Capítulo 3
"Déjame presentarte al resto de mis amigos, bueno ya conoces a mi amigo el doctor," dijo Archibald. Entre el grupo estaba el doctor James a quien había conocido unos días atrás y le había entregado las cartas de la supuesta esposa de su padre. Entre esos hombres al menos había dos personas que conocían a su padre y que podrían contestar a sus preguntas.
Pero aún se sentía un poco incómodo con la sobrina del señor Stone porque ella seguía observándolo atentamente. Él estaba acostumbrado al acoso femenino y lo que menos deseaba esa noche era a una mujer, que además era bastante insignificante, intentando atraer su atención. Él deseaba dedicarse por completo a conversar con el anticuario y el doctor. Por eso después de saludar a todos los asistentes cordial pero distantemente decidió hacer lo que correspondía y excusarse con la sobrina de su anfitrión. De esa forma podría olvidarse de ese asunto de una vez por todas y dejarle claro a esa mujer que él no tenía interés de pasar ni un sólo minuto a su lado.
"Señorita…" dijo el señor Darcy haciendo una pequeña reverencia.
"Bennet," completó Elizabeth. Ella no estaba para nada contenta con que ese hombre tan arrogante se acercara a ella pero no podía hacer nada al respecto. Ella estaba sentada al lado de su tía Agatha pendiente de lo que podría necesitar ya que prácticamente no podía caminar debido al problema en su pierna.
"Señorita Bennet, quiero pedirle disculpas por la forma en que le hablé unas horas atrás. Cuando entré a la tienda de su tío pensé que era una ladrona porque no parecía una dama por la forma en como estaba vestida." El señor Darcy estaba conforme con su disculpa y pensaba que de esa forma no tendría que lidiar más con esa mujer.
Elizabeth no podía creer lo que acababa de escuchar. Quien se creía ese hombre que era para hablarle de esa forma tan descortés y desdeñosa y no esperó ni un segundo para replicarle lo que se merecía. "Gracias señor por su sincera disculpa," dijo Elizabeth con sarcasmo en la voz, "pero lo entiendo perfectamente porque muchas veces las apariencias engañan. Por ejemplo, a mí me ha tocado conocer a algunos hombres que aunque llevan ropa de caballero no actúan como tal," dijo Elizabeth mientras miraba desafiantemente al señor Darcy.
A él no le gustó para nada la forma en que esa mujer insolente le contestó pero se dio cuenta de que no valía la pena seguir perdiendo el tiempo con ella y prefirió no decir nada aunque ganas no le faltaron de ponerla en su lugar.
"Gracias por venir, señor Thompson. Espero que usted pase una velada agradable en nuestra casa." Agatha notó que el hombre miraba desafiantemente a Elizabeth y quería prevenir que la conversación siguiera subiendo de tono. Ella entendió la razón por la cual Elizabeth estaba tan enojada pero creyó intuir que aquel hombre aparentemente engreído era más bien torpe expresándose.
"Muchas gracias señora Stone por recibirme en su casa. Si me disculpan, iré a hablar con los caballeros" dijo el señor Darcy y se dirigió donde estaban Archibald y los otros caballeros conversando animadamente. No valía la pena seguir perdiendo su tiempo con esa señorita tan impertinente y de pésimos modales.
En un principio, el señor Darcy pensó que la noche sería bastante tediosa porque el pensaba que los comerciantes sólo hablaban de dinero y que tenían poca idea de otros temas que no se relacionaran con sus negocios. Pero grande fue su sorpresa al ver como hablaban animadamente de historia y política. De hecho la conversación que sostenían era sobre el comercio con las colonias y cómo había variado en los últimos años debido a los cambios geopolíticos tanto en Europa como en las Indias Occidentales.
En el grupo de hombres además del doctor James estaba el señor Shaw, dueño de una empresa de importación y exportación de granos y el señor Wright que era dueño junto con otros tres socios de un pequeño banco que prestaba dinero principalmente a nuevos emprendedores y pequeños comerciantes.
