Vamo' a contarles algunas cositas…

XI – Confesiones

Era como una de esas pequeñas aventuras de los años de escuela, cuando por un día las clases no importaban mucho y se escapaba para pasear por ahí sin rumbo fijo, pero que siempre terminaba en un sitio que dejaba una anécdota, de esas que con los años se siguen recordando.

Seiya reconocía que algunas veces lo hizo cuando aún era estudiante. Uno de los privilegios de haber crecido en una pequeña isla era que esas aventuras casi siempre terminaban en la playa, su lugar favorito. Y aunque esta vez definitivamente el mar no era una opción y que en realidad no estaban faltando a clases, las memorias de ese día las guardaría para siempre.

Aunque aún necesitaban preparar el disco y se avecinaban muchos compromisos con su lanzamiento, él y Bombón se permitieron darse ese día para relajarse y divertirse un poco.

Serena le había dicho emocionada que quería ir al parque de diversiones y a él mismo le emocionó la idea. En el camino comentaron que hacía años que ninguno iba a un sitio como ese y decían todo lo que harían llegando ahí: los juegos mecánicos, la comida, los dulces, los pequeños juegos de habilidad. Y todo lo hicieron en cuanto arribaron ahí.

Los dos gritaron muchísimo en las pronunciadas bajadas de la montaña rusa, pero no tanto como en la casita del terror. Se rieron tanto uno del otro tratando de decidir quién se había asustado más en ambas atracciones.

Compitieron en muchos juegos y él estuvo muy cerca de hacerse con uno de esos premios casi imposibles de ganar, un enorme conejo de peluche que le quería regalar a ella.

Por otro lado, Seiya se sorprendió mucho cuando la chica ya no limitó sus ganas alimenticias y comió tanto como pudo, incluso al mismo ritmo que él; también que comiera todos los dulces que se le antojaron sin ninguna pena de lo que pensaran los demás.

Habría sido un gran día perfecto, si no fuera por lo mucho que lo estaba torturando estar con Bombón y no poder tenerla tan cerca como él deseaba. Se tenía que conformar con el contacto de sus manos cada vez que tiraba de él para mostrarle algo o un brevísimo abrazo cuando los dos se asustaron en la casa de terror.

No había más. No podría haber más porque ella estaba comprometida. Era una mujer prohibida, inalcanzable.

Otra vez. Parece que es la historia de mi vida.

Se lamentó por enésima vez de que las cosas resultaran así de nuevo. Y no pudo evitar pensar en Kakyuu, en cómo se sentía igual de frustrado al tenerla tan cerca y ser completamente consciente de que no era para él.

Seiya se enamoró de ella desde muy joven, de su maravillosa voz al cantar y del particular olor de sus cabellos rojizos; y a pesar de dedicarle sus mejores canciones y declararle directamente sus sentimientos, ella fue muy clara en decirle que no podía corresponderle.

Eso sí, siempre lo acompañó, lo guió y nunca dejó de creer en él. Sabía que ella no lo hacía por lastimarlo más, sino porque su naturaleza siempre fue cuidarlo. Amaba esa gentileza de su corazón.

¿Por qué nunca me amaste como yo a ti?

Seiya nunca se lo preguntó directamente y tampoco fue un tema que comentara con sus hermanos, quizá por la naturaleza de los vínculos que los unían a Kakyuu.

– ¿Qué tienes? – preguntó Bombón – De pronto te quedaste muy callado.

Era cierto. Habían subido a la rueda de la fortuna y ambos se perdieron admirando el paisaje; hasta que él empezó a divagar en su mente.

– Nada.

– No lo parece. Tú también puedes confiar en mí.

Él sonrió. Tal parecía que tenía una debilidad por las mujeres de buen corazón, pero no tenía la intención de agobiar a Serena con sus sentimientos no correspondidos.

Esta vez no.

Así que no le diría directamente las cosas: que pensaba en ella, que lo hacía suspirar y sentirse con el corazón lleno al tenerla cerca, ni le diría que le escribía canciones para expresar lo que sentía. Sabía que, en su momento, puso a Kakyuu en una posición complicada cuando le dijo que la amaba y no quería hacerle lo mismo a Bombón.

– Pensaba en lo que me dijiste – improvisó – Que tu novio quiere ser padre.

– ¿Qué tiene de malo? – se puso un poquito a la defensiva.

– Nada – siguió viendo el paisaje – Pero no te imagino con un hijo.

– Hija – aclaró – Darien quiere una hija.

– Qué específico.

– Pero no tiene nada de malo – insistió.

– No lo tiene, pero de verdad, no te imagino como mamá.

– ¿Lo dices porque eres de esos hombres que no quiere hijos porque no les gustan los niños?

Él por fin la miró y rió un poco – Claro que no. Me crié en un orfanato y aun cuando ya no vivía ahí me encantaba ir a tocar música para ellos. Me encanta jugar con los niños – volvió a reír – Es más, parezco un niño grande.

Ella quitó su expresión seria y también rió. Eso le dio pie a continuar – Me refiero a que eres joven para tener un bebé… No me lo tomes a mal, no es una cuestión de edad sino de actitud. Me imagino que si tuvieras una hija ahora, se la pasarían riñendo como dos niñas.

– Y respondiendo a tu pregunta, sí quisiera tener hijos pero no ahora, no me siento listo para eso… Supongo que él – continuó sin mucho ánimo de pronunciar el nombre del tal Darien – se siente con la madurez para ser padre, pero ¿y tú?

Ella pareció dudar un momento, quizá pensando si era correcto responderle; pero no fue necesario que la presionara, ella por fin confesó – No… – y agregó la rubia hablando como si pensara en voz alta y apartando la mirada, fijando sus ojos de la hermosa vista que ofrecía el punto más alto de la rueda de la fortuna – Supongo que él se siente listo por todo lo que la vida le ha obligado a madurar, no sólo por ser más grande que yo.

De alguna manera él entendía lo que significaba sentirse abrumadoramente atraído por alguien que demuestra cierta madurez y confianza en sí mismo.

Sin embargo Seiya sabía que no era momento de pensar en Kakyuu, mucho menos de hablar del tal Darien y las razones por las que él sí ya quisiera tener hijos; pero esa mirada nostálgica en Bombon, le daba la impresión de que no todo estaba tan bien – No se lo has dicho ¿verdad?

La pregunta quedó en el aire y ella ni lo miró ni respondió. Entonces, la rueda de la fortuna los llevó poco a poco hacia abajo en medio del silencio. Seiya temió que su última pregunta estuviera de más y que había arruinado todo.

Una vez abajo. El chico creyó que la seriedad de esa última conversación había sido el remate de aquel día. No importaba, ya estaba el atardecer y supuso que Serena quería ir a casa a descansar.

Caminaron hacia la salida del parque de diversiones y justo cuando iba a preguntarle si quería que la acompañara a casa, la chica habló – Aún no haz elegido lo que quieres hacer.

– ¿Qué?

– Acordamos que haríamos algo que yo eligiera y luego algo que tú quisieras, ¿a dónde vamos?

Seiya sintió un alivio. Parecía que no había arruinado las cosas. Sonrió – Hay un lugar que quisiera conocer.

– ¿Qué es?

– Es una sorpresa – y tal como ella lo hizo todo el día en el parque de diversión estiró su mano para tomar la suya y llevarla.

o-o-o-o-o-o-o-o

Poco antes de llegar al lugar misterioso, Seiya le pidió cerrara los ojos, recordándole que podía confiar en él. Realmente quería llevar el asunto de la sorpresa hasta el final.

Ella lo hizo y se dejó guiar por las calles sólo sujetando su mano y siguiendo su voz indicándole si había algún obstáculo en el camino.

Para Serena, era divertido. Curiosamente, las cosas al lado de Seiya eran así: divertidas, naturales, simples. Hacía mucho que no se divertía como aquel día, que no disfrutaba sin sentir pena de lo que pensaran los demás a su alrededor.

Desde niña le encantaba ir al parque de diversiones y no había ido desde que estudiaba la secundaria. Darien no disfrutaba de ese tipo de lugares, él prefería el cine, una cena tranquila, una caminata por el parque o, su favorita, quedarse en casa.

Serena reconocía que era agradable estar ahí con él, pero a veces necesitaba volver a salir, respirar, divertirse con las cosas que disfrutaba antes y estar con más personas.

Los últimos días, sin él, habían sido tan refresancantes, porque pasaba más tiempo con sus papás, con sus amigas y hasta con su buen amigo Seiya.

Seiya – ese chico que ahora la tomaba de la mano y que la guiaba por un camino misterioso. Él había sido especialmente agradable con ella en esos días y la había apoyado muchísimo para sacar adelante su trabajo.

Es un buen chico.

Al fin se detuvo y ella, siguiendo el juego y sin una instrucción de abrir los ojos, se quedó parada a la expectativa de lo que sucedería a continuación – Bien, llegamos. Es mi primera vez en un lugar de estos – le dijo un poco tímido.

¿En dónde estamos? – se preguntó en silencio.

– Discúlpame si soy un atrevido al traerte a este lugar – continuó hablando el muchacho – Tenía ganas de algo de acción, ya sabes "agitar el cuerpo", quizá sudar un poco.

Ella se tensó por completo. ¿De qué se trataba ese asunto?

– Supongo que, teniendo una relación tan formal con tu novio, tienes más experiencia en esto, así que tenme paciencia.

Y sus alarmas se encendieron, incluso pensó en la advertencia de Haruka sobre los chicos como Seiya y se preguntó por un segundo si de verdad sólo era un lobo difrazado de cordero y que estaba a punto de atrapar a su presa.

– ¿Qué dices? ¿Entramos?

