Pequeña teoría (por si no lo habían notado): Rei y Mina son las más allegadas a Serena; Ami y Lita entre sí son más cercanas, supongo por sus temperamentos más tranquilos.

En fin, sólo quería mencionarlo.

XV – Siguiendo al corazón

– ¡Serena! – gritó la chica apenas llegó a la casa de la familia Tsukino – ¡Serena! – volvió a llamar Mina sin poder controlar mucho su efusividad de aquella tarde.

Quizá si Rei la hubiera acompañado ya la estaría regañando por armar escándalo en la calle cuando sería más sencillo tocar la puerta y esperar como cualquier persona civilizada. Esa escena la vivió muchas veces en su adolescencia, pero ahora no tenía mucha paciencia para esperar a que Serena estuviera lista. Mina estaba casi eufórica y deseosa de contarle lo que había pasado desde la última vez que platicaron.

Tomó aire para gritar una vez más cuando fue la mamá de su amiga quien se asomó – Hola Mina, no te desgastes, está por salir de la ducha; se le hizo un poco tarde, pero pasa.

– Buenas tardes señora T. Gracias – le saludó y, como casi una costumbre, le permitió pasar hasta la habitación de su hija.

La rubia subió y al entrar a la habitación de su amiga no pudo evitar ensanchar su sonrisa. Ahí había conocido a Kunzi cuando fue a cuestionarle a Serena sobre el dichoso accidente. Mina no lo negaba, le había encantado ese hombre desde que lo vio; pero ya no era un simple flechazo o atracción instantánea, él ya era su increíble y flamante novio.

La chica seguía sin poder creerlo. Kunzite no sólo tenía todo lo que le atraía físicamente de un hombre, también era un caballero y aunque era en exceso serio, con ella se mostraba muy lindo y condescendiente. Además parecía muy atento y comprensivo de todo lo que ella pensaba y deseaba.

Era la primera vez que Mina se sentía en una relación de verdad y deseaba que sus amigas estuvieran disfrutando de lo mismo que Kunzite le hacía sentir. Aunque muy particularmente en el caso de Serena lo dudaba.

Kunzi le estaba mostrando que en una buena relación había algo más que sólo un chico guapo o buen rato en la intimidad, sino que era más importante cómo ese chico le hacía sentir especial. Algo que dudaba mucho que Darien Chiba le ofreciera a Serena.

Para muestra estaba cómo reaccionó cuando le pagó por su trabajo y se dio cuenta que era valioso. Mina no sabía qué rumbo pensaba tomar su amiga, si estaba convencida de irse tras Darien, pero ella estaba dispuesta a seguir haciéndole ver a Serena que podía hacer su propio camino sin girar alrededor de Darien.

Ella no podía agarrarla a bofetadas como Rei, pero quería hacer un último esfuerzo antes de que se marchara. Y tenía la oportunidad perfecta para jugarse su última carta. Todo dependía de que Serena aceptara.

Mina bien podría pedirle ayuda a Seiya, pero la verdad es que no quería seguir presionando las cosas entre esos dos. Ni siquiera les había preguntado qué se habían dicho aquella noche lluviosa.

Con Seiya se había limitado a preguntarle si todo estaba bien y él sólo había respondido que sí. Después de eso lo veía un poco callado, aunque como todo un profesional sacaba adelante su trabajo, por lo que el lanzamiento del disco seguía marchando a muy buen ritmo.

Apenas habían pasado unos días de aquello y tampoco había tenido oportunidades de hablar con Serena. Sus dos trabajos, su nuevo novio y el no saber cómo abordar el tema, habían alejado a Mina de cuestionarle algo a su amiga y, si tanto Serena como Seiya seguían como si nada, lo más seguro es que seguían siendo sólo dos buenos amigos.

La puerta de la habitación de su amiga se abrió y la rubia entraba ya vestida y secándose el cabello. Apenas dio un brinco de sorpresa al verla en su habitación.

No era algo extraordinario que estuviera ahí, su mamá las dejaba entrar sin problemas y no era raro que entre ellas pasaran a la casa de otra a recogerlas.

Aquella tarde, Ami las había citado a todas para contarles algo importante y de paso pedirles un consejo sobre el tema. La estudiante de medicina había llamado a la casa de Serena y le había pedido que estuviera presente, su opinión le era muy importante.

Para Mina toda la situación le sonaba muy extraña, pero la realidad era que las cosas eran muy extrañas últimamente: Ami, Lita y ella ahora tenían novios formales, Rei tenía más tiempo libre al ya tener a su apuesto ayudante y Serena estaba viviendo cierta libertad sin el yugo de Darien Chiba. Después de todo eso, ya pocas cosas podían sorprenderla.

– Hola Mina – la saludó Serena desconcertada pero con una sonrisa.

– Hola, lo siento, tu mamá me dejó pasar – y no pasaron unos segundos cuando emitió un gritito de emoción y saltó a abrazarla y decirle "gracias" una y otra vez.

Serena se desconcertó aún más y Mina creyó justo explicarle su repentino y efusivo agradecimiento.

– Lo siento Serena pero no tengo más que agradecerte por poner en mi camino al chico más increíble del mundo.

– ¿De qué estamos hablando?

– De esa noche que vine a visitarte después de tu accidente y conocí a mi guapísimo nuevo novio.

– ¡¿Qué?! – parecía hilar en su cabeza lo que Mina decía – ¿Estás hablando de…?

– De Kunzi, desde luego – agregó con una sonrisa amplia – Ay Serena, de verdad muchas gracias; sin ti jamás nos hubiéramos cruzado en el camino y créeme que los últimos días han sido increíbles a su lado.

– Pero… pero pensé que lo considerabas un engreído y cómo es que esto pasó.

– Yo dije que era engreído pero guapo. Así que no creas que esto es un plot twist o algo que viene de la nada. Kunzi es un terco y me estuvo buscando porque estaba seguro que yo sabía algo de tu accidente. Bueno, en eso no se equivocó – rió un poquito – Pero entre tanta necedad y estarme buscando, no pudo resistirse a los encantos de esta diosa del amor.

Serena sonrió al fin y la abrazó – Me alegro mucho por ti.

– Bueno, ya sabes lo que dice el dicho: si la vida te da limones, apachúrralos… Como sea, hace unos días – dudó un poco en contar los detalles del cómo inició la relación, no es que fuera algo que la avergonzara ni nada pero sólo de pensar en toda esa larga noche le provocaba un repentino acaloramiento; quizá sería una anécdota que les contaría después a sus amigas– charlamos y acordamos iniciar una relación. Serena, de verdad es un hombre increíble: es todo un caballero, es tan atento, tan serio que cuando dice o hace algo lindo se ve millones de veces más lindo, es tan alto y guapo, tan apasionado, tan bueno en la cama y…

– ¿Qué?

– ¿Qué? – rió un poco por su resbalón – Digo, es un gran hombre. Muchas gracias Serena.

– No tienes nada que agradecer, seguro quedó encantado contigo desde que te conoció aquí.

– Quizá, pero fue el destino… y su terquedad – agregó entre dientes – lo que nos terminó de juntar. Eso sí Serena, aunque insistió con lo del accidente, de mí nunca salió nada y él solito averiguó cosas; aunque parece no importarle ya y dice que no quiere que eso sea tema de conversación entre nosotros, siempre cuidé a los Kou, especialmente a Seiya y todo lo que ha pasado contigo.

– Ah sí – de pronto se dio la media vuelta y empezó a buscar su cepillo para arreglarse su larga cabellera – Muchas gracias.

Comenzó a hacerlo de una forma muy apresurada, como nerviosa. Mina se sintió un poco insensible; ella hablando de lo contenta que estaba con Kunzi y no tenía muy claro si su amiga estaba bien con lo que había conversado con Seiya.

Mina la detuvo y tomó el cepillo entre sus manos. Comenzó a cepillarle su largo cabello con calma y cuidado. Desde que se conocían, le gustaba hacerlo, bromeando sobre lo mucho que sus melenas se parecían y que ella entendía perfectamente cómo cuidarla.

– Tranquila, yo lo hago – le dijo y sintió que su amiga poco a poco se relajaba.

– Gracias Mina, siempre me estás procurando.

Era cierto, pese a ser de la misma edad y de carácter tan parecido, Mina veía a Serena como una hermanita y le gustaba cuidarla. Sabía que no sólo ella, sino el resto de las chicas tenían ese sentir. Quizá porque Serena era la que más actuaba con esa inocencia infantil, que a veces hacía parecer que necesitaba de la ayuda de alguien para hacer cualquier cosa. Darien Chiba había llevado esa característica al extremo; sin embargo, las últimas semanas habían demostrado un punto: Serena se había involucrado en un proyecto profesional muy importante y lo había hecho bastante bien.

¿Cuál había sido la diferencia? Seiya no sólo había confiado en Serena sino que la motivaba para que ella misma se diera cuenta de lo que era capaz de lograr.

Más allá de lo que ese chico sentía por su amiga, había hecho mucho por Serena en poco tiempo y tal vez era tiempo de que, como él, ella (Mina) y el resto de las chicas la motivaran a ser y hacer de nuevo pero ya no sólo para volver a ser la chica extrovertida y divertida de antes, sino para que ya tomara decisiones importantes.

Mina se detuvo, ya había terminado de desenredar su cabello – Listo. Pero sabes, creo que no debería peinarte, siempre que lo hago me queda chueco. Tú ya eres experta en eso.

– ¿Tú crees? Mi mamá me dijo desde niña que le costaba trabajo peinarme así, por eso aprendí a hacerlo yo misma – explicaba mientras se peinaba – Decía que era un peinado extraño y complicado, pero que si de verdad yo quería hacérmelo, aprendería y me saldría bien.

