Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.

Aclaraciones: Esta es una traducción autorizada de la historia "The Sacrificed", escrita por SasuNarufan13. Pueden encontrar su perfil e historias originales en Ao3 y Fanfictionnet.

Advertencias: Ambiente medieval, hombres lobo, contenido +18, violencia, Mpreg, referencias a acoso sexual, parto, lactancia masculina…

Notas: Este fic es la segunda parte de una serie llamada "El lobo y su sacrificio". Cuenta con 9 capítulos, todos desde el punto de vista de Naruto.

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El Sacrificado

Naruto es consciente de no ser importante para la mayoría de los aldeanos, pero jamás pensó que en serio lo fueran a sacrificar a la Bestia.

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Parte 8

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Naruto no pudo hacer otra cosa más que mirarla, perplejo ante la inesperada pregunta y, lo admitía, también algo cohibido ante su imponente presencia como para reaccionar, pero Sasuke no tenía tales reparos.

Frunció el ceño, su boca una delgada línea cuando dijo: —Durante la próxima primavera, ya que viajar ahora sería demasiado peligroso. Nos tomaría varios meses llegar a mi hogar, no puedo arriesgar irnos ahora con un cachorro recién nacido cuando el invierno estará pronto sobre nosotros.

—Sin embargo, quedarse aquí sin la presencia de tu manada tampoco es prudente. —dijo Konan con calma.

—No lo entiendo, ¿pensé que estábamos a salvo aquí? —inquirió Naruto, confundido.

¿Por qué sería de pronto una mala idea que se quedaran aquí sin la familia de Sasuke? ¡La misma Konan había afirmado que estarían a seguros aquí bajo su protección! ¿Los estaba echando? ¿Por qué ahora? ¿Acaso habían hecho algo para ofenderla?

—A salvo del peligro, sí, pero no puedo prometer lo mismo de los elementos de la naturaleza. —habló ella crípticamente.

Sasuke hizo una mueca.

—Este no es el primer duro invierno por el cual hemos pasado.

—No, pero será el primero con un niño pequeño. —dijo y esta vez su voz se afiló ligeramente. —No creo tener que explicarte la importancia de estar rodeado de una manada durante los fríos inviernos, Lobo.

— ¿Qué tiene que ver tu familia con cómo pasaremos el invierno? ¿Será peligroso para Hikaru? —preguntó Naruto con preocupación, observando a su bebé. Este seguía durmiendo apaciblemente, sin percatarse de la presencia de una tercera persona en la madriguera. —Sasuke, ¿por qué necesitamos a tu familia? —insistió cuando parecía que Sasuke no le daría una respuesta.

El cambiaformas dejó escapar un profundo y largo suspiro, luciendo reacio a responder, aunque lo hizo de todos modos.

—Si el invierno es tan malo como el anterior, y huele a que lo será, entonces sería más fácil tener a la manada cerca para ayudarnos para que así no tenga que dejarte a ti y a nuestro cachorro solos para ir a cazar, o solo para mantenerlos calientes.

—A diferencia de mi gente, su hijo todavía es muy sensible a los cambios de temperatura. —Konan continuó, sus ojos enfocándose brevemente en el pequeño bebé que dormía entre ellos. —Lobo no puede quedarse todo el tiempo en la cueva y tú no eres capaz de proveer la misma cantidad de calor que él al no ser igual a él.

Naruto bajó la vista, mordiéndose el labio inferior. Era cierto que, como lobo, la temperatura del cuerpo de Sasuke era mucho mayor que la suya. Si el venidero invierno era tan brutal como el anterior, entonces su temperatura corporal y el fuego de la hoguera podría no ser suficiente para mantener a su bebé cómodamente cálido. Pero, ¿qué otra opción tenían?

Como Sasuke ya había dicho, no podían comenzar el viaje ahora porque entonces seguirían viajando en medio del invierno. Si Konan pensaba que no serían capaces de soportar las nevadas agrupados dentro de la madriguera, ¿cómo esperaba que sobrevivieran al frío mientras viajaban?

—Me doy cuenta de eso, pero, como dije, el viaje toma meses. Seguiríamos viajando cuando llegue el invierno y no puedo tomar ese riesgo. —dijo Sasuke y por primera vez comenzaba a sonar fastidiado. —No creo tener que explicarle eso, ya que ya debería saber lo lejos que vive mi manada.

—Es cierto que a ustedes tres les tomaría varios meses llegar a tu hogar. —estuvo de acuerdo y las comisuras de sus labios formaron una sonrisa casi imperceptible. —Por lo cual les tengo una proposición.

— ¿Una proposición? —repitió Sasuke con sospecha.

—El miembro de tu manada, que es uno de nosotros, ¿cuánto te ha contado de nuestras habilidades?

Sasuke apretó los labios, sus cejas frunciéndose levemente en su frente.

—No mucho. —admitió con cierto disgusto. —Sé que tiene la capacidad de manipular la naturaleza y que puede defenderse solo perfectamente bien. —su boca se torció levemente, como si quisiera sonreír, antes de ponerse serio nuevamente. —Pero no mucho más que eso.

—Supongo que no ha visto la necesidad de contarte esto hasta ahora. —murmuró la Reina y sus ojos se distanciaron un poco de la realidad, como si estuviera pensando en otra cosa. Luego, sacudió la cabeza suavemente y volvió a enfocar su mirada en ellos. —Mi gente tiene la habilidad de manipular el tiempo y el espacio también. No es algo que hagamos con frecuencia, porque podría alterar la naturaleza, pero es algo que podemos hacer de todos modos.

— ¿Qué estás sugiriendo? —preguntó Sasuke, frunciendo aún más el ceño.

—Si insisten en quedarse aquí, que así sea, pero puedo ofrecerles la oportunidad de hacer el viaje hacia tu manada en menos de un día si así lo desean. —les dijo, lo que solo confundió a Naruto mucho más.

