Ustedes no lo imaginan pero después del despelote que provoqué en el capítulo anterior, sufrí mucho al escribir éste; tanto que las cosas no terminaban de cuajar en mi cabeza y ¡pum! tuve que sumar un nuevo capítulo a mi planeación.
X – Pequeños lazos
Sintió un vuelco en el corazón cuando su mente por fin pudo armar todas las piezas: la foto, el anillo, la llamada. Y era obvio, una chica como Bombón debía tener a muchos chicos interesados en ella, era lógico que ya existiera uno que logró capturar su atención y su corazón.
Era tan hermosa, simpática, talentosa… No era culpa de ella de que su corazón engañara a su cabeza y le hiciera crear toda una ilusión en la que habría una posibilidad de estar juntos. De que ella le ayudara a sanar su corazón.
Hubo un momento de silencio incómodo y, aunque debía entender que era un tonto ingenuo por hacerse ilusiones, no podía evitar que sólo verla doliera. Trató de controlarse pero no supo si dio alguna señal de que se estaba quebrando por dentro, porque la chica preguntó:
– ¿Pasa algo? – dijo Serena preocupada.
– No, sólo que… – ni siquiera era capaz de sostenerle la mirada – las rosas que te traje, empiezan a marchitarse.
– Oh, sí – dijo ella mirando las flores – Es una lástima, me gustaron mucho.
Él sintió una estocada en el corazón. Si pudiera, la llenaría de rosas todos los días para que ella fuera feliz; pero no sería correcto, ella ya tenía a alguien.
– Oye, tengo que irme – excusó de pronto – Olvidé que le prometí a mi hermano Yaten llevarlo al dentista, el otro día tuvo un incidente y se rompió uno de sus dientes.
– ¿Él está bien?
– Sí, sólo fue algo menor. Tengo que irme – se dio la media vuelta y de pronto recordó – Ah, mi guitarra.
Volvió al estudio de la chica y recogió su instrumento. Sin poder evitarlo, sus ojos fueron de nuevo a la fotografía, al rostro de ese afortunado y su media sonrisa.
¿Qué clase de hombre sería para haberla conquistado?, ¿Cuánto tiempo llevaban juntos?, ¿Se amaban mucho?
Sacudió la cabeza tratando de despejar esas flagelantes preguntas.
Salió y la chica seguía en la sala con el rostro confundido – ¿De verdad todo está bien?
– Sí, es sólo este asunto de mi hermano – se dirigió a la puerta.
– Espera, no te di la dirección para que me acompañaras con Michiru. Sí podrás ¿verdad?
Cómo negarse a ella, a esos ojos azules hermosos, a ese intenso resplandor que tanto le atraía – Claro. Escucha, le pediré a ella la ubicación, creo que será más sencillo, ¿de acuerdo? No te dejaré sola en un momento tan importante.
– Gracias Seiya – le sonrió
Él muchacho hizo su mejor esfuerzo y le devolvió la sonrisa para luego salir del lugar.
Se preguntó si su prometido no estaba muy involucrado o interesado con el trabajo de Bombón, o cuál era la razón de que él parecía ser el único que, hasta el momento, había visto el arte.
Eso lo molestó. Qué clase de hombre era para no estar ahí para ella.
Sin embargo, no hubo mucho tiempo para estar enojado. Una vez que salió del edificio, sintió que el dolor de su pecho empezaba a oprimirle con mayor fuerza. No soportaba más estar ahí, necesitaba ir a casa y estar un rato solo.
Necesitaba hablar con él mismo y convencerse de que todo había sido una tontería, una fantasía, un error. Aunque lo más difícil sería hacerse a la idea de que tendría que volver a verla y domar sus sentimientos cada vez más fuertes hacia Bombón.
Sabía perfectamente lo mucho que dolía estar tan cerca de una mujer especial y ser consciente de lo inalcanzable que es.
Otra vez soy el idiota – pensó. Su único consuelo era que las cosas no terminarían tan irremediablemente dolorosas como la última vez.
o-o-o-o-o-o-o-o
– ¡Augh! – dijo el muchacho mientras terminaban de intervenirlo.
Mina no pudo evitar un gesto de desagrado. Lo admitía, desde niña detestaba ir al dentista pero esta vez la situación lo ameritaba. Al final de cuentas, que Yaten tuviera que someterse a un pequeño tratamiento había sido su culpa.
El golpe que Kuzite le propinó, dejó como saldo sus labios hinchados por unos días y un diente roto. Lo menos que ella podía hacer era ayudarlo a que se recuperara.
Además, agradecía que la discreción que caracterizaba a los Kou jugara a su favor y Yaten no les comentara a sus hermanos lo que realmente había pasado.
El incidente había obligado a Yaten a permanecer encerrado en casa para evitar ser visto públicamente y crear un escándalo, por lo que Mina no había podido verlo y disculparse por lo que hizo le hizo Kunz.
Ese tonto, qué le dio valor de salir de la nada y golpear a Yaten.
– ¡Listo! – dijo el dentista y le entregó un espejo al muchacho – Fue un tratamiento sencillo pero no se nota absolutamente nada.
– Luce bien – admitió el chico muy despacio debido al tratamiento al que se sometió.
Mina soltó un suspiro de alivio. Con Yaten ya en buenas condiciones podrían agendar la sesión fotográfica para la promoción del disco y empezar a gestionar más entrevistas y otras apariciones.
Salieron de ahí y de nuevo se sintió aliviada (ahora por alejarse del dentista). Aunque había un silencio incómodo; desde que fue a recoger a Yaten esa mañana, no habían cruzado palabras y ahora no era la excepción.
Ella reconocía que en un principio Yaten la atrajo mucho y muy a su estilo personal, trató de involucrarse con él, pero no tardó en darse cuenta que él no estaba interesado y lo dejó en paz. Dignidad ante todo, sí, y también debía ser profesional. Parte de su nuevo trabajo era que los Kou estuvieran bien y no quería perder la oportunidad de ser su representante por un capricho hormonal.
Además había otra razón que la alejó de su idea de conquistar a Yaten Kou. Kunzite había aparecido sin ningún pronóstico de nada, sin esas cosquillas en el estómago o esa sensación de querer conocerlo. Sólo vio un tipo guapísimo pero engreído.
Luego, él comenzó con su tontería del accidente y, lejos de representarle un problema, Mina lo comenzó a tomar como un juego – Atrápame si puedes.
