Capítulo 4

Aún faltaba una hora por lo menos para que la asamblea finalmente terminara. Como ella había rechazado al señor Thompson no podía bailar con nadie más esa noche, por lo que decidió sentarse a mirar cómo las parejas bailaban. Tía Agatha parecía muy entretenida conversando con dos viejas amigas y ella prefirió no ir a interrumpir y dejarlas conversar en paz. Sus tíos Gardiner estaban bailando y tío Archibald conversaba animadamente con un señor que le habían presentado esa noche y que deseaba comprarle algunos objetos de valor. Desgraciadamente, ella había notado que el señor Thompson la observaba atentamente y eso hacía que sintiera una mezcla de enojo y nerviosismo a la vez. ¿Qué se proponía ese hombre? Porque si deseaba sacarla de quicio estaba a punto de hacerlo nuevamente.

El señor Darcy aún no podía olvidar el mal rato que le hizo pasar la señorita Bennet. Ella había preferido permanecer sentada el resto de la noche a bailar con él. Si ella se había propuesto sacarlo de quicio, sin duda alguna lo había logrado y con creces. Pero él decidió que no se la haría tan fácil y por eso cuando vio que la persona que estaba sentada al lado de Elizabeth se puso de pie, inmediatamente se dirigió hasta donde ella estaba y se sentó a su lado. "¿No le gusta bailar señorita Bennet? ¿O es que baila dos series y se cansa?" preguntó el señor Darcy con sorna.

Elizabeth no lo podía creer, ese hombre era como una pesadilla que se había propuesto arruinarle la velada. "Me gusta mucho bailar y puedo bailar toda la noche si la compañía es agradable."

"¿Está insinuando que mi compañía no es agradable?" preguntó el señor Darcy furioso. Esa mujer insistía en tratarlo como si fuera una persona insignificante y más que nunca deseaba poder decir quien realmente era para que ella inmediatamente se arrepintiera de tratarlo de esa forma tan desdeñosa.

"Si usted estuviera seguro de que su compañía es agradable, no dudaría de su encanto y menos por lo que dice una 'mujer como yo'," replicó Elizabeth sin mirarlo.

"Ahora entiendo, aún está enojada por el incidente en la tienda de su tío. Recuerdo perfectamente haberle pedido disculpas, por lo que ya debería haberse olvidado de eso." El señor Darcy pensaba que esa señorita además de terca era bastante rencorosa y se preguntaba por qué perdía el tiempo hablando con ella.

"Señor Thompson, aún no sé qué es más ofensivo, si sus insultos o sus disculpas," replicó Elizabeth fingiendo interés en las parejas que bailaban alrededor del salón y evitando mirarlo directamente. En el fondo ella reconocía que se estaba divirtiendo poniendo en su lugar a ese hombre.

"Fíjese que yo también me siento en una encrucijada permanente, señorita Bennet, porque aún no sé que es más irritante si su tozudez o su impertinencia," dijo el señor Darcy enfáticamente.

Elizabeth no pudo creer lo absurda de la conversación. Ella había rechazado bailar con ese hombre, y él se había sentado a su lado para discutir y pelear con ella, y además se atrevía a decirle que era impertinente, cuando de la boca de él sólo brotaban impertinencias. Pero al darse cuenta de lo ridícula de la conversación no pudo evitar reír. En un principio su risa era controlada, pero al ver que el hombre había llegado a una conclusión similar a la de ella y que también se estaba riendo, la risa controlada dio paso a una risa abierta y espontánea tan contagiosa que el señor Darcy tampoco podía parar de reír.

Después de reír por más de cinco minutos y llamar la atención de todos los que estaban alrededor de ellos ambos lograron controlarse un poco y el señor Darcy decidió comenzar la conversación nuevamente. "Si mis primeras disculpas no sonaron a disculpas, permítame nuevamente decirle que siento mucho haberle hablado de la manera que lo hice aquel día en la tienda."

"Está bien, supongo que tampoco fue para tanto. ¿Qué le parece si comenzamos de cero como si nunca nos hubiéramos conocido?" dijo Elizabeth con una sonrisa. "Mi nombre es Elizabeth Bennet, mucho gusto señor."

