Hola de nuevo. Muy emocionada porque aquí al fin plasmo varias escenas que fueron de las primeras que me imaginé cuando empecé a diseñar este fic en mi cabecita. Ojo, eso no significa que estemos cerca del final ni mucho menos, todavía tenemos tela de dónde cortar.

Advertencia: capítulo mind explote.

XIII – Quiebre

– Por fin… – dijo el muchacho y soltó una respiración profunda. Se dejó caer en la silla, satisfecho de que por fin pudieran terminar su trabajo.

Él y su buen amigo Kunz habían pasado los últimos días preparando reportes, actualizando muchas cifras y alistando un proyecto bien estructurado, con objetivos y acciones muy concretas para su nueva responsabilidad.

– Pensé que no acabaríamos a tiempo – dijo Kunzite mientras se acomodaba en el amplio respaldo de la silla principal de la oficina; SU nueva oficina.

Zoycite estaba muy orgulloso de él. Resultó que el señor Kaiou estaba muy apurado en hablar con ellos ya que Darien estaba demostrado un gran desempeño en Estados Unidos y estaba más que decidido que su estancia ahí era un acierto para la compañía; sin embargo, el área que encabezaba en Japón no podía quedar descuidada y si bien su equipo seguía trabajando, era momento de dejar bien claras las cosas.

El señor Kaiou les dijo que la Junta Directiva había decidido nombrar a un suplente para ocupar el puesto de Chiba.

Poco después de esa charla, Zoycite se enteró en los pasillos de la oficina que en esa reunión uno de los socios de la empresa había sugerido a su propio hijo para ocupar ese lugar; no obstante, la propuesta había sido rechazada casi unánimemente ya que se sabía que su primogénito ni siquiera había terminado la escuela y si bien había trabajado con Darien, nunca lo hizo de manera formal. Zoy estimaba mucho a Jedite pero sabía que no estaba preparado para ese puesto, y dudaba mucho que a su amigo le interesara obedecer a su padre.

El muchacho también se enteró que fue justo la más joven miembro de la Junta Directiva quien propuso no darle vueltas al asunto y decidirse por quien se lo había ganado limpiamente. Aunque no solía ser muy participativa en la empresa, Michiru Kaiou le sugirió a su padre nombrar a Kunzite para ese rol, ya que estaba muy empapado de todo lo que debía hacerse, tenía la experiencia y había demostrado el talento.

La propuesta había sido bien recibida por los socios de la empresa, pero el señor Kaiou no quería que Zoycite se sintiera desplazado y por eso había citado a ambos para darles la noticia. Desde luego el rubio no había puesto ninguna objeción y felicitó a su gran amigo por esa distinción.

Kunzite, por su parte, sólo había pedido que Zoycite permaneciera en su equipo como su segundo abordo y que, en la práctica, fuera considerado como su igual. Lo cual fue aceptado sin objeciones.

Eso sí, ambos tenían que ponerse a trabajar en un proyecto para que la Junta Directiva oficializara su nombramiento. Habían sido días de mucho trabajo pero al fin habían terminado.

Zoycite miró a su amigo que ya empezaba a cerrar los ojos de cansancio. Sabía que los días en los que había sido un poco inconstante en la oficina lo habían retrasado con sus obligaciones y, con esta nueva asignación, prácticamente estaba trabajando al doble y apenas tenía tiempo de descansar.

Miró hacia afuera. Setsuna no había regresado de la encomienda que había ido a cumplir personalmente para Darien, así que era un buen momento para preguntarle algo muy personal a Kunz.

Carraspeó – ¿Y qué ha pasado con la señorita Mina?

Su amigo se incorporó rápidamente y comenzó a acomodar unos papeles – No sé de qué hablas.

Zoycite se volvió a asomar afuera. Estaban solos en lo que había sido la oficina de Darien y que Setsuna se había dedicado a ordenar para dejársela a su disposición (lo que provocó la que tuviera que atrasar su viaje a Estados Unidos, al menos unos días más).

– No hay nadie más – lo tranquilizó y su amigo hizo una seña para que cerrara la puerta, lo cual hizo inmediatamente para tener más privacidad – ¿Y bien?

– Todo salió mal – reconoció sin poder ocultar su aflicción. Zoycite notaba que la chica sí lo afectaba bastante.

– ¿Hablaste con ella?

– No he podido; he estado todo el tiempo aquí metido… Le mandé unas flores con una tarjeta disculpándome por todo lo que pasó y con mi número, para que pudiéramos hablar.

El rubio no creía que fuera la mejor forma de acercarse pero hizo un gesto para invitarlo a seguir hablando.

– La única llamada que recibí fue de la florería, diciendo que devolvieron el ramo de flores… y que no había rembolsos del servicio – agregó decepcionado, vaya que esa chica lo estaba desbalanceando – Creo que no quiere saber nada de mí.

– Tranquilo hermano; no te adelantes, creo que debes hablar personalmente con ella e intentar que te escuche.

– No lo sé; no sé cómo acercarme, cómo hablarle. Temo que la próxima vez me rechace definitivamente – Zoycite se sintió un poco frustrado; quería ayudar a su amigo y sabía que cualquier chica que se diera la oportunidad de conocerlo, se daría cuenta del gran hombre que es.

– Podría comentarle a Ami y pedirle su número, para que hablen con calma.

– No, descuida – sabía que no sólo era para no generar molestias, sino porque le daba pena hablar de esos temas – Y… – carraspeó – ¿tú cómo vas con tu chica?

Zoycite sonrió. Sabía que su amigo estaba contento por verlo tan enamorado pero no era muy abierto para expresarlo – De maravilla – resumió todo en esas dos palabras.

Sabiendo que su amigo estaba sufriendo de amores, no se sentía cómodo al decirle a detalle que las cosas iban tan formales que realmente se veía estableciéndose con la futura doctora Mizuno; que llevaba una buena relación con su suegra y que ya planeaban hacer un viaje a Yokohama para que conociera a sus padres.

Mucho menos decirle que en el aspecto íntimo jamás había conocido a una mujer con la que conectara tan bien. Sabía que Kunzite era cuadrado y tal vez un poco anticuado para abordar esos temas abiertamente; además, a su amigo le seguía preocupando mezclar las cosas con las amigas de Serena Tsukino. Eso sí, Zoycite estaba seguro de que si le interesaba realmente la señorita Mina, en algún momento tenía que dejar de ser tan mojigato si es que quería al menos acercarse un poco a ella.

– Me alegro – respondió también resumiendo todo en dos palabras.

– He pensado que salgamos juntos, para que la conozcan; ya sabes, invitar a Jed, a Nef y a su chica.

– Como desees. Sé que ella es muy importante para ti.

– Bien – miró su reloj – Si no me necesitas para algo más, me gustaría salir un poco antes y alistarme para salir con Ami; me dijo que quiere hablar algo muy importante y después la llevaré a cenar.

Esa noche llevaría a su novia y su suegra a conocer uno de sus lugares favoritos para cenar; pero Ami le había dicho que primero necesitaba hablar con él de algo muy importante que no podía aplazar.

– Sí, adelante; ¿todo bien con lo que quiere hablar contigo?

– Supongo que sí, ya te contaré después – se puso de pie y se dirigió a la puerta – Gracias hermano… y no olvides buscar y hablar personalmente con la señorita Mina.

Salió de ahí. Mientras tanto Kunzite se dejó caer de nuevo en la silla.

Era bastante gratificante que lo tomaran en cuenta para ocupar las responsabilidades de Darien, quien había marcado un estándar muy alto en su trabajo. Pero Kunzite sabía que con el apoyo de Zoy, podría sacar adelante todo.

Eso sí, así como su buen amigo Zoycite compartía sus éxitos y tiempo libre con su novia; a él le gustaría poder compartir todo eso con alguien especial, alguien como esa pequeña rubia que lo volvía loco.

No olvides buscar y hablar personalmente con la señorita Mina – retumbaron en su cabeza las palabras de su amigo.

– Tal vez… – murmuro pensando en voz alta.

o-o-o-o-o-o-o-o

La verdad era que no era una de las charlas más animadas que había tenido en su vida. Normalmente a Serena no le costaba trabajo socializar y hablar con la gente, pero Setsuna era una mujer muy seria, casi tanto como Darien.

Fue una conversación con muchos silencios y respuestas cortas. Serena le preguntó un poco sobre su trabajo y ella le contó que tenían que aplazar unos días el viaje a Estados Unidos debido al repentino nombramiento del sustituto de Darien en la empresa, que le obligó a dejar un montón de papeles y cosas listas.