No imaginó que él de verdad tuviera posibilidades de encontrar algo y que descubriera que sí estaba involucrada en el accidente. Era una lástima, realmente le gustaba ese juego y comenzaba a emocionarse cada vez que aparecía o simplemente si pensaba en él.
– Lo lamento – dijo de la nada Yaten mientras caminaban. Ella lo miró sin entender y él continuó – Lamento si te causé un malentendido con tu novio.
– ¿De qué hablas? Él no es mi… ¿Por qué crees que es mi novio?
Yaten bufó y se tocó justo donde lo había golpeado – Yo no le tumbaría un diente a alguien sólo porque sí. Es obvio que a ese tipo le interesas mucho… Supongo que no le hizo mucha gracia verte conmigo y que discutiéramos. Disculpa por insistir en salir contigo. Espero que hayas podido arreglar las cosas con él.
Mina se quedó sorprendida. Yaten se había mostrado como el más distante de los Three Lights y ahora le mostraba un lado muy diferente.
– No – dijo al fin – Kunzi y yo no somos nada, él sólo pensaba que de alguna manera sabía algo del accidente de mi amiga Serena – Yaten arqueó la ceja – Nunca le dije que fueron ustedes y realmente no sé qué es exactamente lo que sabe… Y creo que nunca lo sabré.
Lo dijo con algo de desilusión, al ser consciente de que ya no debía hablarle ni seguirle el juego para no meter en problemas a los Kou.
– Gracias por protegernos pero… creo que no es justo, parece afectarte que no se hablen.
La rubia volvió a sorprenderse, Yaten se estaba mostrando como alguien muy perceptivo y comprensivo – Un poco, ¿sabes? Mis amigas se hicieron novias de sus amigos y por un momento pensé que sería gracioso y perfecto que él y yo lográramos algo, pero no creo conveniente seguirlo frecuentando; además – cambió un poco su tono, tratando de ser la Mina de siempre – Kunzi es demasiado cuadrado, no creo ser su tipo.
Yaten soltó una inesperada risita – Creo que eres el caos que le hace falta.
Ella rió también. Qué tontería. Pero había algo interesante en la conversación, Mina estaba agradecida con las sinceridad de Yaten y, de alguna manera, quería retribuirle la discreción y confianza con el asunto de Kunzite.
– Gracias, lo que te pasó fue mi culpa y sé que todo fue porque te interesa saber sobre Serena y su vínculo con Seiya.
El chico se detuvo – Quiero que sepas que mi amiga es una buena chica y que ellos dos sólo son amigos.
Sí pasa algo más, será sólo cosa de ellos.
Él pareció pensarlo un momento – No quiero que sufra, ¿sabes? – el chico sabía que no debía hablar de asuntos tan personales de Seiya, pero creía justo que Mina entendiera el porqué se comportó como un necio el otro día – Él ya ha sufrido mucho y no quisiera volver a verlo deshecho.
Mina se empezó a preocupar, quizá Rei tenía razón y estaba causando un lío. Yaten parecía hablar muy en serio.
– Mi hermano tuvo ya la mala suerte de enamorarse muy intensamente de una mujer que no correspondía a sus sentimientos – confesó casi pensando en voz alta – A pesar de la situación, él quería permanecer cerca de ella, quizá manteniendo la mínima esperanza de que ella lo tomara en cuenta.
La chica se sintió mal. Seiya era un buen muchacho y su intención no era lastimarlo, pero sabía que en algún momento sabría de la existencia de Darien, de lo mucho que significaba para Serena y de que ella se marcharía con él.
– ¿Y qué sucedió? – preguntó temiendo de antemano a la respuesta.
– Ella se marchó y eso dejó destrozado a Seiya… – reanudó su andar y agregó casi para sí – A veces creo que sólo canta para encontrarla a través su música.
o-o-o-o-o-o-o-o
Despertó más temprano de lo usual. No había dormido muy bien y, siendo honestos, no se sentía nada bien.
Debía reconocer que en los últimos días no había dormido y comido bien. Simplemente algo le inquietaba.
Serena se levantó con cuidado. Luna aún permanecía hecha ovillo en una esquina de la cama. Su gatita estaba acostumbrándose de nuevo a dormir en su cama. Desde que se habían mudado al departamento con Darien, su mascota tuvo que resignarse a descansar en su pequeña cama en la habitación o cualquier espacio acojinado de la casa.
Darien aún no me dice si podré llevarla conmigo… – pensó y debía reconocer que eso la preocupaba mucho. Luna era su compañera y no quería abandonarla.
La chica salió de la habitación sin hacer ruido. Trató de no pensar mucho en ese tema, no quería agregar otro agobio a su corazón.
Se asomó a su estudio y ahí estaba la pintura que había hecho para los Three Lights. Aunque debería estar conforme con haber concluido, justo desde que se la mostró a Seiya, había empezado a sentirse un poco rara, mal.
Y es que desde ese día, Seiya estaba distante. Por momentos Serena pensaba que no era una obligación de él llamarle ni nada; es más, debía estar muy ocupado con la grabación del disco.
De pronto otra idea la invadía y creía que él ya había perdido interés porque ella ya había terminado su trabajo y ya no había razones para frecuentarla… O quizá no le gustó el arte para el disco y no sabía cómo decirle que estaba decepcionado.
Serena había visto una expresión y actitud rara en Seiya cuando se fue de ahí y eso le hacía formular pensamientos negativos.
¿Qué había provocado su repentino distanciamiento?
Inconsistentemente frotó su anillo de compromiso y pensó si tendría algo que ver con esa joya o la llamada que recibió de Darien. ¿Acaso a Seiya le incomodó que ella estuviera comprometida con alguien?
Qué tontería.
Jamás le preguntaría semejante cosa. No quería arruinar su… ¿amistad? Sí, para ella estaban entablando una amistad; ella apreciaba las charlas con Seiya, su interés en sus cosas y, desde luego, su compañía.
No le gustaría perder eso. Él le estaba brindando una amistad muy diferente a la que le tenía con sus amigas, hasta con el propio Andrew; con Seiya se sentía… diferente.
Sonó el teléfono y por un momento pensó si se trataba de Darien y sus acostumbradas breves llamadas. Sin embargo, fue su madre quien estaba del otro lado de la línea.
