Y entonces… elipsis.

XIV – Después de la tormenta

Amanecía, pero no tenía muchas ganas de levantarse. Había descansado como hacía muchas semanas no lo lograba. Y es que últimamente se la pasaba todo el tiempo con la cabeza revuelta y pensando en las mil cosas que tenía que hacer.

Debía reconocer que la noche anterior había sido realmente relajante y lo suficientemente extenuante como para que al final de la jornada cayera rendida.

Por su cabeza pasaron algunas imágenes de lo que había ocurrido, de cómo había perdido por completo el control. Abrió los ojos y se encontró de frente a la razón de tanto desenfreno.

Mina no pudo evitar morderse el labio. Una versión más joven de ella misma hubiera considerado un auténtico pecado dejar pasar semejante oportunidad como esa (o mejor dicho, semejante galán como ese). Sin embargo, ya no era esa chica ingenua que pensaba que podría encontrar un buen amor entre sábanas.

Ya había aprendido a la mala que las cosas no eran así de rosas o simples. Kunzite había sido una completa locura, muy placentera pero no dejaba de ser una locura y debía recuperar sensatez.

Lo observó por un momento. Él seguía completamente dormido y roncaba ligeramente. Mina no pudo evitar sonreír un poco. Pobrecillo, estaba tan cansado; realmente había dado mucho de sí la noche anterior y ella admitía que nunca había conocido a un hombre que se mostrara tan dispuesto de seguirle el ritmo y de esforzarse hasta sentirla realmente satisfecha.

La rubia apretó los ojos y casi muerde el pedacito de sábana que él le estaba dejando. Estaba reprimiendo una risita de emoción. Sensatez o no, tenía muy claro que Kunzite era el mejor amante que había conocido y que, en solo una noche, le hizo alcanzar más de una vez cumbres que jamás había conocido con nadie.

Pero no sólo le había parecido un hombre muy apasionado. En varios momentos, lo notó galante, condescendiente, dispuesto a satisfacerla a ella antes que a él mismo, e incluso hasta tierno, cuando en más de una ocasión la besó con ternura y le agradeció por todo lo que estaba pasando, siempre refiriéndose a ella como "pequeña Mina". De hecho, cuando ambos alcanzaron el máximo placer por última vez aquella noche, le pidió se quedara con él y la abrazó para que juntos descansaran.

La chica se sentía muy confundida y no quería dejarse llevar tan rápido. Quién sabe, quizá Kunzite era como el resto de los tipos que había conocido y sólo sabía jugar mejor sus cartas o tal vez era una manera de saber más sobre el accidente de Serena.

Por eso Mina se repitió a sí misma: Cabeza fría, cabeza fría.

Así que decidió levantarse y, al menos, apartarse un poco de semejante vista que tenía junto a ella en la cama. Y es que Kunzite estaba muy dormido pero incluso así no dejaba de parecerle tan atractivo; debajo de sus acostumbrados elegantes trajes, tenía un delgado pero atlético cuerpo que complementaba muy bien a ese porte de caballero. Mina lo había notado apuesto desde el primer momento en el que lo vio pero ahora había muchas otras cosas que le gustaban de él, cosas que aquella mañana la sábana no cubría tan bien y de las que debía apartarse si es que no quería perder la cabeza de nuevo.

Se levantó lentamente para no causar alboroto. Notó que Kunz tenía en su mano su listón con el que se hacía su clásico moño rojo. No supo en qué momento lo perdió y mucho menos porqué el muchacho se aferraba a él pero ya vería después cómo se lo quitaría o se resignaría a volver a casa despeinada. Lo importante ahora era buscar su ropa.

Con la vista escaneó rápidamente la habitación. Qué torpe. Cómo se le había olvidado que no la encontraría ahí. Así que vio parte de la pijama que había estado pulcramente acomodada en el lecho y que en algún momento de la velada, había quedado desperdigada por la alfombra.

Se la puso y notó que era lo suficientemente grande para cubrirla lo necesario. Salió de la habitación casi a hurtadillas y recorrió el pasillo que la llevó a la estancia.

Mina no había notado los detalles del lugar y, aunque agradecía que no terminaran en un hotelucho por ahí, no estaba segura si se trataba de un departamento normal. Todo era muy sobrio y no había ni una sola foto en el lugar o algo que le diera ese aire hogareño.

Toque femenino es lo que le falta.

O quizás era uno de esos departamentos que los hombres tienen ex profeso para sus aventuras.

Miró la entrada y el sofá y encontró lo que buscaba. Justo ahí había empezado todo… Bueno, no exactamente.

Mina se sintió un poquito desvergonzada al recordar cómo ella y Kunz se habían comportado como dos adolescentes que apenas tienen unos segundos a solas y dan rienda suelta a su curiosidad. Si bien Kunzite había sido muy caballeroso al llevarla de la mano a su auto e incluso abrirle la puerta, cuando él abordó y sus miradas se cruzaron, toda la formalidad de nuevo se perdió entre los besos que se extendieron hasta que los vidrios del vehículo quedaron completamente empañados.

Y eso había sido lo mejor. Entre la lluvia y la poca visibilidad hacia dentro, se habían salvado de no terminar en la estación de policía por comportamiento inapropiado en vía pública.

Los dos se habían dado cuenta que se estaban excediendo y entre tanto arrebato, apenas soltaron las palabras para acordar seguir en otro lugar. Justo ahí, donde ahora estaba parada Mina, y donde ya no se contuvieron.

La chica levantó sus cosas tratando de no pensar mucho en todo lo que había pasado la noche anterior (fundamentalmente para que no se le subieran los colores y calores a la cara). Buscó el cuarto de baño para vestirse y arreglarse un poco.

Se miró en el espejo y sonrió ligeramente. Qué fantástico sería si lo que sucedió entre ella y Kunzite fuera real y no sólo un ataque de hormonas. Recordó sus palabras cuando la abordó afuera del estudio en medio de la lluvia y las flores que le envió… Él realmente le gustaba y más con las facetas que le había conocido esa noche, se preguntó si quizás habría una posibilidad…

Cabeza fría, cabeza fría.

De pronto escuchó un ruido en la habitación y luego cómo Kunz caminaba rápido por el pasillo hacia la estancia – ¿Mina? ¿Mina?

De pronto se asomó al cuarto de baño y dejó escapar un respiro de alivio – Aquí estás pequeña.

La rubia no supo qué responder. Él parecía muy agitado. Aún sostenía en su mano el listón rojo y ya se había puesto la otra mitad de la pijama que ella traía, lo cual era una suerte porque ocultaba justo lo que ella no quería ver para mantenerse con la cabeza fría.

– Sí – respondió la chica al fin – No me he ido, tienes mi listón.

Kunzite miró su mano, parecía que no se había dado cuenta – Lo siento, yo… – extendió su mano para entregárselo, hizo una pausa, respiró profundo y agregó – Discúlpame por mi comportamiento de anoche, yo… perdí el control… No quiero que pienses que soy un abusivo – evidentemente le costaba hablar y Mina lo notaba realmente sonrojado.

Ella tampoco sabía qué decir. Estaba muy confundida por lo que había pasado y cómo se estaba mostrando él – Yo también perdí el control… y no pienses que soy una chica fácil eh. Nos estuvimos frecuentando unas semanas y tú me enviaste las flores primero.

– ¿Las recibiste? En la florería me dijeron que fueron devueltas y pensé que tú no… estabas interesada – agregó en voz algo baja.

Parecía auténticamente decepcionado de que las devolvieran y Mina tuvo ganas de saltar a abrazarlo para reconfortarlo. Qué increíble conocer tantas facetas de un hombre como Kunzite en tan poco tiempo.

– En mi trabajo perdieron la tarjeta y luego no supe qué hicieron con ellas… En realidad me estaban dando una terrible alergia.

Kunzite se dio una palmada en el rostro – Qué idiota soy; perdóname, no sabía que eres alérgica.

Ella sonrió – Descuida, es de esas cosas que pocos saben… ¿Te gustaría conocer más sobre mí? – se aventuró a preguntar.

Y una nueva faceta de él se asomó en cuanto escuchó la pregunta y su rostro afligido por provocarle alergia cambió a uno casi ilusionado. Asintió.

– Muy bien. Ah, pero eso sí, no creas que es para estar sólo aquí encerrados.

– Claro – dijo él con esa firmeza que lo caracterizaba y se acercó a ella con esa seductora seriedad – No me gustan las cosas a medias tintas, tampoco soy un muchachito que no sabe lo que quiere.

La atrajo hacia ella tratando de mostrar seguridad, pero Mina sintió que estaba nervioso, mientras ella tomaba todas sus fuerzas para no perder el control de nuevo – No quiero que pienses que sólo me interesas para pasar el rato… – tragó saliva – Me gustas y quisiera salir contigo formalmente.

Mina abrió los ojos como platos. Sin duda, lo que había pasado entre ellos en la noche anterior había sido una completa fantasía, pero no negaba que su fantasía más grande era encontrar a un hombre que no dudara en entablar algo serio.

