A alguien le andan pedaleando la bicicleta.

Y para variar un poco, empecemos fuerte, ¿querían Sexuna? Tienen Sexuna.

XVII – Desafío al destino

El habitual frío de la mañana estaba afectándole un poco más de lo usual. Quizá era porque prácticamente no había dormido en toda la noche y las circunstancias la habían orillado a estar ahí en pleno frío matutino desde muy temprano.

La noche anterior había convencido a Hotaru de irse a dormir a buena hora, sin berrinches o tener que negociar, siendo la primera vez que lo lograba ella sola desde que le había informado que se irían del país; sin embargo, esa paz no le duró mucho.

Durante la madrugada Darien Chiba le había llamado. No era la primera vez que hablaban a esas horas (debido a la diferencia horaria), no era la primera vez que tenía que prácticamente trabajar de madrugada con todas las cosas que él le encomendaba, incluso no era la primera vez que en esas llamadas abordaban temas personales, pero sí era la primera vez que la conversación caía en la categoría de discusión.

Hacía días Jedite no lo pudo haber definido mejor: las cosas habían cambiado. Desde la partida de su jefe había algo distinto en la oficina, en su trabajo, en su dinámica, en ella como mujer.

Darien Chiba siempre era un tanto voluntarioso y eso no le molestaba, al contrario, le parecía atractivo que siempre fuera un hombre tan seguro de lo que pensaba, hacía y decía. Era brillante y todo lo que proponía e ideaba salía muy bien, esa era una de las razones por las que casi nunca dudaba de sus ideas.

Y las veces que ella llegó a dudar de algo que tuviera entre manos, él siempre encontraba la manera de convencerla.

¿Acaso no había usado ese método para convencerla de irse con él a Estados Unidos? Sí, prácticamente ese "te necesito" casi susurrado en la privacidad de su oficina, había sido su herramienta para desarmarla y convencerla.

Pero todo empezó a cambiar. Los chicos en la oficina comenzaron a actuar diferente, Neflyte y Jedite marchándose de ahí fueron el principal síntoma de ello; en el ámbito más personal, Hotaru no estaba reaccionando nada bien al hecho de irse y eso estaba desbalanceando a Setsuna; pero la estocada final había sido conocer en persona a la señorita Serena y lo que le contó aquel día que la invitó a pasar a casa de sus padres. La herida que se hizo ese día seguía muy latente.

Su charla con Jedite había revuelto aún más la situación y los reflexivos días subsecuentes fueron coronados por la conversación de la madrugada con Darien Chiba.

– Mami, ¿qué hora es? – preguntó de nuevo su pequeña. Desde hacía algunos minutos estaban sentadas en una banca del parque esperando a "su cita" (como decía Hotaru).

Hacía frío y habían llegado con mucha anticipación ya que su hija había insistido desde muy temprano que ya fueran a encontrarse con Taki Koo.

– Aún faltan 20 minutos para la hora mi amor – le indicó.

La situación era muy inusual y no estaba muy segura de que hubiera aceptado la invitación si no fuera porque Hotaru llevaba semanas hablando del grupo Three Lights (sobre todo después de que Michiru le contó que coincidió con ellos en un festival musical), así que conocer a uno de sus artistas favoritos le ilusionaba muchísimo.

Le había fallado tanto en las últimas semanas (o durante toda su corta vida) que creía que al menos podría complacerla con esto. Respecto a las insinuaciones de la señorita Serena sobre Taiki Kou e incluso las intenciones de él para invitarla a tomar un café, era muy reservada.

Darien Chiba le había advertido desde hacía tiempo sobre las consecuencias de salir con otros hombres. Y si bien su discusión de la madrugada había girado en torno a Hotaru y lo que él se había comprometido a hacer, "salir" con alguien podría representar un nuevo problema ante su jefe, y lo menos quería en ese momento era tener más problemas.

– Mira mami – interrumpió sus pensamientos – Ahí viene, es él – Hotaru brincó del asiento y casi sale corriendo hacia donde venía el muchacho, si no es porque ella la sujetaba de la mano para que no saliera disparada hacia él.

Ante todo, reserva.

El recién llegado apresuró su paso en cuanto las vio y, al llegar hasta ellas, se agachó para saludar a Hotaru, quien no podía ocultar su entusiasmo.

– Hola Taki – le saludó su hija.

– Hola pequeña, ¿cómo te llamas?

– Hotaru Meiou – dijo muy despacio, ya tenía casi dominado decir su nombre completo sin barrer ninguna letra.

– Qué lindo nombre. Mucho gusto Hotaru – entonces se incorporó y se dirigió hacia ella con una sonrisa – Buenos días Setsuna, muchas gracias por aceptar la invitación – él parecía muy amable con ambas; no parecía un mal tipo, todo lo contrario.

– Gracias por invitarnos – respondió con cortesía y un poco de formalidad.

– Lamento haberlas hecho esperar – agregó el chico.

Y antes de que ella pudiera decir algo, fue la pequeña quien se adelantó a responder – Faltan 20 minutos para la hora – dijo repitiendo lo que su madre le había dicho.

– Descuida – agregó la mujer – Llegamos muy temprano y tú también estás a tiempo – inmediatamente se dio cuenta que estaba siendo demasiado informal con alguien que, aunque era evidentemente más joven que ella, apenas conocía – Disculpe, quise decir que está a tiempo.

– Por favor, háblame de "tú" – dijo sonriéndole de nuevo.

– ¿También yo? – terció Hotaru.

– Desde luego. Pero hace algo de frío, vamos por algo.

– ¿Tomar café? – preguntó Hotaru mientras se ponían de pie y tomaban camino los tres.

– Creo que el café es demasiado para ti, pero hay un lugar cercano en el que venden un chocolate caliente delicioso, o eso dice mi hermano Seiya.

Ante la mención de otro de sus ídolos, su hija se emocionó y pidió que le contara sobre él y su gusto por el chocolate caliente. Y de una manera orgánica extendió su mano izquierda hacia Taiki Kou y él la tomó.

Setsuna la sostenía de la otra mano y notó ese movimiento de su hija. Hotaru no negaba su sangre y se mostraba como una niña seria y reservada para su edad, pero cuando lograba "hacer un nuevo amigo" se volvía más abierta. Eso sí, con los chicos en la oficina nunca había sido tan rápida para relacionarse, ni con Neflyte y Jedite (que eran los más desenvueltos con los niños), mucho menos con Zoycite y Kunzite (que siempre estaban ocupados y convivían menos con ella), incluso Hotaru mostraba mucho respeto para con el serio Kunzite.

Claro, no tanto como con "el señor".

El muchacho las llevó a un pequeño restaurante cerca de ahí y Setsuna pensó que era un lugar bastante tranquilo y sencillo, considerando que estaban con una estrella musical. Eso le hizo pensar que Taiki Kou no era la persona que esperaría que fuera, digamos que se estaba llevando una grata sorpresa.

