Lo que me choca de dar adelantos de los capítulos es que no siempre las cosas salen como quiero. Perdónenme, les fallé… al menos con la mitad de lo que anuncié como adelanto. Eso sí, espero no equivocarme con la decisión que tomo aquí.
XII – Heridas
Entró en la habitación y cerró la puerta casi de un golpe. Estaba furioso, y no con sus hermanos por reabrirle esa herida, sino con el destino mismo que le seguía jugando malas pasadas.
Ya de por sí no había nacido con la mejor de las suertes. Huérfano desde la cuna, cargaba con sinsabores desde siempre. Eso sí, Seiya sabía que mentiría si dijera que por sus orígenes, no había sido feliz o amado. En realidad, desde que tenía memoria, compartía sus días con Yaten y Taiki, dos niños que, al igual que él pero probablemente por distintas razones, no habían tenido el calor de una familia.
Así que entre ellos habían sido una pequeña y extraña familia: hermanos sin que la sangre o un documento se los dijera.
Y la vida y los años transcurrieron así, no tenían mucho pero eran felices juntos. Sin embargo, en esos años no supieron que su familia aún no estaba completa.
Seiya tenía unos nueve años cuando ella llegó al orfanato, a su vida. Kakyuu era casi una adolescente cuando el hombre que vio por ella como un padre falleció y la chica fue enviada a ese lugar. A pesar de los momentos difíciles por los que la chica pasaba, se mostró muy agradable con todos, especialmente con el trío de niños que quedaron encantados con su increíble voz al cantar y a quienes les concedió su petición de enseñarles a hacerlo.
La pelirroja había sido criada rodeada de música, y su talento para cantar especialmente inspiró a Seiya a también querer aprender a tocar un instrumento.
Recordando todo aquello, en la soledad de su habitación, Seiya estrechó su guitarra, casi en un abrazo. Kakyuu se la había obsequiado luego de que él le dijo que le gustaría acompañarla alguna vez en una canción.
Era una vieja guitarra, quizá no de la mejor madera; pero el simple hecho de que ella se la regalara, lo inspiró y motivó a aprender a tocarla. Y con los años ese se convirtió en su medio para demostrarle el cariño que cada vez fue creciendo más y más en él, hasta que, sin darse cuenta, se había transformado en amor.
Claro, un amor completamente inadecuado cuando, ya siendo unos adolescentes, decidieron seguir a Kakyuu y marcharse del orfanato, convirtiéndose oficialmente en una familia bajo el apellido del hombre que crió a la pelirroja: Kou.
Así, los cuatro habían emprendido su primera aventura como un grupo musical "Los hermanos Kou", que tocaban todos los fines de semana en un pequeño restaurante en su tierra natal y combinaban esa actividad con sus estudios y otros trabajos de medio tiempo. Eran tiempos difíciles pero él era feliz haciendo música con ellos y, claro, por estar tan cerca de Kakyuu.
Fue en aquella época en la que no resistió más y le confesó a la pelirroja, a esa mujer que ante todo el mundo era su hermana mayor, que estaba enamorado de ella. Kakyuu le agradeció pero le dijo que no podía corresponderle.
No hubo más explicaciones, él jamás supo si su corazón pertenecía a otro hombre, si ella pensaba que era inadecuado por el vínculo que los unía o simplemente porque lo veía como un niño aún.
Jamás hubo una respuesta. Fue tan repentino cuando la salud de Kakyuu empezó a desmejorar, mientras ella insistía que estaba bien, que nunca tuvo cabeza para medir lo grave que era su situación. Sólo un día de ensayos, ella se desvaneció de la nada y apenas alcanzó a llegar al hospital. La terrible noticia de su fallecimiento se las dieron unas horas más tarde.
De eso hacía poco menos de un año, pero a Seiya le parecía algo muy lejano; quizá por los días tan oscuros en los que tuvo que hacerse a la idea de que ya no la tendría cerca, ni su voz, ni el brillo tan especial que irradiaba. Mientras se preguntaba cómo debía seguir su vida, si valía la pena o no.
Fue hasta que Yaten y Taiki le avisaron que sus únicas canciones originales habían sido subidas a internet y todos sus vecinos y conocidos les hablaban de lo increíble que se escuchaban. Seiya estaba furioso, esas canciones las había compuesto con ayuda de sus hermanos, para Kakyuu. Sólo para ella las habían tocado.
Sin embargo, quien había subido esos videos era el usuario "KKou". No fue una sorpresa, ella había insistido en que no era justo que sólo ella las escuchara y que tenían talento para que su música se escuchara hasta el último rincón de la galaxia.
Seiya había entendido eso como el último deseo de Kakyuu y, con ayuda de sus hermanos, él se iba a encargar de que de verdad se escucharan por todas partes, con el firme objetivo de que ella los escuchara hasta donde se encontrara.
Era una ironía que apenas estaban iniciando con ese plan, cuando conoció a Bombón y su igualmente brillo especial.
Seiya se dejó caer en la cama. No podía negarlo, había amado con mucha intensidad a Kakyuu y siempre tendría un lugar muy especial en su corazón; así como tampoco negaba que se había enamorado de Serena Tsukino.
Las dos hermosas y de gran corazón, las dos muy talentosas y divertidas, las dos con ese brillo especial, las dos eran sus musas y su motivación, las dos inalcanzables y prohibidas.
El muchacho se hizo ovillo en su cama. Sólo había llorado por una mujer en la vida. Sin haber si quiera conocido el calor de una madre, a la única que le había dedicado lágrimas había sido a Kakyuu, cuando ella lo rechazó y después cuando ella se marchó para siempre. Pero esa noche no pudo contenerse y liberar algunas por su Bombón, porque cada vez le era más imposible obligarse a entender que no era para él y que debía concentrarse en su meta como músico.
Y pese al compromiso de Serena y la preocupación que tenían sus hermanos, una pregunta le daba vueltas la cabeza: ¿Qué debo hacer con lo que siento?
o-o-o-o-o-o-o-o
La mañana era fresca y tranquila. De hecho, hacía un par de días que todo había sido especialmente tranquilo. Desde su charla en aquel desayuno, Jedite estaba más alejado de lo usual, ya no sólo con ella, sino en general estaba más callado y ausente.
Incluso Rei se había sentido tentada a preguntarle si estaba bien, si aquella llamada que recibió y le hizo salir rápidamente no le afectó de alguna manera. Sin embargo, se resistió; no le iba a dar el gusto de dirigirle la palabra, mucho menos que pensara que ella estaba preocupada por él.
Así que se limitó a seguir haciendo sus labores de siempre y tratando de que el rubio no notara que lo miraba de reojo de vez en cuando.
Lo vio pasar por el jardín hacia la salida, seguramente iba a comprar cosas para el almuerzo y, al ver su semblante, una vez más Rei se preguntó si algo le preocupaba al joven.
Basta Rei Hino. Ya deja de pensar en él.
Estaba por seguir haciendo lo suyo cuando de pronto apareció otra silueta masculina por la entrada del lugar. El muchacho de gafas oscuras miraba a todos lados, admirando el hermoso jardín del templo.