"Disculpa William, pero cuando mis amigos y yo nos enfrascamos en conversaciones podemos pasar horas hablando sin darnos cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor. Todos nosotros estamos leyendo el nuevo libro del profesor Price sobre cómo ha influido la guerra en el comercio y nos juntamos cada semana para discutir cada capítulo," explicó Archibald animadamente.
"No se preocupen por mí, la conversación estaba tan interesante que disfruté mucho escuchándolos," dijo el señor Darcy sinceramente.
"No me sorprende para nada porque si eres sobrino de Thompson debes estar acostumbrado a escuchar horas de animado debate," agregó el señor Shaw.
"¿Usted también conoció a George Da… Thompson?" preguntó el señor Darcy intrigado.
Los hombres rieron y el señor Wright explicó, "Claro que sí, él junto con Stone fueron los que tuvieron la idea de tener estas reuniones literarias hace ya más de quince años," explicó el señor Wright.
El señor Darcy se enteró de que su padre cada vez que estaba en esa parte de la ciudad se juntaba con esos hombres a hablar de historia, política, literatura y un sin fin más de temas. Además se enteró que era un hombre alegre, lleno de vida al que todos querían y respetaban. Finalmente le contaron que su viuda había sufrido mucho cuando él falleció porque no había tenido la oportunidad de estar con él en sus últimos momentos.
"George y Olivia no tuvieron hijos, me imagino que tú eres su heredero," dijo el señor Shaw.
"Sí, yo soy su heredero," respondió el señor Darcy aún confundido por todo lo que había escuchado. "Disculpen, pero yo no conocí a la esposa de George Thompson y tengo curiosidad por saber algo más de ella y si tiene familia a quienes debo contactar antes de disponer de la casa," preguntó el señor Darcy.
"Ellos eran personas bastante reservadas en cuanto a su vidas privadas y no tenían familia por lo que pudimos apreciar en todos los años que los conocimos. Al parecer ambos eran del norte del país y se enamoraron muchos años atrás pero hubo cierta oposición de las familias para que se casaran. Estuvieron unos años separados y cuando Olivia enviudó de su primer marido, George la buscó y no volvieron a separarse. Ella era una mujer muy amable y alegre, George siempre decía que era la luz que iluminaba su vida. Como pudiste darte cuenta llevaban una vida bastante sencilla pero a ninguno de los dos parecía faltarles nada porque estando juntos lo tenían todo," explicó Archibald.
El señor Darcy en situación normal era un hombre reservado pero después de haberse enterado de todo esto estaba aún más callado de lo que solía ser. Sentía una pena inmensa de saber que su padre había reservado toda su alegría para otros y que para su familia había sido un hombre frío y distante. A él siempre le había exigido al máximo para que se transformara en digno heredero de los Darcy y a Georgiana prácticamente la había abandonado al cuidado de empleados. Si no fuera por su tía la condesa, Georgiana hubiera pasado gran parte de su vida sola rodeada de sirvientes.
Durante la cena la conversación estuvo muy animada y gracias a eso él logró olvidarse un poco de todo lo que le afligía. Al menos los amigos de su padre eran personas amables y ninguno de ellos lo había interrogado por qué él no deseaba seguir mintiendo pero tampoco podía revelar la verdad y de esa forma poner en riesgo la reputación de su familia.
"Lizzie, qué te pareció la exposición de bocetos que te sugerí," preguntó la señora Shaw.
"Hermosa, muchas gracias por recomendármela. Fui con mi tía Gardiner y mis primos y a ellos también les fascinó," respondió Elizabeth muy animada.
"¿Se refiere a la exposición de bocetos sobre aves exóticas?" preguntó el señor Darcy impulsivamente. Él había visitado esa exposición tres semanas atrás y le había encantado.
