Capítulo 5

El señor Darcy al día siguiente de su encuentro con Elizabeth en el pequeño parque cerca del distrito comercial retornó a la casa Darcy. Él se sentía tremendamente confundido porque jamás había besado a nadie de esa manera, con tanta emoción en la que se mezclaban la ternura y pasión a la misma vez.

Su intención inicial era hacerse pasar por el sobrino de los Thompson para poder averiguar más sobre la doble vida de su padre, pero al poco tiempo se vio atrapado por esa nueva vida en la que encontró personas muy agradables y en la que por primera vez en mucho tiempo pudo sentirse libre, sin la carga y el peso de ser un Darcy.

Llevaba casi una hora tratando de escribir una carta al señor Stone agradeciéndole por todo y notificándole que la casa Thompson se pondría a la venta y que él retornaría al norte de donde era originario. ¿Pero cómo podría irse de esa forma después de lo que había hecho el día anterior? Sin duda alguna la señorita Bennet no merecía que él se comportara como un canalla con ella. ¿Pero qué podía hacer? ¿Cómo disculparse por lo que había hecho? Lo mínimo que merecía ella y todos los vecinos que lo acogieron con tanta amabilidad era que él se despidiera de ellos personalmente. Para eso, tendría que retornar una vez más y enfrentar lo que había hecho, disculparse profusamente con la señorita Bennet y finalmente desaparecer de la vida de esas personas y volver a ser sólo y únicamente Fitzwilliam Darcy, el hombre reservado y solitario que no aspiraba a nada más que engrandecer el nombre de su familia y cumplir con todas su obligaciones.

Afortunadamente para él, su amigo Charles Bingley había llegado a visitarlo y eso le ayudaría a pensar en otras cosas. Pero poco le duró la alegría porque en cuanto entró al salón para conversar con su amigo, se dio cuenta de que venía acompañado por Caroline. Él necesitaba poder contarle todo lo que le estaba pasando y sabía que podía confiar ciegamente en su amigo, pero el hecho de que Caroline estuviera presente entorpecía sus planes.

"Darcy, no sabes el gusto que me da verte. Tengo tantas cosas que contarte pero estabas inubicable viejo amigo, ¿dónde te habías metido?" El señor Bingley saludó a su amigo con un fuerte apretón de manos y con la alegría que siempre lo caracterizaba.

"He estado bastante ocupado en asuntos familiares y por eso no he tenido tiempo de participar en muchas de las actividades a las que continuamente soy invitado," explicó el señor Darcy sin decir nada más.

Mientras tanto Caroline observaba le detenidamente. Ella quería ver si había algo en su apariencia, en su mirada o en su forma de comportarse que pudiera delatar si algo nuevo estaba aconteciendo en su vida. Pero como siempre, el señor Darcy se había mantenido en total control y ella no pudo detectar nada en las expresiones de su siempre severo rostro.

"Bueno, entonces me siento afortunado de haberte encontrado hoy y poder contarte las buenas noticias." El señor Bingley se acomodó en uno de los sillones y comenzó a relatarle a su amigo sobre el alquiler de la hacienda en Hertfordshire con mucho entusiasmo.

El señor Darcy lo escuchó atentamente pero pensó que su amigo una vez más estaba tomando decisiones apresuradamente por lo que estimó conveniente darle su opinión. "Bingley, por lo que me has contado, al parecer, Netherfield suena como una buena opción. Pero antes de firmar cualquier contrato deberías investigar un poco más sobre el área y la productividad de la tierra."

"No te preocupes por eso, Darcy. Ya hice todas las averiguaciones y sé que todo está en orden. Además ya firmé el contrato de alquiler por dos años y vine a invitarte a que pasaras unos meses conmigo allí y me enseñaras todo lo necesario para ser un buen hacendado," replicó el señor Bingley emocionado.

Caroline tuvo que morderse la lengua para no gritar en exasperación. El bobo de su hermano había firmado un contrato por dos años sin esperar la opinión del señor Darcy, que sin duda alguna entendía mucho más del tema que él.

