y… y… Neflyte es mi novio.
– ¡¿Qué?! – soltó Mina – ¡No puedes ser, no puede ser! ¡Es fantástico! – abrazó a sus amigas. – ¡Me alegro mucho por ustedes!
Las chicas contaron brevemente lo que había pasado y cómo se le habían declarado sus respectivos novios. Eso sí, Ami omitió deliberadamente la manera en que Zoycite la había besado en ese momento y que, si no hubiera llegado Serena a interrumpir, no sabía hasta dónde podría detenerse y satisfacerse de su flamante novio.
Rei se alegraba, sin duda, pero no lo demostraba con tanto entusiasmo como Mina, que casi le brillaban los ojos al escuchar cada detalle de las anécdotas.
– Y no hubiera sucedido sin Serena – dijo Lita con un poco de nostalgia, sabiendo que ella pronto se iría del país – Ojalá se quedara más tiempo para ver todo esto que nos está pasando.
Hubo un pequeño silencio que Mina interrumpió – A menos que mi plan dé frutos.
– ¿De qué rayos hablas? – cuestionó Rei.
– De mi plan para que Serena se dé cuenta de que no necesita ir tras Darien porque no es el único hombre en el mundo.
– Mina… – dijo entre dientes sabiendo que escucharía alguna locura de su amiga.
– Hay un muchacho que está muy interesado en Serena.
– Estás loca, ve al grano.
– Estoy hablando de Seiya Kou – respondió con aire triunfante – Él iba conduciendo el automóvil que chocó a Serena y desde ese día estuvo muy distraído, seguro pensando en ella – agregó – Después de que nos vio con ella en el concierto, me suplicó que le dijera dónde encontrarla y ¿adivinen qué?… se han estado frecuentando.
Ami y Lita soltaron un "qué" al unísono, pero antes de caer en toda esa confusión, Rei trató de saber más – Mina ¿qué lío estás haciendo?
– ¿Yo? Ninguno. Ellos se conocieron ese día y por voluntad propia han seguido en contacto. Seiya parece muy interesado en Serena y ella… bueno, no parece incomodarle, hasta ya trabajan juntos
– ¿Cómo? – preguntó Ami.
– No tengo muy claro cómo convenció Seiya a nuestra amiga de hacer el arte de la portada de su primer disco pero ella ya está trabajando en eso; seguramente por eso no pudo venir hoy.
Rei pensó que era muy bueno que Serena se diera cuenta que era muy buena artista y se diera la oportunidad de hacer algo por y para ella, no para complacer a Darien; sin embargo, Mina podría crear un problema.
– Mina, pero te refieres a que está trabajando para él, es decir, para los Three Lights.
– Sí, pero, aunque no conozco muy bien a Seiya, se nota que está muy contento de ver a nuestra amiga.
Rei respiró profundamente – Mina no vayas a causar un malentendido ¿sí?
– Ya te dije que no ha sido cosa mía, ellos solitos son los que han permanecido cerca; además ¿no les alegraría que nuestra amiga se diera cuenta de que Darien no lo es todo y que decidiera quedarse aquí?
– Sí pero entiende, ella se va a casar con Darien, es una relación muy seria y tú estás insinuando algo muy delicado.
– Tan seria que cuando nos habló de ese compromiso, yo no le vi ningún anillo ¿y ustedes? – Ami y Lita negaron con la cabeza después de pensarlo un momento – Tampoco es como que se viera muy ilusionada o feliz, si mi novio me propusiera matrimonio estaría saltando de felicidad y contándoselo a todo el mundo… Quizá no esté convencida de todo eso.
– Además – continuó – Si Serena no quisiera cerca a Seiya, ya le hubiera puesto un alto ¿no?… Descuida, ya sabes lo que dice el dicho: el atrevimiento viene después.
– No, no, no – intervinó Ami – Así no es.
Sus amigas empezaron a discutir sobre la verdadera versión de la frase, pero Rei se quedó callada más bien pensando en la situación. Mina era una alocada para ciertas cosas y quizá tenía un punto sobre la relación de Serena con Darien, pero ella tenía el presentimiento de que las cosas no saldrían muy bien.
o-o-o-o-o-o-o-o
– ¡Perfecto! – dijo el chico al escuchar cómo habían quedado las canciones luego de su postproducción. Esa mañana habían ido al estudio a grabar más pistas y su ingeniero de audio les entregó las que ya había trabajado.
