¡Buenas, friggs! Cambié un poco la temporalidad de los eventos que ocurren en este capítulo, y por lógica, en los siguientes. Anteriormente había pasado un día desde que Sakura llegó a este nuevo mundo, pero ahora pasaron tres.
Suelo escribir capítulos muy largos, pero trataré que no sobrepasen quince mil palabras. Así que esta versión del fanfic contendrá más capítulos que su antecesora. Pueden leer esa versión si gustan, para comparar los cambios.
¡Gracias por los review! Es bueno saber que aún hay personas que recuerdan el fic con agrado. Espero esta versión también esté a la altura del anterior.
Por cierto, he hecho dibujos de este capítulo, pero como en esta plataforma no se pueden subir imágenes en el texto (y yo no sé cómo hacerlo en Ao3, donde también está publicado), pues podrán verlos sólo en Wattpad.
Ya saben, cualquier comentario y/o crítica es bien recibido.
Disfruten el capítulo
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Noche I
Ojos Rojos
"Qué misteriosos somos los humanos, los vampiros, los monstruos y los mortales, capaces de odiar y amar simultáneamente, sin revelar nuestras verdaderas intenciones".
—Anne Rice.
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Sakura se removió con incomodidad en la cama, intentando dormir. Cuando se dio cuenta que sería otra noche de desvelo, se rindió. De todos modos ya casi era hora de levantarse. Habían pasado tres días desde que llegó a este extraño mundo, por lo que no había podido descansar adecuadamente.
Con un suspiro se levantó para prepararse, recordando lo poco que había visto desde que la trajeron de la Asociación de Cazadores para acá. Después de pasar por el pequeño departamento de Zero a recoger sus cosas para mudarse, la llevaron a la Academia Cross. Kaien le contó sobre su "proyecto" para conseguir que humanos y vampiros convivieran. Sakura aprendió sobre las dos clases que existían en la escuela, la diurna, conformada por humanos, y la nocturna, conformada por vampiros.
La Academia Cross había sido un lugar impresionante. Sakura admitió que la decoración lúgubre no disminuía su encanto. Kaien la guió desde la verja de metal hasta el cuarto que ocuparía en el edificio principal, donde él mismo vivía. Sakura no supo por qué Zero había lucido tan disgustado cuando Kaien le dijo que dormiría en cierta habitación, por supuesto, ella no sabría hasta mucho después que había pertenecido a Yûki Kuran, la hija adoptiva de Kaien, quien también fue el primer amor de Zero.
"Sólo tres días…", sin noticias, sin saber qué estaba sucediendo. Kaien no le explicaba nada y Sakura estaba a punto de perder la paciencia por la constante vigilancia de Zero. No era una niña pequeña, era un shinobi, y si no obtenía respuestas pronto, se aventuraría por su cuenta. La cuestión era crear algo que cubriera su aroma para no involucrar a terceros, pero estaba segura que no le permitirían experimentar a pesar de no tener malas intenciones.
Como fuera se limitó a aceptar que pasaría otro día encerrada, sin nada que hacer salvo leer las revistas para chicas que el director le había traído ayer. Kaien le había brindado algo de ropa que no le había ajustado bien debido a la forma de su cuerpo. Sakura era delgada, pero sus piernas y brazos tenían más musculo que el estándar de los cuerpos femeninos en este sitio, por lo cual Kaien le prometió que agendaría un día para que fuera de compras.
—Hola, querida, soy yo —el director llamó desde su puerta—. ¿Estás presentable?
Sakura le dio permiso de entrar. Kaien abrió la puerta, en sus brazos llevaba un paquete.
—He hablado con Toga —dijo en cuanto se paró frente a Sakura. Su rostro tranquilo no era capaz de ocultar la profundidad de su mirada, Sakura se preguntó si Kaien sabría esto—. No es justo mantenerte encerrada todo el día, así que sugerí que asistieras a mi escuela como alumna y prefecta.
—¿Prefecta?
—Antes los prefectos se encargaban de vigilar que ningún estudiante de la clase diurna se metiera en la nocturna, ya sabes, los vampiros son… demasiado atractivos para su propio bien. Actualmente no hay una necesidad verdadera desde que revelamos la naturaleza de nuestros estudiantes nocturnos, pero con lo que está pasando temo que el control se pierda. Zero nos contó que fuiste capaz de defenderte, y aunque dudo que alguien te ataque aquí, tus habilidades serán muy útiles. Claro, si es que aceptas.
—Lo haré —respondió sin vacilar.
—Perfecto —sonrió entregándole el paquete—. Aquí tienes el uniforme escolar. No tuve tiempo para conseguir uno de tu talla, pero éste servirá por ahora. Gracias por esto, señorita Haruno.
Hace exactamente un día se había permitido compartir su apellido. Un nombre era importante en la cultura shinobi, una manera de identificarte y saber qué tanta información podían extraerte. Ella tenía cierta reputación como la kunoichi médico que salvó innumerables vidas en la guerra, así como quien descubrió la identidad de los Zetsu-blancos y ayudó a detener a Kaguya Ôtsutsuki junto a su equipo. Se había ganado el sobrenombre de Sakura del Puño Sanador, y no había nación o aldea que no solicitara su presencia y sus conocimientos.
—Llámeme Sakura —pidió. El asintió y la dejó sola para que pudiera cambiarse.
Después de ducharse, Sakura procedió a abrir el paquete. Miró con ojo crítico la ropa, el uniforme no era su estilo, pero decidió que era lo de menos. Kaien había tenido razón al advertirle sobre la talla; la falda le quedó ajustada, apenas bien para sus caderas, la blusa no le cerró a la altura del pecho (no tenía la medida de Tsunade, pero había crecido después de la guerra) y el saco no hizo nada para ocultar ese percance. Se puso sus botas y decidió dejar su banda sobre la mesita de noche.
Cuando bajó a la cocina para tomar el desayuno Kaien se quedó congelado al ver su apariencia. Sakura no dijo nada y se limitó a tomar asiento en la mesa, aunque por las mejillas extremadamente rojas del hombre supuso que no estaba habituado a ver a mujeres vestidas así.
—Está bien, director Cross —dijo Sakura más preocupada por los huevos revueltos que se estaban quemando en el sartén que por el mantener el ridículo pudor.
—¡Una señorita no debe vestir así! —chilló Kaien tan pavorosamente que Sakura se cubrió los oídos. Kaien la tomó por los hombros y negó con la cabeza como si estuviera poseído.
Sakura había presenciado los lapsus infantiles del hombre, pero esto era demasiado. Actuaba como si quisiera ser su padre.
—¡Definitivamente debemos conseguirte ropa apropiada! ¡No puedes estar exhibiéndote de esta forma! Eres una chica bonita, así que debes usar ropa bonita. Iremos a comprar algo de tu talla ahora mismo sino tu reputación se verá arruinada. Tus padres te echarán de la casa. Tus amigos no te respetarán. ¡Por Dios! Alguien te violará, te asesinará y venderá tus órganos en el mercado negro y…
—Director Cross —dijo Sakura controlando el volumen de su voz, pero dejando en claro que quería que él se callara. Kaien la miró con ojos aguados, ya imaginándose el peor escenario—. Su preocupación es encomiable, pero innecesaria. Mi reputación no es algo que me interese cuidar. Y si mis padres o mis amigos no pueden respetarme sólo por cómo me visto, entonces prefiero que se alejen de mi vida. No quiero personas tan juiciosas cerca de mí. En cuanto a ser violada… el imbécil que crea que un escote pronunciado o una falda corta le dan derecho a tocarme, tendrá que vivir el resto de su vida sin testículos cuando se los arranque con mis propias manos.