Le dijo que su compañero Kunzite había sido elegido para esa responsabilidad y que le acompañaría Zoycite, el novio de Ami; así que la rubia pensó que su amiga estaría muy contenta y orgullosa por su novio. El otro chico, apenas lo había visto una vez y se había sentido un poco agobiada por su presencia; lo único que recordaba con claridad era cómo se le había enfrentado Mina y que su amiga rubia había lamentado que fuera un chico guapo pero engreído.

El punto era que ese nombramiento, le dio tiempo para quedarse unos días más en Japón y eso le daba una tranquilidad.

Por otro lado, Serena intentaba un poco hablar con Setsuna sobre temas más allá del trabajo y así empezar a entablar amistad. Sin embargo, ella era bastante seria y eso le dio un poco de risa porque le recordaba a la sobriedad de Darien, que le encantaba hablar sólo de trabajo.

El único tema más personal que sí abordaron fue el relacionado con Michiru y Haruka, quienes era amigas en común entre ellas. Setsuna le contó que conoció a la joven pintora cuando logró obtener una beca en uno de los colegios más prestigiados de la ciudad y, pese a pertenecer a estratos sociales muy diferentes, Michiru le había ofrecido su amistad.

Sobre Haruka, le contó que se mudó al departamento junto al de ella y si bien siempre habían sido cordiales entre ellas, se hicieron amigas cuando Michiru le pidió le preguntara si le interesaba ser modelo para una pintura.

Fue hasta que contó esa anécdota que Setsuna rió un poco al recordar la pena que le dio abordar a su vecina con una pregunta tan extraña; sin embargo, se decía contenta de haberlas presentado y verlas tan felices – Es al menos una forma de retribuirles lo mucho que han hecho por mí y Hotaru.

Serena dudó un poco en preguntar; Darien le había acostumbrado a guardarse ciertos comentarios y dejar de ser una niña curiosa, pero no pudo evitarlo en esta ocasión y esperaba no incomodar a Setsuna o que ella le comentara a su jefe que le había hecho una pregunta indiscreta.

– ¿Es difícil criar a tu hija sola, es decir, sin su papá?

Setsuna no pudo ocultar cierta sorpresa ante la pregunta, aunque rápidamente volvió a su expresión seria. Sin embargo, no respondió.

– Discúlpame por la pregunta, pero… ese tema de la maternidad me impone un poco – reconoció algo nerviosa – Y me parece muy admirable que decidieras asumir la responsabilidad completamente.

– No ha sido sencillo – respondió tras una pausa – Pero Hotaru me da fuerzas y por ella vale la pena todo. Además, he recibido un gran apoyo de Michiru, Haruka y hasta de los chicos en la oficina.

– Y de Darien, ¿verdad? – preguntó pues había notado que la pequeña Hotaru se desenvolvía con naturalidad en la oficina; por lo que suponía que su novio, con todo y su carácter serio y estricto, era muy benévolo al permitir que la niña estuviera ahí.

– Sí… de él también – respondió. De pronto se puso de pie – Bueno, tengo que irme; tengo que terminar unos asuntos en la oficina.

– De acuerdo – comenzaron a caminar hacia la salida y Serena agregó – Muchas gracias por la plática y discúlpame si fui indiscreta en algunas cosas. Michiru me comentó que también estás un poco nerviosa por el viaje y me sugirió que me acercara a ti para que nos acompañemos en este proceso – hizo una pausa – Pero no se lo tomes a mal…

Ella sonrió – Claro que no, Michiru es una gran amiga y una persona muy caritativa, sé que lo dijo porque se preocupa de que todo salga bien.

Serena le devolvió la sonrisa; Setsuna le parecía una buena mujer y sí le gustaría llevarse bien con ella, ser amigas – Lo es. Gracias Setsuna, y de nuevo perdona si te incomodé… Como te dije, el tema de la maternidad me impone mucho y eres la única chica que he tratado y que tiene hijos – bajó un poco la mirada – Con el viaje a Estados Unidos vienen cosas nuevas, entre ellas que Darien quiere que tengamos hijos; bueno, quiere que le dé una hija.

Setsuna no respondió y Serena alzó la vista, la mujer mantenía su rostro serio pero con un aire diferente. La rubia estuvo a punto de preguntar si pasaba algo cuando Setsuna respondió pausadamente – Estoy segura que el señor Chiba y tú serán buenos padres.

Se despidió y sin más se fue de ahí. Serena se quedó pensando lo que Michiru le había comentado, que Setsuna también estaba dubitativa por el viaje: ¿Cuál sería la razón?

o-o-o-o-o-o-o-o

Casi parecía que se habían puesto de acuerdo, porque los tres hermanos Kou mantenían los ojos cerrados y de vez en cuando movían su pie y la cabeza a un ritmo particular.

Desde que los vio por primera vez en internet, Mina no les veía mucho parecido físico para ser hermanos; pero sin duda era muy parecidos a la hora de comparar ciertos gestos y actitudes, como en ese momento.

Se habían reunido para seleccionar las canciones postproducidas que serían parte del disco y enviarían su propuesta a los ejecutivos de la disquera; aún seguían trabajando en otras pistas, pero con el tiempo ya encima, querían presentar un buen selectivo de canciones.

– Y bien, ¿qué les parece? – preguntó la chica unos momentos después de que terminaran de escuchar la última pista.

– Espero que les guste – dijo Yaten.

– Yo lo oigo bastante bien – comentó Taiki.

Y los tres miraron a Seiya para escuchar su opinión – Creo que pudimos hacer algo mejor, pero me agrada.

– Bien, pediré al equipo de postproducción estas canciones seleccionadas y lo presentaremos junto al arte para los ejecutivos de la disquera.

Los tres asintieron y ella les agradeció por su esfuerzo. Habían hecho y grabado canciones en tiempo récord; y no un material cualquiera, estaba segura de que tendrían varios hits en la radio y, en general, un disco muy exitoso.

Les pidió que fueran a descansar pues al día siguiente grabarían algunas tomas para su primer video musical. "Search for your love" ya era un éxito indiscutible en internet y la radio, pero la disquera se había aferrado a que necesitaban un video oficial y no con el que se habían hecho populares.

Los Kou, y muy particularmente Seiya, se habían negado a borrar ese video de internet pero accedieron a hacer unas tomas para hacer un video alternativo, algo sencillo que no opacara a la primera versión.

Mina había conseguido alquilar un estudio en su otro trabajo, así que estarían varios días ocupados en eso. Los tres se pusieron de pie pero Seiya se acercó a ella y la apartó un poco para hablarle en voz un poco baja

– Mina.

– ¿Qué pasa Seiya?

– ¿Has visto o hablado últimamente con Serena? – le preguntó mirando de reojo a sus hermanos.

– No. Cuando fui a casa de sus papás a recoger el arte, estaba dormida y no quise molestarla. Su mamá me dijo que podía llevármelo sin problemas. ¿Por qué?

– Bueno… – miró de nuevo a sus hermanos, que tomaban un poco de agua y hablaban sobre algunos arreglos de las canciones que acababan de escuchar – Quisiera hablar con ella, pero necesito tu ayuda.

Ella sólo arqueó la ceja.

– ¡Vámonos Seiya! – lo llamó Taiki.

– Un segundo estoy pidiéndole a Mina comida para los días de grabación; adelántense, en un momento los alcanzo.

Parecía que Yaten iba a reclamar pero Taiki tiró de él y salieron del lugar.

– Por favor Mina, hay algo importante que debo hablar con ella, necesito preguntarle algo.

Mina suspiró. Yaten ya le había advertido que su hermano era muy sensible y ella de verdad no quería que saliera lastimado. Era hora de hablar con la verdad – Seiya, ¿de qué quieres hablar? – carraspeó – Debes saber que ella…

– Tiene novio, el tal Darien, lo sé – dijo sin titubeos.

Ella sólo abrió mucho los ojos y el chico continuó – ¿Sabes? Serena y yo hemos pasado tiempo juntos y hemos platicado mucho; y en todo este tiempo me he dado cuenta de algo, pero necesito preguntárselo directamente.

– Seiya, lo de Serena y Darien es muy serio y…

– También lo sé, vi el anillo; pero necesito asegurarme de algo y después decidiré qué hacer – hizo una pausa – Sólo necesito hablar con ella, a solas, en un lugar neutral y sin que nadie nos interrumpa, ni mis fans, ni su familia o mis hermanos. ¿Podrías ayudarme?

La chica se mordió el labio, no sabía si estaba bien. Apreciaba mucho a Seiya y Serena era como una hermanita para ella, no quería causar malos entendidos.