– Y no se equivocó – dijo mientras las dos veían el resultado en el espejo – ¿Sabes? Creo que cuando te decides a hacer algo, lo haces increíble.

Su amiga le sonrió.

– Ya ves que eso pasó con el arte del disco, te decidiste y salió de lo mejor. Todo el mundo está muy contento con tu trabajo.

– ¿De verdad?

– Sí y de hecho quiero pedirte algo pero… – miró su reloj – Ahora, hay que apresurarnos o llegaremos tarde; ya sabes cómo es Ami de puntual, seguro ya nos está esperando.

– Sí, ¿sabes de qué quiere hablarnos?

– No, sólo dijo que quería vernos a todas e incluso nos comentó que no podía localizarte por tu teléfono y que fue hasta que llamó aquí que te avisó.

– Sí, bueno… Es que… – Serena buscó algo tímida entre sus cosas y sacó un teléfono móvil nuevo – Cambié mi teléfono, compré éste con el dinero que me diste.

– ¡Wow! – sólo soltó y no es que fuera el equipo más moderno pero ya ponía a su amiga en este siglo y podrían estar más comunicadas con ella.

– Apenas estoy aprendiendo a usarlo y sólo he podido tomarle fotos a Luna pero está increíble – explicaba su amiga – Lo único malo es que me dieron un nuevo número y por eso no he podido estar en contacto.

– Ay no te preocupes, nosotras te ayudaremos y podremos hablar todo el tiempo, te encantara… Serena, me alegra mucho que puedas darte este gustito con la recompensa de tu trabajo. Tu arte vale esto y mucho más.

– Bueno, la verdad fue muy agradable; es la primera vez que compro algo con mi propio dinero.

– Y sé que puedes hacer más Serena – la tomó de las manos y agregó con una sonrisa – es cuestión de que te decidas – volvió a mirar su reloj – Ay, como en los viejos tiempos, llegaremos tarde.

Su amiga también cayó en la cuenta, terminó de arreglarse y salieron juntas a reunirse con el resto.

o-o-o-o-o-o-o-o

La chica miró su reloj. Había llegado poco más de 20 minutos antes de la hora pactada. Estaba muy acostumbrada a la puntualidad y no era una sorpresa que siempre fuera la primera en llegar a una cita, pero debía reconocer que la situación le había obligado a llegar aún más temprano. Estaba nerviosa.

Llevaba algunos días dándole largas al asunto. Y si bien Zoycite le había manifestado su apoyo, Ami aún tenía algunos temores sobre lo que estaba pasando y peor aún, lo que más temía era estarlo lastimando.

Debía admitir que siempre se sintió fría y seguramente, en otro momento, las noticias recientes no hubieran tenido algún impacto, pero ahora necesitaba compartirlo con sus amigas.

Miró de nuevo su reloj. Había avanzado apenas unos minutos, sin embargo vio entrar a la cafetería a Lita, quien inmediatamente la ubicó y se fue a sentar con ella. Se saludaron y comentaron brevemente lo normal que parecía que fueran las primeras en llegar.

Y aunque Ami tenía muchas cosas en la cabeza, no le pasó por alto que su amiga también pareciera dispersa – ¿Estás bien?

– ¿Ah? Sí, es solo que… – miró su reloj – ¿Crees que el resto se tarde en llegar?

La respuesta era: probablemente. Mina se había comprometido a pasar por Serena y, conociendo a ambas, llegarían varios minutos después de la cita; respecto a Rei, lo habitual es que llegara puntual, pero Ami sabía no sólo que nuevamente no tenía a su asistente en el templo, sino que él se había marchado en, digamos, malos términos.

Entre tantas cosas que habían sucedido en los últimos días, estaba aquel incómodo momento en el que ella estaba con su novio en su departamento, cuando uno de sus amigos llegó a verlo.

La situación fue algo bochornosa para Ami, ya que aquella tarde la habían pasado encerrados ahí. No era la primera vez que los dos estaban en el lugar y habían encontrado en ese pequeño departamento un espacio para su intimidad (tomando en cuenta que con la presencia más frecuente de su madre, su casa ya no era opción). Zoycite se había dado una rápida ducha mientras ella se debatía en seguirlo, ya vestirse o continuar relajada en el pequeño lecho, cuando llamaron a la puerta. Su novio preguntó quién era y del otro lado de la puerta sólo dijeron: – Soy yo, Jed.

Ambos tardaron algunos minutos en arreglarse y por fin abrió la puerta. Probablemente el chico entendió la situación o reconoció a Ami en cuanto la vio porque no fue capaz de sostenerle la mirada – Siento llegar así pero… Zoy, ella ya lo sabe.

Ami no sabía qué sucedía; reconoció al chico como el asistente de Rei, aunque no era el joven sonriente que se presentó con ellas aquella vez, sino que se veía sumamente afligido. La chica entendió que eran de esos asuntos de amigos que necesitaban charlas privadas y decidió irse. Zoycite la buscó más tarde para explicarle un poco la situación.

– Creo que llegarán retrasadas – por fin respondió, pensando que, según lo que su novio le había contado sobre su amigo Jedite y Rei, la sacerdotisa no tendría mucho tiempo ni ánimo de ir a la reunión – ¿Sucede algo?

– Sí… no… Bueno – miró Lita de nuevo su reloj – llegué un poco antes para hablar contigo… a solas – agregó en voz baja.

Ami se sintió un poco intrigada. Primero sus problemas, luego estaba el asunto de Rei y ahora Lita quería hablar con ella en privado.

– Quería preguntarte algo – se reclinó un poco hacia ella y continuó hablando por lo bajo – Necesito un consejo y creo que eres la indicada para dármelo.

Normalmente Ami no se sorprendería. De las cinco, sólo ellas dos habían decidido entrar a la universidad y era algo común que Lita le siguiera pidiendo ayuda con algunas cosas de la escuela; no obstante, su amiga parecía nerviosa.

– Claro, de qué se trata.

– Bueno… es que… No me malinterpretes Ami pero de las chicas, creo que eres la que más puede entenderme – la peliazul asintió intrigada – Bueno, sé que llevas casi las mismas semanas con tu novio que yo y… – la castaña miró alrededor para asegurarse de que nadie estuviera atento a su conversación – Bueno, prácticamente son nuestra primera relación formal y… ellos son muy amigos también y…

Su amiga hizo una pausa y se mordió el labio en señal de que de verdad estaba nerviosa.

¿De qué se trata todo esto? – pensó Ami y sólo se le ocurrió tomar la mano de su amiga para alentarla a hablar.

– Ami yo… quería saber si tú – hizo una pausa – Ay perdóname, esto es tan vergonzoso… – respiró profundamente – Quería saber si has tenido cierta curiosidad por tu novio – dijo al fin poniéndose muy roja y tapándose la cara.

– ¿Te… te refieres a curiosidad… "íntima"? – preguntó poniéndose igual de roja que su amiga y ella asintió lentamente.

Ami entendía a Lita y la razón de su bochorno. Hacía unas semanas, la pregunta le hubiera escandalizado y más viniendo de ella, quien muchas veces había externado que casarse era uno de sus sueños más grandes; un sueño en el que seguramente se imaginaba inmaculada. Y siendo tan tímidas ambas, posiblemente ninguna imaginó que era muy sencillo perder la cabeza cuando conocías al chico adecuado.

En lo personal, Ami antes no pensaba en esos temas, hasta que conoció a Zoycite, sus ojos esmeralda, su sedoso cabello, su esbelto y fino cuerpo, su suave tacto y sus insaciables besos que comenzó a sentir ciertas inquietudes, pero fue el cariño sincero que él demostró y el gran amor que despertó en ella, lo que le hizo convencerse de que no había nada malo en estar con él de esa manera.

Posiblemente si le contara a Lita que, en realidad, sí había tenido esa curiosidad íntima por su novio y que incluso ya la había saciado en diversas ocasiones en lo que llevaban de su joven noviazgo, su amiga se sentiría un poco desconcertada.

Así que lo mejor era reconfortarla y hacerle ver que no había nada de malo de sentirse atraída por su novio de esa manera – Bueno, creo que tienes una duda razonable. Ha pasado poco tiempo desde que los conocimos, pero creo que hay cosas que no necesitan de un lapso de tiempo obligatorio – se puso un poco roja y agregó – Yo no pensé que pudiera enamorarme de un muchacho, menos en tan poco tiempo, y mírame… – respiró profundamente – No tiene nada de malo si él te gustó muy rápido, si lo quieres… si lo deseas.

Lita se mordió de nuevo el labio y bajó aún más la voz – Ami, tú… ya sabes… ¿tu novio y tú han…?

Se puso roja y no fue necesario que completara la pregunta, la peliazul sabía a qué se refería y aún le daba mucha pena hablar sobre eso.

– Perdona mi indiscreción – agregó Lita inmediatamente – No es que quiera ser chismosa, sólo es que yo… bueno, el otro día estaba sucediendo algo y no supe qué hacer – confesó – No sé qué es exactamente lo que deba esperar.

Ami lo pensó por un momento. En general, estaba acostumbrada a guiar y dar consejos a sus amigas, pero jamás de esos temas; no se sentía experta, pero no quería fallarle a Lita. Respiró profundamente, recordando cómo Zoycite supo sentir que ella estaba lista y desde la primera vez le demostró toda la paciencia para cuidarla y guiarla; y cómo ella misma se sintió abrigada por él pero también por todos los sentimientos que su novio le despertaba – Creo que mientras que sea sincero y te sientas segura de lo que pase, debes dejarlo fluir y disfrutar el momento – le sonrió.