El señor Darcy miró al suelo por unos segundos y replicó, "Encantado señorita, yo soy William Thompson." Por alguna razón se sintió como un canalla por no decir su nombre verdadero pero lamentablemente no podía hacerlo.

Para pasar el momento incómodo fue en busca de un vaso de ponche y trajo otro para Elizabeth. Mientras los demás bailaban ellos conversaban y Elizabeth le contó que su tío Archibald era en realidad el tío de la esposa de su tío y que ella estaba pasando una temporada con ellos mientras tía Agatha se recuperaba de un accidente. Por supuesto, no le contó las razones por las que había huido de su casa.

"¿Y su padre, qué tipo de negocio tiene?" preguntó el señor Darcy intrigado. Él había asumido que ella era hija de algún comerciante de la zona.

"Mi padre no es comerciante, él tiene una hacienda en Hertfordshire que ha estado en su familia por seis generaciones," aclaró Elizabeth.

"¿Entonces usted es la hija de un caballero terrateniente?" preguntó el señor Darcy bastante sorprendido.

"Sí, yo soy Elizabeth Bennet de Longbourn el lugar más bonito de toda Inglaterra," replicó Elizabeth.

Él sintió ganas de decirle que no había ningún lugar más lindo que Pemberley pero tuvo que guardarse su opinión. El saber que Elizabeth era hija de un caballero le había hecho relajarse. Él no podía negar que la señorita le gustaba, pero se había dado cuenta por todo lo que le contó, que probablemente su padre era un caballero de menor rango cuya esposa venía de una familia de comerciantes. Pese a todo eso, ella probablemente jamás se fijaría en un comerciante como él, de hecho en ese momento entendía por qué lo había ignorado tantas veces y por qué lo había rechazado para bailar, o al menos creyó eso por unos momentos.

"Señor Thompson, queda una serie más de baile. Si aún desea bailar…" dijo Elizabeth tentativamente.

"Gracias, sí, creo que quiero bailar," dijo el señor Darcy y fue a la pista de baile con ella.

Por lo general, él cuando bailaba casi no hablaba siempre por miedo a las miradas de las personas chismosas que podían echar a correr rumores que pudieran comprometer su reputación. Además, las mujeres con las que bailaba siempre hablaban de lo mismo, la moda y la vida de otras personas. Pero en ese lugar nadie lo conocía, por lo que no importaba si lo observaban o no. Además, la señorita Bennet tenía una forma tan peculiar de hablar que hasta los temas más triviales, ella los hacía entretenidos.

Cuando el baile terminó acompañó a los Stone hasta su carruaje y aceptó gustoso la invitación a tomar el té al día siguiente, olvidando que unas pocas horas antes pensaba irse de ese lugar y no volver nunca más.

Dos semanas después del baile, el señor Thompson era invitado habitual de los Stone porque participaba en el club literario de Archibald y disfrutaba de la grata conversación y compañía de Elizabeth Bennet.

P&P

"Qué bueno que los encuentro a todos reunidos porque tengo que darles una noticia muy importante…"

"Charles, espero que no sigas insistiendo que vayamos al baile de los Grant porque ya te dije que no iremos. Ese hombre tendrá mucho dinero pero sigue siendo un comerciante," replicó Caroline con desprecio.

"Yo no tengo problemas en acompañarte, cuñado, porque en esa casa se come casi tan bien como en Pemberley," complementó el señor Hurst. Él detestaba que su cuñada siempre hablara a nombre de él y su esposa.

"Por favor, Henry, cómo te atreves a comparar la casa de los Grant con Pemberley. Eso es prácticamente un sacrilegio…"

"¿Pueden dejar esta discusión para más rato? Lo que tengo que decirles no tiene nada que ver con el baile de los Grant. La verdad es que son noticias fantásticas, creo que ya encontré la hacienda perfecta."

"¿En Derbyshire?" preguntó Caroline inmediatamente.

"No, en Hertfordshire, bastante cerca de Londres. Se llama Netherfield y me ofrecen un alquiler por dos años a un precio bastante razonable. De esa forma podré aprender el trabajo de una finca y si nos gusta el área puedo comprarla y de esa forma cumplir con el sueño de mi padre. ¿No creen que son fantásticas noticias?" preguntó el señor Bingley emocionado.