– Escucha – continuó él – No le diré nada inapropiado, mucho menos intentaré hacerle algo. Sólo quiero hablar un momento a solas con ella y no quisiera que ella malinterprete la situación, por eso no puedo pedírselo directamente. Por favor.

– Está bien – concedió – Le diré que venga después de la grabación, ahí nadie los molestará ¿de acuerdo?

Él la abrazó efusivo – Muchas gracias Mina – vaya que le importaba mucho la situación.

La chica sacó su teléfono y marcó a la casa de Serena. Tras un momento de saludar a la señora Tsukino, se comunicó con su amiga.

Le dijo que necesitaba verla para que firmara unos permisos para el uso de su arte, aunque también le daría un pago por su trabajo (algo que no se lo diría hasta que la viera en persona). Le comentó que estaba muy apurada y por eso le pedía ir a los estudios donde trabajaba. Serena accedió.

Mientras hablaba, Seiya no apartaba la vista. Expectante y emocionado: ¿Qué tramas Seiya?

Cuando colgó, el muchacho le volvió a agradecer y le dijo que le debía una por hacerle ese favor. Le dijo que ya tenía que alcanzar a sus hermanos pero antes de que saliera del lugar, Mina lo detuvo.

– Seiya, ¿estás seguro de esto?

– Descuida Mina; estoy consciente de mi lugar, de la situación de Serena y de la existencia de su novio, sólo quiero asegurarme de algo – se dio la media vuelta y Mina recitó unas palabras antes de que saliera.

– "Ella es la estrella fugaz que cruzó en mi camino, pero con un instante bastó para iluminarlo todo".

Seiya se detuvo – Es la letra de mi canción – dijo.

Mina se acercó a él – La escribiste después de que conociste a Serena – dijo recordando esa canción que hablaba de los encuentros fugaces y que le mostró poco después del accidente de su amiga – ¿La hiciste para ella?

– Sí – reconoció.

– ¿Qué es lo que realmente sientes por Serena? – preguntó y hasta ese momento la miró.

– Algo muy fuerte que no puedo decirle, hasta que me asegure de que es y será feliz con Darien… Gracias Mina, nos vemos en la grabación.

Salió de ahí. Para la rubia fue todo muy claro, Seiya estaba enamorado de su amiga, pero la quería lo suficiente para saber que no debía entrometerse en su relación con Darien.

No sabía qué tanto conocía el cantante la relación de Serena y qué es exactamente lo que quería hablar con ella; Mina sólo deseaba que ninguno de los dos saliera lastimado.

Suspiró. Qué envidia conocer a un muchacho que no dudará de lo que siente y tan resuelto para respetar los tiempos y ser claro si hacía falta.

No como el tarado que le mandó flores y ya no supo más de él. Además de que el arreglo floral pasó de mano en mano en los estudios y se perdió, pero hubiera sido bueno que el tipo se presentara al menos.

Qué coraje. Quizá ese misterioso sujeto serviría para que Yaten me deje de molestar con lo de que Kunzi es mi novio – sonrió pensando en algo divertido – O quizás serviría para darle celos a ese engreído señor Kunz.

La chica rió al recordar cómo se había puesto cuando la vio con Seiya y ya ni mencionar cómo noqueó a Yaten.

Ojalá pudiera volver a verlo otra vez para molestarlo un poquito con eso y averiguar si Yaten realmente acertaba en su percepción. Y es que Mina no lo negaba, extrañaba verlo, ver sus gestos cuando lograba desbalancearlo, con su porte tan serio y formal, percibir su elegante loción.

Suspiró de nuevo – A ver qué pasa… – y completó pensando en voz alta – Ya dice el dicho: Amor con celos, causa revuelos.

¿O cómo era?

o-o-o-o-o-o-o-o

No le gustaban los días como aquel. Estaba nublado y parecía que en cualquier momento se soltaría una lluvia. A Serena le daba la sensación de que una no podía salir a pasear sin regresar a casa hecha una sopa.

Pero no había mucho qué hacer afuera. Se había alejado tanto de sus amigas que era difícil que ahora ellas encontraran un espacio para estar con ella.

Sabía que Lita dividía su tiempo entre la escuela y la respostería. Y aunque desconocía la situación entre ella y Neflyte, estaba segura que el castaño la buscó en algún momento y posiblemente su amiga ya destinaba parte de su tiempo libre a él.

Ami, por su parte, siempre se la vivía estudiando y supuso que ahora en la universidad era todavía más dedicada. Sin embargo, ya tenía un novio y seguramente él a veces la separaba un poco de los libros para disfrutar de tiempo juntos.

Últimamente Mina se la pasaba muy atareada con sus dos trabajos y no tenía tiempo para salir a tontear por ahí o ir a Crown a jugar un rato, como cuando eran unas adolescentes.

Quizá Rei tendría un poco de tiempo para platicar. Si es que ya había un nuevo asistente en el Templo Hikawa, no estaría mal hacerle una visita.

Y es que Serena tenía ganas de hablar con alguien sobre todo lo que estaba pasando: su viaje, su compromiso, su arte, la posibilidad de la maternidad, Darien… Seiya.

No resistió más y fue al teléfono. Rei respondió y la rubia le preguntó si estaba libre para conversar un rato. Su amiga dijo que sí y la invitó a su casa.

A Serena le vino bastante bien, podría hacer tiempo antes de ir a ver a Mina para firmar los papeles que quería.

Unos minutos después, Serena ya estaba en aquel autobús que la llevaba al Templo Hikawa, la misma ruta que siendo una adolescente tomó por accidente y por la que conoció a su amiga.

Cruzó el jardín y encontró al muchacho que fue contratado mientras ella estaba en su última visita. Parecía que estaba a punto de regar las plantas.

– ¡Hola! Jedite, ¿verdad?

– Señorita Serena – se sobresaltó un poco – Sí, qué sorpresa verla de nuevo por aquí.

– Vine a ver a Rei. Me alegra que esté más desocupada y relajada, y tenga tiempo para recibirme. Eso es gracias a ti.

El muchacho le sonrió. Parecía un chico muy agradable.

Se rascó la cabeza alborotándose un poco el cabello – Bueno, espero ser de utilidad.

– Ya sé. Es algo dura contigo ¿verdad? No te preocupes, Rei tiene un carácter un poco difícil pero es una gran chica. Sólo que ha tenido una vida algo complicada, perdió a su madre siendo una niña y no tiene una buena relación con su padre.

– ¿Con su padre? – preguntó. Serena no sabía si estaba bien hablar de la vida privada de Rei, pero Jedite parecía interesado.

– Bueno, es que su papá es un poco impositivo y quiso casarla con un desconocido – contó; claro que la relación de Rei con su padre era más compleja pero creía que decir lo del compromiso era suficiente como para que el muchacho entendiera porqué su amiga ya no veía a su progenitor – Imagínate, con qué clase de tipo la querían casar, que le tenían que conseguirle una novia – agregó con una risita.

El chico alzó las cejas y ella supuso que su argumento había sido suficiente para que el tema quedara ahí.

– Como sea, me alegro mucho que te quedaras en el templo y que Rei y su abuelo ya no estén solos. ¿Sabes? Ella a veces siente que es muy fuerte y que puede con todo, pero nunca está de más que tenga a alguien en quien apoyarse.

El chico sonrió.

– Bueno, iré a buscarla; me está esperando – iba a tomar camino pero se acordó de algo – Creo que lo mejor es que no riegues el jardín, parece que lloverá más tarde – agregó e incluso le mostró el paraguas de ir ella cargaba, segura de que llovería mucho esa tarde.

Jedite sólo asintió en respuesta. Serena pensaba que era un muchacho agradable y supuso que bastante paciente para aguantar los modos de su amiga como jefa y viviendo bajo el mismo techo.

Serena quería mucho a Rei pero no le era ajeno su forma de ser tan estricta, a veces gruñona; pero siempre sintió que cada cosa que le decía era porque se preocupaba por ella.

Involuntariamente se tocó la mejilla. Justo donde Rei le había dado una bofetada la noche del concierto de los Three Lights. Como cada regaño que le daba, ese también surgió porque se preocupaba. Serena lo sabía, lo sentía.

Rei había sido clara en su idea de que Darien la estaba separando de todo y todos.

¿Y si tiene razón?

No…

– Hola Serena, ¿estás bien? – le dijo pues ella estaba completamente absorta en sus pensamientos que no se dio cuenta que ya la tenía casi enfrente.

– Ah hola; sí, pensaba en tu nuevo ayudante, parece un buen muchacho.

Ella puso los ojos en blanco – Casi no me visitas y si vienes es para hablar del engreído Jedite – luego sonrió – Anda, pasa.

