Capítulo 2

Un poco más de un año atrás…

El señor Darcy estaba en su oficina en casa Darcy intentando completar el trabajo que tenía pendiente. Los últimos casi cinco años de su vida los había dedicado casi exclusivamente a trabajar para poder mantener intactos tanto la fortuna como el prestigio de los Darcy. Y lo había logrado, incluso había incrementado la fortuna familiar considerablemente abriendo nuevos negocios e inversiones. Él se sentía muy orgulloso de sí mismo porque con tan sólo veintiséis años había conseguido lo que a muchos le llevaba años. Él era respetado y admirado por sus pares y muchos buscaban su amistad y consejos para aprender de él, como su buen amigo Charles Bingley.

Pero había una parte de su vida en la que ni por cerca era tan exitoso, y esa era su vida personal. Muchas veces no sabía por qué si lo tenía todo sentía que no tenía nada. Su vida era más bien solitaria y salvo por un puñado de amigos, su primo Richard y su hermana Georgiana, no tenía a nadie en el mundo. Él no era ni de cerca un hombre romántico y no aspiraba a casarse por amor, sólo esperaba poder encontrar una mujer respetable con quien poder establecer una relación cordial y tener una familia. Él sabía que por su naturaleza reservada jamás podría cortejar a una mujer llenándola de halagos y fingiendo afecto que no sentía. Esperaba algún día poder encontrar a una mujer que buscara lo mismo que él, que no le molestara respetar sus silencios, y sobre todo, que respetara su trabajo y no lo forzara a perder el tiempo en bailes y reuniones sociales llenas de gente frívola como a la que había existido el día anterior.

Para no seguir dándole vueltas a lo mismo, decidió comenzar a revisar los libros de contabilidad como lo hacía cada vez que estaba en Londres. Después de media hora de intenso escrutinio pudo cerciorarse de que todo estaba correcto, salvo por un ítem. Él había pasado los tres últimos meses en Pemberley por lo que no había tenido la posibilidad de revisar los asuntos de Londres. Por eso le llamó la atención que su procurador hubiera cesado el pago a la Casa Thompson, una obra de caridad muy especial para su padre y que él siempre había respetado por esa razón. Aún recordaba cuando su padre ya cercano a sus últimos días le había pedido encarecidamente que se preocupara que los pagos a esa institución siempre fueran hechos sin demora. Él supo que debía ser muy especial porque George Darcy usó el apellido de su madre, la abuela paterna del actual señor Darcy, como nombre para ese establecimiento.

Afortunadamente el señor Jones llegaría pronto y él podría salir de la duda. Si había un error se encargaría de que se corrigiera inmediatamente.

A los pocos minutos Alfred Jones llegó a la cita con el más importante de sus clientes dispuesto a contestar todas sus preguntas. El nuevo señor Darcy era igual de estudioso y preocupado que su padre, aunque bastante más serio pese a su juventud. El señor Jones había trabajado para George Darcy por más de veinte años por lo que conocía al joven Fitzwilliam desde pequeño y le tenía gran aprecio.

Una vez arribó el procurador, el señor Darcy lo saludó e inmediatamente comenzaron a analizar contratos y otros documentos relacionados con los variados negocios e inversiones de la familia Darcy.

"Bueno, señor, espero que haya encontrado todo en orden pero si tiene cualquier duda, por favor déjeme saber. Muchas cosas pasan en los meses que usted está trabajando en su hacienda en el norte del país," explicó el señor Jones.

"Jones, como siempre has hecho un magnífico trabajo. Te felicito a ti y a todos tus asociados por vuestra prolijidad y honestidad en todo lo que hacen. La verdad es que sólo tengo una pregunta de un detalle, pero que es importante para mí. ¿Qué pasó con la casa Thompson que hace tres meses que dejó de donar fondos a esa institución?"