El resultado era bastante bueno. De hecho, les había comentado que en la disquera estaban muy complacidos de que el disco avanzara tan bien y tan rápido.
Seiya estaba muy contento, su plan avanzaba mejor de lo que esperaba. Y no podía negar que en parte, era gracias a toda la inspiración que Bombón le daba.
Él no dejaba de procurarla y llamarle por teléfono; claro, sin agobiarla y siempre que sus horarios de grabación y ensayos se lo permitieran.
– Es bastante buena – señaló Taiki sobre una de las canciones que habían escuchado – Bien podría ser el segundo sencillo del disco.
– Aunque no estoy seguro que sea tan popular como Search for your love – comentó Yaten aludiendo a la canción que los había vuelto "famosos" en internet y que ya sonaba en toda la radio.
– No se preocupen por eso, ya estoy terminando una canción que será perfecta como segundo sencillo – sonrió Seiya. Llevaba ya varios días reuniendo en su cabeza todas y cada una de las cosas que Bombón le hacía sentir cuando estaba cerca y las estaba plasmando en una canción. LA canción.
– Será especial, ya verán – les aseguró.
– Perfecto, ¿podemos escuchar lo que tienes? Quizá podríamos ayudarte a terminar – dijo Taiki.
– No – respondió. Seiya lo había pensado muy bien y quería que Serena fuera la primera en escucharla, y le diría que la había compuesto para ella, eso le daría pie a hablarle sobre su intención de pretenderla formalmente.
– ¿Por qué? – cuestionó el mayor de los Kou.
– Aún no está terminada y… – respiró profundamente – Primero quiero que la escuche alguien especial.
Yaten y Taiki se miraron uno a otro. No hizo falta que dijeran algo, el menor de los Kou sabía que algo les preocupaba – Todo está bien chicos.
Él les había comentado un poco de la chica que Michiru Kaiou le había recomendado para hacer el arte de su disco, quien casualmente era con quien habían chocado y les había contado que se habían visto algunas veces.
– Seiya, ¿no crees que le estás prestando mucha atención? – le cuestionó Yaten.
– Debemos concentrarnos en el grupo Seiya – agregó el más grande de ellos – Tú mismo insististe en esto y no nos gustaría que…
– Lo sé chicos; les agradezco mucho que siempre estén ahí para mí y que me apoyaran así con la idea del grupo.
– Es importante para ti, lo es para nosotros… – dijo Yaten – Además, para nosotros también significa mucho.
Seiya les sonrió, lo sabía – Bueno, sólo quiero que confíen en esto. Serena es una buena chica y no negarán que estamos avanzando muy bien con el disco.
Miró su reloj, aún era buena hora para llamarle por teléfono (no habían hablado desde el día de su salida al cine) y después continuaría trabajando en sus canciones.
– Bueno, iré a mi habitación – se disculpó y se fue.
Cerró la puerta. Vio sus anotaciones de la letra de su canción y sonrió. Hablaba de cómo el brillo de una estrella lo había deslumbrado y cómo lo había iluminado en un momento en el que aún se sentía perdido; incluso reconocía que en un principio estaba dudoso de lo que estaba empezando a sentir, pero que conocerla mejor le había convencido de seguir a su corazón.
Sacó su teléfono para acordar verse, quizá con el pretexto del arte del disco y aprovecharía para mostrarle la canción.
Buscó el número y sentía cómo su corazón vibraba al pensar en ella. Recordaba la última vez que se sintió así y claro que no quería volver a sufrir por otra mujer.
Miró su guitarra. Justo ella se la había regalado, justo a ella le había dedicado sus primeras canciones, justo ella se había marchado y justo por ella había decidido ser famoso y que su música se escuchara por todos lados.
Kakyuu…
o-o-o-o-o-o-o-o
– También lo piensas, ¿verdad? – preguntó Taiki.
– No sabemos nada de esa chica y no quiero volver a verlo tan destrozado – respondió Yaten.