¿Cómo podría ella hacer que el viaje durara menos de un día en lugar de meses? Seguro que eso no era posible. Incluso para la Reina Hada, ¡eso sonaba como una locura!

— ¿Y cómo haría usted eso? —cuestionó el lobo, entrecerrando los ojos.

—Eres afortunado de tener un Hada en tu manada, esto hará que establecer una conexión sea mucho más fácil. —les dijo. —Si me contacto con él, podemos crear un pasadizo por el cual ustedes puedan caminar. Tendrían que ir acompañados por uno de nosotros para asegurar que el viaje sea seguro y tendría que ser realizado durante la luna llena, pero es posible y los llevará casi instantáneamente a tu hogar.

— ¿Y haría eso por nosotros? —musitó Sasuke lentamente. — ¿Por qué?

Ella se encogió levemente de hombros.

—Tal vez me he encariñado con ustedes, Lobo, y no deseo verlos enterrar a su hijo cuando el invierno pruebe ser demasiado. —sus ojos se afilaron una vez más. — ¿Cuál será su respuesta? La luna llena es en una semana. Imagino que entre más pronto su hijo se acostumbre a su nueva manada, mejor para él, así que sería bueno si se van a la más pronta oportunidad.

Sus ojos se tornaron perspicaces mientras los miraba con atención.

—Esperaré afuera por su respuesta. —dijo decisivamente y desapareció antes de que cualquiera de ellos pudiera reaccionar.

— ¿Qué quieres hacer? —le preguntó Naruto, recogiendo a Hikaru cuando este comenzó a removerse, sus mejillas enrojeciendo levemente. Se bajó la camisa, dejando que el bebé apresara su pezón.

Sasuke se pasó una mano por la casa.

—No lo sé. —suspiró.

— ¿Sería mejor para Hikaru si estuviéramos con tu familia? —cuestionó el rubio tentativamente, observando al bebé bebiendo hambrientamente de su pecho.

Sasuke no había mencionado nada sobre que era mejor estar cerca de su familia, pero, ¿tal vez no había querido preocuparlo? ¡Pero necesitaba saber ese tipo de cosas! Si su bebé estaría mejor rodeado de la familia, ¿para qué quedarse aquí todavía?

—Mejor… Sería más fácil. —admitió Sasuke a regañadientes. —Entre más pronto pueda acostumbrarse a ellos, es mejor en general, pero tampoco es como si fuera un asunto de vida o muerte.

—Pero sería mejor si vamos con ellos lo más pronto posible. —conjeturó Naruto, su estómago retorciéndose incómodamente.

Sasuke rodeó su cuello con las manos para atraerlo y dejar un gentil beso en sus labios.

—Puedo cuidar de nosotros perfectamente bien. —aseguró con firmeza. —Si quieres quedarte hasta la próxima primavera, nos quedaremos. Estaremos bien.

—Pero la Reina dijo que este invierno será malo otra vez. —le recordó Naruto con preocupación. —Si dice que es mejor que nos vayamos, entonces…

—No voy a mentirte, este invierno será tan malo como el anterior. —concedió Sasuke. —Pero pudimos sobrellevarlo bien y lo haremos otra vez. Si comenzamos a prepararnos desde ahora, como el año pasado, no tendremos problemas, lo prometo. No tenemos que irnos aún si no quieres. Estoy seguro de que la Reina entenderá.

Desvió la vista de su compañero y observó a su bebé, cuyo amamantamiento se había ralentizado, su manito abriéndose y cerrándose contra su pecho. Una parte de él quería quedarse, quería tener la oportunidad de ver a Tsunade y a Kakashi varias veces todavía antes de que tuvieran que irse eventualmente al llegar la primavera.

Pero la otra parte de él pensaba sobre todo el tiempo que llevaba Sasuke sin ver a su familia, sobre cómo el próximo invierno sería difícil, cómo ya no eran solo ellos, sino que ahora tenían a su cachorro para tomar en cuenta en la situación. Pensó sobre cómo sería mejor para el bebé el crecer rodeado de su manada y se dio cuenta de que no podía ser egoísta ahora. Tenía que considerar el bienestar de su bebé, el de su compañero, y no podía solo pensar en sus propios deseos.

—No, es mejor que nos vayamos. —decidió, una pesada sensación asentándose en su estómago. —Es mejor para Hikaru y ya has pasado mucho tiempo lejos de tu familia. Si la Reina puede ayudarnos a llegar más rápido, deberíamos aceptar la oferta.

—Tendrías que decirles adiós a tus humanos. —le dijo Sasuke suavemente. —No sé si alguna vez serás capaz de verlos otra vez luego de esta semana.

—Lo sé. —murmuró Naruto, la pesada sensación empeorando. —Pero… si estar con tu familia es lo mejor para Hikaru, entonces deberíamos irnos.

— ¿Estás seguro? No tienes que hacer esto por mí, no me importa esperar hasta la primavera. —dijo el lobo con ojos suaves.

Eso era precisamente por lo que Naruto tenía que hacer esto: porque Sasuke ya había hecho tanto por él, había sacrificado tanto, y ahora era su turno de hacer algo por Sasuke. Nunca podrían ser iguales si uno de los dos siempre hacía más por el otro. Ya había obtenido más de lo que pudo haber imaginado cuando la aldea decidió sacrificarlo, esta vez debía hacer algo por Sasuke a cambio.

Tomó aire profundamente y, con voz firme, respondió: —Sí, estoy seguro. No deberías desperdiciar esta oportunidad.

Sasuke se quedó mirándolo durante un rato más hasta que asintió y le acarició una mejilla con el dorso de la mano, besando sus labios dulcemente.

—Iré a informarle. Antes de que nos vayamos, podrás despedirte, me aseguraré de ello.