Usualmente ella no le llamaba pero le dijo que estaba un poco preocupada al saberla sola allá en el departamento de Darien y le sugirió estar unos días con ellos.
Serena accedió. Claro, ella también quería estar con sus padres; después de todo, pronto se marcharía. Ya que había terminado su pintura, acordó estar unos días ahí.
Se llevó a Luna y tomó algunas cosas, asumiendo que, igual que después del accidente y los días que estuvo con sus papás, a Darien no le importunaría si se ausentaba unos días y no respondía sus llamadas. Aunque antes de irse, tuvo la precaución de quitarse el anillo de compromiso. Si bien había hablado con sus padres sobre irse a Estados Unidos con Darien, no había mencionado el tema del matrimonio. Quizá porque sus padres tomarían a mal que él se le haya propuesto sin hablar con ellos.
Como sea, Serena agradeció estar con su familia, ya que eso la distraía de no pensar mucho en el distanciamiento de Seiya.
Además, al día siguiente ya iría a ver a Michiru para que le diera sus comentarios sobre su pintura y eso también implicaba a ver a Seiya.
Era algo emocionante. Michiru le había dicho que la recibiría después de dar sus clases en la Universidad, la misma donde le dijo podría recomendarla. En el camino pensaba cómo sería estudiar ahí y aprender formalmente algo que le apasionaba tanto.
Estuvo a punto de entrar pero se quedó afuera, esperando a que llegara Seiya. Realmente no se habían puesto de acuerdo pero él le había asegurado que iría y le preguntaría a Michiru los detalles de la reunión.
Los minutos pasaban y Serena comenzaba a ponerse nerviosa. ¿Acaso él no asistiría? Sintió algo en el pecho con sólo la idea de que Seiya no estaría ahí para acompañarla.
Se estaba haciendo tarde y no quería hacer esperar a Michiru. Se dio la media vuelta y entonces…
– ¡Bombón!
o-o-o-o-o-o-o-o
Habían sido días difíciles. Supuso que, como cuando un adicto se desintoxicaba, la abstinencia había sido un método necesario, aunque doloroso.
Había pasado los últimos días pensando e incluso en catarsis con algunas letras para canciones nuevas. No hablaba mucho con sus hermanos y ellos, como siempre, aunque confundidos por su repentino aislamiento, parecían entender que necesitaba su espacio.
Durante esos días, Seiya habló consigo mismo, haciéndose entender que ni él ni Serena nunca fueron claros en la manera de convivir. Él la procuraba y la invitó a salir, pero nunca fue directo sobre sus intenciones. Ella, por su parte, no parecía molestarle la situación, ni lo limitaba; pero tampoco mostraba intenciones románticas.
Seiya también trataba de pensar si en algún momento hubo alguna pista de la existencia del prometido o novio de Serena; pero no encontraba en su mente alguna mención o algo donde se sobrentendiera la existencia de ese hombre.
Pero eso ya no importaba. La situación era clara, si ella no demostró intenciones románticas hacia él, era porque todo el tiempo tenía a alguien y, si nunca le habló de él, era porque no creyó necesario aclararle que estaba comprometida. Él lo entendía, no estaba obligada.
Pero lo más difícil de asimilar era qué debía hacer él. Seiya sabía que empezaba a tener sentimientos muy fuertes hacia ella y ya le resultaba muy difícil de la nada alejarse.
Es más, esos días que no la frecuentó, la extrañaba muchísimo.
Y en ese sentido debía reconocer que era demasiado débil y no estaba dispuesto a estar separado de ella. Aunque fuera como amigos. Convencido de que si ella estaba bien y era feliz, él lo estaría.
Así que decidió poner fin a ese pequeño proceso de desintoxicación y volver a verla. No quería faltar a su palabra, así que llamó a Michiru Kaiou para preguntarle los pormenores de su reunión con Bombón.
Llegó casi corriendo porque se le hizo un poco tarde, pero logró alcanzarla.
– ¡Hola! Pensé que no vendrías – dijo la chica.
– ¿Por qué no lo haría? – le habló con el mismo tono juguetón de siempre.
– Porque no me llamabas, ni sabía nada de ti… pensé que estabas molesto por algo – agregó un poco triste y él se sintió mal, no imaginó que dejarle de hablar fuera tan importante.
– Lo lamento Bombón. Estuve muy ocupado en el estudio de grabación… ¿te parece si saliendo de aquí te invito un helado?
Serena no podía resistirse a semejante dulce invitación – Tal vez… depende del sabor – dijo casi haciendo un pequeño puchero, como una niña haciéndose del rogar.
– Supongo que chocolate – sonrió – Ya en serio, lo lamento. ¿De verdad pensaste que te dejaría sola? Sé que esto es muy importante para ti – hizo una pausa – Para eso están los amigos ¿no?
Soltó y decirlo fue más doloroso de lo previó, pero si las cosas debían quedar claras entre ellos, él debía dar el primer paso.
– Claro Seiya, es genial tener un amigo como tú – y selló con una sonrisa esa relación entre ellos.
El muchacho buscó en todo su ser las fuerzas para no perderse en esa sonrisa y seguir adelante. Ya estaba dicho todo: son sólo amigos – Y bien, ¿aquí veremos a Michiru?
– Sí, ella es profesora aquí – agregó mirando el edificio. Ambos pasaron, admirando los jardines y salones del lugar.
Seiya notaba una expresión nueva en el rostro de Serena, como un aire nostálgico – ¿Estás bien?
– Sí, sólo me preguntaba… Nada – dijo sacudiendo su cabeza.
– ¿Qué?
– Nada, una tontería; no importa – se detuvieron afuera de uno de los salones.
– Por tu cara, creo que sí importa. Anda, puedes confiar en mí y decirme lo que quieras.
Se miraron a los ojos y permanecieron así por unos segundos.
– ¡Hola chicos! – dijo la voz de Michiru Kaiou y ambos saltaron de la sorpresa – Oh, disculpen si interrumpí.
Ambos se pusieron rojos y negaron con la cabeza. La chica los invitó a pasar a un aula bastante particular, con muy pocos asientos sin ningún orden en particular y todos acompañados por su caballete y una mesa.
Michiru le pidió a Serena que tomara asiento y que le mostrara lo que había hecho. Seiya notó que la chica se congelaba de los nervios y lo único que se le ocurrió fue colocar su mano en su hombro y asentir.