– ¿De verdad? – pudo apenas articular – ¿Como una novia?

– Si tú quieres, claro. Me gusta el orden y darle a todo su lugar; no quiero que seas mi amiguita de ocasión, quiero darte el lugar importante que mereces en mi vida.

La rubia no pudo evitar soltar un "¡Sí!" eufórico y, utilizando la misma técnica que la noche anterior, saltó hacia él para besarlo. De nuevo fue sorpresivo pero bien recibido.

– ¡Es increíble! – dijo aún colgada de su cuello – Ay esto va a ser genial Kunzi.

– ¿Kunzi? – preguntó frunciendo el entrecejo.

– Ya sé, ya sé: "No me llamo así" – comentó imitando su masculina voz – Pero anoche no te quejaste – dijo molestándolo un poquito, pues ambos tenían claro que, efectivamente, se lo susurró muchas veces al oído casi en suspiros.

– Es que pensé que era el señor Kunz – replicó muy rojo – Pero será como tú desees y sólo te lo permitiré a ti.

La bajó y recuperó su aire serio – Ahora, dime ¿quieres que te invite a algún lugar a desayunar o prefieres que te lleve a tu casa?

– Tengo un poco de hambre y no creo que mis papás estén muy preocupados porque no llegué – agregó casi con una risita.

– ¿Vives con tus padres? – ella asintió – Creo que lo mejor será que me presente con ellos y me disculpe.

– ¡No! Es decir, creo que complicaríamos más las cosas y no me gustaría que empezaras mal con ellos. Les diré que me quedé con una amiga, quizá con Serena, sabían que me iba a ver con ella – y de pronto recordó – ¡Ay por dios, Serena!

– ¿La señorita Tsukino? ¿Pasa algo con ella?

– Sí, no… es decir… – no sabía cómo decirle que la había dejado para que tuviera un encuentro con Seiya Kou.

Kunzite respiró profundamente – ¿Es algo malo o está en peligro? – la rubia negó con la cabeza, segura de que, con Seiya, no debía haber problema – Bien. Mira Mina, no quiero que lo nuestro empiece mal o se manche con asuntos que no son nuestros. No quiero meterme en la relación de Darien Chiba y su novia, no quiero que nuestras opiniones sobre cómo se llevan sean tema de conversación entre nosotros, tampoco me interesa saber los detalles de la cercanía de la señorita Serena con ese cantante Seiya Kou.

– ¿Cómo lo…?

– Sólo lo sé – completó – Lo que sí aclaro es que Darien es mi jefe y amigo; y si hay algo que esté pasando y que él deba saber, me gustaría que me lo contaras.

Mina pensó un momento. Seiya y Serena sólo eran amigos. Si bien él se había dicho enamorado de ella, había una gran distancia de que ella correspondiera. Conocía a su amiga y, por mucho, ella jamás haría algo tan bajo como traicionar a Darien.

– No hay nada que decir – dijo con firmeza. Ella lo entendía, Kunzite ya se lo había dicho, le gustaba que todo estuviera en su lugar. Ella respetaba eso y creía que lo mejor era no seguir enredando las cosas.

– Bien. Permíteme alistarme para invitarte a desayunar y conversar un rato antes de ir a la oficina – respondió Kunzite. Se adentró en el cuarto de baño hacia la ducha y sin timidez, se deshizo de la única prenda que traía. Abrió la llave del agua y la miró – ¿No vienes pequeña?

La rubia no lo pensó mucho. Ese hombre materializaba todo lo que había buscado por años y ahí estaba, sólo para ella.

Todo gracias a Serena.

Y al pensar en su amiga, deseó que estuviera bien. Tenía que estarlo al lado de Seiya. Eso sí, como amigos porque no podía haber más. Su amiga tenía a Darien, se iban a casar y ella se marcharía al extranjero con él.

Serena jamás haría cosas tan locas como ella e irse a pasar la noche al departamento de un chico que no era su novio ¿cierto?

Mina no tuvo cabeza para seguir pensando en ello, la cercanía, el tacto, las miradas, todo entre ella y Kunzite invitaban a que de nuevo las cosas se salieran de control.

o-o-o-o-o-o-o-o

Abrazó la almohada aún sin abrir los ojos. No sabía bien a qué olía pero era un aroma relajante, muy relajante.

¿Qué era? No era nuevo pero algo raro para una almohada. Y más dormida que despierta pensó: Mis almohadas no huelen tan rico…

¿Sus almohadas? Exacto, ni en casa de sus padres, ni en el departamento con Darien. Y entonces abrió los ojos. ¿Dónde estaba?

Era una habitación pequeña y sólo miró a un lado para tener la respuesta. Junto a la cama descansaba una vieja guitarra: Seiya.

Sonrió. Su amigo había sido increíble con ella la noche anterior. Serena reconocía que había cosas que no tenía muy claras de lo que pasó, pero estaba segura que él la había cuidado.

Ella se había sentido muy mal por varios días. Darien, su arte, el viaje, la maternidad y un largo etcétera, la mantenían como una olla de presión que necesitaba explotar y esa explosión la estuvo reteniendo ante Rei y Mina. Sólo con Seiya había sido capaz de desahogarse un poco.

¿Por qué? Quizá porque justo él también era un detonante de esa explosión. De pronto no soportó la idea de alejarse de él y todo lo que estaba representando en su vida.

Se incorporó un poco y suspiró sin dejar de abrazar la almohada. Estaba muy confundida por todo lo que estaba pasando, sobre todo por Darien, pues seguía diciéndose a sí misma que él no era así y que todo era un malentendido.

Sin embargo, ir con él y aclarar todo representaba ya no ver a Seiya y no trabajar en su arte.

Qué complicado era todo.

Miró en la mesita de junto tratando de distraer un poco a la mente. Había una libreta y la comenzó a hojear. Tenía unos símbolos que ella no sabía leer pero sabía que había visto en las clases de música en la escuela (ella los llamaba "garabatos musicales") y también había algunas anotaciones con letra irregular, que suponía eran letras de canciones.

Sonrió. El trabajo de Seiya parecía fascinante. Era increíble cómo podía transmitir tantas cosas con una canción, alegrar a sus fans con algo de su inspiración.

Era algo muy propio de él: compartir y alegrar. Ella lo tenía muy claro. No olvidaba que la noche anterior él estuvo con ella hasta que sintió que sus ojos ya no podían sacar más lágrimas e incluso le entregó su saco para que no se mojara en la lluvia.

Serena recordaba poco, había estado muy alterada y confundida, pero le agradeció en silencio cuando se ofreció a llevarla a un lugar donde estaría más tranquila. Fue lo mejor, la chica sabía que no hubiera tenido el valor de explicar a sus padres o a sus amigas, la razón de su estado; mucho menos de estar sola en el departamento de Darien.

Incluso agradecía que, una vez que llegaron a lo que suponía es su casa, los hermanos de Seiya no les cuestionaran nada y, al contrario, también se mostraran preocupados y le ayudaran.

La chica pasó las hojas de la libreta hasta que vio una página que decía "Princesa de la Luna" y le seguía otro montón de "garabatos musicales".

Una canción.

Y empezó a pensar qué clase de canción sería. Muy bonita, probablemente, y un seguro éxito para los Three Lights. Le gustaba escuchar "Search for your love" y estaba segura que Seiya escribía otras canciones igual de buenas.

Es un chico único, muy especial.

Cierto. Y por eso no sabía porqué él le preguntó si podía reemplazar a Darien. Serena no entendió la pregunta y la respuesta había salido instintivamente: No.

Claro, Seiya no podía reemplazar a Darien de ninguna manera porque ellos eran muy diferentes y la hacían sentir diferente. Seiya no necesitaba reemplazar a nadie porque él ya tenía su propio espacio en su vida.

¿O a qué se refería?

De pronto escuchó un ruido afuera, parecía que alguien se aproximaba. Serena dejó la libreta donde estaba. Llamaron a la puerta – Adelante.

– Hola Bombón, buenos días… ¿Te sientes mejor?

o-o-o-o-o-o-o-o

Su espalda le dolía y en realidad no durmió bien. Se había quedado toda la noche sentado en uno de los sillones del departamento. Y no es que no estuviera acostumbrado a dormir en un lugar o posición incómoda, sino que su cabeza le dio vueltas toda la noche.

Ese "no" como respuesta a su pregunta había sido casi tan doloroso como el rechazo de Kakyuu y le había costado mucho trabajo mantenerse y no quebrarse ahí mismo porque, ante todo, quería que ella estuviera bien y al menos en ese momento no parecía estarlo.

En medio de la lluvia, se quitó el saco para protegerla y le dio unos minutos para que se desahogara más si lo necesitaba.

– Será mejor que te lleve a un lugar donde estés más tranquila – le dijo cuando por fin lo consideró prudente.

