Capítulo 7

"Lo siento, señor, lo confundí con una amigo," dijo Elizabeth con una voz temblorosa. Ella estaba muy confundida y no entendía qué estaba pasando, sólo sabía que tenía que salir de ese cuarto lo antes posible. "Querido Charles, ¿puedo ir a ver a Jane?"

"Claro, mi querida Lizzie, déjame acompañarte hasta su cuarto. Además quiero ver cómo está Jane, ayer estuve prácticamente todo el día fuera de casa y no quiero que se sienta sola," respondió el señor Bingley. Él vio lo nerviosa que estaba Elizabeth por la forma tan déspota en cómo le había respondido su amigo y deseaba hacerla sentir bien.

"No es necesario, Charles, conozco bien la casa. Por favor, sigue atendiendo a tu invitado, y no te preocupes que por ahora yo me haré cargo de ella." Elizabeth hizo una pequeña reverencia y salió lo más rápido que pudo de ese cuarto. Luego subió corriendo las escaleras hasta que llegó a la puerta de la habitación de Jane. Allí se detuvo y sin poder evitarlo, lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué William fingía ser otro hombre? ¿A qué estaba jugando?.

Después de calmarse un poco y secarse las lágrimas, decidió que no sacaría conclusiones apresuradas, y que tal vez más tarde, iba a tener la posibilidad de aclarar todo con él. En ese momento lo importante era cerciorarse de que Jane estaba bien. Lamentablemente cuando entró al cuarto de su hermana se dio cuenta de que tenía mucha fiebre y le dolió mucho ver que estaba sola en la habitación mientras sus cuñadas hacían vida social con el invitado de su hermano.

"Lizzie, qué gusto me da verte querida hermana," dijo Jane sin poder evitar toser mientras hablaba.

"No te agites, Jane, debes descansar para que pronto te recuperes," dijo Elizabeth. Inmediatamente ella se encargó que trajeran agua fresca y ayudó a Jane a cambiarse de camisón y a refrescarse. Después de eso, y para poner su mente en otra cosa, le empezó a contarle que Charlotte ya estaba en confinamiento, que tía Agatha y tío Archibald estaban muy bien y que su amiga Sylvie acababa de abrir una nueva tienda en una de las calles más exclusivas de Londres. "Ella tiene mucho talento, Jane, sé que le irá muy bien."

"No lo dudo, Lizzie, todos los vestidos que hizo para ti son maravillosos," contestó Jane. Ella estaba agradecida de que su hermana estuviera allí porque sabía que ninguna de sus cuñadas estaba interesada en pasar el día cuidando de una enferma y no deseaba que su esposo descuidara a su amigo que había llegado tan sólo el día anterior. Ella sabía lo importante que ese hombre era para su querido esposo. "Lizzie, ¿conociste al señor Darcy? Él es el mejor amigo de Charles."

Elizabeth inmediatamente se puso un poco nerviosa, pero trató de ocultarlo lo mejor que pudo aunque Jane notó algo diferente en su hermana. "Sí, pero sólo de pasada. ¿Hace cuánto tiempo Charles conoce a ese señor?" Elizabeth quería averiguar lo más que pudiera sin alertar a Jane. Ella ya tenía suficiente con tener que aguantar a las dos arpías que tenía por cuñadas como para además tener que preocuparse por ella.

"Se conocieron en Cambridge más de cinco años atrás. Charles me contó que era uno de los pocos caballeros que se había interesado en conocerlo sin querer sacar provecho de él," explicó Jane. "Por eso tengo muchas ganas de conocerlo y no quiero que Charles tenga que estar encerrado aquí y no pueda ser un buen anfitrión. Él me contó que siempre que ellos viajan al norte, pasan por casa de su amigo y él los atiende con mucho cuidado y deferencia. El señor Darcy tiene una de las haciendas más grandes y prósperas del norte y un ingreso anual de más de diez mil libras al año, aunque Charles dice que él está seguro que debe ser más del doble de eso. Él es uno de los hombres más ricos de Inglaterra, prácticamente dueño de la mitad de Derbyshire y nieto de un Conde."

Mientras Jane le daba más detalles del señor Darcy, Elizabeth sentía que temblaban las piernas y para evitar que esa información la hiciera sentir más abrumada de lo que estaba, comenzó a ordenar algunas cosas y pasear por el cuarto de su hermana. "Lizzie, deja esas cosas allí. Más tarde le pediré a una de las criadas que se encargue de recoger la ropa sucia."

"Ya sabes como soy, Jane, me cuesta mucho estar sentada sin hacer nada," explicó Elizabeth.