Caroline y Louisa se miraron sin saber qué decir por varios segundos hasta que Louisa preguntó. ¿Y qué opina el señor Darcy de todo esto? Porque supongo que antes de tomar una decisión como esta lo habrás consultado con él."

"No, aún no he hablado con él pero pienso hacerlo pronto. Lo que pasa es que es imposible localizarlo, últimamente él está siempre ocupado," explicó el señor Bingley a su hermana.

A Caroline no le gustaba para nada que el señor Darcy no tuviera tiempo para ellos. De hecho, cuando ella supo que pasaría parte de la temporada en Londres, se había encargado de remodelar por completo su guardarropa y esperaba encontrarlo en más de algún baile o reunión social, y por qué no, invitarlo a casa a cenar y departir con ellos. Pero hasta ese momento, lo había visto tan sólo una vez, y de pasada.

"¿Y dónde está el señor Darcy? Porque todos sabemos que él es muy trabajador y siempre le gusta tener todo en orden. Pero asumo que eso lo puede hacer desde su magnífico estudio en Casa Darcy." Caroline quería obtener toda la información que pudiera. Pero no le preguntaba directamente al tonto de su hermano porque sabía que él, por lealtad a su amigo, no le contaría nada si se daba cuenta que ella estaba tratando de sacarle información.

"Caroline, Darcy es mi amigo no mi hijo como para que yo lo tenga que andar vigilando. El otro día fui a su casa y como me informaron que no estaba dejé una nota y aún no recibo respuesta," explicó el señor Bingley.

Como el señor Hurst se dio cuenta que Caroline seguiría interrogando a su hermano por horas si pudiera, decidió interrumpir la insípida conversación. "Charles, cuéntanos más sobre esa finca porque estoy interesado en saber donde se localiza exactamente y cómo es."

El señor Bingley inmediatamente cambió el tópico de la conversación y empezó a explicarle las características de la mansión y las tierras con gran entusiasmo.

El señor Hurst y Louisa lo escucharon con verdadero interés pero Caroline seguía pensando en el señor Darcy. Ella sabía que él era un hombre honorable con una moral muy superior a la mayoría de los hombres de su estatus social, pero tenía miedo que él estuviera sosteniendo un romance clandestino con alguna mujer o que tuviera alguna amante oculta. O peor aún, que estuviera cortejando a alguna mujer y en cualquier momento anunciara su compromiso.

P&P

"Martha, tienes que ayudarme en esto. Tú eres la persona perfecta para este trabajo. Una vez me case con Georgiana, recibiré treinta mil libras de su dote y prometo darte una generosa recompensa si me apoyas," suplicó Wickham a la amiga de su madre.

Martha Younge era una viuda que desde que perdió a su marido cuando era muy joven había trabajado como dama de compañía o institutriz para varias familias acomodadas. Ella tenía un poco más de cuarenta años y deseaba poder retirarse pero aún no había conseguido ahorrar todo lo necesario como para vivir confortablemente, por esa razón la oferta de Wickham de cierta forma era muy tentadora. Martha pensaba que el hijo de su amiga, desafortunadamente, era muy parecido a su madre y tenía muy poco de su padre. Agnes Wickham siempre había gastado más de lo que tenía, su gran sueño siempre había sido vivir en una gran mansión rodeada de sirvientes y sólo había logrado ser la esposa de un capataz. Pero le había hecho creer a su hijo que él era especial y que merecía todo lo mejor. Desafortunadamente, ella nunca le enseñó que todo se consigue con esfuerzo y George Wickham estaba convencido que su pobreza era producto de las injusticias de la vida y no de sus propias decisiones.

"¿Cómo estás tan seguro de que tu plan va a resultar, George?" preguntó Martha aún no muy convencida.