Ella no respondió. Seguía congelada y entonces él le dijo – Qué pasa… ah Bombón, abre los ojos.

Parecía que él no se había dado cuenta que todo el tiempo ella se quedó así y, ante la petición, ella negó con la cabeza.

– Vamos, no pasa nada. Ábrelos, nos divertiremos mucho juntos. Te prometo que te vas a sentir muy bien.

Su corazón latía con mucha fuerza y se negaba a creer que Seiya fuera un mal muchacho. Tomó fuerzas para abrir los ojos y se encontró parada en la acera de enfrente de una especie de discoteca.

– ¡Qué tal, eh! Nunca he entrado a una en la ciudad y me gustaría conocerlas.

– Ah… – dijo tan aliviada como nunca – Una discoteca, quieres bailar.

– Sí, ¿qué pensabas?

– Nada… Vamos.

Entraron al lugar. Aún era temprano y no había mucha gente pero la música ya estaba a buen volumen y había algunas personas bailando en la pista.

Y contrario a lo que creía Seiya, ella no tenía experiencia sobre esos lugares. Siempre quiso ir y muchas veces planeó con sus amigas ir a bailar; sin embargo, su madre no le daba permiso. Ikuko Tsukino pensaba que era un poco irresponsable dejar ir solas a un grupo de chicas de preparatoria a un lugar como ese. Así que la joven prometió con sus amigas ir luego de graduarse, algo que no pudo cumplir pese a que las chicas sí se habían aventurado a ir un par de veces.

¿Y por qué ella no? Nuevamente, no era el tipo de lugares que Darien disfrutara. De hecho, había notado que su novio era una piedra a la hora de tratar de bailar.

Seiya se encargó de que les asignaran una buena mesita y le dijo que pidiera lo que quisiera; sin embargo, no tardaron mucho en ir a la pista, atraídos por las luces y la música.

Ella estaba un poco nerviosa, hacía mucho que no bailaba. Mina les habían enseñado al resto del grupo y, siendo honestos, en las tardes jugando y practicando baile (en lugar de estudiar), ella había resultado la mejor alumna.

Seiya, por su parte, como buena estrella musical, se le daba muy bien el bailar, así que fue sencillo que sus ritmos se encontraran. Incluso comenzaron a enseñarse mutuamente algunos pasos y reían al corregirse uno al otro.

Las canciones pasaban, una tras otra y ellos no mostraban señales de querer descansar un poco. Al final, Seiya tuvo razón, ella se iba a sentir muy bien.

De pronto, el ritmo cambió y pusieron una canción lenta. Las vibrantes luces de colores fueron cambiadas por una única luz blanca y esa fue la invitación para que algunas parejas se retiraran de la pista, otras llegaron y, al final, las que quedaron comenzaron a mover sus cuerpos, muy cerca, muy lento.

Supuso que Seiya creyó que era momento de ir a tomar las bebidas que habían pedido y, que para esa hora, ya debían tener los hielos derretidos. Sin embargo, ella no quería irse, quería seguir bailando con él.

– ¿Podemos? – le preguntó tímida después de que tirara de su camiseta para que no se fuera de la pista de baile.

Él asintió con una sonrisa y ella se acercó, entrelazando una de sus manos y colocando la otra en su hombro del muchacho. Se acomodó en él quedando muy cerca de su pecho y el chico comenzó a guiarla a ese ritmo tan lento.

Serena nunca había bailado así, pero era sorprendente lo sencillo que era seguirlo, acoplarse a él. No conocía la canción que sonaba de fondo, pero era bonita; hablaba de dos almas que se entendían tan bien que serían capaces de encontrarse en la oscuridad, en la distancia. Era el destino.

Su instinto la llevó a apoyar completamente su cabeza en el pecho de Seiya y sintió cómo la mano izquierda del muchacho se posaba en su cintura, apropiándose de ella.

Era agradable. Sentía mucha calidez e incluso se sentía protegida a su lado, pero era diferente a esa protección que Darien le hacía sentir. Quizá porque ellos eran tan diferentes.

Si bien los dos tenían el mismo color de ojos y cabello, Seiya era menos alto y su espalda menos ancha. Claro, su peinado era un poco más alborotado y terminaba en una larguísima coleta. También, olían tan diferente. La loción de Darien era de tipo amaderado; Seiya, por su parte, usaba una fragancia fresca y ligeramente floral.

Pero había algo más, más allá de lo físico, de su forma de vestir e incluso de sus formas de tratar a las personas. La gran diferencia entre ellos era cómo ella se sentía cerca de cada uno.

La balada estaba llegando a su fin. Serena miró a su acompañante y éste tenía los ojos cerrados, bailaba así. Como buen músico, estaba analizando el ritmo de la canción y movía los labios ligeramente imitando lo que escuchaba. Desde ese ángulo, la chica notó por primera vez los labios de su amigo, que se movían al ritmo de la música, parecían ligeramente más carnosos que los de Darien.

¿Por qué pensar ahora en Darien?

No quería pensar en él, no estando con Seiya.

Entonces, el muchacho pareció sentir la mirada porque abrió los ojos y agachó un poco su cabeza. Sus miradas se encontraron en el último acorde de la canción y se quedaron ahí.

La canción terminó y los aplausos de algunas personas alrededor los hicieron reaccionar. Seiya fue el primero en soltarla y alejarse de la pista. Ella lo siguió y, una vez en la mesa, ambos tomaron sus bebidas de un sorbo. Sin intercambiar palabras.

– ¿Quieres más? – le preguntó.

Él comenzó a mirar por varios lados buscando un mesero; pero ahora el lugar estaba abarrotado. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que llegaron?

Ella también empezó a buscar con la mirada a algún mesero, pero más bien alguien la tocó del hombro.

– Hola chicos – les saludó Michiru Kaiou hablando un poco más alto de lo usual debido al volumen de la música.

Serena dio un brinco. Que Michiru los viera juntos en todo el asunto del disco, era una cosa; pero que los encontrara en otras circunstancias, digamos más personales, era otra completamente diferente.

– Hola cabeza de Bombón – apareció Haruka tras ella y pareció ignorar completamente a Seiya.

– No pensé que les gustarán estos lugares – dijo Michiru – Y que les gustará visitarlos tan tarde.

Seiya y Serena revisaron sus relojes sincronizadamente. Habían llegado al atardecer y, al menos cuando aún vivía bajo el yugo de sus padres, ya no era una hora que ellos le permitieran estar en la calle.

Seguramente Seiya llegó a la misma conclusión que ella, ya debían marcharse. Cruzaron miradas y se entendieron perfectamente.

– Pagaré la cuenta y te llevaré a casa – le dijo acercándose un poco a ella.

– Haruka, acompáñalo; ya nos conocen y lo atenderán más rápido – le pidió Michiru.

– ¿Qué?

– No quiere porque a Haruka no le caen bien los chicos guapos así que… – empezó a escusarla ante Serena.

– Ya entendí, ya voy – dijo Haruka y siguió a Seiya de muy mala gana.

– Me alegra que salgas a distraerte – le comentó la chica – Es muy bueno despejarse para buscar inspiración para trabajar; ¿cómo vas con ese asunto?

– Estuve un poco enferma pero ya me pondré a ello.

– Pero, ¿estás bien?

–Sí, últimamente me siento mal de pronto, pero justo hoy fui a recoger unos materiales que necesito – le respondió señalando su bolso.

– Muy bien. Cuando estés lista, con gusto podemos volver a revisarlo – ella asintió – Aunque no te confíes, recuerda que pronto será tu viaje a Estados Unidos.

Cierto. Pero, ¿qué tan pronto?

– Setsuna me comentó que ya tiene fecha para su viaje. En unos días se marchará y, según sabía, la acompañarías.

Serena aguantó las ganas de gritar un "¿Qué?". "Unos días", eso sonaba demasiado contundente y con poco margen de tiempo.

Pensó en sus papás, en sus amigas, en Luna, su arte, su hogar, todo; miró a Seiya, que en ese momento pagaba las dos bebidas que habían consumido, y se dio cuenta de que no estaba lista para irse tan lejos de todo lo que quería tanto.

Sus amigos regresaron. Seiya y ella se despidieron y salieron del lugar sin hablar mucho. Serena no paro de pensar en las palabras de Michiru, no sólo porque tendría poco tiempo para terminar su trabajo, sino que también se agotaba su tiempo a lado de Seiya.

Después de ese día lleno de tanta diversión y nuevas sensaciones, le dolía terminar así, pensando que pronto tendría que alejarse. No era justo.

o-o-o-o-o-o-o-o

Cerró cuidadosamente la caja, tal y como ella le había enseñado. Quizá no era el mejor asistente de repostería, pero al menos quería ayudarle a su novia un poco en lo que pudiera. Corrección, su novia pero también su jefa.

Las cosas se habían dado de una manera muy particular. Una casualidad tras otra. Mientras ella estaba un poco preocupada de que su nuevo novio había renunciado a su trabajo, él notó tenía un gran talento y un sueño que deseaba ayudarle a cumplir.

Lita le contó que siempre había querido poner su propia pastelería y, como una pequeña iniciativa, ya vendía algunos postres entre sus compañeros de escuela y vecinos; por lo que él le propuso ampliar su área de influencia y empezar a vender sus productos en otros lugares. Él se ofreció a ayudarle, promocionar, tomar pedidos, entregarlos, conseguir ingredientes; al menos en lo que encontraba un empleo nuevo.

Y desde el primer día todo fue un éxito, al grado que Lita no tardó mucho en pedirle formalmente que no sólo le "ayudara" sino que le permitiera pagarle por todo su trabajo. Neflyte aceptó y, lejos de ser un problema el trabajar con su novia, habían sido una gran mancuerna.