Quizá, como mucha gente, iba a orar, a pedir por su fortuna, salud o amor. Lo normal. Lo que no era usual era que Rei reconocía a ese muchacho, era ni más ni menos que la estrella musical Seiya Kou.
¿Por qué el mundo tiene que ser tan pequeño?
La chica se acercó sin saber bien lo que debía esperar.
– Buenos días, ¿en qué puedo ayudarte?
– Ah, hola… – dibujó una media sonrisa y respondió – No creo que puedas ayudarme.
La chica lo notó algo afligido y tuvo un mal presentimiento de ello así que insistió – Bueno, mucha gente viene aquí por un consejo… Aunque seas un famoso cantante, no creo que tus problemas sean muy diferentes a los de los demás.
Seiya pareció dudarlo un poco. La chica estaba segura de que él no se acordaba que se habían visto rápidamente después de su presentación, cuando ella y sus amigas se llevaron a Serena. Y hablando de la rubia, Rei no olvidaba lo que Mina les había comentado sobre la cercanía entre esos dos.
– Anda, ponme a prueba – dijo la joven sacerdotisa.
– De acuerdo – suspiró – Hay una chica que me agrada mucho.
Ay no.
– Bueno, decir que me agrada es poco – sonrió un poco – Somos buenos amigos, pero… no he sido completamente honesto con ella.
Rei no pudo disimular y alzó una ceja. Seiya Kou pareció no notarlo y siguió hablando.
– Hay algo importante que siento y que no se lo he contado.
– ¿Y por qué no?
– Porque sería inadecuado – respiró profundamente – Me enamoré de ella, pero es una chica comprometida – confesó sin titubeos.
Ay no. Me está hablando de Serena… ¡Mina, qué lío causaste!
– Sé que es incorrecto pero no puedo evitarlo, es una chica maravillosa, es hermosa, tierna, divertida, talentosa… – parecía más bien que pensaba en voz alta.
Rei no podía creer lo que estaba escuchando. Desde luego, su amiga era eso y más, pero jamás había visto que un muchacho se expresara así de ella. Ni imaginar esas palabras en labios del inexpresivo Darien Chiba, mucho menos que lo dijera públicamente.
– Pero… – continuó Seiya – tiene novio y se va a casar con él… – suspiró – Creo que debo alejarme de ella.
– ¡No! – respondió casi como un reflejo – Es decir, ¿por qué quieres alejarte?
– Cada día que pasa, la quiero más y me da miedo incomodarla con mis palabras o acciones.
Rei se sabía muy dura de carácter pero no negaba lo conmovida que estaba por escuchar a Seiya hablar así de alguien a quien ella misma quería mucho. Claro que el dilema era muy complejo, porque Serena tenía a Darien y estaban muy enamorados ¿cierto?
Pero había algo que no podía permitir. Conocía a Serena y esa facilidad para hacer amigos y hacerse querer por los demás, también ese gran corazón que la caracterizaba, ese mismo que saldría herido si un amigo suyo se alejaba así de la nada.
– No sería justo para ella ¿no crees? – respondió al fin – Que te alejaras sin una explicación.
– ¿Entonces qué hago?
– ¿Qué es lo que tú quieres?
Él se quedó callado y se perdió un momento observando el templo y sus jardines – Sólo quiero que ella no sufra y que sea feliz.
Rei conocía a Serena desde hacía mucho, incluso desde antes de Darien, y sabía lo mucho que le entusiasmaba la pintura y compartir su trabajo, el cual ahora sólo quedaba guardado entre las cuatro paredes en las que la mantenía su novio. En cambio, según había entendido de palabras de Mina, Seiya Kou la motivaba hasta el punto de pedirle que hiciera el arte de su disco.
La joven sacerdotisa sonrió un poco al imaginarse a su amiga pasando horas trabajando en ello.
Seguro con un entusiasmo, una felicidad, como la de antes.
Y la chica lo entendió. Todo el asunto no era que Serena pudiera tener una aventura con otro hombre, sino de que su amiga fuera e hiciera lo que realmente la hace feliz.
– ¿Y si tu compañía, tu amistad, le hace feliz? – le preguntó y el muchacho al fin la miró.
– Yo… – respondió después de un silencio – Ya sé qué es lo que tengo que hacer. Gracias por escucharme – le sonrió.
Sin decir más se retiró del lugar. No estaba segura de que fuera correcto lo que estaba pasando. Si bien Seiya Kou parecía un buen muchacho y se mostraba muy seguro de lo que sentía por Serena, Rei no dejaba de tener un mal presentimiento.
Se quedó viendo cómo salía del lugar y sólo unos segundos después aparecía por la entrada Jedite. El rubio lo siguió con la vista e inesperadamente echó a correr hacia ella con una enorme habilidad para no tirar sus compras, y cuando llegó hasta ella rompió ese silencio que llevaba días entre ellos dos.
– ¡¿Qué hacía ese tipo aquí?! – le cuestionó con la cara completamente roja, quizá por correr.
– ¿Qué?
– Ese muchacho, ¿qué hacía aquí? ¿vino a verte? ¿lo conoces? – insistió Jedite… ¿enojado?
– No. Buscaba ayuda ¿sí? – dijo un tanto altiva – Cálmate "hombrecito de la casa", cualquiera juraría que estás celoso de que hable con otros.
Se dio la media vuelta algo divertida de hacerlo enojar y, al mismo tiempo, de conocer una nueva faceta de él.
Y seguramente él quería continuar la discusión, pero Rei no tenía tiempo, quería llamar a Mina y preguntarle exactamente cómo se estaban dando las cosas entre Serena y Seiya Kou.
o-o-o-o-o-o-o-o
– ¿Qué? – preguntó la rubia al teléfono – No te escucho bien Rei… – hizo una pausa mientras le asentía a uno de sus compañeros de producción quien le mostraba la lista de requerimientos para los camerinos de los actores invitados al programa que se grabaría en ese estudio.
Su amiga le llamaba en un momento no muy propicio, estaba trabajando y el ajetreo de las producciones siempre la consumía completamente y demandaba toda su atención.
– ¿Qué? ¿Que Serena qué?… – decía al teléfono – Rei, no te escucho nada. Te prometo llamar más tarde, estoy un poco ocupada.
Colgó y varios compañeros de distintivas áreas del estudio se acercaron para preguntarle algo o que les diera el visto bueno. Era un poco agobiante ese trabajo y a veces pensaba que debía enfocarse en su faceta como representante de los Three Lights; afortunadamente siempre se caracterizó por ser una chica con mucha energía y podía sacar adelante tanta carga de trabajo.
– Señorita Mina – dijo un chico más a sus espaldas, una vez que terminó de coordinar al resto de sus compañeros.
Ahora qué.
Se dio la vuelta y se encontró de frente con un enorme ramo de flores – ¿Y esto Masaki? – le preguntó a uno de los asistentes de piso que sostenía el arreglo floral – No recuerdo que pidiéramos flores para la escenografía.