Naruto asintió en silencio, el traicionero ardor de las lágrimas provocándole parpadear furiosamente y quedarse con la mirada fija en el nido, negándose a alzar la vista incluso cuando Sasuke dejó la cueva. Era estúpido llorar cuando esta era su propia decisión, pero el pensamiento de dejar a Tsunade y a Kakashi atrás, de verlos por la que probablemente sería la última vez…

Lo golpeó más de lo que esperaba y lo hizo tragar duro, un nudo formándose en su garganta. Necesitaba seguir adelante. Ahora era padre y tenía un bebé en el que pensar. Su futuro estaba con Sasuke y su familia, no en esta cueva en el medio del bosque.

Ya sabía todo eso y, sin embargo, el dolor no menguó.


— ¿Estás seguro de que hacer esto está bien? —preguntó Naruto con nerviosismo, echando un ojo a sus alrededores con cautela.

Estaban a las puertas de su antigua aldea, el día cerca de terminar. Los granjeros regresaban de sus campos con sus carretas y caballos, sin reparar en ellos. Tanto Sasuke como Naruto estaban completamente vestidos, capuchas sobre sus cabezas, creando sombra para tapar sus rostros y mantener sus identidades ocultas lo más posible. Hikaru dormía plácidamente en un cargador sujeto al pecho de Naruto, su regordeta mejilla presionada contra él y su puñito agarrando la tela.

—Claro que sí. —Sasuke lo tranquilizó y lo tomó de la muñeca, guiándolo gentilmente hacia adelante. —No nos quedaremos mucho tiempo y, si hay problemas, ya nos habremos ido antes de que puedan atraparnos.

—De acuerdo. —murmuró Naruto, recordándose a sí mismo que Sasuke nunca le había mentido antes. Aunque de todos modos era un lobo cambiaformas, era difícil que fuera lastimado. Le preocupaba más que la gente causara alboroto.

Siguieron a una familia de cuatro para entrar a la villa, y una extraña sensación se apoderó de él al caminar a través de las familiares calles y ver las tiendas por las que solía merodear casi cada día. Se sobresaltó un poco cuando vio a Iruka, el profesor principal de la escuela local, andando por la calle con el ceño fruncido. Sasuke lo miró, pero él simplemente negó con la cabeza sin mediar palabra y continuaron caminando.

Se sentía extraño estar aquí ahora durante el día. Solo había regresado una vez el año pasado luego de ser sacrificado, pero en ese entonces era de noche y la oscuridad hacía que todo luciera diferente de algún modo. Volver mientras era de día… se sentía extraño.

— ¿Estás bien? —le preguntó Sasuke con voz suave, ignorando la curiosa mirada de una mujer mayor.

—Sí, sí, estoy bien. —respondió Naruto y, si su voz temblaba un poco, al menos el otro hombre no hizo comentario sobre ello.

El estómago le ardió por los nervios cuando doblaron la esquina y la casa de Tsunade apareció en su campo de visión. No muchas personas rondaban el lugar a esta hora y las pocas que sí no les prestaron atención.

Sasuke le dio un apretón a su mano cuando se acercaron a la puerta y, antes de darle una mirada tranquilizadora, alzó el puño y tocó la madera. Solo unos segundos después la puerta ya estaba abierta, revelando a Tsunade, cuya aprehensiva mirada se suavizó en cuando posó sus ojos en ellos.

—Vamos, entren. —los apuró.

Kakashi también estaba ahí, sentado junto a la chimenea, un vendaje enrollado en su mano izquierda, pero aparte de eso lucía perfectamente sano. Sus ojos oscuros se iluminaron cuando los vio y una leve sonrisa adornó su rostro mientras se sentaba erguido.

Tsunade se le acercó para abrazarlo, pero Naruto dio un paso hacia atrás, sacudiendo la cabeza. Antes de que ella pudiera mostrarse herida por su rechazo, abrió su capucha, revelando a Hikaru, quien sorprendentemente seguía durmiendo profundamente a pesar de los ruidos de la aldea, su rostro presionado contra el pecho de Naruto.

Tanto Kakashi como Tsunade se le quedaron viendo, sus miradas intercambiándose entre el bebé, Naruto, Sasuke y de regreso, sorpresa pintada en sus rostros.

—Este es Hikaru, nuestro hijo. —declaró Naruto valientemente, sin querer esconder o mentir sobre la existencia de su hijo. Amaba a su bebé y amaba a Tsunade y a Kakashi y no veía razón para mantener la identidad de su hijo en secreto.

Si cuestionaron cómo algo así era posible, que él tuviera su propio hijo, decidieron no decirlo en voz alta, escogiendo inclinar la cabeza y sonreír.

—Es hermoso. —murmuró la doctora, extendiendo la mano con una mirada interrogante. Luego de obtener un asentimiento como permiso, acarició con cuidado el despeinado cabello negro de la cabeza de Hikaru, sonriendo cuando le apartó los mechones de la frente para verlo mejor.

— ¿Cuánto tiene? —inquirió Kakashi, acercándose un poco, pero sin mostrar intención de tocar al bebé, aunque sus ojos eran cálidos y cariñosos cuando se posaron en él.

—Un mes. —Naruto sonrió. Junto a él, Sasuke se quedó en silencio, observando a ambos adultos.

Tsunade acarició la mejilla de Hikaru una vez más antes de apartar su mano y suspirar con suavidad, una mirada conocedora y triste cruzando por su rostro.

—No estás aquí solo para presentárnoslo, ¿cierto? —le preguntó en voz baja y Kakashi se petrificó a su lado, su rostro oscureciéndose solo un poco.

—No…—Naruto tragó con fuerza, esa pesadez en la boca de su estómago regresando de golpe, sin seguir siendo apaciguada por la alegría de ver a su familia otra vez.

—Les daré a los tres un momento. —Sasuke murmuró y tomó a Hikaru entre sus brazos, deslizándose en silencio hasta la cocina como una sombra.

En el segundo en que la puerta se cerró, dejando a Naruto solo con Tsunade y Kakashi, este suspiró y sus hombros se derrumbaron. Las malas noticias que había traído las cargaba como un peso extra sobre sus hombros.

