Capítulo 6
"Mi querida niña, no sabes lo mucho que hemos disfrutado tu compañía," dijo Agatha emocionada. "Aunque desde el principio supimos que sólo venías por unos meses, nos ha sido imposible no encariñarnos contigo. Gracias por todo mi amada Lizzie, y recuerda que esta será siempre tu casa." Agatha Stone no pudo evitar derramar algunas lágrimas. Elizabeth retornaría al día siguiente a vivir con su familia y ella la extrañaría mucho.
"Tía Agatha, yo también los voy a extrañar mucho. Ah, y no creas que te vas a librar de mí, porque siempre que pueda vendré a visitarlos y les escribiré seguido para contarles de mi vida en Hertfordshire." Elizabeth abrazó fuertemente a su tía y se sentó al lado de ella para continuar conversando.
Agatha y Archibald Stone habían tomado una decisión. Al día siguiente de que Elizabeth partiera a su hogar, el señor Johnson, el procurador de la familia, vendría para encargarse de redactar un nuevo testamento. Ellos no tenían herederos por lo que todo lo que les pertenecía se lo dejarían a Elizabeth. Archibald y Agatha no deseaban que la señora Bennet volviera a forzarla a casarse con un hombre con la excusa de asegurar el futuro para su familia. Los Stone tenían una espléndida casa en Londres y una cuantiosa fortuna ahorrada tanto en el banco como en inversiones. Pero por el momento ellos no deseaban contarle a Elizabeth para que no se sintiera obligada a quedarse más tiempo con ellos. En esa chica tan especial, ellos habían encontrado cariño y amor incondicional y deseaban demostrarle lo mucho que agradecían que ella les haya iluminado su vida con su alegría y optimismo prácticamente en el ocaso de sus vidas.
Por su parte, Elizabeth sintió una conexión profunda con Agatha, muy parecida a la que tenía con su tía Madeline Gardiner. Con ella podía conversar de todo y siempre recibía comprensión y buenos consejos, muy diferente que con su madre que jamás era capaz de ponerse en el lugar de otros.
"Mi querida Lizzie, tengo un regalo para ti," dijo Agatha y le dio algo que parecía un libro envuelto en un hermoso papel rojo.
"Tía, no es necesario que me des más regalos. Me has comprado más ropa de la que necesito, en serio, no es necesario que me des nada más," explicó Elizabeth un poco avergonzada. Tía Agatha siempre había deseado tener una hija, y con Elizabeth cumplió todos sus sueños al poder regalarle un montón de cosas hermosas.
"Lizzie, este es un regalo muy especial y si no lo aceptas me voy a ofender mucho," dijo Agatha acariciando el rostro de su querida sobrina. "Además, es algo muy sencillo, mi niña querida."
Elizabeth entendió que era mejor no seguir discutiendo y aceptó el regalo. Cuando lo abrió, descubrió que era un diario de vida. "Muchas gracias, tía. Es realmente un regalo muy hermoso."
"Allí, mi querida Lizzie podrás escribir todas las aventuras que vivas y también tus pesares. Cada vez que escribas en ese diario, quiero que recuerdes a tu tía Agatha y a tu tío Archibald que sea donde sea que estén, siempre estarán pensando en ti y deseándote lo mejor." Elizabeth abrazó a su tía muy emocionada y ambas siguieron conversando animadamente por varias horas más.
Esa noche los Stone organizaron una cena de despedida para su amada sobrina y todos los amigos del barrio asistieron para despedirse de ella y pedirle que no se olvidara de ellos.
Esa misma noche, Elizabeth comenzó a escribir en su diario sobre sus maravillosos tíos, todos sus nuevos amigos y principalmente sobre William, el hombre al que ella amaba con todo su corazón.
P&P
El señor Darcy estaba hace casi tres meses en Derbyshire y no había día que no extrañara a Elizabeth. Afortunadamente en dos semanas más, podría viajar a Londres para conversar con Archibald Stone. Él planeaba contarle al anticuario todo lo relacionado con su padre y pedirle su apoyo y consejos para saber como explicarle todo a Elizabeth de la mejor forma posible. Él estaba consciente de que ella no lo iba a tomar bien en un principio y tal vez hasta se enojara por un tiempo. Pero él estaba dispuesto a hacer todo lo que fuera posible para que ella entendiera que más allá de quién él fuera y sus circunstancias, ellos se amaban y estaban destinados a estar juntos.