"Sí, señor" respondió Elizabeth cortantemente y siguió hablando con la señora Shaw. "Es increíble la cantidad de aves y animales que no conocemos ni jamás veremos. A veces uno piensa que el mundo es tan pequeño cuando uno mira a su alrededor olvidándose que es tan poco lo que realmente podemos ver y llegamos a conocer," explicó Elizabeth.
"Por eso te la sugerí, Lizzie. Aunque nos conocemos hace poco tiempo puedo ver que tienes una mente inquieta y que te fascina aprender cosas nuevas," dijo la señora Shaw contenta al ver a su joven amiga tan animada y alegre.
El señor Darcy no pudo evitar prestar atención a la conversación de Elizabeth. Ella parecía tan animada hablando de todo lo que había visto en el museo mientras sonreía amablemente y escuchaba a otros. Una vez más se percató de lo hermosos que eran sus ojos tan llenos de luz y alegría y por primera vez se preguntó qué hacía una mujer joven como ella rodeada de personas mayores. Además notó que prácticamente lo ignoraba y él no entendía por qué. Las mujeres siempre buscaban llamar su atención pero esta señorita parecía que buscaba todo lo contrario.
Después de la cena el señor Stone invitó a todos los hombres a su estudio para beber un brandy y fumar unos cigarros. El señor Darcy quedó sorprendido al ver la espléndida colección de libros y la decoración de la oficina. Todos los objetos en ella parecían tener su propia historia.
Después de media hora, Archibald invitó a los hombres a unirse a las mujeres que bebían té en el salón principal de la casa. Cuando entraron allí, Elizabeth cantaba una hermosa canción mientras todos la escuchaban atentamente. El señor Darcy se quedó de pie casi a la entrada del salón desde donde observaba atentamente a Elizabeth cantar. Sin duda alguna tenía una voz muy melodiosa y envolvente y era un verdadero placer para sus oídos.
Finalmente la velada llegó a su fin y él retornó a la casa de los Thompson lleno de dudas, preguntas y con una tristeza muy grande en su corazón.
P&P
Jane estaba muy angustiada porque su querida hermana había tenido que irse de Longbourn para tener un poco de paz. El último mes que estuvo en casa su madre se había portado muy mal con ella no dejándola salir ni permitiendo que nadie la visitara. Pese a que Jane había intentado que su madre dejara a Elizabeth en paz, desgraciadamente no había logrado nada y lo único que pudo hacer para aliviar las molestias se su hermana, fue acompañarla todo lo que pudo y mantenerla entretenida y distraída.
Pero Jane no sólo estaba molesta con su madre sino que también con su padre que había permitido que la señora Bennet se comportara de esa forma con Elizabeth. Muchas veces cuando cosas como esa ocurrían en su casa ella hubiera deseado ser como Elizabeth y tener la fuerza suficiente para oponerse y desafiar a sus padres. Pero ella era una mujer tímida que sentía miedo de verse envuelta en conflictos y por eso siempre trataba de tomar una postura conciliadora para evitar discusiones.
"Yo no sé qué hice para merecer todo esto," decía la señora Bennet mientras paseaba incesantemente por el salón principal de la casa agitando su pañuelo. El día estaba particularmente frío y la noche anterior había caído aguanieve por lo que los caminos estaban intransitables y nadie podía salir de casa.
"No hiciste nada, querida. Este tiempo horrible es producto del invierno, no de tus acciones," dijo el señor Bennet sonriendo mientras leía la carta que le había enviado Elizabeth.
"Señor Bennet, sabe muy bien a lo que me refiero y no sé cómo puede burlarse de mí sabiendo que esa horrible Charlotte Lucas será la dueña de esta casa cuando usted se muera y yo y mis hijas tendremos que vivir en la más absoluta miseria y todo por culpa de Lizzie y de usted que apoya a esa chica irresponsable en todas sus locuras," dijo la señora Bennet acusatoriamente.
"Mamá, estoy aburrida. Mary, toca el piano y así Kitty y yo podremos bailar," exigió Lydia.