Lita al fin relajó sus facciones y sonrió. Ambas se quedaron calladas sin quitar el sonrojo de sus rostros. Ami supuso que su amiga reflexionaba sobre cómo marchaba su relación, si sería correcto llevarla a un nuevo nivel; ella, por su parte, pensaba que cuando se vio ante ese dilema, contrario a su naturaleza analítica, se dejó llevar por lo que sentía. Y no se arrepentía de ello, amaba a Zoycite como jamás pensó que podría amar a un hombre.

Era una lástima que las circunstancias ahora los separarían un poco.

Justo de eso necesitaba hablar con sus amigas.

Hacía unos días había recibido un correo de la Universidad de Kioto, la habían aceptado en un programa de intercambio para estudiar al menos un año ahí. La solicitud la había hecho meses atrás, compitiendo con cientos de estudiantes de Japón y resultando una de las pocas seleccionadas. La oportunidad era única, toda vez que el prestigio y grado académico eran los más altos del país.

El tema lo había conversado con Zoycite y aunque él no pudo ocultar un semblante sombrío por todo lo que implicaba, se dijo muy orgulloso de ella y le recalcó que él jamás se interpondría entre ella y sus metas académicas y profesionales.

Ami se lo agradecía mucho porque justo ese era uno de sus grandes temores a la hora de entablar una relación con un muchacho. Zoycite, como siempre, superaba cualquier expectativa que ella tenía y se portaba a la altura de la situación, hasta bromeaba diciéndole que no se desharía tan fácil de él, que le estaría enviando mensajes constantemente para saber que está bien y escuchar cómo la estaba pasando, e incluso de hablaba de sus planes para visitarla siempre que las actividades de ambos se lo permitieran.

– No creas que voy a dejar perder a la niña más bella e inteligente que he conocido – le decía con su encantadora sonrisa. Sin embargo, Ami sentía que lo estaba lastimando y aún tenía miedo de que la distancia desgastara la relación que empezaban a construir.

Necesitaba informar a sus amigas de sus planes y pedirles su opinión sobre Zoycite; especialmente a Serena, quien dejaría todo por seguir a Darien hasta el otro lado del mundo.

Miró de nuevo la hora. Supuso que ya no tardarían en llegar.

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Aunque salieron casi corriendo de su casa, ese ritmo no les duró ni dos cuadras cuando bajaron la velocidad y caminaban a buen paso pero sin tanta prisa.

Para Serena estaba perfecto, no tenía muchas ganas de correr; se sentía bastante agotada como para ese tipo de actividades. Aunque los últimos días, estando en casa con sus papás, sus problemas estomacales se habían reducido, aún se sentía mal, cabizbaja.

Y la verdad es que ya ni sabía la razón. Por un lado, su cabeza le daba vueltas a Darien y todo lo que se le salió decirle a Seiya sobre él; había hablado por primera vez del abandono que sentía de parte de su novio. La indiferencia, la frustración y la soledad que Darien estaba provocando fluyeron en un llanto que sólo Seiya pudo calmar.

Seiya. Él era otra parte que la tenía confundida. No solamente la había escuchado y cuidado, también le había dedicado una hermosa canción que más bien parecía una declaración.

Serena apenas la había escuchado una vez pero la melodía se repetía una y otra vez en su cabeza y cuando recordaba la letra, su corazón daba un vuelco.

El cómo un corazón herido estaba siendo curado por una persona especial era la esencia de la canción, y la rubia no paraba de darle vueltas a esa idea. No imaginaba que Seiya estuviera atravesando por tanto, mucho menos que ella fuera la fuente de inspiración para esa increíble canción.

Pensar en eso la tenía perdida en un tsunami de emociones, se sentía halagada y conmovida por inspirar algo tan profundo en un chico tan especial como Seiya; pero todo eso le provocaba un horrible remordimiento porque ella ya tenía a Darien y todo eso era inadecuado.

Eso la había mantenido un poco alejada de él. El haber comprado un teléfono y cambiar de número había sido el pretexto perfecto para seguir ocultándose.

¿Cuánto tiempo podré seguir así?

No sabía y en realidad había poco tiempo. Setsuna Meiou le había enviado por mensajería su boleto y pasaporte para viajar finalmente a Estados Unidos. La fecha inminente: el fin de semana.

Eso le daba a Serena apenas unos días para prepararse. Aunque era relativa esa preparación, las instrucciones de Darien desde antes de partir habían sido llevar lo esencial en una maleta mediana. En Estados Unidos tendría una renovación total de guardarropa – Algo más adecuado para la esposa de un directivo – le había comentado su prometido cuando le indicó que no debía ocuparse de eso.

Así que Serena estaba aprovechando esos últimos días para estar con sus papás. Su madre se dedicaba a consentirla y mimarla, mientras que su padre había reanudado las clases de manejo, y ella no sólo ya había superado su aprehensión al ponerse al volante sino que ya conducía con más pericia.

Le ponía un poco triste pensar que en unos días estaría muy lejos de ellos y que su vida sería completamente diferente.

Al menos ellos y las chicas saben que te irás, y de una forma u otra podrán seguir en contacto – pensó mientras caminaba con Mina y ella le contaba que la noche anterior su novio había ido a cenar a su casa y presentarse con sus padres.

Y de pronto una idea asaltó a Serena – ¿Y Seiya? – Él ni siquiera sabía que ella se iba a ir del país. ¿Qué pasaría con su amistad? ¿Qué pasaría con ellos si ni siquiera había tenido el valor de dirigirle la palabra?

¿Y qué le dirías? ¿Que su canción retumba en tu cabeza? ¿Que sientes algo raro en pensar en ella? ¿Que te duele separarte de él por irte con Darien?

Darien. También era parte de la complicada ecuación. Recientemente había descubierto que él mantuvo cercanía con Andrew y parecía como si deliberadamente se lo hubiera ocultado. Si su prometido pensaba que no era correcto que ella tuviera amigos varones, ¿qué pensaría si le hablara de Seiya?

No es correcto que una chica comprometida o casada tenga un amigo tan cercano como lo fue Andrew o como lo es Seiya – respondería sin dudarlo su Yo de hace unas semanas, pero no le parecía justo considerando lo importante que es Seiya.

– Oye Mina – dijo de pronto – ¿Y qué piensa tu novio Kunzite de tu cercanía con Seiya y sus hermanos?

Su amiga casi detiene su paso – Bueno, es mi trabajo. Pero si te refieres a un trato más personal, sabe que los muchachos, además de ser mis artistas, los considero amigos y mi trabajo demanda cercanía y hasta saber qué talla de ropa son. Kunzi puede ser un poco cuadrado y hace no mucho tuvo uno que otro malentendido con ellos, pero le he explicado la situación y la entiende.

– Ya veo y supongamos… ¿no tiene problemas con amigos que no tengas por trabajo? Andrew, por ejemplo – se aventuró a preguntar, sabiendo que de las cinco, ellas dos eran las más cercanas al muchacho, incluso por la atracción que sentían hacia él.

En respuesta, Mina rió un poco – Bueno, Andrew es asunto aparte. Ves Serena, qué bueno que ya tienes un teléfono nuevo, ya te vas a enterar de cosas que no siempre comentamos en las reuniones.

La chica no entendía de que hablaba – ¿Cómo? ¿Acaso ya no son amigos? ¿Las chicas y tú no irán a su boda?

– Ay Serena, si me aparezco por ahí seguro se arma una trifulca; las chicas no han sido requeridas y seguro no irían por apoyo gremial.

– ¡¿Por qué?! – preguntó sabiendo que se enteraría de algo que tal vez ni siquiera quiso saber.

– Bueno, creo que a Reika, su novia, no le hizo mucha gracia que Andrew aprovechara oportunidades con otra chica – dijo señalándose a sí misma – cuando ellos decidieron darse un tiempo.

– ¡¿Qué?! ¿Estás diciendo que fuiste novia de Andrew?

Su amiga rió de nuevo traviesa – Claro que no.

– Entonces, ¿salieron juntos?

– No usaría el término "salir"; digamos que tuvimos "algo".

Serena se puso roja y su amiga continuó contando – Yo tenía muy claro que él para nada buscaba algo serio y sabes que siempre me atrajo, así que tomé la oportunidad de darme ese gusto; así, sin compromisos ni nada.

– ¿Y qué sucedió?

– Un día estaba en su casa, "ya sabes"; esa tarde me salió con que esa debía ser la última vez porque "su conciencia" le había dicho que lo mejor era volver con Reika porque había decidido casarse con ella.

Serena abrió mucho los ojos sin poder creer lo que escuchaba y quizá Mina entendió su reacción – Sí. Además se dio mucha importancia diciendo que lo mejor era que ya no nos habláramos y me pidió ya no pasar por Crown. Lo seguía considerando un amigo y tampoco es que hubiera sido tan trascendental o sorprendente en la intimidad, pero él fue muy tajante. ¿Sabes? A veces dudo de cómo se dieron las cosas.

– ¿A qué te refieres?

– Pues se separó de Reika, pretendía varias chicas (incluida a nuestra querida Lita) y de la nada decide que quiere casarse con su novia de años. Y aunque todo entre nosotros fue muy discreto, fue muy enfático en que no rondara cerca de él – hizo una pausa – Y muy conveniente "su conciencia" que le dijo de pronto que mejor se casara.

Serena se quedó callada. No se imaginaba algo así viniendo de Andrew, su primer amor platónico, quien le presentó a su novio y un gran amigo de Darien (hasta la fecha, según se había enterado hace poco).

Estaban ya llegando a la cafetería donde era la cita y, para ir cerrando la conversación, Mina agregó – Yo lo siento más por Reika que seguro ni sospecha que su futuro marido se dio cuenta que quería casarse con ella mientras despachaba a otra chica en su departamento.