Georgiana y su dama de compañía llevaban casi dos meses en Ramsgate. Afortunadamente su hermana se había adaptado muy bien con la señora Younge y estaba disfrutando del verano en la costa. Él agradecía mucho eso, porque en ese momento no era buena compañía para nadie. Pasaba gran parte del día trabajando en las obras de mejora de los canales de regadío, las cercas de la parte norte que colindaban con las tierras de otro hacendado y la remodelación del granero, por lo que al llegar la noche estaba exhausto y sólo deseaba encerrarse en su estudio a contemplar el retrato de Elizabeth y pensar en un futuro lleno de esperanza. Aunque estaba solo, él ya no se sentía solo al recordar que aquella hermosa señorita lo amaba sinceramente.
El escritorio en su oficina tenía un pequeño cajón en la parte inferior que podía cerrar con llave. Él nunca lo había usado antes, pero ahora guardaba allí el retrato de Elizabeth junto con su pañuelo y la joya que no había deseado aceptar. Cada noche después de cenar, se encerraba en su escritorio a beber un brandy, mirar su retrato, sentir el aroma de su pañuelo y a recordar los apasionados besos que compartieron cuando se despidieron aquella tarde junto al río.
La señora Reynolds como todos los antiguos empleados que conocían a su patrón desde que era niño notaron lo diferente que estaba. Se notaba más alegre y comunicativo que antes y sobre todo, menos severo y flexible en sus opiniones. Además, no les había pasado por alto el hecho de que hubiera pedido que en cuanto él se fuera a Londres, remodelaran todas las habitaciones del ala familiar, incluyendo la de la señora de la casa.
Pero la señora Reynolds estaba preocupada por Georgiana. Desde el momento en que conoció a Martha Younge no le dio buena espina, había algo en ella, en la forma en cómo hablaba que le parecía falso. Pero lo que más la hizo sospechar era que parecía conocer detalles de Pemberley y la familia que sólo personas muy cercanas a ellos podían conocer. Además, se había dado cuenta de que el señor Darcy estaba como en otro mundo y de que quizás por eso no había notado nada y decidió hablar directamente con él.
El señor Darcy sintió que alguien golpeaba la puerta de su estudio e inmediatamente envolvió el retrato de Elizabeth en el pañuelo, lo besó y guardó en el cajón. "Adelante, pase."
"Señor Darcy, siento mucho interrumpirlo a esta hora, pero necesito hablar con usted de un asunto importante. Quiero que me disculpe si considera que estoy exagerando en mi preocupación, pero prefiero que se enoje conmigo a seguir con esta sensación de que algo no está bien," explicó la señora Reynolds.
El señor Darcy se preocupó mucho y le dijo a la señora Reynolds que se sentara y le explicara qué era aquello que le preocupaba tanto. "Dígame por favor, y no se preocupe, sabe que puede confiar en mí para lo que sea."
"Me preocupa la señorita Darcy, señor," dijo la señora Reynolds visiblemente afligida.
"¿Pasó algo con Georgiana?" preguntó el señor Darcy preocupado.
"No lo sé señor, es sólo que tengo un presentimiento que algo no está bien," dijo la señor Reynolds y procedió a explicarle su dilema. "Señor Darcy, usted sabe que su hermana siempre ha sido muy tímida a la hora de hablar, pero que a ella le encanta escribir y cada vez que viaja por algún lugar siempre me envía largas cartas llenas de detalles y en las que incluso incluye dibujos. Ahora todas sus cartas son muy breves y en las que no dice prácticamente nada. De hecho, en las cartas que yo le he enviado le he contado sobre su caballo y su gato, y ella ni siquiera ha preguntado por ellos." La señora Reynolds continuó por varios minutos explicando sus preocupaciones con detalle.