"Lo siento, Lydia, pero no tengo ganas de tocar el piano. Por lo menos no melodías que no sean apropiadas para esta hora del día," dijo Mary sin levantar su cabeza de su libro de sermones.
"Mamá, Mary no quiere tocar el piano y yo estoy aburrida," dijo Lydia acusatoriamente.
"Mary," gritó la señora Bennet. "No seas tan egoísta con tus hermanas y toca el piano," ordenó la señora Bennet a su hija.
Mary intentó oponerse pero la señora Bennet la regañó fuertemente y no le quedó otra que obedecer a su madre aunque no sin quejarse. "Está bien, aunque ustedes saben muy bien que no siento placer tocando melodías tan simples."
El señor Bennet antes de que Mary comenzará a tocar el piano se retiró del salón y se fue a encerrar a su oficina para no tener que escuchar la bulla que producían sus hijas. Lydia y Kitty comenzaron a bailar y Lydia hizo una serie de comentarios altamente inapropiados para una chica de tan sólo catorce años. "Ahora que puedo asistir a todas las asambleas que quiera estoy segura que todos los hombres de la comarca se enamorarán de mí."
"Por supuesto que sí, mi niña querida," replicó la señora Bennet mientras reía con las ocurrencias de su hija menor.
Jane miró a Mary y pudo ver lo incómoda que estaba. Lydia cada día se comportaba peor y su madre no la corregía sino más bien la alentaba a comportarse de esa manera tan vulgar. Jane deseaba poder decir algo para apoyar a Mary y corregir a Lydia, pero como siempre bajó la cabeza y siguió bordando porque ella siempre iba a preferir evitar los conflictos a enfrascarse en peleas.
P&P
Habían pasado dos días desde que el señor Darcy había retornado a su lujosa mansión. Obtuvo toda la información que necesitaba y creía que no tenía mayor sentido seguir haciéndose pasar por William Thompson porque aunque pasara años en esa casa, jamás podría entender por qué su padre había hecho lo que hizo.
Esa noche había aceptado acompañar a su buen amigo Charles Bingley a un baile en casa de uno de sus muchos amigos. Él estaba sólo en la ciudad porque sus hermanas estaban visitando a la familia del prometido de la señorita Bingley y la señorita Caroline la acompañó como su chaperona.
El salón de baile estaba hermosamente decorado y había muchas personas de los primeros círculos y de familias adineradas. Y como siempre sucedía, en el momento en que el señor Bingley y él entraron en el salón de baile un montón de coquetas miradas femeninas comenzaron a observarlo.
Como era de esperarse, su amigo siempre tan sociable comenzó a hablar con unos caballeros y cuando la música comenzó a sonar estaba en la pista de baile listo para danzar con la señorita más hermosa del salón.
Él prefirió no bailar porque los asistentes eran sólo conocidos bastante lejanos y él no se sentía confortable bailando con señoritas de las que sabía poco y nada. Además, como regla general, él evitaba bailar siempre que podía. Él observó como su amigo conversaba animadamente con la señorita con la que bailaba, una rubia bastante atractiva tal como le gustaban las mujeres Bingley. Pero su relativa paz fue interrumpida por un viejo conocido de su tío.
"Darcy, qué gusto verte ¿cómo has estado? Bueno, no sé si recuerdas a mi hija, se conocieron hace ya bastante tiempo atrás. "Claire, querida este es el señor Darcy," dijo el señor Turner con la esperanza de propiciar un acercamiento entre su hija y el joven e inmensamente rico Fitzwilliam Darcy.
"Señor Turner, señorita Turner, encantados de verlos nuevamente," dijo el señor Darcy un poco enojado con la situación, pero no le quedó otra que conversar con esas personas. El señor Turner fue bastante insistente y él para no ser grosero invitó a la señorita Turner a bailar y ella aceptó inmediatamente.