"Bingley, me encantaría poder ayudarte pero en estos momentos estoy muy ocupado. Además, pronto tengo que viajar a Kent y más tarde a Pemberley para hacerme cargo de muchos asuntos allá." El señor Darcy notó la cara de sorpresa de la señorita Bingley por lo que asumió que su amigo no le había consultado a nadie sobre el asunto de Netherfield.

"No te preocupes, Darcy. Yo me mudaré a Hertfordshire en varios meses más. La mansión y los jardines de la hacienda están siendo reparados en estos momentos. También, nosotros tenemos que viajar al norte durante el verano porque Tía Henrietta no ha estado bien de salud y quiero pasar unas semanas con ella," explicó el señor Bingley a su amigo.

"Si es así, Bingley, cuenta con mi ayuda. Creo que para el final del verano tendré suficiente tiempo disponible como para pasar uno o dos meses contigo en tu nueva hacienda." El señor Darcy pensó que tal vez no sería una mala idea poder alejarse un poco de Londres y de todas las tentaciones que en esos momentos le ofrecía.

Caroline escuchó por varios minutos como ambos amigos conversaban y pensó que después de todo, el tonto de su hermano por fin había hecho algo útil. Sin lugar a dudas, el tener al señor Darcy unos cuantos meses sólo para ella era la mejor noticia que había recibido en mucho tiempo.

Pero como era de esperar, Caroline no resistió ni un minuto más sin decir algo e intervino en la conversación. "Señor Darcy, hoy acompañé a mi hermano porque lo quería invitar personalmente a una cena que estoy organizando para dos días más. Es una pequeña reunión entre amigos y nos sentiríamos realmente honrados si acepta pasar esa velada con nosotros."

El señor Darcy no deseaba aceptar pero más que nunca necesitaba mantenerse ocupado para no pensar en lo que tanto le afligía. "Gracias, señorita Bingley por su invitación. Por supuesto que acepto con gusto poder pasar una agradable velada con amigos."

Caroline estaba contenta y satisfecha de que de una vez por todas las cosas estuvieran resultando tal y como ella las había planeado y sentía que el sueño de ser la futura señora Darcy estaba cada día más cerca.

P&P

Elizabeth estaba en casa de los Cooper en una entretenida tertulia de amigos. El señor Cooper era uno de los amigos cercanos de tío Archibald y asiduo participante de las reuniones literarias.

Pero pese a lo agradable de la compañía, su mente estaba muy lejos de allí. Hacía más de una semana que el señor Thompson la había besado y no había vuelto por casa de su tío ni por el barrio. Ella no sabía qué pensar, tal vez él se sentía culpable por lo que había hecho, o tal vez decepcionado de ella y no quería verla nunca más. Como fuera, ella no deseaba que su primer beso se transformara en un recuerdo triste y deseaba tener la oportunidad de verlo nuevamente y explicarle que podían olvidar ese incidente y seguir siendo buenos amigos.

"Lizzie, por favor, puedes cantar para nosotros," pidió la señora Cooper amablemente. "Sabes lo mucho que nos gusta tu hermosa voz."

"Gracias señora Cooper por sus cumplidos. A mí me gusta mucho cantar pero no toco el piano tan bien como me debiera, si eso no le importa con gusto cantaré para usted y sus invitados."

"Eres demasiado modesta, mi querida niña. Tocas el piano mejor que cualquiera de nosotros y tu voz es muy hermosa, seguro que todos estarán encantados de escucharte." A la señora Cooper le gustaba mucho Elizabeth y en cuanto su hijo regresara de un viaje de negocios a las Antillas Británicas ella haría todo lo posible para presentarlos. Su hijo Robert ya tenía veintisiete años y era momento que comenzara a pensar seriamente en formar su propia familia y no sólo dedicar su vida a ganar dinero y expandir el negocio familiar.

Elizabeth comenzó a cantar sin darse cuenta una canción que contaba la historia de un amor imposible. La letra era bastante melancólica, y de alguna manera reflejaba la forma en cómo ella se sentía en ese momento. Todos los presentes notaron el dejo de tristeza en la voz de Elizabeth, una chica que siempre estaba alegre y sonriente. Aunque el tío Archibald y la tía Agatha tenían algunas sospechas de la razón, preferían no incomodar a su sobrina con preguntas imprudentes.