Ella asintió y él le pidió la esperara un momento. Regresó rápido al foro y recogió las cosas de Serena (incluyendo las flores). Cerró y se reunió con ella para irse juntos caminando en la lluvia que de momentos era más débil.

Caminaron en silencio y él todo el tiempo la protegió con la sombrilla de la chica. En cuánto llegaron a casa, Yaten y Taiki estaban esperándolo y justo cuando iban a reclamarle por no avisar dónde se había metido, lo vieron completamente empapado y acompañado de Serena.

– Voy por unas toallas – fue lo primero que dijo Taiki y Yaten les quitó las cosas que traían en la mano para ponerlas a secar.

Serena temblaba y apenas soltó un "Gracias" muy por lo bajo cuando Taiki regresó con la toalla. Incluso Yaten sugirió que se cambiaran la ropa y fue a buscar algo de él para Serena (lo lógico, siendo el más bajito de los tres, le quedaría mejor) e incluso entró a la habitación de Seiya por ropa para él.

Seiya le indicó a la rubia dónde era su habitación y le dijo que se cambiara y descansara. En ese momento, pensó que le caería una nueva lluvia pero ahora de regaños y cuestionamientos.

No obstante, Taiki sólo le dijo: Tú también cámbiate en mi habitación y ve a descansar.

Seiya lo cumplió a medias y bajó a la estancia para agradecerle a sus hermanos – Por ahora descansa, ya es tarde – le había insistido su hermano mayor.

El menor de los Kou tomó asiento en un sillón y dijo que lo correcto era que él se quedara ahí; sin embargo, sus hermanos nunca lo dejaban solo y así como no pidieron explicaciones, tampoco las dieron y se acomodaron en los otro sillones.

Se quedaron dormidos, pero Seiya sólo fingía hacerlo y cerraba sus ojos para pensar. Era obvio que Serena y su novio no estaban bien; y aunque estaba furioso de que ese tipo la hiciera llorar así, lo importante era que quizá había una pequeña posibilidad para él.

¿Y ese "no"?

Era cierto. Ella no había aceptado que reemplazara a su novio, pero tampoco le había pedido que se apartara, al contrario, le había permitido cuidar de ella y no objetó que la llevara a su casa, ni que ahora ella estuviera descansando en su cama.

¿Y entonces? – se cuestionó. Quizá había hecho la pregunta en un momento inadecuado, o tal vez la pregunta incorrecta – Quién querría literalmente reemplazar a un tipo que no trata a Bombón como merece.

Como sea, esa noche habían pasado dos cosas importantes: la primera era que ya tenía la respuesta que quería, ese tal Darien no estaba haciendo muy feliz a Serena (o al menos eso parecía); la segunda era que si bien Bombón lo había rechazado, ésta vez no cometería el mismo error que con Kakyuu y al menos le preguntaría por qué.

Cuando menos se dio cuenta ya había amanecido y Taiki comenzó a despertarse y estirarse, quizá un poco incómodo por quedarse en el sillón.

Seiya les agradecía mucho a sus hermanos por haberse quedado con él. Sabía que estaban muy preocupados, quizás hasta molestos por lo que estaba pasando con Bombón, pero eso no impidió que lo apoyaran y hasta ayudaran a su amiga.

– ¿Qué hora es? – preguntó Yaten casi dormido y estirándose.

– No sé – respondió Taiki en un bostezo – Ya amaneció.

– Buenos días – les saludó.

– No dormiste nada ¿cierto? – preguntó Yaten al verlo tan despierto.

– Un poco – reconoció – Gracias chicos.

– Descuida, ella es muy importante para ti ¿cierto? – dijo Taiki, Seiya asintió y su hermano agregó – Si es importante para ti, lo es para nosotros.

– Seiya, hablé con Mina y me dijo que esa chica…

– Lo sé – interrumpió – Sé cuál es mi actual lugar con ella. Escuchen, sé que nunca hemos hablado de esto abiertamente, pero es más que obvio – respiró profundamente – Amaba a Kakyuu, y no como hermanos; me dolió perderla como no tienen una idea y, por ahora, mi consuelo es Bombón y que ella sea feliz. ¿Lo entienden?

– ¿Y tú estás bien? – preguntó Taiki.

Seiya asintió y su hermano devolvió el gesto en señal de apoyo. Miró a Yaten que estaba aún con una expresión seria.

– Si te lastima, nunca se lo perdonaré – dijo el ojiverde cruzando sus brazos y mirando hacia otro lado.

Esa era su manera de ser y Seiya lo entendía e incluso lo valoraba, ambos a su manera estaban mostrando su apoyo en ese asunto sin cuestionarle muchas cosas, lo que reflejaba que también confiaban en su criterio.

– Ayer tuvo una crisis nerviosa y no pude dejarla sola – explicó – Gracias por permitir que se quedara.

– Descuida – insistió Taiki – No parece una mala chica y supongo que por algo estás interesado en ella. Anda, ve a ver cómo sigue.

Seiya se puso de pie – Pero no te encierres con ella, deja la puerta abierta – le indicó Yaten, quien fue fulminado por el mayor de los Kou con una mirada – Yo sólo decía.

Seiya subió a su habitación aún escuchando cómo Taiki regañaba a su hermano, al decirle que no todos tenían la mente tan turbia como él.

El muchacho sonrió. Adoraba a sus hermanos.

Llamó a la puerta un poco nervioso pero decidido a ser más claro con Serena; claro, sin incomodarla y considerando que ella tiene una relación formal.

o-o-o-o-o-o-o-o

Realmente le alegró verlo después de toda la ayuda que le dio la noche anterior y que escuchara lo que dijo. Quizá habló de más pero se sintió algo bien al por fin decir en voz alta que sentía que Darien la estaba abandonando al mantener una comunicación tan sosa.

– Sí. Muchas gracias por todo. Me da mucha pena con las atenciones que tuvieron tus hermanos. Les debo una disculpa.

Él cerró la puerta y se acercó a ella – No tienes que disculparte. Son buenos chicos y habrían ayudado a cualquiera que lo necesitara.

– Deben ser buenos chicos si son tus hermanos – le sonrió – Al menos a Taiki ya lo conocía, pero me sí me da mucha vergüenza con Yaten por la pésima primera impresión.

– ¿Conocías a Taiki?

– Sí, fue a agradecerme por el arte del disco. Fue muy amable de su parte ir personalmente.

– Ya veo – dijo Seiya visiblemente confundido, parecía que no sabía que su hermano fue a presentarse con ella. Sólo esperaba no haber cometido una indiscreción.

– A ti también te debo una disculpa – dijo – Ayer actué como una tonta, contándote puras tonterías.

– No, no, no. Sabes que siempre estaré para escucharte y nada que te afecte es una tontería – dijo sentándose con ella en la cama – Dime, ¿cómo puedo ayudarte?

Ni ella misma lo sabía y no tenía muchas ganas de volver a romperse la cabeza con los mismos temas que la hicieron colapsar la noche anterior, así que decidió darle un poco la vuelta al asunto – De qué hablas, ayer hiciste más de una pregunta y es mi turno de preguntarte algo. Es nuestro acuerdo.

Él sonrió más relajado. Era cierto, parte de su dinámica se basaba en ese pequeño juego de preguntas entre ellos para saber más uno del otro.

– Está bien – suspiró – Lanza tu pregunta.

En realidad no tenía una pregunta planeada, sólo quería cambiar de tema; pero miró a un lado y recordó la libreta – ¿Qué es "Princesa de la Luna"?

Seiya dirigió la vista a donde ella miró – Ya veo. Alguien curioseó en mis anotaciones – dijo en tono juguetón, Serena se alegró de no haber cometido una indiscreción – Podría responder que es el cuento favorito que te leía tu mamá o podría llamar a un abogado porque se está filtrando mi música.

Ambos se sonrieron hasta que él respondió – Es una canción que escribí hace poco. Es muy especial.

– ¿Puedo escucharla? – pidió y parecía que Seiya no pudo resistirse a la petición.

El muchacho tomó su guitarra, la acomodó y revisó que estuviera afinada. Sonrió algo nervioso y cerró los ojos para concentrarse. Serena se preguntó si siempre se ponía nervioso al tocar una canción o por qué ese gesto.

Empezó a tocar un acorde lento, suave. Y comenzó a cantar. La rubia nunca había visto una presentación de los Three Lights y no sabía que Seiya cantara tan bien en vivo.

Su canción era hermosa. Hablaba de un corazón muy herido que se sentía incapaz de volver a sentir algo por una persona especial, hasta que conoció a una mujer con un brillo especial en su estrella, que lo cautivaba a tal grado que parecía irreal, como salida de un cuento, era como "La Princesa de la Luna". La letra decía que aunque al principio se había sentido inseguro, había decidido seguir a su corazón porque esa mujer tenía un brillo especial, era realmente espectacular y única, porque realmente se había enamorado de ella.