Ella sonrió ligeramente y sacó su carpeta. Así como Seiya estaba dispuesto a apoyarla, sabía que era un momento para dejarlas hablar asolas.
Se alejó un poco y tonteó en el aula, mirando de reojo a Serena y sin poder evitar el grabar en su cabeza cada gesto de la chica. En determinado momento, Michiru se disculpó y salió del salón, dejando a Serena con una expresión algo cabizbaja.
– ¿Qué pasa Bombón? – preguntó acercándose a ella.
– Fue a buscar un libro para ayudarme. Pensé que esto era más simple pero me está haciendo decenas de observaciones de luces y sombras, formas, perspectiva… – suspiró – No pensé que sería tan complicado esto. No creo poder hacerlo.
– Oye, tranquila… Si te das antes por vencida, ya tienes todo perdido – le dijo tajante, respiró profundamente, suavizar su tono y reconfortarla – No todo saldrá bien a la primera, hay que intentar e intentar, una y otra vez. No es fácil, es agotador y a veces doloroso, pero sólo así harás las cosas mejor.
Se sentó en el lugar donde estaba Michiru – Mira – le extendió su mano – toca mis dedos.
Serena, aunque confundida, tocó sus manos para encontrarse con las yemas de dedos más ásperas que había conocido y que resultaban tan contrastantes con lo tersa de la piel que tenía el resto de la mano.
– ¿Puedes sentirlo? – le preguntó mirándola a los ojos.
– Tus dedos… son rasposos.
– Son dedos de guitarrista. Se me hicieron así por practicar con mi guitarra, todos los días desde que quise aprender cuando era aún un niño. Me dolía mucho al principio y era pésimo, sentía que era demasiado esfuerzo para nada. Muchas veces quise dejar de tocar.
–¿Sabes? – continuó – Tardé casi dos años en poder tocar una canción completa sin equivocarme y, años después, cuando por fin compuse mi primera canción – rió – era horrible, me da vergüenza sólo recordarla… Pero, lo que quiero decirte es que no hay caminos fáciles o rápidos y tienes que seguir intentando.
– Tendré que hacer todo de nuevo – dijo ella aún un poco cabizbaja.
– Y seguro quedará mejor. No lo sufras, aprende y vuelve a empezar – sonrió y fue feliz cuando ella por fin le devolvió la sonrisa.
Seiya sabía que debía hacerse a la idea de que Serena no era para él, pero realmente era muy difícil cuando ella era una chica tan especial y una sola sonrisa hacía que ese brillo especial que poseía se multiplicara. Es más, él mismo sentía que brillaba y estaba rebosante al estar con ella.
Estaban ajenos de todo, incluso dejó de ser relevante que Serena nunca dejó tocar suavemente los dedos del chico, casi como una caricia.
De pronto Michiru Kaiou carraspeó, lo que hizo que ambos reaccionaran y de nuevo dieran un brinco de sorpresa. Seiya incluso se puso de pie – Lo siento. Mira Serena, este libro te ayudará a entender algunos conceptos de los que te he hablado.
– Gracias Michiru.
– No tienes que agradecer. Te lo dije el otro día, eres buena, sólo tienes que pulir algunos detalles. Sabes que mi propuesta para que te prepares formalmente sigue en pie. Piénsalo.
Serena miró de reojo a Seiya, como si no quisiera que escuchara – Sí, gracias.
Las chicas acordaron seguir en contacto para una nueva revisión. Y se marcharon de ahí.
Cumpliendo su palabra, Seiya la llevó por un helado. Él, gran fanático de los dulces, pidió uno con tres grandes porciones de tres diferentes sabores; pero para su grata sorpresa, esta vez Serena no se limitó, pidió uno igual de grande y lo devoró sin ninguna pena.
Asimismo, se ofreció a llevarla a su casa; aunque ella le dijo que esta vez estaba quedándose con sus padres, una ventaja, ya que no tenían que ir tan lejos.
Cuando llegaron afuera de una casa, se detuvieron y Serena le agradeció por todo. Sin embargo, Seiya no quería que terminara la tarde sin saber sobre la propuesta de la que Michiru Kaiou habló, porque no le pasó desapercibido que ella sintió algo sólo por estar en esa escuela.
– Oye Bombón… ¿has considerado la propuesta de la que habló Michiru?
La chica pareció pensar por un momento su respuesta – No está en los planes.
Él arqueó ceja – ¿Y qué sí lo está? – se aventuró a preguntar.
– Es complicado.
Él respiró profundamente – De verdad me gustaría que confíes en mí y que sepas que si para ti es importante, lo es para mí.
Serena se mordió el labio y una vez más Seiya se aventuró a preguntar – ¿Es por tu compromiso?… Noté tu anillo el otro día y noté que no lo usas ahora. ¿Es por tu prometido?
o-o-o-o-o-o-o-o
No supo bien el porqué, pero le incomodó un poco que Seiya supiera de Darien. Quizá porque no quería que él fuera un tema de conversación entre ellos o tal vez porque hablarle de él sería avisarle que su naciente amistad terminaría.
– Él tiene otros planes – respondió por fin.
– ¿Él o tú?
– Seiya, no es momento de hablar de eso. Es complicado ¿sí? – hizo una pausa – Sólo puedo decir que Darien está de viaje y no sabe nada de todo lo que está pasando alrededor de mi arte.
De pronto la puerta de la casa se abrió y apareció Ikuko Tsukino – Hola hija, bienvenida.
– Hola mamá, mira te presento a…
– ¡Seiya Kou de los Three Lights! – completó su madre la frase.
– Mucho gusto señora – se presentó cordialmente el muchacho.
Serena no pudo evitar notar la emoción en el rostro de su madre. Ahora resultaba que todo el mundo era fan de Seiya y su grupo.
– ¡Qué sorpresa! Hija, no sabía que lo conocías.
Se puso roja al confesarle que estaba trabajando para ellos – Es que… estoy haciendo el arte para su primer disco.
Su madre no pudo más que abrazarla y felicitarla, diciéndole que sabía que ella tenía mucho talento y que por eso la habían tomado en cuenta.
– Sí, es muy buena – dijo Seiya sonriendo – Justo hoy fuimos a presentar una primera versión.
– ¡Qué emocionante hija! ¿Por qué no nos contaste lo que estabas haciendo?