Los hermanos se habían quedado platicando y ya era hora de que tomaran cartas en el asunto.
– Sí, la última vez que lo vimos así… – Taiki no quiso terminar la frase, ciertamente había sido algo muy difícil y doloroso, especialmente para Seiya.
Él no sólo era el más alto y más centrado de los tres, sino que era el más grande de edad y se sentía con la responsabilidad de poner algo de orden.
– Escucha Yaten, tenemos que saber más de esa chica Serena, Bombón o como se llame – dijo pues ya llevaba algunos días pensando el asunto.
– ¿Y cómo?
– Entiendo que es amiga o conocida de Mina, podríamos empezar por ahí… Yaten, necesito que indagues con Mina.
– Es una broma, ¿verdad? – y es que en un principio Yaten había sido blanco de los coqueteos de su representante. Si bien, poco a poco había disminuido, ciertamente había sido muy incómodo para su hermano.
– Por favor, es por el bien de Seiya.
– ¿Y tú qué harás? – cuestionó.
– He pensado presentarme personalmente con ella. A final de cuentas, ella está trabajando para nosotros y no tiene nada de malo que me acerque.
Su hermano torció la boca – De acuerdo, Seiya me pidió que saliera con Mina porque le debía un favor… creo que es un buen pretexto para hablar sobre el asunto.
– Excelente – dijo Taiki. Miró hacia la puerta de la habitación del más pequeño de los Kou, quien ya estaba practicando con su guitarra.
Quería mucho a Yaten y a Seiya; pero sabía que el más joven de sus hermanos era especialmente sensible y era el único de ellos que había sufrido una monumental decepción amorosa.
Yaten siempre había sido bastante sobrio en esos temas y, si bien le había conocido algunas chicas, no había un historial amoroso relevante; así que Taiki nunca se había preocupado de que sufriera por esos menesteres.
Incluso él mismo estaba limpio de cualquier herida en el corazón. Sí, había salido con algunas chicas en su tierra natal, pero nada relevante; aún no conocía a alguna que lo hechizara. No perdía la esperanza de algún día encontrar el amor, pero no era algo que le quitara el sueño.
Sin embargo, no quería volver a ver sufrir a Seiya por un amor no correspondido, ni por un abandono.
Espero que la tal Serena sea algo bueno para él.
o-o-o-o-o-o-o-o
Llevaba días dándole vueltas al asunto. A propósito llegaba tarde a la oficina y aprovechaba las noches para estar ahí y sacar sus pendientes más urgentes. El resto del tiempo pensaba una y otra vez en ella.
Cuando Jedite le dio el nombre de quien había alquilado el automóvil que chocó con Serena Tsukino se sintió algo frustrado, ya no tendría un pretexto para hablar sobre ese tema. Sin embargo, leer MINA en ese papel le hizo pensar si sería esa Mina, su Mina. Si esa era la razón por la que la chica le pedía que dejara el tema por la paz.
Al final, después de varios días, decidió salir de dudas y buscó en internet el nombre completo de Mina Aino. Encontró una vieja nota del campeonato femenil de voleibol escolar en el que el equipo de la preparatoria Juuban se había alzado con el triunfo. La nota venía acompañada con una fotografía de las campeonas, donde la inconfundible pequeña aparecía.
Otra información que encontró era más reciente. Sobre unos tal Three Lights, al parecer un grupo musical de moda o algo así, donde en una línea citaban una declaración de su representante: Mina Aino.
Kunzite no sabía que pensar. Si Mina estaba involucrada en el accidente, si ocultaba más cosas, si estaba protegiendo a alguien… – ¿Por qué negaste saber más del asunto?… ¿Por qué me engañaste?
Se sentía ridículo porque, de alguna manera, le dolía que Mina no le dijera las cosas – Es natural, si ni siquiera sabes cómo hablarle, ¿cómo iba a confiar en ti?
Era cierto. Se comportaba como un idiota. Cómo pedir aunque fuera un poco de apoyo de parte de Mina.
Y ahora había algo peor. ¿Cómo abordarla y decirle que ya sabía que fue ella quien alquiló el auto?
