Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.

Aclaraciones: Esta es una traducción autorizada de la historia "The Sacrificed", escrita por SasuNarufan13. Pueden encontrar su perfil e historias originales en Ao3 y Fanfictionnet.

Advertencias: Ambiente medieval, hombres lobo, contenido +18, violencia, Mpreg, referencias a acoso sexual, parto, lactancia masculina…

Notas: Este fic es la segunda parte de una serie llamada "El lobo y su sacrificio". Cuenta con 9 capítulos, todos desde el punto de vista de Naruto.

.

.

El Sacrificado

Naruto es consciente de no ser importante para la mayoría de los aldeanos, pero jamás pensó que en serio lo fueran a sacrificar a la Bestia.

.

Parte 7

.

Incluso a pesar de saber que Sasuke jamás le mentiría, Naruto no pudo evitar sentirse inquieto el primer par de días luego de la muerte de Danzo.

Esperaba que algunos de los guardas de Danzo aparecieran de la nada, tal vez incluso otro ejército de cazadores para terminar el trabajo. O los propios aldeanos, queriendo saber qué había pasado con el hombre que había sido tan relevante en su comunidad por tantos años.

Pero nada pasó. No apareció ningún cazador, ni guarda, ni aldeano. Conforme pasaron los días, convirtiéndose en semanas, sin ninguna señal de peligro, Naruto finalmente se relajó, contento con el conocimiento de que al fin estaban completamente a salvo. Nada de cazadores intentando lastimar a Sasuke otra vez, nada de las personas del pasado de Naruto planeando algo en su contra.

Estaban a salvo en su nuevo hogar, protegidos de cualquier presencia humana gracias a la mismísima Reina de las Hadas. Y, a pesar de que este no sería su hogar permanente, de que en algún momento del próximo año partirían en dirección a la familia de Sasuke, estaba decidido a disfrutar el tiempo que les quedaba aquí, preparándose para el nacimiento de su cachorro.


Sasuke había salido a capturar la cena y Naruto se había quedado frente a la cueva, su espalda siendo soportada por la fría pared de roca. Estaban probablemente a mediados de junio y el verano había comenzado a arder sin piedad, el calor atenazándolo cada vez que se atrevía a poner un pie afuera.

Afortunadamente, aquí junto a la cueva todavía había sombra y el inherente frío de la piedra le aseguraba no acalorarse demasiado en lo que esperaba a que Sasuke regresara. Había prescindido de su camiseta por ahora, optando por usar solamente unos pantalones cortos y, mientras estaba sentado ahí, sonreía cada vez que la piel de su vientre se movía cuando su bebé lo empujaba con una mano o un pie.

Había entrado a su octavo mes de embarazo, acercándolo cada vez más y más al parto, y su vientre había aumentado bastante de tamaño, haciendo que perdiera el equilibrio cada vez que intentaba ponerse de pie. Sasuke era tan gentil de no reírse de él y simplemente lo ayudaba a levantarse cada vez. A Naruto no le importaba demasiado, ya que incluso luego de llevar a ese bebé en su vientre por casi ocho meses ya, siempre se impresionaba cada vez que sentía los movimientos dentro de él como si fuera la primera vez.

Estaba frotando su redondeado vientre distraídamente con las manos, preguntándose en voz alta dónde podría Sasuke estar ahora, cuando llegó a sus oídos un ruido agudo. Frunciendo el ceño, alzó la vista, tratando de localizar la fuente. Había un par de aves cantando arriba en los árboles, pero su canto no se acercaba a ese chillido de antes. ¿Era otro animal, entonces? Pero, ¿qué tipo de animal podría estar haciendo ese alboroto?

Con algo de dificultad y algunos resoplidos exasperados, logró ponerse de pie otra vez y, cuidadosamente, caminó en la dirección de donde se originaba el sonido. Descubrió, luego de quedarse quieto y escuchar atentamente, que venía de alguna parte dentro de la línea de árboles, cerca de unos arbustos.

Cada vez más confundido, se acercó al arbusto en cuestión y se agachó tanto como su abultado vientre se lo permitió, echándole un vistazo al suelo. Había un par de hojas secas, algunas ramas rotas, una abeja zumbando alrededor de unas rosas y…

Algo pequeño y brillante atrapado debajo de una oscura cabeza de lanza.