Abrió la puerta y buscó con la mirada. Ami y Lita ya estaban ahí y se saludaron a la distancia. Antes de que se acercaran a ellas, Serena se atrevió a preguntar – Oye Mina ¿y por qué crees que todo eso pasó?

– Creo que Andrew sólo nos mostraba una parte de él, quién sabe una nunca termina de conocer a las personas; por lo demás siempre he pensado que esa "conciencia" tiene nombre y apellido.

– ¿Crees que alguien lo aconsejó?

– Ya sabes lo que dice el dicho: Dime con quién te juntas y te diré de qué careces.

Por alguna razón eso último retumbó en su cabeza y no era porque el dicho estuviera mal. Había algo más.

Genial, otra cosa en qué pensar.

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No quiso profundizar más sobre el asunto. Y estuvo a nada de decirle: Sí Serena, las chicas y yo estamos casi seguras de que Darien le aconsejó que dejara su momentánea libertina soltería y ya formalizara con su novia de años. ¿Acaso no sabes que él es su gran amigo y consejero? ¿Acaso no te has dado cuenta de que Darien tiene una manía de decidir y opinar sobre la vida de otros?

Sin embargo, no tenía pruebas de nada y no ganaría nada responsabilizando a Darien de la patanería de su amigo.

Respecto a Andrew al final resultó decepcionante. No por su desempeño en la intimidad (el cual ella opinaba que era lo suficientemente satisfactorio pero nada fuera de este mundo), sino por que resultó un patán.

Sí, ella sabía a lo que se atenía y desde el principio se dio cuenta de que él no buscaba algo serio, pero le pareció demasiado que, mientras ya se veía con ella, empezó a pretender a Lita quien, en su inexperiencia e inocencia, no notó lo que ese chico en realidad quería. Mina incluso había hablado con Andrew para pedirle que a su amiga la dejara fuera de esas intenciones (cuestión que desde luego no le hizo mucha gracia). A cambio, ella se esforzó por mantenerlo bien entretenido y por un momento pensó que el asunto entre ellos podría ser estable (quizá no formal ni público pero sí habitual).

Sólo que Andrew terminó de arruinarlo al cambiar tan "rápida y convenientemente" de opinión respecto a su novia.

Otro idiota en la lista – pensaba. Había sido una pena perder a un amigo, pero era peor darse cuenta de la clase de hombre que era.

Ya daba igual. Ahora estaba muy contenta de tener a su lado a un chico que la hacía sentir especial, que estaba dispuesto a darle un lugar en su vida y, como bonus especial, sabía muy bien lo que hacía en la intimidad.

Se acercaron y saludaron a las chicas y a Mina no le pasó de largo que las dos estaban muy rojas. ¿De qué estarían hablando? ¿Tendría que ver con lo que Ami quería contarles?

La rubia estuvo a punto de hacer una broma sobre su sonrojo y sus novios, pero se contuvo, sus amigas eran muy tímidas y no quería insinuar cosas que seguramente ni siquiera les pasaban por la cabeza. Aunque quién sabe, los más serios y reservados eran los que daban sorpresas.

Kunzi, por ejemplo.

Las chicas se mostraron muy contentas de que Serena las acompañara en la reunión, la primera entre todas desde aquel incómodo momento después del concierto de los Three Lights.

Incluso ambas agradecieron a Serena porque sin ella no hubieran conocido a sus respectivos novios. Claro, el agradecimiento no fue tan efusivo como el de Mina pero no por ello carecía de emoción.

Sin embargo, Serena parecía dispersa y, contrario a la naturaleza de querer conocer los detalles de sus relaciones, sólo se limitaba a decir que no era necesario agradecer porque sus novios eran buenos muchachos que obviamente las valorarían.

– Y bueno, ¿será que Rei tardará mucho? – comentó Mina de pronto – Tengo mucha curiosidad de saber qué es lo que quieres contarnos Ami.

– No estoy segura de que venga – respondió poniendo un semblante algo serio – De hecho, si es que llega, por favor no le hagan preguntas.

– ¿Y ahora qué sucedió?

– También supe algo de eso – terció Lita – Neflyte me contó.

La castaña intercambió una mirada con Ami y Mina supuso que era algo delicado. Asintieron como si estuvieran de acuerdo en comentar la situación.

Mina se inclinó un poco en su asiento. Desde siempre, Rei había sido increíblemente discreta con sus asuntos personales. La rubia jamás le tomó eso a mal, simplemente entendía que la naturaleza de su amiga era proteger ciertas cosas para no parecer vulnerable.

Al igual que al resto de las chicas, quería verla feliz; aunque no sabía cómo ayudarle, quizá sería una oportunidad para conocer algo más de ella y apoyarla.

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El intercambio de miradas con Ami lo dijo todo. Supuso que, al igual que Neflyte, su novio le había comentado algo de lo que había sucedido.

En su caso, el castaño había recibido una de esas llamadas que lo sacaban de balance. Y es que cuando las cosas tenían que ver con sus amigos, su alto sentido de la lealtad no le permitía esconder que se preocupaba mucho por ellos.

Quizá era algo que tenían en común.

Él se había ido y a la mañana siguiente le contó que su amigo Jedite tenía unos problemas y de momento le daría asilo en su casa. Supuso que era lo mejor, él estaría cómodo ahí, de todos modos Neflyte pasaba gran parte del tiempo en casa de ella trabajando.

No tanto como quisieras – se decía inconscientemente – Concéntrate Kino – se reprendía tratando de controlar sus hormonas que no dejaban de estar inquietas ante la idea de su novio.

El punto era que a Lita el nombre del amigo de Neflyte le sonaba vagamente conocido y se le salió decírselo.

– Es probable – le había respondido el joven un poco serio. El castaño le explicó la situación disculpándose primero por no decírselo antes pero aclarando que no pensaba que fuera su responsabilidad contarlo.

Resultaba que después de que él renunció a su trabajo, al tal Jedite le fue asignado seguir a Serena a todos lados. Desde luego la situación enfureció a Lita ¿Cómo se atrevía Darien a llegar a tanto con su amiga?

Pero no quería volver a poner en conversación con su novio el comportamiento de Darien y menos cuando Neflyte continuó contando lo que sucedía. El tal Jedite también se rehusaba a cumplir con esa labor y renunció en cuanto encontró otro trabajo. Nada más y nada menos como asistente en el Templo Hikawa.

El problema era que, ya una vez laborando ahí, se supo que él era el famoso prometido de Rei. Lita apenas pudo imaginarse el problema que al chico se le vino encima cuando ella se enteró.

– Escuchen – comenzó a decir Lita – Esto es delicado e importante, por favor, no hagan comentarios sobre su asistente del templo.

– ¿Qué pasa con Jedite? – reaccionó de pronto Serena, quien había permanecido como abstraída de todo y eso no pasó por alto de las tres amigas que la miraron con interés.

– Bueno… – se alzó de hombros la rubia – Me parece un chico muy agradable y creo que a Rei no le es indiferente.

– ¡¿Qué?! – soltaron las tres al unísono.

– ¿Te refieres a que a Rei le gusta? – preguntó Lita.

– No, no, no – comentó Ami – Eso sería peor.

– ¿Pues qué pasa? – preguntó Mina.

Lita de nuevo intercambió miradas con Ami y por fin respondió – Él es su prometido y ella no lo sabía cuando lo contrataron.

Mina sólo soltó un "Ay no" y Serena se quedó callada, como si tratara de entender el drama de la situación.

Lita no estaba segura si la rubia sabía algo más o había visto algo para afirmar que a Rei "no le era indiferente" su asistente. Aunque tendría sentido, Neflyte le había dicho que, además de que su amigo se iba a quedar en su casa, estaba muy preocupado por lo deprimido que lo notaba.

– Por favor, si llega Rei no hagamos comentarios sobre esto. Parece que tuvieron una discusión muy seria cuando ella se enteró – insistió Ami.

Mina y Lita asintieron. Serena permaneció sin reaccionar. Probablemente para ella la situación era nueva. Cuando las cosas con Darien no empezaron a gustarles, las cuatro (Ami, Rei, Mina y Lita) habían acordado no encarar la situación directamente: ¿Qué ganarían? Que Serena se encaprichara y que él aprovechara para terminarla de alejar de ellas.

Habían decidido ser sutiles y que las cosas cayeran por su propio peso. ¿Había sido lo correcto?

No hubo espacio para más comentarios. Justo en ese momento, la puerta de la cafetería se abrió y Rei aparecía con paso lento y un rostro medianamente cubierto por unas gafas oscuras.

o-o-o-o-o-o-o-o

Los últimos días habían sido terribles y lo peor es que se sentía tan tonta. Jamás pensó que un idiota como Jedite pudiera hacerla pasar por tanto.

Aquella tarde que le ordenó que se fuera, no le había dado oportunidad de que él dijera algo más. Ella se había dirigido inmediatamente a su habitación y se encerró para que absolutamente nadie la viera llorar.

Era una tontería. Ella nunca le había dedicado lágrimas a un hombre además de su padre, por quien había llorado de niña cuando sintió que la abandonó o de rabia cuando por fin pudo expresar lo que la había lastimado.

Pero ahora sentía un incontrolable llanto por ese rubio tonto que se había portado increíble con ella los últimos días, ese que la había reconfortado y la había besado como ningún otro. Ese mismo que no le había contado que era amigo de Darien y, peor aún, que era el idiota que le escogieron como marido.

A Rei le dolía hasta el pecho al pensar en él y cómo se había ilusionado un poquito con la idea de que pudiera pasar algo entre ellos. Pero también sentía tanta rabia al recodar que él sabía que era su prometido.