"Porque tengo una amiga que trabaja en Casa Darcy y ella me contó que escuchó a Darcy y Fitzwilliam conversando sobre lo conveniente que sería contratar una dama de compañía, así Georgiana podría tener un poco más de libertad. Tú tienes el perfil perfecto para ese trabajo, y yo te diré todo lo que tienes que hacer y decir cuando Darcy te entreviste para el trabajo," explicó Wickham.

"¿Y cuándo se supone que debo estar lista para este trabajo? Miss Robinson se casa a finales del próximo mes y yo debo acompañarla hasta ese momento. Además le tengo mucho cariño y no quiero dejarla hasta el día de su boda." Martha quería tener tiempo para pensar y no deseaba dar una respuesta sin considerar todas sus opciones antes.

"No te preocupes, los Darcy no te van a necesitar antes de la primavera. Recuerda que si me ayudas, el cinco por ciento de la dote de Georgiana será tuya." Wickham no pensaba darle más de doscientas libras a Martha, pero necesitaba convencerla.

"Sólo te ayudaré si me das el diez por ciento de la dote de la señorita Darcy. Yo no soy como tú, George, y sí tengo escrúpulos. Tengo muy claro que si consigues casarte con ella le arruinarás la vida. La única forma en la que puedo vivir en paz conmigo misma es sabiendo que al menos no tengo que trabajar por el resto de mi vida." Martha tenía una casa que le había heredado su esposo y algunos ahorros, con las tres mil libras que recibiría colocadas en algún fondo de inversión podría quedarse en casa y no tener que trabajar ni un día más de su vida.

"Esta bien, qué sea diez por ciento, entonces. Te avisaré cuando tienes que presentarte a la entrevista. Gracias por todo, Martha, te prometo que no te arrepentirás," dijo Wickham feliz consigo mismo. Por fin podría de alguna forma recuperar todo lo que Darcy le había prácticamente robado, porque él siempre supo que su padrino si hubiera podido, le habría legado a él su inmensa fortuna.

P&P

Esa velada, Elizabeth no estaba tan animada como en otras ocasiones. La tertulia literaria estaba tan interesante como siempre, tío Archibald tenía varias historias relacionadas con algunos artículos que estaba restaurando y que databan de la época de la conquista romana. El problema era que el señor Thompson había mandado una nota más temprano excusándose porque no podría asistir debido a imprevistos de último minuto.

Había transcurrido un poco más de un mes desde ese día en que bailaron y conversaron tan animadamente después de aquella absurda discusión. Cada vez que él visitaba la casa de tío Archibald, ellos hablaban por horas de distintos temas. Él sabía mucho y se notaba que era un gran lector, pero le intrigaba su forma de ser porque a veces parecía un hombre seguro y en control absoluto de todo, mientras en otras ocasiones parecía un hombre tímido temeroso de dejarse llevar por sus emociones. Ella no entendía bien qué era lo que sentía por él, pero casi todas las noches se dormía pensando en el enigmático señor Thompson.

Además, parecía que él estaba en todos lados porque cada vez que salía a caminar por la avenida principal, ya sea para visitar a su amiga Sylvie o para comprar algo en alguna tienda, casi siempre se encontraba con él y pasaban mucho rato conversando de cualquier cosa.

Pero Elizabeth no podía negar que además de todo lo que disfrutaba de la amistad del señor Thompson y su enigmática personalidad, ella se sentía igualmente atraída por su apariencia. Él era el hombre más guapo que había conocido, tenía una cara tan varonil con unos hermosos ojos azules oscuros. Pero además, era alto y estaba segura que su físico debía ser muy similar al de esas estatuas griegas que habían en los museos.

"Lizzie, puedes cantar para nosotros," pidió tía Agatha, interrumpiendo los pensamientos no tan apropiados de Elizabeth.

Ella se ruborizó un poco al imaginar que su tía había adivinado en lo estaba pensando y por eso la había interrumpido. "Claro que sí, tía. Preparé una nueva canción, espero que les guste," dijo Elizabeth y se fue al rincón donde estaba el piano para prepararse para cantar.

P&P

Sin duda alguna la señora Evans tenía una voz muy hermosa y tocaba el piano muy bien. Se notaba que había recibido una excelente educación y podía ser considerada una mujer consumada que había aprendido todo lo que una señorita de la alta sociedad debía saber. Pero él notó que su voz carecía de pasión y la ejecución al piano parecía más bien mecánica y sin ningún tipo de emoción en ella.