Fue una suerte que la invitación no se limitara al café e incluyera un desayuno completo, porque el insomnio y la prisa de su hija, la tenían con el estómago vacío. Y además del prometido chocolate caliente, el resto fue delicioso.

Sin embargo, quizá lo mejor de aquella "cita" era ver feliz a Hotaru como hacía muchos días no lo estaba. Y es que su pequeña prácticamente acaparaba toda la atención del muchacho, quien se mostraba muy paciente y amable con ella, contándole que estaba trabajando mucho porque estaban por lanzar su primer disco, incluso le prometió que, en cuanto le entregaran la primera copia del álbum, se lo obsequiaría autografiado por él y sus hermanos.

Parece un buen hombre – pensó mientras lo observaba conversar con su hija sobre lo emocionante que había sido grabar un disco.

Posiblemente él se sintió observado y se volvió hacia ella. Le sonrió. No cabía duda de que era un muchacho galante, pero ¿qué buscaba exactamente con esa cita?

En determinado momento, él vio su reloj y dijo que tenía que marcharse a cumplir compromisos de trabajo. Setsuna se imaginó que ya se había aburrido de entretener a Hotaru; sin embargo, al notar algo de tristeza en el semblante de la pequeña, le propuso regresar al parque donde las citó para ir un rato a los juegos.

Desde luego, Hotaru no rechazó la propuesta; aunque Setsuna no pudo evitar mencionar que si eso lo retrasaba y le generaba alguna molestia, no era necesario; sin embargo, Taiki Kou insistió y pidió que no se consideraran una molestia para él.

Pagó la cuenta y volvieron al parque para que, como el muchacho prometió, fueran un rato a los juegos. Ella se limitó a observarlos, Taiki era muy amable con su hija, lo cual no era algo fuera de lo común porque los chicos en la oficina siempre fueron así con la pequeña.

Pero ninguno de ellos te invitó a salir.

Sí. Y quizás eso era lo más inquietante del asunto. Con una juventud dedicada a estudiar para no perder su beca que la mantenía en la misma prestigiosa escuela para señoritas donde conoció a Michiru, prácticamente no sabía lo que era salir con muchachos. Y dada la naturaleza de la relación con el padre de Hotaru, tampoco podría decir que "salía" con él.

Esa mañana con Taiki Kou era prácticamente su primera cita en lo que parecían siglos. Y era curioso que él accediera a que fueran acompañados por su hija.

No es nada de lo que imaginaba – pensó y se le escapó una sonrisa cuando Hotaru la llamaba para que viera que ya no le daba miedo llegar a la cima de la resbaladilla más alta del parque.

Ante todo reserva – se repitió.

Aunque era difícil ser tan reservada cuando Hotaru se veía tan feliz, muy contrario al drama que había armado cuando le contó que se irían del país. Además, Setsuna sabía que le faltaba otra escena cuando su hija descubriera que su vida en Estados Unidos sería muy diferente a la actual.

Justo ese había sido el eje de la discusión de la madrugada con Darien Chiba.

En días anteriores, él le había enviado toda la información sobre su futura estancia en aquel país. Ya había arreglado un contrato de arrendamiento para un pequeño departamento muy cerca de donde estaba instalando su oficina y le había hecho llegar los datos de la escuela de Hotaru.

Setsuna se había sentido un poco contrariada pues no era una escuela normal, era un internado. Cada vez que quiso poner el tema, él decía que estaba ocupado y que después lo hablarían, pero esa madrugada sacó el valor para cuestionarle. Era un asunto que tenían que hablar sí o sí.

– No es un internado – se había defendido.

– Aquí dice que lo es – le espetó sosteniendo en las manos la información que él mismo había mandado por mensajería.

– Bueno, lo es pero Hotaru no vivirá ahí, sólo podrá tener un horario extendido para que no interfiera con tus horas de trabajo, aquí no habrá quien ayude a cuidarla.

– No puedo dejar que ella esté en un lugar así, aún es muy pequeña.

– Ya tiene cinco años Setsuna.

– Tiene cuatro y medio – lo corrigió usando un tono que jamás pensó utilizar con él.

Probablemente eso provocó que también él alzara la voz – Y en todo ese tiempo yo he hecho todo para cumplir con ayudarte con ella ¿no?

Ella no respondió. Era cierto, tenía cierto vínculo con Darien Chiba muy importante y él había cumplido con su parte, con ese compromiso de proteger a ambas.

Él respiró profundamente y cambió de tono, ahora con ese tono que usaba para convencerla cuando dudaba – Sets, escucha, sé que es difícil para las dos, pero tú sabes que es lo mejor, que siempre he hecho por ustedes lo mejor.

Ella no respondió porque reconocía que él había hecho más que cualquier jefe común para que pudiera velar por Hotaru, pero su hija estaba creciendo.

Las cosas han cambiado.

– ¿Por qué no lo comentamos con calma cuando estén aquí? Verás que la escuela es muy agradable y tienen muchas actividades para que ella se desarrolle. Créeme que es lo mejor para ella, para ustedes.

Las cosas han cambiado.

– Pero ¿qué hay de lo demás? – dijo recuperando su tono más calmado.

– ¿Qué cosa?

Tragó saliva y dijo al fin esa duda que la lastimaba desde que estuvo en casa de la familia Tsukino – Que quieres tener hijos con la señorita Serena… pensé que eso no era algo para ti – agregó soltando las mismas palabras que él alguna vez le dijo.

– Sets, las cosas han cambiado… Han cambiado en estos cinco años.

De pronto Taiki Kou la sacó de esas ideas y le preguntó – ¿Estás bien?

o-o-o-o-o-o-o-o

Había sido una mañana bastante agradable. Se había levantado más temprano de lo usual y, en lugar de su rutina (que consistía en beber su café mientras trataba de escribir algo nuevo) fue a encontrarse con Setsuna y Hotaru Meiou.

Había estado muy nervioso por que no sabía qué esperar. Muy familiarizado con convivir con los niños del orfanato en el que creció, sabía que cualquier cosa con ellos podía pasar.

Pero Hotaru era una niña muy linda y, aunque él moría de ganas de hablar con Setsuna y saber todo de ella, le agradaba también dedicarle tiempo que la pequeña demandaba.

Además, intuía que ella era lo más importante para su madre y él estaba decidido a demostrar que, si es importante para Setsuna, es importante para él.

Habían pasado un buen rato en los juegos, pero más niños comenzaron a llegar y, motivada por el carisma y facilidad social de Taiki, la pequeña empezó a jugar también con ellos. Él sintió que estaba de más y aprovechó para acercarse a Setsuna que parecía bastante absorta en algo, viendo como al infinito.

Cuando llegó hasta ella, vio sus ojos un poco cristalinos – ¿Estás bien?

– Ah, qué; perdón.

– ¿Qué sucede?

– Nada, es que pensaba que ha crecido mucho – dijo mirando a Hotaru que jugaba – Gracias por ser tan bueno con ella.