Ya estando completamente perplejo, se inclinó para remover la lanza, preguntándose cómo había llegado ahí de entre todos los lugares. Estaba rota, un mellado trozo de madera como única evidencia de que en algún momento fue una lanza completa, volviendo más misterioso el hecho de que se encontrara ahí, en una zona protegida.

Un grito se le escapó y casi se cae de espaldas, soltando la cabeza de lanza, cuando la cosa brillante en el suelo repentinamente aumentó de tamaño, creciendo tanto que tuvo que cubrirse los ojos cuando el brillo fue demasiado fuerte.

Cuando al fin se atrevió a abrir los ojos otra vez un momento después, se quedó atónito al ver a un hombre pelirrojo de pie frente a él, sus ojos de un profundo y sorprendente color verde. Vestía una simple camisa blanca y pantalones marrones, pero sus pies estaban descalzos y una extraña arenilla dorada hacía espirales alrededor de sus piernas.

—Gracias por ayudarme. —le dijo, su voz grave y afable. —No tenía idea de cómo lograría liberarme de no ser por tu intervención.

La quijada de Naruto cayó hasta el suelo cuando se dio cuenta de que el hombre frente a él era el pequeño brillo que vio en el suelo un minuto atrás. Si era capaz de alterar su tamaño, ¿eso quería decir que era un hada, justo como la Reina Konan?

—Oh, erm, no fue nada. Sí es algo pesada. —pronunció Naruto una vez que volvió a encontrar su voz.

—El peso no era el problema. —el hada comentó y frunció el ceño. —Es el material lo que estaba causando problemas. Mi gente no lidia bien con el hierro.

—Lo siento, no tengo idea de cómo pudo haber terminado ahí. —Naruto se disculpó y se mordió el labio inferior. No pudo ser de un cazador, ya que Sasuke definitivamente se hubiera dado cuenta si un humano hubiera llegado tan cerca de su hogar.

—Probablemente algún pájaro lo recogió. —el hombre suspiró y se puso las manos en las caderas. —Les gustan las cosas brillantes pero se les olvida lo pesadas que son al mismo tiempo. Fue solo mala suerte que yo estuviera ahí abajo cuando el ave lo dejó caer.

— ¿Estás herido? —le preguntó el rubio, preocupado, a pesar de que no podía ver ninguna herida en el hada. Tal vez tenían un proceso de curación similar al de Sasuke y podían sanar rápido.

—Solo algo de piel irritada, pero nada que no sane pronto. —el hombre contestó y su mirada se desvió brevemente al estómago de Naruto. —Supongo que eres el compañero del lobo, ¿no?

— ¿Ah? Oh, sí, lo soy. —Naruto parpadeó, desconcertado. — ¿Lo conoces?

—La Reina nos informó que ustedes dos están bajo su protección y no deben ser lastimados. —el hada respondió. —Dado que esta área esta fuertemente resguardada por mi gente, es fácil adivinar quién eres. Mi nombre es Gaara.

—Yo soy Naruto. —se presentó y fue sorprendido al ver una ligera sonrisa aparecer en el rostro de Gaara.

—Bueno, Naruto, es un placer conocerte. Por ahora debo marchar, pero estoy seguro de que nos encontraremos en otra ocasión. —con una leve reverencia, Gaara se transformó en un pequeño destello otra vez y desapareció de su vista, a donde sea que fueran las hadas.

Sasuke regresó poco después en su forma de lobo, arrastrando el cuerpo de un venado con él. Cuando lo miró, abrió su gran mandíbula para dejar caer al animal.

— ¿Qué haces aquí afuera? Te sobrecalentarás. —lo regañó con suavidad y presionó su hocico contra el vientre de Naruto.

—Oh, perdón, es que… Conocí a otra de las hadas. —dijo el rubio, todavía algo maravillado por el encuentro. —Estaba atrapado debajo de una cabeza de lanza y lo ayudé a liberarse.

—Estoy seguro de que lo aprecia. Tuvo suerte de quedar atrapado cerca de nuestra cueva. —dijo el lobo y volvió a empujar contra su cadera. —Ahora vamos, de regreso a la cueva antes de que te desmayes por el calor.