– Yo… Bueno, eh… – no supo qué responder y es que era una del montón de cosas que no había hablado con sus padres. Afortunadamente Seiya tuvo el tino de adivinar que no tenía una respuesta.
– Le pedimos discreción sobre el asunto – intervino el chico – Y veo gratamente que ella cumplió con no decírselo ni a su familia.
– Oh, entiendo. Pues muchas felicidades hija y gracias joven Kou por la oportunidad para mi pequeña.
– Creo que ella merece que el mundo conozca su talento.
Ese comentario la hizo sonrojarse mucho.
– Disculpa, ¿no te gustaría quedarte a cenar? – preguntó Ikuko.
– Sería un honor – dijo Seiya con una sonrisa.
– Ah, y una cosa más… – la mujer buscó en su bolsillo – ¿Podrías regalarme una foto contigo? Mis amigas del club de tejido se morirán de envidia.
¿Mamá? – pensó Serena al verla tan emocionada; quizá no la veía así desde que ella le contó que había conocido a un muchacho en los videojuegos Crown y, cuando días más tarde, lo invitó a cenar a casa.
Como ya casi una costumbre, Seiya complacía a sus admiradoras y tomó la foto con el teléfono de su madre.
La mujer los invitó a pasar y entró repitiendo que sería la envidia de sus amigas. Sin embargo, Serena detuvo un momento a Seiya para hablarle por lo bajo.
– ¡Oye!
– Lo siento, lo siento; sé que es tu mamá pero es muy difícil decirle que no a una fotografía con mis admiradoras.
– Vanidoso. No estoy hablando de eso.
– ¿Qué? – hizo una pausa y buscó en su bolsillo – Ah ya sé, me he tomado fotos con mis admiradoras pero no tengo una contigo.
– ¿Qué? No – apenas pudo decir cuando en la pantalla del teléfono aparecía la imagen de los dos.
– Vamos Bombón. Sonríe, quiero un recuerdo de ti y de este día – ella no pudo evitar reírse de lo emocionado que parecía Seiya por algo tan simple como una fotografía.
– Ya en serio, no hablo de eso – le dijo – Por favor, no les digas nada a mis papás del anillo de compromiso.
– ¿Cómo? ¿Ellos no saben que…?
– ¡Shhh! Baja la voz – pidió – Hay cosas que no les he contado; por favor, no lo menciones.
– De acuerdo, con la condición de que confiarás en mí y que estoy dispuesto a escucharte todo lo que quieras.
Escuchó que su papá salía de su habitación para ir a cenar – Está bien.
– ¡Hecho! – se iban a adentrar a la casa cuando ella recordó algo más.
– Tampoco le digas a mamá que comí mucho helado antes de la cena, me va a regañar.
– Lo que digas Bombón.
– ¡Y no me digas así frente a ellos!
Él sonrió – Sólo confía en mí.
o-o-o-o-o-o-o-o
La invitación a cenar había sido un poco inesperada, aunque no negaba que le emocionaba mucho. Y es que en estos días, Zoycite le había demostrado su capacidad para sorprenderla, no sólo con detalles, sino con la habilidad de conquistarla con su charla, sus gestos, su aroma, sus caricias, sus besos.
Ami ya no se esforzaba por luchar contra lo que sentía por él, dejando de lado sus miedos y dudas, y prefería disfrutar y dejarse llevar un poco. Por mucho que lo negara, se había enamorado por primera vez.
Y lo mejor era que no podía ser con un mejor hombre. Desde luego no era perfecto y su primer encuentro había sido algo tropezado, pero Zoycite había borrado esa imagen con tantas demostraciones de cariño.
Incluso aquel día parecía alistar otra de sus sorpresas porque su repentina invitación a cenar parecía estar saliéndose un poco de lo que normalmente hacían. Desde el inicio de su noviazgo, más o menos habían creado una rutina en la que él pasaba por ella después del trabajo y la llevaba a su casa, o la invitaba a almorzar para luego regresar a la oficina; y al menos un día del fin de semana, se lo regalaban completamente para ellos y salían a algún museo, al parque a disputar partidas de ajedrez o simplemente pasear por ahí.
A Ami le gustaba mucho que en esa dinámica se acoplaran tan bien y ambos se dieran tiempo para sus actividades, sus amigos y, desde luego, su relación. No imaginaba que pudiera funcionar tan bien. Y es que la chica había visto destruirse el matrimonio de sus padres por lo diferente de sus planes y, al mismo tiempo, la relación de su buena amiga Serena la había separado de cualquier aspiración profesional.
Zoycite, por su parte, parecía entender perfectamente que ella estaba muy dedicada a sus estudios, por lo que él le daba su espacio e incluso parecía alentarla en sus proyectos.
Cuando llegó al restaurante, él ya la esperaba en una mesa.
– Hola cariño – la recibió con un beso.
– Hola, disculpa la tardanza. Estaba en prácticas y se me fue el tiempo.
– Lo sé. Más bien discúlpame tú a mí por invitarte de la nada, sé que tendrás examen en unos días y quieres estudiar pero esto es importante.
Ella se extrañó un poco y notó que había una silla extra en la mesa. El muchacho miró a otro lado y asintió y de pronto apareció su madre, la doctora Saeko Mizuno.
– Buenas noches – le saludó.
Ami no supo cómo reaccionar. Era su madre y vivían juntas pero prácticamente no se veían y ni siquiera recordaba la última vez que la veía en un ambiente diferente a la casa o el hospital.
– Perdóname el atrevimiento por invitarla – dijo su novio – Quería sorprenderte con los permisos para que ya pueda operar formalmente el consultorio y fui a buscarla. Creí que sería una buena idea que cenáramos los tres.
Ante el silencio continuó – Discúlpame por adelantarme y buscarla.
– No hay nada que disculpar – dijo al fin, estaba conmovida por los esfuerzos de su novio, el querer sorprenderla y, sí, querer acercarla a su madre.
– Bueno, discúlpenme un momento – comentó el muchacho y se retiró. Ami sabía que era lo suficientemente prudente para saber que era un momento para que ella dos conversaran.
Su madre fue la primera en hablar – Zoycite me comentó que te estaba ayudando con el consultorio y me pidió firmara los documentos como médico responsable. Ha sido muy amable en dedicarle tiempo a esto que yo he dejado relegado.