Eso sí, la incapacidad culinaria del castaño lo había llevado a fracasar rotundamente en su intento por ayudarle en la cocina. No tenía problema con eso, era el espacio de Lita y él no pensaba invadir lo que ella tanto amaba hacer.

Así que su trabajo en casa se limitó a empacar cada postre que ella preparaba – ¡Listo! – dijo terminando su labor de aquella mañana.

– Ese fue el último para hoy – le dijo ella mientras empezaba a ordenar y limpiar su espacio de trabajo.

Él supo que ya podía acercarse – Esta vez fueron pocos pero cae bien como un respiro, has trabajado mucho – tomó sus manos y las besó.

– Todo es gracias a ti, mucha gente está empezando a conocernos.

La estrechó entre sus brazos, le encantaba sentirla tan cerca – ¿Yo? Si son tus postres los que tienen encantados a todo el mundo, yo sólo los llevo.

– No minimices tu trabajo mi amor – le dijo acomodando sus largos cabellos castaños.

Él sonrió al escucharla llamarle así. A veces seguía sin poder creer todo lo increíble que era estar con ella, encontrar en una chica todo lo que siempre quiso y hasta lo que no sabía que necesitaba.

No tenía un gran historial amoroso en su haber, pero siempre tuvo la sensación de que lo arruinaba todo al confesarse enamorado tan rápido. Y ahora, era una fortuna que Lita le siguiera tan bien su ritmo.

– ¿Y esa sonrisa? – le preguntó.

– Nada. Pensaba en lo perfecto que es todo esto… Nunca pensé que cuidar de la novia de Darien, me llevaría a ti.

Lita no pudo evitar un gesto al escuchar el nombre de Darien. Su novia se había sincerado con él y le había dicho que cada vez le agradaba menos; lo habían conversado varias veces, aunque él coincidía en varios puntos, seguía considerando a Darien como un buen amigo.

– Lo siento, prometí no hablar del tema – respiró profundamente – Es difícil, lo estimo tanto como al resto de los chicos, son como una familia para mí.

Ella acarició su rostro – Lo entiendo – dijo con sinceridad, ella también le había hablado de sus amigas, como las hermanas que nunca tuvo.

Neflyte trató de cambiar un poco el tono de la conversación – Estoy ansioso de presentarte formalmente con ellos como mi novia – suspiró, los había visto muy poco desde que renunció y extrañaba trabajar con ellos. Y es que Zoycite estaba ocupado trabajando y dedicando mucho de su tiempo libre a su chica; de Jedite sabía poco, estaba muy ausente y atareado por su nuevo y misterioso empleo del que no había dado detalles; y con Kunzite no había hablado desde que renunció y probablemente seguía molesto por lo que sucedió.

– Verás que pronto podremos verlos – lo animó, leyendo lo que pensaba – Ami me comentó que su novio quiere que hagamos una reunión. Quién sabe, tal vez podamos invitar a las chicas y al resto de tus amigos.

– Sí, ojalá que se caigan bien – y de pronto pensó en algo más que añoraba de trabajar para Darien y de nuevo ella pareció leer que algo pasaba por su cabeza.

– ¿Qué sucede?

– Ah… es que me acordé de Hotaru.

– ¿De quién?

– Es la pequeña hija de Setsuna, la asistente de Darien – le explicó – Entre las muchas cosas que me pedía ayudarle, era cuidarla. Ella ya no es una pequeña en edad de estar en una guardería y se volvió muy despierta, así que últimamente me encargaba de cuidarla.

Ella asintió, animándolo a seguirle contando – A veces Setsuna no tiene quién le ayude a cuidar a su hija y, cuando eso sucede, Darien siempre le ha permitido tenerla ahí. Incluso la dejaba quedarse en su oficina privada y dormía ahí o se ponía a dibujar – sonrió – Aunque ella está creciendo y quiere salir a jugar, así que la llevaba al jardín para entretenerla.

– Vaya, no imaginaba que Darien fuera afín a los niños y que incluso permitiera a su asistente llevar a su hija a su oficina.

– ¿Ves? Es un buen tipo. Se mostraba interesado en ver agusto a Hotaru.

Ella rió un poco – No lo imagino con ese aire paternal y cariñoso.

El castaño sabía bien que Darien Chiba es un hombre muy serio, pero siempre mostró mucha estima hacia su equipo de trabajo y suponía que el hecho de que Hotaru estuviera bien, significaba que Setsuna lo estaría. Y Neflyte, y el resto de sus amigos, notaban lo importante que es ella para él; así que le parecía un gesto natural de parte de Darien el recibir a la pequeña en la oficina.

– No creo que paternal o cariñoso sean los términos pero sí amable.

– Supongo – respondió ella – A pesar de ser novio de mi amiga, nunca lo vi como alguien cariñoso. Darien es un hombre muy serio. Serena siempre ha justificado esa forma de ser diciendo que es porque la vida había sido realmente dura con él.

Neflyte se apartó un poco. Conocía a Darien desde hacía unos años, pero, para ser su amigo, no sabía mucho de su vida personal. Era tan discreto que nunca se había puesto a pensar en quién más conformaba su mundo además de Serena Tsukino.

– Yo siempre traté de entender a Darien – continuó la chica – y esa sobriedad y severidad con la que se maneja. Sé que es un camino solitario, es difícil y duele madurar de golpe; al igual que él, perdí muy chica a mis papás en un accidente automovilístico.

Neflyte la entendía. Él también había quedado solo desde muy niño. Ambos habían hablado sobre el tema y sabía que era muy difícil para Lita pensar en sus padres, así que volvió a sus brazos y la estrechó con fuerza.

– Gracias mi amor – le dijo la chica.

– Ya no estás sola, tienes a tus amigas y a mí – agregó mirándola – Yo siempre estaré aquí para ti.

La besó. Adoraba tenerla entre sus labios. Ese contacto le hacía olvidar por completo que acababa de enterarse de que su amigo Darien, al igual que él, había perdido a su familia de pequeño. ¿Por qué nunca hablarlo? Para eso son amigos, para entenderse y apoyarse.

Pero eso no importaba. Lo único que le interesaba en ese momento era Lita, sus besos, sus caricias, su cuerpo. Neflyte le encantaba sentirla y, no podía negarlo, se estaba volviendo loco por sentirla más y más.

No podía evitarlo, y quizás era parte de los errores que siempre cometía en sus relaciones, pero se enamoraba tanto y tan rápido que se le volvía una necesidad demostrarlo de todas las formas posibles. Tal vez algunas chicas consideraban abrumadora su forma de querer: sin tapujos y tan entregada.

Hasta ahora, Lita le había demostrado seguir su mismo ritmo y se preguntaba si esta vez sería igual. De momento, parecía ir todo en la misma dirección, por lo que se atrevió a entregarle besos más arrebatadores e incluso sus labios decidieron abandonar su boca y empezar a bajar por su cuello.

El castaño no tenía mucha experiencia en el tema y era tímido para hablar abiertamente de esos asuntos, pero reconocía que el aspecto físico de su novia no le era nada indiferente. Si bien amaba a Lita por su forma de ser; su figura esbelta, sus caderas y hasta su generoso pecho, lo volvían loco.

De pronto su teléfono, que había dejado sobre la mesa junto al pastel que había terminado de empacar, comenzó a sonar y casi en un suspiro Lita le dijo – Te llaman, tal vez deberías…

– Puede esperar… – le respondió al borde de perder la cabeza por ella y fundiéndose de nuevo en sus labios.

o-o-o-o-o-o-o-o

Durante muchísimos años, ella contó cientos de veces aquella historia del chico que le rompió el corazón, ese mismo del que juraba estar enamorada.

Qué tonta. Era una niña que ni sabía lo que era el amor y lo peor era que comparaba a cuánto muchacho conocía con aquel jovencito que conoció hacía tanto tiempo.

No supo lo que de verdad era estar enamorada hasta que conoció a Neflyte y todas las nuevas experiencias y sensaciones que él le regalaba día con día. Él la entendía, la apoyaba, la consentía y eliminaba por completo su soledad.

Dada la dinámica de su noviazgo y su sociedad laboral, él prácticamente se la pasaba todo el tiempo en su departamento. Lita adoraba tenerlo ahí, era como si su sueño de casarse con un buen muchacho se hiciera realidad.

Sin embargo, había una enorme diferencia entre esa fantasía y su relación con Neflyte. Poco antes del anochecer, él se marchaba a su casa y regresaba muy temprano al día siguiente para cumplir con las tareas que ella le asignaba. En pocas palabras: no pasaban sus noches juntos.

A pesar de que su relación llevaba poco tiempo, Lita reconocía que era un poco frustrante no tenerlo más tiempo y lo extrañaba tanto en esas madrugadas en las que de pronto se volvía a sentir muy sola.

Y en algunas ocasiones, en las que se les iba el tiempo y él se marchaba tarde, ella se sintió tentada a decirle que no se fuera, que se quedara toda la noche a su lado; pero le daba miedo cómo pudiera interpretarse la propuesta.

Lita nunca había salido formalmente con un chico y, en consecuencia, no tenía experiencia en menesteres, dígamos, íntimos. Era un tema al que nunca le tomó importancia. Hasta ese momento en el que Neflyte la besaba con tanto arrojo y no mostraba señales de querer detenerse.

¿Acaso ella quería que se detuviera? Sí y no. Tenía miedo, pero curiosidad de saber hasta dónde podían llegar con esos besos que le estaban erizando toda la piel y le estaban generando un extraño vértigo en el bajo vientre.