Kaien la miró como si le hubiera salido una cabeza extra, pero Sakura no perdería el tiempo haciéndole ver que no le interesaban sus ideas anticuadas y volvió a sentarse. A punto de argumentar otra cosa Kaien fue detenido por un oportuno golpe en su cabeza. Sakura no tuvo que ver quién fue, ya había sentido su presencia.
—Buenos días, joven Kiryû —saludó Sakura cuando el cazador se sentó frente a ella.
El cazador la ignoró. Sakura no se lo tomó personal (Sasuke había sido peor que Zero cuando era un chiquillo deprimido y psicópata), pero lo observó cuidadosamente. Zero podría ocultarlo de los demás, pero no a sus ojos expertos. Las señales eran obvias. Él estaba a punto de colapsar.
—Deja de perder el tiempo, Cross —dijo Zero. El adulto hizo un mohín por no completar su rabieta—. Se están quemando los huevos.
Kaien volvió a chillar, tratando de salvar el desayuno. Afortunadamente Zero estaba de humor para cocinar, por lo que Sakura no tuvo que sufrir otra de las peligrosas muestras culinarias del director. Kaien tuvo que contentarse con informar a Sakura su horario de clases y que Zero sería su profesor.
—¿Profesor? —dijo mirando al chico.
—Él tiene más edad de la que aparenta —se limitó a decir Kaien. Sakura se quedó muy intrigada, pero supuso que Zero tendría 27 años, no los 18 que aparentaba.
Zero y Sakura salieron del edificio para ir al salón de clases correspondiente. En el trayecto la apariencia de ella atrajo la atención rápidamente. Sakura mantuvo la vista al frente, pero estaba atenta de sus reacciones. Por lo que había entendido el equilibrio entre humanos y vampiros era estable, pero aún frágil, y si ella se convertía en un punto de quiebre tendría que hacer algo al respecto.
—Date prisa, Haruno —apremió Zero acelerando el paso cuando los alumnos se aglomeraron alrededor formando una especie de barrera a ambos lados.
Sakura pudo escuchar lo que decían sobre su cabello y su forma de vestir. En Konoha siempre elogiaban su cabellera por su color y suavidad, y nadie decía que una mujer era vulgar si su ropa mostraba demasiado; las kunoichis podían vestir cómo quisieran, pero no esperaba que lo supieran. Tampoco le interesaba lo que tuvieran que decir.
—¿Debo dirigirme a ti como profesor? —preguntó Sakura.
—Me da igual cómo me llames —volvió a apretar el paso gritando a un grupo para que se quitaran. Algunos conocían quien era Zero Kiryû de cuando sus abuelos asistieron a la academia, así que no se sorprendieron de verlo allí. Para quienes lo desconocían, miraban con recelo la escena entre Sakura y Zero. Muchas eran miradas de chicas que quedaron embobadas por el atractivo de él.
—Entonces te llamaré Kiryû —dijo ella situándose al lado del cazador. Sakura notó las miradas asesinas de esas chicas y no pudo evitar recordar cómo había sido exactamente así hace años. Qué escalofriante era. Sakura podía entender por qué Sasuke había estado molesto por sus fangirls.
La primera clase de Sakura fue de matemáticas. Zero se presentó frente a sus estudiantes sin gran ceremonia y a ella le tocó hablar por primera vez.
—Soy Sakura Haruno. Espero que nos llevemos bien —su sonrisa cautivó enseguida a varios chicos, pero era habitual. Sakura era una mujer muy atractiva.
Ella se sentó en una de las filas intermedias, justo en medio de dos chicas que le sonrieron haciéndola sentir bienvenida.
Cuando la clase comenzó Sakura no tuvo problemas para entender las operaciones matemáticas; de hecho, le parecieron sencillos en comparación con lo que había tenido que estudiar para volverse médico. También se debía a que siempre había sido una alumna comprometida, por lo que el resto de las clases las pasó sin complicaciones.
El almuerzo fue un poco agobiante. Sus compañeros apenas le permitieron irse al inundarla con preguntas. Zero tuvo que intervenir para que ella pudiera volver al edificio del director, pero fuera de eso todo ocurrió con normalidad.
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—¿Así que esto es lo que hace un encargado? —preguntó Sakura mirando con ojos desorbitados a los grupos de chicas aglomerándose en la puerta de los dormitorios de la luna. Después de haber finalizado su primer día de clases, Sakura se colocó la insignia de prefecta en el brazo izquierdo y se excusó con las dos chicas que se habían comportado amablemente con ella ya que la habían invitado a salir.
Sakura vio las hordas de fans que esperaban que las puertas se abrieran. Pudo reconocer a varias de sus compañeras de clase en el enjambre. Ella también había sido una de esas chicas que buscaba la atención del sobreviviente del Clan Uchiha, actuando como una niñita absurda con sueños absurdos que no entendía la crueldad e injusticia del mundo. Y eso no le había permitido entender que los que se gestaba dentro de Sasuke no se arreglaba con verse bonita y encantadora. Afortunadamente su relación con él había mejorado desde que lo trajeron de regreso a Konoha, reemplazando su cariño infantil por una amistad muy valiosa para ella.
—No estás concentrada —la voz de Zero la sacó de sus pensamientos. Había estado observándola y le había parecido raro verla tan ida cuando siempre estaba alerta.
—Me puse a pensar en qué le diré a Cross para no comer lo que sea que vaya a preparar mañana. No quiero ser grosera, pero prefiero no sufrir dolores estomacales de nuevo.
Una excusa muy tonta, Zero lo notó enseguida, pero no dijo nada. Lo que sea que haya hecho que los ojos de Sakura se vieran así, no le incumbía.
La puerta se abrió.
Los gritos de excitación podrían haberse oído hasta Suna. Sakura vio como Zero caminó hacia esas chicas, se paró frente a ellas y las miró fijamente. Tal parece que su forma de mirar las había dejado mudas al instante. Sakura cayó en la cuenta de que debía hacer algo. Se adelantó a otro grupo que parecía querer arrojarse sobre los vampiros cual jauría de lobos hambrientos.
—¡Guarden silencio, por favor! —ordenó como si estuviera poniendo orden en una sala médica con visitas alborotadoras—. Sé que están emocionadas, pero su forma de expresarlo es inadecuada. No están frente a animalitos que deban hacer lo que ustedes quieran, así que mantengan la compostura.
Todas las chicas observaron a Sakura, incluso los estudiantes del turno nocturno pararon para admirar la escena. El silencio duró unos segundos. Las miradas desconcertadas se convirtieron en muecas de reproche. Los murmullos de inconformidad comenzaron a escucharse. Sakura no se dejó intimidar, así que permaneció inmóvil y segura, esperando cualquier movimiento de su parte.