—No me voy a desmayar por el calor. —Naruto protestó, pero de todos modos regresó a la entrada de la cueva, sabiendo que intentar ganar este argumento con su sobreprotector compañero no lo llevaría a ninguna parte.

Además, estaba haciendo demasiado calor para su gusto.


Contrario a Konan, Gaara parecía más dispuesto a relacionarse con ellos. No había algún tipo de rutina en sus visitas, ni eran regulares, pero el hada aparecía de vez en cuando solo para conversar con ellos, especialmente interesado en la aldea humana en la que solía vivir Naruto.

Al rubio no le importaba contestar sus preguntas, incluso a pesar de que Sasuke gruñera si el tema se acercaba demasiado a los tiempos no tan divertidos que Naruto había pasado ahí. Era agradable hablar con alguien que no fuera su compañero, su pseudo padre o alguien a quien consideraba su abuela. El que Gaara técnicamente no fuera humano no importaba; Sasuke no lo era tampoco. Incluso se podría debatir que el mismo Naruto ya no podía ser considerado completamente humano tampoco, pensó, considerando al bebé que llevaba en su vientre y a la Marca que se exhibía orgullosamente en su cuello.

Pero eso no era importante. Era perfectamente feliz con cómo su vida había resultado hasta ahora, aunque fuera algo no muy convencional a los ojos de los demás.


A medida que el verano continuaba, Naruto comenzó a incomodarse con el nido, considerándolo no lo suficientemente grande de un día para otro, a pesar de que era lo bastante espacioso como para que ambos se acostaran cómodamente a pesar de su enorme barriga. Y, aun así, lo sentía pequeño, incluso cuando intentaba estirar más las acumuladas pieles.

Estirar las pieles sí hizo que el nido se hiciera más grande, pero tenía la desventaja de que reducía lo acolchado que los protegía del duro suelo. Quería dormir cómodamente, así que estirar las pieles quedaba fuera de argumento. Intentó ignorar lo pequeño que el nido se sentía, incluso cuando su lado racional le decía que el nido era del mismo tamaño que antes y que nunca le había incomodado eso.

Pero ahora sí. Ahora lo consideraba muy pequeño, y lo estaba volviendo lo suficientemente loco hasta el punto de que se despertaba varias veces en la noche para intentar acomodar las esquinas de algunas pieles tercamente.

Su molestia debió ser más clara que el agua porque, tan solo una semana después, Sasuke llegó a la cueva con varias pieles e inclusive algunas mantas, la mezcla de colores y patrones tejidos en ellas como una prueba innegable de que se las había robado de los hogares de alguien más.

Al ser el blanco de la mirada perpleja de Naruto, Sasuke se encogió de hombros y dejó caer la pila junto al nido.

—Quieres hacer más grande el nido, ¿no? Esto te servirá.

— ¿Cómo supiste qué…?

La sonrisa burlona de Sasuke hizo que la sangre se le subiera directo a las mejillas, encendiéndolas en llamas.

—Estás cada vez más cerca de dar a luz, es natural que quieras ajustar nuestro nido.

Oh, ¿entonces esto era una clase de instinto? Era bueno escuchar que no se estaba volviendo loco o comportándose de modo ridículo sobre una tontería, al menos.

No le pidió ayuda al lobo y este tampoco se entrometió. El pelinegro solo se quedó a un lado, observando a Naruto reacomodar las sábanas, colocándolas en cada esquina y considerando los ángulos, reemplazándolas con otras cuando no estaba satisfecho con su apariencia.

Para cuando el rubio hubo terminado, el nido había duplicado su tamaño y una parte de él tenía más pieles y mantas apiladas, creando una larga almohada. El centro se había vuelto mucho más suave también, lo que lo hizo suspirar de satisfacción al recostarse sobre este.

— ¿Estás feliz con cómo se siente el nido ahora? —le preguntó Sasuke cuando se volvió aparente que Naruto no iba a continuar reacomodando las mantas de nuevo.

—Sí, estoy feliz. —suspiró contento. — ¿Qué piensas? ¿Te gusta?