P&P

El señor Darcy tenía entre sus manos la nota que le había enviado el señor Cooper invitándolo a su casa. Él le había pedido a uno de sus fieles sirvientes que recogieran la correspondencia de la casa Thompson y se la trajera a casa Darcy. En la nota decía que esa misma velada se juntarían los amigos del club literario a conversar y cenar en su casa. Él sabía que probablemente los Stone y su sobrina asistirían y no sabía qué hacer.

La velada anterior había ido a casa de Bingley, y salvo por la agradable compañía de su amigo, el resto de la noche fue francamente tediosa. Para su desgracia, Caroline había invitado a los Evans y la esposa del amigo de su tío lo había mirado toda la noche de forma indecorosa y desafiante. Pero como si eso no hubiera sido suficiente, tuvo que soportar a Caroline a una de sus superfluas amigas que le hablaran de todo tipo de banalidades y que lo halagaran a cada momento por las cosas más insignificantes que decía y no decía.

Toda la noche no pudo evitar dejar de pensar en Elizabeth Bennet, tan distinta a todas esas mujeres que no veían más allá de su apariencia o fortuna. Por lo que sabían de él en el barrio donde estaba la casa Thompson, Elizabeth debía creer que él era inferior socialmente a ella y pese a eso, siempre lo escuchaba atentamente y no tenía miedo de ponerlo en su lugar si estimaba que lo merecía. "Debo hacer lo que corresponde y dejar de eludir mis responsabilidades. Iré a casa de los Cooper, me disculparé por haberte robado un beso, mi querida Elizabeth y me despediré de ti, de tu familia y de todos mis nuevos amigos como corresponde. Después me alejaré de tu vida para siempre…" pensó el señor decidido a reencauzar su vida. El descubrir lo que su padre había hecho le provocó un gran dolor, pero reconoció que lo ayudó a madurar y a valorar a las personas más allá de los prejuicios que siempre le habían inculcado desde que era niño.

Unas horas más tarde, llegó a la casa del señor Cooper y cuando se dirigía al salón donde estaban los invitados, escuchó una hermosa voz que reconoció inmediatamente. Al entrar al salón y ver a Elizabeth tan hermosa como siempre casi no pudo respirar de la emoción.

Cuando Elizabeth terminó de cantar, el señor Cooper le dio la bienvenida y el resto de los invitados lo saludaron con mucho afecto. Elizabeth se había dado cuenta de su arribo y lo saludó lo más casualmente que pudo. Afortunadamente para ella, otra de las asistentes también cantó y tocó el piano por varios minutos lo que le permitió tranquilizarse un poco antes de que tuvieran la oportunidad de hablar.

En el primer momento que el señor Darcy vio a Elizabeth sola sirviéndose un refresco se acercó a ella. "Señorita Elizabeth, necesito que me conceda un minuto de su tiempo, por favor."

"Claro que sí, señor Thompson," dijo Elizabeth rehuyendo su mirada. Ella se había sonrojado mucho y no deseaba que él lo notara.

"No sé cómo decirle esto sin ofenderla, pero quiero que sepa que estoy muy avergonzado por mi comportamiento la última vez que nos vimos. No sé qué me pasó ese día… Yo quiero que entienda lo arrepentido que estoy de haber hecho algo como eso y quiero ofrecerle mis más sinceras disculpas y espero que usted las acepte y pueda algún día perdonarme por mi reprochable conducta." El señor Darcy no sabía qué más decir para poder hacerle entender a Elizabeth lo mucho que sentía haberle faltado el respeto de esa forma.

"Entiendo, por favor no se preocupe por eso señor Thompson. Siempre he pensado que una mala memoria, en casos como este, es sinceramente bienvenida," respondió Elizabeth sonriendo. Ella no deseaba hablar más de ese tema porque le dolía pensar que él se había arrepentido de haberla besado. "Cuénteme, cómo le ha ido en todos sus asuntos, ¿ya tiene compradores para la casa de su tío?"