De repente, se vio bombardeada de insultos y reclamos
Zero quería ver qué tanto podía soportar, así como su forma de manejar este tipo de situaciones. Miró de reojo como los vampiros olfateaban el aire. El corazón de Zero palpitó con fuerza, preso de algo parecido a la ira. Como si su lado vampírico gruñera al ver que alguien más acechaba a su presa. Zero ignoró el llamado urgente que le exigía desenfundar la Rosa Sangrienta para acabar con todos y devorar la vida de la chica.
—¿Quién carajo crees que eres? —reclamó una joven, que podía decirse cursaba la universidad. Era muy delgada, con largo cabello negro con un flequillo demasiado corto y ojos color marrón.
—Hinamori tiene razón. ¡Deberías de conocer mejor tu lugar, forastera! —rió una chica muy bajita. Tenía una apariencia tierna con una sonrisita estúpida en la cara.
La nueva prefecta suspiró. Alzó su brazo mostrando su rango, consiguiendo que algunas pidieran perdón de inmediato. Pero a otras les valió poco el título y decidieron que harían lo imposible para joderle la vida a esa entrometida.
—¿Y qué con que seas prefecta? —espetó Hinamori poniendo sus manos en sus delgadas caderas. Era diez centímetros más alta que Sakura, pero eso no la intimó nada. Después de todo Ino Yamanaka era mucho más alta que Hinamori, y Sakura se había acostumbrado a la altura de su mejor amiga.
—Himawari, será mejor que detengas a Hinamori —advirtió una chica a la joven con expresión tonta.
Himawari no hizo amago de querer hacerlo, sonreía con altanería al imaginar a Hinamori rompiéndole la cara a esa engreída. Ya había pasado muchas veces antes.
—Te enseñaré que no debes meterte conmigo, estúpida —espetó Hinamori lanzando una mano para agarrar a Sakura por los cabellos.
Sakura sabía que sólo un golpe se necesitaba para resolverlo todo. Un golpe para mostrarles que no era una débil y que si pretendían molestarla terminarían perdiendo. La velocidad con la que dio el puñetazo fue tan rápida, que lo único que registraron los espectadores fue como Hinamori salió volando hacia los árboles.
Las bocas abiertas y los ojos desaforados dominaron las expresiones de muchos.
Sakura se dirigió a ellos manteniendo la calma, como si no hubiera mandado a volar a una persona de un puñetazo.
—Seré clara —dijo Sakura—. No soy una buscapleitos, pero si alguien se atreve a romper una regla o a molestarme recibirá el doble de lo que Hinamori acaba de obtener, ¿entendido?
Se dio la vuelta para avanzar hacia Zero. Su golpe había ocasionado que muchas huyeran, mientras Himawari ayudaba a Hinamori a reaccionar. A Sakura no le importaba las consecuencias, se las arreglaría para hacerle entender a Kaien que un poco de fuerza bruta obraba maravillas si sabías cómo y cuándo usarla. Zero, por su parte, sentía un poco más de simpatía por ella. Ahora estaba convencido de que podía trabajar con Sakura sin tener que estar al pendiente todo el tiempo.
Una mano sobre su hombro detuvo a Sakura. La kunoichi lo había presentido, así que sólo volteó para ver de quien se trataba. Era un muchacho de 16 años, cabello rubio y ojos de dos colores, azul y verde. El joven le sonreía, pero ella notó algo más detrás de esa sonrisa.
—Eso fue inusual —dijo él y extendió su mano—. Un gusto en conocerla, señorita prefecta. Mi nombre es Seth Shirabuki, presidente de la Clase Nocturna.
—Sakura Haruno —contestó estrechando la mano que le era ofrecida. Era obvio que este chico sabía quién era ella si se trataba de un vampiro.
Las noticias nunca se mantenían en secreto mucho tiempo.
—Lord Seth —llamó un vampiro de cabellos nacarados y ojos bermellón con expresión solemne—. Llegaremos tarde a clase.
Seth rodó los ojos, sin soltar la mano de Sakura.
—Al parecer no tendremos la oportunidad de hablar apropiadamente todavía —se lamentó acariciando la parte superior de la blanca mano, se acercó para susurrar a su oído—. Te veré en la noche, señorita prefecta.
Se alejó de Sakura dejándola con un ligero escalofrío recorriéndole la espalda. Seth, el vampiro sangrepura, pasó al lado de Kiryû dedicándole una sutil sonrisa que fue contestada con los ojos amatistas viéndolo con odio.
—No pienso comérmela así que ahórrate el sermón.
—No tientes a tu suerte, vampiro —escupió.
—Qué curioso que lo uses como insulto cuando tú también lo eres —sonrió—. Es un placer conocer al fin a un cazador tan infame y famoso como tú, Zero Kiryû.
Zero verificó que Sakura no hubiera escuchado eso último, pero ella había quedado pensativa luego de su encuentro con Seth. Zero le tocó el hombro para despabilarla. Cuando ella le miró, Zero dio por iniciada la ronda de esa noche.
[+][+]
—¡Seth, no puedes estar hablando en serio!
Seth lo ignoró mirando hacia la ventana. El vampiro de la nobleza hizo una mueca de desesperación por la total falta de interés de su líder.
—Cálmate, Nagi, que te saldrán arrugas —sonrió en broma. Nagisa Kain le dirigió una mirada ácida cruzando los brazos sobre su pecho—. Oh, deja de ser dramático.
—¡Estoy hablando en serio!
—Yo también. Hablé muy en serio cuando dije que me enamoré a primera vista de Sakura Haruno.
—Ella es una humana, tú un vampiro purasangre —señaló Nagisa—. Además eres el descendiente de Lady Sara. Lord Kuran te permitió vivir y liderar la clase nocturna por piedad.
—¡Y yo que pensaba que me había elegido por ser tremendamente encantador! —se llevó una mano a su frente, aparentando indignación—. Me siento ofendido. Presentaré una queja a tus padres, les contaré lo mal que me tratas.
—Zero Kiryû no permitirá que te le acerques. Estuvo a punto de dispararte por haberle dirigido unas cuantas palabras. El director Cross nos informó que no debíamos de acercarnos a ella y que tú, como nuestro presidente, pusieras el ejemplo y nos ordenaras que no perdiéramos los estribos a pesar de que su sangre no esté llamando a gritos.
—No tengo la culpa que se me antoje lo imposible —delineó su labio inferior—. Llegó hace apenas tres días y los viejos vampiros del senado ya tienen puestos sus ojos en ella. Incluso tú, Nagisa, así que no me reproches de algo que también quieres hacer.
Los dos vampiros guardaron silencio, mirándose mutuamente. El maestro aún no llegaba y los rayos del sol comenzaban a esconderse tras unas nubes densas y grises.
—Habrá una tormenta —susurró Seth mirando otra vez por la ventana.
Nagisa no dijo nada. Conocía lo suficiente al sangrepura para saber que no diría ni una palabra más. Y él también miró hacia afuera.
Un relámpago blanco iluminó la estancia seguido del sonido aturdidor del trueno.
[+][+]
En la Asociación de Cazadores se experimentaba un momento tenso. Hombres y mujeres sentían el ambiente muy pesado y el aire estaba repleto de murmuraciones.