El señor Darcy comenzó a pensar y a comparar lo que la señora Reynolds le contaba con su propia experiencia. Efectivamente Georgiana escribía una carta semanal en la que prácticamente no decía nada. Él había estado tan ocupado trabajando y pensando en su propia felicidad que se había olvidado por completo de su hermana. "Creo que tiene razón, señora Reynolds. Mañana mismo le mandaré un mensaje expreso a la señora Younge para que me explique qué está pasando con Georgiana."
"Me va a disculpar, señor, pero si alguien está interfiriendo con nuestra correspondencia es probable que esa mujer esté al tanto," dijo la señora Reynolds enfáticamente.
El señor Darcy no pudo negar que lo que decía la señora Reynolds hacía mucho sentido. El trabajo en la hacienda estaba prácticamente concluído y su capataz podía hacerse cargo de todo eso. Él podía viajar a Ramsgate, cerciorarse de que todo estuviera bien con su hermana y después regresar a Londres. Además, podría pasar unos días en la playa con Georgiana y contarle sobre Elizabeth y su futuro matrimonio. "No se preocupe, señora Reynolds. Pasado mañana viajaré a visitar a Georgiana y me quedaré unos días con ella para asegurarme de que esté bien y contenta."
La señora Reynolds se sintió muy feliz de saber que su patrón había tomado su opinión en cuenta y se sintió más tranquila al saber que iría a pasar unos días con Georgiana.
P&P
"Mi amor, no sabes lo feliz que me hace saber que has aceptado ser mi esposa pese a que yo no soy digno de ti. Pero quiero que sepas que pese a que no te puedo ofrecer nada material, te amaré toda mi vida y haré todo lo posible para hacerte la mujer más feliz del mundo," dijo Wickham mientras le besaba la mano a la estúpida y desabrida Georgiana Darcy.
"George, no digas eso. Sabes que a mí no me importa el dinero, sólo que tu y yo estemos juntos para siempre," replicó Georgiana muy emocionada. "Pero no puedo negarte que me da pena no poder decirle nada a mi hermano, a Richard o a mi tía Victoria. Ellos son mi familia y yo los quiero mucho."
"Lo entiendo, mi amor. Pero ya ves, en todos estos meses no te han escrito ni un sólo día. La señora Younge te contó como tu hermano casi la obligó a traerte acá para tenerte lo más lejos posible de él. Pero no te preocupes, mi amor, yo siempre estaré contigo." George Wickham tenía que ser lo más convincente posible ya que más seguido de lo que le habría gustado veía a Georgiana dudar.
Él pasaba gran parte del día cerca de ella gracias a la ayuda de Martha. No le había sido fácil convencerla de que estaban enamorados y estaba a pocos días de poder concretar su plan de fugarse con ella a Gretna Green, y de una vez por todas tomar revancha por todo lo que le había hecho el desgraciado de Darcy.
La señora Younge estaba cada día más insegura de todo lo que estaba ocurriendo. En un principio no le había sido difícil aceptar la propuesta de Wickham pensando en su futuro. Pero ahora que conocía a Georgiana, y sobre todo de ver como esa pobre niña se había aferrado a ella con tanto cariño no estaba segura si deseaba arruinarle la vida. Por eso deseaba que todo lo que debía pasar, pasara luego para no arrepentirse y lamentarlo más tarde.
Esa noche Georgiana lloró antes de dormir. Por una parte estaba la felicidad que sentía de saber que alguien la amaba y por otra el dolor por el distanciamiento de su hermano y toda su familia. Tal vez George tenía razón y era momento de iniciar su propio destino al lado de su esposo y tener la familia que siempre había soñado.
P&P
Elizabeth regresaba a casa después de una larga caminata a su destino favorito, al monte Oakham. El día anterior había recibido cartas de tía Agatha y Charlotte con muy buenas noticias. Tío Archibald había sido invitado a exponer a Oxford sobre varios de sus trabajos en restauración de obras de arte, y Charlotte le había contado que estaba en cinta y que a fines del invierno nacería su bebé. Por eso la invitaba para que fuera en primavera a conocer al nuevo integrante de la familia Collins y pasar un tiempo con ella.
Pero además había llevado su diario y aquel libro que le había regalado William. La noche anterior nuevamente había soñado con él y no podía esperar volver a verlo. En su diario escribía todas las cosas que le pasaban tal y como si estuviera conversando con él. Su plan era poder leerle cada una de las páginas una vez que volvieran a estar juntos para que él supiera que no había pasado ni un sólo día en el que no pensara en él.