Siempre supe que algo ocultaba – se reprochaba una y otra vez al haber ignorado su instinto y dejarse llevar por lo que Jedite le empezaba a provocar. Incluso se preguntaba si su padre lo mandó a trabajar al templo para que se acercara a ella y, una vez que la sedujera, le soltara la verdad.

Viniendo de Takashi Hino, no me sorprendería.

Su padre siempre buscando nuevas formas de lastimarla. Ahora, a través de Jedite.

Sobre el chico, no sabía nada. Supuso que se disculpó de alguna manera con su abuelo por su reprentina partida y, como ella permanecía aislada, no se tocaba el tema.

Hasta esa mañana. Su abuelo había llamado a la puerta de su habitación para decirle que sus amigas le habían llamado por tercera vez y habían dejado el recado de dónde y cuándo se reunirían para hablar algo importante.

La chica había dejado pasar a su abuelo. Le había dicho que días atrás se había mojado en la lluvia y un terrible resfriado la había tomado por sorpresa. Como era muy contagioso, pretextó, debía permanecer aislada.

Su abuelo le había dicho que ya no la escuchaba congestionada ni tenía fiebre, así que debía darse la oportunidad de salir con sus amigas.

– No te preocupes por lo demás – le había dicho su abuelo.

Ella se aguantaba las ganas de preguntarle por Jedite, fue una suerte que él pusiera el tema – Aunque Jedite no está por ahora, me las puedo arreglar yo solo en el Templo.

¿Por ahora? – pescó. Qué significaba eso, qué le había dicho a su abuelo o qué se creía ese tonto para asumir que ella lo dejaría regresar.

– Me comentó que se le había presentado un problema y tenía que tomarse unos días – continuó su abuelo – Supongo que es algo muy grave, lo vi muy afligido. Pobre, ni siquiera tiene una familia en que apoyarse.

Rei no había podido evitar arquear la ceja, algo interesada en eso.

– En una ocasión me dijo que se había alejado de su familia, me parece que solo tiene a un pequeño grupo de amigos… y a nosotros.

Tonto mentiroso. Si papi y mami hasta le consiguieron esposa.

– Como sea, espero que esté bien. Es buen muchacho.

Rei no soportaba que su abuelo estimara tanto a Jedite pero tampoco tenía ánimos para desenmascararlo, de decirle a su abuelo que él era su mentado prometido, que no había sido honesto con ellos, que ella sentía una estúpida atracción hacia él y que, después de la forma en que la había besado, su sola idea la lastimaba.

Basta. No puedo seguir así.

Entonces decidió seguir el consejo de su abuelo e ir con sus amigas. Ellas querían hablar de algo importante y no quería fallarles. Eso sí, por más que se lavó la cara y se maquilló un poco, no podía ocultar sus ojos hinchados por tanto llorar, así que optó por ponerse unas gafas oscuras para disimular.

Llegó al lugar de la cita y se alegró un poco al notar que todas estaban ahí; sí, incluyendo a Serena.

Las cuatro se quedaron calladas al verla y la observaron mientras se sentaba – Lamento la tardanza – sólo comentó y pidió que continuaran hablando.

Hubo un incómodo silencio y Rei recordó que, según el propio Jedite, trabajaba para Darien y era un amigo de él; así que se preguntó si el resto de sus amigos (ahora novios de las chicas) les habrían comentado algo.

Ami carraspeó – Bueno, antes que nada quiero agradecerles por venir y creo que es justo que les diga ya por qué las he citado.

Rei se sentía un poco intrigada. La verdad es que era poco usual que Ami convocará a una reunión; sabía que su amiga era algo fría y no se interesaba mucho por los temas personales.

¿Qué se traía entre manos? Y es que la sacerdotisa la notaba algo distinta, un poco más desenvuelta, quizá hasta alegre.

El amor – supuso, pues cuando se reunieron en su casa, la aspirante a doctora no pudo evitar mostrarse contenta por su flamante novio.

Y la voz de Jedite retumbó en su cabeza – Sólo me preguntaba si algún día te gustaría salir con ella y con el resto de tus amigas en pareja.

Tonto Jedite. Si supiera que por un breve momento sí le ilusionó la idea de estar con él y compartir con sus amigas lo que le hacía sentir.

Ami hizo una nueva pausa y soltó sin más rodeos – Me voy de la ciudad.

o-o-o-o-o-o-o-o

Se levantó con un ligero dolor de espalda. Debía reconocer que sí tenía algunos odiosos hábitos de niño rico, como jamás acostumbrarse a no dormir en una cómoda cama.

Desde siempre lo habían acostumbrado a descansar en mullidos lechos con sábanas de seda, algo muy distinto a la improvisada cobija y el viejo sofá de Neflyte, el cual pedía a gritos jubilarse, en el que llevaba unos días quedándose.

Eso sí, estaba muy agradecido de que su amigo le diera asilo en su casa ya que el espacio en el departamento de Zoycite era realmente reducido y, desde el día que llegó, se percató de que era un lugar para la privacidad de su amigo y su chica.

Aquella tarde se había ido del templo muy aturdido y desconcertado. No sabía qué hacer o a dónde acudir. Sus pasos lo habían llevado casi en automático a la casa Zoy, pero se había apenado muchísimo de encontrar de frente a una de las amigas de Rei y también por obviamente interrumpir un momento íntimo entre ellos.

Como buen amigo, Zoy había llamado al resto del grupo para que lo apoyaran, aunque Kunzite se disculpó por no poder asistir ya que tenía una importante reunión con el señor Kaiou. Nef había llegado rápido y les contó a ambos lo sucedido, incluyendo ese par de besos que le había dado a su prometida.

– Fui un idiota – les dijo aquella tarde y era una frase que no paraba de decirse desde entonces.

El rubio se levantó del sofá y se estiró un poco para que ese dolor de espalda cesara. Había tomado una pequeña siesta vespertina para compensar un poco los desvelos que acumulaba desde que se marchó del templo.

No paraba de pensar en lo tonto e ingenuo que fue al aceptar trabajar en el templo, al sentirse tan atraído por Rei y pensar que podrían tener algo sin que importara todo lo que él le ocultaba.

Jedite se acercó a la alacena de su amigo para sacar de nuevo una botella de un fino vino que tenía bien guardada el castaño. Hacía unos días, cuando él llegó a refugiarse a su casa, encontró unas cuantas botellas nuevas y cerradas; el rubio había terminado con una de ellas poco a poco y a la segunda ya le había bajado una buena parte.

Era una forma improvisada de calmarse y no pensar tanto en Rei, en lo mucho que la anhelaba, en lo idiota que había sido y en lo mucho que extrañaba la vida que estaba construyendo como asistente en el Templo Hikawa.

Apenas dio un sorbo cuando de pronto la puerta de la casa se abrió y no pudo evitar dar un pequeño salto – ¡Diablos! – expresó cuando vio quién entró – Me asustaste, ¿qué haces por aquí?

– Aquí vivo – le dijo Neflyte obviando la respuesta.

Aunque no era tan obvio verlo ahí durante el día. Su amigo se iba muy temprano a casa de su novia a trabajar, repartir postres, levantar pedidos y quién sabe cuántas cosas más; regresaba ya muy tarde y se iba directo a descansar.

– No parece – le respondió con tono algo burlón – Es raro verte por aquí de día.

– Lita tenía un compromiso con sus amigas y decidió limitar los pedidos para darse el tiempo de ir con calma. Preferí venir un rato a ver cómo estabas… y evitar que vacíes mi cava – agregó también burlón y señalando la botella que aún tenía en las manos.

El rubio se alzó de hombros – Al menos le doy un uso – miró la botella – Es el favorito de mi papá, al menos estaría orgulloso de mí por compartir su buen gusto.

Neflyte se acercó y le dio una palmada en el hombro. Se acercó a su refrigerador y sacó una cerveza para acompañarlo. Jedite sabía perfectamente que su amigo sólo bebía cerveza cuando se trataba de alcohol, el resto de bebidas le parecían amargas o fuertes. De ahí que se tomara la libertad de abrir esas botellas guardadas que Nef jamás se bebería pero que siempre aceptaba gustoso como obsequio de navidad y cumpleaños de su admirado jefe y amigo Darien Chiba.

Se sentaron y el castaño comenzó a hablar – Sabes que no tengo problema, pero me preocupas Jed; no puedes estar así para siempre: sin salir, durmiendo a ratos y vaciando botellas.

Dio un sorbo – Lo sé – reconoció – Pero no dejo de pensar en lo que pasó, en Rei.

– Te advertimos que tuvieras cuidado.

– Sabes que para mí era un empleo temporal y que estaba poniendo distancia entre nosotros pero… – dio otro trago y respiró profundamente – no pude evitar enamorarme de ella.

Era la primera vez que lo admitía en voz alta y lamentaba mucho que no fuera Rei la primera en escucharlo.

– ¿Y qué piensas hacer? Te conozco y no eres de la clase de tipos que se conforma con las cosas.

– Sé que debo hablar con ella, explicarle cómo se dieron las cosas… decirle lo que siento; pero esa mujer es fuego hermano, de verdad, debe estar maldiciéndome y no querrá escuchar.

Ambos dieron largos sorbos a sus bebidas – Me gustaría ayudarte, quizá comentarle a Lita todo y…

– No, no quisiera involucrarlos en esto y que Rei se enoje con su amiga o buscarte un problema con tu chica. Ustedes están muy bien ¿no?

Neflyte sonrió y no fue necesario que dijera algo en especial. A Jedite le daba mucho gusto saber a su gran amigo feliz con una buena mujer.

– Salud por eso – dijo el rubio y después de ese trago, que ya empezaba a relajarlo, soltó – Si prácticamente vives con ella, sólo pasas la noche aquí; algo raro en ti, si me lo permites decir.