Takuma Ichijou miraba alrededor. Recargado en una de las paredes de la entrada principal, trataba de escuchar lo que se decían entre susurros, pero incluso con su fino sentido auditivo no podía entender el lenguaje en código. Se cruzó de brazos y cerró sus parpados, hundiéndose por un momento en sus pensamientos.
Él, Kaname y Akatsuki se habían presentado en la Asociación de Cazadores para la junta acerca de los recientes ataques de niveles E. Había sido dirigida por los representantes de cada especie que permanecieron dos horas escuchando los reportes de los atentados. Tras esto se dio pie a teorías que pudieran explicar este fenómeno. Al final casi todas llegaban a la misma conclusión y estaban relacionadas con la misma persona: Sakura Haruno.
Aunque Sakura había ayudado a los heridos, se había decidido casi con unanimidad que no se podía confiar en ella y que su presencia era un riesgo para la sociedad. Así que debían mantenerla bajo vigilancia, además que se harían estudios con la finalidad de identificar por qué su sangre era tan atrayente para los vampiros.
Takuma creyó que esas medidas eran extremas. No pudo objetar nada al respecto, pues Yagari y Kaname así lo habían decidido.
—Qué fastidio —masculló Akatsuki al lado de Ichijou. El rubio había estado tan sumergido en sus pensamientos que no se había dado cuenta de su presencia.
—No digas eso, Akatsuki —apremió Takuma con una sonrisa cansada—. Después de todo, están preocupados por lo que ha ocurrido en estos días.
—¿Es tan especial la sangre de esa chica?
—Cuando decidieron que ella estaría bajo la vigilancia de los cazadores, muchos vampiros de la nobleza se mostraron inconformes por lo mismo —dijo suspirando—. Creo que a pesar de vivir en paz, no podemos dejar de lado nuestro egoísmo. Los vampiros queremos abarcarlo todo.
—Lo dices como si tú también quisieras beber su sangre —replicó suspicazmente.
Takuma soltó una risita ahogada. Lo habían pillado.
—Te diré, Akatsuki, que desde el momento en que olí su sangre quise destrozarle la garganta y dejarla seca.
Kain abrió los ojos, sorprendido por sus palabras. De no ser porque era la boca del rubio de la que salieron, pudo haberlo confundido con un nivel E. Takuma siempre había mantenido sus instintos bajo control, incluso mejor que Kaname.
—Y no sólo fui yo, también Hanabusa. Vi como temblaba por estar reprimiéndose, incluso Kiryû…
—Me parece que ella es la que debería de estar preocupada y no nosotros —dijo Kain.
—Pienso lo mismo que tú, Akatsuki —dijo Takuma. Ambos voltearon al frente, volviendo a sumergirse en sus pensamientos.
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—Parece que todo está en orden —dijo Sakura observando la tranquilidad en los pasillos.
El viento suave y fresco mecía los árboles, y el sonido de las hojas agitándose era agradable.
—Realmente es un lugar pacífico —comentó mientras de un salto subió hasta un árbol cercano. Dio más saltos en las ramas aledañas buscando la presencia de Zero, ya que él había sido reacio a dejar de vigilarla hasta que Sakura le aseguró que no se tardaría. Sakura sabía cómo rastrear, aunque sus habilidades quedaran cortas ante el mejor equipo de Konoha (está claro que no se podía comparar contra el Byakugan, la nariz de un perro ninja e insectos rastreadores).
Zero terminó su ronda sin nada relevante que reportar. Había esperado que los vampiros se descontrolaran por haber olido a Sakura y atacaran. Entonces habría entrado en acción, asesinándolos uno por uno. Además si Seth perdía los estribos, tendría la oportunidad de matar a un sangrepura.
Su boca se torció en una sonrisa maquiavélica. Su lado oscuro anhelaba sangre, e inconscientemente dirigió una mano a donde estaba su pistola. Si tan sólo pudiera matar a todos los vampiros de la academia. Si tan sólo uno perdiera el control podría calmar su ansiedad.
"Si tan sólo… pudiera beber su sangre".
Sus colmillos le escocían.
—Oye, Kiryû, ¿te encuentras bien? —dijo ella apareciendo frente a él.
Zero no contestó. Sakura levantó su mano hasta tocar la frente de chico. Había esperado que se alejara, no fue así. Pensó que era una buena señal, por lo tanto, llevó su otra mano al cuello blanquecino. Zero tembló ante el contacto, sin saber si ella sabía o no que ése era un lugar sensible para él.
Sakura estaba probando su pulso para verificar que estuviera bien. Su ceño se frunció al notar el pulso acelerado, además de las señales que ya había notado con anterioridad. Definitivamente Zero estaba enfermo. Por lo que había visto él no se cuidaba como debía (lo había visto tomar unas pastillas por montones, pero suponía que no funcionaban porque no mejoraba).
Sakura metió su mano en uno de los bolsillos de su chaqueta y extrajo un frasquito color azul claro y etiqueta anaranjada. Había guardado esa medicina antes de que le decomisaran sus cosas por dos razones: una, ella no podía dormir fácilmente (aunque había notado que el efecto ya no era el mismo que antes) y la segunda era porque había notado su cansancio. Sakura estaba dispuesta a entregársela, pero algo la hizo detenerse. Levantó la cara para toparse con un par de ojos color sangre. La mandíbula del cazador estaba tensa. Su cuerpo era sacudido por temblores y su mano había atrapado la muñeca de Sakura. Sus colmillos se asomaron por sus finos labios.
De no haber sido por la nostalgia que esos ojos le hicieron sentir, Sakura les habría temido. Pero habiendo convivido tanto con Naruto cuando aún no podía controlar sus poderes de jinchuuriki (sus dolorosas transformaciones) había perdido el miedo.
—Kiryû —musitó al descubrir que Zero era un vampiro. Una parte de ella se sintió enojada, pero otra, siempre la más fuerte, sintió una profunda compasión por él. Guardó la medicina. Miró de nuevo al cazador y tomó la mano que aferraba su muñeca—. Suéltame.
Zero cerró los ojos mientras luchaba contra sus impulsos. Sakura volvió a insistir. Si Zero estaba bajo el efecto de la sed, lo mejor era actuar con calma y no exacerbar sus instintos.
—Déjame ir.
Zero perdió la razón. Todo se volvió oscuro y la única voz en su cabeza era la del vampiro. Atrajo a Sakura y acercó su boca al fino cuello…
El movimiento fue rápido. Zero enterró sus colmillos con dureza. Sakura gritó de dolor, luchando por zafarse encontrándose con la premisa de que su fuerza normal no serviría para lograrlo. Así que concentró chakra en su puño. Conectó un golpe directamente al estómago de Zero, sacándole el aire y las ganas de seguir mordiendo.
Sakura puso su mano sobre su cuello para cerrar las heridas, pero notó con mortificación que algunas gotas habían sido salpicadas alrededor.
Gracias al golpe Zero había podido volver a la normalidad. Levantó la vista hacia Sakura, pero ella no mostraba ni un ápice de temor ni repulsión. Sus pupilas verdes reflejaban preocupación y un algo que Zero no pudo detallar bien, pero que le estremeció.
—Vaya, no esperaba que fuera el vigilante quien decidiera morder a quien se supone debe cuidar —dijo Seth.
Sakura miró al sangrepura que estaba a su lado y luego a los diez vampiros nobles que aparecieron alrededor de ella, viéndola con los mismos ojos rojos de depredador.