– Es una niña encantadora, creo que has hecho un gran trabajo con su crianza.

– Solo intentó hacer lo que es mejor para ella.

– Me encanta – respondió sin pensarlo mucho – Yo nunca conocí a mi mamá ¿sabes?, lo único que sé de ella es que estaba sola y que era muy joven cuando me tuvo, por eso me dejó en el orfanato en el que crecí; así que me encanta la idea de que tú hagas lo mejor para tu hija.

Ella pareció sonrojarse y se volteó un poco para disimular – Gracias por invitarnos y disculpa si ella te agobia; también disculpa si te hacemos llegar tarde a algún compromiso.

– Descuida, para esta hora mis hermanos deben estar terminando de alistarse para nuestro compromiso, yo los veré directamente ahí. Y no te preocupes, Hotaru no me agobia, al contrario, hace mucho que no convivía con niños y me cae muy bien algo de su chispa.

Hizo una pausa y agregó – Y más bien yo estoy agradecido de que aceptaras venir ¿sabes? Tenía muchas ganas de conocerte mejor – le sonrió.

– Pero ella…

– Ella es una parte de ti y, si me lo permites, lo que he conocido, me encanta – miró su reloj y lamentó la hora, unos minutos más y Mina seguro lo regañaría por impuntual o les haría un interrogatorio a sus hermanos, a quienes aún no les contaba sobre Setsuna. No porque fuera algo malo, sino que quería darle tiempo y lugar a todo.

Aunque después de esa primera salida, ya estaba ansioso de compartirles que había pasado la mañana con una increíble mujer y su pequeña hija.

– Tengo que irme pero me gustaría que siguiéramos hablando y volver a salir.

Ella pareció dudarlo un poco y él creyó entender la situación; le daba la impresión de que Setsuna dudaba que él pudiera interesarse en ella porque tenía una hija y necesitaba dejarle en claro que no era así.

– Por favor, créeme que mis intenciones son las mejores y, respecto a Hotaru, – la miraron – sé que ella es lo más importante, que siempre buscarás lo mejor para ella – dio un paso hacia Setsuna, esperando no molestarla – yo lo respetaré siempre y si un hombre alguna vez te hizo creer que ella era un obstáculo para que tú busques tu propia felicidad, créeme que esa clase de tipos no valen la pena – dijo y no pudo aguantar el tomarla de las manos.

– ¡Taki! ¡Mami! – les llamó Hotaru – ¡Miren! – dijo mientras volvía a llegar a lo más alto de la resbaladilla, ahora sin que él la estuviera motivando. Se deslizó por el juego y luego fue corriendo hacia ellos.

Ambos la felicitaron por ese logro que, seguramente para ella, era como escalar una montaña – Taki ven a jugar – le pidió.

– Lo siento, me tengo que ir – le dijo agachándose a su altura y realmente sintiéndose mal por interrumpir esa cita.

– Mi amor – intervino la mujer y también se agachó – Él tiene un compromiso pero… – ¿se puso roja? – podemos volver a salir los tres otro día ¿te gustaría?

– ¡Sí! – dijo extendiendo la "i".

El castaño intercambió una mirada con Setsuna. Esa declaración significaba que ella dejaba la puerta abierta para él y ver si algo más pasaba.

o-o-o-o-o-o-o-o

Era como un juego. Era divertido y, debía reconocerlo, excitante. Él prácticamente se había arrojado al césped, atrás de unos arbustos, en cuanto escucharon que se aproximaban los lentos pasos de su abuelo.

Habían interrumpido el primer beso de aquella mañana y casi con una sonrisa traviesa, él se escondió. Su abuelo, la saludó y le preguntó si había visto a Jedite. Ella respondió que no y que posiblemente andaba por ahí poniéndose al día con sus deberes.

– ¿Ya se fue? – dijo el rubio asomándose un poquito.

– Espera, ya casi entra a la casa – dijo por lo bajo – Listo.

– ¡Uf!, estuvo cerca – dijo extendiéndose cuan largo era en el césped – Rei, ¿cuándo podremos contarle que tú y yo…?

– Tranquilo Jedito, no se te olvide que no me tienes tan contenta.

– Pensé que mi tortura ya había terminado. Anoche me hiciste un interrogatorio bastante extenso.

Era cierto. Aunque no pudo hacerle todas las preguntas que quería en un principio, pues su abuelo había despertado y le agradeció a Jedite por regresar, fue hasta ya muy tarde que pudo hablar con el muchacho.

Lo había citado en los jardines para conversar. Su única condición era que él debía responder a todas sus preguntas.

– No estoy en condiciones de exigir. De acuerdo. – le había respondido.

Ella le preguntó sobre cómo había conocido a Darien Chiba y qué hacía para él. Fue simple, su padre lo había obligado (como hacer otras tantas cosas) y prácticamente le ayudaba con sus contactos a conseguir información o favores. Esa había sido la parte más sencilla del interrogatorio.

Luego le cuestionó sobre cómo había llegado al templo, ahí había empezado a poner resistencia; Rei se había puesto un poco ruda con él y le recordó que de la honestidad de esa charla dependía su permanencia en el templo. Al final él cedió y le contó que Darien les había mandado a estar todo el tiempo tras Serena. Era una idea horrible y, cuando el ahora novio de Lita se negó a cumplir esa labor, lo mandaron a él a seguirla.

La oportunidad de tener un empleo en el templo se combinó con sus ganas de irse de casa de sus padres. La historia ahí encajaba a la perfección. Jedite también le había confesado que él ya no confiaba en Darien, por sus actitudes con Serena e incluso como amigo.

– Y lo que más detesté es que te hiciera llorar – le dijo.

Aunque le avergonzaba mucho ese episodio de llanto, a Rei le conmovió que él se pusiera de su parte; por ello le preguntó cómo llevaría ahora su relación de amistad con Darien. La respuesta no la vio venir.

– La verdad es que parece que ya no hay amistad. Él se largó y eso fue todo. A mí y a Nef, que somos a los que ya no nos necesitaba pedir más, nos relegó primero. No hemos tenido contacto con él desde que se fue.

– Creo que – continuó – con Zoy y Kunzite habla para temas estrictamente laborales o al menos así era antes de que los nombraran para sustituirlo en la empresa. Supongo que ahora sólo tiene contacto con Setsuna, su asistente.

– ¿Los usó y botó? – preguntó acercándose a él, por mucho sí parecía decepcionado.

– Parece que sí. ¿Sabes? Yo lo admiraba por ser un hombre que había logrado tanto éxito con base en su talento y trabajo, pero de nada sirve si al final no eres ni capaz de despedirte como un buen amigo.

– Lo lamento Jedite – lo tomó de las manos y, tras sonreírle, él se acercó para besarla, pero ella lo frenó muy cerca de sus labios – Espera Jedito, no te adelantes.

Él suspiró y sonrió – Me estás volviendo loco Rei Hino.

– Háblame de esa mujer, de Setsuna.

– ¿Estás celosa?