– Es un gran hombre, él es… – se puso muy roja.
– Tu novio, sí; se presentó conmigo y se disculpó por la falta de protocolo con eso.
Típico de la formalidad de Zoycite.
– Me dijo que estaba un poco preocupado porque notaba que te sentías muy sola con lo del consultorio y… no sólo eso, sino que estuviéramos alejadas.
Ami no había hablado directamente con él sobre el tema, pero sí le había dicho del distanciamiento entre ella y sus padres, y cómo eso había incidido en que desde muy pequeña ella fuera independiente y muy aislada de las personas, de cómo eso la había puesto a la defensiva cuando se conocieron.
– Lo lamento mucho hija; te he dejado mucho por concentrarme en mi trabajo, como una forma de no pensar en todo lo que pasó con tu padre. Me refugié ahí sin ver que te estaba lastimando.
La chica lo entendía, ella se había refugiado en los libros para no pensar en sus padres. Tal parecía que ellas eran más parecidas de lo que creía.
– Me alegra mucho que Zoycite represente algo nuevo para ti y, si me lo permites, quisiera ser parte de la nueva etapa y estar más cerca de ti… Espero que no sea demasiado tarde.
– Gracias mamá – sólo pudo responder y unas lágrimas empezaron a escapársele.
– Hija… – dijo ella y también parecía querer llorar.
– ¡Hey! – interrumpió Zoycite – No es momento de estar triste, hay que celebrar que el consultorio marcha muy bien y que es la primera vez que cenamos juntos.
Ella le sonrió y no despegó su vista de él mientras ocupaba su asiento. Era tan sencillo enamorarse de él y sus detalles que parecía tan lejano el día que se conocieron y cómo le molestaron las primeras palabras que le escuchó.
Pasaron una agradable velada contándole a su madre sobre cómo se conocieron, y también la doctora Mizuno aprovechó la oportunidad para saber más sobre el novio de su única hija. Al final, ella se dijo muy tranquila y satisfecha de que se tratara de un muchacho tan agradable y trabajador.
Ami estaba muy contenta. Jamás imaginó que, entre el montón de nuevas emociones y experiencias que Zoycite le brindaba, se encontrara la oportunidad de volver a acercarse a su madre.
Salieron del lugar y Zoycite se ofreció a llevarlas a casa; sin embargo, su madre le dijo que ella tenía turno en el hospital – Pero será de las últimas veces que tome jornadas tan pesadas – prometió pues realmente quería involucrarse más en la vida de su hija y apoyarla en el proyecto del consultorio.
Le encargó mucho al muchacho que se asegurara que su hija llegara bien a casa y, una vez más, agradeció a ambos por la oportunidad de acompañarlos en la cena.
– Gracias – dijo por fin Ami aún a bordo del automóvil de él, luego de un regreso a casa algo silencioso.
– No tienes nada que agradecer, me la pasé muy bien en compañía de las dos y… verte a ti contenta por estar con ella, no tiene precio – respondió con una sonrisa.
– Sabes lo mucho que me cuesta expresar lo que siento y nunca pude hacerle saber lo mucho que la necesito.
Él acarició su mejilla – No era necesario que me lo dijeras, cuando me hablas de tu madre y su relación, sé que quieres arreglar las cosas con ella. Yo quería ayudarte en esto.
Ella le sonrió y se besaron. Era cierto, él había adivinado lo que ella sentía y deseaba pero no necesariamente siempre era así. Había algo más, que no estaba segura si Zoycite ya había notado, algo más que la tenía inquieta.
Era algo realmente bochornoso. Ella nunca era así, pero desde aquella tarde, cuando Zoycite le pidió fueran novios, descubrió que era muy fácil perder la cordura cerca de él y que, pese a ser siempre fría y calculadora, algo en ella le demandaba tener más de él.
Sólo pensarlo, sintió como de nuevo ese "algo" le recorría de nuevo todo su ser y sólo pudo expresarlo con un beso más arrebatado, el cual fue bien correspondido. ¿Esta vez él notaría lo que ella sentía y deseaba?
La respuesta llegó cuando él la atrajo hacia sí y su mano subió por su talle hasta su pecho – Lo siento – dijo poniendo distancia y recuperando el aliento – Ha sido una velada llena de emociones y me dejé llevar. Lo mejor será que entres.
– Tú quieres… – empezó a decir despacio, pero no pudo continuar y resopló – No puedo…
– ¿Qué sucede?
– Otra vez no puedo decir lo que quiero – confesó.
– ¿Quieres que me quede un rato contigo? – preguntó luego de un silencio.
Ella asintió sonrojada, los dos bajaron del auto y se dirigieron a la casa tomados de la mano. Ami sabía que una vez ahí no podría resistirse a él, sus besos, su tacto.
Fiel a su infinita curiosidad y sed de descubrir cosas nuevas, la chica estaba dispuesta a aprender de él y con él. Al final de cuentas, estaba enamorada, estaba lista.
o-o-o-o-o-o-o-o
Apenas hizo un ligero movimiento para acomodarse en el lecho. Procuró no molestarla, ella estaba plácidamente dormida. Era natural, habían sido muchas sensaciones nuevas para ella y terminó agotada.
Miró hacia un lado y notó que la luz led del reloj marcaba pocos minutos después de las tres y media de la madrugada. No supo calcular bien cuánto tiempo había logrado dormir y es que la jornada había sido larga, llena del suficiente protocolo para explorarse y con toda la calma para disfrutar cada detalle.
Zoycite había compartido intimidad con varias mujeres, pero jamás con tanto cariño de por medio. Corrección, con tanto amor.
En medio de la oscuridad sonrió al recordar que ambos se habían declarado su primer "te amo" esa noche, en esa habitación, mientras sus cuerpos se encontraban uno al otro sin ninguna prenda de por medio. Era perfecto.
Sólo recordar cada detalle de lo sucedido lo hacía sentirse más feliz. Ami se había mostrado tímida y curiosa, pero dispuesta a seguirle el ritmo una vez que unieron sus cuerpos en un solo ritmo y hasta llegar al clímax de la noche, ese momento en el que él se convenció de que no quería compartir la cama con ninguna otra que no fuera ella.
Desde que la vio por primera vez supo que necesitaba conocerla y cada día que pasó se sintió más atrapado por su encanto, su inteligencia, su determinación y hasta por esa timidez para expresarse y que casi siempre demandaba que él interviniera.