Como era de esperar, ella sólo le había contado a Jane sobre su compromiso con William porque sabía que ella no le contaría a nadie su secreto. Ella sabía que probablemente su madre y tal vez su padre, se opondrían a la relación entre ellos. Aunque nunca habían hablado del tema, ella asumió que él era un comerciante itinerante, como lo había sido su tío. Probablemente sus ingresos le daban para mantener a una familia sin grandes lujos. De hecho, la casa de su tío era una de las más modestas del barrio de prósperos comerciantes. Pero ella en seis meses más cumpliría la mayoría de edad, y si su padre negaba su autorización, no tendrían que esperar mucho para poder casarse.
Además, ella tenía pensado hablar con su tío Gardiner y pedirle que ayudara a William a establecer algún tipo de negocio más estable. Ella estaba llena de planes para el futuro, y más aún sabiendo que si sus padres no la apoyaban tío Archibald y tía Agatha sí lo harían.
Cuando finalmente llegó a la casa, su madre estaba toda alborotada conversando con su tía Phillips. "Lizzie, dónde estabas muchacha, no sabes las magníficas noticias que nos trajo tu tía."
"Llegaron nuevas telas, sombreros y encajes a la tienda del señor Price, mamá?" preguntó Elizabeth sonriendo mientras le guiñaba a Jane que le sonreía dándole a entender que algo estaba pasando.
"No, Lizzie, algo aún mejor. ¡El señor que alquiló Netherfield es un hombre joven, guapo y soltero!" dijo la señora Bennet emocionada.
"¿Y cómo sabes que es guapo, mamá? ¿Tú ya lo conociste?" Elizabeth estaba disfrutando la absurda conversación.
"No, Lizzie, pero no puede ser feo porque tiene un ingreso anual de cinco mil libras. Jane, yo sé que él es el hombre para ti, y después de que te cases con él, todas estaremos a salvo de la ruina," dijo la señora Bennet sonriendo de alegría.
Elizabeth le iba a replicar algo, pero Jane le tomó la mano para recordarle que iba a perder el tiempo si trataba de razonar con su madre. Así que Elizabeth fue a su cuarto y guardó su diario, el libro de William y las cartas en su pequeño baúl de recuerdos. Luego, fue a tomar el té al salón para seguir escuchando las cosas sin sentido que su madre decía.
P&P
El viaje a Ramsgate había sido bastante más agradable de lo que había presupuestado y llegó a casa de su hermana antes de lo esperado. Él quería sorprender a Georgiana y pasar unos días con ella de relajo junto al mar.
En el momento que llegó a la casa notó que algo extraño estaba aconteciendo ya que el mayordomo, un empleado al que no conocía, se puso muy nervioso. Sobre todo cuando cuando él le preguntó porque en el vestíbulo había un baúl con pertenencias de su hermana siendo que a él nadie le había notificado que ella viajaría.
Como el mayordomo no supo darle ni una respuesta coherente, él decidió hablar directamente con su hermana a la que encontró en un pequeño salón, sentada junto a un ventanal con vista al mar muy concentrada escribiendo una carta. "Georgie, ¿para quién es esa carta que escribes con tanto ahínco?" preguntó el señor Darcy feliz de ver a su querida hermana bien.
"William," gritó Georgiana emocionada y corrió a abrazar a su hermano. Después de conversar por breves minutos sobre el viaje y lo mucho que se habían extrañado, Georgiana respondió a la pregunta. "La carta era para ti, William, pero supongo que ahora que estás aquí no será necesario enviártela."
"Veo que llevas escritas más de tres páginas y eso me alegra mucho. De hecho, una de las razones por las que vine fue porque esas cartas tan breves que nos enviaste a mí y a la señora Reynolds nos hicieron pensar que tal vez no estabas bien." El señor Darcy agradecía haber venido porque notaba que algo estaba sucediendo que no lograba entender.