Él no deseaba estar allí en ese momento sino en la tertulia literaria de su amigo Archibald Stone. Allí los amigos buscaban compartir y no demostrar quién era mejor o quién tenía más. Sin contar que el libro que estaban leyendo y se juntaban a discutir era muy interesante.

Pero además extrañaba la compañía de la señorita Elizabeth Bennet. Ella era una mujer diferente a todas las que había conocido, al contrario que las señoritas de sociedad, ella daba su opinión decididamente y no tenía problemas en dejarle saber cuando pensaba diametralmente distinto a él. Era tan refrescante poder conversar con ella, escuchar sus impertinentes opiniones y la manera juguetona en cómo se burlaba de él cuando hacía comentarios que ella estimaba incorrectos.

Pero él no podía negar que no estaba interesado sólo en su personalidad sino también en algo más. Elizabeth Bennet era una mujer muy bonita, con un rostro precioso decorado por los ojos verde oscuros más lindos que jamás había visto, y todo eso acompañado de un cuerpo delgado pero voluptuoso a la vez.

Desde aquel día en que habían bailado en la asamblea, él había visitado frecuentemente la casa de su tío. Pero no conforme con eso, él buscaba cada ocasión que podía para hablar con ella. Usualmente se sentaba a leer o estudiar documentos al lado de la venta, y en el momento que la veía aparecer en la avenida principal, salía inmediatamente de la casa y buscaba cualquier excusa para hablar con ella. Él sabía que muy pronto todo eso se terminaría porque a final de la temporada él debía retornar a Pemberley y podría a la venta la casa para no tener excusa de volver allí nunca más. Lo único que lo tranquilizaba era saber que la señorita Bennet jamás desarrollaría un interés romántico por él. Ella al ser la hija de un caballero jamás se casaría con un comerciante, por lo que lo más probable era que sus sentimientos hacia él fueran sólamente de amistad.

"Darcy, déjame presentarte a mi esposa," dijo el señor Evans, un importante caballero dueño de una de las haciendas más prósperas de Kent.

"Encantada de conocerlo, señor Darcy," replicó la señora Evans. Ella era una mujer muy hermosa y varios años menor que su esposo que después de enviudar, se casó con ella.

"El gusto es mío señora Evans," dijo el señor Darcy haciendo una pequeña reverencia. Hasta ese momento la reunión en casa de los Evans era bastante aburrida, pero él había rechazado tantas invitaciones y no deseaba que empezaran a circular rumores sobre él, por eso decidió ir. Su tío estaría allí y de esa forma evitaba que él fuera a su casa a preguntarle por qué no asistió a casa de su amigo. Además, a él le agradaba mucho Adam Evans, un hombre honorable y de conversación interesante.

Después de la cena, se excusó con su anfitrión y decidió irse a su casa. Desgraciadamente era demasiado tarde para ir a casa de los Stone. Pero pensaba al día siguiente regresar a ese lugar de la ciudad, quedarse por unos días allá para disfrutar de su compañía. Cuando estaba pidiéndole su abrigo, guantes y sombrero al mayordomo apareció la señora Evans en el vestíbulo. "Señor Darcy, antes de que se vaya podría darme unos minutos de su tiempo. Necesito hablar de algo importante con usted."

El señor Darcy usualmente sospechaba de todo el mundo, pero esa noche había bebido más de lo que acostumbraba y la señora Evans parecía afligida por lo que accedió a hablar con ella.

Ella le pidió que la acompañara hasta el pequeño salón que estaba al lado del vestíbulo. Cuando entraron allí ella cerró la puerta y se abalanzó sobre él, besándolo de una manera bastante indecorosa mientras con sus manos tocaba su torso y sus brazos. "No sabes cuanto te he deseado desde que te vi por primera vez. Dime donde y cuando podemos vernos, Darcy, y seré tuya."