El señor Jones se ruborizó levemente e intentó explicar pero sencillamente no pudo. Él era un hombre honorable y detestaba ser deshonesto, sobre todo con un cliente. Si mentía una vez, ¿por qué su cliente debía creerle en el futuro? Señor Darcy, ese es un tema delicado…"

El señor Darcy se enojó un poco y no entendió por qué Jones prácticamente se estaba negando a contestar su pregunta. "Por difícil que sea va a tener que explicarme porque mi padre me pidió expresamente que me encargada de que nunca le faltara nada a esa organización. Así que o me cuenta usted o tendré que hacer mis propias averiguaciones y por supuesto buscar una nueva firma para que represente los intereses de mi familia."

El señor Jones estaba en una encrucijada imposible por lo que decidió explicar lo mejor que pudo el tema. "Señor Darcy, antes de ser su procurador lo fui de su padre. Él confió en mí y para mi esa confianza es algo que he respetado hasta hoy. Estoy dispuesto a contarle lo que sé, pero déjeme advertirle que es probablemente algo que no le va gustar porque está relacionado con una parte de la vida privada de su padre que usted jamás conoció. ¿Está seguro de que desea saberlo?"

El señor Darcy estaba cada vez más intrigado y respondió inmediatamente con mucha fuerza. "Sea lo que sea, quiero, necesito y debo saberlo."

"Está bien señor, pero revelaré esto sólo a usted y porque usted me ha preguntado. De otra forma me habría llevado este secreto hasta la tumba." El señor Jones respiró hondo y comenzó a explicarle la situación al señor Darcy. Lo primero que le dijo es que la casa Thompson se ubicaba en un pequeño barrio comercial a las afueras de Londres y que allí vivía una señora llamada Olivia Carter que desgraciadamente había fallecido hace poco más de cuatro meses y los últimos pagos habían sido destinados a cubrir los gastos funerarios y el doctor que la había atendido en sus últimos días."

"¿En la casa Thompson vivía sólo una mujer? ¿Y por qué mi padre mantenía una casa para esa señora? ¿Qué tipo de relación había entre ellos?" preguntó el señor Darcy totalmente sorprendido.

Jones no pudo mirar a los ojos al joven muchacho porque sabía que lo que le diría le causaría gran daño. "Yo no puedo responder esa pregunta, señor, sólo puedo decirle que ellos se conocieron hace más de veinte años y que desde ese entonces yo me he encargado de que a ella no le falte nada."

El señor Darcy se puso de pie y comenzó a caminar por su oficina sin césar. El sólo pensar que su padre podía tener una amante escondida como la mayoría de los hombres de los primeros círculos hacía que le dieran nauseas. Seguro había otra explicación para todo eso y él la encontraría. "Jones, me imagino que sabes la dirección de esa casa."

"Sí, señor. De hecho, yo fui quien la compró," respondió el procurador.

"Dámela, por favor," dijo el señor Darcy sin poder mirar a la cara al hombre que tenía enfrente. "Gracias por todo, Jones," agregó resignado.

El señor Jones escribió la dirección en un papel y se despidió muy preocupado por su joven cliente pero desgraciadamente no había nada más que él pudiera hacer por el señor Darcy en ese momento.

P&P

Archibald y Agatha Stone eran una pareja de adultos mayores que jamás habían tenido hijos pese a lo mucho que siempre lo desearon. Archibald era tío de Madeline Stone, ahora casada con un próspero hombre de negocios llamado Edward Gardiner. Los Stones eran personas formidables que todos quienes conocían amaban. Ellos eran originarios de Derbyshire, un pueblo pequeño lleno de gente amable y bondadosa. El hermano mayor, padre de Madeline había heredado el negocio familiar, una hermosa librería siempre bien surtida de libros interesantes y Archibald había emigrado muy joven a la ciudad en busca de oportunidades. Él finalmente había logrado establecer su propio negocio en el que lograba mezclar su gusto por la historia y la aventura.

Actualmente era un renombrado anticuario que surtía a las tiendas más elegantes de Londres con exclusivas piezas de arte que él mismo restauraba. Su esposa Agatha siempre lo había apoyado en todo pese a que no entendía muy bien la naturaleza del oficio de su esposo. Los conocimientos de Archibald eran tan extensos que muchos profesores de las universidades más prestigiosas del país solían consultar su opinión sobre arte o historia. Su tienda era relativamente pequeña porque gran parte estaba dedicada al taller de restauración donde se almacenaban objetos de toda índole.