"Entonces qué te parece si me lees un poco. Él libro que me prestaste es muy interesante," pidió Jane.

Elizabeth se sentó en la cama al lado de su hermana y leyó por veinte minutos hasta que se quedó dormida. Ella se quedó allí pensando y pensando quién era aquel hombre y sólo tenía dos posibles respuestas a su dilema. Por alguna extraña razón, ese hombre era idéntico a William, o ese hombre era un canalla que se hacía pasar por quien no era quién sabe con qué oscuros propósitos. Fuera cual fuese el caso, en ambas alternativas ella debía ser fuerte y prepararse para olvidarse definitivamente de él y la ilusión del primer amor.

P&P

"Charles, no puedo creer que tu cuñada haya caminado casi cuatro millas por senderos llenos de lodo porque Jane tiene un simple resfrío. Sin duda alguna Eliza muchas veces actúa como una campesina salvaje," dijo Caroline con disgusto.

"¡Y su pelo, todo desordenado y la enagua toda embarrada! Qué horror," agregó Louisa igual de exasperada.

"Lizzie quiere mucho a su hermana y a mí me parece digno de destacar su amor y preocupación. Además, ella creció aquí en el campo y sus costumbres son diferentes a las de las señoritas de la ciudad. Pero independientemente de eso, ustedes saben muy bien que ella es una persona muy valiosa a la que todos quieren y admiran." El señor Bingley quería mucho a su cuñada y no iba a permitir que sus hermanas hablaran mal de ella.

Caroline y Louisa entendieron que no deberían seguir enemistando a su hermano y por eso bajaron el tono de sus acusaciones. "No voy a negar que Eliza puede ser una mujer bastante agradable, más allá de que esté o no de acuerdo con algunas de sus acciones. Pero el resto de su familia es sencillamente un horror, y no puedes decir nada que me haga cambiar de opinión, Charles," dijo Caroline acusadoramente.

"Las hermanas menores y la madre de Jane son simple y llanamente vulgares, aunque reconozco que Jane es una chica muy dulce. Pero ella es la excepción en esa familia sin clase, y además pobres con las que tendremos que cargar el día que falte el padre," agregó Louisa mientras su hermano trataba de defender como podía a la familia de su esposa.

El señor Darcy escuchaba con atención todo lo que decían las hermanas del señor Bingley y no pudo evitar sentir un poco de pena y remordimiento. Al parecer, el bueno de su amigo había caído en las garras de una mujer muy por debajo de su nivel social y sin nada que aportar al matrimonio. Pero además no podía dejar de pensar en la señorita Bennet y en la familiaridad con la que le había hablado. Había algo en ella que le producía mucha inquietud y por eso más que nunca debía estar alerta. Él no recordaba nunca haber sentido una atracción casi inmediata hacia una mujer y sabía que debía enmascararlo lo mejor posible para que nadie se diera cuenta.

"Ustedes exageran, mis cuñadas son señoritas muy simpáticas y alegres. El problema es que ustedes están empeñadas en encontrar todos los defectos posibles en ellas porque nunca estuvieron de acuerdo que me casara con Jane," argumentó el señor Bingley exasperado.

"Bueno, si nuestra opinión te parece tan exagerada preguntémosle al señor Darcy y veamos que opina él. Señor, ¿a usted le gustaría que su hermana Georgiana caminara cuatro millas en medio del campo con su enagua toda enlodada?" preguntó Caroline para demostrarle a su hermano que había justicia en lo que decía.

"Por supuesto que no, pero Bingley tiene razón, en el campo las costumbres suelen ser más relajadas," contestó el señor Darcy no queriendo tomar partido por ningún bando.

La conversación continuó en el salón y él pudo enterarse de muchas cosas que no le gustaron para nada. Al parecer la nueva familia de su amigo no sólo era pobre sino también altamente inapropiada y con conexiones directas con el comercio.

Elizabeth vio que Jane estaba bien dormida y que respiraba bastante mejor después de las friegas que le había hecho en el pecho con un ungüento de hierbas medicinales que el boticario le había recetado. Besó a su hermana en la frente y fue en busca de su cuñado para despedirse y preguntarle si podía regresar al día siguiente para acompañar a su querida hermana que debía hacer reposo por unos cuantos días más.

Al acercarse al salón pudo escuchar parte de una interesante pero perturbadora conversación. "La hacienda del señor Bennet la heredará un primo distante y en la familia de la señora Bennet todos son comerciantes. Imagínese, señor Darcy, que el nuevo tío de mi hermano vive en Cheapside."