El señor Darcy entendió que Elizabeth le estaba dando una segunda chance fingiendo de que nada había pasado entre ellos y lo agradeció profundamente. "No, aún no he sabido nada de ese asunto. Pero más allá de eso, creo que deberé regresar al norte pronto y dejar todo a cargo de otros."

"Entiendo, usted tiene sus propios asuntos y no puede estar para siempre perdiendo el tiempo en este lugar," dijo Elizabeth con una sonrisa que no logró reflejarse en sus ojos.

El señor Darcy sintió mucha tristeza, él no deseaba alejarse de la fascinante Elizabeth, ella lo hacía reír y sentirse feliz, al lado de ella se sentía vivo y lleno de esperanza. "Pero aún tengo dos meses más en la ciudad antes de volver al norte, aunque tendré que hacer un viaje por una semana, fuera de Londres, pretendo permanecer el resto del tiempo por los alrededores. Tiempo que espero usar para compartir con todos los queridos amigos que he conocido en los últimos meses." El señor Darcy pensaba ir a Kent por tan sólo una semana, entre menos tiempo pasara con Lady Catherine mejor para él.

"Me alegra saber que lo tendremos por un tiempo más con nosotros," contestó Elizabeth alegremente.

"Y yo me alegro de saber que mi compañía es bienvenida," respondió el señor Darcy con una felicidad que inundaba todos sus sentidos. El hecho de que Elizabeth disfrutara su compañía tanto como él la de ella era algo que lo llenaba de emoción.

Una de las invitadas comenzó a tocar unos alegres acordes en el piano y alguna de las parejas comenzaron a bailar por lo que el señor Darcy no perdió de la oportunidad y preguntó, "Señorita Bennet, ¿me haría el honor de bailar conmigo?"

"Encantada, señor Thompson," replicó Elizabeth inmediatamente.

Esa noche, el señor Darcy bailó y conversó con Elizabeth prácticamente toda la noche y por las siguientes semanas permaneció en el barrio disfrutando de la felicidad que le proporcionaba estar con ella y olvidándose de todo el mundo.

P&P

Después de pasar una semana de terror en Kent y teniendo que soportar las quejas de su tía todos los días por lo corto de su visita, prácticamente huyó de Rosings rumbo a Londres. Desafortunadamente, Fitzwilliam aún se encontraba en el norte por lo que no lo pudo acompañar, lo que hizo su estadía aún más intolerable. Pero en cuanto regresó a Londres, se hizo cargo de una asunto que tenía pendiente y debía resolver lo antes posible.

"Gracias señora Younge por contestar a todas mis preguntas. Espero que comprenda que es importante para mí cerciorarme que la futura dama de compañía de mi hermana tiene todas las calificaciones necesarias para el puesto," dijo el señor Darcy a la mujer que tenía en frente de él. De todas las entrevistadas era la que le pareció más adecuada, no sólo por las excelentes cartas de recomendación que le había presentado sino también porque parecía entender a la perfección las características de su futuro trabajo. "¿Señora Younge, cuándo puede empezar a trabajar para nosotros? Mi hermana llega del norte mañana."

"Gracias señor Darcy por la oportunidad y espero ansiosa conocer a la señorita Darcy," replicó Martha Younge con una sonrisa falsa. Ella estaba en esa casa con un objetivo y esperaba poder cumplirlo para no tener que trabajar un día más de su vida al servicio de otros.

"Una vez que Georgiana llegue yo haré un breve viaje de dos días, y cuando regrese viajaremos todos a Pemberley," explicó el señor Darcy.

"Señor, me permite hacerle una pequeña sugerencia," preguntó tentativamente Martha. Ella no quería perder el tiempo y pensaba comenzar a tejer su maraña de intrigas lo antes posible.

"Claro que sí, dígame," dijo el señor Darcy curioso.

"Por lo que me ha contado sobre la señorita Darcy, creo que ella necesita poder vivir una vida un poco más independiente. No sé, tal vez podría ver la posibilidad de que el próximo verano tuviera la oportunidad de tener su propia casa, a lo mejor en algún balneario donde pueda relacionarse con señoritas de su edad y hacer sus propias amistades. Claro, todo bajo mi supervisión, por supuesto."