Desgraciadamente Agatha había tenido un accidente doméstico que le había reducido la movilidad por lo que pasaba muchas horas sola, sólo con la compañía de una sirvienta. Madeline hacía todo lo posible para visitarla todo lo que más podía, pero la distancia y sus hijos pequeños le impedían ir todo lo que ella hubiera querido. Por eso cuando supo la situación que Elizabeth vivía en Longbourn con su madre, tuvo la idea de proponerle a su sobrina que tal vez podría acompañar a su tía y tío por unos meses hasta que su madre se calmara un poco.

Elizabeth llevaba más de un mes con los Stones y estaba feliz de haber aceptado la propuesta de su tía. Ellos eran sin duda alguna dos personas adorables que la hicieron sentir bienvenida desde el primer momento. Ella los conocía desde niña y siempre le habían gustado mucho, pero jamás había tenido la oportunidad de conocerlos tan bien como ahora. Tía Agatha era paciente y pese a todas las dificultades que tenía con su pierna rota, jamás se quejaba, mientras tío Archibald era un hombre tan sabio dispuesto a compartir su sabiduría con todo el mundo.

"Tío Archibald, ¿qué es esto?" preguntó Elizabeth riendo.

"Eso es una pipa de la paz, mi querida sobrina. Tiene casi doscientos años y pertenecía a una tribu de las Indias Occidentales ," explicó Archibald.

"¿Los nativos de esos territorios también fumaban?" preguntó Elizabeth curiosa.

"Claro que sí, y mucho antes que nosotros porque el tabaco es originario de esos lugares." Archibald le contó un poco más la historia de esa antigua pipa y Elizabeth lo escuchaba fascinada.

"Gracias, tío," dijo Elizabeth sonriendo.

"¿Gracias por qué?, mi dulce niña." Archibald no entendía porque Elizabeth siempre les agradecía todo cuando eran ellos quienes debían estar agradecidos por su compañía.

"Por todo, tío," replicó Elizabeth emocionada.

Archibald sonrió y le pidió a Elizabeth que fuera a la parte delantera de la tienda y que abriera la caja que había llegado en la mañana. "Lizzie, el cargamento son algunos artículos de plata y bronce franceses que pertenecieron a la última monarquía. Al parecer estuvieron ocultos por mucho tiempo por lo que deben estar llenos de polvo. ¿Puedes hacer el inventario antes de que tu tía despierte? Yo estaré ocupado en esta pipa por varias horas y James aún no aprende a escribir."

"Yo lo haré tío, no te preocupes por eso." Elizabeth fue al frente de la tienda, abrió la caja y comenzó a limpiar los objetos que tal como dijo su tío, estaban llenos de polvo.

P&P

Después de varios días pensándolo, el señor Darcy fue a la dirección que su procurador le dio. La casa era bastante pequeña y el barrio aunque bastante bonito y ordenado, era un barrio lleno de tiendas donde probablemente la mayoría de los que vivía allí se dedicaban al comercio. Lo que más le llamó la atención fue el color amarillo de prácticamente todas las paredes de la casa. Él recordaba que su madre detestaba el color amarillo y los sirvientes más antiguos de Pemberley siempre contaban que ella había remodelado todas las paredes que tenían ese color.

Buscando respuestas, decidió pasar la noche en ese lugar y retornar los días siguientes pero por más que buscaba y buscaba, no pudo encontrar nada. Hasta que en el cuarto día que iba allí, alguien llamó a la puerta. Como no tenía sirvientes él tuvo que abrir y hacer pasar a un señor que le pidió unos minutos para hablar con él.

"Disculpe señor, mi nombre es Arthur James, soy su vecino y el doctor que cuidó a la señora Thompson en sus últimos días. ¿Es usted familiar de ella o de su difunto esposo?"

"¿Su difunto esposo? ¿El señor Thompson?" preguntó él intrigado.