"Caroline, hasta cuando vas a repetir lo mismo. Tío Gardiner vive cerca de Cheapside y es uno de los hombres más inteligentes y generosos que jamás he conocido, de hecho me recuerda mucho a nuestro abuelo Ralph," dijo el señor Bingley bastante irritado por el tono en que su hermana siempre despreciaba a la familia de su esposa.

"Bingley, aunque ese señor sea la persona más noble del mundo, sigue siendo un comerciante, y eso atenta en contra de las posibilidades de que tu esposa pueda ser aceptada en los círculos sociales al que tú y tu familia ahora pertenecen," dijo el señor Darcy enfáticamente, tanto, que el señor Bingley no supo qué replicar.

Cuando Elizabeth escuchó eso, supo que ese hombre no era su William porque ella jamás sería capaz de admirar y menos de amar a alguien tan arrogante y orgulloso. Antes de que la pena la invadiera decidió entra al cuarto con la frente bien en alto para dejarle en claro a las cuñadas de su hermana y al pomposo invitado que nada de lo que ellos dijeran podría hacerla avergonzarse de su familia, y menos de su tío Gardiner que era un ejemplo a seguir para cualquiera que lo conociera.

"Charles, querido, vine a despedirme. Hice que Jane comiera algo y la dejé durmiendo. Si no es mucho molestar, me gustaría saber si puedo volver mañana para acompañarla." Elizabeth notó las caras de disgusto de Louisa y Caroline pero prefirió ignorarlas. El hombre que se parecía a William, en cuanto ella entró al cuarto se acercó al ventanal, le dio la espalda y la ignoró por completo.

El señor Bingley le explicó a Elizabeth que los siguientes días estaría muy ocupado, porque su amigo quería recorrer la propiedad y analizar un montón de cosas relacionadas con la hacienda para ayudarle a comprender mejor todo el trabajo que debía hacer. El señor Bingley sabía que sus hermanas dejarían a Jane completamente sola por lo que prefería que Elizabeth estuviera allí. "Por eso, querida Lizzie, quería pedirte que te quedaras con nosotros por unos cuantos días, por lo menos hasta que Jane se recupere."

Elizabeth no deseaba estar ni un minuto más en ese lugar pero comprendió muy bien por qué Charles le pedía su ayuda. "Está bien Charles, ya sabes que tú y Jane siempre pueden contar conmigo para lo que necesiten." Ella y el señor Bingley fueron a hablar con el mayordomo para que se encargase de mandar a alguien a Longbourn en busca de las cosas necesarias para Elizabeth.

Mientras tanto el señor Darcy no estaba para nada contento con todo lo que estaba pasando, la presencia de esa mujer en casa de su amigo, sin duda alguna era una mala noticia para él. Pero como siempre lo hacía con todas las mujeres que buscaban atraer su atención, él simplemente la ignoraría.

P&P

Aprovechando que Caroline estaba ocupada intentando atrapar la atención del señor Darcy, Louisa fue a hablar con su esposo. "Henry, ¿por qué te viniste a encerrar a tu habitación a esta hora del día?" preguntó Louisa a su esposo.

El señor Hurst pensaba hacerse el dormido pero ya estaba aburrido de tener que hacerse el tonto fingiendo que no escuchaba ni veía todo lo que acontecía a su alrededor. "Me vine a encerrar aquí porque no soporto a tu hermana. Ya respondí a tu pregunta, y antes que comiences a criticarme por lo que como, bebo o no bebo, prefiero que me dejes solo." Al señor Hurst le dolía profundamente que su esposa siempre permitiera que su hermana interfiriera en sus vidas.

"Henry, es que tu siempre exageras. Caroline puede ser un poco intensa en sus opiniones, pero sabes muy bien que ella siempre quiere lo mejor para mí," dijo Louisa no muy convencida.

"No me hagas reír, Louisa. Caroline sólo busca su bienestar y no entiendo por qué tu siempre la secundas en todo. Le has permitido que interfiera en nuestras vidas y cada día tú y yo estamos más distantes el uno del otro. Ah, pero no conforme con eso, ahora quiere hacer lo mismo con Charles y su esposa. Louisa, yo al igual que tú, pienso que Charles debería haberse casado con una mujer de una familia menos escandalosa. Pero sabes qué, ya se casó, y ahora no nos queda de otra que apoyarlo, tal como él lo ha hecho con todos nosotros todo este tiempo." El señor Hurst no se guardó nada porque estaba sinceramente harto de su cuñada.