"No me parece una mala idea, pero Georgiana es muy tímida y no sé si ella quiera pasar una temporada en la playa prácticamente sola," dijo el señor Darcy.

"Por su puesto, ella tiene que conocerme y confiar en mí primero. Pero me gustaría que lo tuviera como una idea a considerar. Sé que usted tiene una magnífica hacienda en el norte, pero allí la señorita Darcy pasa gran parte del tiempo sola y eso no ayuda a que desarrolle su confianza ni menos a que pueda estar preparada para su debut en sociedad en unos cuantos años más." Martha podía ser muy convincente cuando se lo proponía.

"Tiene razón, créame que lo pensaré seriamente." El señor Darcy debía pasar los meses de verano en Pemberley trabajando y preparándose para todo lo que debería enfrentar muy pronto y estaba consciente de que su hermana necesitaba urgentemente poder relacionarse con otras personas.

Después de la entrevista, el señor Darcy le pidió a su procurador que preparara el contrato de la señora Younge y le dio la bienvenida en su casa. Cuando Georgiana la conoció, en un principio reaccionó como lo hacía con la mayoría de los desconocidos pero después varios días se fue relajando y sintiéndose más cómoda con ella.

La señora Younge apeló a todos los conocimientos que tenía sobre el comportamiento de una chica adolescente y logró ganarse la estima y la confianza de la ingenua Georgiana en poco tiempo. El señor Darcy al ver a su hermana contenta, retornó a la casa Thompson pero esta vez decido a tomar un paso crucial en su vida, él ya no lo podía negar más, estaba totalmente enamorado de Elizabeth Bennet y no deseaba vivir ni un minuto más de su vida sin ella. Él no deseaba tener una vida como la de su padre, que tuvo que buscar la felicidad fuera de su casa y su familia.

P&P

Elizabeth estaba en el pequeño parque cercano al río mirando a unas aves que disfrutaban del magnífico sol primaveral y la frescura del agua del río. El día anterior había recibido carta de su padre pidiéndole que regresara a Longbourn y prometiéndole que se encargaría que la señora Bennet no volviera a molestarla por el asunto del señor Collins. Además, el doctor James había dado de alta a tía Agatha, quien ya podía caminar aunque con la ayuda de un bastón. Sin duda alguna, su vida con los Stone había sido una gran aventura y siempre los recordaría con el mayor de los afectos, pero sabía que su lugar estaba con su familia y debía retornar a Hertfordshire.

Pero lo que más la afligía era pensar en que nunca más vería al señor Thompson. Para esas alturas, ella sabía que estaba enamorada de él, pero no estaba segura si él sentía lo mismo por ella. Una vez ella se fuera de casa de los Stone, estaba consciente de que nunca más lo vería y eso la hacía sentir miserable.

"Señorita Bennet, ¿cómo está?" dijo el señor Darcy un poco nervioso. Él había ido a ese parque con la ilusión de encontrarse con Elizabeth y poder decirle todo lo que sentía por ella.

"Señor Thompson, qué bueno verlo. ¿Cómo le fue en sus negocios? No lo esperábamos hasta en varios días más," respondió Elizabeth igual de nerviosa.

"Todo bien, pude solucionar todo antes de lo esperado por eso me tiene aquí de regreso."

"Nunca me ha contado en qué consisten sus negocios, señor Thompson. Yo soy muy curiosa y me encantaría saber un poco más de esa parte de su vida, claro si usted quiere hablar de ello," dijo Elizabeth al ver al señor Thompson un poco incómodo.

"Bueno, no hay mucho que contar, sólo que debo viajar al norte porque allí está la principal fuente de mis recursos," dijo el señor Darcy para evitar entrar en detalles o mentir.

"Entiendo, su principales clientes están en el norte y me imagino que debe viajar hasta allá para vender sus productos'', agregó Elizabeth.

"Algo así," dijo el señor Darcy y cambió de tema. Comenzó a contarle que había terminado de leer el libro que le había sugerido el señor Stone y ambos empezaron a intercambiar opiniones sobre sus pasajes favoritos.