– Las preguntas las hago yo Jedito.

– La considero mi amiga ¿correcto?… Vino al templo por casualidad y la vi muy agobiada, traté de reconfortarla con unas palabras. Es sólo una amiga.

– Ese día dijiste que ella se siente presionada por ir tras Darien ¿por qué?

– Rei, por favor, no me hagas hablar de problemas ajenos.

Ella arqueó la ceja y se acercó de nuevo a él para quedar a milímetros de su boca – Entonces resígnate a que no tendrás nada más de mí.

– No es la gran cosa, en serio; no me tortures así.

Jedite no se daba cuenta que para ella también era una tortura tenerlo tan cerca y no poder hacer nada; pero quería llegar al fondo de todo.

– Si no es la gran cosa…

– Está bien… Sets es madre soltera y supongo que le es difícil irse prácticamente sola con su hija.

– ¿Y por qué Darien sólo le pidió a ella irse o por qué se siente presionada? ¿Él la está obligando o algo así? Recuerdo que alcancé a escucharte hablar de que Darien no puede hacer su voluntad.

– No lo sé – al ver de nuevo su ceja arqueada, agregó – De verdad Rei, no lo sé… – respiró profundamente – Supongo que es porque ella hace de todo para él y la necesita.

– ¿Te refieres a que es una asistente muy eficaz?

– No, me refiero a que literalmente hace de todo… Sin ella, la oficina estaría de cabeza, Darien estaría de cabeza.

Ella se quedó pensando. ¿Darien necesitando a alguien?

Sólo laboralmente, ¿cierto?

– Entonces… – intervino de pronto Jedite, y puso una expresión de niño regañado – ¿me dejas quedarme en el templo?

Rei debía reconocer que le estaba costando trabajo resistirse a Jedite. Había reflexionado mucho sobre lo que sucedió y si bien él le había ocultado cosas, entendía que él sólo buscaba huir del yugo de su familia, luego todo se les había salido de las manos y ahora estaban ahí, ansiosos por volver a besarse.

– Está bien, pero estaré muy cerca de ti para vigilarte.

– Lo importante es que estarás cerca de mí – le sonrió travieso. La atrajo hacia ella y la besó sin que ella pusiera las más mínima resistencia. Al contrario.

Jedite le gustaba mucho. Y además de su atractivo físico y su carisma, había algo que le decía que las cosas con él podrían funcionar como no lo hicieron con Nicolas.

Permanecieron un rato así y mientras los besos se multiplicaban, se volvían más profundos y húmedos y le sumaron varias caricias y roces, la chica no sabía hasta dónde podrían parar, porque en realidad ella no tenía muchas ganas de detenerse y no se había dado cuenta de cuánto extrañaba un contacto así.

En determinado momento sintió que Jedite estaba "bastante entusiasmado" en cierta zona, era una señal de que debía decidir si continuar o no; así que sin poder ocultar lo acalorada que estaba, Rei hizo una pausa.

– ¿Qué sucede? – dijo él sin que su voz ocultara lo agitado que estaba – Yo… Rei de verdad me estás volviendo loco, te necesito como no te imaginas.

– Jedite… – pudo pronunciar apenas tan cerca que podía sentir el cálido aliento del rubio. Luego, siguió un silencio entre ellos.

– Perdón, creo que no quieres seguir.

La verdad era que sí quería, lo deseaba; y debía reconocer que desde aquella ocasión que lo vio accidentalmente saliendo de la ducha, tenía cierta curiosidad; pero aún tenía dudas. No era lo mejor en ese momento.

– Esta noche no Jedito – le dio un fugaz beso – Mejor iré a descansar – él se había quedado parado – ¿No irás a dormir?

– No, iré a darme una ducha fría… Creo que lo mejor será que ahora sí ponga seguro a la puerta.

Se había ido por el lado contrario con paso lento. No habían vuelto a hablar hasta el desayuno, cuando sólo cruzaban miradas, ansiosos de tener un espacio en el que su abuelo no los viera para volverse a acercar. Fue hasta que se encontraron de nuevo en el jardín que volvieron a besarse de forma furtiva, hasta que él tuvo que ocultarse.

– Yo creo que le daría gusto saber que su nieta está saliendo conmigo – dijo ya acomodado en el césped con las manos tras la nuca.

Rei fue hasta él y se agachó – Ni siquiera me has invitado a salir.

– Bueno – se incorporó un poco – He estado ahorrando y quisiera que fuera algo memorable, ¿quisieras ir conmigo a un lugar especial esta noche?

Su respuesta fue un beso. Él la atrapó entre sus brazos para que quedara sobre él y ambos empezaron a rodar y jugar en el pasto como si fueran un par de adolescentes, en una especie de lucha por quien quedaba arriba del otro y robaba un beso como premio. No se dieron cuenta de que en su juego se alejaron del arbusto que los cubría y llamaron la atención de la visita al templo de aquel día.

– ¿Rei?

La aludida reconoció inmediatamente la voz y se incorporó un poco; en ese momento, había ganado y estaba sobre Jedite reclamando con demandantes labios su premio.

– ¡Serena! – respondió entre sorprendida y avergonzada de que la encontrara en esa posición.

o-o-o-o-o-o-o-o

Estaba viviendo casi una fantasía. Rei lo había perdonado y él ya no necesitaba otra cosa en la vida que estar a su lado en el Templo Hikawa.

Ella aún se mostraba un poco a la defensiva, por la misma naturaleza de su carácter y porque él le había fallado monumentalmente. Así que buscaría la manera de que supiera todo de él y las razones por las que le ocultó su compromiso.

Cuando ella viera todo eso, podría convencerla de contarle a su abuelo y así poder tener una relación plena; sí, con todo lo que ello implicaba. Jedite no era la clase de tipos que a la primera quería llevarse a la cama a una chica, pero algo le pasaba con Rei que realmente fantaseaba con un momento así, estaba muy enamorado de ella y quería hacérselo saber de todas las formas posibles.

Y como parte de esa honestidad en la que quería basar su relación, también era ser sincero con una persona muy importante para ella: la señorita Serena. No sólo le interesaba que las amigas de Rei (y sus propios amigos) supieran sobre su relación, sino que particularmente con Serena Tsukino quería disculparse por haber invadido su privacidad de alguna forma.

Y la oportunidad se estaba dando. La rubia los había descubierto. Rei se había puesto de pie de inmediato, parecía algo alterada; Jedite supuso que no les había comentado a sus amigas que tenía algo con él.

– Serena… yo… nosotros…

– Me alegro que hablaran – sólo dijo la rubia – Venía a platicar contigo, si es posible.

Rei sólo sonrió y miró su propia ropa, que estaba llena de pasto y tierra como resultado de su pequeño juego.

– Claro… Ammm… Creo que primero voy a cambiarme – dijo con las mejillas encendidas.