La única alternativa que veía era dejar su altivez a un lado y hablarle de la manera más tranquila posible. Y es que sabía que esa sería su última oportunidad de acercarse a ella.
Qué ganas de hablar con Zoycite y pedirle un consejo; sabía que su amigo es muy bueno para desenvolverse con las mujeres, además era en quien más confiaba. Pero no quería verse como un idiota ante nadie, pidiendo ayuda sobre un tema como éste.
Kunzite decidió lanzarse de una vez por todo y se dirigió al trabajo de Mina. Repasando y ensayando una y otra vez en su cabeza lo que le diría, pensando si podría pedirle salir a tomar un café para platicar sobre algo importante.
Permanecía en su automóvil detenido afuera del estudio de televisión, moviendo involuntariamente su pie, un gesto completamente de nerviosismo.
Cerró los ojos, trató de tranquilizarse y apoyado en el volante del vehículo. Fue la voz de Mina quien le hizo mirar; sin embargo, lo que vio no le animó a salir.
La rubia venía acompañada de otro joven. Éste era más bajito y de cabello más largo y plateado; aunque parecía de la misma edad que el de la última vez y se caracterizaba por también traer una larga coleta.
Kunzite se preguntó si salía con alguno de ellos, si eran amigos suyos o qué rayos pasaba. No escuchaba lo que decían y no sabía qué debía hacer.
Se quedó observando sin saber que Mina le decía a Yaten Kou que no era necesario que salieran porque Seiya no le debía ningún favor. El muchacho insistía, no por querer estar con ella sino por sacarle información.
Y lo que más le calaba a Yaten es que, en un principio, ella fue algo asfixiante con él y ahora ella de hacía del rogar. ¿Quién se creía?
Así que no soportó más y soltó lo que realmente buscaba – Escucha, tampoco es que me interese salir contigo, sólo lo hago para que me hables de Serena Tsukino.
– ¿De qué hablas? – preguntó la rubia.
– Tu amiguita está muy cerca de mi hermano y quiero saber con qué clase de mujer se está enredando – dijo con un tono no que no agradó nada a Mina. ¿Qué estaba insinuando de Serena?
– ¿Disculpa? – dijo con un desconcierto que hasta Kunzite notó desde la distancia – Cómo que "qué clase de mujer". Primero, "mi amiguita" es como una hermana para mí y, segundo, no se está "enredando" con nadie ¿sí?
– Sabes a lo que me refiero Mina – respondió altivo. Y desde luego Mina no le contaría que a ella le gustaría una relación entre Seiya y Serena, pero que había un pequeño problemita: ella estaba comprometida con otro hombre y pronto se iría a vivir al extranjero.
– Déjalos, ya son adultos y no pretendas utilizarme para estar ventilando los problemas de mi amiga – alzó la voz un poco y aunque no lo suficiente para que Kunzite escuchara con claridad, sí hizo que se reacomodara en su asiento.
– ¿Cuáles problemas? – Mina se dio cuenta que se había enredado con sus propias palabras.
– Nada, olvídalo – respondió la chica y trató de escabullirse, pero Yaten la tomó del brazo con fuerza.
– ¡Dime! – insistió y empezó un pequeño forcejeo en el que ambos insistían; él, en que hablara; ella, en que la dejara ir.
Y la firmeza de los dos era tal, que esa discusión hubiera durado para siempre, sino es porque de pronto un puñetazo dio en la cara de Yaten con suficiente fuerza para dejarlo en el suelo.
– ¡Déjala en paz enano! – le gritó Kunzite.
– ¿Qué haces? – le preguntó la chica al recién llegado.
– ¡No voy a permitir que este idiota te moleste! – le respondió dispuesto a soltar más golpes en cuanto el muchachito se levantara; sin embargo, y pese a lo que pudiera esperar Kunzite, la rubia se agachó para ayudar al chico que la estaba molestando.
– ¡Ay no! – expresó en cuanto notó que el golpe le había en la boca, la cual mostraba un pequeño hilo de sangre y toda esa zona de su piel muy roja – ¡Mira lo que hiciste! – le reclamó – ¿Estás bien Yaten?
Qué rayos pasaba. Él trató de defenderla y ella sólo se preocupaba de que ese muchachito tenía un golpe.