"Si, el señor George Thompson. La verdad es que usted se parece mucho a él, pero sé que ellos no tuvieron hijos, sino creería que usted es hijo de George," contestó el doctor.

El señor Darcy no supo qué decir, casi no podía respirar de lo nervioso que estaba y replicó lo primero que se le vino a la mente. "Soy el sobrino de George, mi nombre es William Thompson."

"Mucho gusto señor Thompson. Me alegro que alguien de la familia haya venido, nuestra querida Olivia nos pidió que guardáramos un baúl con sus recuerdos en nuestra casa y que si nadie de la familia venía por la casa en seis meses nos deshicieramos de ellos. ¿Quiere que los traiga?"

"Sí, por favor," contestó el señor Darcy ansioso.

A los pocos minutos el doctor volvió con un pequeño baúl, se lo entregó al señor Darcy y además le dio una llave que se encontraba en un sobre sellado. Él le había pedido a su cochero que lo viniera a buscar a las seis en punto por lo que tomó el baúl y caminó seis cuadras hasta el pequeño parque en donde lo esperaba su carruaje.

En cuanto llegó a su casa, se encerró en su cuarto y abrió el pequeño baúl que estaba lleno de cartas y de unas cuantas joyas casi sin valor. Algunas de las cartas eran muy difíciles de leer por lo antiguas que eran. Todas las había escrito su padre, él podría reconocer su letra entre millones, y en todas firmaba como George Thompson. Por lo que pudo leer se enteró que la señora Parker era la hija de un contador que trabajaba en uno de los pueblos cercanos a Pemberley. Al parecer, por muchos años entre ellos no existió nada más que un amor platónico. Su padre se había casado con Lady Anne y Olivia con un funcionario público que trabajaba en Londres. Pero cuando Olivia enviudó a los pocos años de casarse, George la buscó y comenzaron un apasionado romance que duró un poco más de veinte años.

Por las cartas, el señor Darcy se enteró que su padre jamás había amado a su madre y que ella tampoco lo amaba a él. El matrimonio entre ellos había sido acordado por sus padres y esa era la única razón por la que se habían casado. George Darcy en las cartas se refería con respeto y consideración hacia su esposa, pero decía que era una mujer muy tímida a la que no le interesaba mucho su compañía ni la de nadie. Anne Darcy amaba pasar el tiempo dedicada a actividades solitarias como pintar, bordar y tocar el piano.

El señor Darcy no pudo evitar llorar al recordar cómo su madre podía pasar horas a su lado sin decirle ni una sola palabra. Usualmente ella sentaba a su pequeño hijo al lado de ella, y mientras ella bordaba el pequeño Fitzwilliam leía.

En esas cartas George Darcy hablaba y contaba anécdotas de la misma forma que lo hacía cuando estaba con Wickham. Él no podía evitar imaginar que con Olivia Parker, su padre había sido el esposo amable y cariñoso que nunca fue con su madre. Tal como con Wickham había sido comprensivo y amable mientras con él siempre fue severo y extremadamente estricto.

El mundo como lo conocía el señor Darcy había desaparecido y no sabía qué hacer con todas estas nuevas verdades. Agradecía que Georgiana estuviera pasando una temporada con la Condesa en Matlock y que Richard estuviera en Newcastle por los próximos meses. Ellos serían los únicos en poder notar su nerviosismo y él no estaba preparado para contarle a nadie lo que había descubierto.

"La única forma que tengo de saber cómo era tu otra vida, padre, es ser otra persona," dijo el señor Darcy mientras se secaba las lágrimas.

Después de varios días, había logrado que su procurador pusiera en funcionamiento la casa Thompson nuevamente. La casa tenía unos cuantos sirvientes que se encargarían de hacer que su vida fuera lo más cómoda posible. Él sería William Thompson sobrino de George y Olivia que estaba pasando unos días en la casa antes de decidir qué hacer con ella.

Dentro de las cosas que pudo averiguar fue que Olivia llevaba una vida bastante modesta y que al parecer su padre también lo hacía cuando pasaba tiempo con ella. Todos pensaban que su padre era un comerciante que viajaba mucho por sus negocios y asumieron que él hacía algo similar.