—Mientras se sienta bien para ti, no tengo ningún problema. —le aseguró el lobo y se unió a él en el nido cuando Naruto estiró los brazos hacia él.

Sí, pensó Naruto mientras se acurrucaba junto a su compañero, esto definitivamente se siente muchísimo mejor.


Su estómago sufriendo de fuertes calambres fue lo que lo despertó y lo hizo fruncir el ceño, aguantando la respiración automáticamente contra el dolor. Luego, cuando se redujo un poco, se levantó y miró alrededor. A pesar de que aún era agosto y, por consecuencia, verano, había una pequeña fogata ardiendo en la hoguera, ofreciéndole algo de luz.

Sintiéndose algo inquieto, se puso de pie y, con cuidado, salió del nido, descansando las manos en su estómago. Su vientre se sentía algo duro y tenso, así que lo frotó con cuidado, sus cejas frunciéndose más mientras comenzaba a caminar de un lado a otro frente al pequeño fuego.

— ¿Naruto?

Se giró para ver a Sasuke sentándose, luciendo alerta, como si llevara ya un tiempo despierto.

— ¿Estás bien?

—No lo sé. —murmuró Naruto y comenzó a caminar otra vez. —Me está doliendo bastante el estómago, peor que cuando me fui a dormir.

La noche anterior había sufrido de algunos calambres, pero no eran ni parecidos a los que lo habían despertado hoy. Tal vez no debió de haberse comido ese pedazo extra de conejo, pero había tenido tanta hambre que no había dudado en aceptarlo cuando Sasuke se lo había ofrecido.

—Has estado teniendo calambres por un rato, en realidad. Solo que ahora se están haciendo más fuertes. —Sasuke le respondió y eso explicaba por qué parecía tan despierto. Debió haber estado monitoreando a Naruto por el último par de horas. El cambiaformas siempre parecía saber cuándo Naruto sentía dolor.

—Oh, ¿por qué está pasando? — ¿debería preocuparse? Sasuke, por otro lado, no lucía preocupado en absoluto, así que no podía ser nada terrible. Si lo fuera, el lobo no estaría sentado tan calmadamente.

—Puede que me equivoque, pero creo que entrarás en labor hoy. —le respondió el pelinegro, observándolo con ojos afilados e intensos.

Por un momento, Naruto no pudo hacer más que mirarlo en lo que las palabras se le registraban en la mente. Cuando al fin lo hicieron, bajó la vista a su vientre en shock.

— ¿El bebé nacerá hoy? —chilló descolocado.

Claro, Sasuke le había dicho hace un tiempo que no faltaba mucho para que el bebé naciera, ¿pero en verdad estaba pasando ahora?

—Probablemente. —confirmó Sasuke. —Aunque supongo que solo podremos estar seguro cuando rompas-.

Justo en ese segundo Naruto sintió algo cálido y húmero resbalar por sus piernas, mojando su ropa interior y, cuando dio un paso atrás sorprendido, vio un pequeño charco en el suelo.

—…aguas. —finalizó Sasuke con los ojos en blanco. —Parece que nuestro cachorro ya no quiere esperar más.

—Parece que no.

Por un fugaz momento el pánico se apoderó de él al darse cuenta de lo que iba a ocurrir: iba a dar a luz a su bebé, su bebita o bebito, y de ahora en adelante iba a ser responsable por este pequeño ser; iba a cuidarlo, a ser un buen padre para él, ¿y cómo podría hacer ese cuando nunca conoció a sus padres? ¿Cuando le había tomado años siquiera experimentar una forma de amor paternal? ¿Sería capaz de soportar el parto? La abuela siempre había dicho que los partos podían ser peligrosos, que cada uno podía tener complicaciones sin importar lo bien que se hubiera desarrollado el embarazo, ¿por qué creyó que sería capaz de manejarlo?

Cálidas manos acunando su rostro lo sacaron de la espiral de pánico en la que se había sumergido, sus ojos ahora abiertos como platos enfocando a Sasuke, quien lo miraba con ojos serios.

—Escúchame, estarás bien. —le dijo atentamente. —Tu cuerpo sabe qué hacer, solo tienes que escucharlo. Yo estaré contigo todo el tiempo, ¿de acuerdo? Nada malo va a pasar, lo prometo.