Neflyte tosió. Sabía a lo que se refería. No había tenido muchas novias o relaciones largas, pero sí se involucraba muy rápido y era más o menos usual que quisiera compartir las noches con sus chicas.

– Esto es diferente Jed.

Él rubio abrió un poco los ojos algo incrédulo. Neflyte, su gran amigo que apenas se hacía con una novia y rápidamente quería toda la formalidad con ella, desde llevarla a la cama hasta ya visualizarse casado y con hijos. ¿Por qué esta chica es diferente?

– Neflyte no me digas que te estás tomando muy apecho el discurso de "sean prudentes y respetuosos" del amargado de Kunzite.

No hubo una respuesta inmediata. El castaño más bien se terminó de un sorbo esa primera cerveza de esa charla, y mientras buscaba una segunda, Jedite lo compadeció un poco, sea lo que sea que estuviera pasando, era complicado para su amigo.

– Desde luego que no es lo que dijo Kunz y créeme que estoy loco por Lita y anhelo estar con ella pero… – dudó en agregar pero sabía que podía confiar en sus amigos, especialmente en Jedite que era tan cercano a él como Zoy y Kunz eran entre sí – Lita no tiene experiencia y no quisiera presionarla.

– Ya veo.

– Hermano no tienes idea de lo mucho que la deseo y estoy dispuesto a esperar todo el tiempo que ella necesite, pero cuando suceda no sé si pueda controlarme y me preocupa un poco asustarla o lastimarla.

Jedite lo entendía de alguna manera. Si bien había empezado su vida sexual muy joven (empujado y patrocinado por su propio padre), había pasado por largos periodos de sequía que cuando veían su fin, era tal el desfogue que ninguna chica le seguía el ritmo. Para él era un poco frustrante esperar tanto para no terminar del todo satisfecho.

– ¿Y ha habido oportunidades? – le preguntó.

– Sólo una, pero nos interrumpieron… No sé qué hubiera pasado si continuábamos.

– Quizá sólo sea eso Nef, no se ha dado otra oportunidad; por lo que me has contado, ustedes están muy enamorados y eso hará que todo sea mejor cuando pase.

Hubo otro largo sorbo de ambos – ¿Lo dices por experiencia? – preguntó un Neflyte que también empezaba a relajarse.

– Sabes que no, pero eso siempre dicen por ahí – dijo con honestidad. Alguna que otra vez de más jovencito se pensó enamorado pero nunca era real, no tan real e intenso como lo que sentía por Rei, quien con un par de besos lo había mandado hasta las nubes, ni imaginar si pudiera tener todo de ella.

Inmediatamente frenó a su volátil imaginación. Miró la botella que sostenía en sus manos, sin duda se la terminaría en esa charla con su amigo.

Jedite recordó las muchas ocasiones que vio a su papá con una de esas finas botellas e incluso le "enseñó" a beber. No eran baratas pero Darien siempre las obsequiaba a su equipo en las fechas memorables.

– Qué tontería – pensó en voz alta sin dejar de ver la botella de vino.

– ¿Qué?

– Que Darien te regalara esto cuando tú nos has dicho tantas veces que sólo bebes cerveza. Vaya que te conoce – comentó sarcástico.

– No, no empieces tú también con el linchamiento.

Rei le había pedido que guardara en secreto todo lo que le platicó de Darien y cómo lo relacionaba con Takashi Hino (su padre), tampoco se atrevería a divulgar su breve charla con Setsuna Meiou, además conocía la admiración y lealtad de Neflyte hacia su ex jefe; así que no, no empezaría con el "linchamiento", sólo le dejaba pensando sobre la amistad de Darien.

– Sólo digo – se alzó de hombros – Te regala algo que en realidad no te gusta; en verdad no te conoce – miró la botella y lo poco que quedaba de ella – y creo que tampoco nosotros lo conocemos.

Terminó lo último que quedaba de la bebida y fue por más. Realmente necesitaba dejar de pensar tanto por un rato y valoraba mucho que Nef lo acompañara. Ya al día siguiente, si la resaca se lo permitía, iría al templo a darle la cara al abuelo de Rei por su ausencia en el trabajo.

Y si la fortuna estaba de su lado y podía verla, quería que ella lo escuchara – Al menos que sepa que me enamoré de ella sinceramente, si no hay más que hacer, me alejaré de ella.

o-o-o-o-o-o-o-o

Posiblemente la noticia les cayó a sus amigas por sorpresa. No las culpaba, ella misma también se había sorprendido porque en las últimas semanas gran parte de su tiempo era Zoycite y prácticamente había olvidado que tenía pendiente esa solicitud para el programa de intercambio.

Les contó a las chicas que los resultados le habían llegado hacía unos días y que el plan era irse al menos un año de la ciudad. Sin embargo, cuando le tocó hablar específicamente de su novio, ya no pudo contener lo que realmente le afectaba de todo el asunto.

– Después de informarle a mi mamá, hablé con él y… – hizo una pausa tratando de controlarse. Sus amigas jamás la habían visto llorar y mucho menos imaginar que la verían hacerlo por un muchacho – Disculpen – respiró profundamente y continuó – Zoycite dijo que estaba muy orgulloso de mí y que merecía esta oportunidad.

Se quedó callada sin saber cómo continuar. Efectivamente Zoycite le manifestaba su apoyo, pero ambos no podían ocultar que sería muy difícil estar lejos. Se habían enamorado mucho en poco tiempo, disfrutaban sus largas charlas sobre libros, sus visitas a los museos, sus salidas a comer o cenar, sus intensas partidas de ajedrez y, para qué negarlo, sus cuerpos unidos sin nada más de por medio que los sentimientos que ya los unían.

Era un poco duro pausar esa pequeña rutina.

Supuso que las chicas notaron lo que sucedía, ya que Lita interrumpió la pausa – ¿Y qué dijo sobre ustedes, sobre su relación?

– Él acaba de ascender en su trabajo y tiene nuevas e importantes responsabilidades, así que le sería imposible seguirme y yo jamás le exigiría algo así; Zoycite dijo que me va a esperar todo el tiempo que sea necesario y que en cuanto haya una posibilidad irá a visitarme.

– Él y mamá también me prometieron que seguirían trabajando con el consultorio porque saben que es un proyecto muy importante para mí – continuó – Pero no lo sé.

Ami tenía cierto temor. Cuando era niña, su padre viajaba mucho y su madre poco a poco empezaba a tomar más prestigio y responsabilidades en el hospital; hubo distancia, desinterés de uno por el otro, reclamos, discusiones y una amante de su papá. El divorcio llegó cuando ella apenas iba a cumplir los 7 años, aunque en realidad nunca recordaba una convivencia muy familiar entre ellos.

¿Qué pasaría si se repetía la historia? Qué pasaría si, al igual que a sus padres, el trabajo la absorbía; si Zoycite se cansaba y empezara a buscar a otras. Ella no lo soportaría, así como no podría amarrarlo a una relación a distancia.

Posiblemente sus amigas entendieron el predicamento porque fue de nuevo Lita la que habló – Kioto no está muy lejos y un año pasa volando – trató de reconfortarla y la peliazul le dibujó una ligera sonrisa.

– Y si te preocupa que se porte mal, hablaré con Kunzi para que lo tenga muy vigilado – agregó Mina, aludiendo a su nuevo novio Kunzite, quien además de presumírselos en sus mensajes, Ami sabía que era el gran amigo de Zoycite.

– Sería un tonto si no te espera – intervino Rei, que con ese tono y esas gafas oscuras parecía que acaba de salir de un velorio.

– Sí – dijo Mina – Por lo que nos dices, él te está apoyando mucho y si no mal recuerdo, el viaje en tren es de menos de cuatro horas, yo imagino que él las recorrería con gusto con tal de verte al menos unas horas.

– Sí Ami, no tienes que desanimarte – la alentó Lita – Estuve ahí el día que se conocieron y desde entonces se nota que lo tienes encantado.

– Además – comentó Rei – Dice mucho de él que te apoye con esto y con el consultorio, parece buen tipo.

Ami sonrió. Las palabras de sus amigas eran realmente reconfortantes; sin embargo, había una voz que no había escuchado y cuya opinión le interesaba mucho.

Sí, notaba a Serena muy dispersa, incluso pálida y cabizbaja; es más, quizá tendría que acercarse a ella y recordarle que confiara en ella cuando se trataba de su salud. Sin embargo, quería escuchar lo que la rubia pensaba de la situación.

– Serena – se dirigió a la rubia que parecía pérdida en su cabeza – ¿Tú qué piensas?

o-o-o-o-o-o-o-o

Las cuatro la miraron y ella no supo cómo reaccionar. Ami estaba cumpliendo sus sueños, estaba siendo recompensada por todo su esfuerzoy parecía que su novio la apoyaba.

¿Qué hacía falta comentar?

Posiblemente sobre ese pequeño rastro de envidia que sentía. Sí, envidia. Ami se iría por voluntad propia a hacer algo que le apasionaba, estaría en una ciudad en su propio país y no tan lejos de los suyos por un año. Incluso, por lo que les había explicado, se iría hasta que terminara su semestre en la escuela y pasaran sus vacaciones intersemestrales, lo que le permitía ordenar todo con tiempo.

Ella, en contraste, se marchaba en cuestión de días a un lugar extraño y lejano, sola y con la incertidumbre de sus planes a futuro.

En realidad, Ami estaba en la gloria, era muy afortunada por lo que estaba pasando y el apoyo que recibía de todos.

– Me alegro por ti – respondió con sinceridad, ya que sí, sabía que su amiga merecía la oportunidad – Y sobre Zoycite… supongo que él está muy contento por ti; él te quiere y sabe lo que esto significa para ti.