Durante la casi media hora de baile, la dama le habló incesantemente y él se limitó a responderle de la forma más breve y adecuada posible. Una vez que terminó el baile, ella y su padre permanecieron a su lado pese a que él con su actitud les hacía saber que deseaba estar solo.
"Señor Darcy, usted baila muy bien," le dijo la señorita Turner mientras lo miraba coquetamente.
"Gracias," respondió el señor Darcy casi sin mirarla.
"¿Permanecerá mucho tiempo en la ciudad o volverá a su hacienda en el norte. He oído que es muy grande y hermosa." La señorita Turner volvió a la carga porque no estaba dispuesta a dejar pasar esa oportunidad.
"No lo sé aún, señorita Turner," respondió el señor Darcy. La insistencia de esa señorita le hizo recordar a la señorita Bennet que lo había tratado de una forma tan grosera y distante y decidió hacerle una pregunta para poder contrastar a ambas mujeres. "Señorita Turner, ¿ha visitado la exposición de bosquejos? Hay diseños de aves muy distintas a las que vemos en nuestros paisajes." El señor Darcy comenzó a hablar de la exposición con gran entusiasmo pero notó que la señorita Turner intentaba fingir que estaba interesada sin mucho éxito.
La señorita Turner pensó que iba a morir de aburrimiento por lo que inmediatamente aceptó cuando un caballero la invitó a bailar. Todo era mejor que escuchar la descripción de aves de quien sabe que lugar. Sin duda alguna el señor Darcy era rico y muy guapo pero después de escucharlo por casi veinte minutos hablando de aves entendió porque seguía soltero.
Por su parte, el señor Darcy tuvo que contener las ganas de reír al ver como la señorita Turner se excusaba y prácticamente huía de su lado. Sin duda alguna usaría un recurso similar si volviera a necesitarlo el resto e la noche.
Después de cenar y antes del baile final su amigo se le acercó y le dijo un poco desilusionado. "Darcy, me imagino que ya te quieres ir."
"No te voy a mentir, sí ya tengo ganas de irme pero puedo esperar un set más por si deseas bailar con alguna otra señorita," explicó el señor Darcy.
"No hay nadie aquí que me interese, Darcy," dijo el señor Bingley resignado.
"No has conocido a ningún ángel esta noche?" preguntó el señor Darcy sonriendo.
"No, Darcy. Hay muchas mujeres bonitas pero ninguna puede ser llamada un ángel. Un verdadero ángel no es sólo una mujer hermosa sino también gentil y delicada. No Darcy, aún no he tenido la suerte de conocer a mi ángel, y aunque alguna vez te he dicho que creí estar enamorado, hoy estoy más seguro que nunca que jamás me he enamorado, y creo que tú tampoco," agregó el señor Bingley riendo para hacer que la conversación no fuera tan seria.
"En eso estamos de acuerdo, Bingley. Pero la diferencia es que yo no aspiro a enamorarme. Siempre he creído y ahora más que nunca que las personas en nombre del amor hacen cosas muy estúpidas," dijo el señor Darcy reflexivamente.
"Cómo me voy a reír de ti el día que te vea sufriendo por amor," replicó el señor Bingley muerto de la risa.
"Creo que es mejor que nos vayamos," contestó el señor Darcy fingiendo seriedad. Ambos amigos abandonaron el baile de cierta forma decepcionados pero por motivos muy diferentes.
P&P
El señor Darcy tenía que escribir un montón de cartas y analizar unos mapas para poder resolver las diferencias entre dos de sus inquilinos. Por el momento era imposible viajar al norte porque gran parte de los caminos estaban intransitables en esa época del año. Además había hecho mucho frío en esos últimos días por lo que no le molestaba pasar encerrado estudiando y escribiendo instrucciones para el capataz de su hacienda.
La casa Darcy era una hermosa mansión ubicada en uno de los barrios más exclusivos de Londres que tenía todas las comodidades posibles y una cuerpo de sirvientes entrenados para hacer que nunca le faltara nada. Pero sin embargo, él se había ido a la casa de los Thompson y desde la pequeña habitación del segundo piso mientras escribía, estudiaba y analizaba diversos documentos miraba hacia la avenida donde la actividad parecía nunca detenerse, no sabía por qué, pero en ese lugar se sentía menos solo.