Naruto asintió e inhaló temblorosamente. Aún había algo de pánico presente en la boca de su estómago, pero se aferró a las palabras tranquilizadoras de Sasuke, recordándose que el lobo nunca le había mentido antes. Si él decía que todo iba a estar bien, entonces todo iba a estar bien.

Solo debía confiar en Sasuke y en que su cuerpo sabría qué hacer.


El dolor – contracciones – comenzó a aumentar despacio en el transcurso de las siguientes horas. Al inicio solo experimentó una contracción cada media hora, pero en lo que se acercaba el amanecer, el tiempo entre cada una iba disminuyendo cada vez más.

Algunas llegaron a ser tan fuertes que no pudo hacer nada más que tensarse y sujetarse a la pared o a los hombros de Sasuke mientras respiraba entre el dolor. La agonía era peor que nada que hubiera sentido antes, peor que las quemaduras que sufrió cuando alguien lo había empujado demasiado cerca de una fogata cinco años atrás. Si tuviera que compararlo con algo, sería con la sensación de ser cortado por un cuchillo una y otra vez, la daga apuñalándolo y siendo retorcida en sus entrañas, cuando en realidad era solo su útero punzando violentamente mientras su cuerpo intentaba dar a luz a su bebé.

El dolor se volvía tan terrible en ocasiones que cuando bajaba la mirada esperaba ver sangre, seguro de que su estómago estaba siendo rebanado. Sin embargo, todo lo que alcanzaba a ver era a su vientre moviéndose un poco de acuerdo con las contracciones y la mano de Sasuke cubriéndolo antes de deslizarse hasta su espalda, frotando con suavidad para aliviarlo un poco.

No estaba seguro de qué le dio la señal en ese momento pero, luego de un largo rato experimentando contracción tras contracción, de repente sintió que era hora y se encaminó hacia el nido, todavía respirando pesadamente debido a la última contracción.

Sasuke estaba justo ahí, a su lado, ayudándolo a acomodarse. Al principio, se recostó sobre su espalda de modo casi automático, pero esa posición no se sintió bien casi al instante y lo hizo sacudir la cabeza para volverse a sentar.

— ¿Qué necesitas? —preguntó Sasuke, empujando algunos mechones rubios, empapados por el sudor, lejos de la frente de Naruto.

—Necesito sentarme sobre mis rodillas. —le respondió entre dientes cuando otra contracción lo atenazó y la necesidad de sentarse y pujar se hizo tan fuerte que utilizó los brazos de Sasuke para apoyarse y arrodillarse.

Sus manos se enrollaron en los hombros de Sasuke. Separó las piernas e inclinó la cabeza, jadeando cuando la siguiente contracción le llegó, sin darle tiempo de encontrar una mejor posición. Siguiendo los instintos que no sabía que tenía, inhaló profundo y pujó, usando la contracción como una guía para hacerlo.

—Dios, esto duele. —se quejó luego de estar pujando por quien sabe cuánto tiempo, sus uñas enterrándose en el hombro de Sasuke cual garras. Estaba seguro de que incluso había conseguido sacarle sangre pero, si era así, al lobo no le importó.

—Lo sé, pero lo estás haciendo tan bien. —Sasuke lo elogió, una de sus manos descendiendo al vientre de Naruto, acariciándolo con cuidado.

— ¿Cuánto falta? —lloriqueó el rubio, bajando la vista, sintiendo cómo su bebé descendía por su canal.

Sentía sus entrañas estirándose a más no poder, su piel quemándole como si fuera a rasgarse en cualquier segundo, y no pudo evitar gimotear cuando la sensación se intensificó, lágrimas deslizándose por sus enrojecidas mejillas.

—Ya no mucho. Aquí, siente. —Sasuke le dijo y tomó una de sus manos, llevándola entre sus piernas.

Naruto no supo qué era lo que se supone que debía sentir al principio, pero luego sus dedos rozaron algo duro y redondeado y resbaladizo y jadeó, dándose cuenta de que podía sentir la cabeza de su bebé coronando.