Su amiga asintió y Rei pidió que la disculparan un momento. Tanto Serena como Jedite la vieron cómo se alejaba rumbo a la casa; en cuanto desapareció ellos se quedaron mirando y rieron nerviosos.

– Perdón por estos desfiguros – dijo el rubio poniéndose de pie y sacudiéndose la ropa.

– No, discúlpenme ustedes por interrumpirlos – miró hacia donde se había marchado Rei – Hacía mucho que no la veía tan contenta.

Suspiró – Me encanta verla así – soltó casi como si pensara en voz alta.

– La quieres ¿verdad? – preguntó la rubia.

– ¿Soy tan obvio? – rio un poco; sí, no podía negar que había aprendido muy rápido a querer a Rei Hino como a ninguna otra persona en su vida.

– Supe que tuvieron problemas y me da mucho gusto que Rei dejara su orgullo a un lado y decidiera que tú eres más importante que sus problemas con su padre.

Así que sí saben algunas cosas.

– ¿Ella te dijo algo?

– No particularmente, las chicas… es decir, nuestras amigas, se enteraron de que tú eres su prometido y que eso la enfureció, pero estaba segura de que entre ustedes había algo especial.

– ¿En serio?

– Sí, bueno, ella nunca me dijo nada y, la conoces, no lo haría; pero cuando vi cómo se miraban y hablaban uno del otro, tuve esa corazonada.

¿Corazonada?

– Afortunadamente aceptó escucharme y, si tuviste algo que ver con que lo hiciera, ahora estoy doblemente en deuda contigo.

– ¿Doblemente? – preguntó confundida.

– Sí, nuestro compromiso no fue la única razón por la que ella se enfadó conmigo – ella lo miró sin comprender – Rei se enteró de que yo llegué hasta aquí… por seguirte.

– ¿Qué?

– Perdóname por ello. Darien nos mandó a estar detrás de ti todo el tiempo en su ausencia.

– ¿Darien? ¿Conoces a Darien?

– Trabajaba para él, pero lo que nos pidió hacer fue un exceso y no estaba de acuerdo, decidí renunciar.

Ella se quedó callada unos momentos – Claro, cuando conocí a Neflyte me habló de ustedes y te mencionó, no me di cuenta, no sabía… – parecía contrariada. Jedite sabía lo importante que ella era para Rei y quería reconfortarla un poco.

– De verdad te pido perdón por lo que hice, créeme que me arrepentiría siempre de seguirte pero… si no hubiese sido así, no habría coincidido a Rei.

– No pensé que Darien… – dijo muy por lo bajo y entre dientes.

– ¿Disculpa?

– Nada – trató de cambiar de actitud rápidamente – Pero no creo que yo tenga algo que ver, pienso que el hecho de que conocieras a Rei era el destino.

– ¿Cómo que el destino?

– Ustedes estaban ya comprometidos, creo que el destino quería que se conocieran; no es cosa mía. El destino es inevitable.

– No creo en esas cosas. No me lo tomes a mal, pero toda mi vida mis padres me obligaron a hacer lo que ellos querían como para ahora pensar que hay un "algo" que decide las cosas por mí.

– Bueno, lo importante es que ahora están juntos – le sonrió.

Serena Tsukino era la clase de chica que no se imaginaba en la vida de Darien. Si bien es cierto que los polos opuestos se atraían o se complementaban, la novia de su ex jefe era una chica a la que no se imaginaba conviviendo con el distante señor Chiba.

A menos que en el fondo, en su privacidad o vida personal sea un hombre cariñoso, de otra manera no le encontraba mucha lógica. Además, había otra cosa, no olvidaba lo que Rei le había dicho sobre Darien: cómo pensaba que él trataba a su amiga y cómo toda a esa situación le recordaba al trágico final de la relación de sus padres.

Jedite ya no sabía qué pensar sobre Darien, pero parecía que ya no importaba mucho su opinión. Como amigo, él estaba dejando mucho qué desear e incluso el rubio se preguntaba si su exjefe alguna vez hiló ideas y sabía que él (Jedite) estaba comprometido con una de las amigas de su novia.

Probablemente ni le interesaba.

En ese momento Rei reapareció ya cambiada y el muchacho supo que era momento de dejarlas solas para conversar, no sin antes reiterarle a la señorita Serena su disculpa por seguirla.

La chica sólo repitió que no se preocupara y fue hacia su amiga.

Jedite sabía que las cosas habían cambiado y, dado que ahora él estaba relacionado con una de las amigas de Serena Tsukino, quizás era momento de hablar claro de cómo le incomodaba la percepción que Rei tenía sobre Darien, saber si sus amigos (que también estaban con el resto del grupo de amigas) les pasaba algo así y cómo eso cambiaría las cosas con Darien.

No sólo eso, también estaba cómo había visto agobiada a Setsuna. Ella era su amiga y era momento de ser claros sobre su particular cercanía con Darien.

o-o-o-o-o-o-o-o

No podía negarlo, se sentía muy extraña desde su última charla con Seiya. Había regresado al departamento de Darien y había pasado toda la noche en vela, dándole vueltas a lo que conversó con su amigo.

Incluso por la mañana, el malestar estomacal volvió ligeramente.

La verdad es que no tenía muchos ánimos de quedarse en casa sola y pensando en cientos de cosas a la vez sin tener claridad sobre alguna de todas esas ideas.

Al final, Serena decidió ir a visitar a Rei, esperando que su amiga se encontrara mejor y, si no era el caso, hablar con ella sobre los problemas que estaba atravesando con Jedite. La sorpresa fue notar que obviamente ya habían arreglado sus malos entendidos y estaban muy despreocupados jugueteando en los jardines del Templo Hikawa.

A la rubia le alegró mucho ver a una más de sus amigas feliz con un buen muchacho. Era como si se cumpliera aquel deseo que le pidió a la estrella fugaz que vio recién se fue Darien. Aunque eso no fue lo único que había pedido.

Es una tontería – pensó tratando de convencerse de ello porque, claro, en su momento no le pareció una tontería.

Sin embargo, no tuvo mucho tiempo de enfocarse en eso porque apenas tuvo oportunidad de cruzar algunas palabras con Jedite, cuando el rubio ya estaba metiéndola en una de esas conversaciones que últimamente sólo la sacudían.

Resultó que Jedite no sólo conocía a Darien sino que éste había mandado a su equipo a tenerla prácticamente vigilada.

¿Por qué Darien haría algo así? Ni que en su ausencia hiciera algo indebido como verme con otro o…

Prefirió no terminar la idea. Justo esa era una de las miles de ideas que no la dejaban en paz: pensar si estaba haciendo mal al frecuentar a Seiya, cuando él estaba siendo poco sutil al hablar de sus sentimientos.

Si bien las palabras de Jedite le estaban dejando una nueva cosa en qué pensar, Serena creyó que una charla con su amiga sobre lo que estaba pasando con el rubio podía distraerla un poco.

– Serena ¿por qué no me dijiste que vendrías? – le dijo en cuanto se sentaron afuera de su casa.

