Sentía ahogarse, lo único que podía hacer era aflojar un poco el nudo de esa corbata, estaba realmente agotado, jamás hubiese creído que el trabajo de oficina podía ser tan extenuante; desde que había iniciado en involucrarse en la empresa familiar había perdido la noción del tiempo, se la pasaba de 12 a 18 horas en la oficina, había días que no iba ni siquiera a su casa y probablemente hoy sería uno de esos días, ya que hace poco se había enterado de que había pequeñas fugas de dinero, gracias a la visita de Rina; lo había ido a visitar para proponerle un negocio, sin embargo, ese día estaba revisando los libros de contabilidad, por lo que la chica pudo verlos y en menos de 5 minutos le hizo la observación sobre que las cifras no coincidían.
Habían pasado un par de días después de la Gala, que Kai había asumido el puesto de presidente en Hiwatari Enterprise, y Rina se había ofrecido amablemente a ayudarlo, por su experiencia y conocimientos en el manejo de la empresa de su familia; cuando esta descubrió el problema de flujo de efectivo, tuvieron que idear un plan para el rescate del trabajo de la familia Hiwatari, que se puso en marcha a la brevedad.
El problema de los malos manejos de dinero era lo de menos; la sensación de ahogamiento no provenía ni siquiera de la contabilidad y las largas jornadas laborales; sino del anillo que adornaba el dedo anular izquierdo de Rina; no podía creer que ella estuviese comprometida, mucho menos que hubiese accedido a un acuerdo matrimonial por negocios, eso era lo que más le molestaba, ella se iba a casar por obligación y no por amor...verla ahí sentada en el sillón de su oficina revisando los libros de contabilidad, que ella se había ofrecido a revisar mensualmente después de su descubrimiento, le quitaba el aliento, y no en el buen sentido, lo abatía de una forma inimaginable.
-Kai- la voz de la chica lo sacó de sus pensamientos –por lo que puedo ver, estás logrando que tu empresa salga a flote, si sigues así en 6 meses se logrará estabilizar- le regaló una sonrisa a su interlocutor.
Verla regalarle ese gesto tan sincero lo alegró por unos momentos, pero el compromiso impuesto no le permitía sentirse bien consigo mismo, temía que ella estuviese pasando un mal momento y no le tuviera la confianza de decirle.
- ¡Hey Kai! - nuevamente se había perdido en sus pensamientos, de los cuales la castaña lo sacó -Estas muy distraído últimamente, deberías de descansar, ¿por qué no aprovechamos y te llevo a tu casa? -
-Sí, tienes razón- contestó el chico –creo que necesito un buen descanso, gracias-
El trayecto a su residencia había sido silencioso, las dudas en su interior no dejaban de crecer, no podía creer que una pieza de joyería le causará tantos problemas internos; ni siquiera podía enfrentar a la chica, no tenía el valor de mirarla a la cara, sin sentir esa punzada en el pecho... la duda lo carcomía enormemente; pero el miedo era más fuerte que esta, temía que al preguntarle sobre el compromiso matrimonial y por qué lo había aceptado, temía tanto a la respuesta de este...
Pronto se encontraban en la entrada de la mansión Hiwatari, estaba tan ensimismado que, por enésima ocasión, la chica Engers lo sacó de sus pensamientos:
- ¡Hemos llegado! - anunció, como si fuera a un niño a quién le hablaba -Deberías de darte un baño relajante, cenar e irte a la cama- este comentario causó un sonrojo al chico y que su corazón se agitará, él solo pudo reaccionar, agitando la cabeza en forma positiva, abrió la puerta y bajo del vehículo, dirigiéndose a paso lento hacía su casa.
El verle en ese estado de trance le preocupaba a Rina, llevaba un mes así, no entendía el porqué, mejor dicho, prefería ignorar la razón, sabía que era a causa del compromiso. Ella había tratado de actuar de la forma más natural posible, como si no hubiese pasado nada, tenía miedo de que Kai se distanciará, y a pesar de todos los esfuerzos, al final de cuentas había ocurrido lo que buscaba evitar, el actuar del chico la hacía dudar sobre si haber aceptado el matrimonio arreglado era lo mejor, cuando le plantearon la idea al principio le pareció descabellado, pero sabía que ella tendría que cumplir ese rol de la familia Engers.
Cuando su abuelo le informó que habían pedido su mano en matrimonio no pudo evitar horrorizarse; cuando le informaron sobre quién era la familia que la solicitaba el horror pasó a sorpresa y ahora se estaba convirtiendo en desilusión... Había aceptado el compromiso sin rechistar ni quejarse, pero ahora después de ver la actitud depresiva de Kai le hacía dudar enormemente por su decisión, si sólo por el compromiso se comportaba así, no quería saber cómo sería cuando estuviesen ya casados...