Neflyte había ignorado por completo la llamada que estaba recibiendo e incluso ya había dejado de sonar el teléfono. Entonces, él hizo gala de su fuerza y, tomándola por sorpresa, la cargó para colocarla sobre el mismo mueble donde ella estuvo trabajando.

La miró con sus castaños ojos encendidos. Lita presintió que estaban al borde de un punto sin retorno y ella no supo cómo decirle que estaba muy temerosa de lo que pudiera pasar. No hubo más tiempo de pensar porque los besos se reanudaron.

De pronto el teléfono de su novio volvió a sonar y ella apenas pudo susurrar mientras él de nuevo exploraba su cuello – Debe ser importante…

Neflyte respiró profundamente, recuperando el aliento, y la bajó cuidadosamente de la mesa; parecía realmente lamentar la interrupción. Se dirigió hacia su teléfono y frunció el entrecejo al ver quién llamaba.

– ¿Qué pasa Zoy? – dijo un poco serio, pero inmediatamente cambió de tono – ¿Qué? – se quedó callado, escuchando lo que su interlocutor decía – Pero, ¿él está bien? – otra pausa – De acuerdo, voy para allá.

Colgó – ¿Qué sucede?

– Era Zoycite, uno de nuestros amigos necesita ayuda. Tengo que ir, lo siento.

– No te preocupes. Ve – dijo algo aliviada. Se hubiera sentido terriblemente mal si ella hubiera tenido que detener la situación – Llévate mi motoneta, si quieres.

Él pareció dudarlo un momento. Ya se había vuelto frecuente que él usara su vehículo para trabajar, no era algo que le gustara mucho porque era de ella; sin embargo, Lita había sido franca al decirle que lo viera como parte del negocio que ambos estaban impulsando.

– ¿Segura?

– Sí y tampoco te preocupes por los pedidos de hoy, yo los llevaré; son muy cerca.

Si algo había aprendido sobre Neflyte era que es una persona muy responsable en su trabajo y parecía incomodarle un poco la situación – Anda, esto es importante; tus amigos te necesitan.

Finalmente él asintió. Era cierto, sus amigos eran muy importantes para él. Tomó las llaves de la motoneta y se dirigió a la puerta cuando ella lo detuvo – Espera.

Entre el arrebato de hacía un momento, la camiseta de su novio quedó manchada de harina y masa con la que ella estuvo trabajando. No era la primera vez que él ensuciaba su ropa por accidente, por eso ella le había sugerido que dejara en su departamento al menos un par de mudas para que se cambiara si era el caso.

– Tu camiseta.

Él la miró – ¡Rayos!… Lo siento, iré a cambiarme.

No fue necesario que ella le indicara dónde estaba su ropa, Neflyte se dirigió a su habitación con total naturalidad. Ella lo siguió un momento después, pero se detuvo, sin que él se diera cuenta, cuando el muchacho encontró la prenda limpia y se quitó la sucia.

Era la primera vez que lo veía así y de nuevo empezó a sentir ese vértigo que le invadió cuando él la había besado con arrebato. Desde que lo conoció notó su espalda ancha y sus brazos fuertes, pero no imaginó que habría todo un cuerpo atlético.

Se puso muy roja, pero no podía (ni quería) apartar la vista; y es que antes de ponerse su camiseta limpia, Neflyte se miró en el espejo de la habitación y se sacudió un poco sus pantalones, que también habían resultado un poco manchados; también reacomodó un poco su larga cabellera.

Ella se había enamorado de Neflyte por su gran corazón y su ternura al tratarla, pero no pasaba por alto lo atractivo que le parecía. Y ahora, que lo encontraba más guapo que nunca, no sabría si podría controlarse la próxima vez que la besara como esa mañana.

Se terminó de vestir y se miró una vez más en el espejo para asegurarse de que todo estaba en orden. Lita aprovechó ese espacio para irse; le hubiera dado muchísima vergüenza que él descubriera que prácticamente lo estaba espiando.

– Listo – anunció volviendo de la habitación, mientras ella fingía que todo el tiempo estuvo ahí limpiando su área de trabajo – Siento el desorden que causé, yo…

– Descuida – dijo ella aún sin saber cómo reaccionar ante esa situación – Ve con tus amigos, te necesitan.

Él asintió y le mandó un beso a la distancia. Se marchó y Lita se asomó por la ventana para verlo irse. Se preguntó qué hubiera pasado si Neflyte no hubiera recibido esa llamada.

Quizá no se hubiera conformado sólo con espiarlo.

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No era algo común en ella, pero aquella mañana se había permitido descansar un poquito más. La verdad era que ahora empezaba a relajarse de vez en cuando.

No quería admitirlo frente a nadie, ni siquiera ante su abuelo; pero la llegada del nuevo ayudante le permitía estar menos tensa con todos sus deberes en el templo. Como aquella mañana, que escuchó su despertador y se pidió a sí misma cinco minutos más de sueño.

Sin embargo, esos cinco minutos se multiplicaron y, cuando se dio cuenta, ya era un poco tarde. Rei se estiró en la cama despreocupada. Afortunadamente ya no tenía que estar atareada porque Jedite se encargaba eficazmente de varias cosas.

Ese engreído que le ha llenado el ojo a mi abuelo, trabajando tanto y sin descanso… ¿descanso?

La chica se incorporó abruptamente. Efectivamente, Jedite llevaba varios días en el templo sin parar de hacer sus labores, por lo que su abuelo prácticamente lo había obligado a tomar un respiro y descansar al menos un día. Ese día.

Rei se paró de golpe. Qué torpe había sido, sin Jedite ella tenía que encargarse de varias cosas, entre ellas preparar el desayuno. Salió de su habitación sin tomarse el tiempo para cambiarse su pijama, algo que nunca hacía pues no permitía que nadie la viera en ropa tan escasa e informal. Corrió descalza a la cocina preguntándose cómo había sido tan descuidada como para olvidar su responsabilidad.

Esto es culpa de Jedite.

Abrió la puerta y encontró a su abuelo y al joven rubio terminando de desayunar tranquilamente mientras un delicioso aroma llenaba la habitación.

Como ya se estaba haciendo costumbre, en cuánto llegó, el muchacho se cambió de actitud.

– Buenos días Rei – le dijo su abuelo con una sonrisa – Me preguntaba a qué hora despertarías, ¿te sientes bien?

– Ah… sí.

– Buenos días – dijo Jedite siempre serio pero cortés – Te serviré el desayuno – se puso de pie y se dirigió hacia la estufa.

No se había equivocado, parecía que era su día de descanso. El chico llevaba ropa normal; y no había notado lo apuesto que se veía con ropa más ajustada. Era la primera vez, desde que se instaló en la casa, que no lo veía con su traje del templo.

Bueno, exceptuando la vez que lo vi en…

– ¿De verdad te sientes bien? – interrumpió su abuelo sus pensamientos – De pronto te pusiste muy roja.

– Sí, sólo me quedé dormida. Lo siento, yo debí…

– No te preocupes, me alegra que por fin estés relajada y no te presiones por tus deberes – agregó el anciano – Además, Jedite fue muy amable al preparar un desayuno especial esta mañana.

En ese momento, el muchacho servía un poco de jugo a ambos y le sonreía al hombre. Quizá Rei no se llevaba bien con él, pero parecía agradarle mucho a su abuelo y, al menos, en ese aspecto ella estaba conforme.

Ella seguía sin poder mirarlo a la cara desde el incidente de hacía unas noches y no sabía cómo agradecerle que la cubriera con sus responsabilidades.

Sin embargo a él no parecía importarle que ella no le dirigiera la palabra y, en silencio, le sirvió su plato. En cuanto lo vio, Rei se sorprendió mucho.

– Huevos benedictinos – pudo pronunciar apenas.

Sin duda, el platillo no era común en Japón y la presentación que hizo Jedite lucía exquisita, además del delicioso aroma que acompañaba; pero eso no era lo que captaba la atención de Rei.

– Lo sé – dijo su abuelo, adivinando lo que ella estaba pensando – Sin sus responsabilidades, Jedite se dio el tiempo de prepararlos y sorprendernos con esto – suspiró con añoranza – Bueno, si me disculpan, iré un rato a rezar al templo.

Jedite le preguntó si estaba bien y su abuelo contestó tranquilizándolo – Sí, sólo soy un viejo con sus recuerdos. Ustedes terminen de desayunar.

Abandonó la habitación, dejando un poco preocupado a Jedite; Rei supuso que su preocupación era tan auténtica que se atrevió a dirigirle la palabra – ¿De verdad está bien?

Entonces, la chica al fin reaccionó – Sí, sólo que… eran los favoritos de mamá; le encantaban y le gustaba sorprendernos preparándolos ella misma.

Cuando era muy pequeña, su madre le había contado que recién se casó, vivió un tiempo en Francia por cuestiones de trabajo de su padre. Allá no conocía a nadie y no tenía muchas cosas qué hacer así que había aprendido a cocinar un poco, ella se consideraba poco hábil pero había un platillo que le encantó y se esmeró en aprender y perfeccionar: los huevos benedictinos.

Su abuelo le contó que la estancia de sus padres en Francia había terminado cuando ella anunció su llegada al mundo; y es que el propio Takashi Hino había decidido que lo adecuado era que su descendencia naciera en Japón.

La anécdota del anciano siempre continuaba recordando lo feliz que fue con el regreso de su hija al país, acompañada de la gran noticia de que lo convertiría en abuelo; la cual le anunció una mañana que fue a visitarlo al templo y le preparó aquel platillo especial que había aprendido en su viaje y del que tanto le había contado en sus cartas.

La chica lo probó. Era delicioso. Ella no se consideraba una cocinera hábil, no era un peligro al estómago como Serena pero tampoco era muy buena. Así que la llegada de Jedite había sido un alivio para los habitantes de esa casa, pues debía reconocer que era bueno, limpio y siempre con una excelente presentación. Como si hubiera aprendido con chefs de alta categoría.