– Si a él no le importaras – intervino Rei – buscaría la forma de alejarte de lo que realmente quieres.

Aunque el comentario fue para Ami, no pudo evitar mirar a Serena. La rubia captó la intención. Rei había manifestado en más de una ocasión su opinión respecto a que Darien se la llevara lejos.

Y por un momento Serena se vio reflejada en Ami. ¿Qué pasaría si a ella le llegaba una oportunidad así? ¿Darien diría lo mismo que el novio de su amiga? ¿Aceptaría la distancia con tal de apoyarla?

Claro que no. Para Darien, su arte era un pasatiempo, algo que reemplazaría fácilmente en Estados Unidos con reuniones sociales y una hija.

Qué injusto.

– Serena – interrumpió Ami sus pensamientos – Tú decidiste irte con Darien, crees que si él se hubiera ido solo ¿la distancia hubiera desgastado la relación?

– Bueno, es distinto; es muy lejos y Darien tiene muchos planes allá y todo un proyecto de vida. Es nuestro destino – dijo empleando el argumento que él siempre daba.

– Ya veo – respondió Ami algo pensativa.

– Pero en tu caso es una gran oportunidad y debes aprovechar que todo se está acomodando para que cumplas tu sueño. Yo lo haría – agregó con voz un poco queda.

– ¿De verdad?

¿De verdad Serena? – se cuestionó a sí misma y ahí fue donde tuvo un pequeño chispazo. En realidad, ni le había comentado a Darien lo que estaba sucediendo alrededor de su arte o sobre las propuestas de Michiru para formarse profesionalmente; si se lo contaba, quizá podría permitirle tomar esas oportunidades, tal vez esperar un poco con el tema de la maternidad y poder demostrarle y demostrarse lo que podía lograr. No todo tenía que ser blanco o negro con Darien ¿cierto?

– Sí – respondió un poco más despabilada – De hecho, lo he pensado y quiero estudiar arte en Estados Unidos – lo dijo al fin.

No supo bien qué tan importante era lo que dijo pero sus amigas reaccionaron a sus palabras como si les hubiera dado una espectacular noticia.

Es excelente, tienes talento para lograrlo, qué bueno que te decidiste, fueron algunas de las frases que logró captar en esa pequeña algarabía que habían provocado sus palabras. Sin embargo, creyó justo decirles a las chicas que estaba a nada de irse.

– Oigan – comenzó a hablar – Quiero aprovechar que nos pudimos reunir hoy para decirles… – las chicas borraron sus sonrisas y la miraron expectantes – Me iré este fin de semana.

o-o-o-o-o-o-o-o

– ¡No! – fue su inmediata respuesta y todas la miraron – No te puedes ir tan pronto – agregó Mina.

La cuestión era que esa partida tan abrupta no le permitiría jugarse su última carta. Si bien Serena les había compartido su idea de querer estudiar arte en Estados Unidos, intuía que era una decisión no consultada y consentida por su novio.

Más allá de Seiya, Mina necesitaba hacerle ver a su amiga lo que valía su trabajo y tenía la oportunidad perfecta, sólo que necesitaba unos días más antes de que se fuera.

– Serena no te puedes ir tan rápido – dijo la rubia – Te perderás la presentación del disco con tu arte.

– Lo siento chicas, se los comenté hace tiempo y aunque se ha aplazado un poco, ya es tiempo.

Las chicas se miraron entre sí preocupadas. Era una situación muy distinta a la de Ami, quien se iba más cerca, por menos tiempo y, sobretodo, por voluntad propia.

– Serena, la gente de la disquera debe conocerte. Habrá una presentación muy exclusiva del disco, será la próxima semana. No puedes irte sin asistir a ese evento.

Mina estaba trabajando con la gente de la disquera para presentar el disco en un evento privado con ejecutivos, agencias de publicidad y un grupo selecto de prensa. Ella había reservado un lugar para Serena y que en esa velada viera todo el mundo que se abría ante ella.

– Setsuna… es decir, la asistente de Darien ya me dio mi boleto para viajar el sábado por la mañana; lo siento.

Todas miraron hacia abajo. Era triste pensar que Serena se iría en pocos días y que en unos meses también se marcharía Ami.

Además, parecía que no había argumento que le hiciera cambiar de opinión – Bueno, al menos ya podremos hablar más contigo, con tu nuevo teléfono.

Las chicas se extrañaron y Serena mostró su nuevo equipo. Mina resaltó el hecho de que lo compró con el fruto de su trabajo.

Entre todas le explicaron algunas cosas de lo que ahora podía hacer con su nuevo teléfono y no tardaron mucho en agregarla a la conversación que tenían, le enseñaron a configurarlo y a enviar imágenes y toda clase de cosas.

La tristeza de que dos de sus amigas se marcharían comenzó a disfrazarse un poco con toda esa explicación del teléfono. No es que no doliera o importara, sino que se permitieron regalarse esa tarde de charla entre amigas.

La plática se diluyó entre consejos sobre el teléfono de Serena y uno que otro regaño de Rei sobre el tema (que era la que menos hablaba), así como algunos detalles del viaje de Ami.

Para Mina fue agradable compartir esa tarde con sus amigas, porque, como pintaban las cosas, podría ser la última vez que se reunieran así.

Cuando el atardecer comenzó a entrar por los ventanales de la cafetería, Rei fue la primera en disculparse e irse, mientras que Lita y Ami comentaron que tenían tareas pendientes de la universidad.

Por su parte Mina se aferró a llevar a Serena de vuelta a su casa y aprovecharía el camino de regreso para contarle más sobre la fiesta y ver si así se animaba y cedía un poco para ir.

– Yo llevaré a Kunzi, será genial presentarlo como mi pareja formalmente – le decía mientras caminaban por la calle.

– Me alegra que las cosas entre ustedes pinten tan bien – respondió Serena algo dispersa.

– Ay sí Serena, has sido la gran celestina para nosotras. Bueno… Rei, ya sabes que no la está pasando bien.

– Sobre eso ¿por qué decidieron no decirle nada? – cuestionó – Creo que le hubiera venido bien algunas palabras.

Mina sabía que era complejo. Así habían pactado no meterse con Serena sobre Darien.

– He visto cómo actúa con lo relacionado a Jedite – continuó Serena – A Rei le importa más de lo que quisiera admitir.

– Serena…

– Somos amigas y debemos ayudarnos; ustedes también lo harían por mí ¿cierto?

Claro, pero de nada sirve decirte lo que vemos en Darien si tú no lo quieres ver.

– Serena no te vayas – fue lo único que pudo decir – No te vayas así tan derrepente y con la oportunidad de hacer más cosas con tu arte.

– Tengo que hacerlo.

– ¿Y Seiya ya sabe que te vas este fin de semana?

o-o-o-o-o-o-o-o

La tarde había resultado agradable a pesar de todo y lograron conectar y convivir como en los viejos tiempos.

No obstante, su gran malestar era ver a Rei decaída. Ella había visto cómo reaccionó su amiga cuando conoció a Jedite y cómo ambos se comportaban cuando hablaban del otro. Serena sabía que había química y eso le había parecido perfecto, porque Rei se merecía a un buen muchacho tanto como sus amigas.

No entendía por qué el resto de las chicas no querían decirle algo. Cuando más jóvenes ella (Serena) no se callaba las cosas y esta vez reviviría esa cualidad para ayudar a su amiga, aunque se enojara.

En el camino fue pensando sobre eso, pero la conversación de Mina le trajo otra cosa más en qué pensar.

Definitivamente no podía ir a la fiesta a la que la invitaba, pero cuando mencionó a Seiya, otra vez sintió ese tsunami de emociones. Entre tantas cosas, no había tenido el valor de decirle que ya se iba.

– No se lo he dicho – confesó agachando la cabeza.

– Serena, no te voy a presionar con lo de la presentación aunque insisto en que lo justo es que estés ahí; pero no seas cruel con Seiya y no te vayas sin despedirte personalmente.

No podía decirle a su amiga que prácticamente se estaba ocultando de él desde su última charla.

– Mira, sé que no soy la persona correcta para contarte esto – dijo Mina mientras llegaban a la puerta de su casa – Eres muy importante para él y… bueno, Seiya ya perdió una vez a alguien muy especial y no creo que sea justo perder de nuevo a alguien así.

– ¿Qué?

– Yaten me dijo que alguien especial se marchó de pronto y lo dejó muy lastimado. Por favor, no lo lastimes tú también.

Y la canción volvió a su cabeza. ¿No hablaba justamente de un corazón herido?

– Mina, yo… – no sabía qué decir.

– Mira – sacó su teléfono y tecleó algunas cosas con agilidad – mañana habrá una convivencia con admiradoras, será un grupo reducido del club de fans porque la disquera quiere ver cómo se comportan los chicos en ambientes no tan controlados… Bueno, te estoy mandando la información para que vayas, permitiré tu acceso.

El teléfono móvil de Serena sonó y ella casi se sobresaltó por que aún desconocía los sonidos que emitía.

– Los chicos tienen una agenda muy apretada y creo que sería la última oportunidad para verlo. No te vayas sin hablar con él, por favor, después puede ser tarde.

Serena no dijo ni sí ni no. Su amiga se marchó y ella entró a su casa y se fue directo a su habitación.

Después puede ser tarde.

La frase retumbó en su cabeza, pero en principio no pensó en ella misma sino en Rei. Y utilizando todas las habilidades que esa tarde sus amigas le enseñaron, buscó el contacto de Rei y abrió una conversación.

La sacerdotisa era muy directa a la hora de regañarla y Serena quiso corresponder a esa actitud. Miró por unos momentos su teclado pensando qué escribirle y al final sólo colocó:

"Hola Rei. Las chicas y yo supimos lo de Jedite; sé que te duele pero no dejes que tu papá también te quite esto. Habla con Jedite, después puede ser tarde".