Serena no sólo escuchaba la canción, Seiya realmente lograba transmitir un sentimiento auténtico y le llegaba hasta el corazón a la chica. Cuando terminó, el muchacho suspiró.

– ¡Wow! Es una canción hermosa – dijo y él por fin la miró.

– ¿Lo crees?

– Sí, ¿será parte de su disco? Sus fans la van a adorar.

– No. En realidad es la primera vez que alguien la escucha.

– ¿Qué? ¿Por qué? Es una hermosa canción de amor.

– Lo es – reconoció y mirándola a los ojos agregó – La hice para ti.

Ambos se quedaron callados mirándose fijamente.

o-o-o-o-o-o-o-o

Cualquiera pensaría que era una mañana común. Había dormido muy bien, había un clima fresco y la lluvia había dejado ese agradable olor a tierra mojada que se colaba desde los jardines del templo hasta su habitación.

Todo era normal, todo era tranquilo. Excepto por una cosa. Rei pasó suavemente una de sus manos por sus labios, como si pudiera aún encontrar un rastro del beso que la noche anterior le robaron.

A pesar de llevar semanas indiferente, Jedite había sido muy atento con ella la tarde y noche anterior, la había escuchado con atención e incluso le había confesado que la entendía porque su familia también le había impuesto una forma de vida.

Y aunque dijo que ya no lo molestaría con preguntas sobre si había algo que ocultaba, no podía evitar pensar qué clase de pasado tendría Jedite. Él era un muchacho que se mostraba muy educado, simpático con las personas y sabía mucho sobre labores domésticas.

¿De dónde viene? ¿Qué espera para su futuro? ¿Qué pensará cada noche antes de dormir? – se preguntó y se sorprendió de sí misma al estar pensando así de él.

Ella no era la clase de chicas que pensara en muchachos. Rei había asistido toda su vida a escuelas exclusivas para mujeres y pasaba gran parte de su tiempo en actividades extraescolares, básicamente para convertirse en toda una ama de casa y una dama de sociedad; el resto de sus días los dedicaba al templo y ayudar a su abuelo. Fue hasta que conoció a Serena y compañía que comenzó a tener una vida social activa.

Incluso fue en esa época, y gracias a la influencia de sus amigas, que empezó a conocer y pensar en chicos. Darien había sido su primer interés amoroso (aunque fue muy superficial y fugaz) y después había conocido a Nicolas, quien siempre se puso a sus pies y se mostraba dispuesto a lo que ella quisiera (al menos así fue al principio).

Rei agradecía a Nicolas por su compañía y por la oportunidad de explorar muchas nuevas experiencias a través de él, pero nunca lo quiso como él esperaba; era guapo y algo lindo pero en realidad no le gustaba.

En cambio Jedite tenía un aire muy diferente. Empezando porque no se puso inmediatamente a su disposición y, todo lo contrario, parecía empeñado en ignorarla; sin embargo, el día anterior se dio cuenta que no era por ser grosero, quizá porque no sabía cómo abordar esa tensión que existía entre ellos desde el principio.

Era lógico. Los dos eran jóvenes solteros y que parecían casi de la misma edad, definitivamente vivir bajo el mismo techo podría prestarse a toda clase de situaciones. Ella reconocía que Jedite era muy atractivo en muchas maneras (vaya, lo vio saliendo de la ducha), así que tal vez él había sido muy perspicaz al poner distancia y no dejar que se acercaran de más.

Pero para Rei ya no sólo se trataba de algún arranque hormonal, ella realmente sintió ese beso cálido, tierno y sincero. Nada que ver con los contactos vacíos que llegó a tener con Nicolas o con cualquier cita esporádica que Mina le presentara. Jedite era especial.

Rei se puso roja. Sí, al saberse tan hosca y fría en su forma de ser, le costaba trabajo reconocer que Jedite le gustaba y le agradecía mucho que él pusiera distancia por un tiempo para que, cuando lograran conectarse, no fuera de una manera tan burda como con Nicolas.

Pero había algo que no terminaba de cuadrar. Jedite la besó y le pidió guardara ese secreto: ¿Qué significa eso?

Quizás él no está seguro porque ella siempre era hosca en su trato o era un chico que le gustaba llevar las cosas con calma.

O realmente oculta algo – pensó y esa idea le molestó; ese sería el colmo, que por fin conocía a un chico que le gustaba y él parecía interesado, pero que resultara ser un mentiroso.

Se levantó y se cambió. Salió de la habitación e inmediatamente se sintió cautivada por el delicioso aroma que provenía de la cocina. Se dirigió ahí y su molestia disminuyó en cuanto encontró a Jedite terminando de preparar el desayuno.

– Buenos días – le saludó por primera vez con esa sonrisa encantadora que no le había mostrado a ella – Siéntate, en un momento te sirvo.

Ella lo hizo mecánicamente y él puso frente a ella los ya favoritos huevos benedictinos – El otro día me pareció que te gustaron mucho así que me levanté temprano para prepararlos – explicó.

– No era necesario que…

– Ayer no te sentías muy bien y pensé que te alegrarían.

– Hiciste demasiado al escucharme y… – darme ese reconfortante beso, completó en su cabeza.

– ¿De qué hablas? – dijo acercándose con el pretexto de servirle un poco de jugo y agregó muy por lo bajo, acercando su rostro – Me parece que alguien no sabe guardar secretos – le sonrió en señal de que el comentario no era un reclamo, sino que era amistoso.

Se sentó para acompañarla y desayunar juntos – Bueno Jedito, a veces los secretos tienden a salir a la luz.

– ¿Tú quisieras que uno de esos saliera a la luz? – preguntó interrumpiendo su bocado y mirándola a los ojos.

Ella sabía a cuál se refería, así que se encogió de hombros – No me molestaría. No lo haces mal.

Él sonrió y se puso algo rojo. Estiró su mano y la pusó en la de ella – Sólo dame un poco de tiempo para ordenar unas cosas ¿sí? – parecía muy serio y ella asintió – Gracias.

– Buenos días – interrumpió el abuelo de Rei y Jedite inmediatamente rompió el contacto.

Lo saludó y anunció que le serviría. Le guiñó el ojo y le dedicó una fugaz sonrisa de complicidad a Rei, para luego ponerse a trabajar.

La chica entablada una rutinaria charla con su abuelo sobre si había descansado bien y el clima de esa mañana, pero de reojo miraba a Jedite. La chica se preguntó si su abuelo alcanzó a ver que el muchacho le tomaba la mano o si se le hacía extraño que de la nada ellos ya se llevaban mejor; si con Nicolas notó algo y si eso le molestaba. En su momento, a Rei no le interesó, pero ahora sí le gustaría saber lo que su abuelo pensaría si ella entablaba una especie de la relación con el nuevo ayudante del templo.

Y antes de seguir pensando en ello, su teléfono móvil comenzó a sonar como loco. De repente estaban llegando un montón de mensajes.

– ¿Qué pasa? – se extrañó su abuelo.

Ella miró la pantalla – No lo sé. Creo que Mina se volvió loca – su amiga estaba escribiendo en el grupo que tenían las cuatro amigas (sólo Serena faltaba porque su teléfono era como del siglo pasado).

Rei no pudo evitar una pequeña expresión de sorpresa – Vaya, con razón llovió ayer de la nada; Mina está contándonos que tiene novio formal.

– ¿La señorita Aino? – preguntó su abuelo, que conocía desde hacía años a sus amigas, a las que ella consideraba como hermanas.

– Sí, mira. Hasta nos ha mandado una foto con él, dice que la invitó a desayunar – le dio el teléfono a su abuelo con la imagen de su rubia amiga acompañada de un muchacho que parecía muy serio pero algo sonrojado.

– Ya veo, me alegro mucho por ella. Tus amigas son buenas chicas – y como si Jedite supiera de qué o quién estaban hablando, le mostró al chico la imagen en su teléfono.

La respuesta fue inesperada, Jedite casi escupe su jugo. Tosió un poco para recuperarse. Su abuelo le preguntó si estaba bien y él excusó que no había pasado bien su bebida.

No obstante a Rei no le pasó por alto la reacción y arqueó la ceja: ¿Y ahora qué Jedito?

o-o-o-o-o-o-o-o

No recordaba cuándo fue la última vez que había dormido con una sonrisa en los labios.

¡Al fin la había besado! Y ese breve beso había sido millones de veces más satisfactorio que esas insulsas fantasías que tenía con ella.

La razón era una sola. Para él, ya no era la chica con la que sus padres querían casarlo, muy atractiva, pero completamente ajena a él. Ahora sabía que Rei era una mujer muy fuerte, que ocultaba un gran corazón. Además, ambos coincidían en que renegaban de su destino y obligaciones impuestas por sus padres; aunque ella se había rebelado mucho antes que él (el hecho de que viviera en el templo con su abuelo, era muestra de ello).

Jedite ya no sentía tanta culpa por sentirse tan atraído a ella. Al contrario, ahora Rei le gustaba más y no sólo por su belleza física.