Las chicas entraron a la casa y la rubia le preguntaba cómo le estaba yendo con su nuevo trabajador, pero su amiga se quejaba de cada cuestionamiento.

Serena rió un poco. Siempre notó que su amiga se mostraba muy indiferente con el tema de Nicolas (y aún así tuvo algo que ver con él), pero parecía que hablar de Jedite la alteraba. La rubia se preguntó si, al igual que con su anterior ayudante, podría pasar algo entre Rei y Jedite. Y es que supuso que convivir tanto y tan cerca con un muchacho podría prestarse a otro tipo de interacción.

No es que creyera que su amiga era una depredadora de sus ayudantes, pero era joven, soltera y muy guapa; al igual que con el resto de sus amigas, ella merecía tener a alguien especial.

– Bueno, ya, ya, ya – dijo Rei después de varias preguntas sobre Jedite y cómo le ayudaba en el templo – Estoy segura de que no viniste a hacerme un interrogatorio sobre él. Te conozco Serena y sé que algo tienes.

Era cierto, ella tenía tantas cosas en la cabeza, pero no sabía ni por dónde comenzar; aunado a ello, temía contarle sobre Darien y su comportamiento desde que se fue de viaje. No porque su amiga le diera otra bofetada sino porque no quería seguir enredándose con ese tema.

– Ah, bueno… es que no les he contado que estuve trabajando en una pintura muy especial. Digo, sólo Mina lo sabía, pero hice el arte del primer disco de los Three Lights.

– Sí, algo nos comentó pero dime cómo pasó.

Serena contó que había conocido a Michiru Kaiou en una reunión de trabajo de Darien y luego ella la había recomendado con los Three Lights. Si bien reconoció que había tenido malos entendidos con Seiya Kou al principio ya que él conducía el auto que provocó que usara un collarín por algunos días, todo eso ya había pasado.

También le habló de lo mucho que le entusiasmaba la idea de que su obra fuera vista por tantas personas e incluso tocó un poco el proceso de toda la realización.

Se sintió tan bien al hablar de todo ello, porque realmente amaba pintar y por primera vez sentía que lo que hacía, valía la pena compartir. Su vida a lado de Darien le había acostumbrado a que era un hobby; bonito y entretenido, pero sólo un hobby.

Ahora, la confianza de Michiru y muy especialmente de Seiya le hacían ver que podría ser más que eso y que ella misma podría mostrar a todos y demostrarse a sí misma de lo que era capaz de hacer.

– Vaya, con razón has estado tan ocupada desde que Darien se fue – dijo Rei – Y… te llevas muy bien con Seiya Kou, ¿verdad?

– Eh, sí; es un gran amigo que me ha apoyado en todo – intentó que no se notara que los colores se le estaban subiendo al rostro.

– Y muy guapo.

– ¡Rei!

– No me lo vas a negar ¿o sí?

– Es mi amigo solamente – y agregó sintiendo una pequeña punzada de celos – Pero si quieres te lo presento.

La pelinegra rió – No lo decía por eso; pero en lo personal se me hace más guapo Yaten.

– Como sea, ha sido un gran apoyo. ¿Sabes? Me ha motivado desde el principio y creyó ciegamente en mi trabajo. Ha sido increíble conmigo.

– ¿Y qué piensa Darien de eso? Es decir, de tu arte y tu trabajo – aclaró.

No quería cuestionamientos como los que Michiru le había hecho así que se limitó a responder – No importa; de todos modos, la próxima semana me iré con él.

– ¡¿Qué?!

o-o-o-o-o-o-o-o

Se sentía muy intrigado. Le gustaría saber a qué había ido la señorita Serena al templo. ¿Tendría algo que ver con la visita del tal Seiya Kou el otro día? ¿Hablarían de él?

Durante unos días, Jedite se la pasó pensando si había hecho bien o mal al comentar que vio a ese chico entrando al departamento de Serena, cuando claramente estaban solos.

El abuelo de Rei ya le había dicho que no adelantara juicios porque podía causar un malentendido; y si bien las cosas no habían llegado a oídos de Darien, las opiniones sí habían confrontado a sus amigos.

No fue una sorpresa que fuera Neflyte el que se aferrara en decirle a Darien, y es que posiblemente el castaño era el que más lo admiraba y lo tenía en altísima estima; Zoycite, que solía ser más directo y sin rodeos, creía que lo mejor era ir directamente a buscar la verdad y cuestionar a Serena Tsukino; él, por su parte, no quería causar más lío pero pensaba que, correspondiendo a la amistad con Darien, bien podrían aclarar la situación al menos a través de las amigas de Serena.

Eso sí, Jedite no se imaginaba abordando a Rei con semejante pregunta. De hecho, no se imaginaba abordando ya ningún tema con ella. Y es que cada vez que había una interacción, todo en él se revolvía.

Sólo el conocerla le bastó para quedarse impactado por su belleza; luego, que resultara ser su prometida; después, estaban sus bochornosas ideas al pensar que ella lo vio sin nada al salir de la ducha y su volátil imaginación sabiéndola tan cerca de él cada noche. A todo eso se le sumaba los celos que sintió cuando el cantante Seiya Kou estuvo en el templo.

Cuando ese chico fue al Templo Hikawa, Jedite prácticamente ya estaba convencido de que la decisión de Kunzite de no entrometerse en el asunto fue lo mejor y empezaba a olvidar y superar el asunto; pero sólo de pensar en ese muchacho cerca de Rei, le hirvía la sangre y le surgía la necesidad de saber qué tramaba ese tipo.

Era completamente ridículo. Él nunca había sido así de celoso e inmaduro, pero la idea de que fuera cercano a Rei o a sus amigas, le molestaba; y todo porque no le gustaba la idea de que otro hombre la pretendiera.

Incluso llegó a sentir celos de él mismo. Al notar que ella no salía con chicos y que parecía no tener ningún interés romántico, creía que era porque era muy estricta y esperaba fielmente a que su prometido se dignara a conocerla.

Sin embargo, todo había cambiado con la breve charla con Serena Tsukino, quien le dijo que por ese compromiso ella ya no se hablaba con su padre.

Y ahora que lo pensaba, nunca había visto por ahí a Takashi Hino, ni siquiera era mencionado. Siempre pensó que ese hombre mantenía a su hija en ese templo lejos de todo y todos para que aguardara a que alguien la desposara.

Oculta como una hermosa joya.

Pero quizá había algo más y de raíz más bien no había una buena relación entre Rei y su padre. Y eso lo tenía más intrigado que el asunto de Seiya Kou, porque significaría que Rei no estaba relacionada con ese mundo frívolo en el que él creció y que tanto detestaba; significaría que ella también rechazaba la horrible idea de casarse con una persona desconocida; significaría que ellos dos podrían tener algo en común; significaría que no estaba mal el sentirse tan abrumadoramente atraído hacia ella.

Continuó haciendo sus cosas deseando con todas sus fuerzas que el abuelo de Rei lo enviara a preguntar a las chicas si necesitaban algo, para que él pudiera al menos escuchar un poco de lo que decían. Sin embargo, tuvo que soportar que la tarde pasara lentamente.

Fue hasta que unas horas después vio pasar a las chicas caminar en silencio por el sendero que llevaba a la salida del templo. No había que ser muy observador para notar que el ánimo de Serena Tsukino había disminuido y ni qué decir sobre Rei, a quien por primera vez la notaba triste.

Vio que la rubia se marchó; sin embargo, Rei se quedó ahí, mirando hacia dónde se había ido. Pasaron varios minutos más y permanecía ahí.

El joven rubio comenzó a preocuparse. Y más aún cuando el pronóstico de su amiga Serena se cumplió y las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer.

Vamos Rei, ¿qué pasa? – pensó un poco desesperado porque iba a mojarse en la lluvia.

No aguantó más; buscó un paraguas y echó a correr hacia ella escuchando cómo la lluvia golpeaba cada vez más fuerte en el paraguas.

Cuando llegó hasta ella, apenas pronunció su nombre y ella se volvió hacia él, llorando.

No supo si fue instinto o que él era el único cerca, pero ella se recargó en él, haciendo su llanto aún más fuerte y sentido. Jedite no dudó y la estrechó sin soltar la sombrilla para evitar que se empapara en la lluvia.

No entendía lo que pasaba. Rei siempre se mostraba como una chica muy fuerte; quién podría imaginarla así, hecha un mar de lágrimas, quebrada.

– ¡Lo odio, lo odio, lo odio! – comenzó a decir y Jedite sintió que algo surgía en él.