Pero había algo más que un buen sabor en el platillo de esa mañana. A Rei le sabía a tantos recuerdos, a su infancia, a tantos olores de antaño, a la sonrisa y alegría de su madre, así como todo el calor que ella le brindaba.

Podría no estar completamente de acuerdo con que su abuelo contratara a un desconocido, podría parecerle un engreído que no se dignaba a dirigirle la palabra y un tonto al que le vio todo por accidente; pero no encontraba las palabras para agradecerle por traer tan gratos recuerdos y regalarle una pequeña alegría que viajó de su paladar a su corazón.

o-o-o-o-o-o-o-o

Se permitió observarla por un momento. Sabía que no debía hacerlo, se había reprendido decenas de veces por ello y se había prometido otro tanto de ocasiones ya no repetirlo.

Pero era inevitable verla. Rei le había atraído cuando la vio por primera vez, sin imaginarse que era amiga de Serena Tsukino y mucho menos que se trataba de su prometida.

En esta ocasión era aún más difícil tratar de ignorarla. No sólo estaban a solas en una situación bastante tranquila, sino que ella mostraba una postura que no le había visto. Desde que llegó al Templo Hikawa consideró a Rei como una chica severa y algo controladora; pero esta vez parecía tan tranquila, absorta en su platillo.

Ella le había dicho que habían sido los favoritos de su madre y él no quiso indagar más. Conocía muy poco de la familia Hino, pero de oídas sabía que Takashi Hino era conocido por tener varias amantes de ocasión y que había quedado viudo años atrás, luego de que su joven esposa falleciera por una enfermedad.

Supuso que ese hecho era toda una tragedia familiar. El abuelo de Rei siempre hablaba de su única y amada hija con un aire de nostalgia, pero el muchacho nunca se puso a pensar en cómo todo eso afectaba a su nieta.

Jedite había conocido en los altos círculos sociales a chicas tan frívolas que no tomaban importancia a esos temas o que tenían el descaro de convertir una tragedia así en un medio para llamar la atención.

Odiaba a las chicas así y siempre asumió que la mujer que habían elegido sus padres para casarse, era así. La verdad no había querido averiguarlo en los últimos días, ya de por sí era una tortura saber que era una chica hermosa como para darse la oportunidad de conocerla a nivel personal.

Y es que Jedite no estaba dispuesto a darle gusto a sus padres e involucrarse con la chica que ellos querían para él. Era demasiado terco como para complacerlos con algo por primera vez en años, y menos cuando era algo tan crucial en su vida.

Ella terminó su platillo y agradeció la comida, como siempre, pero esta vez había algo especial en la voz de la chica. No sonaba como una costumbre o ser cortés, de verdad lo agradecía.

– ¿Dónde aprendiste a hacerlo? – le preguntó de pronto, tomándolo por completa sorpresa.

La verdad era que, cuando empezó su rebeldía adolescente, le pedió a los cocineros de su casa le enseñaran a cocinarse por sí mismo. El platillo en cuestión tenía una anécdota algo diferente.

Sus padres lo habían mandado a pasar un verano con su tío, quien era agregado cultural de la embajada de Japón en Francia, y Jedite no la pasaba muy bien soportando a sus insufribles primos; así que, al igual que en casa, se dedicaba a sus propios asuntos y mejor pasó sus vacaciones aprendiendo a cocinar la mejor comida francesa con los chefs de la embajada.

– Por ahí – se limitó a decir, aguantándose la ganas de hablar y hablar de cómo hizo rabiar a su familia con sus hábitos, incluso mandándolo tan lejos como castigo por su creciente rebeldía.

Se puso de pie y se dispuso a limpiar, como lo había hecho los últimos días. Quizá sonó un poco cortante, pero de verdad no quería entablar algún vínculo con la chica.

– Entiendo… – respondió ella poniendo un tono más hostil – ¿Acaso eras cocinero o algo así?

– No, pero sí aprendí con los mejores de la chefs de la ciudad – dijo sin mirarla, pero muy orgulloso de sus palabras. Jedite estimaba mucho a todos los trabajadores de la casa de sus padres, quienes además de ser muy buenos en sus labores, fueron muy pacientes y amables para cumplir con su peculiar petición de enseñarle a hacer todas esas labores domésticas.

– Ya veo – hizo una pausa – Entonces, ¿qué es lo que tanto escondes? – le soltó de pronto – Porque a mi abuelo podrás tenerlo encantado, pero a mí no me engañas y sé que algo ocultas.

Él detuvo sus labores y se volvió hacia ella – ¿Y por qué te interesaría saberlo?

Se acercó poco a poco a ella, de verdad no quería involucrarse y sabía que debía poner un límite. Así que utilizó la misma actitud que adoptaba para ahuyentar a tanta chica caprichosa que se le cruzó en el camino.

– No oculto nada en especial ¿sí? – se detuvo junto a ella y se inclinó para tenerla a milímetros de su rostro – Y si fuera así, créeme que no lo averiguarías espiándome en el baño – le sonrió, aunque muy nervioso de tenerla tan peligrosamente cerca.

– ¡Que fue un accidente! – le reclamó con un sonrojo que a él le pareció encantador – ¡Yo…!

De pronto empezó a sonar su teléfono móvil. Era raro y eso le dio el pretexto perfecto para escaparse de esa conversación.

– Espera – dijo como si pidiera una pausa a ese pequeño juego.

Vio que se trataba de Zoycite. Era algo extraño, le había dicho que no le llamarán porque estaba ocupado con su nuevo trabajo; aún así atendió – ¿Sí?

– Qué bueno que te encuentro – dijo su amigo y Jedite inmediatamente escuchó extraño.

– ¿Qué sucede?

– Es Kunz, necesita nuestra ayuda. Estoy en su departamento, ¿puedes venir? Estoy tratando de localizar a Nef pero no me contesta.

– Voy para allá.

No quiso preguntar más por temor a que Rei lo escuchara e hiciera más preguntas. Colgó.

– ¿Todo bien? – preguntó la chica y le pareció que no preguntaba por entrometida, sino que él realmente se mostró preocupado.

Tuvo ganas de decirle que tenía que ir a ayudar al cabezota de su amigo Kunzite, incluso hablarle todos ellos; pero eso abriría la puerta a que se conocieran mejor y no podía darse ese lujo.

– Tengo que irme. Ya alimenté a tus cuervos, yo vendré más tarde a limpiar esto; si preparas algo de comer, deja todo como está ordenado… por cierto, linda pijama – agregó con otra sonrisa antes de salir de la habitación.

Apenas alcanzó a ver que ella miraba su ropa y se ponía roja. Seguramente se había levantado de golpe, alarmada de que se quedó dormida, y se quedó con su pijama.

Y había sido honesto, era una linda pijama. Ahora sabía que Rei Hino gustaba de ropa algo ligera para dormir, lo cual le parecía bastante atractivo pero de nuevo le generaban ideas en su cabeza que no eran para nada adecuadas.

Ya tenía suficiente con reprenderse a sí mismo cada vez que lo invadían sus pequeñas y culposas fantasías nocturnas al recordar que ella lo vio saliendo de la ducha, como para ahora saber que ella dormía en la habitación de junto, con apenas un short y una escotada camiseta de tirantes.

Tendré que poner más distancia o me volveré loco.

o-o-o-o-o-o-o-o

Llevaba días preocupado. El distanciamiento de su mejor amigo ya había dejado de ser algo normal. Sabía que trabajaba hasta altas horas de la noche en la oficina y sólo iba para sacar los pendientes más urgentes. No mandaba mensajes y casi nadie lo había visto.

Zoycite le daba vueltas a las palabras de Ami y cada vez se convencía más de que algo más le sucedía a Kunzite. Incluso su propia novia le preguntaba cómo marchaba el asunto y él sólo respondía que era más de lo mismo: no sabía nada de él y eso le preocupaba muchísimo.

Sin embargo, la crisis llegó a un punto álgido cuando fue a probar suerte buscándolo en el bar que solían frecuentar con el resto de los chicos. El encargado le dijo que sí lo había visto en esos días y se le había hecho muy extraño verlo bebiendo solo.

Aquella noche pasó enviándole mensajes y marcándole sin obtener respuesta. También fue muy tarde a la oficina para ver si de suerte coincidían, pero él no llegó.

Esa mañana recibió un correo electrónico muy temprano en el que el señor Kaiou quería hablar personalmente con ambos sobre nuevas responsabilidades que tendrían ante la ausencia de Darien.

Zoycite ya no pudo más soportar la situación y fue al departamento de su amigo. Sabía que él ocultaba una llave de emergencia en su escritorio en la oficina. No era correcto esculcar sus cosas, pero ya era la única forma de llegar a él. Así, se dirigió al hogar de su amigo y entró. La escena que halló fue inédita.

Conocía a Kunzite desde que iban en la escuela y sabía que era un hombre sumamente ordenado y disciplinado. Su padre había sido muy severo con él y por eso su amigo era sumamente estricto con todo, incluyendo el orden en su departamento, que siempre lucía inmaculado.

Sin embargo, aquella mañana lucía desordenado, con paquetes con restos de comida, latas de cerveza y una que otra botella que estaban por todos lados en el pequeño departamento.

Vio a Kunzite en una silla de su comedor aparentemente inconsciente. Zoycite no negaba que el miedo de que estuviera mal lo invadió por unos momentos pero no tardó en notar que sólo estaba dormido. Profundamente dormido.

También se dio cuenta de la posible razón de aquel estado. Un par de botellas de ron casi terminadas estaban junto de él y, siendo honestos, el olor a alcohol delataba a Kunz.