—Sasuke, Hikaru y yo… nos iremos al final de la semana. —anunció, jugueteando con la orilla de su manga. —Ya no podemos quedarnos más tiempo, lo siento.

—Pensé que se irían cuando llegara la primavera otra vez. —dijo Tsunade, frunciendo el ceño levemente.

—Ese era el plan, sí. —le respondió el rubio y se humedeció los labios. —Pero este invierno será tan duro como el anterior y Hikaru… entre más pronto pueda conocer a la familia de Sasuke, mejor. Necesita a la man- la familia cerca de él.

—Pero si se van ahora, ¿no estarán viajando todavía cuando el invierno arribe? —le recordó Kakashi, sus cejas fruncidas. Se cruzó de brazos con la boca presionada en una delgada línea. —Por eso decidieron esperar a la primavera, ¿no? Porque llegar allá les tomaría meses.

—Encontramos una manera de viajar más rápido, pero no es algo que podamos usar a menudo. —admitió Naruto, sin estar dispuesto a dar más información sobre cómo llegarían hasta la familia de Sasuke.

No es como si le hubieran prohibido hablar sobre las hadas, pero tenía la idea de que Konan no apreciaría el hecho de humanos sabiendo sobre ellos e intentando entrar a su territorio. La Reina toleraba a Sasuke y a Naruto, pero Sasuke era un lobo cambiaformas y Naruto era su compañero. El rubio dudaba que ella sería tan amistosa con cualquier humano desconocido intentando irrumpir en sus terrenos.

—Entonces, cuando te vayas, eso será todo. —soltó Tsunade despacio, su ceño frunciéndose más. —Ya no… Ya no nos veremos más.

—No. Una vez que nos vayamos, no podremos regresar. —respondió en voz baja y parpadeó rápidamente en un intento de detener la irritante sensación de las lágrimas amenazando con derramarse.

Desde que Sasuke le había dicho que una vez que se fueran, eso sería todo, que nunca volverían, había mantenido ese conocimiento oculto en su cabeza como una pesada roca en lo más profundo de su mente. En aquel entonces había sido fácil ignorarlo, no pensar en ello, porque aún faltaba un largo tiempo antes de que tuvieran que irse. Cuando había quedado en cinta, no se había dado cuenta de que la oportunidad de irse terminaría llegando apenas un mes luego de dar a luz.

Pero, ¿qué podían hacer? Era demasiado riesgoso quedarse cuando el invierno volvería a ser tan duro como el anterior. El pasado invierno habían sido solo ellos dos todavía, su bebé apenas un pequeño frijolito en su vientre en aquel entonces, pero ahora eran tres y Hikaru era muy joven, muy vulnerable como para tomar el riesgo. Especialmente cuando no podría transformarse, si es que en realidad era un lobo, hasta cumplir al menos seis meses.

No quería irse, no todavía, pero si no se iban ahora, ¿cuándo lo harían? Despedirse de Tsunade y Kakashi siempre sería difícil, sin importar cuándo lo hiciera. Y ahora tenía un hijo en el que pensar, y a su compañero, quien no había visto a su familia en más de un año.

Este no era el momento de ser egoísta, ni siquiera cuando el pensamiento de dejar a su primera familia dolía tanto. Ya sabía que tendría que hacerlo desde el momento en que aceptó ser compañero de Sasuke, pero aun así, estando aquí ahora, teniendo que decir adiós… Era mucho más difícil de lo que había pensado que sería.

—Sabía que este día llegaría, pero…—Tsunade se interrumpió a sí misma, un suspiro tembloroso escapándosele de los labios, sus ojos comenzando a brillar por las lágrimas.

Lo atrajo a sus brazos, abrazándolo con fuerza hasta el punto de casi ser doloroso, pero Naruto le devolvió el gesto de igual forma; el conocimiento de que esta sería la última vez que la vería haciéndole apretar los ojos con fuerza.

—Voy a extrañarte. —le dijo con voz ahogada, sintiendo como una mano tiritante le acariciaba el cabello.

—También te extrañaré, muchísimo. —le susurró ella y lo besó en la frente. —Pero si alguna vez puedes regresar, estaré aquí. Siempre.

Entonces se apartó, algo de mala gana, permitiéndole a Kakashi tomar su lugar. No hubo duda cuando el mayor se acercó y lo envolvió con sus brazos, una mano acunando su cabeza y la otra rodeando su espalda.

— ¿Eres feliz con él? —Kakashi le preguntó, y tenía que saber que Sasuke podía escucharlos, que una puerta cerrada no significaba nada para un cambiaformas.

—Sí, soy feliz con él. —Naruto le aseguró, descansando la cabeza sobre su hombro. —Lo amo.

Kakashi asintió.

—Entonces eso es todo lo que importa: que seas feliz. ¿Su familia vive cerca de las montañas?

—Sí, aunque no sé qué tan lejos están. —confirmó Naruto, algo confundido. ¿Por qué querría Kakashi saber eso?

—Entonces este adiós es solo temporal. —dijo entonces el hombre con seguridad. —Mantén los ojos en el horizonte y un día nos veremos otra vez, lo prometo.

Naruto simplemente asintió, abrazándolo con más fuerza. Sería agradable si pudieran verse de nuevo en el futuro, pero por el momento solo se concentraría en el presente. No valía la pena guardar esperanzas por algo que podría nunca suceder.


—Lamento que tuvieras que despedirte. —le susurró Sasuke esa noche, cuando ya estaban acurrucados en el nido con Hikaru acomodado entre los brazos de Naruto.

—Sabía que este día llegaría. —murmuró el rubio. —Pero estoy feliz de haber tenido la oportunidad de decir adiós.

Era mejor que nada, al final. Incluso cuando todavía se sentía más cerca de llorar que de reír.