– No, son para ti – dijo el muchacho – La florería las dejó en la entrada y tenían una tarjeta dirigida a ti.
Mina no dudó ni un momento en empezar a buscar entre el ramo la tarjeta para saber quién había tenido ese detalle para con ella. Sin embargo, comenzó a sentir que su nariz se congestionaba ante el olor. Le encantaban las flores pero no negaba que le causaban alergia.
Estornudó – Lo siento. Masaki no encuentro la tarjeta – volvió a estornudar.
– Tal vez se cayó – se excusó el muchacho y Mina estornudó un par de veces más.
– Parece que el que te mandó eso te quiere matar – dijo alguien a sus espaldas y la chica se volvió hacia él para encontrarse con Yaten Kou – ¿Son de tu novio? – dio un paso hacia atrás – No está aquí ¿cierto?
– Ya te dije que no tengo novio – estornudó y se volvió hacia su compañero – Creo que lo mejor será que por ahora las pongas en otro lugar.
El muchacho asintió y se marchó con el arreglo floral. Desde luego le emocionaba que alguien le hiciera llegar tal detalle, pero seguía esforzándose en no dejarse ir tan rápido con los hombres y es que en el medio del espectáculo, era muy común encontrarse con tipos que suelen tener ciertas atenciones sólo para obtener "un buen rato".
Y Mina ya había caído en esos trucos, por lo que no quería prestarle tanta atención a ese presente. Además, un enorme ramo de flores y la visita de Yaten en su trabajo no era una buena combinación. No quería malos entendidos.
– ¿Qué haces por aquí Yaten? – dijo tirando de su brazo, guiándolo poco a poco a un lugar más apartado.
– Necesitaba urgentemente hablar contigo sobre tu amiguita – le respondió remarcando la última palabra con un tonito que no le gustaba y que ya sabía que se refería a Serena.
– Ya te dije que Seiya y Serena son amigos ¿sí?…
El muchacho resopló – Tú no entiendes, Seiya realmente está preocupándonos y más porque no vemos clara la relación entre ellos dos – hizo una breve pausa – El otro día, antes de que me golpeara tu novio, mencionaste los "problemas" de tu amiguita, ¿a qué te referías con eso?
– Olvídalo Yaten ¿sí? – insistió la chica – Además no tienes que venir a mi trabajo para hablar de esas cosas… Qué tal si alguien te ve visitándome y malinterpreta todo.
– Eres mi representante, ¿qué más haría aquí sino por negocios? Además si me lo preguntas, no me molestaría que me consiguieras algo para hacer en televisión.
Mina arqueó la ceja. Era la primera vez que Yaten le pedía algo (profesionalmente hablando), independiente de lo que ya trabajaba con sus hermanos.
– Bueno, es complicado pero si realmente te interesa podría ver cómo ayudarte a entrar al mundo de la televisión. Eso sí Yaten, primero hay que terminar el disco.
El joven respiró profundo – Eso está dependiendo de Seiya – parecía que no estaba dispuesto a abandonar el tema – Él está muy inquieto por tu amiguita, y Taiki y yo no queremos que resulte lastimado… Mina, dime la verdad – la miró con mucha seriedad pero sin esa soberbia que lo caracterizaba – ¿Seiya tiene una oportunidad con esa chica o hay algo que no lo permite?
Debía confesar que, desde su última charla, había descubierto que Yaten era capaz de dejar de lado su soberbia y sus malos modos cuando se trataba de sus hermanos; no era un mal tipo y, en realidad, era el Kou que más le estaba compartiendo asuntos personales.
Mina era su representante pero también quería ser su amiga para entenderlos lo más posible y supiera cómo complacer lo que buscaban profesionalmente. Así que no tuvo más opción y decidió hablar con la honestidad que demandaba la amistad que buscaba entablar.
– Te aseguro que no ha sido intención de Serena el buscar algo con Seiya; simplemente es una chica muy agradable y fácil de querer. No dudo que hay millones de razones por las que tu hermano esté interesado… pero…
– ¿Pero?
Mina se mordió el labio y confesó – Serena tiene novio.
– ¿Qué? – casi gritó el chico y Mina le pidió entre dientes que bajara la voz – Seguramente Seiya ya lo descubrió y eso es lo que lo tiene así – agregó y revolviendo un poco su cabello.
– Insisto en que el que estuvieran cercanos uno del otro fue cosa de ellos – dijo Mina.
– No lo entiendes Mina, Seiya sigue muy sensible por su última decepción y ahora esto.
La rubia no supo qué responder, Seiya era un gran chico y le hubiera encantado que lograra algo con Serena; pero ella parecía muy enfocada en irse con Darien, convencida de que él era su destino.
– Mina, dime la verdad – continuó Yaten luego de un silencio entre ellos – Aunque ella tenga novio, ¿mi hermano tiene una oportunidad con esa chica?
La verdad es que ella no lo sabía pero había algo que sí debía decir – Ella se irá del país pronto, con su prometido.
Yaten dio un puñetazo en la pared. Entendía lo que significaba y, quizá, Mina pensaba lo mismo. No era justo que Serena se fuera.
o-o-o-o-o-o-o-o
La chica recurrió a su mal hábito de morderse el labio por los nervios al mirar de nuevo de reojo a su novio, quien había terminado su trabajo y, en silencio y mecánicamente, volvió al sillón con esa expresión pensativa y mirando hacia el infinito.
Esa actitud ya tenía un poco preocupada a Lita, quien notaba así a Neflyte desde hacía un par de días, prácticamente desde que el castaño salió a ver a sus amigos, interrumpiendo la primera vez que entre ellos sucedía algo más que unas inocentes caricias y besos.
Se puso roja de recordarlo. No negaba que, ese día, después de que se fue su novio, fantaseó un poquito pensando qué hubiera pasado sin esa interrupción o qué pasaría la siguiente vez que se vieran.
Sin embargo, Neflyte fue a su casa hasta el día siguiente y estaba como si nada hubiera pasado, seguía trabajando sin mencionar el tema ni mostrar intenciones de reanudar la situación.
Eso ya tenía muy inquieta a Lita. Temía que ella se hubiera equivocado. Quizá Neflyte esperaba que ella le llamara pidiéndole que volviera pronto a casa o al menos que, cuando él al fin fue a verla, lo recibiera de otra manera… digamos un poco más coqueta, provocativa, seductora.
Pero Lita no sabía de esas cosas y no sabía cómo decírselo a Neflyte y al fin terminar con esa incómoda atmósfera entre ellos.
– Terminé los pedidos para mañana – dijo la chica buscando de nuevo alguna reacción en él.
– Sí amor, temprano vendré a repartirlos – respondió mirándola rápidamente y luego volviendo su vista hacia la nada.
– No olvides que hay que comprar más fresas.
– Sí, llamé para apartar toda una caja con las mejores – volvió a hacer lo mismo.
– Bien, yo… haré mi tarea.
– Está bien, no te interrumpiré.