—¿Así que ella es la humana de la que ha estado hablando todo el mundo? —una vampiresa de cabellos rubios y ojos ardiendo en rojo habló—. No culpo a los niveles E por perder el control. Huele muy bien.
—Concuerdo contigo, Tori —dijo otro que parecía tener doce años, de cabellos negros y piel de alabastro. Él miraba a Sakura mientras se relamía los labios—. De seguro sabe tan bien como huele.
—Ustedes no deberían de estar aquí —dijo Sakura terminando de curarse. ¡Debió limpiar la sangre de inmediato, pero desconocía la velocidad de los vampiros!—. Se supone que los estudiantes del turno nocturno deben estar en sus salones.
—Eso es lo que deberíamos estar haciendo —dijo Seth entrecomillando con sus dedos. Se acercó a Sakura y puso su mano en su cuello, justo donde había sido mordida. Sakura apartó su mano con rapidez—. Pero oímos ajetreo afuera y detectamos el olor de tu sangre. Parece que Kiryû no pudo resistir más. Para ser un nivel D perdió rápido el control.
—No tenían por qué venir —refutó Sakura mirando a cada vampiro—. Lo que pase entre Kiryû y yo, no es de su incumbencia. Así que vuelvan a sus clases o tendré que usar la fuerza contra ustedes.
Los vampiros la miraron evidentemente molestos. Esa humana tenía una actitud altanera. Tori Saitou dio un paso para enfrente dispuesta a darle su merecido, pero fue detenida por Seth.
—Es mejor hacer lo que dice la señorita prefecta —dijo. Los nobles quisieron reclamar, pero el sangrepura usó su poder sofocando cualquier intento. Los vampiros se retiraron dando una reverencia a su líder y una mirada penetrante a Sakura.
Al final, sólo quedaron Seth, Nagisa, Sakura y Zero.
—Es mejor que también nos retiremos, señor Seth —dijo Nagisa.
Shirabuki asintió y miró a Zero. Él le devolvió el desafío de igual manera.
—Señorita Haruno —dijo Nagisa—. Es mejor que vaya a cambiarse de ropa. El olor de su sangre permanece, yo me encargaré de limpiar.
—Gracias —comentó Sakura. Luego suspiró—. Tú vendrás conmigo, Kiryû.
Zero no dijo nada, aún mantenía la vista fija en Shirabuki.
—Debemos irnos —insistió Sakura acercándose. Zero rompió el contacto visual, dio la vuelta y se dirigió a la oficina de Kaien. Antes de dar siquiera dos pasos, la voz de Seth volvió a oírse.
—Anda con cuidado, cazador —pronunció en un idioma distinto.
—Lo mismo digo, vampiro —respondió Zero.
Sakura les miró sin entender ni una palabra. Nagisa, por su parte, pensó que esa tormenta se convertiría pronto en un huracán.
[+][+]
En la oficina del director, Sakura informó el incidente. Kaien escuchó con atención cada palabra, para después sonreír con resignación.
—Me parecía que algo así iba a pasar tarde o temprano —suspiró.
—Nagisa limpiará el desastre y Seth mantendrá en orden a sus compañeros —explicó—. Supongo que eso bastará por ahora. Me alegra saber que los vampiros de la nobleza pueden controlarse mejor que los que me atacaron a mí y los cazadores.
—Entiendo —dijo Kaien y fijo su vista en Zero—. ¿Te sientes bien? Supongo que fue demasiado para ti. Perdona por hacerte pasar por esto.
Zero gruñó irritado. Lo que menos quería era que Kaien lo tratara con lástima.
—¡Basta! —gritó—. ¡Deja de tratarme como un niño! No tienes porque hablarme de forma suave. ¡No soy alguien débil!
—Sé que no eres débil —dijo Kaien. Sakura parpadeó por lo solemne que sonó y entendió que, incluso alguien como él, se tomaba las cosas en serio cuando se requería—. Y para decir que no eres un niño sigues comportándote como uno.
Zero ya no lo soporto. Usando el poder que contenía su sangre hizo cuartear las paredes a su alrededor. Kaien lo miró inmutable, mientras Sakura se sorprendió. Zero salió de la habitación, pues de quedarse terminaría enfrentándose al Vampiro sin Colmillos. Kaien suspiró derrotado. Zero nunca cambiaría, siempre trataría de resolver sus problemas él mismo. Pero bueno, también se había pasado con su comentario.
Sakura seguía mirando el lugar por donde se había ido.
—Perdona su comportamiento, Sakura —dijo Kaien con tono amable—. Es sólo que Zero es terco.
El silencio de Sakura extrañó al director, pero una sonrisa de complicidad se dibujó en sus labios. Suspiró resignado, tal parecía que esa noche Zero no podría encerrarse en su miseria.
—Lo más probable es que lo encuentres en los establos —contestó a la pregunta que Sakura no había formulado.
Kaien vio a la kunoichi marcharse esperando por lo mejor.
Comenzó a llover duramente.
Los rayos iluminaban el cielo y los truenos rompían la calma. El viento arremolinaba los árboles con furia, como si quisiera arrancarlos del suelo.
Zero se encontraba tumbado en el heno con los brazos cruzados detrás de la nuca, ignorando el sonido del agua chocando contra el establo. El hijo de su fallecida yegua Lily yacía a su lado y lo miraba curioso, mientras que con su enorme cuerpo le brindaba calor.
El Vampiro sin Colmillos tenía algo de razón. Zero se había comportado como un niño haciendo una rabieta. Cerró sus ojos, concentrándose en otra cosa. Ya luego le pediría disculpas a Kaien (que no era una disculpa propiamente, pero Zero sabía que Cross lo aceptaría) y arreglaría cuentas con ese maldito chupasangre de Seth.
El olor de Sakura llegó a su nariz. Se levantó como un resorte quedando sentado, mientras su vista estaba fija en las puertas. Ahí, completamente empapada por la lluvia, estaba ella.
Los ojos de Sakura parecían gritar aliviados mientras entraba al establo y se quitaba la chaqueta, dejando expuesta gran parte de su piel blanca. Se acercó hacia él, se arrodilló y le sonrió. Zero no supo qué hacer. El olor a humedad no pudo esconder su aroma atractivo, y de nuevo sintió las ansias por beber. ¿Qué siempre sería así cuando estuviera cerca de él? ¿Acaso su autocontrol se iría al carajo por la presencia de esa chica extraña?
La mano de Sakura acarició su mejilla. El contacto cálido contra su piel fría hizo estremecer a Zero.
—Oh, perdón, creo que esto sobrepasa tu límite personal —declaró retirando su mano. Zero sintió una especie de hueco en su corazón al perder el tacto tibio—. No vengo a darte un sermón, Kiryû, no me corresponde, pero…
Zero bajó la cabeza. Sakura prosiguió.
—… no es bueno que alejes a las personas que se preocupan por ti. Así que no vuelvas a guardarte las cosas. Quiero conocerte, saber más sobre ti —lo abrazó de tal manera que su cabeza reposó sobre su pecho. Esta clase de gesto se había convertido en un hábito en ella cuando Naruto y Sasuke necesitaban sentirse confortados—. Quiero entender por qué creíste que te odiaría por ser un vampiro, cuando nunca será el caso.