El señor Darcy llevaba cinco días en el lugar y ya se sentía bastante cómodo. Se había acostumbrado a lo incómoda que era una casa tan pequeña pero le gustaba mirar por la ventana de su cuarto en el segundo piso de la casa y apreciar todo el ajetreo que comenzaba muy temprano. No sabía cuánto tiempo se quedaría, asumía que hasta el momento que pudiera comprender por qué su padre hizo lo que hizo.

P&P

Aunque Elizabeth estaba feliz con los Stones, en más de una ocasión le bajaba la melancolía al recordar a su familia, pero especialmente a Jane y su padre.

Cuando el señor Collins apareció en su casa su madre se propuso casar a una de sus hijas con él, menos a Jane porque decía que con su hermosura podría conseguir un mejor prospecto. Ella le explicó a su madre de todas las formas posibles que no podía casarse con un hombre al que ella jamás podría respetar o admirar, pero a su madre no le importó. Cuando su padre la apoyó en su rechazo a Collins, la señora Bennet se enfureció, pero cuando el señor Collins se casó con Charlotte, ella comenzó a reclamarle a diario su falta de consideración a su familia y se aseguró de que no pudiera salir de casa y de que nadie la visitara. Elizabeth pasó casi un mes encerrada y llorando prácticamente todos los días hasta que su tía Gardiner la ayudó a salir de la prisión en la que se había convertido su casa.

Elizabeth llevaba casi una hora limpiando los artículos de plata y no se había dado cuenta de que su vestido y su cara estaban tan llenas de polvo como sus manos.

El señor Darcy salió a dar un paseo por el barrio para ver si podía conocer a alguien que pudiera darle más información sobre Olivia y su padre. Fue así como llegó a una pequeña calle que estaba casi al final de la avenida principal. Había una casa bastante grande y muy bonita que parecía tener una pequeña tienda en el costado. La casa era un poco distinta a las del barrio por lo que se acercó para verla mejor, en ese momento se dio cuenta que la pequeña tienda del costado era tienda de antigüedades. Su padre era un gran coleccionista de libros y objetos con historia y tal vez el dueño de esa tienda pudiera darle algo de información.

Entró a la tienda y quedó maravillado con todo lo que vio a su alrededor. No era un espacio grande pero estaba lleno de historia y de objetos probablemente de mucho valor. De repente, sintió que cayó algo piso y al darse vuelta vio a una mujer sucia que sacaba de un baúl lo que parecía ser un candelabro de plata. "Deja eso inmediatamente allí o llamaré al magistrado, pequeña ladrona."

Elizabeth se volvió y vio a un hombre alto y extremadamente bien vestido amenazando e insultándola. "Llame a quien usted estime conveniente caballero, pero déjeme en paz, por favor." Elizabeth le dio la espalda al señor un poco avergonzada por su apariencia. El hombre no sólo era joven sino también bastante guapo aunque evidentemente con muy malos modales.

"¿Cómo te atreves a contestarme de esa manera, mujer? ¿No sabes quien soy yo?" preguntó el señor Darcy a esa mujer tan insolente que le había respondido de esa manera tan audaz. A él las mujeres ricas y hermosas siempre le hablaban cordialmente, y esa criatura insignificante y bastante corriente se atrevía a hablarle de esa forma.

Elizabeth se volteó bastante exasperada y le dijo. "La verdad es que no tengo idea quien es usted, ya que antes de presentarse y escuchar quien soy comenzó a acusarme." Elizabeth dijo desafiante.

"Yo soy Fitz… William Thompson y vivo cerca de aquí. Ahora que sabe quien soy, iré a llamar al magistrado porque este es un barrio decente y…"

Archibald que había escuchado parte de la conversación fue a la parte delantera de la tienda e intervino. "Señor, gracias por cuidar la integridad de mi negocio, pero la señorita es mi sobrina y está ayudándome. Yo soy Archibald Stone y ella es mi sobrina Elizabeth Bennet. Escuché que usted es el sobrino de George, él y yo fuimos amigos por mucho tiempo."