Además, Elizabeth le contó que pronto volvería con su familia y lo feliz que estaba de saber que podría reunirse con todos ellos. Después, Elizabeth le preguntó un poco más sobre el norte y él le contó sobre los paisajes y lo hermosa que era la abundante naturaleza especialmente en primavera. Hasta que finalmente se atrevió y le dijo todo lo que tenía planeado. "Señorita Bennet, yo sé que de cierta forma no soy digno de su amistad y que hay muchas cosas que usted aún no conoce de mí, pero quiero que sepa que desde el momento en que la conocí he sentido un apasionado afecto y admiración hacia usted. Ya no deseo reprimir más mis sentimientos y quiero que sepa que la amo fervientemente y espero que algún día, tal vez usted pueda corresponder a mis sentimientos."

Elizabeth no podía creer lo que estaba oyendo, el hombre con el que soñaba todas las noches estaba enamorado de ella, pero al mismo tiempo sentía que no era digno de ella y en su voz había preocupación y hasta un poco de tristeza. "Señor Thompson, a mí no me importa quien usted sea porque a mis ojos, usted es un hombre maravilloso al que admiro y amo profundamente."

El señor Darcy sentía una enorme felicidad, tomó la mano de Elizabeth y la besó con mucho cariño, eso sí, esta vez no intentó nada más. Él se sentía feliz pero afligido a la vez, por el momento no podría revelarle a Elizabeth quien era realmente por miedo a que ella pensara que él estaba jugando con ella y lo rechazara. Él debía retornar a Pemberley, habían varias cosas urgentes que estaban pendientes de las que dependían las vidas de sus inquilinos y gran parte de los negocios tanto agrícolas como textiles. Una vez que completara todo el trabajo allí, él pensaba ir a Longbourn a pedirle permiso al señor Bennet para cortejar a su hija y contarle a Elizabeth todo lo que había pasado en su vida desde que descubrió la casa Thompson. De esa forma, ella podría estar segura que su amor era verdadero y que él deseaba que ella fuera la futura señora Darcy, ama y señora de Pemberley.

"Elizabeth, mi querida Elizabeth, no sé qué hice para merecer tu cariño, pero quiero que sepas que a partir de hoy te llevaré para siempre en mi corazón. Lamentablemente, debo viajar al norte y por eso te ruego con toda mi alma que me des tres meses, sólo tres meses para retornar junto a ti y poder contarte todo sobre mi vida y lo que planeo para nuestro futuro. Lo primero que haré cuando vuelva es ir a casa de tu padre para formalizar nuestra relación y si aún me amas, quiero que seas mi esposa."

"Señor Thompson, ¿cómo cree que puedo olvidarlo? Si es necesario lo esperaré toda la vida," dijo Elizabeth muy emocionada. Ellos permanecieron sentados tomados de la mano en aquella banca mirando al río por casi tres horas haciendo planes para el futuro.

Al día siguiente, el señor Darcy fue a casa del señor Stone para despedirse de él y su esposa y agradecerles su amistad. Le contó que finalmente la casa de los Thompson había sido puesta a la venta y que él viajaría al norte y permanecería un tiempo allá, pero en cuanto volviera a Londres vendría a visitarlos sin falta.

Después de la visita a casa de los Stone, fue directamente al parque donde sabía que lo estaría esperando Elizabeth. Él deseaba despedirse de ella y entregarle unos pequeños regalos como muestra de su cariño y devoción. "Mi dulce amor, no sabes lo mucho que me cuesta decirte adiós. Por eso te he traído estos pequeños presentes para que cuando los mires te acuerdes de mí," dijo el señor Darcy emocionado.

"William, yo también te voy a extrañar mucho," dijo Elizabeth mientras abría la caja que le entregó el señor Darcy. En su interior había un libro que parecía usado y un pequeño estuche con algo que parecía una joya. Cuando lo abrió se dio cuenta de que era un broche de oro con unos diamantes muy hermosos. Sin duda alguna esa joya debía costar una fortuna. "William, no necesitas darme regalos tan caros, yo no soy una persona materialista y entiendo que un comerciante que recién está comenzando su negocio debe ahorrar mucho antes de poder comprar cosas como estas. Por favor, devuélvelo a la joyería donde lo compraste y ahorra ese dinero para el futuro, para nuestro futuro y el de nuestra familia."