Sin embargo, despertó con dos problemas en la mente. El primero era que debía aprender a controlar sus estúpidos impulsos. Desde la primera vez que la vio, Rei le pareció muy atractiva y tenerla tan cerca no ayudaba nada; la tensión entre ellos lo tenía envuelto en una serie de ideas nada apropiadas.

Pero sus ideas de adolescente eran lo de menos. Había un problema mayor: Rei no sabía que él es su prometido, no sabía que se conocieron porque él estaba siguiendo a Serena Tsukino y no sabía que era empleado y amigo de Darien Chiba, a quien declaró abiertamente odiar.

No quería amargarse con eso, prefería disfrutar un poquito de la nueva cercanía que tenía con Rei. Se levantó para preparar un desayuno especial para ella y mientras lo hacía la pasó pensando si la receta le gustaba o al menos se acercaba un poco a lo que significaba para ella el sazón de su mamá.

Cuando Rei llegó a la cocina, tuvo que aguantar las ganas de volver a besarla, de decirle que ese gesto de la noche anterior había sido auténtico y no sólo un arranque. Le gustaba.

Y todo parecía marchar bien, aun cuando el abuelo de Rei quizá los alcanzó a ver tomados de la mano, pero fue hasta que la chica empezó a hablar de una de sus amigas y le mostró una foto a su abuelo, que la realidad le dio otro golpe.

Casi escupe su jugo y ya no supo si fue por el brutal recordatorio de que, además de Darien, más amigos suyos se estaban relacionando con las amigas de Rei; o si fue por ver ni más ni menos que al más discreto de ellos con novia nueva.

– ¿Seguro estás bien? – insistió el viejo – Sí, solo fui un poco torpe – tosió y miró a Rei que definitivamente no se tragaba ese cuento.

La expresión de la chica le dio un poco de temor, no sólo de que lo invadiera con preguntas, sino que se molestara por no ser sincero; pero lo más importante, es que le dio miedo perderla.

– Yo… Bueno… Ella es la chica que vino el otro día con tus otras amigas ¿no? – trató de continuar la conversación lo más normal que pudo. Esa rubia fue la que comenzó a hacerle la plática cuando fueron a visitar a Rei.

Y ahora que lo pensaba, no se imaginaba a una jovencita así como novia de Kunzite, quien había insistido en que no se involucraran con las amigas de Serena Tsukino.

Y la sola idea le causó una sonrisa traviesa que tampoco pasó desapercibida por Rei.

– Sí, es ella – dijo la chica algo seria.

– Me pareció muy linda y agradable. Es bueno que tenga novio ¿no?

– Lo es – terció el abuelo de Rei – Si me disculpan, vuelvo en un momento.

Salió de ahí y escucharon que se dirigió al baño; situación que Rei aprovechó para cuestionarle – ¿A ti qué te pasa?

– ¿De qué?

– Con que mi amiga tenga novio.

En principio Jedite no entendió pero luego tuvo una leve sospecha: ¿Rei estaba celosa? No había motivos, pero tampoco podía explicarle aún cuáles eran las razones de su reacción. Eso sí, sabía que Rei era una chica de fuego y cualquier error podría causar una explosión en ella, y él no quería hacerla rabiar cuando apenas estaban empezando a acercarse.

Agudizó el oído para asegurarse de que su abuelo aún no saliera del cuarto de baño. Se inclinó un poco hacia ella y volvió a reanudar el contacto con ella poniendo de nuevo su mano sobre la de la chica.

– No es nada con ella. Sólo me preguntaba si algún día te gustaría salir con ella y con el resto de tus amigas en pareja, sería muy divertido ¿no crees?

– No te adelantes a los hechos Jedito, yo no he aceptado nada – le dijo algo indiferente.

– Es que aún no te he propuesto nada – bromeó un poco y ella se volteó para no ceder tan fácil a su sonrisa. Él sabía que era muy misterioso para Rei y que no estaba siendo claro en sus intenciones, y no podía serlo hasta que pusiera orden en sus cosas, así que agregó – Sólo te diré que en este momento eres la única para mí, ¿me entiendes?

Ella al fin lo volvió a mirar y él se sintió cautivado al notar que había logrado que se sonrojara un poco con sus palabras – Me vas a decir que "Don Galán Carismático" no tiene una fila de chicas detrás de él.

– Si esa es tu forma de decir que soy un buen partido, me halagas; pero no sé ni me importa si hay otras – finalizó y se acercó a ella sin poder resistirse mucho a besarla de nuevo y con el corazón lleno al notar que ella también se inclinaba hacia él para concretar ese contacto.

Estaban a nada de sellar ese roce de labios cuando escucharon que su abuelo ya regresaba, así que se reacomodaron y fingieron que no estaba pasando nada.

– Listo, disculpen – miró a su nieta – Qué sucede Rei, estás muy roja.

– Ah – intervino Jedite – Le decía que el nuevo novio de su amiga parece un buen tipo y si no le gustaría a ella conocer a un buen partido como él.

Inmediatamente Rei lo fulminó con la mirada, pero fue su abuelo quien respondió – Muchacho, mi niña sabe que es muy especial y no es sencillo que un hombre entre en su vida. Hay que ser muy perseverante y paciente – le dio una palmada en el hombro.

Jedite le sonrió y siguieron desayunando los tres, platicando de todo y de nada. Y sin bien estaba disfrutando por primera vez en su vida de una charla cotidiana "en familia", sólo pensaba en que él sería todo lo perseverante y paciente que se requiriera para poder estar en la vida de Rei.

Eso sí, primero tenía que resolver ciertos problemitas.

o-o-o-o-o-o-o-o

– Ya tardó – dijo Yaten por millonésima vez. La noche anterior se había quejado por largo rato de que Seiya no aparecía y ahora volvía a traer la frase sólo porque su hermanito llevaba unos minutos a puerta cerrada con esa chica.

Taiki lo entendía, también estaba preocupado. Yaten le había contado que Mina le había dicho que la tal Serena tenía novio y que pensaba irse con él; pero su manger había insistido en que sólo eran amigos.

Seiya ya les había dicho que ya sabía eso y que estaba consciente del lugar que ocupa en la vida de Serena; también había tenido la oportunidad de conocerla y no parecía una mala persona. Así que a Taiki no le quedaba más que confiar en ambos, especialmente en Seiya y su criterio.

– ¿A dónde vas? – preguntó cuando vio a Yaten subir las escaleras hacia la habitación de Seiya.

– No está bien que se encierren en el cuarto – respondió sin detenerse y Taiki lo siguió para evitar algún altercado.

La verdad era que de tantas cosas, "esa" era la que menos le preocupaba. Sabía que Yaten había salido con varias chicas y con alguna que otra fue lo suficiente formal como para lograr algo más; no lo juzgaba, él también ya tenía algo de experiencia. No obstante Seiya había consagrado gran parte de su vida a Kakyuu y nunca se hubiera atrevido a nada con otra chica sólo porque sí. Así que no había razón para ponerse histéricos de que llevara 10 minutos con una chica en su habitación. Su hermanito era un muchacho inocente.

Taiki se adelantó y fue el primero en llegar para llamar a la puerta. Tal y como lo supuso, Seiya y Serena sólo estaban platicando, incluso parecía que su hermano había tocado la guitarra un poco. Pero había algo raro, ambos se veían desconcertados.

– Siento interrumpir – se disculpó Taiki y se acercó a la pareja – ¿Cómo te sientes? – le preguntó a Serena.

– Mejor – respondió tratando de sonreír; parecía un poco incómoda y se preguntó qué estarían hablando esos dos y qué había pasado para que llegaran en medio de la lluvia, ella visiblemente había llorado y Seiya cargaba un ramo de rosas.

– Qué bueno. Anden, vamos a desayunar – Yaten parecía que iba a reclamar por actuar así con amabilidad ante esa chica que tenía bastante alterado al menor de los Kou.

Seiya se puso de pie y habló con un tono efusivo muy marcado, como si quisiera romper la tensión en la situación – Oye, hay un lugar de pasteles muy ricos aquí cerca; seguro a Bombón le encantarán.

– No debes desayunar postres, ya lo sabes – lo reprendió Taiki.

– Sólo por hoy ¿sí? Nunca habíamos tenido una invitada.

Respiró profundamente – Está bien. Yaten, ¿podrías ayudarnos con eso?

Su hermano se quejó por que lo estaban mandando por un complemento para el desayuno, pero se zafó hábilmente diciendo que no sabría que le gustaría a su invitada y obligando a Seiya a acompañarlo. Taiki no objetó ese era el momento para tener unos minutos para hablar con la señorita Serena e indagar sobre sus intenciones con Seiya.

Bajaron a la estancia y, cuando sus hermanos menores se marcharon, Taiki notó que Seiya y Serena cruzaron por un momento la mirada, fue fugaz porque ella no pudo sostenérsela y agachó la cabeza.