– Quise ser una sorpresa, pero la sorprendida fui yo – sonrió traviesa – No me imaginé que ustedes…

– ¡Shhh! Serena mi abuelo puede oírte – dijo bajando la voz.

– ¿No le has dicho que ustedes son…?

– ¡No! Y aún no somos nada – agregó sonrojándose – Apenas estoy evaluando la situación.

– Vaya manera de evaluar… – dijo entre dientes recordando que vio a su amiga besar al chico como jamás se habría imaginado.

– ¿Qué dijiste?

– Nada… Lo importante es que hablaron Rei, me alegra mucho.

– Se lo debo mucho a tu mensaje.

Ella se alzó de hombros – No fue nada.

– Fuiste entrometida y dijiste cosas que nadie se atrevió – la regañó – Fuiste mi vieja amiga Serena, muchas gracias, en verdad la extrañaba y necesitaba – le sonrió.

Serena se quedó callada un momento. Debía reconocer que la ausencia de Darien la motivaba un poco a volver a decir cosas sin temor a molestarlo o no comportarse como una digna compañera.

¿Las cosas estaban cambiando?

– ¿Y piensas que será una relación como con Nicolas? – se atrevió a preguntar la rubia.

Rei se puso algo roja y desvió la mirada – En realidad, no. Jedite es diferente y quiero… que las cosas sean diferentes con él.

Serena hizo un esfuerzo por reprimir un gritito de emoción; de todas sus amigas, Rei era la más dura y que jamás externaba su interés por los muchachos (a excepción de su fugaz flechazo por Darien), así que verla y oírla era muy emocionante.

– En cuanto pueda hablar con las chicas personalmente se los contaré – comentó Rei sin salir de su sonrojo – y también hablaré con mi abuelo cuando considere oportuno.

– ¿Hay algo que aún te preocupe?

Rei se mordió el labio, probablemente no sabía qué tanto sabía Serena sobre la situación, así que la propia rubia aclaró: – Sé lo de su compromiso y también que trabajaba para Darien, que llegó aquí por seguirme.

– Vaya, estás al tanto de todo ¿las chicas también?

– Sólo la primera parte, supongo… El resto me lo acaba de contar Jedite – agregó sin poder ocultar lo confundida que se sentía respecto a la orden que les dio Darien.

– Lo siento mucho Serena – dijo su amiga entendiendo inmediatamente el cambio en su expresión – Créeme que enfurecí con Jedite cuando me lo confesó, él dice que no estuvo de acuerdo y por eso renunció. ¡Pero no me tiene contenta y lo voy a estar vigilando!

– Rei no tienes por qué ser tan dura con él por eso, si él te dijo la verdad y se muestra arrepentido.

– No es sólo eso ¿sabes? Apenas estaba conociendo a Jedite, el asistente del templo, cuando las circunstancias me obligaron a conocer a Jedite, mi prometido y amigo de Darien Chiba – suspiró – Reconozco que me gusta pero no sé si la versión que me gusta de él es auténtica.

Serena se sorprendía de la sinceridad de su amiga y entendía su punto, pero le gustaba la idea de ver a sus amigas felices con buenos chicos.

– Creo que él ha sido auténtico contigo, cuando lo conozcas mejor te darás cuenta que es el mismo y que te quiere, eso se le nota desde lejos.

Su amiga se puso más roja – Bueno, ya sé que cada vez que vienes no es para hablar de mí y de Jedito.

– ¿De quién?

– Quiero decir que estoy segura de que algo te inquieta y por eso viniste a visitarme tan repentinamente.

– Algo así – alzó de nuevo los hombros – Mi vuelo a Estados Unidos sale pasado mañana, por la mañana.

– Ya veo.

– Pero hay un problema – su amiga, que había bajado la mirada ante la noticia, de pronto la miró – Esa noche es la presentación del disco de los Three Lights.

– Pensé que le habías dicho a Mina que no asistirías.

– Y así iba a ser pero… le dije a Seiya que iría.

– ¿Qué?

– No pude negarme cuando él me preguntó y ahora tengo que arreglar ese lío. Fui a despedirme de él y no pude. Ahora tengo que convencer a la asistente de Darien para que cambie nuestro vuelo al menos un día.

– ¿Con Setsuna Meiou?

– Sí, ¿la conoces?

– Jedite me hablo un poco de ella y la vi el otro día visitando el templo, parecía algo afligida.

Serena no respondió, se preguntaba qué tan cierto era eso y si sería relativamente fácil pedirle que cambiara la fecha del vuelo. Si la apoyaría con eso.

También estaba si Taiki se había decidido a abordarla y que ventaja o desventaja le daría ese acercamiento.

– Debes hablar con ella pronto para que dejes de preocuparte por ello – le aconsejó Rei – Y supongo que también debes comentarle a Darien.

Ese era el verdadero dilema. ¿Cómo tomaría su novio un cambio de planes? ¿Entendería que se trataba por algo importante para ella? ¿La reprendería por querer presentarle a su asistente a un muchacho agradable?

– Sí, eso… – sólo pudo decir.

– Déjame adivinar ¿te da miedo arruinar sus planes?

– A veces es difícil hablar con él y… aún no le he contado sobre el arte del disco, ¿recuerdas que dije que quiero estudiar arte en Estados Unidos? no se lo he comentado, ni… sobre Seiya – agregó muy por lo bajo.

– Ay Serena – empezó diciendo y presintió que venía un regaño, pero Rei más bien trató de aconsejarla con tranquilidad – Habla con Darien, él lo debe de entender, que tu arte es importante para ti… Sobre Seiya…

Serena no estaba segura aún de hablar con Rei (o el resto de sus amigas) sobre Seiya, lo que él le había dicho y todo lo que estaba moviendo en ella. Ni siquiera ella misma lo entendía.

– Lo haré Rei, lo prometo.

Se quedaron unos instantes calladas hasta que Rei de pronto dijo – Las chicas se reirán mucho cuando sepan que estoy con un amigo de sus novios.

De ahí se soltaron a comentar un poco sobre lo curioso que resultaba que cuatro amigas se emparejaran con cuatro amigos e incluso Serena le contó un poco a Rei cómo se habían conocido las distintas parejas.

Al final estaba resultando una charla agradable para distraerla un poco. En determinado momento, Jedite interrumpió llevando una charola con bocadillos y un par de bebidas.

– Disculpen la intromisión, pero tu abuelo me pidió que les trajera algo de almorzar – dijo.

– ¿Dónde está él?

– Iba a leer y después quizá tome una siesta.

Serena pensó que era hora de volver a casa y aprovechar el tiempo para hablar con Setsuna Meiou.

– Ammm disculpen, pero ya tengo que irme – y antes de que cualquiera de los dos dijera algo agregó – Pero sería una gran idea si esto que preparó Jedite lo aprovechan juntos.

El rubio sonrió y su amiga se puso roja. La respuesta de ambos sólo fue un agradecimiento.