Pensó en el tal Seiya Kou y estuvo a punto de llamar a sus amigos para que rompieran su acuerdo e ir a buscar a ese muchachito y darle un escarmiento por hacer llorar a Rei.

Sin embargo, la sensatez lo controló y preguntó – ¿De quién hablas?

– Él se la va a llevar. Sólo la hará infeliz. Lo sé, lo siento.

– Rei, dime qué pasa para poder ayudarte.

– Lo odio… Él es como mi padre, un egoísta, sólo piensa en él. Hará con Serena lo mismo que mi padre hizo con mamá.

– Tranquila Rei, por favor dime qué pasa – insistió un poco desesperado por ver sufrir a esa chica.

Ella sollozó y tomó un momento para calmarse un poco. Se separó de él y Jedite vio que su hermoso rostro ahora estaba ensombrecido por la tristeza.

En ese momento, el muchacho se prometió hacer lo que fuera para jamás volver a verla así.

– Darien… Darien Chiba – soltó, volvió a romper a llorar y se volvió a apoyar en su pecho – Se va a llevar a mi amiga sólo para hacerla infeliz.

Jedite sintió de nuevo que todo se le revolvía en su cabeza; eso mismo que siempre pasaba cuando cruzaba palabras con Rei. Pero entre todo, una idea tuvo clara: Serena Tsukino tenía razón en dos cosas, ese día iba a llover y nunca estaba demás tener alguien en quien apoyarse.

o-o-o-o-o-o-o-o

Y en ese momento sintió que él la estrechaba más fuerte y no sólo eso, Jedite le dio un beso en su cabeza.

En cualquier otro momento, con cualquier otra persona, ese gesto la hubiera hecho rabiar; pero viniendo de él lo sintió como algo natural y agradable, algo que completaba la calidez que sentía al estar entre sus brazos.

Después de la muerte de su madre, jamás había sentido esa protección y tranquilidad con una persona. Si bien amaba a su abuelo, ella se sentía con la responsabilidad de cuidar de él y su fragilidad después de perder a su única hija. Ella misma se construyó esa idea de tener que ser fuerte, por su abuelo y para que su padre no la lastimara como lo hizo con su mamá.

Ese mismo carácter fuerte la blindó muy bien durante muchos años de sufrir de amores o por algún muchacho; ni siquiera cuando se dio cuenta que no tendría oportunidad con el apuesto amigo que Andrew un día les presentó en Crown. Aunque era una ironía que ese chico al final sí le rompiera el corazón al llevarse a su amiga Serena, en quien veía reflejado el triste destino que su madre sufrió.

Aquella tarde había visto y escuchado a la rubia tan entusiasmada al hablarle de su trabajo artístico, que vio en ella a esa vieja Serena que se permitía ser ella misma sin concentrarse en lo que Darien pensara.

Y por un momento creyó que su amiga había despertado de su letargo y se decidiría a ponerle las cosas en claro a su novio; sin embargo, de pronto todo cambió cuando le soltó la noticia de que pronto se marcharía con él, convirtiendo todo lo que estaba pasándole en un pequeño paréntesis en su vida.

No es justo.

Y cuando ella se fue del Templo Hikawa porque tenía otras cosas que hacer, Rei no soportó más y se quebró en un llanto que se esforzaba en reprimir. Y cuando Jedite llegó hasta ella, ya no soportó más y dejó que las lágrimas fluyeran.

Por Serena, por Darien y por cómo todo eso le recordaba a sus padres, reabriéndole esa herida que por años trató de ignorar.

Le dolía mucho y no se había dado cuenta que llevaba años reprimiendo ese llanto que ahora estaba empapando la ropa de Jedite.

Pero el rubio no parecía molestarle y se quedó ahí, abrazándola con esa calidez que no sentía desde que su mamá se marchó para siempre. A pesar de que la lluvia arreciaba, él no interrumpía su desahogo, sus lágrimas y algunas frases vagas de repudio a Darien.

Poco a poco sintió que ya había sacado todo ese llanto que guardó por muchos años e incluso comenzó a relajarse sobre el pecho de Jedite.

Era la primera vez que lo tenía tan cerca y no podía creer que ese chico que apenas cruzaba palabras con ella, fuera el mismo al que pertenecía ese cálido pecho, el que la abrazaba como si quisiera protegerla no sólo de la lluvia sino de lo que la hacía llorar, el que no le importaba llevar largo tiempo parado siendo apoyo, ese que olía tan bien y que se estaba portando tan bien con ella.

A pesar de que él intentó cubrirla con su paraguas, fue inevitable que se mojara un poco y ya comenzaba a sentir frío, así que su cuerpo comenzó a temblar. Fue hasta ese momento que él decidió hablar.

– Vamos adentro, tu abuelo se preocupará si te refrías – se separó de ella, Rei sólo asintió lentamente y él le ofreció su brazo para caminar juntos hacia la casa.

Su abuelo se había quedado dormido leyendo así que no hubo preguntas sobre la situación.

– Deberías tomar una ducha caliente para relajarte, mientras te prepararé un té que te hará sentir mejor – le dijo tomándola de los hombros y le dedicó la primera sonrisa.

Rei trató de no sonrojarse. Jedite siempre era distante con ella y no se había dado cuenta de lo apuesto que se veía con ese gesto amable. La chica asintió y se dirigió al baño.

Él tenía razón, la ducha había sido bastante relajante. Salió del cuarto de baño ya vestida con ropa más cómoda y se dirigió a su habitación. Casi dio un brinco cuando encontró ahí a Jedite acomodando en la mesita el té y aparentemente algo más para que comiera.

– Lo siento – dijo en cuanto la vio entrar – Tu abuelo me advirtió desde el principio que no te gustaba que entraran a tu cuarto, sólo vine a dejar esto.

También ya vestía más cómodo y aún tenía el cabello algo húmedo. Pobre, también se había mojado en la lluvia pero había priorizado que ella estuviera bien.

Entonces la chica le sonrió por primera vez desde que se conocieron – Descuida, te agradezco todas las molestias que te tomaste.

Él le devolvió la sonrisa y supuso que esa era la entrada para que dejara de ser indiferente con ella porque de pronto soltó – Sí, bueno era mejor entrar aquí que ser indiscreto mientras salías de la ducha.

Rei atajó a lo que se refería, pero notaba que no lo decía con malas intenciones, sino en tono amigable, juguetón – Supéralo Jedito.

– Quedé muy vulnerable ante ti, es difícil superarlo.

– No tan vulnerable como yo hoy… – hizo una pausa – Oye ¿puedes quedarte un rato a platicar?

Él respiró profundamente y tomó asiento en una silla de la habitación – Claro que sí, sólo espero que mi jefa no se moleste; es muy estricta.

Ella se sentó en el borde de su cama y comenzó a beber el té que le llevó; era el mismo que su madre preparaba para esas situaciones de estrés. Rei trataba de seguir la receta, pero sin duda a Jedite le quedaba justo en su punto.

Era una situación extraña, ni siquiera había pasado tiempo Nicolas en su habitación; cuando sucedía algo entre ellos, ella iba a la de él, pues consideraba que ese espacio (su espacio) era demasiado personal para permitirle estar ahí.

¿Y Jedite?

Bueno, es que con él las cosas eran diferentes, se estaban sintiendo diferentes.

Rei se disculpó por su comportamiento infantil de esa tarde y le agradeció que se preocupara por ella.

– No fue nada.

– Sí lo fue – refutó con esa hosquedad que la seguía siempre y agregó suavizando su tono – porque también me escuchaste… ¿Podrías seguir haciéndolo?

Él se reacomodó en su lugar y asintió. Entonces ella le habló sobre la razón de su quiebre: de su amiga Serena, de su relación con Darien; sobre cómo temía que pasara lo mismo que con sus padres. Muy especialmente le habló de su mamá, de cuánto la amaba y la extrañaba, y cómo desde su ausencia había construido muchas barreras, las cuales habían caído por el miedo que sentía de lo que pudiera pasar a su amiga. Le contó sobre su padre, cómo había sido siempre distante, ajeno y cero cariñoso; de cómo prácticamente abandonó a su esposa en su lecho de muerte por preocuparse más por su imagen y sus compromisos. De cómo pasó años alimentando rencor hacia él, hacía su egoísmo, sus caprichos e indiferencia, y cómo el colmo fue cuando pretendió casarla con un desconocido sin avisarle.

– Ese día mandó a uno de sus empleados – contó y se puso de pie por primera vez en toda la charla para dirigirse a su armario – Siempre los mandaba cuando necesitaba algo o me enviaba "mi regalo" de cumpleaños.