Lita no entendía lo que estaba pasando. Neflyte había sido increíblemente amoroso y atento con ella en sus primeras semanas de novios y ahora parecía tan ausente y frío.
Qué tal si estaba decepcionado de que ella no mostrara intenciones de ser "más cariñosa", de que fuera ella quien insistió en que respondiera su teléfono e interrumpir lo que pudo haber sido su primer encuentro íntimo.
No, él no puede ser así. Quizá…
Lita pensó en la reunión con sus amigos, quizás ellos le comentaron o aconsejaron sobre cómo actuó ella y por eso estaba tan distante.
No importaba, igual dolía. Y a pesar de ser una chica físicamente fuerte, se sabía demasiado sensible, así que no pudo contenerse más y las lágrimas comenzaron a escapársele en silencio.
Duró unos minutitos así hasta que un involuntario sollozo se le salió, lo que provocó que Neflyte la mirara.
Inesperadamente, el muchacho se puso de pie y fue a toda prisa hacia ella, con los ojos muy abiertos y sin entender qué pasaba.
– Amor, qué tienes, qué pasó – le preguntó cuando al fin la tuvo enfrente e intentó abrazarla pero ella dio un paso atrás.
– Nada – dijo ella tratando de ocultar su rostro de él.
– No, estás llorando. Qué sucede – insistió y Lita le escuchó por primera vez un tono auténticamente preocupado, así que cedió a decirle.
– ¿Estás molesto conmigo?
– ¿Qué? No, por qué – trataba de estrecharla pero ponía un poco de resistencia.
– Porque yo no pude… – hizo una pausa y volvió a sollozar – Yo te dije que respondieras el teléfono y te dije que fueras con tus amigos.
Neflyte no entendía lo que sucedía y estaba más preocupado que nunca. Amaba a Lita como a ninguna otra mujer había amado, pero se sabía torpe para las relaciones y empezaba a tener miedo de haber arruinado todo con ella. Pero el gran problema es que no entendía el porqué.
– No quise echarte – continuó la chica y sollozó una vez más – Pero me dio mucho miedo lo que estaba pasando… Yo nunca… – no aguantó más y volvió a romper en llanto.
Por fin su novio la pudo estrechar entre sus brazos y se reprendió a sí mismo. Qué idiota había sido. Aquel día, había dejado que sus hormonas lo dominaran y no notó lo nerviosa que estaba poniendo a Lita con su actitud.
– No, amor. No estoy enojado, mucho menos por algo así – le dijo y sintió como ella comenzaba a relajarse – Soy un tonto, siempre lo he sido en estas cosas; perdóname si te estaba presionando a algo ese día.
Ella por fin lo miró con sus ojos verdes aún liberando lágrimas. Neflyte limpió cada una de ellas con un suave tacto.
– Siempre arruino las cosas por mi forma tan impulsiva de querer – le confesó – Pero te amo tanto que no quiero perderte por algo así. Perdóname.
– Neflyte, yo… – comenzó a decir la chica pausadamente ya sin llorar – Yo no supe qué hacer… tenía miedo – y confesó – Yo nunca he estado con un hombre.
El muchacho solo atinó a abrazarla. Se sintió un poco mal. Había sido tan arrebatado que no se detuvo un momento para notar que Lita no tenía experiencia y que quizá debía tomar las cosas con la calma que una situación así demandaba.
– Siempre me imaginé que eso pasaría cuando me casara con el hombre adecuado y… Lo siento, no quise que pensaras que tomé al teléfono y a tus amigos como un pretexto y que después no quisiera reanudar lo que estaba pasando.
La besó en la frente – Mi preciosa Lita. Jamás me molestaría eso; yo debo ser menos impulsivo y – se miraron y ella notó que se puso muy rojo – debo tratarte con cuidado… cuando eso pase entre nosotros.
Neflyte hablaba con honestidad. Siempre se caracterizaba por ser muy tímido y discreto con sus emociones, pero cuando tantas cosas contenidas salían, era como una explosión rápida e intensa. A veces pensaba que ese fuego tan repentino quemaba sus relaciones tan rápido; y si bien con Lita todo había fluido a un gran ritmo, quizá para llevar las cosas al plano íntimo sí debía ser menos arrebatado.
– ¿De verdad no esperabas que yo fuera más "cariñosa"? – preguntó ahora ella tan roja.
– No. Y quiero que sepas que no debes tener miedo, jamás haría algo para lastimarte; pero seré paciente para el momento en que estés lista y te juro que cuando eso pase, te trataré con toda la delicadeza que mereces.
La besó y ambos sintieron cierto alivio. Esa había sido prácticamente su primer malentendido en su noviazgo y estaban saliendo bien librados de la situación, pero había algo que seguía sin cuadrar.
– Amor – comenzó a decir ella – Entonces, ¿por qué has estado tan serio desde ese día?
Era cierto. Neflyte lo sabía, desde aquel día se la pasaba sólo pensando en lo que había conversado con sus amigos.
Lo que Jedite les había contado sobre lo que vio mientras seguía a la señorita Serena había desatado opiniones encontradas entre ellos. No necesariamente estaban peleados pero sí habían discutido respecto a la situación y, aunque se había establecido un acuerdo entre los cuatro amigos, probablemente en silencio cada uno seguía defendiendo su posición.
En el caso de Neflyte, seguía dándole vueltas al asunto y cuestionándose una y otra vez sobre su lealtad hacia Darien, así como pensando los días que estuvo cerca de Serena Tsukino y si había pistas sobre algún comportamiento extraño.
Lo que sí debía reconocer es que había dejado que todo eso lo envolviera y lo distanciara de lo que realmente sí debía ser importante para él: Lita, su relación y su trabajo juntos.
– ¿O es que pasó algo con tus amigos? – insistió ella.
– No, bueno… Uno de ellos tiene problemas con su chica y me quedé pensando en cómo ayudarlo – respiró profundamente – En realidad, es un asunto en el que no debo inmiscuirme. Lo siento, me distrajo de lo realmente importante.
– Pero, ¿tu amigo está bien?
– Sí, descuida; soy yo que piensa demasiado las cosas – le dio de nuevo un beso – ¿Qué te parece si mejor te ayudo con tu tarea? No pude terminar la escuela pero he aprendido mucho con mis amigos, quizá sea de utilidad. O al menos permíteme servir un poco de pastel y café.
Ella le sonrió. Se sentía tranquila, habían aclarado las cosas y él se mostraba de nuevo con ese carácter tan atento con ella. Además, ya le había confesado sus inquietudes respecto a temas íntimos entre ellos. ¿Qué más podía pedir?
Quizá ser menos tímida y aceptar que el deseo de que te vuelva a tomar como ese día, es más fuerte que el miedo a ese terreno desconocido – se dijo e hizo un gran esfuerzo para que no se le subieran los colores a la cara.
Fue a buscar sus cosas para hacer su tarea para evitar que su novio notara el bochorno. Mientras el muchacho la observó por un momento. Estaba un poco desconcertado por todo lo que acababa de suceder.