"Tío, creo que es mejor que yo me retire," dijo Elizabeth que sólo deseaba lavarse y lucir decentemente.

El señor Darcy se olvidó por completo del incidente con Elizabeth al escuchar que el anticuario había sido amigo de su padre. "Encantado de conocerlo, señor. Siento mucho el incidente con su sobrina, me sentí un poco confundido al ver a una señorita como ella con un artículo de tanto valor."

Archibald prefirió no decir nada, pero el sobrino de su amigo no sólo tenía pésimos modales sino que no sabía medir sus palabras. "Bueno, eso ya pasó. Los baúles que contienen antigüedades suelen venir llenos de polvo."

Elizabeth estaba limpiándose las manos y aún podía escuchar lo que decían los hombres y casi sintió deseos de volver a poner a ese tipo arrogante en su lugar, cuando escuchó que dijo con cierta sorna "una mujer como ella." Su madre siempre la había comparado con Jane y por eso su autoestima era muy frágil. Entró a la casa por la puerta lateral y subió a su cuarto en donde se miró por varios minutos al espejo. "No se porque le doy tanta importancia a un hombre pomposo y engreído si afortunadamente no volveré a verlo nunca más en mi vida."

Tía Agatha le informó que su tío Archibald había invitado a sus amigos de la sociedad literaria a cenar y eso animó mucho a Elizabeth y la hizo olvidar por completo el incidente con aquel hombre.

Elizabeth tomó un baño y se puso su mejor vestido. Además le pidió a Molly que le hiciera un bonito peinado, esa velada quería verse bonita y elegante para halagar su autoestima. Elizabeth no sabía que su tío se había quedado una hora conversando con William y lo había invitado a cenar para contestar todas las preguntas del joven y curioso sobrino de su amigo.

Elizabeth había ayudado a su tía Agatha a sentarse en la silla principal del salón para que desde allí pudiera dar la bienvenida a sus invitados. "Lizzie, prométeme que vas a cantar, tú sabes lo mucho que me gusta tu voz," dijo Agatha.

"Si insistes, no me queda otra que darte en el gusto mi querida tía," dijo Elizabeth.

Los señores y sus esposas habían llegado y estaban conversando animadamente en el salón cuando el señor Darcy era recibido en la puerta por el mayordomo. El detestaba llegar tarde, pero no tenía ropa formal porque no esperaba que nadie lo invitara a cenar por lo que tuvo que ir a la casa Darcy que estaba a más de una hora de allí y hacer todo lo más discreto posible para evitar comentarios entre los sirvientes.

El mayordomo lo guío hasta el salón principal en donde varias parejas por sobre los cincuenta años conversaban. Pero en medio de todas esas personas mayores había una joven con una hermosa sonrisa y con los ojos más hermosos que jamás había visto. Ella reía tan alegremente que su hermosa sonrisa era contagiosa.

Su anfitrión al verlo entrar se dirigió hasta donde estaba y lo invitó a pasar. "William, primero que todo déjame presentarte a mi esposa la señora Stone, bueno y a mi sobrina que ya conoces, la señorita Elizabeth Bennet."

El señor Darcy se puso un poco nervioso ante la presencia de la atractiva joven pero cuando vio que su sonrisa se desvanecía al verlo, se dio cuenta quien era esa señorita y no pudo evitar sentirse incómodo.

P&P

Queridos lectores de habla hispana: Sé que tengo una deuda pendiente con ustedes porque no he podido dedicarme a escribir "El Desvío." Lamentablemente he estado muy ocupada en los últimos meses y no he tenido tiempo de retomarla. Es una historia con hartos giros y por eso debo pensar bien en los diálogos para que se comprenda lo que quiero expresar. Tengo un trabajo bastante exigente de tiempo completo y sólo puedo escribir en la noche por una o dos horas como máximo.

En fin, a modo de pedirles disculpas, he decidido compartir esta historia que escribí en español hace una año atrás y que es una de mis favoritas. No he tenido tiempo de editarla por lo que les pido mil disculpas si tiene muchos errores. La historia estará disponible hasta fines de marzo para que la lean con calma.

Saludos,

Yo