"Henry, no puedo creer que me hables de esa forma. Caroline y yo queremos lo mejor para Charles y nos ha sido difícil aceptar todas sus locuras. Primero, venir a enterrarnos a este lugar lleno de gente tan corriente y después que se casara tan por debajo de nuestras expectativas." Louisa no deseaba discutir con su esposo nuevamente porque su relación cada vez era más distante.

"Está bien, Louisa. Está claro que no te voy a convencer de lo contrario, por eso te pido que no hablemos más de este tema, ¿te parece?" El señor Hurst se sentía dolido cada vez que su esposa lo hacía a un lado por seguir las maquinaciones de su hermana. Él en un principio se casó con ella por su generosa dote, pero al pasar de los meses y conociéndola más en privado se dio cuenta de que era una mujer muy insegura, pero muy tierna a la vez, y por eso se había enamorado profundamente de ella. Desafortunadamente, sabía que Louisa nunca lo llegaría a querer porque ella sólo había buscado en él a un esposo con conexiones con los primeros círculos. De hecho, estaba segura que Caroline la había convencido de que lo aceptara. Henry Hurst era el sobrino de Lord Fleming, un Barón con muy buenos contactos entre los caballeros más destacados de Londres.

"Gracias, Henry," contestó Louisa un poco triste. Pero ella no deseaba seguir discutiendo y por eso le preguntó a su esposo si deseaba acompañarla a dar un paseo por el jardín. Para evitar seguir discutiendo de lo mismo, él decidió acompañarla, y a los menos por una hora, pudieron disfrutar de la mutua compañía sin tener que siquiera pensar en los problemas de otros.

P&P

Antes de la hora de la cena, las pertenencias de Elizabeth llegaron a Netherfield y ella no tuvo excusa para no cenar con la familia en el comedor. Ella estuvo con Jane hasta que el señor Bingley llegó para acompañar a su esposa hasta que se quedara dormida. Elizabeth aprovechó la ocasión para cambiarse de ropa y prepararse para unirse al resto de la familia en el comedor. Afortunadamente, Mary y la señora Hill se habían encargado de empacar sus cosas por lo que no sólo habían enviado ropa sino también el último libro que estaba leyendo. Ella pensaba mantenerse la mayor parte del tiempo con Jane o en su habitación, para de esa forma evitar a toda costa a las hermanas de su cuñado y a su arrogante amigo.

Cuando Elizabeth finalmente estuvo lista, el señor Bingley la escoltó hasta el comedor. Ella se puso un vestido muy sencillo, pero muy bonito que le había regalado su tía Agatha. Ella pensaba comer y excusarse inmediatamente para poder ir a dormir y dejar de pensar en cosas que le hacían tanto daño. Ella deseaba poder contarle a Jane todo lo que estaba pasando, pero su hermana aún estaba enferma y no quería preocuparla con nada.

Cuando llegaron al comedor, el resto de los habitantes de Netherfield estaban a punto de sentarse a la mesa. "Charles, es de muy mala educación llegar tarde a cenar, y más aún cuando tenemos un invitado de la categoría del señor Darcy. Qué vivamos en este lugar alejado de la civilización no significa que nos vamos a olvidar de los buenos modales. Hace más de veinte minutos que te avisé que la cena estaría servida," dijo Caroline molesta.

"Lo siento, Darcy, es que no quería dejar a mi esposa sola hasta que se quedara dormida," dijo el señor Bingley todo afligido.

"No te preocupes, Charles, entiendo perfectamente," dijo el señor Darcy que no pudo evitar mirar a Elizabeth a quien saludó con una reverencia y luego ignoró.

Como siempre la conversación de la cena la monopolizó Caroline, que actuó como anfitriona ante la ausencia de Jane. Como era de esperar, se sentó al lado del señor Darcy, y sentó a Elizabeth lo más lejos posible y al lado de su cuñado. En todo caso, a ella no le importó porque no deseaba tener que verse forzada a hablar con nadie. Aunque pese a lo ausente que estaba, pudo notar claramente que a Caroline le gustaba mucho el amigo de su hermano, pero que sin embargo él no mostraba mucho interés en ella.

El señor Darcy se había preparado meticulosamente para ignorar a la cuñada de su amigo. Él había asumido que ella usaría sus mejores encantos para llamar su atención, y pese a que la consideraba muy atractiva, él había conocido muchas mujeres bellas a las que no tenía inconveniente en demostrarles que no deseaba tener ninguna interacción con ellas. Pero sin embargo, había pasado todo lo contrario, ella prácticamente no lo había mirado y ni siquiera había intentado dirigirle la palabra para hablar las trivialidades típicas.