Primero por la confesión de su novia; él lo entendía, Lita era una chica muy tierna y él estaba dispuesto a controlar sus hormonas y esperar el tiempo que fuera necesario, seguro de que la espera valdría la pena.
Por otro lado, se reprendía a sí mismo por descuidar a Lita al divagar todo el tiempo sobre su discusión con sus amigos. Neflyte seguía pensando en que lo correcto era informar a Darien sobre el asunto; mientras que Zoycite había sugerido encarar directamente a la señorita Serena y al muchacho de los Three Lights; Jedite, por su parte, dijo que sería buena idea preguntarle a las amigas de Serena sobre la situación
A eso, Neflyte y Zoy se habían negado rotundamente y habían respondido que no utilizarían a sus novias para ese fin; los dos le dijeron que si tan buena idea le parecía, que interrogará a Rei Hino; eso fue suficiente para que el rubio se quedara callado.
Sin embargo, fue Kunzite el que puso orden y demostró su irrefutable liderazgo – Nadie va a hacer nada; no podemos poner en duda la reputación de la señorita Tsukino y tampoco vamos a cuestionar a sus amigas y amigos – había dicho tajante y les hizo prometer que no harían ni dirían nada a menos que orgánicamente alguno supiera algo más.
Así, cuatro amigos habían establecido un acuerdo y Neflyte sabía que debía cumplirlo.
Ese sólo es un asunto entre Darien y su mujer. No debemos entrometernos – repitió en su cabeza la última palabra de Kunzite sobre el tema.
o-o-o-o-o-o-o-o
La llamada le había llegado de sorpresa. Seiya ya le había anticipado que no podría acompañarla a su visita a Michiru. Las grabaciones, los ensayos y las sesiones fotográficas para la promoción del disco, lo tenían saturado de trabajo.
Era un gran detalle que se tomara el tiempo de hablarle previo a la reunión con Michiru.
– Estoy seguro de que te irá muy bien – le decía por teléfono mientras aprovechaba un pequeño descanso de su ensayo.
Serena le había comentado que iría a dejar unos materiales a su departamento y luego iría a visitar a Michiru.
– Gracias Seiya, has sido un gran apoyo. Esto es muy importante para mí.
– Gracias a ti por todo el esfuerzo que le has puesto – hizo una pausa y agregó hablando en voz un poco más baja – Por cierto, hay algo importante de lo que quiero hablarte.
– Claro, dime.
– No, quisiera hablarlo personalmente. Espero que podamos vernos de nuevo y salir para conversar con calma.
El tono de Seiya parecía espacialmente serio.
– Sí – respondió algo dubitativa ante la forma de hablar de su amigo.
– Bien… – volvió a su tono habitual – Por cierto, esta mañana fui muy temprano a dejarte una sorpresa. Espero que te haga feliz.
Se despidió y Serena no entendió lo que quiso decirle hasta que llegó a la puerta de su departamento. Había pegada una sola rosa roja con una tarjeta que decía: "Para la pintora más talentosa".
La chica se emocionó con ese simple detalle. La flor era hermosa y el hecho de que se tomara la molestia de ir a dejársela, cuando ella misma le había dicho lo mucho que le gustaron las primeras rosas que le regaló, fue algo muy especial.
Entró al departamento oliendo aquella rosa, no pudo evitar sonreír; sin embargo, ese gesto se perdió cuando notó la luz parpadeante de la contestadora.
Darien.
Él era el único que la llamaba y seguramente se trataba de sus mensajes rutinarios para informarle lo que estaba haciendo en Estados Unidos, así que puso a reproducir los mensajes mientras ella acomodaba la nueva rosa en su florero.
Los dos primero mensajes cumplieron con lo predicho: hablaba sobre sus reuniones de trabajo y terminaba con el envío de un beso. Y Serena se cuestionó por primera vez si a Darien no le importaba que ella no contestara o si se preguntaba dónde estaba o qué tanto hacía para no atender el teléfono.
Sin embargo, fue el tercer mensaje el que rompió la rutina. El tono de su novio era distinto y ya no hablaba de lo que hacía en su día:
– Serena, ¿estás ahí? Creo que estás dormida o en el estudio. Necesito que te comuniques con Setsuna, te ha estado llamando a casa y no respondes – sonaba algo molesto – Me dijo que ya están listos tus papeles y sólo necesita que firmes algo. Por favor, atiende el teléfono o devuélvele la llamada; esto es urgente. Es lo único que falta para que puedas venir conmigo ¿sí?
El mensaje lo había dejado el día anterior y ella sintió una estocada en el corazón. Era definitivo, la señal de que debía ya marcharse.
Miró hacia un lado. Había dejado en el sillón la carpeta con su trabajo final que le mostraría a Michiru aquella tarde.
Se dirigió a su estudio y observó por varios minutos sus trabajos. Todo eso lo tendría que dejar ahí y debía olvidarse de la pintura y cualquier intención de prepararse profesionalmente en esa materia.
Comenzó a sentirse mal, le empezó a doler la cabeza y hasta sintió un mareo y ganas de volver el estómago. Sentía su cabeza revuelta. Apenas notó que la fotografía que estaba en la habitación estaba boca abajo. No recordaba haberla dejado así.
Sin embargo, no tuvo mucho tiempo para pensarlo porque el teléfono volvió a sonar y se dirigió a atender, cumpliendo con la petición que Darien le había hecho en su último mensaje.
Apenas había terminado de decir "diga" cuando la voz de su novio le respondió – Ah Serena, al fin.
– ¡Darien! – fue lo único que pudo expresar sin estar muy segura si era una expresión de alegría o temor de no poder eludir su viaje.
– Serena, ¿ya hablaste con Setsuna?
– No, no he podido. Apenas escuché tú mensaje, he estado fuera.
– ¿Cómo que fuera? – distinguió inmediatamente su tono serio.
– Me he estado quedando en casa de mis papás y…
– ¡¿Qué?! ¡No! ¿Por qué hiciste eso? En casa tienes todo lo que necesitas y no tienes que darle molestias a tus padres.
Ella se quedó callada. Se sintió regañada, como cuando su madre la reprendía por sacar malas notas en los exámenes, pero la diferencia era que esta vez no creía que hubiera hecho algo malo.
– Le dije a mi equipo que se encargara de todo lo que necesitaras; hablaré seriamente con ellos – continuó hablando Darien – Qué vergüenza con los señores Tsukino; yo siempre les he demostrado que puedo cargar con la responsabilidad de…
– No me fui para ser una molestia o una carga – lo interrumpió en su casi soliloquio. Fue algo tan inesperado que ambos se quedaron callados por un momento – Y no es necesario que reprendas a los chicos, ellos han hecho lo posible para cumplir su trabajo.
Serena sabía que estaba usando un tono que jamás había usado con él y hasta sentía que su corazón latía con fuerza; quizá su novio se percató de ello y también cambió su tono.
– Princesa… – respiró profundamente – No quise decir que seas una carga, quiero que entiendas que soy un hombre que sabe cuál es su deber con su mujer y que tus padres estén seguros de ello.