Sacó un hermoso vestido, era de las pocas cosas que le había regalado su padre y que aún conservaba, porque honestamente sería una pena tirarlo – Me entregaron esto y una nota diciéndome que debía usarlo para ir a una conocer a mi prometido.

Jedite trató de contenerse pero ya no podía controlar todo lo que ella lo alteraba. Las palabras de la señorita Serena, la actitud de Rei y todo lo que le había contado, le permitían no sentir remordimientos por la atracción que tenía hacia ella – Debiste lucir hermosa con ese vestido.

– No digas tonterías. Jamás lo usé, a ese tipo lo dejé plantado en esa cena. Y jamás le daría el gusto a mi padre con algo tan importante – agregó con algo de coraje al pensar en ello.

Jedite se puso de pie.

Rei había pasado horas hablando y desahogándose de tantas cosas que por muchos años nunca tuvo el valor de compartir con nadie. Por momentos pensaba que hablaba con él con la misma confianza que uno le cuenta toda su vida a un psicólogo, pero no sólo era eso; él le había inspirado tranquilidad y calidez cuando fue por ella a cubrirla de la lluvia.

– Lo entiendo – dijo y comenzó a acercarse a ella con paso lento pero decidido – Mi familia también siempre trató de obligarme a hacer siempre lo que ellos querían; ya no lo soportaba, por eso me alejé y decidí quedarme aquí en el templo.

Se detuvo peligrosamente cerca de ella y Rei sintió cómo se le erizaba la piel al verlo con ese porte tan decidido. Ella sonrió algo nerviosa – Gracias – sólo soltó porque sabía que ella le había cuestionado anteriormente si ocultaba algo y quizá para él no era sencillo hablar del tema.

– Ya no te molestaré con eso… Y si quieres no le comentaré nada a mi abuelo.

– No creo que sea relevante si lo sabe o no. Más bien quiero agradecerte por todo lo que me contaste – sonrió como si se sintiera aliviado y ella se sintió atrapada por ese gesto que combinaba muy bien con sus hermosos ojos azules.

– Sí, bueno… Te pediría no lo comentaras con nadie, son cosas muy personales.

– Claro, guardaré tu secreto – se acercó aún más – ¿Tú podrías guardarme uno? – ella asintió sintiendo cómo todo su rostro se ponía rojo.

Se acercó aún más, eliminando toda distancia entre sus rostros hasta que sus labios se posaron en los de ella, entregándole un beso que le llenó de esa calidez que le transmitía.

Rei no tuvo el valor de rechazarlo, mucho menos de empujarlo o abofetearlo por su atrevimiento, como lo hubiera hecho con cualquier otro chico. Al contrario, hasta se sintió un poquito frustrada de que el contacto durara tan poco.

– Guárdame ese secreto – le pidió aún muy cerca sus labios.

Ella asintió mecánicamente, aún desorientada por ese pequeño momento que le había regalado Jedite.

– Descansa – se dirigió a la puerta y antes de salir agregó – De verdad creo que te verías hermosa con ese vestido. Buenas noches Rei.

o-o-o-o-o-o-o-o

Llegó al lugar y la hora de la cita con un poco de sinsabor. Al final, no tuvo el valor de contarle a Rei lo que estaba pasando con Darien; quizá por la esperanza de que todo tenía una explicación y que él pronto se la daría.

Y todo volvería a ser como antes, con ese Darien que la llenaba cada día con rosas y personalmente se encargaba de cuidarla de todo y todos.

Y es que Serena no encontraba las palabras para expresar lo que estaba pasando, mucho menos tenía cabeza para entenderlo. Tampoco quería agobiar a su amiga, que no ocultó su desasosiego cuando le contó que pronto se iría del país.

En el fondo, Serena la entendía. Ella tampoco se quería ir.

Para cuando llegó a los estudios donde trabajaba Mina, las primeras gotas de lluvia y empezaron a caer. Afortunadamente su amiga había dejado instrucciones de que la dejaran pasar sin muchos cuestionamientos.

Era la primera vez que conocía unos estudios de televisión y se imaginó a Mina tan desenvuelta en ese ambiente que le apasionaba desde siempre. Le alegraba mucho que su amiga fuera cumpliendo poco a poco sus sueños y que, a diferencia de ella, pudiera desenvolverse profesionalmente en algo que le gustara.

Cuando llegó al set donde la citó, la grabación acababa de terminar y el staff ya empezaba a desmontar el equipo. Mina le pidió que la esperara un momento en un camerino que no se estaba utilizando, mientras ella terminaba unas cosas.

No le preguntó de qué había sido la grabación pero cuando vio los instrumentos musicales pensó en los Three Lights y su corazón dio un vuelco al pensar que Seiya podría estar por ahí.

No lo había visto desde hacía días y le dolía pensar que la próxima vez que se vieran, podría ser la última; dado lo cercano de su viaje.

Pasó largo rato ahí encerrada hasta que por fin Mina apareció: – Disculpa la tardanza, ha sido toda una locura de jornada.

– ¿Estaban grabando los Three Lights? – preguntó sin rodeos.

– Ah… sí, pero ellos se fueron hace un rato. Estaban muy cansados.

– Ya veo… – dijo si poder ocultar la decepción de no poder saludar, aunque sea rápido, a Seiya.

Mina carraspeó – Pero no te preocupes, Seiya te dejo muchos saludos – dijo la rubia intuyendo que a su amiga le decepcionaba un poco no encontrarlo – En fin, ten estos papeles para que autorices el uso de tu trabajo, léelos con calma.

Serena procedió sin mucho ánimo; la verdad es que le daba pereza leer todo, nunca fue la mejor lectora en sus días de escuela, pero esto era importante y la hacía sentir importante, una profesional.

Tardó unos minutos pero todo parecía en orden y nada le generó conflicto, excepto donde hablaba de una retribución que le darían. Le dio un poco de pena indagar sobre eso, ella no pensaba recibir nada a cambio, ya que Michiru, Seiya, sus hermanos y Mina le confiaran algo tan importante, era mucho para ella.

– ¡Listo! – anunció triunfante de haber plasmado su firma correctamente en algo tan importante.

– Perfecto. Ten – le extendió Mina un papelito y ella lo tomó para encontrarse con un cheque de parte de la disquera que Seiya le había contado, los había contratado.

– ¿Y esto? – preguntó sorprendida.

– Pues tu paga, ¿acaso creías que tu trabajo no valía? – respondió Mina.

– Pero esto es mucho.

– No en realidad, me han contado en la disquera que fotógrafos y artistas de renombre, cobran cantidades exorbitantes. Hasta el momento algunos ejecutivos han visto tu trabajo pero están muy contentos.

Serena volvió a ver el cheque que traía una cantidad con varios ceros. Ya era un honor muy alto que la tomaran en cuenta y el hecho que le pagaran por hacer algo que ella amaba hacer, era casi un sueño.

– Gracias Mina – saltó y la abrazó.

– Gracias a ti Serena, que pusiste tanto empeño y talento. Nos estás ayudando mucho a que los de la disquera se den cuenta de que pueden respetar las decisiones de los chicos – la entrechó fuerte.

Tuvo la sensación de querer llorar. De alegría al describir que su trabajo valía, de poder ayudar a su amiga, de agradecimiento… pero también de tristeza al saber que todo eso sólo era eventual.

Se contuvo. No quería llorar y tener que explicarle la razón de su llanto porque eran tantas cosas que ni ella misma lo entendía.

– Bien, vamos – le dijo Mina y Serena guardó en su bolso su paga, preguntándose qué podría hacer con ese dinero; quizá guardarlo o comprarse algo que Darien no le quisiera comprar, como un teléfono moderno para poder estar en mayor contacto con sus amigas y tomar fotos de todo lo que hacía, como todo el mundo lo hacía.

Recordó que hasta su mamá tenía un teléfono así y hasta se había emocionado por tomarse una foto con Seiya.

– Oye Serena, ¿puedes esperar un momento aquí? – le preguntó cuando llegaron de nuevo al estudio que ya lucía casi vacío y ya no había nadie.

– Claro – accedió confundida y vio que su amiga salía del lugar sonriéndole y ella apenas alcanzó a ver que ya prácticamente había oscurecido afuera y había ligera lluvia.

Ella se quedó sola por un momento en aquel lugar tenuemente iluminado sin entender qué tramaba Mina dejándola ahí.

Suspiró. De pronto ese lugar le dio un aire de soledad. No le gustaba. Aunque, ahora que lo pensaba, quizá debía acostumbrarse a esa soledad. En Nueva York con Darien todo el tiempo trabajando, lejos de sus padres y amigas, sin su espacio para pintar, sin Luna… sin Seiya.