A Elizabeth le gustaba mucho caminar por la avenida llena de tiendas y por la que pasaban muchos carruajes. Ella se había criado en una hacienda y todo ese mundo era nuevo para ella, y como la persona curiosa que era, siempre salía a recorrer las calles y se había hecho amiga de más de uno de los comerciantes, que cuando sabían era sobrina del viejo Archibald, la acogieron como si hubiera vivido toda la vida allí.
Esa mañana fue a visitar a su amiga Madame Bernard, una modista que junto con su esposo llevaban casi cinco años viviendo en Londres. Elizabeth la ayudaba a escribir las cartas a sus cada vez más clientes porque ella aún no dominaba bien la lengua. A cambio, Sylvie le enseñaba un poco de francés.
Como el día estaba bastante frío, cuando salió de la tienda decidió volver a casa. Su amiga le había enseñado algunas oraciones que no deseaba olvidar y por eso las iba repitiendo una y otra vez para fijarlas en su memoria. "J'aime la nature mais je n'aime pas monter à cheval." Justo en ese momento vio que había una carreta estacionada fuera de una tienda y que un caballo la miraba fijamente y no pudo evitar reírse. Se acercó al animal y le dijo sonriendo, "nada personal amigo mío, es más te encuentro adorable." Elizabeth siguió caminando repitiendo lo que había aprendido.
El señor Darcy de repente vio a la sobrina del anticuario salir de la tienda de la modista. Mientras caminaba parecía muy concentrada en algo, como si estuviera hablando sola. Después comenzó a reír de la nada y la vio acercarse a un caballo, para finalmente seguir hablando sola. "Qué mujer más extraña es esta señorita Bennet."
El doctor James llegó una hora más tarde a la casa para invitarlo a una asamblea en la que se juntarían los vecinos a bailar, jugar a las cartas pero sobre todo a compartir. Le contó que George siempre que estaba en Londres asistía con Olivia y bailaban prácticamente toda la noche. El señor Darcy le dijo que no estaba seguro si podría ir pero le agradeció la invitación.
Después de pensarlo detenidamente decidió ir porque tal vez podría enterarse de algún detalle más sobre su padre y porque estaba curioso de saber cómo eran esas asambleas que su padre parecía tanto disfrutar ya que él nunca lo había visto bailar.
Cuando entró al salón de baile le llamó la atención lo modesto del lugar. Aunque estaba decorado para la ocasión no podía compararse con los salones de baile que solía frecuentar. El doctor James se acercó para darle la bienvenida y en pocos minutos estaba conversando amenamente con él, Archibald y otro caballero que recién le habían presentado, un señor de apellido Gardiner que vivía cerca de Cheapside y que era experto tanto en temas de inversiones comerciales como en literatura.
"William, Gardiner se leyó todas las novelas que pudo con tal de conquistar a mi sobrina," explicó Archibald. "Mi hermano era dueño de una librería y su hijo es actualmente el dueño de tres de las librerías más importantes de Londres. Entonces mi sobrina Maddie desde niña siempre fue una excelente lectora."
"Por mi esposa sería capaz de leer hasta novelas góticas," dijo el señor Gardiner haciendo que todos los hombres rieran.
De repente una voz femenina intervino y dijo, "Tío, no me des ideas que ahora estoy tentada a decirle a mi tía que te pida que leas historias de romances llenos de tragedia," dijo Elizabeth mientras el señor Gardiner le acariciaba la mejilla y sonreía.
El señor Darcy quedó muy impresionado por lo bonita que se veía la señorita Bennet. Parecía que cada vez que se la encontraba, ella se esforzaba por verse más bonita que la vez anterior.
"Es usted ávida lectora de novelas románticas, señorita Bennet," preguntó el señor Darcy intrigado.