– Yo… yo sólo quería estar con ellos… ¿Sabes? Me he sentido un poco sola – confesó.
– Bueno, ya es tiempo de que vengas – retomó su forma de hablar habitual – Setsuna me comentó que sólo tienes que firmar unos documentos.
Parecía que pasaba por alto que acababa de hablarle sobre su soledad.
– El vuelo podría ser este mismo fin de semana – continuó Darien y eso fue suficiente para volverla a la realidad.
– ¿Qué? ¡No! – soltó por reflejo – Es decir, ¿sabes? estoy trabajando una pintura muy importante y…
– Serena, esto es más importante. Necesito que estés aquí. He conversado con varios posibles socios en Estados Unidos y me interesa interactuar de manera más personal, quisiera que convivieras con sus esposas; tendremos que practicar tu inglés pero sé que lo harás bien. ¿Ves? Lo mejor es que continuemos con nuestros planes.
– Pero… – trató de explicarle que tenía un compromiso que cumplir con Seiya, con Michiru y hasta con Mina, quienes le estaban confiando algo muy importante.
– Princesa, estamos hablando de nuestro futuro, nuestro destino – ella no supo qué responder – Oye, tengo que irme, mañana temprano tengo una reunión muy importante y aún tengo que terminar algunas propuestas. No olvides llamar a Setsuna ¿sí?… Te mando un beso, adiós Princesa.
Colgó y Serena se quedó congelada ahí. Escuchando el infinito tono de la llamada terminada. De nuevo le vino esa sensación de volver el estómago; pero esta vez no pudo contenerse y fue lo más rápido que pudo al sanitario.
De nuevo no se sentía nada bien.
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El anaranjado del sol del atardecer llenó el salón. Había terminado de revisar unos trabajos de sus alumnos y sólo restaba esperar a que Serena llegara.
Miró el reloj. Se preocupó un poco, la chica debió haber llegado hacía casi tres horas; a Michiru le pareció muy extraño que fuera tan impuntual. No la conocía mucho pero le parecía muy formal cuando se trataba de algo tan importante.
Sorbió un poco de su té. La verdad es que no tenía problema en esperarla, ya había planeado estar buena parte de la tarde revisando las tareas, haciendo planeación de clases y también poner un poco de orden en su escritorio.
Quizá, al final decidió esperar a que Seiya pudiera acompañarla – pensó y dibujó una sonrisa algo pícara.
Si Haruka la viera, la reprendería y le diría de nuevo que ese tipo no le simpatizaba y más porque lo consideraba un descarado que estaba sospechosamente cerca de Serena Tsukino cuando la chica tenía una relación muy formal.
Michiru solía tranquilizarle diciéndole que en realidad ellas dos no sabían qué tanto hacían esos dos cuando estaban juntos y se burlaba un poquito diciéndole que no todas las personas tenían intensiones turbias como ella.
Y es que, cuando conversó con Seiya aquella vez en su camerino, se dio cuenta que no era el clásico chico de la farándula y más bien parecía tímido, sensible y un poco ingenuo.
Un muchachito que apenas está conociendo la gran ciudad.
Así que no se lo imaginaba seduciendo a Serena Tsukino por puro ego. Respecto a la rubia era algo parecido; desde que la conoció en la fiesta del ascenso de Darien Chiba, le parecía una niña asustada esforzándose por encajar en el mundo adulto de su novio.
En conclusión, no se imaginaba a ese par traicionando a Darien, sólo le parecían dos jovencitos que congeniaban bastante, que se apoyaban y que hasta podrían cuidarse uno al otro; ya si otra cosa pasaba entre ellos, el destino lo diría y Michiru estaba segura que los dos serían lo suficientemente nobles para hacerlo de la manera correcta, con honestidad entre ellos y hacia Darien Chiba.
Llamaron a la puerta y la cabeza de Serena Tsukino se asomó – Hola, disculpa la tardanza.
– Serena, no te preocupes; pasa – la vio e inmediatamente le preguntó – ¿Estás bien? Te ves pálida.
La chica no le quiso decir que había pasado un buen rato encerrada en el baño, con mareos y casi vaciando su estómago.
– Sí, sólo me cayó algo mal al estómago.
– Ah – sólo respondió aunque no olvidaba que la chica ya le había comentado antes que se sentía mal –Bien, veamos qué tienes para mí – le dijo con una sonrisa.
Serena algo tímida le mostró la nueva versión de la pintura que sería la portada del disco de los Three Lights y quedó gratamente sorprendida de que ella corrigiera todo lo que le indicó e incluso cuidó más los detalles que ella no le había comentado.
Michiru estaba convencida de que Serena Tsukino era sumamente talentosa y no le parecía justo que la chica no se decidiera a explotar su potencial pretextando los planes de su novio.
– Me parece excelente Serena. No cabe duda que tienes un talento natural para esto… No olvides mi propuesta. El próximo mes lanzarán la convocatoria aquí en la Universidad y fácilmente puedes postularte.
La sonrisa que Serena había dibujado ante los comentarios de su obra se borró inmediatamente – Sí, bueno; gracias pero Darien me dijo que podría irme este mismo fin de semana a Estados Unidos y ya tiene planes para mi estancia allá.
– Sí, Setsuna me comentó algo así, pero… al igual que tú, parece dubitativa… Ahora que lo pienso, no sería mala idea que te acercaras a ella; al final, las dos se irán a un lugar nuevo y extraño. Como sea, no es fácil mudarse a un nuevo país y dejar toda una vida atrás y más cuando se tienen proyectos.
La chica se quedó callada.
– ¿Qué dice Darien de que estés participando en algo tan importante como es hacer el arte de un disco?
Ella tragó saliva – No lo sabe.
– ¿Por qué?
– Bueno, él siempre está muy ocupado y no ha habido oportunidad de hablarlo.
– Si no lo se lo has comentado es que no te parece importante – se lanzó a decir sabiendo que le daría en el orgullo.
– ¡Claro que es importante! Sólo que… – pareció dudar en agregar – creo que para él no.
Michiru se sintió mal, tal parecía que la situación con Darien Chiba era más complicada de lo que ella y Haruka habían intuido la noche que conocieron a Serena.
– Serena – empezó a hablar Michiru – Darien no sólo tiene que saber todo lo que te está pasando, sino que tiene que entenderlo; eres una artista nata y eso es una parte irremediable de ti, él tiene que aceptarla.
La chica seguía callada, así que Michiru continuó – Tú, tu mente y tu corazón por ahora está en el arte. ¿No te sientes lista para la maternidad? No importa, no es una obligación y créeme que no tiene nada que ver con tu edad.
Hubiera jurado que Serena comenzaría a llorar si no es porque las interrumpieron. Haruka irrumpió en el salón, aquella tarde iría a recogerla y Michiru no supo si se alegraba o no porque llegara a cortar la conversación.
– Ah hola cabeza de bombón – saludó a la chica y ésta aprovechó para cambiar su semblante y dejar de lado lo que estaban hablando – Veo que ya terminaste tu pintura, luce genial.