Tenía mucha curiosidad de saber qué era lo que estaba pasando entre ellos y era momento de preguntar directamente. Sin embargo, no esperaba lo que sucedió.

En cuanto se fueron, carraspeó para llamar la atención de su invitada y ella lo miró – No tardarán mucho, te lo aseguro. Es un lugar muy cerca.

– Oh, ya veo.

– Quisiera preguntarte algo antes de que regresen y quisiera que se quede entre nosotros.

La chica asintió y empezó a hablar – Me imagino de qué se trata y siento decepcionarte porque no tengo la respuesta que buscas.

Él arqueó la ceja y la chica continuó – Realmente no conozco muy bien a Setsuna Meiou.

Taiki rió nervioso. Setsuna Meiou. Decir que no había pensado en ella en los últimos días sería pecar de mentiroso, la verdad es que sí había pensado mucho en ella, incluso cuando se ponía escribir alguna nueva letra o dedicaba tiempo a su poesía. No era algo que lo tuviera tan atolondrado como a su hermano, pero reconocía que la tenía muy presente.

Incluso había buscado oportunidades para preguntarle a Seiya o a Mina si la conocían, pero le ganaba la pena de escucharse como un tonto. El comentario de Serena Tsukino lo tomaba por sorpresa pero le caía como anillo al dedo.

– Perdóname por entrometerme pero noté "algo" el otro día y… bueno, lo que sí puedo decir es que me parece una gran mujer y tú, siendo hermano de Seiya, debes ser un gran chico.

Taiki se sonrojó un poco y, por otro lado, entendió un poquito el porqué su hermanito estaba tan interesado en esa chica. Era una buena persona y de nuevo se le olvidó lo que iba a cuestionarle.

– Así que… – comenzó a decir – No la conoces mucho.

– Sí, lamento si querías saber algo de ella; de hecho hace poco que la conozco personalmente.

– ¿Personalmente?

– Ah sí, sólo tenía contacto con ella por teléfono… Pero el punto es que no vería mal que te acercaras a ella; hasta donde sé, es soltera y yo creo que los dos merecen una buena compañía.

Taiki sonrió. Vaya niña, con tantas cosas en la cabeza y se daba tiempo de pensar en emparejar a otros y encaminarlos a algo positivo – ¿Y crees que tenga una oportunidad?

La chica sonrió – Yo creo que sí y que vale la pena intentarlo – y de pronto borró su sonrisa, como si recordara algo – Pero hay algo que debes saber sobre ella.

La expresión y el tono con el que habló, le preocupó un poco al joven, quien asintió para alentarla para hablar.

– Setsuna… Bueno, ella tiene una hija.

Taiki sonrió con algo de alivio, se había imaginado algo malo; pero que tuviera una hija no era un asunto grave, ni molesto, no es que fuera irrelevante pero no lo veía como obstáculo, considerando que le acababa de decir que Setsuna es soltera.

A menos que realmente hubiera un tema, como el papá de su hija… – pensó.

o-o-o-o-o-o-o-o

Probablemente esa mañana se estaba convirtiendo en una de las más extrañas en su vida. Despertar en un lugar nuevo, luego de un monumental colapso nervioso y el remate eran las palabras de Seiya que la habían dejado muda.

Una canción. Una canción que hizo. Una canción de amor. Una canción que hizo para mí… Una canción de amor que hizo para mí.

Y fue un momento en el que se quedó en blanco. Seiya era un gran chico y ella había aprendido a quererlo en muy poco tiempo, no imaginó que él…

Su propia mente se negaba a terminar las frases. Ella tenía a Darien, su novio, su futuro esposo y quien quería que le diera una hija.

Dejó de lado esa idea inmediatamente ante la náusea que le provocaba. Qué desagradable resultaba tener esa sensación a esas horas de la mañana, cuando ni siquiera había probado bocado hacía horas.

Fue una suerte que los hermanos de Seiya interrumpieran porque ella ya no se sentía capaz de mirar a su amigo y ni siquiera entendía por qué.

Y entonces los acontecimientos extraños continuaron con una charla "privada" entre ella y Taiki Kou. Serena lo había notado desde ese día en que coincidieron, el mayor de los Kou se había mostrado interesado en Setsuna.

Serena no veía nada de malo en el asunto. Al contrario, ¿acaso Michiru no le había insinuado que Setsuna estaba dubitativa en viajar a Estados Unidos?

La rubia lo entendía, irse a un lugar tan lejano no era fácil. Ella (Serena) estaba atada a Darien, pero Setsuna no tenía ese vínculo como para sentirse obligada a seguir a Darien.

No es como que él la necesite.

Así que si Setsuna encontraba en un muchacho como Taiki Kou una motivación (aunque sea mínima) para tener el valor de decidirse a no hacer un viaje del que tiene sus dudas.

¿Y yo? – le asaltó la pregunta e inmediatamente volvió a su cabeza Seiya, su canción, sus palabras.

A Serena le empezó a doler la cabeza. No se sentía muy bien.

Trató de concentrarse en la situación de Taiki quien efectivamente se mostraba interesado en Setsuna; sin embargo, antes de continuar, creyó necesario aclarar un pequeño detallito sobre el asunto.

– Eso… – respondió él con una sonrisa, parecía no molestarle – Es algo muy importante, supongo que su hija es su prioridad; pero no me molestaría ser parte de eso.

Serena se sorprendió. Había leído que Taiki era el mayor de los Kou, quiza un par de años mayor que Seiya y que ella. No se imaginaba a sí misma haciéndose cargo de una niña a esa edad.

– Claro, me estoy adelantando a los hechos, primero me gustaría conocerla mejor y saber si hay oportunidades; pero que tenga una hija no es algo que me impida querer dar el primer paso.

Seiya le había contado un poco de sus hermanos y le había dicho que Taiki era un chico muy maduro, supuso que tenía muy claro lo que implicaba que la chica que le gustaba tuviera una hija.

Una hija – y de nuevo el malestar volvió y más fuerte. Serena no estaba segura de que pasar al baño del departamento de los Kou para echarse un poco de agua en la cara para sentirse mejor. Al contrario, corría el riesgo de sentirse peor y volver el estómago ahí mismo.

Qué vergüenza. Además, Seiya se preocuparía mucho por ella y lo que menos quería era afligirlo.

Serena se puso de pie de pronto – Acabo de recodar algo – excusó – Lo siento mucho, tengo que irme; por favor discúlpame con tus hermanos.

Se dirigió a la puerta ante un Taiki muy desconcertado. La chica tomó su bolso que había quedado en la entrada y miró las flores que Seiya le había obsequiado.

– Por favor dile a Yaten que muchas gracias por prestarme ropa seca y… – miró de nuevo el ramo de rosas, eran hermosas y realmente deseaba llevárselas pero no sabía si sería correcto – dile a Seiya que me disculpe por todas las molestias.

– Serena espera… – reaccionó Taiki.

– Te prometo buscar una oportunidad para hablar con Setsuna. Lo siento debo irme.

No pudo agregar más y salió casi corriendo de ahí. Se sentía muy mal pero también temía encontrarse con Seiya y no saber qué hacer, cómo actuar, cómo responder a esa bella canción, cómo decirle que esa pieza musical realmente había tocado su corazón, que la había sentido y que no era la primera vez que sentía algo extraño cerca de él.

Esto no está bien.

o-o-o-o-o-o-o-o

Mientras barría y hacia el resto de sus labores, tarareaba una canción muy por lo bajo. No quería molestar, mucho menos ser obvio en que estaba en exceso de buen humor.

Había sido una mañana redonda. Luego de un agradable desayuno "familiar" con todo y charla de sobremesa, Jedite ayudó al abuelo de Rei con unas cosas y luego se dirigió a hacer sus labores en el patio y jardines del templo.

Después de dejarlo descansando, se encontró a Rei en los pasillos, quien se dirigía a una jornada de meditación y le encargó atender todo lo que se necesitara en el templo o que requiriera su abuelo.

Para él no era necesario que se lo dijera, él ya lo hacía cuando no se dirigían la palabra; pero era un buen pretexto para cruzar palabras con ella – Oye… – la detuvo antes de que se fuera – He querido poner en práctica una nueva receta de bocadillos, ¿quisieras probarlos esta tarde con un poco de té?

– ¿Por qué no? – respondió alzando los hombros, esa era su forma de decir que aceptaba su invitación.

Jedite sonrió, no podía ocultar su emoción por esa pequeña cita y esa misma emoción lo empujó a acercarse a ella y sin pensarlo mucho besarla de nuevo; sin embargo, aunque de nuevo fue impulsivo y robado, ésta vez fue correspondido.

El rubio se sintió volando al darse cuenta que Rei no tenía nada que ver con las chicas frías y mojigatas de alta sociedad con las que había tenido algo que ver. Ella era todo lo apasionada que él había deseado en una mujer.

Cuando se separaron, aún ambos algo sonrojados, fue ella quien dijo – Ojalá los bocadillos sean igual de buenos.