Y las ganas de llorar volvieron, pero se esforzó por retenerlas. Respiró profundamente tratando de calmarse.

De pronto una puerta se abrió y apareció una figura que ocultaba su rostro tras un enorme ramo de rosas rojas.

Darien – pensó. No, él no le entregaría algo así, sino su rutinaria rosa, tan simple como sus mensajes y llamadas, su actitud.

Seiya – sí, un detalle así sólo podría provenir de él. ¿Acaso no lo había hecho ya una vez? Cuando llevó ese enorme ramo que llenó su casa y sus días de su exquisito aroma.

No fue necesario que él bajara el ramo. Estaba segura de que era Seiya, no importaba que Mina dijera que ya se había ido, lo sabía, lo sentía, lo deseaba.

Y por un momento, esa idea le pareció terrible, porque no debía desear estar con nadie más que con Darien, su prometido. Sin embargo, él se estaba comportando tan indiferente y distante; mientras Seiya en unas semanas había logrado llenarla de tantas cosas y la había motivado para compartir su arte como nadie.

Lo peor de todo es que pronto lo perdería. No era justo.

Y apenas su amigo terminó de acercarse a ella, bajó el ramo y pronunció su ya conocido "Bombón", cuando ella no pudo contenerse más y lo abrazó. Quizá por todo el mar de ideas y emociones en el que venía naufragando o quizá porque podría ser la última vez que se verían, pero ya no pudo contenerse y rompió en llanto.

Se dio cuenta de que, entre tantas cosas, una que dolía muchísimo era perder a su buen amigo Seiya. No deseaba perderlo, porque lo quería.

o-o-o-o-o-o-o-o

En cuánto cerró la puerta maldijo un poco ser siempre tan descuidada para no llevar ese día una sombrilla. Era una pena, le gustaría quedarse más tiempo para saber en qué acabaría el asunto entre Seiya y Serena.

Mina no negaba que le encantaría que esos dos lograran algo. Pero, la chica procuraba ser realista, la vida no era como esas películas románticas en las que todo se resolvía mágicamente; además, Serena estaba comprometida con Darien y por muy carismático y apuesto que fuera Seiya, su amiga no le pagaría a su novio con una infidelidad.

También no tenía muy claro lo que buscaba el cantante con la charla privada que planeaba con Serena. ¿Qué era eso de querer "estar seguro de que es y será feliz con Darien"? ¿Qué había visto o qué le había contado Serena para tener que investigar eso directamente con ella?

¿Acaso Darien la está haciendo sufrir?

Y esa idea la molestó. Sólo eso faltaba. Ante ella y sus amigas, Darien era un egoísta que quería a Serena sólo para él; pero mientras la hiciera feliz, ellas estaban satisfechas.

Pero si ese principio no se cumplía, habría problemas.

Le empezó a dar frío por la lluvia. Así que no le quedó más remedio que ir a casa y después llamaría a Seiya para saber qué sucedió.

Cruzó hacia la salida y desde afuera aún alcanzaba a ver el pequeño estudio que había alquilado para la grabación del video y donde, luego de terminar, Seiya se escondió hasta que todo el mundo se fuera.

Mina había sido su cómplice y les dijo al resto de los Kou que se había sentido mal del estómago y que iría al doctor antes de regresar a casa; así que esperaba que Seiya al menos le contara si le fue bien.

Se detuvo ya afuera para ver hacia el estudio. No salían ni pasaba nada. Sin embargo, de pronto sintió que la lluvia ya no la mojaba y cuando se dio cuenta una alta figura sostenía una sombrilla para protegerla.

– ¡Kunzi! – soltó sorprendida en cuanto lo vio – Es decir, señor Kunz, Kuzite – trató de ser más formal con él dado que su última conversación no había terminado bien.

– Buenas noches señorita Mina – le saludó sin perder ese aire tan serio que lo caracterizaba pero había algo raro, no parecía tan seguro como siempre.

Le recordó a aquella vez que le reclamó por Seiya.

Seiya…

En cualquier momento saldría del estudio y tal vez acompañado de Serena. Si Kunzite ya había golpeado a Yaten por estar con ella, quién sabe qué podría hacer si viera a Seiya con la mujer de su jefe, y además tomando en cuenta que era el responsable del accidente por el que se la vivía obsesionado.

Mina lo rodeó para que él estuviera de espaldas a la reja – No debería andar por ahí de noche apareciéndole a las jovencitas. Ya sabe lo que dice el dicho: Crea fama y te sacará los ojos.

– Así no dice… – dijo entre dientes y contando hasta 10 tratando de no perder el control – Como sea, necesitamos hablar sobre lo del otro día.

Mina respiró profundamente. Era un poco frustrante ese hombre, tan apuesto y con esa terca obsesión con el mismo tema.

– Ya le dije ¿sí?

– Espera yo…

– No quiero escuchar más del asunto. YO alquilé el automóvil que chocó a Serena, pero YO no lo conducía…

– Lo sé – respondió serio – Fueron ellos, esos chicos a los que respresentas, los Three Lights ¿no?

Ella sólo asintió en silencio. No sabía qué decirle, sobre todo porque se mantenía estoico y nada sorprendido con lo que hablaban, incluso parecía no estar interesado.

– Pero Serena no quiso hacer más grande esto – continuó confrontándolo a pesar de que Kunzite parecía al margen – Así que ya deje el tema en paz por favor, ya deje de insistir con eso… ¡deje de buscarme!

– No quiero – dijo después del pequeño silencio. Aunque su respuesta no parecía confrontar ni buscar pleito; de hecho, en ese mini juego que eventualmente llevaron, Mina aprendió a conocer y reconocer algunos gestos de ese hombre, por lo que notaba que esta vez parecía nervioso.

Y a su cabeza volvieron los dichos de Yaten, en los que le insinuaba que Kunzite estaba interesado en ella de otras maneras. No pudo evitar que su corazón se acelerara. Sería perfecto que un tipo tan atractivo como Kunzi pudiera estar interesado en ella.

Casi una fantasía – pensó e hizo un esfuerzo para que sus tontas hormonas no empezaran a crear escenarios en su cabeza, como los que la habían llevado en otras ocasiones a enredarse con tipos que sólo obtenían un rato de diversión y se marchaban.

Así que tomó valor para no ceder – No mortifiques más a mi amiga, Kunzite ya olvida ese tema, por favor.

– ¡Escucha! – la interrumpió firme – No se trata de la señorita Serena ni de ese estúpido accidente, tampoco me interesa hablar de esos tal Three Lights – dio un paso hacia ella y la chica se puso nerviosa tan sólo al tenerlo tan cerca y percibir esa loción que la volvía loca – Nada de eso me interesa, sólo quiero que me escuches y me perdones por mi comportamiento.

Mina tragó saliva – ¿Qué?

– Ese accidente era mi único pretexto para acercarme a ti, de verte y hablarte… pero me he comportado como un idiota.

La rubia no podía creer lo que escuchaba: ¿Yaten tenía razón?

Se hizo un silencio. En ese momento, alcanzó a ver que la puerta del estudio se abría y Serena salía corriendo, Seiya la alcanzó y vio cómo su amiga se dejaba caer al piso. Mina no pudo evitar una expresión de sobresalto, la cual no pasó desapercibida por Kunzite que estaba a punto de girar para ver qué era lo que llamaba la atención de la rubia.

A Mina le dio miedo de que viera a Serena y Seiya juntos; así que debía evitarlo. Ella era muy bajita como para detener a un hombre tan alto como él, así que hizo lo único que se le ocurrió y puso en práctica toda su habilidad de exjugadora estrella de voleibol y saltó con maestría hacia Kunz para rodear su cuello con sus brazos y acaparar toda su atención atrapándolo con un beso.

La chica no lo pensó mucho y esperaba que, si su amiga estaba con Seiya, estaría bien. Tampoco se detuvo a reflexionar si estaba bien o no besar a Kunzite, quien se había quedado rígido como una tabla.

Sin embargo, la respuesta a esa última cuestión llegó sola cuando sintió que Kunzite correspondía el beso y no sólo eso, dejaba caer la sombrilla que los estaba amparando de la lluvia para acomodar mejor a la chica y prácticamente cargarla.

Mina debía reconocer que, pese a lo inesperado del momento, estaba siendo muy agradable, pues resultaba que el serio señor Kunz le estaba entregando el beso más apasionado que jamás había recibido.

Quién iba a imaginar que ese hombre tan estoico parecía que quería fundirse en ella a través de sus labios, que sus masculinas manos no se cansaban de recorrer su espalda (y quizá un poco más abajo), con tal de mantenerla acomodada en él, de no dejarla ir.