"Soy ávida lectora en general, señor Thompson. Si una novela de romance me parece entretenida la leo sin problemas ni culpa," contestó Elizabeth desafiante. "¿Y usted, lee novelas románticas?"
El señor Darcy no pudo evitar sonreír ante tan impertinente pregunta, "No, ni creo que jamás leeré una."
"¿Por qué?" preguntó Elizabeth.
"Porque no es un género literario que me parece interesante," respondió el señor Darcy muy entretenido con esa conversación tan curiosa.
"¿Y cómo puede saber si es interesante o no si jamás ha leído una obra de ese género?" desafió Elizabeth.
"De la misma forma en que sé que si meto mi mano al fuego me puedo quemar, pese a que jamás lo he hecho. Por inferencia y observación, señorita Bennet," contestó el señor Darcy triunfalmente.
"Usted siempre hace analogías falaces o sólo lo hace cuando se queda sin respuestas," preguntó Elizabeth. Ella no iba a dejar que ese hombre la dejara como una tonta una vez más.
El señor Darcy se tuvo que morder la lengua para no reírse. ¿De dónde había salido esa criatura tan extraña? A veces parecía una señorita de los primeros círculos con su porte y manera de expresarse, y al siguiente una ninfa salvaje dispuesta a sacarlo de quicio.
"Para que algo sea una falacia debe ser necesariamente falso, y en este caso es imposible determinar si lo que digo no es cierto porque involucra el gusto personal, que por naturaleza es único y distinto en cada individuo," dijo el señor Darcy conciliatoriamente.
Elizabeth entendió que ese hombre no deseaba seguir discutiendo y sólo le respondió con una tenue y casi forzada sonrisa.
Afortunadamente un señor la sacó a bailar y ella aceptó felizmente. Pero mientras bailaba se daba cuenta que el señor Thompson no le quitaba la mirada de encima. Eso la hizo sentir muy nerviosa e insegura porque estaba cierta de que él estaba buscando algo en su apariencia para poder criticarla más tarde.
Por su parte, el señor Darcy estaba como embrujado y no podía dejar de mirar a esa hermosa mujer de ojos verde turquesa. Él la había escuchado como conversaba y reía y todo lo que salía de su boca eran palabras melodiosas que mantenían cautivados a todos quienes la oían. Él tenía ganas de poder seguir conversando con ella o al menos de escucharla hablar y decidió pedirle que bailara con él. Al día siguiente tenía planeado irse de ese lugar y pedirle a su procurador que vendiera la casa y no regresar nunca más allí. Ese baile sería como la despedida final de ese mundo en el que aparentemente su padre encontró todo lo que jamás tuvo con su familia.
Elizabeth estaba sirviéndose un poco de ponche para refrescarse cuando el señor Thompson se acercó a ella. "Señorita Bennet, me haría el honor de bailar conmigo la siguiente serie?"
Elizabeth no sabía a qué estaba jugando ese hombre y no estaba dispuesta a caer en su trampa. "Lo siento señor Thompson, pero no deseo bailar más esta noche porque estoy un poco cansada." Elizabeth hizo una pequeña reverencia y se dirigió donde estaban los Gardiner y los Stone.
El señor Darcy casi no podía creer lo que había pasado, esa mujer insignificante, hija de comerciantes, lo había rechazado. Seguramente si ella hubiera sabido que él era Fitzwilliam Darcy, señor de Pemberley jamás se hubiera atrevido a decirle que no. "Eso me pasa por rebajarme de esta manera," pensó el señor Darcy enfurecido mientras miraba como Elizabeth conversaba y sonreía a su familia.
P&P
Gracias a todos los que siguen la historia y dejan comentarios. Me alegra saber que las personas de habla hispana están dispuestas a leer en nuestra lengua.
En el próximo capítulo nuestra pareja favorita comenzará a conocerse mejor después de un accidentado comienzo.
Saludos,
Yo