– No te arrepentirás – respondió sin borrar la sonrisa de sus labios y la vio irse por el pasillo, anhelando que ya llegara el momento de esa cita.

No había parado de sonreír y tararear en el transcurso de ese día. Ya casi era hora de que ella saliera de su meditación y él contaba ya los minutos para poder volver a cruzar palabras con ella.

Seguro los chicos se reirán mucho cuando les cuente que otra de las amigas de la señorita Serena me tiene tan embobado como a ellos les pasó.

Y aunque imaginar a sus tres amigos (quienes también estaban de cabeza por ese grupo de amigas) era una idea realmente divertida; su sonrisa se borró. Cómo le iba a explicar que ya los conocía, que todos trabajaron para Darien, que él llegó al templo por seguir a Serena Tsukino y lo peor, que mucho antes de eso, ellos debieron conocerse porque sus padres querían casarlos.

Se apoyó un momento en su escoba. Pensando cómo solucionaría todo eso. Porque de algo estaba seguro, él quería dejar todo aclarado porque quería estar con Rei.

Pero si Jedite pensaba que la realidad lo iba a alcanzar, jamás imaginó que sería tan rápido. Vio entrar al lugar a nada más ni nada menos que a Setsuna Meiou acompañada de su pequeña hija Hotaru.

La niña, a quien a veces cuidó en sustitución de Neflyte y que le tenía cierto cariño, lo vio y lo reconoció, por lo que soltó de la mano a su madre y corrió hacia él.

– ¡Jedí! – le gritó como acostumbraba decirle, pues la pequeña, imposibilitada por su edad a llamarles por sus complicados nombres completos, los nombraba de formas particulares: Jedí, Nefff, Zoyt y Kuzite (a éste último se esforzaba por pronunciar su nombre completo como todos lo hacían). Sólo con Darien parecía obligada a la formalidad refiriéndose a él simplemente como "señor".

Una costumbre quizá porque escuchaba que todo el tiempo su madre se refiería a él como Señor Chiba, pese a la cercanía que siempre notaron entre ellos dos.

– ¡Hola! – la saludó abrazándola y cargándola. Él no era tan afecto a los niños como Neflyte pero quería a la pequeña, sabía lo mucho que Setsuna se esforzaba por ella.

– ¿Jedite? ¿Qué haces por aquí? – preguntó la mujer.

El muchacho miró su propia ropa – Bueno, nuevo empleo – aún sostenía en brazos a Hotaru.

– Mi mamá está descansando y vinimos a pasear – intervino la pequeña.

– ¿De verdad? ¡Qué bueno que tomó unos días y salgan juntas! – el comentario fue sincero, sabía que Setsuna trabajaba mucho; Darien era un jefe muy demandante y requería mucho la atención de su asistente.

La mujer sonrió pero Jedite notó que le costaba trabajo dibujar ese gesto. Posiblemente de los cuatro amigos, él, dada su naturaleza sociable, era el que más se había acercado a Setsuna e incluso se había sentado varias veces a platicar con ella cuando la notaba afligida (siempre por algo relacionado con Hotaru). Así que decidió que no estaba de más asegurarse que estuvieran bien.

Hasta donde se había quedado, ella ya debería estar en Estados Unidos o al menos a nada de irse, con todo y su hija para una estancia tan larga como Darien dispusiera. Jedite no era muy apegado a su familia, pero sabía lo difícil que era estar en otro país, lejos de las cosas que acostumbras.

– Oye Hotaru, ¿sabías que aquí la gente viene a rezar mucho y pedir por algo que quiere? ¿Te gustaría pedir por algo? – le preguntó bajándola de sus brazos.

– ¿Como un deseo?

– Algo así – la niña asintió y él las llevó al templo, le explicó a la pequeña lo que debía hacer y le pidió que cuando terminara, fuera al jardín para darle su opinión sobre si las flores que ahora cuidaba estaban creciendo bonitas.

Hotaru fue contenta y mientras Setsuna no apartaba la vista de ella, Jedite comenzó a hablar – Descuida, ella estará bien, pero a ti es a la que no veo cómoda ¿Puedo ayudarte en algo?

– Descuida, sólo pensaba que Hotaru se puso contenta al verte, ver a alguien conocido; gracias Jedite, han sido días muy complicados para ella.

– Por el viaje, ¿verdad?

– Sí – respondió algo dubitativa.

– ¿Cuándo se irán?

– En pocos días – dijo con un aire un poco sombrío. Jedite pensaba que el viaje, laboralmente hablando, no era cualquier cosa; con la nueva responsabilidad de Darien y su muy probable nombramiento como director en Estados Unidos, Setsuna también ascendería a la asistente de un alto ejecutivo – Todo se retrasó un poco, Kuzite fue ascendido y he estado trabajando para dejarle todo listo, incluyendo la oficina.

Vaya tipo con suerte – pensó de su amigo Kunz, un ascenso y una buena linda novia.

El chico siempre admiraba y respetaba mucho a las personas que trabajaban muy duro y le gustaba que fueran recompensadas por ello. Algo muy especial considerando que a él le dieron todo con el mínimo esfuerzo.

Sin embargo, no veía gran entusiasmo en la mujer.

– Además pedí unos días más para descansar y pasar tiempo con mi hija.

– Seguro a Darien no le hace mucha gracia – soltó con un tono algo molesto. Entre las muchas cosas que había pensado las últimas horas estaba el asunto de Darien y no podía dejar de pensar en lo que Rei le había contado; además de que no soportaba que por culpa de él, la chica rompiera en llanto reclamando que lo odiaba.

Darien era su amigo, pero no le parecía que los mandara a estar detrás de la señorita Serena y tampoco la actitud de la que Rei le habló. Quizá habría una explicación para todo ello, pero de momento él no estaba contento con todo lo que estaba descubriendo.

Setsuna no ocultó su desconcierto ante el comentario y el tono que utilizó, pero Jedite continuó – Sé que eres muy responsable en tu trabajo, pero no pareces contenta con el viaje y no creo justo que te sientas obligada a ir sola con tu hija a un país desconocido sólo por que Darien lo dispone… – y agregó alzando la voz – ¡Él no puede decidir por ti como lo hace con su novia!

Quizá lo que dijo o cómo lo dijo pero ella bajó la cabeza. Jedite sabía que no estaba pensando con calma, su forma de hablar reflejaba claramente cómo le calaba que de alguna manera Darien hiciera llorar a Rei.

Ella sólo callaba, así que el rubio trató de dulcificar un poco su tono e incluso puso sus manos en los hombros de ella para que se vieran de frente – Lo siento Setsuna. Han sido días con muchas emociones, desde que se fue Darien… Bueno, las cosas han cambiado mucho en este tiempo.

La mujer por fin alzó la cabeza y miró hacia su pequeña hija, quien ya estaba jugando en el jardín del templo – Lo sé. Las cosas han cambiado.

Jedite sabía que Setsuna Meiou era, de todo el equipo, la más cercana a Darien; no sólo porque cuando el resto se incorporó al trabajo, ellos ya se conocían, ni por las largas horas que pasaban juntos encerrados en su oficina o quedándose trabajando incluso cuando el resto ya se había marchado, había algo más, algo mutuo, algo especial. Y por ello el rubio pensaba que quizá Setsuna se sentía obligada a seguirlo, pero no debía ser así. No sería justo.

– Sólo piénsalo – le dijo, volviendo a atraer su mirada – Darien debe saber que ni nosotros (sus amigos), ni su novia Serena Tsukino, ni tú, siempre vamos a estar a seguir su voluntad y decirle que sí a todo.

La mujer sólo asintió y él quiso que no se sintiera sola, así que por primera vez se atrevió a darle un abrazo – Siempre que necesites hablar, cuenta conmi…

– Buenas tardes – interrumpió detrás de él la voz de Rei Hino.

Jedite sólo sintió que el alma se le iba hasta los pies. ¿Habría escuchado algo?

o-o-o-o-o-o-o-o

Su meditación de aquella tarde fue probablemente la más desastrosa de su vida. No estaba logrando concentrarse como debía pues no paraba de pensar en Jedite.

Qué tontería. Se estaba comportando como una adolescente que contaba los minutos para ver aunque sea un momentito al chico que le gustaba. Por que sí, Jedite le gustaba y mucho.

Pudieron haber tenido un inicio desastroso, pero él rápidamente estaba haciendo méritos; a ello se le sumaba que le parecía muy apuesto y simpático.

Rei no se imaginaba lo que dirían sus amigas cuando les contara que siempre sí encontraba atractivo a su nuevo asistente y que incluso ya la había besado un par de veces.

Eso sí. Aún había mucho misterio alrededor de él y su pasado, pero Rei no quería enredarse con esas ideas y dejarse llevar un poquito por lo que estaba pasando, disfrutar el momento.