"Yo estoy mejor que nunca, William, y ahora que estás aquí creo que mi felicidad será completa. Lo que no entiendo es por qué dices que les he enviado cartas breves, yo siempre les cuento todo a tí, a Richard y a la señora Reynolds. Además, son ustedes los que no me han enviado ni una sola carta. Pero no hablemos más de eso, tengo que contarte algunas cosas maravillosas que me han pasado." Georgiana quería seguir hablando pero vio que su hermano la miró seriamente y prefirió no decir nada más.
"Georgie, nosotros te hemos escrito sin falta y como siempre lo hacemos, por lo visto nuestras cartas no te han llegado y me encantaría saber por qué. Pero déjame aclararte que las cartas tuyas que hemos recibido han sido breves, de una sóla página y sin mayores detalles." El señor Darcy vio el rostro de preocupación de su hermana y supo inmediatamente lo que debía hacer. "¿Dónde está la señora Younge?"
"Ella debe estar en su cuarto, le gusta mucho dormir la siesta," dijo Georgiana
El señor Darcy llamó al mayordomo y le pidió que le avisara a la señora Younge que necesitaba hablar urgentemente con ella. Mientras tanto aprovechó de hacerle otras preguntas a su hermana. "Georgiana, ¿por qué tu baúl de viaje está en el vestíbulo?"
Georgiana se puso muy nerviosa y sólo se limitó a darle la carta que estaba escribiendo cuando su hermano llegó. El señor Darcy leyó lo más rápido que pudo y cuando terminó, se sentó y se tomó la cabeza con las manos preguntándose cómo había permitido que su hermana cayera en las garras del desgraciado George Wickham.
"Georgie, siéntate por favor. Tengo que contarte muchas cosas y espero que te des cuenta de que todo lo que te voy a decir es por tu bien." El señor Darcy pasó a relatarle a su hermana todo lo que sabía de George Wickham, de la forma en como siempre se había comportado y sus malos hábitos.
Georgiana lo escuchó atentamente con algo de incredulidad, pero no muy segura de que todo estuviera perdido. "William, a lo mejor él ha cambiado y no es la persona que era antes." El señor Darcy abrazó a su hermana y le rogó que no fuera tan inocente, y de esa forma permanecieron hablando por unos cuantos minutos más.
Cuando la señora Younge supo de la presencia del señor Darcy en la casa, de cierta manera lo agradeció. Ella estaba arrepentida de haber permitido que George Wickham enamorara a Georgiana. La pobre muchacha era tan ingenua y vulnerable que en manos de ese rufián sólo le esperaba sufrimiento. Ella se había encariñado con la señorita Darcy que siempre la había tratado con deferencia y mucho afecto, por lo que decidió que haría lo correcto.
Cuando llegó al cuarto donde estaban los Darcy, sin siquiera esperar que la cuestionaran, ella comenzó a relatar toda la historia que Wickham había tramado, cómo ella había ayudado y las razones por las que lo había hecho. Además, como había interceptado las cartas familiares y eliminado las páginas de las cartas de Georgiana donde les contaba de su reencuentro con George Wickham. "Sólo quiero pedirle disculpas, señorita Darcy, por haberla expuesto a un hombre como ese. Espero que en la bondad de su corazón algún día pueda perdonarme."
Georgiana para esas alturas sólo lloraba abrazada a su hermano, y él señor Darcy se sentía atormentado y culpable por haber dejado a su hermana en manos de gente inescrupulosa. "Quiero que empaque sus cosas y se vaya ahora mismo, señora Younge."
"No se preocupe, así lo haré," dijo Martha. Sin duda alguna las cosas no habían salido como lo esperaba, pero al menos no debería cargar por el resto de su vida con el peso de haberle arruinado la vida a una chica que no lo merecía.
George Wickham estaba feliz, al día siguiente partiría hacia Gretna Green, y si tenía suerte en todo, en unos diez días más podría reclamar las treinta mil libras de la dote de su futura esposa. Pero poco le duró la felicidad porque en cuanto entró a la casa, el señor Darcy se abalanzó sobre él y comenzó a golpearlo y maldecirlo.
"Maldito desgraciado, tú no tienes límites, ¿cómo pudiste aprovecharte de una niña de tan sólo quince años?" dijo el señor Darcy mientras golpeaba sin césar a Wickham.