"Elizabeth, no es necesario que la devuelva. Por favor déjame regalarte algo…" cuando vio la cara seria de Elizabeth, se dio cuenta que era mejor no seguir insistiendo. Ya se la daría más tarde, esa joya y muchas más.

Elizabeth notó que William se sintió decepcionado, pero su madre siempre había gastado más de lo necesario provocando que su padre nunca pudiera ahorrar. Para levantarle el ánimo, agregó, "Pero el libro si lo acepto, se nota que es algo que tiene mucho valor para ti y por eso lo valoro más que cualquier joya." Elizabeth abrió el libro y vio que incluía una dedicatoria. "Mi amada Elizabeth, este siempre ha sido mi libro favorito y quiero que lo tengas para que te acuerdes de mí y de lo mucho que te amo. William"

Elizabeth se secó unas cuantas lágrimas y le dijo muy emocionada, "este es el mejor regalo que jamás nadie me ha hecho, gracias mi amor." El señor Darcy le besó la mano sinceramente emocionado pensando que no podía haber nadie más feliz en el mundo que él en ese momento. "Pero yo también te tengo un regalo, mi querido William." Elizabeth le entregó algo envuelto en un pañuelo.

El señor Darcy recibió el pañuelo pensando que ese era el regalo, para él tener un pañuelo con las iniciales de su amada y el aroma a lavanda de su perfume era más que suficiente pero cuando vio lo que estaba envuelto en él se alegró mucho.

"A una amiga de tía Agatha le gusta mucho la pintura y me hizo este retrato miniatura, espero te guste. Yo encuentro que hizo un muy buen trabajo." Elizabeth estaba muy nerviosa porque William miraba la pequeña pintura y no decía nada.

"Aunque es imposible que alguien pueda captar la hermosura de tus ojos, y la belleza de tu cara, sin duda alguna se parece mucho a ti y sé que me servirá de consuelo poder mirarlo cuando no tenga la fortuna de poder verte en persona, mi querida Elizabeth. Gracias por un regalo tan hermoso, ah y me quedaré con el pañuelo también, agregó el señor Darcy con una sonrisa."

Caminaron por casi dos horas alrededor del parque conversando aprovechando al máximo los últimos minutos juntos con una mezcla de alegría y tristeza. Hasta que finalmente llegó la hora de la despedida, el sol ya estaba bajando y muy luego oscurecería. "Te amo Elizabeth Bennet, por favor júrame que pase lo que pase jamás, pero jamás dudarás de la fuerza y la sinceridad de mi cariño," dijo el señor Darcy casi con desesperación.

Elizabeth se acercó a él, le acarició la cara y le contestó con la voz llena de emoción, "Jamás dudaré de tu cariño, William, te lo prometo."

Ambos se abrazaron al alero de un árbol. El parque ya estaba casi desierto y llegó la hora del último adiós. Elizabeth no pudo evitar derramar unas cuantas lágrimas, que el señor Darcy secó con el pañuelo que ella le había regalado tan sólo unas horas atrás. Finalmente, y sin planearlo ni pensarlo, se besaron apasionadamente por varios minutos.

Finalmente, el señor Darcy acompañó a Elizabeth hasta la casa de los Stone y después caminó casi diez cuadras para encontrarse con su cochero y dirigirse a casa Darcy. Esa noche cenó en su cuarto, se excusó diciendo que le dolía la cabeza, cuando en verdad era que sentía un dolor en el alma que no sabía cómo calmar.

P&P

Gracias a todos los que dejan comentarios de apoyo y siguen la historia con entusiasmo.

En el próximo capítulo se desencadenarán los hechos que provocan el vuelco de la historia, y en el subsiguiente se encontrarán nuevamente Elizabeth y (Fitz)William.

¡Nos vemos pronto!

Saludos,

Yo