– Gracias – dijo algo sonrojada – Si Michiru está de acuerdo, se lo entregaré a los Three Lights y a Mina para que lo pongan a consideración de su disquera.
– Tu amiga, la manager ¿cierto? – recordó Haruka – Me encantaría que me la presentaras, estoy cansado de estar todo el tiempo en reuniones de negociaciones y todo eso. Me gustaría despreocuparme antes de casarnos – dijo tocando el hombro de Michiru.
Lo cierto que es que llevaban tiempo manteniendo su relación bajo el término de "prometidos" y paulatinamente Michiru se había instalado en su departamento, pero ya era tiempo de darle el lugar y orden a las cosas.
No lo habían hablado abiertamente pero no era necesario, ellas conectaban tanto que poco a poco se habían dado cuenta de que ya no deseaban aplazarlo más.
– Sí; en cuanto tenga oportunidad, le comentaré.
– Gracias, aunque tengo entendido que pronto te irás de viaje.
Si hubiera estado parada junto a ella, sin dudarlo, Michiru le hubiera dado un codazo por hablar de ciertos temas sin tacto.
– Bueno, no te preocupes Serena; dale tiempo a todo y piensa lo que te dije – interrumpió Michiru y la chica asintió.
– Bueno, yo tengo que irme y contarle a Seiya que ya está listo el arte del disco.
– Ese sujeto – masculló Haruka entre dientes y Serena sonrió ligeramente – Disculpa pero no me simpatiza ese tipo.
– Es un buen chico – sonrió Serena – y un gran amigo. Si no fuera por él y por Michiru, mi trabajo nunca hubiera sido visto.
– Sólo ten cuidado ¿sí? – pidió Haruka y la chica volvió a asentir. Se despidió de ambas y se marchó, dejando sola a la pareja.
Michiru ordenó unas cosas de su escritorio para ya irse a comer con Haruka – Ese tal Seiya aparece hasta en la sopa, casi tan molesto como Darien Chiba – dijo al fin.
La joven pintora sabía que, en general, a su prometida no le caían bien los chicos; Darien Chiba había sido por varios años objeto de su desagrado y más cuando conocieron a Serena.
Michiru casi siempre se burlaba de las actitudes de Haruka, pero en últimas fechas coincidía un poquito con ella. Miró la foto que estaba en su escritorio. Era una imagen de Haruka, Setsuna, Hotaru y ella, la pequeña familia que habían formado.
La joven empezaba a desarrollar algo de recelo hacia Darien, que planeaba llevarse a la que consideraba su mejor amiga desde la preparatoria y a la pequeña niña que había visto nacer y crecer, y que indudablemente amaba.
Michiru aún tenía muy presente el día que su gran amiga, esa misma a quien no sabía cómo terminar de agradecerle que le presentara a su vecina Haruka Tenou, le contó con lágrimas en los ojos que estaba embarazada y que el padre le había dejado muy en claro que no podía hacerse responsable porque era un hombre en una relación con otra mujer.
Tanto Michiru como Haruka decidieron no juzgarla ni cuestionarle nada y simplemente se volcaron a apoyarla. Ambas la habían acompañado en su espera y fueron muy felices cuando Hotaru nació; desde entonces habían estado con ellas y ahora dolía mucho que se tuvieran que ir.
Por seguir al espejismo de Darien Chiba – pensó la heredera de la familia Kaiou, que aunque Setsuna no le había dicho algo abiertamente, era bien consciente de la situación y sentimientos de su amiga. Y ahora, conociendo a Serena Tsukino, se daba cuenta de más cosas – Quizás Haruka no esté tan equivocada cuando lo llamaba insensible manipulador.
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Por fin tuvo algo de tiempo para ir a buscarla. El mayor de los Kou se aferró al volante del automóvil detenido con tanta fuerza que los nudillos se pusieron blancos.
En los últimos días no había podido quitar de su cabeza lo que Yaten le había contado. Su hermano le había sacado a Mina que Serena Tsukino, la tal Bombón, tenía novio y que planeaba irse pronto de viaje con él.
¿Qué clase de chica era que, en ese contexto, se atrevía a ilusionar a Seiya?
Tras la ausencia de Kakyuu, Taiki había asumido la responsabilidad de cuidar a sus hermanos menores y entre esa responsabilidad estaba verlar que no los hirieran. Así que le había preguntado a Mina cómo encontrar a esa chica, pretextando que le gustaría agradecerle personalmente que se molestara en hacer el arte de su disco; eso sí, le pidió que no le comentara nada a Seiya para no tener malos entendidos.
Su manager le indicó que estaba quedándose en casa de sus padres y le dio la dirección. Taiki aprovechó que Seiya le estaba ayudando a Yaten a perfeccionar unas canciones que estaba trabajando, y fue a ver a la chica.
Estuvo fuera de la casa por un largo rato pensando qué sería lo que diría. A diferencia de sus hermanos, él era menos visceral y más analítico a la hora de hablar y actuar; sin embargo, le había dolido mucho ver a Seiya herido y no quería volver a verlo así.
Así que estaba buscando las palabras para dejarle en claro a esta chica que no permitiría que lastimara a su hermano menor.
De pronto se abrió la puerta de la casa que Mina le había indicado y una chica salió. Taiki la reconocía, la había visto fugazmente cuando tiró de Seiya luego de que chocara el auto.
Fijó su mirada en ella, como un depredador que está apunto de saltar hacia su presa. Estaba tan concretando que no notó que había una razón por la que la chica estaba saliendo de su casa.
Fue un momento extraño en el que él llegó justo a la entrada de su jardín, cuando la rubia también llegaba y no era la única. Otra mujer estaba arribando al lugar desde el lado contrario de donde él provenía y los tres llegaron a la entrada al mismo tiempo.
Fue unos segundos en los que Serena Tsukino se percató de la sombra que formaba su alta estatura y miró hacia él. Y antes de que el muchacho pudiera decir algo, lo reconoció y lo saludó con la familiaridad de alguien que ya lo conocía.
– Ah, hola. Taiki, ¿verdad? – dijo la chica – He oído mucho de ti, qué bueno es conocerte en persona.
El muchacho asintió y carraspeó, tratando de concentrarse en lo que iba a decir; pero era difícil confrontarla cuando parecía una chica muy amable.
– Disculpa Setsuna – continuó la rubia mirando hacia su interlocutora y hasta ese momento él volteó a verla.
Si de por sí le estaba costando trabajo concentrarse en lo que iba a hablar, en cuanto la miró, se le borraron todas las ideas. Definitivamente Taiki no creía en esas cosas del amor a primera vista pero sí en la atracción instantánea.
Incluso Serena Tsukino siguió hablando con la chica y él no prestaba mucha atención, apenas y alcanzó a escuchar algo sobre unos documentos.
– Ay, lo siento – dijo – Setsuna, te presento a Taiki Kou.
Ella lo miró y el chico no supo cómo reaccionar – Mucho gusto, Setsuna Meiou.
– Ho…la – respondió lentamente y sintiéndose un poco torpe.