El día de su partida se les pasó volando en lo que daban vueltas dentro de la cueva, recogiendo sus pertenencias por segunda vez en menos de un año.

Se sentía extraño, poner todo en bolsas otra vez, sabiendo que esta sería la última vez que estaría en este lugar. Mañana o quizás pasado mañana -la reina hada había sido fastidiosamente críptica con respecto al tiempo que les tomaría viajar hasta allá- estaría en las montañas, conociendo a la familia de Sasuke por primera vez y ese mero pensamiento, la idea de conocer a sus suegros y a su cuñado, era suficiente para hacer que su cabeza y su estómago comenzaran a dar vueltas.

Sasuke le había asegurado una y otra vez que todo estaría bien, que sus padres amarían a Naruto, pero ¿y si se equivocaba? ¿Y si, cuando al fin llegaran, los padres de Sasuke lo despreciaban instantáneamente por no ser un lobo también? ¿O porque era un hombre en lugar de una mujer, incluso a pesar de que la Mordida de Apareamiento significaba que, respecto a la descendencia, no tendrían que preocuparse en absoluto?

¿Qué tal si hacía algo tonto o decía algo horriblemente ofensivo y comenzaban a odiarlo? En todos los años que había vivido en la aldea, solo Tsunade y Kakashi lo querían. El resto de ellos había ignorado su existencia o se había esforzado activamente en hacer su vida miserable. ¿Quién podría asegurarle de que ese no sería también el caso con la familia de Sasuke?

¿Qué rayos iba a hacer si no aprobaban su relación con Sasuke?

Su trasero siendo pellizcado lo hizo saltar un metro en el aire y se dio la vuelta, asesinando a Sasuke con la mirada.

— ¡¿Por qué hiciste eso?!

—Puedo básicamente oler que estás siendo estúpido. —declaró Sasuke directamente. Acababa de terminar de guardar la última parte del nido y tenía a Hikaru sujeto con un cargador contra su pecho. — ¿Qué te preocupa ahora?

Naruto apretó los labios, indispuesto a admitir sus preocupaciones, sabiendo muy bien que estaba siendo tonto, pero siendo incapaz de hacer algo al respecto.

Comprensión iluminó los ojos negros de Sasuke y este suspiró, el sonido sonando como una mezcla de gracia y cansancio, y negó con la cabeza.

—En verdad necesitas dejar de preocuparte por cómo reaccionará mi familia. Ya te lo he dicho, estarán felices de que te encontré.

—Lo sé, es solo que… No quiero decir o hacer algo que haga que me odien. —admitió el rubio en voz baja, abrazándose a sí mismo.

—No lo harás. —Sasuke le aseguró y le acarició el brazo antes de inclinarse para besarlo. —El compañero de mi hermano consiguió prenderle fuego por accidente a la madriguera de mis padres cuando los conoció, por lo nervioso que estaba, y ellos no le guardan rencor por ello.

— ¿Cómo hizo eso? —preguntó Naruto, estupefacto.

El otro hombre se encogió de hombros.

—Una de sus afinidades más fuertes es el fuego y, cuando se pone un poquito demasiado emocional, puede prenderles fuego a las cosas. Entonces, si mis padres pueden ignorar el hecho de que quemara su madriguera casi hasta hacerla cenizas, no hay nada que puedas hacer que sea peor.

Bueno, era cierto que no tenía la habilidad de encender cosas en llamas, pero aun así, ¡eso no quería decir que automáticamente lo aceptarían!

—Mira, te prometo que estarás bien. ¿Cuándo te he mentido? —Sasuke lo miró intensamente, sus ojos negros casi refulgiendo con belleza sobrenatural gracias a las pequeñas llamas de la hoguera.

—Nunca. —concedió Naruto, mordiéndose el labio inferior.

—Exacto. —Sasuke le liberó el labio, presionando un suave beso contra su boca. —Así que confía en mí.

—Sí, de acuerdo. —murmuró Naruto, devolviéndole el beso.

No era como si tuviera mucha opción, de todos modos.


Para cuando hubieron terminado de sacar todo y las últimas chispas del fuego comenzaban a desvanecerse, la noche ya había caído y el sol había sido reemplazado por la luna llena.

La esfera blanca brillaba en lo alto, iluminando todo con sus rayos plateados. El bosque bañado en su luz parecía una vista mágica, y Naruto no pudo evitar observar maravillado los árboles, preguntándose si las lunas llenas eran siempre así de mágicas o si este lugar era simplemente extra especial porque las hadas habitaban en él.

Algo le brilló en el rabillo del ojo y, cuando se giró a ver, descubrió dos puntos resplandecientes volando hacia ellos a un ritmo tranquilo. Cuando estuvieron a menos de dos metros de distancia, los puntos se expandieron y rápidamente tomaron las formas de Konan y Gaara. La piel de ambos resplandecía levemente como si ellos exudaran la luz desde adentro.

— ¿Están listos para comenzar su viaje? —inquirió Konan y, aunque apenas estuviera formulando la pregunta, algo ya comenzaba a materializarse en su mano derecha.

Terminó siendo un largo cetro de algún tipo, que sostenía un una única piedra en la punta, grande y de un tono blanco lechoso. Signos desconocidos e intrincados estaban tallados en la madera, y el palo parecía desgastado y viejo, obviamente habiendo sido usada por un largo tiempo ya.

—Sí, lo estamos. —respondió Sasuke, poniéndose de pie.

Justo como cuando habían hecho el viaje a esta cueva, Sasuke estaba en forma de lobo, cargando la mayor parte de sus pertenencias sobre su lomo. Naruto llevaba dos bolsas sobre sus hombros y a Hikaru en brazos. El bebé observaba los alrededores con los ojos abiertos, callado pero alerta.

—Perfecto. Gaara los acompañará en su viaje. —anunció la Reina y el hada pelirroja en cuestión inclinó la cabeza. —En un momento estaré abriendo el camino que los llevará a su hogar. Lo que sea que vean o escuchen durante su viaje, no se desvíen del camino. Ni siquiera para echar un ojo a los alrededores.