El chico no contestó, sólo se quejó aún aturdido por el golpe que lo llevó hasta el suelo – Vamos, te llevaré a que te revisen.
– Espera Mina, tenemos que hablar – se hizo notar de nuevo con firmeza – Es sobre el accidente.
– No empecemos de nuevo con eso ¿sí? – respondió ayudándole al chico a ponerse de pie y empezó a tomar camino con él.
– ¡Ya sé que estás involucrada! – sentenció y la chica se detuvo – ¡Necesito que me digas todo!
– Está bien, tenías razón. Sí sabía algo. ¿Es lo que querías escuchar?… Pues ya no hay nada más que decirte Kunzite – respondió tan tajante que lo dejó frío.
La chica se fue y él supo que con ese último encuentro también se iba toda la esperanza de volver a hablar con ella.
o-o-o-o-o-o-o-o
La mujer caminaba de un lado al otro en la sala de su propio departamento. No se atrevía a cruzar el pasillo y saber de qué tanto charlaban.
Y es que las cosas no habían salido como ella esperaba. Había planeado por varios días cómo explicarle a su pequeña hija sobre los próximos cambios en su vida. La conclusión a la que llegó es que no podría hablar con ella sin el apoyo de Michiru y Haruka, quienes para Hotaru eran prácticamente parte de su núcleo familiar.
Ellas habían accedido a estar presentes en esa charla y procurarían intervenir lo menos posible, pero tuvieron que interceder cuando las cosas se salieron de control una vez que la niña pasó de la emoción de su primer viaje en avión a comprender que esa aventura implicaba ya no ver a mamá Michiru y papá Haruka.
Setsuna se sentía impotente. Su pequeña se había desatado en llanto y gritos de que no quería separarse de ellas y, de momento, rechazaba estar con ella, porque por su culpa se iban a separar. Michiru la llevó a su habitación para hablar con calma.
En un principio, Haruka se quedó en silencio. Setsuna sabía que especialmente le molestaba la situación, no era un secreto que no le agradaba la idea de que se fueran prácticamente siguiendo a Darien Chiba.
Después ella también fue a la habitación de la pequeña y ya llevaban largo rato ahí. El único consuelo es que ya no se escuchaba el llanto de la pequeña.
Le dolía lastimar así a su hija y por enésima vez se cuestionaba si estaba haciendo lo correcto. Su trabajo era muy importante y siempre se comprometió a cumplir cabalmente sus responsabilidades, por la misma naturaleza de su carácter y para no fallarle a Michiru Kaiou, quien le ayudó a conseguir ese buen empleo; pero ahora le perturbaba que su deber hiriera a Hotaru.
¿Sólo por tu deber? – se cuestionó. Sabía que no sólo era eso. Había algo más, un vínculo especial hacia su jefe.
Desde que planteó el viaje, él le dijo que debía acompañarlo, porque simplemente la necesitaba. A diferencia de sus compañeros, sin ella, él no podría hacer muchas cosas.
Pero había algo más, no fue una frase suelta que él le dijo, sino cómo lo hizo. Fue en su oficina, a solas como muchas veces habían conversado, él se acercó peligrosamente a ella y casi con un susurro le dijo que la necesitaba.
Setsuna podía volver a sentir su piel erizándose sólo recordar esas palabras. Y se sentía tan tonta por todo eso.
De pronto la puerta de la habitación de su hija se abrió y Michiru y Haruka aparecieron.
– Ya está más tranquila y logramos que se durmiera – dijo Michiru.
– Gracias – respondió – Si no hubieran estado ustedes, no sé cómo hubiera manejado esto.
– Ambas tienen que aprender a resolver estas situaciones… – intervino Haruka – Allá ya no podremos interceder.
– Haruka – terció su prometida, conociendo el tono hostil – Le prometimos visitarla lo más que pudiéramos, pero ya sabes… es complicado.
– Sí – concedió casi con un susurro; viajar al otro lado del mundo sólo para saludar no era una idea viable ni para una chica de familia acomodada como Michiru.
– Estaremos al pendiente de ella lo más que podamos – agregó con un semblante triste – Es lo único que nos queda.