El señor Darcy había besado una vez a una chica, y otra vez una viuda en busca de compañía lo había besado a él. Pero pese a que tenía veintiséis años, nunca nadie se había comportado de esa manera con él. La mujer era sin duda alguna muy atractiva, pero él se sintió asqueado por la forma en cómo ella le habló y actuó, y más aún porque lo hacía bajo el mismo techo de su esposo. "Señora, le voy a pedir que nunca más vuelva a tomarse estas libertades conmigo. Usted es una mujer casada y si usted no respeta a su esposo, yo sí lo hago."

"¡Qué desperdicio que a un hombre tan exquisito no le gusten las mujeres," dijo la señora Evans con sorna y despecho en la voz.

"Me gustan las mujeres, señora, pero no las como usted," replicó el señor Darcy y salió del cuarto para evitar que esa mujer pudiera hacer otra locura.

Pero ella no estaba dispuesta a dejarlo ir tan fácilmente y mientras él se ponía su abrigo, ella le reprochó, "¿te gustan las mujeres feas entonces?"

El señor Darcy antes de salir de la casa le dijo, "No, me gusta una mujer que además de hermosa, es decente, tiene buen corazón y jamás haría algo como lo que usted acaba de hacer. Buenas noches, señora."

Al día siguiente, muy temprano por la mañana, se fue a casa de los Thompson. Le dijo a su ayuda de cámara que estaría fuera de casa por una semana y que cuando retornara partirían a Pemberley por lo que debía tener todo listo.

P&P

A diez minutos de la casa de los Stone había un pequeño parque que bordeaba el río. La mañana estaba soleada y a Elizabeth le encantaba ir allí a caminar y ver el reflejo del sol en el agua. Ese día se había despertado un poco triste y con nostalgia de su familia.

El señor Darcy había salido a caminar con la esperanza de encontrarse con Elizabeth, él sabía que un día soleado como ese, sería una gran tentación para ella. Por eso cuando la vio emprender rumbo al parque decidió seguirla. Obviamente tomó una ruta diferente para hacer que el encuentro pareciera casual y ella no se diera cuenta que la había seguido hasta allí. Aún tenía la imagen de la descarada mujer a la que había tenido que soportar el día anterior, por lo que deseaba hablar con alguien totalmente opuesto a ella y de esa forma recuperar la confianza en el sexo opuesto.

Pero cuando finalmente llegó al parque, no quiso interrumpirla porque la vio tan concentrada mirando hacia al río y noto un dejo de tristeza en su postura. Después de observarla por unos minutos, él se acercó a ella para ver si necesitaba algo. "Señorita Bennet, ¿está bien?" El señor Darcy se preocupó un poco cuando creyó verla llorar.

Elizabeth se secó las lágrimas rápidamente y respondió lo más casual que pudo. "Señor Thompson, qué gusto verlo. No me haga caso, es que sólo extraño un poco a mi familia, eso es todo."

"No quiero ser indiscreto, ¿pero hay alguna razón por la que no pueda volver con ellos?" preguntó el señor Darcy curioso.

"¿Tiene tiempo?, porque la mía es una historia bastante larga," dijo Elizabeth bromeando.

"Todo el que necesite," contestó el señor Darcy. Él notó que Elizabeth bromeaba pero que en el fondo lo hacía para esconder su tristeza.

Se sentaron en una banca con vista al río y mientras algunos niños corrían alrededor, ella le contó su historia. Comenzó por explicarle que la finca de su padre sólo podía ser heredada por la rama masculina de la familia y que su padre sólo había tenido hijas. Después le contó la historia del señor Collins y cómo su madre quería forzarla a casarse con él y que su tía Gardiner la había ayudado a salir de su casa y los Stone la habían acogido con cariño. "Señor Thompson, espero que no se ría con lo que le voy a decir, pero muchas veces he pensado lo fácil que habría sido mi vida si hubiera sido hombre, aunque hubiese sido el segundo hijo. Ustedes los hombres pueden hacer lo que deseen con sus vidas."

El señor Darcy quedó muy desconcertado, Elizabeth había preferido enfrentar una vida de incertidumbre a casarse con un hombre que la hubiera ayudado a mantener su estatus social. Sin duda alguna ella era una mujer admirable. "Créame cuando le digo que los hombres no somos tan libres como usted piensa. También tenemos obligaciones que cumplir y que no siempre nos hacen felices pero que debemos hacer porque es lo que se espera de nosotros."