"William, por favor, no más. Lo vas a matar si sigues golpeándolo de esa forma, por favor, mi querido William," rogaba Georgiana que no deseaba que su hermano se fuera a meter en problemas por culpa de ese canalla.
El señor Darcy entendió que su hermana tenía razón y soltó a Wickham. "Ándate de mi casa antes que me arrepienta, y ruega que no te vea nunca más o prometo que te mandaré a la cárcel."
Wickham se levantó y con un pañuelo se limpió la sangre de la cara. "Eres un salvaje, Darcy. Pero te juro que esto no se quedará así."
"Tienes un minuto para irte de mi casa o te echaré a patadas," dijo el señor Darcy. "Ven conmigo Georgiana, te acompañaré a tu cuarto."
George Wickham siempre había odiado a Fiztwilliam Darcy porque tenía todo lo que él merecía, por eso cuando le habló con tanto desprecio todo ese rencor revivió en él. Cuando vio que el señor Darcy se volteó, tomó uno de los candelabros que había en la mesita de entrada y lo golpeó fuertemente en la cabeza.
"George, ¿qué has hecho?" gritó Georgiana horrorizada, mientras el señor Darcy cayó inconsciente en el piso del vestíbulo.
Wickham al ver el cuerpo inerte de su peor enemigo, se asustó y huyó inmediatamente. La señora Younge que escuchó toda la conmoción se hizo cargo de todo hasta que llegó el Coronel Fitzwilliam unos días más tarde.
Después de diez días del accidente finalmente pudieron retornar a Londres y consultar al doctor de la familia que tenía mucho más experiencia que el que lo había atendido en Ramsgate. Su diagnóstico fue positivo y le dijo al señor Darcy que poco a poco iría recuperando la memoria, que sólo debía tener paciencia y que evitara hacer ejercicio o labores extenuantes. Le recetó mucho reposo y sobre todo, evitar problemas y situaciones que pudieran alterar su sistema nervioso.
"¿Qué piensas hacer Darcy?" le preguntó el Coronel Fitzwilliam a su primo.
"Me mantendré alejado de todos por un tiempo. Como te expliqué ayer, recuerdo prácticamente todo, sólo no tengo memoria del último año de mi vida. En estos meses, revisaré los periódicos para enterarme de todo lo que ha pasado, revisaré todos los documentos del último año para tener una idea de lo que ha pasado en mis negocios y releeré la correspondencia de amigos para intentar saber qué ha pasado en mi vida personal. A todos les he contado que tuve un accidente de carruaje y que me estoy recuperando de algunas lesiones. Sólo volveré a interactuar en sociedad cuando me sienta seguro de que nadie notará mis problemas de memoria." El señor Darcy sabía que mucha gente podría intentar sacar partido de él si conocían los detalles de su actual situación.
"¿Y cuánto tiempo crees que todo eso te tomará?" preguntó Richard curioso.
"Unos tres o cuatro meses. Además, aún tengo dolores de cabeza y no me siento con ganas de ver a nadie," explicó el señor Darcy.
"Ya sabes que mañana debo volver a mi regimiento, pero pretendo estar de vuelta dos semanas antes de nuestra visita a Kent. Sé que no me perdonarás si nuevamente no te acompaño," dijo Richard riendo.
"Como no recuerdo como fue mi visita el año pasado, creo que me será muy fácil perdonarte," dijo el señor Darcy sonriendo.
"No olvides escribirme y contarme cómo avanza todo por tu vida, y sobre todo, con tu memoria."
"Lo haré," dijo el señor Darcy.
P&P
"¿William?"
"No señorita, mi nombre es Fitzwilliam, pero llámeme señor Darcy, por favor." Él no entendió porque esa mujer le habló con tanta familiaridad, pero asumió que la cuñada de su amigo sabía sobre su fortuna y su magnífica hacienda en Derbyshire y por eso estaba buscando congraciarse con él. Al parecer, no sólo tendría que lidiar con Caroline sino también con esa extraña criatura toda enlodada.
P&P
En el próximo capítulo volvemos a donde quedamos en el primer capítulo, y Elizabeth comenzará a interactuar con este nuevo William.
¡Nos vemos pronto!
Saludos,
Yo