La chica terminó un poco antes su meditación de esa tarde para tener un poco de tiempo para cambiarse e ir con Jedite a probar sus bocadillos y, si la oportunidad se daba, también probar de nuevo un poco de sus cálidos labios.

Sin embargo, en cuánto salió lo vio conversando con una mujer y cargando a una niña, a quienes guió hacia el templo. ¿Quién era esa que parecía tratar con cierta familiaridad a Jedite? ¿Y esa niña que hasta se dejaba cargar por él?

Los siguió con la vista durante unos momentos, sintiéndose por primera vez celosa de que alguien se acercara así al chico que le gustaba. Ni siquiera cuando Darien claramente empezó a cortejar a Serena se sintió así.

Quizá porque Jedite auténticamente le atraía y no sólo era un capricho instantáneo como Darien; o tal vez porque sabía muy poco de él y cualquier cosa rara que veía, le generaba conflicto.

En determinado momento de la conversación, Jedite alzó la voz y Rei ya no pudo controlar su curiosidad para acercarse un poco, manteniéndose oculta para no inhibir la charla.

No supo si fue lo mejor. Las palabras que le dijo a la mujer… ¿Qué significaban? ¿Darien y hacer su voluntad? ¿Serena? ¿Esa mujer? ¿Jedite refiriéndose a Darien como amigo?

Maldición, maldición, maldición – sólo pudo formular su cabeza. Qué tonta había sido. Desde un principio su intuición le había indicado que había algo extraño en Jedite, que tuviera cuidado con las cosas que parecía ocultar y ahí estaba.

– Buenas tardes – saludó la mujer amablemente.

– Rei… – apenas pronunció el rubio.

La chica no supo qué expresión vio en su rostro porque se puso pálido; su conocida, por su parte, parecía más bien perdida en sus propios pensamientos. Se disculpó y se despidió de Jedite, fue con la niña que la acompañaba, quien se despidió gritándole: ¡Adiós Jedí!

El muchacho alzó la mano y la agitó para despedirse a la distancia y no apartó la mirada de ellas hasta que se perdieron de vista. Se quedó un momento así, sin atreverse a volverse hacia Rei.

– Qué rayos fue eso – soltó sin poder contenerse y sin una respuesta ella tuvo que moverse para estar frente a él – Quién es esa mujer y qué es esa tontería de que Darien es tu amigo… ¡Habla carajo!

– Rei te lo iba a explicar – dijo al fin, pero parecía ni poder hablar.

– ¡Pues hazlo ahora!

– Escucha. Tenías razón, he estado ocultando cosas – admitió por fin – Llegué aquí por accidente, no buscaba el empleo de asistente. Yo… estaba siguiendo a la señorita Serena porque Darien pidió que la vigiláramos en su ausencia.

– ¡¿Qué?!

– Ya sé. Suena horrible y créeme que no estaba de acuerdo, pero mi amigo Kunz me convenció de hacerlo, ahora entiendo que lo que quería es que averiguara más de esa chica, tu amiga Mina Aino; él es su nuevo novio.

Rei no podía creer lo que escuchaba – ¡¿Tú trabajas para Darien?!

– No, le ayudaba en algunas cosas porque… – hizo una pausa y agregó en voz baja – somos amigos… Pero, escucha, no estoy de acuerdo con que nos mandara a vigilar a la señorita Serena y… – se acercó a ella, a riesgo de que ella se sentía a nada de abofetearlo – créeme que he pensado mucho lo que me dijiste de él – se atrevió a tomarla de las manos – Y estoy furioso de que te hiciera llorar.

Rei le costaba trabajo admitir que encontraba en sus palabras y expresión sinceridad. Quizá la manera en la que había llegado al templo no había sido la mejor y él le había ocultado las circunstancias, pero también le había pedido tiempo para ordenar unas cosas.

Ella comenzó a tranquilizarse y probablemente Jedite se dio cuenta de ello porque soltó una respiración profunda y sin soltarla de las manos la atrajo un poco más hacia ella; parecía no darle ninguna pena que su abuelo o alguien más que pasara por ahí los viera.

– Perdóname Rei, sé que te lo debí decir desde el principio pero ahora me importa que sepas todo porque quiero estar más cerca de ti ¿me entiendes?

Ella se perdió un momento en sus ojos azules. Detestaba a Darien y ahora detestaba más la idea de que gracias a él tuviera en su camino a un chico como Jedite.

Por otro lado, así como ella no podía prohibirle a Serena estar con Darien, tampoco culpaba a Jedite por su horrible gusto para elegir amigos. Sólo eran malas jugadas del destino.

Rei asintió y él se inclinó un poco para besarla; si bien la chica se moría de ganas de volver a besarlo, no quería bajar la guardia tan rápido y dio un paso atrás para poner distancia – Espera. Primero necesito saber dos cosas.

Jedite sabía que no tenía la calidad moral para objetar – Adelante.

– ¿Quién era esa mujer? – preguntó curiosa pero también algo celosa.

– Setsuna Meiou, la asistente de Darien; se siente un poco presionada por ir a Estados Unidos tras Darien, sólo a ella le insistió para viajar con él.

A Rei le pareció muy extraño el asunto y quería saber más pero podría ser un tema de conversación para después, había otra cosa que quería aclarar.

– Bien. Ahora quisiera saber: ¿Ocultas algo más? – preguntó por precaución.

Jedite se quedó callado y ella empezó a temer por la respuesta – Sí – admitió después de unos instantes.

Él tragó saliva y ella tuvo un poco de miedo ¿Tan serio era el asunto? ¿Qué podría ser peor que le ocultara que conocía a Darien y que se habían conocido porque lo mandaron a seguir a Serena?

– Tú y yo debimos conocernos hace mucho tiempo, antes de todo este asunto de Darien.

– ¿De qué hablas?

– Yo tampoco fui esa noche a la cena en la que debíamos conocernos. Siempre estuve conforme con la idea de que había dejado plantada a una chica frívola y antipática, pero ahora sé que mi prometida es la mujer más perfecta que he conocido.

– ¡¿QUÉ?!

– Nuestros padres querían que nos casáramos.

No. No podía ser posible. Detestaba a Darien pero lo toleraba por su amiga y estaba dispuesta a seguirlo haciendo por Jedite, pero detestaba más a su padre, las heridas que le hizo a ella y a su madre jamás podría perdonarlas. Ella había renunciado a todo de él y no podía permitirse darle un solo gusto a ese hombre.

No pudo contenerse. Casi en un empujón terminó de apartar a Jedite y le propinó semejante una bofetada, que a ella misma le ardió la mano hasta varios minutos después.

– Vete del templo – sólo le dijo y se fue lo más rápido que pudo a su habitación, no quería que Jedite ni su abuelo ni nadie la viera llorar.

Continuará…

Por primera vez se termina un capítulo sin una escena directamente relacionada con nuestra protagonista. No sé cómo sentirme respecto a ello, pero era necesario.

Han sucedido varias cosas interesantes en este capítulo. Primero, y como he dicho en otras ocasiones, no le iba a fallar a mi querida Mina y pues ahí estuvo; salió súper ganona y hasta con novio nuevo. Me encanta esta pareja y es un alivio a mi corazón fangirlero que ya quedara ese asuntito.

En contraste, Rei y Jedite (a quien podría calificar como mis segundos favoritos entre estos 4) los he traído de aquí pa allá, subiendo y bajando. Y aunque no están pasando por el mejor de los momentos, al menos ya se supieron cosas sin las que no sería ético seguir avanzando.

Por ahí también se asomó un poquito Taiki, aunque su interés romántico aún no está muy al tanto del asunto y más bien anda perdida en sus asuntos. Ojalá que le sea provechosa la charla con Jedito.

Y hablemos de lo que, sin duda, dejó a muchos histéricos en el capítulo anterior: la respuesta de Serena. Ya comentaba que me traumó que en el anime no supiéramos qué se dijeron y tenía que poner una respuesta en sus labios. "No" a una pregunta que ella no quiso entender, ¿por qué? Porque anda en la babosa y toda revuelta por Darien. Por Dios Seiya, quién hace semejantes preguntas a una distraída y pa' colmo en medio de un colapso.

Sólo digo pues, que Seiya sí fue un poquito fuera de lugar (en el fic y en el anime). Pero centrémonos en el fic, al menos aquí encontró una pequeña manera de decirle con más calma lo que está pasando en él, ¿qué pasará ahora con esa abierta declaratoria?

Por si no os habían dado cuenta, el fic está en una nueva etapa, en la cual (lamentablemente) no tengo completamente claras algunas cosas y otras tantas sigo puliendo detalles. Eso sí, sé a dónde quiero llevar la historia, sólo que aún no tengo todo el control del camino que seguiré.

Disculpen la tardanza por las actualizaciones pero tengo muchas cosas de cabeza últimamente, seguiré esforzándose para completar estas misión fanficker. Espero les haya gustado y nos leemos muy pronto.

PD. Sí, ya sé. Sigan anotando en mis pendientes a Setsuna.