"¿Usted se casaría con alguien que no ama sólo porque su familia se lo exige?" Elizabeth vio lo incómodo que se puso el señor Thompson e inmediatamente se disculpó. "Lo siento si mi pregunta ha sido muy impertinente, no tiene que contestarla."

"No se preocupe, si le soy sincero nunca he pensado mucho en ese tema. Mi padre falleció cuando yo recién había alcanzado la mayoría de edad y me tuve que hacer cargo de todo los asuntos de la familia. Estos últimos cinco años he estado tan ocupado trabajando que supongo que nunca tuve tiempo de pensar en el matrimonio." La verdad era que el señor Darcy siempre pensó que debía hacer un matrimonio por conveniencia y jamás había ni siquiera imaginado cómo sería una unión por amor.

Elizabeth notó la tristeza en el señor Darcy y para llevar la conversación a cosas más agradables le contó un poco más de su familia. El señor Darcy no pudo evitar reír de buena gana con la descripción que ella hizo de cada uno de los integrantes de su familia. "Y Jane, mi hermana mayor, es la persona más maravillosa del mundo y además es muy hermosa, debe ser la mujer más hermosa de todo Hertfordshire." El señor Darcy no pudo creer que Elizabeth tuviera una hermana que fuera aún más bonita que ella, él dudaba seriamente de que eso era posible.

"¿Y usted, tiene hermanos?" preguntó Elizabeth. Ella sabía que su padre y madre habían fallecido y le dio mucha pena pensar que estaba tan solo.

"Tengo una hermana, pero es todo lo contrario que sus hermanas menores. Mi hermana es una chica más bien solitaria, muy tímida y temerosa de casi todas las personas. Por eso le cuesta mucho hacer amigos y yo debido a todas mis responsabilidades y obligaciones no siempre puedo estar cerca de ella."

Elizabeth miró al señor Thompson y se avergonzó de todo lo que había sentido unos minutos atrás. Su familia no era perfecta, pero al menos ella había crecido rodeada de hermanas y con sus dos padres. Su amigo, por el contrario, estaba prácticamente solo en el mundo. Sin saber por qué, le tomó la mano y le dijo, "supongo que tiene razón, y todos tenemos desafíos que enfrentar a lo largo de nuestras vidas, seamos hombre o mujer."

El señor Darcy se sintió reconfortado cuando Elizabeth le tomó la mano. Con ese simple gesto le había hecho sentir realmente estimado, como si a ella realmente le importara lo que él sintiera. Con ese gesto tan insignificante pero tan grande a la vez, había borrado todo el pesar y la eterna soledad que rondaba su vida. Él miró para ambos lados y al ver que no había nadie alrededor primero le besó la mano, luego le acarició la mejilla y finalmente la besó en los labios. Fue un beso suave y breve pero maravilloso a la vez.

Elizabeth casi no podía respirar cuando el señor Thompson le besó la mano, pero cuando le acarició la mejilla sintió como que estaba bajo un embrujo y no podía dejar de mirar a ese hombre tan encantador. Después cerró los ojos y sintió como sus labios rozaban los de ellas por breves segundos.

Hasta que él rompió el encantó y le dijo, "lo siento, no debería…"

Elizabeth abrió los ojos y completamente ruborizada se puso de pie y replicó, "No se preocupe… Ahh, bueno, yo…Buenos días señor Thompson." Después de decir eso, se echó a correr rumbo a casa de los Stone con una mezcla de felicidad y miedo.

El señor Darcy la vio alejarse corriendo, como una niña que había hecho una travesura y tenía miedo a que la castigaran. "No soy más que un maldito cobarde, perdoname Elizabeth Bennet." Él regresó a la casa de los Thompson sin entender qué estaba pasando en su vida y porque tantas cosas habían cambiado en tan poco tiempo.

P&P

Gracias a todos los que siguen la historia y dejan comentarios.

¡En el próximo capítulo el señor Darcy tendrá que tomar una difícil decisión!

Saludos,

Yo