Como esa misma noche, que ya no pudo ignorar lo mucho que la deseaba cuando la propia Ami lo besaba con tanto fervor y la sentía temblar de emoción entre sus brazos. En ese momento, Zoycite supo que debía intervenir de nuevo y simplemente preguntarle si quería que se quedara, sabiendo implícitamente lo que pasaría.
Suspiró. Aunque sabía que era muy prematuro pensarlo, dado lo joven de su relación, no le importaría pasar el resto de su vida leyéndola y adivinando todo lo que ella deseara. La amaba demasiado y esa noche lo reafirmó de distintas maneras.
Sin embargo, en toda esa increíble noche, había algo que lo inquietaba y ya no le dejaba dormir. Se sentía mal por faltar a la palabra que le dio a Kunzite de ser prudente en su relación con Ami Mizuno.
– Deberías descansar un poco – dijo de pronto Ami medio dormida.
– Tú también, mañana tienes escuela – la besó en la frente y ella abrió los ojos.
– No podré hacerlo mientras te sienta inquieto… ¿Ocurre algo?
Él sonrió. Así como había aprendido a descifrar lo que ella sentía, parecía que él se estaba volviendo igual de transparente ante esos hermosos ojos azules.
– Estaba pensando en mi amigo Kunz – soltó sin pensarlo mucho, para caer en la cuenta inmediatamente de que era la peor frase que decirle a su novia después de hacerle el amor – No en él propiamente – rectificó – sino en que me pidió ser prudente en lo nuestro y creo que lo que pasó no entra muy bien en ese concepto.
Ella le acarició su brazo – Lo que pasó fue algo increíble y es sólo nuestro, no tiene que saberlo si eso no te hace sentir cómodo.
– Es difícil – confesó – Es mi mejor amigo, es como mi hermano, y quisiera compartirle lo feliz que me haces pero… – respiró profundamente – no sé por qué le preocupa tanto lo que piense Darien de que nos relacionemos con las amigas de su novia.
– Darien es muy celoso de su relación con Serena – le respondió – Y créeme que al principio me preocupaba un poco que lo nuestro se tornara así.
– ¿De verdad?
– Sí, pero me has demostrado que eres muy diferente y que estás dispuesto a respetar quien soy y todo lo que hago; a veces no entiendo cómo Serena soporta una vida reprimiendo todo.
– Por amor, supongo – dijo tratando de no engancharse y realmente mezclar las cosas – Como sea, yo no comparto la actitud de Darien y me preocupa que Kunz se aferre tanto a sus ideas.
– ¿No crees que hay algo más que le está pasando?
Él se incorporó un poco mostrando su larga cabellera rubia rojiza que en algún momento de la agitada faena dejó de estar atada con su típica coleta. Conocía a Kunzite y sabía que era terco y cuadrado, pero era un buen hombre y lo suficientemente justo y coherente como para no querer escuchar a sus amigos o no ver que había algo raro en la manera en la que Darien trataba a su novia.
– Tal vez, no lo había considerado – y pensó en qué podría ser.
– Tranquilo – lo leyó de nuevo – No ganarás nada dándole vueltas al asunto; por lo que me cuentas, son muy unidos y estoy segura que tendrá la confianza de decírtelo cuando él esté listo.
– Tienes razón – se volvió a recostar.
– Ahora trata de descansar un poco, es tarde.
Lo era y él quería al menos dormir un par de horas más; antes de que la madre de Ami regresara a casa y él mismo darse tiempo de ir a su departamento para ducharse y cambiarse antes de ir a la oficina.
Se volvieron a acomodar, no estaba mal seguir descansando al lado de su novia y seguirse llenando de su olor y la increíble sensación de su cuerpo junto al suyo; sin embargo, casi antes de lograr conciliar el sueño, pensó de nuevo su amigo, deseando que le contara la razón de sus problemas.
o-o-o-o-o-o-o-o
– Mina… – dijo el muchacho al teléfono.
– Sí, ya sé que estás muy al pendiente de ella, pero ¿crees que logre terminar a tiempo? – preguntó su representante del otro lado de la línea.
– Claro, justo voy con ella recoger unas cosas que necesita para seguir trabajando en casa de sus padres – explicó. Efectivamente, Serena le había comentado que iría a su "otra casa" por materiales para volver a empezar y él se ofreció a acompañarla – Estuvo un poco enferma, pero me prometió ponerse en ella.
– Seiya, el tiempo se está viniendo encima.
– Lo sé pero lo logrará. Confío en ella.
– Gracias Seiya – dijo ella después de una pausa – Lo que estás haciendo por ella es muy importante para nosotras, sus amigas.
El muchacho supuso que se refería al hecho de que dedicarse a su arte "no estaba en los planes". Seiya tenía muchas dudas al respecto, pero no quería cometer indiscreciones e invadir a Mina con preguntas sobre Serena; él estaba dispuesto a esperar a que su amistad fluyera de tal manera que orgánicamente hablaran del tema.
– Descuida – le respondió y cambió de tema preguntándole sobre algunas cosas que su representante ya estaba agendando para la siguiente semana.
Su charla telefónica terminó poco antes de llegar al edificio donde Bombón vivía (supuso) con su prometido. Le llamó para decirle que ahí estaba pero, en esta ocasión, la chica iba un poco retrasada y aún no llegaba.
No la esperó mucho y ella se disculpó por la demora. La chica le contó que su papá le había fabricado un caballete para trabajar en casa de ellos y ella ya se sentía lista para iniciar de nuevo su pintura.
Entraron al departamento y lo primero que ella notó fue el deterioro de sus rosas – Eran hermosas, es una lástima – dijo.
– Yo tuve la culpa – comentó Seiya y, ante la cara confundida de Serena, continuó – Olvidé decirte que las alimentaras para que vivieran un poco más.
– Qué cosas dices Seiya.
– Es en serio Bombón, a veces la gente se acostumbra a regalar flores porque sí y se les olvida que están vivas y representan un sentimiento. Hay que procurarlas y seguirlas alimentando de ese sentimiento.
Ella pareció recordar algo y su rostro se tornó al triste. Seiya se sintió muy mal, no era su intención ponerla así – Lo lamento si dije algo que no debía.
– No es eso.
– ¿Te acordaste de él? – se aventuró a preguntar – ¿Es algo sobre sus planes?