— ¿Qué pasa si lo hacemos? —Naruto frunció el ceño.

—Descubrirán de dónde vienen las pesadillas. —contestó Gaara sin imponerse.

Naruto no podía decidir si lo decía en serio o no, pero el rostro de Konan reveló que ella al menos no estaba bromeando sobre su advertencia.

—Continúen siguiendo a Gaara y estarán bien. —declaró. —No lo pierdan de vista.

Con esa última advertencia, se dio la vuelta y comenzó a agitar su cetro en el aire, dibujando un cuadrado antes de comenzar a agitarlo en círculos. Entre más rápido movía el cetro, los movimientos se iban tornando nada más que un borrón, líneas rojizas y violetas manifestándose en el aire, girando hasta que chocaron entre ellas y se congelaron.

Konan estaba murmurando cosas ininteligibles, palabras habladas en un idioma que Naruto nunca había escuchado antes, los sonidos tan guturales y aireados al mismo tiempo. Lo hacían sentir inquieto por una razón, su piel poniéndosele toda de gallina mientras observaba la congelada silueta de la mujer.

Entonces, de repente, bajó el cetro y se apartó. Naruto parpadeó, completamente confundido, porque ahora frente a ellos una puerta había aparecido. El pasadizo abierto guiaba directamente a un camino de arena con un ocasional guijarro resaltando entre el polvo. A cada lado solo se veía oscuridad, como si el camino fuera lo único que existiera.

—Que tengan un viaje seguro. —les dijo y desapareció antes de que alguno de los dos pudiera decir algo más.

—Vamos, antes de que la puerta se cierre. —dijo Gaara y caminó directo dentro del camino sin titubear.

Naruto no pudo evitar quedar viendo el pasadizo, dubitativo, su inquietud creciendo ante lo oscuro que lucían los alrededores, pero Sasuke solo bufó suavemente, presionando su hocico contra su pierna, y el rubio cedió, comenzando a seguir al hada en el misterioso camino.

El aire estaba lleno de un misterioso zumbido, descubrió pronto, intercalado con el sonido ocasional del llanto o grito de algún animal. De vez en cuando, en algún lugar a la distancia, podía verse alguna luz, como si alguien encendiera una vela. Otras veces, podía jurar que distinguía algo moviéndose en el rabillo de su ojo, algo con brazos largos y delgados -más de dos, tal vez tres, o cuatro, o cinco incluso- antes de que desapareciera, mezclándose entre las sombras.

Una vez, una de esas extrañar creaturas comenzó a arrastrarse dentro del camino, alertando a Naruto, pero Gaara simplemente dio un fuerte pisotón y la criatura se retiró con un sonido de decepción, regresando al lugar de donde había venido.

— ¿Q-Qué fue eso? —preguntó Naruto, incapaz de esconder el temblor en su voz. Los cabellos de su nuca se erizaron ante lo intensa e inquieta que se sentía la atmósfera. Pensó que podía sentir cientos de ojos clavados en la parte de atrás de su cabeza, los extraños seres esperando el momento para atacar.

Gaara giró la cabeza hacia la izquierda, pero no se volteó.

—Algo del Mundo de las Sombras. No estaba jugando cuando les dije que aquí es donde tienen origen las pesadillas. Este camino atraviesa el Mundo de las Sombras y sus habitantes siempre están ansiosos por entrometerse en los caminos. Les daré un consejo: ni siquiera hablen sobre ellos. No hagan preguntas. Entre más atención les den, de manera directa o indirecta, más poderosos se vuelven.

— ¿Es por esto que tienes que acompañarnos? —preguntó Naruto. — ¿Porque puedes mantener a… el camino seguro para nosotros? —se corrigió justo a tiempo, no quería darles a esas extrañar creaturas más poder.

—Sí, ya que el camino fue creado por un hada, solo un hada puede mantener el camino seguro. —esta vez sí se giró un poco y le sonrió a Naruto. —No tienes nada que temer. Siempre y cuando me sigas, estarás bien. Esta no es mi primera vez atravesando este portal.

A pesar de las auras amenazantes que los rodeaban, las palabras de Gaara lograron tranquilizarlo.


No tenía idea de cuántas horas llevaban caminando. El tiempo parecía no tener significado en este lugar, dejando incluso su reloj interno inútil.

Pudieron haber caminado por una hora, cinco horas o incluso un día; no tenía idea. Solo continuó siguiendo a Gaara con Sasuke justo detrás de él, ignorando a las criaturas que se arrastraban y daban vueltas en las sombras, incluso cuando sus delgados brazos o sus afiladas garras hacían el intento de llegar a ellos. Cada vez que eso ocurría, Gaara simplemente estampaba su pie en el suelo sin siquiera ver sus alrededores, y eso era suficiente para mantener a los seres a raya, aun con su frustración palpable en el aire.

Hikaru se había quedado dormido un rato atrás, algo que Naruto agradecía. Los extraños seres de las sombras obviamente habían mantenido inquieto a su bebé, pero este no había llorado ni una sola vez, sino que había elegido aferrarse a la camiseta de Naruto con sus manitos regordetas hasta que el cansancio lo venció. Ahora dormía pacíficamente, lo que ayudaba a que los nervios de Naruto se relajaran aunque fuera un poco.

Al principio no le había prestado atención, habiéndose acostumbrado a ignorar los movimientos de cada extraña criatura, o las luces o brillos, pero luego de un tiempo, se volvió difícil no notarlo cuando Gaara los estaba guiando directamente a ello.

Un brillante círculo dorado estaba justo frente a ellos, con pequeñas llamas girando y agitándose con un viento inexistente, iluminando la eterna oscuridad. El círculo parecía literalmente quemar un hoyo en una tela invisible dentro de ese lugar, manteniendo a los seres de oscuridad a raya.