— ¿Lo ves? Ya casi lo logras. Solo un poco más, puedes hacerlo. Solo un poco más y entonces podremos tener a nuestro cachorro en nuestros brazos. Estás siendo tan fuerte ahora. —sus palabras fueron como un arrullo y un beso fue depositado en la sudorosa frente de Naruto, una mano frotando su estómago con suavidad. —Solo un poco más, puedes hacerlo, lo sé.

Al sentir la cabeza de su bebé deslizarse fuera de su cuerpo jadeó, intentando recuperar aire, y parir el resto del pequeño cuerpo lo hizo gruñir, lágrimas silenciosas cayendo por sus mejillas al intentar pujar otra y otra vez, luchando contra su exhausto cuerpo para poder terminar de traer a su bebé al mundo.

Entonces, repentinamente, el resto del bebé salió de él, Sasuke inclinándose rápidamente hacia adelante para sujetar al cachorro, y Naruto no pudo evitar comenzar a llorar más pesadamente ahora, abrumado por la repentina sensación de vacío dentro de él y el conocimiento de que su bebé finalmente había nacido, su llanto pronto uniéndose al suyo.

Su vista se había tornado tan borrosa que no pudo ver bien a su bebé cuando Sasuke se lo ofreció, el cordón umbilical cortado limpiamente por sus garras.

— ¿Nuestro bebé está bien? —preguntó Naruto con preocupación, automáticamente estirando los brazos para aceptar al pequeño ser.

Lo primero que notó cuando finalmente pudo enfocar su vista lo suficiente fueron los mechoncitos negros de cabello cubriéndole la cabeza y sus profundos ojos azules cuando el niño logró calmarse lo suficiente como para abrirlos.

—Está perfectamente. Tiene todos sus dedos en las manos y los pies. —Sasuke rio con suavidad y había orgullo brillando visiblemente en sus ojos cuando estos miraban a su hijo.

El hijo de ambos.

Tenían un pequeñito ahora, oh, Dios.

—Es perfecto. —dijo el rubio densamente y, con ayuda de Sasuke, se recostó contra la parte limpia del nido en lo que el lobo se apresuraba en remover las mantas sucias con todo tipo de fluidos.

Sujetando a su bebé – su hijo, oh, Dios – contra su pecho, se maravilló en silencio ante lo hermoso que era. Por meses había intentado imaginar cómo se vería, pero la realidad sobrepasaba sus más salvajes sueños. ¿Quién habría podido decir que Sasuke y él crearían algo tan asombroso?

— ¿Cómo te sientes? —Sasuke le preguntó suavemente cuando regresó a la madriguera, acercándose para sentarse junto a Naruto. Su rostro se suavizó cuando estiró una mano para acariciarle la mejilla a su hijo.

El bebé giró la cabeza débilmente en su dirección como respuesta, chasqueando los labios.

—Cansado y adolorido. —admitió, pensando que no sería capaz de moverse por horas después de esto. —Pero feliz. —agregó con una sonrisa, ignorando algunas de las lágrimas que todavía se le escapaban. —Tan feliz, ¡mira lo perfecto que es!

—Lo es. —Sasuke estuvo de acuerdo y luego lo besó gentilmente. —Y tú también lo eres. Lo hiciste, amor. Trajiste a nuestro cachorro al mundo. Eres tan increíble.

Con la euforia aún recorriendo sus venas, por una vez, Naruto no tuvo problemas en creer los cumplidos que Sasuke le otorgaba.

Sí, había hecho un increíble trabajo justo ahora.


Hikaru era un bebé feliz y un gran comelón, Naruto pronto descubrió. La Marca que Sasuke le había dado meses atrás no solo le había otorgado la habilidad de tener hijos, sino que lo había vuelto capaz de alimentarlos. Esto, aunque al inicio fue increíblemente impactante, también fue muy reconfortante, porque se había estado preocupando sobre cómo alimentarían al bebé sin ninguna vaca cerca de donde sacar leche.

Fue algo extraño al principio, alimentar a su hijo de manera natural, ver esos pequeños labios rosados aferrarse a uno de sus pezones. La extrañez pronto fue reemplazada por una sensación de paz y ahora disfrutaba de ese momento especial entre ellos, un momento donde todo en el mundo se reducía al pequeño cachorro alimentándose de su pecho, tomando leche.