Serena se despidió y, mientras se alejaba, alcanzó a ver y escuchar al muchacho pedirle que dejara espacio porque la invitaría a cenar a un lugar especial.

Esa pareja le agradaba tanto como las que habían formado el resto de sus amigas. Era curioso imaginar que aquella estrella fugaz estaba cumpliendo su deseo.

¿Y qué pasa con el resto de lo que pediste?

o-o-o-o-o-o-o-o

Su teléfono móvil había sonado varías veces desde la mañana. Ella se admitía culpable, ella había iniciado la conversación.

Había guardado el número de Taiki desde el identificador de la oficina en su primera llamada por que siempre era muy precavida. Por ello, cuando él se fue, le envió un mensaje para agradecerle por la salida.

El muchacho le había reiterado su agradecimiento por acceder a salir y preguntó si se la habían pasado bien y si habían regresado bien a casa. Ella también había preguntado si había llegado a tiempo a su compromiso.

De ahí se habían soltado un poco a platicar de las cosas que estaban haciendo y otros temas triviales. Aunque los dos estaban ocupados en sus propios asuntos, era agradable conversar con él.

Y es que los últimos días habían sido especialmente complicados. Setsuna se sabía poco social y Michiru y Haruka habían estado un poco distantes antes de su viaje; con su ausencia se sentía más sola que nunca y Taiki estaba resultando un sorpresivo alivio.

Seguía confundida sobre las verdaderas intenciones del muchacho y más cuando, tras varios mensajes, él le comentó que pasado mañana sería una fiesta de presentación de su disco y que le gustaría que ella lo acompañara.

Decidió no responder. No supo por qué, ya que en realidad la respuesta era muy simple: no podía porque para esa hora estaría volando hacia Estados Unidos. Sin embargo, aún había algo en ella que no terminaba de hacerle a la idea de que debía marcharse.

De que es lo mejor.

Quizá la invitación del muchacho era la señal de que, independiente de sus intenciones, nada podía ocurrir porque ella debía irse. ¿Correcto?

Setsuna nunca creía en eso de las señales o las corazonadas, pero empezó a dudar cuando su teléfono móvil volvió a sonar, ahora con una llamada.

Estaba en casa guardando en cajas algunas pertenencias que no podrían llevar a Estados Unidos, cuando el aparato sonó mostrando el número de la señorita Serena Tsukino. Era extraño, normalmente ella (Setsuna) era la que la buscaba para cumplir alguna instrucción de Darien.

La rubia la saludó y, aunque parecía algo nerviosa de lo que quería compartirle, fue al grano – Quería pedirte un gran favor.

– Claro, dime.

– Necesito que aplacemos un poco el viaje.

– ¿Qué?

– Sí, al menos por unas horas. Me surgió un compromiso el sábado por la noche y necesito ir. Por favor.

– Ammm no lo sé.

– Es muy importante; incluso podrías acompañarme… ¿Recuerdas que te comenté que estaba haciendo el arte del disco de los Three Lights? Creo que podrías ir conmigo sin problemas.

Setsuna recordó la invitación de Taiki Kou y en lo único que pudo pensar era que con la petición de la señorita Serena se le cerraban los pretextos para no coincidir ahí con el muchacho.

– No podría, con Michiru y Haruka de viaje, no tengo quién me ayude a cuidar a mi hija.

Su interlocutora guardó un momento silencio y luego sugirió – ¿Qué tal si le pedimos a Neflyte? También puedo comentarle a mi amiga Lita, es su novia, y estoy segura de que estarían encantados de cuidarla.

Setsuna se sorprendió un poco, ignoraba que Neflyte tuviera ahora novia y menos que fuera una amiga de la señorita Tsukino, no sabía cómo le caería eso a Darien Chiba, a quien no le gustaba mezclar las cosas.

Eso sí, le alegraba mucho que el castaño tuviera una pareja formal; era un buen amigo y hombre, merecía tener a alguien con quien construir su anhelo de formar una familia.

– No puedo obligarte a que me acompañes pero sí piénsalo; por lo demás, por favor ayúdame a retrasar un poco el viaje.

– Pero el señor Chiba…

– Déjamelo a mí, yo… yo hablaré él – aunque trataba de sonar muy convencida, la mujer sintió algo de duda en su voz.

Supuso que no era sencillo. Darien Chiba era un hombre muy estricto, que tomaba decisiones y que no estaba dispuesto a negociar cuando las cosas no se hacían como él deseaba. Pero también era inteligente y sabía cómo argumentar para poner las cosas a su favor. Para con ella (Setsuna) tenía sus modos, se imaginó que con la señorita Serena también los tenía.

– El siguiente vuelo sería el lunes por la mañana – dijo recordando la lista que le dio a Darien para que él eligiera el más indicado – Podría hacer el cambio, la empresa asume todos los cargos.

– ¡Sí! ¡Gracias en verdad, es muy importante para mí!

Setsuna le respondió que no había nada que agradecer. Ese era su trabajo y ella se caracterizaba por ser muy responsable en todo lo que hacía.

– Gracias, es bueno tener en quien confiar y apoyarse – dijo la rubia antes de colgar.

El comentario hizo sentir un poco incómoda a Setsuna, tomando en cuenta sus sentimientos y acuerdos con Darien Chiba.

Colgó y trató de no pensar en ello.

En ese momento un mensaje nuevo llegó a su teléfono. Taiki escribía: Podemos ir con Hotaru por un helado mañana y hablarlo personalmente ¿aceptarías?

o-o-o-o-o-o-o-o

Para cuando colgó el teléfono, notó que su mano temblaba ligeramente. No podía negar que estaba nerviosa de lo que acaba de hacer y, sobre todo, lo que tenía que enfrentar.

Setsuna prácticamente le había dicho que no habría problemas para cambiar la fecha del vuelo y no había sido difícil convencerla. El verdadero reto sería comentárselo a Darien.

Sólo de pensarlo, su estómago de nuevo empezó a revolverse y, antes de que se pusiera peor, decidió ir a su pequeño estudio para pintar un rato.

No obstante, no se sentía inspirada y sólo se la pasó haciendo algunos trazos al azar con lápiz y papel. Quizá en el fondo sólo estaba evitando enfrentar lo que se había comprometido a hacer: buscar a Darien y pedirle (corrección, informarle) que su viaje se retrasaría un poco.

Pero no era sólo eso. Le había prometido a Rei que le comentaría a su prometido sobre su decisión de estudiar arte dado el valor que estaba encontrando en esa actividad.

¿Cómo lo tomaría Darien? ¿Se enojaría? ¿La apoyaría? ¿Le daría igual? Las respuestas le imponía cierto temor y por eso no se sentía capaz de tomar el teléfono y decirle de una vez.

Eso sí. Las cosas habían cambiado un poco desde que él se marchó ¿cierto?

Tal vez. En las últimas semanas, su rutina había cambiado, veía más a sus amigas y sus padres, valoraba diferente su propio trabajo y, aunque su comida seguía siendo un arma mortal para el estómago, había aprendido a hacer otras cosas por sí misma.