– Lo siento, Setsuna trajo unos documentos para que los firmara; pero dime qué necesitas Taiki.
– Yo vine a… – al fin la miró. Era una excelente pregunta, ¿a qué iba? – A agradecerte – soltó luego de una pausa – Por tu esfuerzo con tu trabajo. Tengo entendido que esta tarde Mina mostrará la pintura a los ejecutivos de la disquera.
– Para mí fue un gran halago que accedieran a que lo hiciera y espero les haya gustado.
– Sí, yo… Bueno, tengo que irme. Disculpen por interrumpir – trató de sonreír sin parecer un adolescente tonto que no sabe cómo comportarse frente a la chica que le gusta.
Se despidió y torpemente regresó al auto en el que llegó y se fue de ahí. Se sentía como un tonto, justo buscaba poner orden con todo el asunto de Seiya y de la nada se sintió desbalanceado. Aún le faltaba mucho para ser tan maduro y responsable como Kakyuu en su rol de hermano mayor.
Y a pesar de estar decepcionado de sí mismo y de toda la torpeza que demostró, no pudo evitar sonreír. Esa chica, Setsuna Meiou, era muy atractiva. Se preguntó si Seiya o Mina sabrían quién es.
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Había sido un día un poco complicado. Esa mañana había escuchado un sermón de su madre como hacía mucho no escuchaba. Ella le había comentado que pronto se tenía que ir a Estados Unidos y que aún no sabía qué pasaría con Luna, así que le pedía la recibiera en su casa por una temporada.
Su madre, desde luego accedió, pero le dio un buen discurso sobre las responsabilidades que se adquieren cuando se adopta una mascota, que ya era una adulta y debía ser más consciente de la responsabilidad de una vida, si es que quería un día tener hijos.
Esa última idea le volvió a revolver el estómago y, como lo que menos quería era volver a vaciarse en el cuarto de baño, le dijo a su madre que, en cuanto pudiera, hablaría con Darien para aclarar la situación de Luna.
Y el día no acababa ahí. Recibió una llamada de Setsuna Meiou, quien le dijo que Darien le seguía insistiendo en el tema de los papeles que debía firmar y le instruyó que personalmente fuera a buscarla a casa de sus padres para ya dar por terminado ese asunto.
Serena se sentía un poco afligida por todo eso. Su viaje a Estados Unidos cada vez parecía más ineludible y tenía mucho miedo porque eso significaba dejar atrás tantos anhelos con el arte, a su familia, a Luna, a sus amigas… a Seiya.
No sabía qué hacer y tampoco había mucho tiempo para pensarlo. La asistente de su novio no tardó en llamarle e informarle que ya estaba por llegar a su casa, así que salió a recibirla.
La gran sorpresa fue que en ese mismo momento, el hermano mayor de Seiya se le aparecía. Y la situación hubiese sido de lo más convencional si no hubiera notado ese "algo" en Taiki Kou.
Seiya le había hablado muy poco de sus hermanos, pero siendo un Kou, debía tratarse de un buen muchacho como su hermano. Y sobre Setsuna tampoco sabía mucho, pero cuando Michiru le contó que tenía una hija, le dio a entender que se encargaba sola de ella, es decir, no tenía una pareja.
Serena sabía que a veces no podía dejar de ser una niña soñadora que se emocionaba mucho con las historias románticas; qué tal si estaba intuyendo ese mismo "algo" que sintió cuando Neflyte le preguntó sobre Lita.
– Parece un muchacho muy agradable – dijo de pronto mientras terminaba de firmar los papeles que Setsuna le llevó.
– ¿Disculpa? – preguntó Setsuna.
– Taiki, el es… – trató de cuidar sus palabras y no hablar sobre su cercanía Seiya, no porque fuera algo malo sino porque no quería malos entendidos – Es un cantante de los Three Lights, ¿los conoces?
– Oh, creo que sí; a mi hija le gustan mucho sus canciones.
Serena le entregó los papeles – Una amiga es su representante y me invitaron a hacer el arte de su disco – dijo sonrojándose un poco; aún sonaba como algo irreal todo ello.
– Muchas felicidades – respondió Setsuna.
Serena no lo pensó mucho y se aventuró a decir – Parece que le agradaste a Taiki, ¿no?
– ¿Disculpa?
La rubia pensó que había sido muy impertinente con su comentario; no conocía a Setsuna y quizá se estaba extralimitando en lo que estaba insinuando.
– Perdón, no quise ser indiscreta… Supongo que el padre de tu hija… – no sabía cómo remediar lo que estaba diciendo.
– Soy madre soltera – atajó y dibujó una sonrisa, no parecía molesta ni nada – Descuida. El padre de mi hija… él no…
Darien mencionaba ocasionalmente a su asistente Setsuna Meiou, pero ahora que la conocía personalmente y un poquito más, parecía una agradable mujer y, tomando en cuenta el comentario que Michiru le hizo en su última plática, pensó que no sería mala idea acercarse a ella.
– No es necesario que digas más sobre eso… pero ¿no te gustaría pasar a comer y platicar un rato?
La mujer abrió mucho los ojos, sorprendida de la actitud de Serena.
– Mis papás no están, pero mi mamá dejó preparado algo que luce delicioso.
– Yo…
La tomó de la mano – Vamos, no seas tímida. Creo que será bueno que nos conozcamos un poco, ya casi no falta nada para el viaje.
La mujer accedió y ambas entraron a casa. Sí, no parecía mala idea que ambas pudieran tener una amiga en Estados Unidos y que de una vez vieran si tenían algo más en común que estar alrededor de Darien.
Continuará…
Hola de nuevo. Pues así terminamos con el capítulo 12, que pudiera no ser taaaan emocionante como otros, pero confieso que tuve que editarle varias cosas que se van para el siguiente.
Una de las cosas que se me quedaron a medias es todo el rollo de nuestros muchachos y lo que piensan de la sospechosa cercanía de Serena y Seiya pero les prometo que en el siguiente sabremos un poquito más de ellos.
Y pues ya ven que Nefff se nos andaba distrayendo con eso y no se estaba dando cuenta de que la estaba regando con Lita. Lo bueno es que enderezó el camino. Otra parejita que se asomó por ahí fue conocer a Jedite todo celoso, mientras que Rei sólo estaba escuchando a Seiya. Y finalmente, Mina recibiendo unas misteriosas flores. Más adelante sabremos más sobre todo esto.
Por otro lado, ahí tuvimos ya la explicación de Seiya y Kakyuu pero hay un par de cositas que sabremos después. Y hablando de los Kou, también tuvimos la participación especial del mayor de ellos con algo muy interesante que, como ya venía anticipando, es una de las decisiones arriesgadas del fic.
Finalmente tenemos a nuestra protagonista que, queramos o no, ya se le andan moviendo cositas a tal grado que ya le alzó la voz a Darien, a quien también ya me anda cayendo bien gordito.
Hay muchas cosas que quisiera contarles pero ya iremos viendo con la historia. Por ahora solo me rest decir que espero que haya sido de su agrado este capítulo, espero leerlos muy pronto.