Zero podía escuchar el latido del corazón de Sakura. Tan rítmico y calmado. Esa chica era extraña de verdad, capaz de mostrar una actitud dura al igual prodigar caricias tan suaves. Pero había cosas que Zero todavía no estaba dispuesto a compartir.
—Oye, me estás dejando sin aire —dijo Zero. Sakura lo soltó y tomó cierta distancia.
—¡Lo siento! No medí mi fuerza —dijo rascándose la mejilla. Zero bufó, pues la fuerza de Sakura no era lo que lo había estado asfixiando—. ¡Ah, cierto!, quería entregarte esto antes de que… me mordieras —sacó el frasquito de medicina.
Él lo miró con el ceño fruncido, sin comprender el idioma que en la etiqueta.
—Es un medicamente para dormir —explicó Sakura. Zero le miró desconfiado, ya que se suponía que le habían confiscado sus cosas—. Soy una ninja-médico, así que es confiable. Yo lo tomo porque sufro insomnio, pero puedes quedártelo.
Él tardó varios minutos en aceptarlo. Abrió la tapa y tomó una de las pastillas color amarillo.
—Yo lo hice —declaró orgullosa.
Zero la miró de reojo.
—¿Ah, sí? Pues sabe horrible —dijo levantándose. Y agregó—: Mucho peor que lo que cocina Kaien.
Caminó directo hacia la salida, dejando a Sakura con un tic en el ojo.
—Levántate, Haruno —dijo mirando como todavía no se aplacaba la lluvia. Se quitó su chaqueta y se la aventó en la cabeza a la chica. A ella la apareció una venita en la frente—. Úsala.
Sakura parpadeó perpleja. ¿Era su imaginación o Zero estaba siendo amable? Sea como fuese se puso la chaqueta negra.
—Gracias —murmuró saliendo junto a Kiryû.
La lluvia parecía no detenerse, pero a ellos no les importó. Porque el momento que habían compartido los mantenía tibios en el fondo de su corazón.
Ambos se encontraron a Kaien en la puerta de los dormitorios, esperándoles con una sonrisa. Zero pasó de largo directamente a su habitación, empapando la alfombra por las gotas que caían de él. Sakura quedó confundida de ver como Cross no le reprochaba nada, pero supuso que a su manera esos dos harían las paces.
Sakura estaba empapada. Una suave toalla fue puesta en su cabeza, y sus cabellos fueron alborotados por las manos amables de Cross. Sakura lo miró desconcertada, para luego sonreír. Después de un rato, detuvo al director retomando ella misma la labor.
—Preparé chocolate —anunció Cross. Sakura asintió entusiasmada, necesitaba algo caliente después de estar mojándose tanto por la lluvia. Se dirigió hacia la sala, pero antes de dar dos pasos, Cross la detuvo colocando su mano izquierda sobre su hombro.
Sakura le miró interrogativa.
—Gracias —pronunció él. Al principio Sakura no entendió a lo que se refería, pero Kaien dio un vistazo rápido hacia donde se encontraba la habitación de Zero. Entonces la chica comprendió.
—No tiene que darme las gracias, director, sólo quería ayudar.
Sakura terminó de secarse en la sala y a los cinco minutos, Kaien entró con una charola con tres tazas de chocolate caliente. Sakura tomó una y la bebió lentamente, saboreando el dulce sabor y sintiéndose cálida. Kaien la miró un tanto reconfortado de que esa vez el chocolate le haya quedado bien y no incomible.
Tras terminar la bebida, el Vampiro sin Colmillos pidió a Sakura que le llevara su chocolate a Zero, pues él no podría entregársela ya que tenía que revisar documentos sobre el mantenimiento de la academia. Sakura aceptó, dio las buenas noches y se dirigió hacia la habitación del prefecto.
Cuando llegó tocó la puerta y esperó a que Zero saliera, pero tras unos minutos, no pasó nada. Volvió a tocar, y sucedió lo mismo. Tomó el pomo y lo giró, abrió de poco a poco. Dentro de la recamara no había rastro alguno del cazador. Sakura entró dejando el chocolate en una mesita al lado de la cama. Dio un vistazo a su alrededor. A parte de la mesa sólo había un ropero y una silla. El cuarto de Zero le recordó al de Shino Aburame por lo austero y sólo esperaba no encontrar peceras con insectos o cosas más escalofriantes.
Entonces se dio cuenta de un portarretrato encima del ropero.
Era la fotografía de una mujer de cabello largo y ligeramente ondulado. Ojos expresivos de tonalidad ocre, que mostraban calidez y serenidad, y usaba un vestido blanco de costura simple, pero elegante. La mujer cargaba un ramo de hortensias, y al fondo se podía vislumbrar algo parecido a un parque. Pero lo que más llamó la atención de Sakura fue la sonrisa que mostraba; un gesto natural así como cálido. Sakura no pudo evitar quedar embobada por eso.
Cuando escuchó el sonido de la puerta del baño abriéndose, Sakura reaccionó. Se volteó para encontrarse con la noticia de que Zero había decidido darse un baño y se había puesto sólo un pantalón negro. Zero estaba secándose el cabello, y abrió un poco los ojos extrañado al encontrarse con Sakura en su habitación.
—¿Qué pasa? —preguntó.
Sakura volvió hacia donde había dejado la taza con chocolate, la tomó y se la entregó al prefecto.
—Cross lo hizo —informó. Zero miró con recelo el chocolate que le era ofrecido—. Está bueno, yo lo bebí.
Zero dio una mirada alternativa entre Sakura y la taza, soltó un pequeño suspiro y lo aceptó. Luego se sentó en su cama, bebió un sorbo y continuó secándose el cabello. Sakura le miró medio enternecida. Una idea loca cruzó por su cabeza y aunque intentó suprimirla, no pudo. Avanzó hacia Kiryû, colocó sus manos sobre su cabeza y comenzó a secarle el pelo.
—Así podrás beber el chocolate antes de que se enfríe —aclaró Sakura. A Zero no le quedó alternativa más que dejarla hacerlo.
No dijeron una sola palabra, no había necesidad de ello. Zero se sentía cómodo así. Además era agradable sentir las manos de la chica en su cabeza. Tras un rato, y cuando el cabello estuvo seco, Sakura quitó la toalla y la colocó sobre una pequeña silla al lado de la cama. Luego se sentó a su lado.
—Quisiera preguntarte algo, si me lo permites —Zero le miró por el rabillo del ojo, tomó otro sorbo de chocolate y asintió—. ¿Por qué no querías que supiera que eras un vampiro?
Zero limpió las comisuras de sus labios que habían quedado impregnadas de chocolate. Vale, había esperado que la chica comenzara a hacerle preguntas, pero no esperaba que fuera tan pronto.
—Creí que me verías como un monstruo —pronunció Zero.
Era una parte de la verdad. Kiryû estaba consciente que no todas las personas lo aceptarían por ser lo que era. En cierto sentido no le importaba lo que pensaran, pero cuando Sakura enfatizó que podía ser como esos vampiros descontrolados, no pudo sino sentirse irritado y menospreciado. Porque ella tenía razón en cierto sentido.