Se dirigieron a la puerta en silencio. Setsuna sabía que también las estaba lastimando. Ambas habían sido las primeras en enterarse de su embarazo y la habían apoyado desde el principio, habían visto nacer y crecer a Hotaru y, ahora, era como arrancarles un pedacito de su vida.
¿Y todo por qué? Sólo por un "te necesito", sólo por una limosna, una fantasía.
– Espero que estés haciendo lo correcto – dijo Haruka antes de salir del departamento.
También yo.
Y es que quien siempre terminaba pagando por sus malas decisiones siempre era su pequeña, siendo que ella inocente de todo.
¿Acaso Hotaru era culpable de que su madre se conformara con migajas de un hombre? ¿O de que su padre fuera un hombre prohibido y comprometido?
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Era el día. Serena ya había terminado su pintura y quería mostrársela a alguien más antes de llevársela a Michiru Kaiou.
Él se ofreció gustoso y aprovecharía para mostrarle la canción que había compuesto para ella y después le pediría cortejarla formalmente. No había falla.
Se vistió un poco más formal pero sin caer en el exceso: una camisa y un pantalón de vestir, sin corbata pero perfectamente pulcro. Metió su vieja guitarra en su estuche y salió hacia allá.
Sus hermanos descansaban en sus habitaciones, así que se evitó el encontrárselos y dar explicaciones. Sabía que estaban preocupados por él y todo lo que había hecho y dicho alguna vez, pero en esta ocasión las cosas no tenían que salir mal, todo lo contrario.
Quizás en un día cercano la invite a cenar y conocer a sus hermanos, y así ellos se darían cuenta de lo bueno que le estaba pasando.
Al fin llegó a la casa de Serena. Había sido un camino algo largo, y ahora lo pensaba, ella vivía en una zona apartada de la ciudad en unos departamentos que parecían más o menos pudientes. Se preguntó por primera vez por qué ella vivía ahí y aparentemente sola.
Quizá en algún momento podrían platicarlo y es que él quería saber todo de ella. Ya no tenía dudas de ello.
Le llamó para avisarle que estaba ahí. La rubia bajó a abrirle y lo hizo pasar. Seiya estaba un poco ansioso; sería la primera vez pasaría a otro espacio de ese departamento, pues la chica le dijo que lo llevaría a su estudio.
– Disculpa que esté un poco desordenado – le dijo mientras lo conducía a una de las habitaciones – he estado trabajando y…
– Descuida Bombón, no tienes que preocuparte siempre por lo que pudiéramos pensar o decir los demás.
Ella le sonrió y entraron al lugar. Se trataba de una habitación completamente dedicada a pintar, no era muy grande pero estaba llena de varios trabajos de la chica.
Seiya miraba percibiendo la esencia de la chica por todas partes. Sonrió y, aunque le hubiera gustado observar cada detalle del lugar, Serena captó su atención mostrándole un cuadro que había hecho.
Tal como lo habían conservado, la pintura retrataba una playa nocturna con un cielo estrellado y la infaltable luna que tanto le gustaba a Serena. La chica se había neceado en hacer presentes a los Three Lights en la pintura y había colocado las tres silueta en la arena.
Seiya pensó que ella debió observar por horas las fotos de la revista que había comprado para saber cómo eran ellos y colocarlos en su pintura. En la imagen, estaban de espaldas y de una formas muy sutil pero debió ser complicado sin tenerlos como modelos o con una clara imagen de ellos.
– Me encanta – sólo pudo soltar.
– ¿De verdad? Quería saber la opinión de alguien más, esta misma semana iré a ver a Michiru y, si ella da su visto bueno, se los entregaría a ustedes.
– A mí me fascina y sé que a mis hermanos les gustará. Quizá puedas ir a casa a mostrárselos, me encantaría presentarlos.
– Pero primero que Michiru lo vea ¿sí?… Por favor, estoy muy nerviosa por saber su opinión; de hecho, no sé qué pensará cuando lo vea – dijo y Seiya notó que de verdad estaba nerviosa por ese tema, así que se aventuró a preguntar – ¿Puedo acompañarte a mostrárselo?
– ¿De verdad?