—Por lo que veo, parece que todavía te gustan los colores brillantes. —murmuró Gaara y casi sonó cariñoso.

Antes de que Naruto pudiera preguntarle sobre lo que había dicho, ya estaban frente al círculo y el hada caminó a través de él, sin inmutarse por las llamas lamiéndole el cabello. Naruto no tenía tanta confianza y, mientras seguía a Gaara, agachó la cabeza levemente, sin ganas de descubrir si realmente esas llamas podían lastimarlo o no.

Aterrizó justo en frente de un bosque, el ventoso camino cortando el lugar en dos. Detrás de él, Sasuke bufó, el sonido satisfecho y feliz.

Gaara gesticuló hacia el espacio abierto frente al bosque, su mano izquierda descansando en el círculo.

—Han llegado sanos y salvos. Les deseo lo mejor y me despido. —inclinó la cabeza y volvió a deslizarse dentro del círculo otra vez antes de que Naruto pudiera siquiera abrir la boca.

Mientras Naruto observaba con los ojos abiertos, el círculo rápidamente se encogió hasta que no quedó nada de las ardientes llamas. En un parpadeo la entrada había desaparecido por completo y se encontró mirando a un arbusto de moras.

— ¿Esto es…? ¿Estamos cerca de tu familia ahora? —preguntó inciertamente, observando sus alrededores. ¿Tendrían que hacer otro viaje en medio del bosque?

—Muy cerca. —confirmó Sasuke y definitivamente había emoción brillando en sus ojos cuando rodó los hombros, con cuidado de no dejar caer sus pertenencias. —Solo una corta caminata más y entonces estaremos en las puertas de nuestro hogar.

Naruto tragó duro, su estómago revuelto con una mezcla de emoción -por escuchar a Sasuke referirse al lugar como el hogar de ambos- y nervios al percatarse de que no pasaría mucho tiempo antes de que finalmente conociera a la familia de Sasuke.

Dios, ¡no dejes que haga algo estúpido en frente de ellos!


Algunas ovejas estaban pastando en un campo sin siquiera voltearlos a ver cuándo pasaron cerca de ellas, como si estuvieran acostumbradas a la gente -y a los lobos- merodeando por ahí, a pesar de que Naruto no se había encontrado con ningún otro humano desde que llegaron aquí.

— ¿Solo tu familia vive aquí? —preguntó con curiosidad.

Dudaba que los lobos cambiaformas se asentaran muy cerca de aldeas humanas, pero la presencia de las ovejas lo descolocó un poco. ¿A menos que fueran ovejas salvajes? Pero entonces, ¿quién les esquilaba la lana?

—Sí, somos los únicos viviendo aquí. —confirmó Sasuke, trotando levemente junto a él. —El asentamiento humano más cercano está a dos semanas de aquí.

—Oh. —Naruto parpadeó, tomándolo por sorpresa por el despreocupado comentario. ¿Cuántos kilómetros habría tenido que recorrer Sasuke para llegar a la antigua villa de Naruto? Debió haber viajado en su forma de lobo, porque Naruto no podía imaginarlo yendo hasta allá solo en forma humana.

¡Con razón decía que les tomaría meses llegar a este lugar!

Notó que Sasuke se animaba un poco antes de que él mismo viera un portón asomándose a la distancia y su corazón comenzó a latir con más fuerza al darse cuenta de que esta debía ser la entrada el hogar de Sasuke. Afianzando su agarre alrededor de Hikaru -quien para este momento ya estaba completamente despierto a pesar de que se habían detenido hace un rato para darle de comer- intentó ignorar la debilidad que le recorrió las piernas y se obligó a continuar caminando, recordándose a sí mismo que debía confiar en las palabras de Sasuke.

Sasuke nunca le había mentido antes y, si decía que a su familia le agradaría Naruto, entonces solo tenía que creer en eso. Después de todo, Sasuke conocía a su familia mejor que nadie, incluso luego de no haberlos visto durante un tiempo, y Naruto solo necesitaba enfocarse en no hacer nada estúpido o vergonzoso cuando finalmente los conociera.

Estaban a menos de tres metros del portón cuando de pronto un hombre rubio se materializó frente a ellos, apareciendo de la nada. Tenía el cabello dorado largo atado en una alta coleta, y llevaba puesta una túnica de un azul oscuro con un cinturón de cuero atado a la cintura. Descansando una mano en la cadera, sus ojos azul cobalto los estudiaron cuidadosamente, su mirada intercambiándose entre Sasuke, Naruto y Hikaru antes de volver a Sasuke.

Una amplia sonrisa apareció en su rostro antes de que soltara una carcajada, el sonido alegre y ligero.

—Es bueno saber que sigues con vida. —dijo, divertido. Luego, sus ojos se posaron otra vez en Naruto. —Y me alegra ver que tu búsqueda fue fructífera. Los hemos estado esperando.

Incluso en su forma de lobo, Sasuke no tuvo problemas en girar los ojos.

—Gracias por el voto de confianza. Naruto, este es Deidara, mi cuñado. Deidara, este es Naruto, mi compañero, y Hikaru, nuestro hijo.

Deidara -el hada-, se acercó un poco, curiosidad asomándose en esos ojos azules mientras estudiaba a Hikaru más minuciosamente.

—No se ve muy mayor todavía, un.

—No, t-tiene un mes. —respondió Naruto, aclarándose la garganta.

Justo como Konan y Gaara, era surrealista lo hermoso que Deidara lucía y Naruto no tuvo problemas en imaginar cómo el hermano de Sasuke pudo enamorarse de él. Lo hizo sentir algo inseguro de sí mismo sobre su propia apariencia y su menos que esbelta figura, y no pudo evitar encorvar un poco los hombros.

Deidara soltó un Hmm y se apartó.