Sasuke parecía encontrar paz en esos momentos también, porque frecuentemente se acomodaba alrededor de Naruto en su forma de lobo, dejándolo recostarse sobre su costado mientras su hijo bebía hasta saciarse.

— ¿Crees que Hikaru también pueda transformarse en lobo? —le preguntó el rubio con curiosidad tres semanas después del nacimiento de Hikaru.

Era algo que se había mantenido dando vueltas en su mente por algunos días, especialmente cada vez que Hikaru los despertaba con agudos llantos durante la noche. Aunque Naruto ya no era completamente humano, no había nacido como lobo, no como Sasuke, entonces, ¿qué significaba eso para su hijo? ¿Sería un lobo de todos modos o sería humano como Naruto lo era?

—Eso es algo que solo descubriremos cuando cumpla seis meses de edad. —Sasuke le respondió, observándolo brevemente. Hikaru descansaba en un manojo de pieles frente a él, estirando sus manitas con intención de atrapar los dedos de su padre. —Una primera transformación se manifiesta alrededor de los seis meses.

—Oh, pero, ¿qué tan grande es el chance de que sea un lobo?

—Hm, yo diría que del sesenta por ciento, ¿tal vez? —el pelinegro se encogió de hombros, sonriendo cuando Hikaru atrapó su dedo índice. —Mi clan se remonta a siglos, así que el gen de los lobos es bastante fuerte.

Mordiéndose el labio inferior con preocupación, Naruto preguntó tentativamente: — ¿Te importaría si Hikaru resultara no ser un lobo?

Sasuke chasqueó la lengua, dándole un golpecito en la nariz antes de atraerlo por el cuello y depositar un beso en sus labios.

—No seas tonto, claro que no me importaría. Es nuestro cachorro, lobo o no.

Tal vez fuera algo tonto preocuparse por eso, concedió Naruto, especialmente cuando Sasuke ya había dejado claro en el pasado que no le importaba si Naruto aceptada la segunda Mordida o no.

Aun así, los últimos rastros de ansiedad que permanecían en él, ahora se habían evaporado completamente.


Hikaru tenía tan solo un mes de edad cuando Naruto se despertó una mañana, confundido por la inesperada y brillante luz que alumbraba la cueva. Claro, ya estaban en septiembre, pero, ¿no era todavía muy temprano para que Sasuke prendiera una fogata tan grande?

Cuando abrió los ojos, sin embargo, vio a la Reina de las Hadas de pie en el medio de su madriguera, observándolos silenciosamente.

—Sasuke. —susurró Naruto urgentemente, sacudiendo el hombro del lobo.

El cambiaformas despertó al instante, todo rastro de sueño desapareciendo de su rostro y siendo reemplazado por alerta cuando su mirada se posó en Konan.

—No esperaba verte por aquí. —remarcó y se sentó, enrollando un brazo alrededor de la cintura de Naruto.

Hikaru estaba dormido entre ambos, todavía completamente dormido luego de haber comido dos horas atrás.

—No es mi intención irrumpir en su hogar. —habló Konan y unió sus manos frente a su regazo. Esta vez llevaba puesta una corona plateada, que refulgía cada vez que se movía.

— ¿Pasa algo? —cuestionó un nervioso Naruto, pensando que la visita de la Reina Hada no podía significar nada bueno.

Luego de aquella única vez no habían vuelto a verla, así que había asumido que no volvería a asomarse por el lugar, ya que ella no había parecido muy interesada en conocerlos mejor. No como Gaara, al menos.

—No en el sentido de que pasa algo malo. —respondió.

— ¿Entonces por qué la visita? —Sasuke alzó una ceja.

—Para preguntarles cuándo buscarán cómo abandonar de este lugar.

.

.

.

N/T: Para que vean que no he muerto y esta historia tampoco XDDD

La autora original al fin publicó la última parte de esta serie, un three-shot que va por su segundo capítulo, así que espero que no tengan que esperar mucho para leerlo. Trataré de terminar de traducir esta historia rápido para poder seguir con las demás partes.

Quedan dos capítulos más, así que estén pendientes :D

¡Saludos!