– Vamos por mis cosas – fue hacía su estudio y él la siguió dispuesto a hacerle entender que estaba ahí para escucharla.
– Bombón espera, ¿por qué evades el asunto? – preguntó alcanzándole en el lugar. Respiró profundamente – Escucha, somos amigos y no me gustaría que hubiera secretos entre nosotros; te reitero que estoy para escucharte.
Ella pareció dudar un poco y por fin soltó – Darien, mi novio, ya quiere ser padre y eso me aleja de la posibilidad de estudiar arte.
Quizás en otro contexto, él hubiera sentido un disparo directo al corazón al escucharle decir qué tan involucrada estaba con su novio como para ya plantear el tener hijos, pero la manera tan poco ilusionada en la que se expresó le hizo dudar de que ella estaba convencida.
– ¿Y tú quieres eso?
Ella se quedó callada y hábilmente le dijo – Ya respondí una pregunta, te toca contarme algo sobre ti.
No tuvo evitar sonreír – Está bien, cumplí 20 en el verano, me encanta ir a la playa, las rosas rojas son mi flor favorita, adoro los dulces y comer pizza, aborrezco las cucarachas y, si no hubiera sido músico, probablemente hubiera sido deportista.
– No me refiero a eso – le respondió más relajada – Eso mismo dice en la revista que leí, me gustaría saber más de ti; de esas cosas que no hablas en una entrevista.
– ¿Cómo qué? – preguntó.
– No lo sé – dijo ella algo avergonzada de no tener una pregunta concreta preparada – Tal vez… qué se siente ser famoso con tus hermanos.
Le sonrió – Ser "famoso" no es tan especial, pero sí disfruto cantar con ellos, realmente los adoro… Aunque no sean mis hermanos de sangre – agregó, no era algo que fuera vital ocultar, pero ellos habían decidido no mencionarlo porque no querían armar un circo sobre sus orígenes.
– ¡Vaya! Eso explica por qué no son muy parecidos físicamente… ¿Y por qué decidieron hacerse famosos y subir sus videos a internet?
Realmente no lo habían decidido ellos. Cuando menos se dieron cuenta, su música se empezaba a hacer popular por todo internet. Sin embargo, explicarlo era complicado y doloroso. No era momento de hablar del tema.
– No me gusta mucho hablar de eso – respondió tratando de no sonar cortante.
– Y dices que yo evado temas.
– Qué. Además eso cuenta como otra pregunta, me toca saber algo de ti.
Ella hizo un pequeño puchero – ¿Y si mejor lo dejamos por ahora?
– Está bien. ¡Oye! Qué te parece si salimos a algún lado, el que tú quieras y después vamos a algo que yo elija.
Ella le sonrió y pensó por un momento. Se acercó a él y se paró de puntitas para decirle en secreto, como si se tratara de un juego.
– ¿De verdad? – le preguntó y ella asintió sin borrar su sonrisa – Muy bien, me agrada la idea.
– Muy bien – la chica reunió los materiales que fue a buscar y los guardó en su bolso – Oh, espera, pensaba ir directo a la casa de mis papás y no traje un suéter. Iré por uno.
Salió de ahí visiblemente emocionada. A Seiya le pareció que de pronto actuaba como una niña y no estaba mal, todo lo contrario, a él le encantaba verla así, sin tener que fingir comportarse como una dama.
Miró hacia otro lado y su sonrisa se borró. Sus ojos se habían fijado de nuevo en esa única fotografía de la casa, donde estaba el tal Darien con su media sonrisa.
Seiya no terminaba de entender la situación entre Bombón y su novio, sobre su compromiso, el arte y ahora, tener hijos.
No resistió y se acercó a la fotografía. Quizá él no sabía o comprendía muchas cosas, pero mientras Serena estuviera bien, aceptara todas esas condiciones en su relación y, sobre todo, no sufriera, él estaría bien.
Se agachó un poco y tomó la fotografía sin apartar la vista del hombre que había conquistado a esa chica tan especial – Más te vale que no la hagas llorar ¿entendiste? – apretó un poco entre sus manos la imagen, sabiendo que no resistiría que ver sufrir a Bombón.
– ¡Listo Seiya! – lo llamó desde el pasillo.
– ¡Voy! – respondió colocando la imagen boca abajo, sin estar dispuesto a seguir viendo esa media sonrisa de Darien y cómo Serena lucía tan contenta a su lado.
Salió de la habitación, poniendo su mejor sonrisa para pasar el día con Serena, su gran consuelo era justo ese: estar con ella, verla feliz.
Al menos esta vez sí.
Continuará…
Hola, hola de nuevo. Como dije al principio, he sufrido en el proceso de escribir e incluso me salí un poquito de mi plan; de ahí que tal vez sientan un poco corto el capítulo.
Seiya aguantando bien machín el golpe y prefiriendo quedarse ahí, aunque sea como amigo. Nuestra protagonista, por su parte, empieza a salirse un poquito del papel que Darien le inculcó. ¿A dónde vamos a parar?
Por otro lado, quizá haya un poquito de vacío en el capítulo al sentir que quedé a deber un lemon (o como le digan los jóvenes fanfickers de ahora), pero quiero aclarar que el limón no es objetivo ni nada en este fic; para esos fines y pareja específica tengo otros planes ;)… No obstante, nada priva a la historia de que los personajes disfruten su momento, y, en este caso, debo confesar que dudé mucho en ponerlo o no en este capítulo, pero pensé: ya estamos en el 10, creo que ya alguien merece recibir love y pues la pareja seleccionada es aquella que ha presentado progresos más importantes. Agradezco a mi amiga Princesa Saiyajin por apoyarme en esta decisión y aprovecho la mención para decirles que si están leyendo esta historia, les encantará su fic: El destino de la reina (¡corran a leerlo!)
En fin, pues sí nuestra más seriecita resultó la ganona en este capítulo y anda very in love con su galán. Qué bueno, ¿verdad? Y como les dije hace algunos capítulos, no todas las parejas pueden tener un avance igual, así que toca esperar qué pasará con las que han avanzado, las que están atoradas y, sí, las que están por venir.
Bueno, hay todavía un montón de cosas que sigo y seguiré sembrando, así que no se me preocupen por todas las dudas que tienen. Aún hay fic para rato. Nos leemos pronto.