—Bueno, es muy lindo, aunque no esperaba menos viéndolos a ustedes dos, un. —dijo a modo de broma, sonriendo traviesamente cuando Sasuke gruñó. Su sonrisa se suavizó entonces y echó la cabeza hacia atrás, señalando las puertas. —Vamos, tus padres e Itachi han estado esperando ansiosamente desde que recibí el mensaje de la Reina diciendo que pronto estarían aquí.

—Más le vale a Itachi no haber hecho un desastre en nuestra madriguera. —murmuró Sasuke, irritado.

—Estaba demasiado ansioso como para colgar las guirnaldas. —Deidara rio y caminó frente a ellos, como si estuviera actuando como su comité personal de bienvenida.

—Los dioses tienen algo de misericordia, al menos. —rezongó Sasuke en voz baja, agitando la cola cuando Deidara se rio entre dientes.

Apenas habían cruzado el portón cuando un gran lobo negro corrió hacia ellos y, antes de que Naruto pudiera reaccionar, se transformó, cambiando a la forma de un hombre joven de cabello oscuro que le llegaba bajo los hombros.

Un hombre que estaba completamente desnudo, lo que hizo que Naruto soltara un gritillo de sorpresa y se diera la vuelta.

— ¡¿Por qué estás desnudo?! —chilló, pero incluso mientras las palabras salían de su boca, sabía que era una pregunta tonta de hacer.

Sasuke nunca había ocultado el hecho de que se sentía más cómodo andando desnudo en su forma humana, así que en serio, ¿debió haber esperado algo diferente de su familia? Si la mayoría de ellos eran lobos, lo más probable es que para ellos fuera normal andar desnudos.

Lo sabía, y aun así no pudo evitar sonrojarse ante el pensamiento del hombre desnudo detrás de él.

—Mis disculpas. —habló el hombre, su voz tranquila y suave. —Debí haberme transformado antes de venir a recibirlos, pero cuando olí a mi hermano menor, me volví muy impaciente.

—Eso está claro. —Sasuke bufó con gracia y el sonido de huesos quebrandose y deformándose le informó a Naruto que su compañero también acababa de cambiar a su forma humana.

Las bolsas cayeron al suelo con un sonido sordo y Sasuke estiró los brazos con una queja, tronándose el cuello en el proceso.

—En serio que detesto cuando haces eso, un. —Deidara le informó con calma. —Naruto-kun, ya pueden mirar. Le di a mi tonto compañero algo para cubrirse.

—Lo siento. —murmuró el rubio, avergonzado, dándose la vuelta otra vez con las mejillas rojas. —Sé que no debí reaccionar así, pero me tomaste por sorpresa.

—Estoy seguro de que eso fue lo que madre pensó cuando terminó embarazada de ti. —Sasuke le sonrió a Itachi maliciosamente y este gruñó, dándole un golpe en el rostro antes de atraerlo para darle un fuerte abrazo.

—Te extrañé. —murmuró el hombre y el rostro de Sasuke se suavizó notoriamente antes de devolverle el abrazo a su hermano.

—También te extrañé. —dijo y entonces miró a Naruto y sonrió. —Naruto, este es Itachi, mi hermano. Itachi-nii-san, este es Naruto, mi compañero, y Hikaru, nuestro hijo.

— ¿Qué es todo este alboroto? —una voz femenina se escuchó de pronto y, cuando Naruto miró a su derecha, vio a una mujer de cabello oscuro acercándoseles, vistiendo un sencillo vestido amarillo.

A su derecha, otro hombre la seguía. Este tenía un rostro severo y una que otra cana adornando su cabeza, pero sus ojos se suavizaron cuando se posaron en Sasuke.

—Madre, padre, ya regresé. —anunció Sasuke, sonriendo. —Con mi compañero, Naruto, y nuestro cachorro, Hikaru. Naruto, esta es mi madre, Mikoto, y mi padre, Fugaku.

El rostro de Mikoto se iluminó y entonces se apresuró a acortar la distancia entre ellos, abrazando a su hijo menor fugazmente, frotándose contra su mejilla, antes de sorprender a Naruto y atraerlo en un cálido abrazo también, besando su mejilla.

—Estoy tan feliz de conocerte al fin. —le sonrió con ojos brillantes. — ¡Y mira lo adorable que se ve mi nieto! —jadeó emocionada, cubriendo su propio rostro por un momento antes de acariciarle una mejilla a Hikaru cuidadosamente.

El bebé gimió en respuesta, mirándola con los ojos bien abiertos, lo que solo la hizo derretirse de ternura y hacerle señas a su esposo para que se acercara.

— ¡Mira, Fugaku, lo perfecto que es nuestro nieto! ¡Se ve incluso más adorable que Sasuke a su edad!

—Una hazaña que no creímos posible. —se burló Itachi, sin inmutarse cuando Sasuke le dio un golpe en el brazo.

—Es un placer conocerte, Naruto-kun. —Fugaku le sonrió, acercándose para también tocar la mejilla de Hikaru. —Y es un placer conocerte a ti también, Hikaru-kun.

El bebé sonrió, sin comprender qué ocurría, pero pareciendo gustar de la atención que le estaban prestando de todos modos.

Mientras veía a Sasuke ser atraído a un abrazo tras otro por cada pariente deseoso de darles la bienvenida, mientras veía cómo se frotaban las mejillas y se revolvían los cabellos antes de que otros se acercaran de manera más tranquila, pero cálida, a saludarlos, Naruto decidió que realmente había tomado la elección correcta de venir ahora en lugar de esperar otros seis meses más.

Porque era evidente lo mucho que Sasuke había extrañado a su familia y viceversa. Verlo iluminarse, su sonrisa más despreocupada de lo que Naruto la había visto en meses, hizo que todo -incluso el dolor de dejar a su pequeña familia atrás- valiera la pena.

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N/T: Logré traducir esto antes de que finalizara el año :'D

Ya solo queda un capítulo más. Y, por cierto, la autora de la historia ya terminó de publicar la última parte de esta serie, así que pronto podrán leer todas las historias completas 😊