Pensó en llamar a Ami para que le ayudara a atenderlo, pero supuso que era un tema muy personal de Kunzite lo que se debía resolver; así que llamó a Jedite y Neflyte para que le acompañaran en esa pequeña intervención, además que le ayudaran a moverlo de ese lugar.

Mientras esperaba, el muchacho trató sin éxito de despertarlo, lo único que medio funcionó fueron unas palmadas en el rostro, que sólo provocaron que el de cabello plateado se quejara entre sueños.

Zoycite distrajo un poco su mente con la revista que estaba sobre la mesa, junto a las botellas. Ese ejemplar ya lo había visto, él mismo se lo consiguió a su novia, quien le comentó que su amiga Mina conseguiría que los artistas de la portada se la autografiaran, se trataba de un grupo llamado Three Lights. Se le hizo un poco extraño, no era el tipo de lecturas que Kuzite acostumbraba y no creía que él estuviera interesado en saber sobre ese grupo de moda.

¿En qué estás metido Kunz?

Neflyte fue el primero en llegar y Zoycite le hizo un pequeño resumen del comportamiento de su amigo en los últimos días. Jedite no tardó mucho en arribar al departamento y también lo puso al tanto de la situación. Fue un alivio saber que, pese a las diferencias que tenían con Kunz y que ambos habían discutido con él cuando renunciaron, se mostraban tan preocupados como él. La amistad y unión entre los cuatro estaba intacta.

– ¿Y qué hacemos? – preguntó el castaño.

– Yo digo que le echemos una cubetada de agua fría – dijo el rubio.

– Algo así – dijo Zoycite – Pensaba que me ayudarán a moverlo a la regadera y ver si con un buen baño se despierta.

Ellos accedieron un poco desconcertados, pero el muchacho les insistió en que ya había intentado otros métodos sin éxito. Entre sus amigos lo acomodaron en la regadera y Kunzite apenas reaccionó ante el movimiento y lo frío del azulejo.

– Bueno, suerte – le dijo Jedite saliendo de la habitación y Nef estaba a punto de seguirlo.

– ¿A dónde van?

– Voy a empezar a limpiar el departamento.

– Yo prepararé un café bien cargado para cuando despierte – terció el castaño.

– Pero…

– Ni loco quiero estar aquí cuando despierte hecho una furia porque lo empapaste – comentó el rubio y salieron de ahí.

Zoycite lo entendía. Kunz era un gruñón de primera y no le haría nada de gracia lo que le haría; a eso se le sumaba que había tenido roces con ellos. Pero no sólo era eso, de manera implícita, Jedite y Neflyte sabían que Kunzite se sentiría más cómodo hablando sólo con él. Era de esas cosas que no era necesario decir.

Bien, aquí vamos – se dijo en silencio, respiró profundamente y abrió la llave. El resultado fue instantáneo y Kunzite despertó de golpe y tosió un poco.

– Tranquilo – le dijo sujetándolo para que no se cayera al tratar de ponerse de pie de abruptamente.

Kunzite apretó los ojos y se agarró la cabeza mientras él cerraba la llave.

– ¿Qué demonios te pasa? – fueron sus primeras palabras, algo pausadas. Abrió un poco los ojos, parecía muy aturdido – ¿Qué pasó?

– Me tenías muy preocupado. Llevas días sin dar señales de vida y de pronto te encuentro aquí en tu departamento perdido de borracho – volvió a respirar hondo – Al menos me alegra ver que no estás herido o peor.

Kunzite volvió a agarrase la cabeza, seguro la resaca lo estaba matando. Por fin lo miró – Lo lamento, no quise preocuparte.

Zoycite le sonrió. Desde que se conocieron, sabía del carácter recio de su amigo, pero era todo un hombre que sabía aceptar cuando se equivocaba.

– Descuida – trató de restarle importancia al asunto – Anda, levántate que el señor Kaiou nos espera en su oficina en unas horas.

Sin embargo, Kunzite se quedó ahí viendo hacia el infinito y de pronto soltó – Soy un tarado.

El rubio se volvió hacia él – Olvídalo, ya.

– No me refiero sólo a esto – confesó – Me he comportado como un idiota contigo y con los chicos.

– Hey, descuida somos tus amigos y estamos aquí para ti – se acercó a él – Jed y Nef están allá afuera, ordenando un poco; ellos no dudaron ni un momento en venir a ayudarte.

– ¿De verdad? – sonrió ligeramente. Sin duda él también los quería a su manera.

– Claro, sabemos que a veces eres un cabezota pero no eres un mal tipo.

– Les debo una disculpa y otra más a ti, sé que estás muy contento con tu chica y no fue mi intención amargarte con mis cosas. ¿Crees que pueda enmendarlo?

Zoycite le sonrió. Él estaba siendo muy feliz con Ami y cada momento se enamoraba más de ella; tenía muchas ganas de contarle todo eso a su compañero de andanzas y que él la conociera para que se diera cuenta de porqué la amaba tanto.

– Estoy ansioso de presentarlos.

Él sonrió ligeramente pero rápidamente borró esa expresión, como si recordara algo – ¿Estás bien?

– No – respondió secamente después de una pausa – Hay algo más.

Kunzite era un hombre muy discreto con sus cosas pero cuando algo realmente lo afectaba, se había acercado a su mejor amigo para contarle. Su padre, el abandono de su madre, sus preocupaciones por sus estudios y trabajo, sus dudas sobre la primera experiencia íntima, habían sido los pocos temas que habían tocado sólo entre ellos dos.

Así que debía ser algo muy importante para que decidiera hablar. Zoycite asintió alentándolo a proseguir.

– Es sobre el día del accidente de la señorita Tsukino.

Ahí vamos otra vez.

– Olvídalo ¿sí?

– No hablo del accidente en sí – aclaró – Confieso que considero que lo correcto es que el responsable pague; pero ustedes lo resolvieron muy bien y eso no es lo importante ahora.

Hizo una pausa y… ¿se estaba sonrojando?

– Cuando fui a hablar con la señorita Tsukino sobre el asunto… conocí a alguien.

Zoycite tomó todas sus fuerzas para no hacer ninguna reacción, esperando que su amigo continuara con su historia.

– Es una de las amigas de la señorita Serena. Se llama Mina, es una pequeña rubia ruidosa, altanera, orgullosa, que me saca de quicio y que es la chica más espectacular que he conocido en mi vida.

Ya no pudo soportar más y rió. Su amigo estaba enamorado por primera vez y de una de las amigas de Serena Tsukino. Ahora tenía sentido el porqué insistía en que no se mezclaran con esas chicas, él se estuvo resistiendo todo el tiempo a lo que empezaba a sentir.

– No le veo la gracia.

– Perdón, no la tiene… Pero es increíble hombre, estás enamorado.

Su amigo abrió los ojos, si el agua no le había bajado la borrachera por completo, seguro el comentario lo hizo – ¡Yo no dije eso!

– Jamás me habías hablado así de una mujer y, te conozco, no lo harías si no fuera realmente alguien importante. ¡Me alegro mucho por ti! Apenas he visto una vez a la señorita Mina pero Ami me ha hablado de ella; te felicito, parece una gran chica.

– ¿En serio? ¿Qué sabes de ella? – se inclinó un poco hacia él. Vaya que el asunto le interesaba.

– No mucho, le atrae el medio del espectáculo, practicaba voleibol, no tenía las mejores notas en la escuela, tiene un gato, le gusta cantar y bailar… ¿cómo te conquistó una chica así? – preguntó fascinado del hecho de que una chica aparentemente tan distinta a su amigo, le sacudiera así su mundo cuadrado.

De pronto su semblante se tornó sombrío y de nuevo se apoyó en la pared – No importa, ella seguro no quiere saber nada de mí.

– ¿Qué pasó?

– Fui un idiota. No sabía cómo hablarle ni acercarme a ella. Cuando la conocí me ofrecí a llevarla a su casa pero me rechazó y cuando mi investigación sobre el choque me llevó hacia ella, pensé que era mi única oportunidad de abordarla.

Zoycite se dio una palmada en la frente. Conocía los modos de su amigo y más con ese tema – ¿Y qué sucedió?

– La terminé fastidiando con eso.

No la culpo.

– ¿Y por eso empezaste a beber así?

Él carraspeó – No, empeoré las cosas.

Zoycite respiró profundo – ¿Qué hiciste?

– La vi con un chico y luego con otro, estaba rabiando de celos. Discutió con uno de ellos y traté de defenderla pero ella se molestó conmigo.

– ¿Qué?

– Lo entendí hasta que leí en una revista que esos chicos son de un grupo que ella representa. Y yo por estúpido, con ese puñetazo lleno de celos y frustración, noqueé a uno de esos cara de niño, de esos Three Lights.

Zoycite volvió a reír e inmediatamente se disculpó al ver el rostro de su amigo – Ya entendí; trata de ponerte en sus zapatos, la acosas con el tema del choque y luego golpeas a uno de sus artistas. Claro, que iba a estar molesta.

– ¿Crees que ya no tendré oportunidad?

– No lo sé, depende de ustedes dos – le tendió la mano para ayudarle a levantarse – Búscala, discúlpate, habla con ella y dile tus verdaderas intenciones. Eres un buen hombre y ella seguro lo notará.

– Eso espero.

– Bueno, pero por ahora lo mejor será que termines de alistarte; de verdad tenemos que estar con el señor Kaiou, quítate esa ropa mojada y dúchate, mientras te espero con los chicos.

– Sí, gracias hermano… Por cierto – dijo antes de que saliera de la habitación – no comentes nada sobre Mina, me da un poco de vergüenza hablar de esos temas.