– Sí, es un momento importante para ti.
Ella sonrió – Sí, muchas gracias Seiya. Iré a verla a la Universidad donde da clases, te daré la dirección.
La chica comenzó a mirar por la habitación, buscando en medio de su desorden de dónde y cómo anotar.
– Si quieres mándame la ubicación.
– Ya te dije que mi teléfono no hace esas cosas. Dame un momento iré por algo para anotar… Si quieres puedes bajar tu guitarra.
– Ah, sí… La traje para mostrarte algo – le sonrió imaginando la cara que Bombón pondría al escuchar lo que hizo para ella.
La rubia salió de la habitación y él decidió aprovechar el momento para observar el trabajo de Bombón. Sin embargo, algo llamó su atención.
En medio del caos, había una mesita con una imagen. Una fotografía. Serena parecía feliz pero no estaba sola, un joven alto y algo serio la acompañaba.
En sus dos anteriores visitas, Seiya no había visto una sola fotografía en la casa y no sabía quién era ese sujeto.
¿Un amigo, un pariente?… ¿Algo más?
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Serena fue a su habitación. Estaba segura que por ahí de la tener una libreta para anotar la dirección.
Estaba emocionada. A Seiya le había gustado su arte y, si Michiru opinaba igual, podría presumir que por fin hizo su primer trabajo profesional.
¿Y después qué? – se preguntó.
Trató de no pensar en eso por ahora; sin embargo, al abrir el cajón de su mesa de noche, encontró un recordatorio de lo que es su destino: el anillo de compromiso que Darien le dio antes de partir.
Ella lo tomó y se lo colocó en el dedo correspondiente. Lo había guardado ahí para no arruinarlo al pintar ¿Por qué no se lo había vuelto a poner?
De pronto, sonó el teléfono. La chica se dirigió de nuevo a la sala para contestar. Era poco común que alguien llamara, prácticamente nadie lo hacía, excepto…
– Hola Princesa – dijo la voz de Darien al otro lado de la línea. Ella lo saludó y, como ya se estaba haciendo rutina, él le informó rápidamente lo de siempre: trabajo, reuniones, papeles.
Serena lo escuchaba mientras miraba las rosas que Seiya le había llevado, las cuales empezaban a mostrar sus primeros síntomas de marchitez; asimismo, no notaba que Seiya la había visto pasar por el pasillo y ya la había alcanzado en la sala y, mientras ella hablaba, centraba su mirada en la joya de su mano izquierda. Un inconfundible anillo de compromiso.
– Bueno, tengo que ir a dormir. Mañana tendré una agenda complicada – dijo Darien y ella por fin notó que Seiya estaba ahí con una expresión muy confundida – Adiós, te amo.
– Adiós, descansa mi amor – respondió mecánicamente y con voz algo queda.
Y es que Selya se quedó ahí, congelado, incrédulo, desilusionado Sólo observándola.
Continuará…
Hola, hola. Ya volví con este capítulo que se complicó mucho. Sí, por las cosas que sucedieron aquí pero también por los tiempos difíciles que me han tocado en últimas fechas, en las que no he tenido tiempo ni cabeza para nada. Pero, escribir siempre ha sido mi mejor terapia y, henos aquí. Como sea, lamento mucho la demora.
Vayamos al fic. Ay Seiya, andaba bien emocionado todo y ¡pum! Le solté las cosas sin anestesia, lo siento pero ya le tocaba saber qué terreno anda pisando ¿Qué hará y cómo afectará su vínculo con nuestra protagonista?
Por otro lado, tuvimos a nuestros muchachos que también andan bien perdidos. Jedite tratando de evitar cualquier interacción, pero ¡pum! Sin querer, enseñó de más. Don Kunz, ya había tomado una determinación pero tampoco las cosas le salieron muy bien.
Pero bueno, el destino es el destino.
Y, finalmente, tuvimos la participación de la intrigante Setsuna que no hace más que revolvernos todo. Se le está complicando todo a esta mujer.
Quizá no sea el capítulo más alegre del mundo pero espero lo hayan disfrutado y también espero leerlos muy pronto. Nuevamente agradezco todo su apoyo y paciencia. Chao.