El propio Darien era otra parte de la ecuación. Sí. Su partida había sido muy difícil para ella, lo extrañaba muchísimo, pero no estaba segura si era un sentimiento mutuo (al menos en intensidad); también estaban las cosas que estaba viendo de él: que ocultó que se veía con Andrew (quien por cierto también la tenía muy confundida con su actuar), que nunca le permitió interactuar con sus amigos (cuando ellos potencialmente podían congeniar con sus amigas), que no le preocupaba ni un poquito el destino de Luna, que si él se hubiera interesado en su arte podría haberle hablado de Michiru Kaiou, tantas cosas que si hubiera una charla para pedir explicaciones, Darien le debía más que ella a él.

Serena se sentía un poco perdida y tal vez cobarde para hablar con su novio.

Fue en ese momento que casi como una señal llegó. Empezaron a tocar la puerta del departamento. Fue a atender y se llevó una sorpresa.

Un mensajero preguntaba por ella (quien nunca había recibido nada desde que vivía ahí). Le pidió que firmara de recibido y le entregó un pequeño ramo de rosas conformado por apenas media docena de un vibrante rojo.

Preguntó quién las enviaba y el hombre le indicó que había una tarjeta y un presente que probablemente indicaban de quién eran. Aunque siendo honestos, no había mucho que pensar. Las flores que Seiya elegía siempre eran especiales, hermosas, vivas.

Él le había dicho que se alimentaban de sentimientos.

Sus sentimientos.

El presente que incluían las rosas era una pequeña cajita. Serena la abrió y se encontró con un precioso collar plateado con una luna menguante, destacaba por tener sobre la luna a un pequeño conejo mirando hacia arriba, hacia una pequeña estrella que descansaba en la punta superior de la luna.

Le pareció hermoso, pero sobretodo muy ad hoc a sus gustos.

La chica leyó la nota: Gracias por compartir tu talento, no dudes que eres una increíble artista.

Y si bien estaba a nombre de los Three Lights, Serena reconoció la letra de Seiya. Sonrió. Él nunca dejó de creer en ella y apoyarla. Si no fuera por el menor de los Kou, su arte jamás sería visto.

Él la esperaba en la fiesta de presentación y ella no quería fallarle. Puso sus nuevas rosas en su florero y tomó valor para alzar el teléfono y marcar el número del móvil de Darien.

Esperó unos instantes escuchando el tono de espera casi tan fuerte como los latidos de su corazón. Vio la hora, lo más lógico es que Darien estuviera dormido.

– ¿Diga? – respondió él, quien posiblemente ni se molestó en ver quién llamaba.

– Hola Darien – le saludó.

– Ah, Serena, princesa ¿qué sucede?

– Disculpa la hora ¿te desperté?

– No. En realidad, estoy terminando un informe.

– Ah – estuvo a punto de preguntarle cómo estaba y decirle que no se desvelara mucho trabajando, que no era bueno desgastarse, pero él habló primero.

– Estoy ocupado, ¿qué sucede? – preguntó de nuevo y Serena podía escuchar que mientras hablaba continuaba escribiendo en su computadora.

– Ammm… quería contarte algo – no sabía por dónde empezar.

– Princesa, podremos hablar en unos días; no te preocupes, el vuelo será pronto.

– Justo es sobre eso de lo que quiero hablar.

– ¿Ah sí?

– Sí – tomó el obsequio que Seiya le había enviado en un intento involuntario de tomar valor – saldremos el lunes por la mañana.

El sonido del teclado cesó – ¿Cómo?

– Sí, yo…

– Hablaré con Setsuna de inmediato para que me expliqué qué sucede – interrumpió.

– ¡No! – hubo un silencio – Yo se lo pedí.

– ¿De qué hablas?

– Bueno, han pasado cosas y…

– No Serena, es muy importante que lleguen pronto, tengo varios compromisos que…

– Yo también los tengo y son igual de importantes – pensó unos momentos en lo que tenia decir – Escucha, hay una presentación muy especial de una de mis pinturas y quiero estar presente.

– No Serena, necesito que vengan en la fecha pactada – se puso serio.

– Por favor, te estoy pidiendo sólo dos días. Es muy importante para mí.

– ¡Esto es más importante!

– ¡¿Por qué?! ¿Por qué por una vez no puede ser algo mío más importante? – alzó la voz y sintió de nuevo que era como una olla de presión que debía estallar como lo hizo la noche que conversó con Seiya en la lluvia.

– Porque éste es nuestro plan.

– No, ÉSTE ES TÚ PLAN – estalló pero no era igual que lo hizo ante Seiya.

No, ellos me hacen sentir diferente.

– TÚ DECIDISTE QUE NOS FUÉRAMOS A ESTADOS UNIDOS Y PUSISTE TODAS LAS CONDICIONES.

– ¡Es lo mejor para los dos! – replicó.

– DARIEN SÓLO TE ESTOY PIDIENDO DOS DÍAS, DOS DÍAS. ESTO ES ALGO POR LO QUE HE TRABAJADO MUCHO Y NO QUIERO QUE SE DETENGA AHÍ, QUIERO ESTUDIAR ARTE. ES MI DECISIÓN Y LA TIENES QUE RESPETAR.

Cuando terminó de soltar las últimas palabras, se percató de que prácticamente estuvo gritándole por teléfono. No podía creerlo. Respiraba muy agitada y sentía cómo sudaba y temblaba todo su cuerpo. Aún tenía el obsequio de Seiya y estaba apretando tan fuerte su puño que estaba a nada de lastimarse.

– ¿Ya terminaste? – habló él por fin con un tono frío y pausado – Bien. Escucha, te he dado todo y hemos sido muy felices, no vamos a parar nuestros planes por un capricho. Así que van a tomar el vuelo que les indiqué ¿correcto?

La forma en la que estalló era tan increíble para ella como la respuesta que estaba recibiendo. Seguía sin importarle cada cosa que ella decía.

– Darien – dijo con tono más calmado – Son sólo dos días, te lo suplico.

Entonces habló con tono galante – Es nuestro destino princesa y no puede aguardar un solo día – parecía que era su última palabra – El resto lo hablaremos cuando estés aquí. Te mando un beso, te veré en el aeropuerto.

Ni siquiera esperó a que ella respondiera o se despidiera. Colgó y dejó a Serena escuchando el infinito sonido de la llamada terminada.

El destino es inevitable.

Ya no pudo retener las náuseas y fue casi corriendo al sanitario. Se sentía peor que nunca.

Continuará…

Hola de nuevo. En algunas ocasiones he recibido comentarios sobre cierto repudio que se ha generado por Princeso, digo Darien, en el presente fic. Yo suelo pensar que aún no les he dado todos los argumentos para que lo odien, ya vamos para allá (risa malvada, porque obvio la villana soy yo).

Gracias por su tiempo y paciencia. Espero leernos pronto.