Durante tres años seguidos Zero había permitido que su oscuridad lo dominara, viviendo como una bestia que sólo usaba el cerebro para idear las mejores formas de matar a los de su misma especie. Sin embargo, fue la presencia de la misma Sakura lo que estaba haciendo que se replanteara todo y sintiera vergüenza por haber sucumbido ante sus oscuros deseos.
—No podría verte como a un monstruo —dijo Sakura con vehemencia—. Si lo dices porque me mordiste… entonces debes saber que ni así lo lograste.
Zero se percató que ella decía la verdad. Ya fuera por la sed residual o por el reciente anhelo que creció en él por su contacto, la tomó de la muñeca y tiró de su brazo para estrecharla contra su pecho mientras que una de sus manos se enredaba en los cabellos rosas. Sakura creyó que Zero fue dominado por su sed otra vez, pero lo descartó cuando notó el latido tranquilo de su corazón y como Zero no parecía tener la intención de morderle.
Esta vista de lo que era la sed para un vampiro, le permitió comprender que no eran seres sin consciencia, dominados por el instinto. No podía decirlo por todos, pero estaba segura que algunos no estaban felices de sufrir sed de sangre. Además el cazador le recordaba a Naruto y también al último de los Uchiha. Tenía tantas similitudes como diferencias con esos dos, que Sakura podía jurar que sus amigos estaban ahí, con ella.
"Pero no lo están", recordó una vocecita cruel en su cabeza.
—¿Me podrías soltar? —pidió Sakura cuando el abrazo se prolongó más de lo necesario.
Zero estaba demasiado sumido en sus pensamientos como para prestarle atención. Sakura movió sus brazos para hacerle notar que debía soltarla. Casi a regañadientes, Kiryû se separó unos cuantos centímetros de ella para mirar directo a sus ojos, ella le sostuvo la mirada.
—Hay que limpiar la alfombra, no creo que te guste que quede pegajosa —dijo ella. Zero reaccionó a esto, no se había dado cuenta que por haberla abrazado derramó el chocolate.
Sakura se levantó de la cama y se movió hacia la puerta ante la atenta mirada amatista.
—Iré por algo, espérame aquí —le dijo. Salió de la habitación.
Zero se quedó en silencio. ¿Qué diablos había pasado por su mente al abrazarla así? Se sentía atraído por su sangre, pero eso era muy diferente a sentirse cautivado por ella. Tal vez era porque Sakura emanaba calidez, su actitud amable y gruñona era una mezcla inusual pero agradable. Zero llevó una mano a su boca y rozó sus colmillos recordando cómo había mordido el cuello de Sakura. Sólo había probado un sorbo y no había sido suficiente para grabarse el sabor. Una pregunta relampagueó en su mente, intentó ignorarla pero su lado vampírico parecía no querer dejarlo en paz.
¿Si Sakura era generosa le dejaría beber su sangre como lo había hecho Yûki hace tantos años?
Zero sintió asco de sí mismo por semejante suposición y por haber comparado a las dos chicas. Yûki no era Sakura. Y era obvio que Sakura no era como Yûki. Zero decidió no volver a preguntarse algo tan estúpido.
—Ya volví —anunció Sakura entrando con un trapo y una botella con limpiador—. Toma, espero que esto sea suficiente para limpiar la mancha.
Zero tomó los productos de limpieza y comenzó a fregar la parte afectada mientras Sakura se sentaba en la cama. Empezaron a hablar de algunas cosas, pero el abrazo hizo que ella olvidara algo importante, como era preguntar el nombre de la chica de la fotografía.
[+][+]
Kaname entró a su enorme mansión. Fue recibido con una reverencia por sus sirvientes, mientras que el ama de llaves le indicaba los sucesos del día. Parecía que su esposa batallaba con los achaques del embarazo, aunque se controlaba bien porque Ruka era quien estaba al pendiente (era la única que tenía el carácter suficiente para tranquilizar a una mujer sangrepura embarazada). También le informaron que Aido había salido por varias golosinas que se le antojaron a su esposa porque se había acabado por completo las que se guardaban en las despensas de la cocina. Fuera de eso, no había ocurrido nada interesante.
Kaname subió las escaleras que daban a la habitación principal. Los sonidos de risas y cuchicheos se oían dentro. Kaname sonrió complacido. Habían ocurrido muchas cosas en el pasado, tantas que nunca creyó que para él hubiese salvación. Ahora tenía todo lo que podía desear. Kuran sabía que Yûki confiaba en él más que nunca. Tendrían un bebé. Yûki ya nunca se separaría de su lado, permanecería ahí, con él.
Eternamente.
En él persistía una parte que nunca se borraría por completo de la esencia oscura del sangrepura. Una que nunca dejaría de existir, pero decidió ocultar para proteger la pequeña felicidad que había logrado construir.
"¿En serio crees eso, señor Kaname?", se detuvo a unos pasos de la puerta sintiéndose mareado por el sonido de esa voz. Hace mucho, mucho tiempo, hubo alguien que nunca dudó en cuestionarle sus decisiones. "El mundo es así. Está lleno de luz".
Tocó por educación, después de todo estaba en su casa. Yûki le dijo que podía pasar. Kaname abrió la puerta encontrándose con una escena graciosa. Una molesta Yûki se mordía el labio inferior mirando su juego de cartas, tal parecía que no había tenido una buena racha. Ruka y Seiren le dieron a Kaname la bienvenida respetuosamente.
—Parece que se están divirtiendo —pronunció Kaname viendo el ceño fruncido de Yûki y como gotitas de sudor resbalaban de su frente.
—Lady Yûki se aburría así que se nos ocurrió enseñarle a jugar póker —dijo Ruka, sin siquiera prestar atención a sus cartas. Sabía que con la mano que tenía Yûki no tenía oportunidad contra ella—. Aprende rápido.
Era obvio que eso no era verdad. Yûki se tensó porque ahora Kaname la miraba atento.
—Me rindo —dijo lanzando todas las cartas al aire. Su boca se torció en un adorable puchero—. No tengo talento para los juegos de azar.
Kaname sonrió. Recogió algunas cartas que habían quedado en el suelo justo a sus pies, las acomodó en un mazo y se acercó a su esposa.
—Es sólo cuestión de tiempo para que aprendas cómo jugarlo —apremió entregándole las cartas a Seiren para que las guardara.
Yûki infló los cachetes, Kuran sólo atinó a sonreír aún más. Después de un rato, Yûki se rindió de su comportamiento infantil, suspiró y concentró su mirada en su esposo, sus labios se estiraron.
—Perdona mi comportamiento, Kaname, es sólo que no puedo lidiar muy bien con estos cambios por el embarazo —dijo levantándose de la cama, yendo donde él para recibirlo con un beso en la mejilla—. Bienvenido.
—Es bueno estar aquí.
—¿Y bien, ha sucedido algo nuevo?
Kaname sabía que era tiempo de decirle a Yûki lo que ocurría, pues al fin y al cabo no era nada que no tuviera que saber. Las dos nobles se levantaron de la cama para permitirles un poco de privacidad. Ellas ya sabían sobre el tema, Seiren por ser guardaespaldas de Kaname y Ruka por lo que Akatsuki le compartía.