– Claro, sólo si prometes ser prudente con ella.

Kunzite atajó el comentario – No me molestes con eso, mi opinión sobre eso no ha cambiado, y sabes a lo que me refiero; sea como sea debemos ser prudentes y respetuosos con las amigas de la mujer de Darien, nuestro jefe… Tú has sido muy juicioso con tu chica, ¿verdad?

Había avanzado mucho ese día en reparar su relación de amistad con Kunzite como para salirle con que no había cumplido su palabra y ya que se habían conocido entre sábanas, que él se había robado la inocencia de Ami y que ella, fiel a su sed de conocimiento, le había pedido que le enseñara de todo para que ambos siempre estuvieran satisfechos.

– Será mejor que te apresures, tenemos menos de dos horas para esa reunión – dijo incapaz de mentirle o decirle la verdad.

– ¡Oye pero respóndeme!

– Se nos hará tarde Kunz – agregó saliendo del cuarto de baño.

– ¡QUE NO ME LLAMO ASÍ!

o-o-o-o-o-o-o-o

Para cuando escucharon que Zoycite cerró la llave de la ducha, ya habían terminado, al menos, de recoger todas las botellas y latas que había dispersas por toda la sala y la cocina.

La verdad es que, más allá de sus nuevas obligaciones, no le era un problema ayudar a limpiar un poco el lugar; al contrario, Jedite estaba contento de ser de utilidad.

De pronto, el joven rubio fijó la mirada en una revista. No la había visto propiamente pero el abuelo de Rei le había pedido que la consiguiera para su nieta cuando fuera a comprar provisiones.

En la portada aparecía el grupo Three Lights. El anciano le había comentado que su nieta quería esa revista porque una de sus amigas le conseguiría un autógrafo de esos chicos. Jedite se preguntaba si esa chica sería Serena Tsukino, a quien ya había visto muy cercana al líder de la agrupación: Seiya Kou.

– ¿Qué pasa? – le preguntó Neflyte al notarlo absorto en la publicación.

– Nada, sólo veía la revista; la he estado buscando pero creo que está agotada.

– Sí, me costó trabajo encontrarla, Lita la quería porque una amiga suya le conseguiría un autógrafo de esos chicos.

– ¿Hablas de la señorita Serena? Ella es amiga de los Three Lights ¿cierto?

– No, que yo sepa. En los días que estuve trabajando para ella, nunca los vi ni los mencionó… ¿Por qué lo dices?

De nuevo se preguntó qué era lo que había visto hacía unos días, pero no debía causar un alboroto por algo que quizá sólo era una inocente situación. Debía ser una situación inocente ¿no?

– ¡Listo! – interrumpió Zoycite, tomó asiento y respiró profundamente.

– ¿Todo en orden? – preguntó Jedite.

– Ya se está alistando y hablamos un poco.

No era necesario decir más, entre ellos dos había un vínculo especial y era obvio que para Kunz era más fácil hablar con Zoy de sus asuntos personales. No había problema con que no lo comentara con el resto, lo importante es que su amigo estuviera bien.

– Y bueno… – comenzó Zoycite – Hace tiempo que no nos vemos, ¿cómo les ha ido después de renunciar?

– He estado trabajando con Lita – fue Nef el primero en hablar y parecía aún sonrojarse ante la idea de tener al fin una novia formal – Le ayudo a vender sus pasteles y postres. Es muy buena en eso.

Contó brevemente cómo había surgido la idea, lo que él hacía y cuáles habían sido sus resultados.

Una vez que terminó de hablar, ambos lo miraron, esperando que contara sobre su nuevo trabajo pero él no sabía cómo contarles del asunto – ¿Y cómo van las cosas con sus novias?

Los dos sonrieron y para el rubio no hizo falta que dijeran más, sus amigos estaban contentos y eso era lo importante. Desde que los conocía, no habían tenido una relación formal con alguna chica y era agradable saberlos felices. Había conocido rápidamente a las novias de ambos cuando fueron a visitar a Rei y, con lo que sus amigos le habían dicho sobre ellas, estaba complacido de que estuvieran con buenas chicas.

¿Y yo? – se preguntó. Él también llevaba mucho tiempo soltero, cansado de las chicas frívolas que se interesaban en él y de que otro tanto lo rechazaran en cuanto se enteraban de que era un muchacho comprometido – Rei Hino atormentándome desde antes de conocerla.

– ¿Y tú? – preguntó Nef.

– Yo no tengo novia – respondió sacando de su cabeza a Rei Hino.

– Me refiero a tu trabajo.

– Ah, claro…

Sabía que sus amigos tenían mucha curiosidad sobre el tema. Jedite les había contado que no terminó sus estudios porque lo habían expulsado ya de varias escuelas y que no tenía experiencia laboral porque siempre que intentaba trabajar, su padre intervenía y lo presionaba para que volviera a la escuela y se formara profesionalmente para sucederlo al frente de sus empresas.

Así que se preguntaban qué clase de empleo había logrado al fin obtener – Bueno… yo estoy trabajando como ayudante en un templo – ante la expresión desconcertada de sus amigos, carraspeó y continuó – me contrataron sin muchas preguntas y está muy bien, vivo ahí y ya no tengo que soportar las imposiciones de mis padres. Creo que es un buen empleo.

– ¿Y cómo llegaste ahí? – preguntó el castaño.

– Sucedió cuando seguía a la señorita Serena, ella fue a visitar a una amiga ahí y entre la confusión fingí que estaba buscando el empleo.

– O sea que trabajas con una amiga de la chica de Darien – el rubio asintió, pero fue Zoycite quien permanecía callado, armando el rompecabezas de todo lo que decía.

– ¿Hablas de la señorita Rei? – le preguntó – ¿Rei Hino? – y él asintió de nuevo – ¿Del Templo Hikawa?

– Sí – el joven ya les había comentado a sus amigos los pormenores del gran conflicto que tenía con sus padres y sobre aquella chica con la que lo comprometieron: una tal Rei Hino que vivía en un tal Templo Hikawa.

– ¿Tu prometida?

– Es la chica con la que mi papá quiso casarme. No es nada mío.

– ¿Pero cómo pasó esto? – preguntó Neflyte

– Es sólo una boba coincidencia, una burla del destino. Pero ella no sabe quién soy, ni que la dejé plantada en aquella cita que nos acordaron para conocernos… Para mí es un empleo temporal, hasta que pueda juntar algo de dinero y poderme ir lejos.

– ¿Seguro? – preguntó Zoy – Ami me la presentó en una ocasión, es una chica muy guapa.

– ¡No!… es decir, sí lo es – trató de ordenar sus ideas – Reconozco que es abrumadoramente hermosa, pero no debo involucrarme con ella. Está prohibida para mí, ¿de acuerdo?

– ¿De quién hablan? – preguntó Kunzite, quien entraba a la habitación haciéndose el nudo de su corbata.

Los tres se quedaron callados y Kunz se sirvió el café que Nef ya había preparado, sin poder ocultar mucho su resaca. Tomó asiento y los miró – Continúen.

– Jedite nos estaba contando sobre su nuevo empleo – dijo Zoycite – ¿Quieres escuchar algo curioso? Trabaja para una chica que le parece muy hermosa, es una amiga de la señorita Serena.

Kunz tosió y casi escupe su café.

– Se llama Rei y es otra de sus amigas. ¿No te parece curioso?

– Ya dije que es bonita pero no pienso involucrarme con ella – aclaró, sabiendo también que a Kunz no le hacía nada de gracia que Zoy y Nef pretendieran a las amigas de la mujer de Darien.

– Sólo sean prudentes y respetuosos con esas chicas ¿sí?

Jedite estuvo a punto de volver a aclarar que no debía ni podía involucrarse con Rei, cuando Kunzite continuó – Aunque Darien ya no sea su jefe, es nuestro amigo y le debemos lealtad.

Y entonces su mirada se fijó de nuevo en la revista, en el rostro del chico que había visto entrar con Serena Tsukino a su edificio.

Era cierto, eran amigos y se debían lealtad y confianza – Chicos, hay algo más que no les he dicho.

Los tres lo miraron – Es sobre la señorita Serena y algo que vi hace unos días.

o-o-o-o-o-o-o-o

Era algo tarde. Ya estaba enfundada en su pijama, probablemente sus papás ya estaban dormidos y Luna no se quedaba atrás, seguía hecha ovillo tranquilamente en su cama. Era una noche agradable.

Había pasado los últimos días trabajando tanto que casi olvidaba lo relajante que era sólo tirarse en la cama a descansar y no pensar en nada más.

Serena se sentía relajada, despreocupada; regalándose ese momentito para ella. ¿Hacía cuánto no se sentía así?

Rei le diría que es parte de la vieja Serena y con esa idea, su sonrisa se borró. Pensar en ello no le gustaba, pero en últimos días de pronto pensaba que su amiga tenía algo de razón y no se había dado cuenta de ello, hasta que lo sintió estando con Seiya.

Su compañía le despertaba esa confianza de hacer y ser sin importar mucho lo demás. Sólo que ella misma se sintiera bien.

Sin duda, su amistad había sido un regalo del destino en esos momentos en los que se sentía tan extraña. La ausencia de Darien, su decisión de sobre protegerla en lugar de confiar que podía hacer las cosas y que le diera tanta importancia a su trabajo al grado de ni siquiera preguntarle cómo la estaba pasando sin él, todo eso le inquietaba.

Serena se incorporó en su cama. Tampoco tenía muchas ganas de pensar en eso, porque seguramente Darien tendría una explicación para todas esas actitudes.