Y otra vez las hormonas la estaban traicionando y se estaba dejando llevar por el momento. Ya no importaba mucho, de lo único que era consciente era de él, de su embriagante aroma, su demandante boca, su masculino tacto; y que ella misma ya no encontraba cómo saciarse de él, cómo controlar el calor que sentía y la humedad de su propio cuerpo, que nada tenía que ver con la lluvia que para esas alturas ya los estaba empapando.

Pasaron unos minutos hasta que él hizo una necesaria pausa para recuperar el aliento – ¿Podemos… – dijo pausadamente sin saber cómo continuar la pregunta y mostrándole por primera vez un auténtico sonrojo.

Afortunadamente Mina no temía de decir lo que pensaba o deseaba, así que completó la frase sin tapujos – continuar en otro lugar?

Él asintió y al fin la bajó. Kunzite la tomó de la mano y la llevó a su automóvil que estaba a unos pasos de ellos; Mina apenas y alcanzó a ver que Seiya y Serena hablaban.

Tuvo el último momento de lucidez en esa larga noche para desear que esos dos estuvieran bien.

o-o-o-o-o-o-o-o

No le quedaba claro si las cosas le estaban saliendo bien o mal. Apenas se había acercado a Serena y ella había empezado a llorar y se aferraba a él como si no quisiera que se apartara.

Habían pasado varios días sin verse y realmente la extrañaba; si bien había hecho un esfuerzo por al menos llamarle de vez en cuando para preguntarle cómo estaba, no era lo mismo. Se moría de ganas de estar con ella, de verla, de escucharla.

Seiya sabia que todo eso estaba mal, porque ella estaba comprometida, pero no podía evitarlo. Estaba muy enamorado de ella y no podía quitarla de su cabeza.

Además, había reflexionado mucho lo que le habló con esa sacerdotisa y él ya estaba seguro de que lo que quería era saber si Bombón era feliz, si su amistad la hacía feliz y, lo más importante, si el tal Darien la hacía feliz.

Seiya no paraba de pensar en algunas cosas que había notado sobre Serena: que parecía estar más entusiasmada en su arte que en los planes de su prometido, que su novio parecía tenerla muy abandonada y que ella no estaba siendo honesta con ciertas cosas como su compromiso, la maternidad y sus propios planes.

Eso lo tenía muy preocupado, porque quería que ella estuviera bien, no importaba si no era a su lado.

Pero ahora lo que le preocupaba más era la reacción de la chica. Sí, él también la extrañaba pero no estaba seguro si la reacción era un poco exagerada o si algo más tenía.

– Bombón, ¿estás bien? – dijo después de unos momentos en los que dejó que se desahogara.

– Perdón – respondió separándose de él y limpiándose sus lágrimas.

– Nunca te disculpes por llorar – le soltó con sinceridad. Esa era otra de las cosas que no le cuadraban de Serena, que se disculpara por todo, como si alguien la fuera a juzgar por hacer o decir lo que quisiera.

– Es que he estado un poco presionada por varias cosas estos días y mi cabeza es un remolino, perdóname.

– De verdad, no te disculpes… Pero dime, ¿qué tienes? Sabes que puedes contarme todo lo que quieras – ella terminó de limpiarse sus lágrimas y Seiya continuó.

Una lágrima recorrió la mejilla de la chica – ¿Qué pasa Bombón?… Mira te traje estas flores que te gustaron tanto la otra vez.

– Gracias Seiya, siempre eres muy lindo conmigo, eres un gran amigo – le dedicó una pequeña sonrisa.

– Es lo menos que mereces… – y decidió insistir – Pero qué es lo que tienes.

Ella pareció dudar – Nada, sólo han sido días complicados. Pero eras tú el que quería decirme algo importante, supongo que por eso le pediste a Mina que me llamara.

Era cierto. Él quería hacerle unas preguntas sin que los interrumpieran, pero seguía sintiéndose inquieto – Mira, sé que he estado un poco ocupado y que seguramente tendré más trabajo cuando salga el disco, que tal vez tenga que irme de gira o lo que sea… Pero quiero dejarte claro que no importa lo que esté haciendo o dónde esté, siempre tendré un espacio para escucharte ¿sí? Sé que algo te pasa y… me duele un poco que no quieras decírmelo – agregó sin poder ocultar que de verdad se sentía herido.

Quizá ella lo notó y respondió – No es mi intención, perdóname… Sólo que… – Serena se quedó callada, no sabía cómo decirle que pronto se marcharía y que no sabía si volverían a verse, ni siquiera si podrían seguir platicando a la distancia.

El muchacho no soportó más y lanzó una pregunta mordaz – ¿Es por él? ¿Por Darien? ¿Él te dijo malo?

Serena dio unos pasos hacia atrás. Silencio. Y notó que de nuevo a la chica se le escapaban lágrimas y temblaba.

– ¿Bombón?

– ¿Darien? – comenzó pausadamente – No, él no me ha dicho nada malo; de hecho, no me ha dicho nada desde que se fue. Está muy ocupado haciendo sus cosas y… ¡parece que no le importo! – soltó casi como un grito desesperado.

Seiya sintió mucha rabia. Cómo se atrevía ese tipo a lastimar a Serena así, a hacerla llorar. Sin embargo, no era tiempo para ocuparse de su enojo, sino de reconfortar a la chica.

La abrazó y Serena sólo repetía – Me dejó sola, me dejó.

– No estás sola. Me tienes a mí y no importa que yo esté del otro lado del mundo, siempre estaré para ti.

No supo porqué pero esa última frase la hizo reaccionar y se volvió a apartar de él. Lo miró con sus ojos ya hinchados y rojos por llorar – No – sólo pronunció y salió corriendo del lugar.

Seiya no entendía nada; pero sin querer estaba llegando a la respuesta que buscaba: Darien no la estaba haciendo feliz, todo lo contrario, la estaba lastimando. Eso era lo único que le hacía falta saber para decirse a luchar por ella.

No dudó más e incluso dejó caer las flores que le había llevado y fue tras ella. Adentrándose en la lluvia que aquella noche colmaba.

Vio que Serena se dejaba caer como si se sintiera derrotada. No lo iba a permitir, él siempre iba a estar ahí para levantarla, apoyarla. Se acercó a ella sin importarle que se mojaría más en los charcos que ya se habían formado.

– Bombón, aquí estoy y estaré, siempre… Yo, puedo reemplazarlo, ¿me dejas reemplazarlo? – preguntó sin pensarlo mucho.

Ella lo miró por unos momentos y después la respuesta llegó tajante: – No.

Continuará…

¿Hola? ¿Siguen ahí? ¿Todos bien? Bueno, así llegamos al tan cardiaco capítulo 13. Como dije, este capítulo está conformado por varias escenas que me planteé desde el principio y me emociona por fin poder compartírselas.

¡Pasaron un montón de cosas! Primero el huevazo que le cayó a Setsuna en esa platiquita. Yo sé que había altas expectativas de esa escena pero vámonos con calma lectores, vámonos con calma. Más adelante sabremos más de ella y los resultados de esa conversación.

Por otro lado, una de mis parejitas favoritas avanzó y ya logró conectar sin ser orgullosos. Fangirlee un montón escribiendo todo ese desarrollo y todo salió como lo imaginé desde el principio, excepto porque a cierto alguien se le ocurrió besar a la sacerdotisa. Neta, no fue cosa que planeé. Y pues ya veremos cómo impactará esto con la interacción entre ese par de cabezas duras. Eso sí, aún hay un detallito entre ellos que no han hablado.

Pero la madre de todas las fangirleadas fue para mi OTP de este bello fandom. Mina es y será siempre mi consentida y, como dije previamente, no le iba a fallar. Ella va con todo con Kunzito; y es curioso, en esta ocasión el buen Zoy no le atinó sobre su amigo, no, no es mojigato. Nada, cero. #OyeQuéRico

Hubo por ahí más cositas escondidas en el capítulo pero lo que robó la atención fue nuestra protagonista que la sufrí mucho porque anda indecisa y bien confundida. Su cabeza anda volando, pensando y nos trajo a todos en un sube y baja. Pero al final, Seiya fue el más frikeado.

¿Se acuerdan de esa mítica escena del anime en la que pide reemplazarlo? Me traumó que nunca hubo una respuesta y aquí debía darla. Ya verán las consecuencias de todo esto.

En fin, espero que les siga agrandando esta lectura y recuerden: la villana aquí soy yo.

Muchas gracias por leer. Espero leernos pronto.