Las dos vampiresas salieron de la habitación tan silenciosamente que Yûki no se dio cuenta hasta que oyó el sonido de la puerta al cerrarse. Por fin solos, ambos sangrepuras se dirigieron a un pequeño sofá y se sentaron.
—Hace tres días cuando Aido, Takuma y yo salimos para ir a la junta con Yagari, el auto fue interceptado por un hombre. Era un cazador malherido que huía de niveles E que habían perdido el control.
Ella sólo tenía algunas referencias sobre ese ataque, Ruka le había contestado cuando se lo preguntó. Lo que desconocía eran los detalles.
—Obviamente nos deshicimos de todos los vampiros descontrolados —prosiguió Kaname—. Subimos a los cazadores a la limosina para llevarlos a la Asociación. En cuanto llegamos, el cuerpo médico los atendió… hasta que una mujer humana se acercó a una cazadora herida y usó una extraña forma de sanación que nadie había visto; en menos de lo que pudimos notar, las heridas en el cuerpo de la cazadora habían desaparecido. Esa chica llamó la atención de todos, pero lo que los cazadores no notaron fue su aroma, el de su sangre. Yûki, sabes que nuestra sangre tiene un olor que ningún vampiro puede resistir.
—Lo sé —emitió Yûki en un susurro.
—Pues la sangre de esta niña es tan atrayente como la de un vampiro sangrepura.
Yûki sintió su boca seca. No era normal encontrar un humano tan especial.
—Todo estará bien, Yûki —pronunció Kaname acariciando con dulzura la mejilla de ella—. No tienes por qué preocuparte. La chica está bajo la custodia de la Asociación de Cazadores. He ordenado al Senado de Vampiros esperar hasta mañana para tener una audiencia con ella.
—Pero, Kaname, —reprochó Yûki— no puedes permitir que los líderes la conozcan. A pesar de que ellos firmaron un tratado de paz, no querrán que la chica quede bajo el cuidado de los cazadores.
—Lo sé —replicó Kaname—. Es por eso que Yagari y yo hemos llegado a un acuerdo. La chica se quedará en la Academia Cross, así estará vigilada por ambos bandos.
Yûki apretó los labios. Aún estaba dudosa de si bastaría para mantener a raya al senado. Ella no deseaba que una guerra estallara y haría todo lo que pudiera para evitarlo.
—Dime, Kaname, la sangre de esta chica es muy parecida a la de nosotros, entonces…
Yûki calló por un momento, insegura de proseguir. Pero Kaname asintió, él ya sabía todo lo que su esposa diría.
—Ellos querrán comprobar de la peor manera si su sangre tiene los mismos efectos que la nuestra en el organismo de un vampiro —musitó ella—. Es humana, Kaname. No tiene nuestras habilidades para defenderse y los vampiros no le tendrán miedo.
—Tranquila, Yûki, los cazadores ordenaron a uno de los suyos mantenerla vigilada.
—¿A quién, Kaname? —preguntó Yûki con simple curiosidad. Kaname guardó silencio y ella notó de quien se trataba por su expresión. Su corazón dio un brinco, sus labios temblaron—. ¿Por qué escogieron a Zero? ¿No será contraproducente?
—Kiryû puede manejarlo, Yûki —pronunció Kaname suavemente, colocando una mano en el hombro izquierdo. Interiormente también tenía dudas sobre esa decisión, pero había sido unánime por parte de Kaien y Yagari poner a Zero a cargo de Sakura.
—¡Eso no lo sabes, Kaname! —replicó exasperada. Bajó la mirada, avergonzada—. Perdón, pero yo… aún no puedo olvidar lo que pasó.
—Lo entiendo —dijo abrazándola—. Entiendo que no puedo hacer que lo olvides. Pero, Yûki, es tiempo que lo superes. Ya han pasado tres años.
Los ojos de Yûki se llenaron de lágrimas, las cuales empaparon las ropas de Kuran. Se apretó más contra él, como si temiese perder el equilibrio si dejase de abrazar a Kaname.
—No puedo olvidarlo, no quiero —musitó con la voz llena de sentimiento. Una voz triste y apagada—. Lo que le pasó no podré perdonármelo jamás.
Kaname no dijo nada, sabía que no debía. Por eso lo único que hizo fue apretar más a su esposa entre sus brazos. Kaname no quería que ella derramara más lágrimas, por lo que utilizó sus poderes para dejarla inconsciente. El cuerpo delicado se deslizó entre los brazos de Kaname, él la cargó y la acomodó en la cama.
—Buenas noches —musitó besándole ligeramente los labios para después darse la vuelta, abrir la puerta y desaparecer entre los oscuros pasillos.
[+][+]
¡Fin del capítulo!
No soy buena con los sobrenombres y no quería darle uno a Sakura que fuera pretencioso, así que me limité a sus habilidades médicas y de combate cuerpo a cuerpo. Me niego a creer que no sea una kunoichi reconocida mundialmente. Sakura del Puño Sanador es sólo mi manera de quejarme de la poca atención que reciben los personajes femeninos. ¿En serio es tan difícil manejar a las chicas en una historia? Pff, sean creativos y arriésguense.
Sakura fue fangirl de Sasuke y lo siguió siendo al final del manga. El desarrollo de Sakura como kunoichi es notable, pero no es lo mismo con sus sentimientos. Sasuke no es un chico estable, es violento y arrogante. Su pasado no es excusa para las estupideces que dice y comete en Shippuden (porque intentar acabar con el "sistema" siendo tú un producto del mismo, es bien estúpido), y que Sakura lo haya aceptado tan fácilmente habla de la poca comprensión de Kishimoto sobre relaciones abusivas. Uno shippea lo que quiera y como quiera, pero los hechos son los hechos. Punto.
Quienes leyeron la versión pasada ya saben quién es Seth Shirabuki. A él lo cree por mi inconformidad por la muerte de Sara en el manga de VK. Es un OC muy querido para mí, al que no le di un merecido desarrollo (en ese tiempo no pensaba mucho las cosas), pero espero hacerle justicia en esta nueva versión. Antes Seth tenía los ojos verdes, los cambié por mi gusto por las rarezas genéticas xD.
Seth llamaba "prefecta-san" a Sakura, pero decidí cambiarlo por "señorita prefecta". Se supone que es lo mismo, pero me gusta más la segunda.
Nagisa Kain se llamaba anteriormente Luke Kain. Él sigue siendo el mismo.
Tori Saitou aparecía como Reina Black. Ya dije que no soy buena con los sobrenombres y esto se aplica también al momento de nombrar OC. Decidí cambiárselo para no ponerle una que fuera tan… estilo Regina George (de quien me inspiré en su momento para hacer a Tori). No quiero convertir a Tori sólo en la rival de Sakura por el cariño de Seth, quiero algo distinto para ella. De ella no verán un dibujo sino más adelante, al igual que Hinamori y Himawari.
Uno de mis headcannon es que Sakura es sumamente afectuosa con Naruto y Sasuke. Ella es un punto de normalidad en el Equipo 7, alguien que no conoció la desdicha de no tener padres o de perder todo lo que le importaba en un día; alguien que hubiera podido (porque obviamente a Kishimoto nunca se le pasó por la cabeza) entender el dolor de otros sin haber pasado por lo mismo. Eso es empatía.
Nos leemos en el siguiente capítulo.