Era una suerte que el trabajo la distrajera de esos pensamientos. Algo que también era gracias a Seiya. Él había confiado en ella y la alentó todo el tiempo para terminar el arte de su disco.

Era una lástima que su amigo no podría acompañarla a ver de nuevo a Michiru para mostrarle la nueva versión de su trabajo, del cual estaba muy orgullosa porque había corregido todo aquello que le señaló.

Seiya tenía razón, sólo debía aprender y volver a empezar.

Sonrió pensando en él y sus palabras.

Por otro lado, sabía que los Three Lights estaban muy ocupados entre el estudio de grabación, sesiones fotográficas y reuniones para los preparativos del lanzamiento de su primer disco.

Ojalá que Seiya esté descansando lo suficiente y esté comiendo bien – pensó y sonrió de nuevo al recordar el gran apetito que siempre mostraba. Incluso, su madre había comentado lo mucho que se parecían a la hora de comer y eso hizo que ella se sonrojara mucho aquella noche en la cena con sus padres.

No lo había visto desde la noche que la llevó a casa de sus padres y ambos comentaban lo divertido que había sido el parque de diversiones y la discoteca.

Suspiró. Se puso de pie y encendió su vieja radio para ver si de suerte escuchaba su voz en alguna estación. Sabía que su canción estaba en todos lados y sería muy agradable aunque sea oírlo así.

No tuvo que buscar mucho y encontró una estación que tocaba Search for your love, el éxito musical del momento.

Escuchó la canción en volumen muy bajito mientras veía el trabajo que había concluido esa mañana y pensaba cómo se vería esa imagen por todos lados, en el disco de los Kou.

Al mirar ese cielo estrellado en su pintura, tuvo ganas de ver las estrellas en aquella noche. Sin pensarlo mucho, fue hacia su ventana, abrió la puerta y salió al frío nocturno en su pequeño balcón.

La sorpresa es que encontró más de una estrella.

o-o-o-o-o-o-o-o

Seguramente, para esa hora, sus hermanos ya estarían casi histéricos porque no regresaba a casa.

Habían llegado al departamento después de una larga jornada en el estudio de grabación. Seiya se había sentado a tocar algunos acordes de esa canción que ya no pudo mostrarle a Bombón y que, por ende, había decidido guardarla sólo para él.

Yaten le había comentado si no pensaba descansar y dejar un rato la guitarra, Seiya cedió y tomó su teléfono, pensando si aún sería una hora adecuada para llamar a Serena.

Al final, decidió no hacerlo y le limitó a ver, muy discretamente, la foto que se había tomado con ella la noche que cenó en su casa con sus padres.

No resistió más y salió "a tomar un poco de aire fresco". En un principio pensó tomar el auto e ir por ahí, pero la última vez que había estado al volante, había terminado en un accidente.

Un casi afortunado accidente.

Así que caminó por las calles en lo que creyó era sin rumbo fijo. Sin embargo, sus pasos lo llevaron involuntariamente a la casa de la familia Tsukino.

Creo que me estoy volviendo loco.

Se quedó ahí un rato y notó que, pese a la hora tan tarde, la luz de lo que creía era la habitación de Bombón estaba encendida. ¿Qué estaría haciendo despierta a esa hora?

Quizá estaría en una larga charla telefónica con su prometido. Parecía lógico, si él estuviera de viaje, lejos de una chica como Serena Tsukino, la llamaría todas las noches para saber cómo está y que le contara cómo había sido su día.

La sola idea le dolió. Cada vez le era más difícil resistirse a lo que sentía por ella y, al mismo tiempo, le seguía quemando por dentro el saberla tan inalcanzable.

Seiya continuaba firme en su idea de que debía conformarse con saberla bien y estar cerca, aunque fuera como su amigo. Ese era su consuelo, que esta vez las cosas no iban a terminar tan terriblemente mal como con Kakyuu.

Entonces, ella salió al balcón mirando hacia las estrellas. Se veía tan hermosa incluso así con su afelpada pijama estampada con figuras de luna. Y la rubia inmediatamente pareció sentirse observada porque bajó la vista y lo saludó sorprendida.

– ¡Hola! ¡Seiya!

– Buenas noches Bombón.

– Espera un momento, ahora bajo.

– No, descuida, sólo andaba de paso por aquí y ya me iba… Esta vez me conformo solo con verte.

Ella le sonrió – Eres un jovencito muy extraño… ¿Sabes? A los chicos que se dedican a espirar a las chicas se les dice mañosos.

No pudo evitar reír – Qué disparates dices Serena. Pero hace frío y ya es un poco tarde, mejor ve a descansar – lo dijo muy auténticamente. Quizá porque parte de querer a alguien así como la quería a ella, era velar por su bienestar y protegerla hasta de la inocente brisa de la noche.

Que nada la dañe. Ésta vez sí proteger a la chica que tanto quiero.

– Tú también Seiya, ve a descansar. Me dio mucho gusto verte.

– Descansa Bombón.

Se marchó de ahí. Contento de haberla saludado, sí, pero con un cierto sinsabor de seguir así, conformándose con sólo verla de lejos.

Inalcanzable, prohibida, imposible… Igual que Kakyuu.

No. No tenía porqué pensar tan negativamente. Sin duda, el asunto con Kakyuu había sido más doloroso e irremediable. Y la enorme diferencia con Serena es que estaba ahí, bien, sonriente y feliz, con otro hombre pero feliz.

Y mientras ese tal Darien no la hiciera sufrir, él estaba conforme.

– ¡Al fin llegas! – dijo Taiki en cuanto entró al departamento – Nos tenías muy preocupados.

– Lo siento, se me fue el tiempo.

– ¿Dónde estabas tan tarde? – le cuestionó Yaten – No me digas que fuiste a buscar a esa chica.

– Sólo fui a saludarla ¿sí? – tomó su guitarra, que había dejado en el sillón y se dispuso a ir a su habitación, pero Yaten lo tomó del brazo.

– Seiya – comenzó a hablar Taiki de la forma más tranquila que pudo – Hemos hablado entre nosotros y estamos preocupados por ti y esa chica, que de pronto la frecuentas, la dejas de ver y te encierras en tu habitación, luego la vuelves a buscar… la pretendes y no.

– No queremos que vuelvas a sufrir – se sinceró Yaten.

Seiya sabía que la preocupación de sus hermanos mayores era auténtica y completamente justificada. A pesar de que nunca les compartió que estaba enamorado de Kakyuu, era obvio que ellos notaban sus sentimientos hacia la mayor de los Kou.

Y cuando ella se fue, él hizo y dijo muchas locuras porque realmente la amaba a pesar de todo, porque no encontraba las fuerzas para seguir sin ella, porque era injusto que el destino la apartara así, tan rápido y tan cruel.

Pasó semanas encerrado, llorando, deprimido y diciendo que no podría ni quería vivir. Por eso entendía que sus hermanos estuvieran preocupados de que volviera a sufrir; sin embargo, ellos no entenderían que, aunque Serena no le correspondía ni fuera para él, había un consuelo con al menos estar un poquito cerca de ella.

Se zafó del agarre de Yaten y dijo con toda la sinceridad de su corazón – No importa, al menos Serena está viva.

Se fue a su habitación sin decir más. Sus propias palabras habían reabierto esa herida que le dejó Kakyuu cuando el destino decidió apartarla de él para siempre.

Continuará…

¡Verdura! Sin duda, este capítulo pasará a la historia en mis registros personales como fanficker. Sé que no viene al caso, pero quiero compartirles que el presente capítulo se coloca como el más extenso que he publicado hasta el momento. Por otro lado, este capítulo es de esos que una quita y pone cosas, borra, piensa, escribe y reescribe. Hubo muchas cosas que ya no podía seguir aguantando, otro tanto que fueron surgiendo y también por eso quedó algo extenso.

Bueno, como sea. Vamos al fic. Empecemos con nuestra parejita Nef y Lita, que también ya se les andan alborotando las hormonas pero ¡ups! Por ahí hay algunas cositas que decir y no sólo el asunto de que los interrumpió una llamada.

Por otro lado, tuvimos a Rei y Jedite que, como que no quiere la cosa, se siguen acercando y la cosa es que no nomás los mueven sus hormonitas. Seguiremos viendo qué onda con ellos.

Luego estuvo el buen señor Kunz que ya por fin abrió su corazón y habló de lo que tanto lo trae menso y enojado. Y ya hasta su brother está bien contento de contarle lo enamorado que anda y lo sospechosamente bien que le está yendo. En resumen, situaciones por todos lados.

PERO, PERO, PERO. Nuestros muchachos ya van a empezar a hablar de un asunto que dejé pendiente hace un par de capítulos. ¿Qué posición tomarán?

Y bueno, los "problemas" del resto de las parejitas son detallitos en la vida, si pensamos en lo que anda pasando nuestra protagonista y su buen amigo Seiya. Ella se empieza a sentir rara, se anda cuestionando algunas cositas, y también anda actuando bien inconsistentemente. Mientras tanto, ya vinimos a saber algunas de las razones de Seiya por las que anda aguantando bien machín y sólo se conforma. Ustedes lo ven bien chido y sonriente pero el hombre sufre y mucho u.u. En breve sabremos más de cómo estuvo su onda.

Y bueno, ya para terminar sólo diré dos cosas: sigo fangirleando bien cañón con todas las parejas ¡Todas! Unas más y otras menos y eso se nota en la manera de escribir ;) . Dos, querida amiga Fuego, gracias por salvar este capítulo y llenar muchos espacios que se me estaban escapando del fic. Nunca subestimen el poder de un review #PoderReview

Y como estoy de muy buen humor. Adelanto del próximo capítulo: Una parejita se acercará más; así como la participación de Setsuna y mi última apuesta arriesgada por el fic.