Después vio el mensaje de Mina con la información del lugar donde estaría Seiya y sus hermanos. Quizá sería la última oportunidad de verlo, de hablar.

Sintió una punzada en el pecho al pensar que era definitivo que ya no se verían, pero era peor imaginar en lo que lo lastimaría si se iba sin más.

Sí, no era correcto porque él prácticamente se le había declarado y ella estaba comprometida con Darien; pero no podía marcharse sin avisarle, sin decirle que su intención jamás ha sido lastimarlo como aquella persona que lo dejó.

Seiya… – pensó y sintió unas repentinas ganas de llorar porque ya no lo vería – Perdóname.

o-o-o-o-o-o-o-o

La vio por enésima vez acomodar las cobijas de la pequeña. Si bien era una perfeccionista que gustaba de eliminar las arrugas en las cobijas, Haruka sabía que Michiru repetía ese movimiento más por zozobra que por manía.

Aquel día la había pasado con Hotaru, de paseo en el parque, yendo al cine y jugando en casa. En poco tiempo ella se iría muy lejos con su madre y ellas querían aprovechar hasta el último segundo con la pequeña.

Tenían un compromiso fuera de la ciudad por algunos días, así que no podrían estar justo para despedirlas en el aeropuerto. Para Haruka quizá era lo mejor, en el fondo, su novia era increíblemente sensible y sabía que rompería a llorar sin consuelo en pleno aeropuerto, desencadenando lágrimas en Setsuna y Hotaru.

Lamentablemente el día se estaba terminando y Hotaru ya había excedido su horario para irse a dormir, así que llevaban varios minutos con ella. Un cuento y muchas preguntas sobre cuándo podrían ir a verla en su nueva casa.

– En cuanto podamos, iremos – volvió a decir Michiru mientras de nuevo acomodaba las cobijas – Ahora necesitas descansar o tú mamá nos va a regañar.

Por mucho que se esforzara la niña por seguir hablando con ellas, sus ojos ya delataban que estaban perdiendo la batalla.

Aún es muy pequeña – pensó Haruka.

– Mamá Michiru… – dijo Hotaru ya casi con los ojos cerrados.

– ¿Sí?

– ¿Nos vas a extrañar mucho?

– Claro que sí – dijo acariciando su cabeza con suavidad.

A veces era frustrante ver ese tipo de acciones de su amada, porque sabía que una parte de Michiru deseaba ser madre y, entre tantas cosas que le podía entregar, un hijo no era posible.

Sabía que Michiru había amado a Hotaru desde antes de nacer; ella y Setsuna eran grandes amigas y su prometida no había podido evitar volcar todo su instinto maternal en la hija de su mejor amiga. Más aún sabiendo que ella estaba sola, ya que el papá de Hotaru no se quiso hacer responsable.

Vaya idiota.

– ¿También papá Haruka?

Se acercó y, al igual que su compañera, acarició suavemente la cabeza de la pequeña. No lo negaba, también la amaba, quizá era menos emocional o abierta para demostrarlo pero se había encariñado mucho con ella.

– Sabes que desde ya te estoy extrañando.

Entre sueños, la niña suspiró y ellas se quedaron observándola hasta que estuvieron convencidas de que estaba dormida.

– Descansa mi pequeña – dijo Michiru y le dio un beso en la frente. Haruka hizo lo mismo y cuando volteó, notó que Michiru lloraba muy por lo bajo.

La abrazó y le limpió algunas lágrimas que recorrían sus mejillas – Ella estará bien, es una niña muy lista.

– Lo sé pero… me preocupan las dos – comentó por lo bajo, evitando a toda costa que las palabras salieran de la habitación de la niña y llegaran a oídos de su amiga.

Haruka coincidía en eso. Habían notado a Setsuna dispersa, más callada de lo normal, indecisa por irse. El remate había sido que la propia Hotaru les había dicho que su mamá estaba muy triste últimamente – Creo que extraña al señor.

Haruka sabía que hablaba de Darien Chiba y eso le hervía la sangre. Era algo más que la recurrente broma de Michiru de sus celos u odio por los hombres apuestos. Tenía razones para detestar a ese tipo.

– Mich, debes confiar en las decisiones de Setsuna – la trató de reconfortar por lo bajo – Sabes que ella no haría algo para dañar a Hotaru, siempre la va a poner primero.

– Es lo que más me preocupa. Cuando se trata de su hija todo se le nubla.

Michiru la conocía mejor que ella y sabía de lo que hablaba. En realidad, para Haruka, la amistad con Setsuna era menos cercana. Al principio fue su enigmática vecina que se mostraba amable pero muy distante. Un día de pronto se mudó al departamento de al lado y cuando menos se dio cuenta, la abordó para hablarle de Michiru.

Se lo agradecía, desde luego, pero le seguía pareciendo una mujer que ocultaba muchas cosas. Cosas que no le había comentado ni a Michiru, cosas que ella (Haruka) había visto.

– Anda, vamos a mi departamento. Necesitas descansar, mañana sale el vuelo muy temprano.

Ella asintió y salieron de la habitación mirando a la pequeña. Setsuna era muy respetuosa del espacio y estaba sentada en el comedor de su casa, miraba a la nada en lugar de ver los documentos que tenía en la mesa (en los que se alcanzaba a ver los boletos de avión).

– Bueno, nos vamos. Ya se quedó dormida– dijo Michiru con un tono un poco seco, tampoco estaba muy de acuerdo con que se fuera Setsuna.

– Muchas gracias por todo – respondió la mujer y se puso de pie. Sin poder evitarlo, ambas se abrazaron y Haruka aprovechó para ver más a detalle los papeles que había en la mesa.

Era información en inglés sobre una escuela, seguramente la escuela en la Hotaru estaría allá.

Todo bien planeado por Chiba – pensó pues quién más le iba a mandar a Setsuna esa información.

Haruka desvió la mirada para no pensar en eso y tras el abrazo entre las amigas, también se despidió de Setsuna deseándole éxito en su viaje.

Y suerte, la va a necesitar.

Toda aquella despedida le dejó cierto sabor amargo. Claro, le dolía ver sufrir a Michiru y alejarse de Hotaru, pero le molestaba mucho que Setsuna actuara de esa manera.

Supuso que la expresión molesta no pasó desapercibida por su pareja por que preguntó apenas entraron a su departamento – ¿Y esa cara?

– Sólo estoy un poco cansado, es todo – dijo dirigiéndose a la habitación.

– Te conozco.

Haruka detuvo su paso – Créeme, no quieres escucharlo.

– ¿Por qué tan segura?

– Porque tú misma me pediste hace mucho que no tocara el tema.

Era cierto. Recién empezaban a salir cuando Setsuna les contó que estaba embarazada y que el padre de su hijo no iba a hacerse responsable. En privado, Haruka le preguntó a Michiru si sabía de quién se trataba y ella contestó que no y le pidió que no volviera a mencionar el tema, mucho menos ante su amiga.

Haruka tenía palabra y jamás lo mencionó pero las cosas habían cambiado ¿no?

Michiru la miró sin comprender y no pudo más al soltar – Me enerva que Sets se vaya así tras ese tal Darien Chiba.

– Haruka no empieces.

– Querida, sabes a lo que me refiero. Todo es muy precipitado y forzado… creo que en el fondo piensas lo mismo que yo.

Hizo una pausa y por fin lo dijo – Que hay algo más entre ellos dos.

– ¡Haruka cómo…!

– Discúlpame, sé que me pediste no hablar del tema y sé que ella es tu amiga; pero antes de tratarla, antes de que nos presentara… tú no viste lo que yo y tengo razones para creer que… – respiró profundamente – él es el papá de Hotaru.

Continuará…

¡Waaa! Quiero decir tantas cosas y no sé ni por dónde empezar. Quizá confesando que este capítulo ha representado todo un reto y resultó un poco frustrante porque en más de 12,000 palabras sólo pasó un día y yo tenía muchos planes para este capítulo pero son cositas que veremos más adelante.

Y es que todo se me salió de control cuando junté a todas las chicas y no podía pasar de largo todas las historias. Así que, si me lo permiten hablaré un poco de cada una.

Ami, que como dije previamente estaba sospechosamente saliéndole todo bien pero le puse ahí un tema. Y no, no es algo random o nomás para molestarla, hay una razón ¿la vieron? Por lo demás puedo decir que se ha dado una buena vida (quién la viera).

Lita, de quien ya tenía rato que no sabíamos, sigue dándole vueltas a aquellito. Ojalá que las palabras de su amiga le den luz. Y ya ven que hasta el buen Nefff está que tampoco se aguanta.

Mina, bueno, nos vino a soltar el chismesito de que Andrew está canceladísimo, pero como ella dijo: dime con quién te juntas… Y bueno, no le salió tan bien el querer invitar a su buena amiga a cierta fiesta. Qué mal ¿no?

Rei, pues anda de orgullosa y no se ha dado cuenta que tiene al otro pobre en la sufridera. Ojalá que tenga el hábito de revisar su teléfono y leer el mensajito que le mandó su amiga.

De todas ellas sabremos más un tantito más adelante. Como dije, uno de los objetivos del fic es hacerles justicia pero no son cosas al azar o random. Todo al final gira alrededor de nuestra protagonista.

De Serena supimos poco pero ahí anduvo piense y piense las cosas. Pobre, sí la dejaron bien atarantada por lo que viene arrastrando de capítulos pasados. Por cierto, lamento que Seiya no se asomara por aquí pero es de esos detalles que tuve que dejar para más adelante.

Sobre la escena final, de esa hablamos después ;)