Por alguna razón que estaba más allá de su entendimiento, le hirió la actitud de Elizabeth, que lo ignorara casi como si él no existiera cuando tan sólo unas horas atrás lo había llamado William con un brillo especial en sus hermosos ojos. A él sólo su madre y su hermana lo habían llamado así.

Caroline notó cómo el señor Darcy, sin percatarse de que ella lo observaba, miraba lo más disimuladamente posible a Elizabeth cada vez que podía. Afortunadamente la tonta de su concuñada parecía no darse cuenta, probablemente sabía que un hombre como él estaba muy por encima de ella. Además, un día que ella se puso a escuchar detrás de la puerta de la habitación de Jane creyó oír que Eliza estaba enamorada y comprometida secretamente con un comerciante. "Eliza, estás muy silenciosa esta noche. Me imagino que debes estar agotada después de tanto caminar," dijo Caroline riendo y haciendo reír a su hermana.

Elizabeth no tenía ganas de entrar en polémicas por lo que sólo respondió, "Así es, señorita Bingley, estoy muy cansada." Después, Elizabeth siguió comiendo en silencio.

A Caroline no le gustó la respuesta de Elizah, ella tenía pensado provocarla para que ella respondiera con sus típicas impertinencias y el señor Darcy se diera cuenta de la calaña de mujer que era.

"Charles, y por supuesto al resto de los asistentes de esta cena, la verdad es que me siento muy fatigada. Deseo retirarme a mi habitación, siento mucho no poder acompañarlos a la sobremesa."

"Por su puesto, Lizzie, no faltaba más. Estamos en familia, no necesitamos ser tan formales," dijo el señor Bingley amablemente.

Elizabeth se puso de pie, les dio las buenas noches a todos y se retiró del comedor. Pero cuando llegó a su habitación se dio cuenta de que había olvidado su pañuelo, al que le tenía un afecto especial porque lo había bordado tía Agatha especialmente para ella y sabía que Caroline era capaz de mandar a botarlo a la basura con tal de sacarla de quicio. Pero cuando llegó al comedor no quiso entrar de inmediato porque escuchó lo que estaban hablando y no pudo creer lo que estaba oyendo.

"Sin duda alguna, Eliza estaba muy callada esta noche," dijo Louisa.

"De la boca de esa mujer sólo salen impertinencias así que mejor que no diga nada," complementó Caroline con sorna.

"Caroline, ya te he dicho que no me gusta que hables así de Lizzie," dijo Charle muy ofuscado.

"Señor Darcy, sabe usted que cuando llegamos aquí nos dijeron que Eliza era una de las bellezas de la zona, y yo la encuentro de lo más corriente," dijo Caroline riendo junto con su hermana.

"Ella es muy bonita, casi tan bonita como mi amada Jane," retrucó el señor Bingley. ¿No crees Darcy que mi cuñada es una mujer muy guapa?"

"Puedo decir que es bastante tolerable, pero no lo suficientemente bonita para mi gusto," contestó el señor Darcy inmediatamente mientras bebía un café y comía un trozo de tarta. "En todo caso, no deseo hablar de este tema, Bingley, me parece muy incómodo."

"Tienes razón, Darcy disculpa," dijo el señor Bingley mientras miraba a su hermana que sonreía de manera triunfal.

Elizabeth aprovechó que todos se quedaron en silencio para entrar al comedor, "lo siento, pero olvidé mi pañuelo." Una vez que lo recuperó volvió a dar las buenas noches y se retiró corriendo a su habitación donde se encerró a llorar hasta que se quedó dormida.

Ninguno de los comensales se dio cuenta de que Elizabeth había escuchado parte de la conversación por lo que siguieron compartiendo la sobremesa por unos minutos más.

Una vez terminada la cena, el señor Bingley se excusó con su amigo diciéndole que debía ir a acompañar a su esposa y él aprovechó la instancia para dar las buenas noches y también retirarse a su habitación. La continua cháchara de Caroline lo tenía verdaderamente agotado.

P&P

"William, te amo."

"¡Yo también te amo!, gracias por hacerme tan feliz… besas maravilloso, mi amor, por favor bésame así y para siempre. No te vayas, por favor… déjame ver tu rostro, necesito ver tu rostro y saber tu nombre. No me conformo con sólo escuchar tu voz…"

"William, si quieres ver mi rostro, mírame mi amor, aquí estoy, siempre he estado aquí en el fondo de tu corazón…"

"¿ELIZABETH BENNET?" dijo el señor Darcy mientras despertaba en medio de la noche del sueño recurrente que había tenido por muchos meses.

P&P

Gracias a todos los que dejan comentarios y siguen la historia con entusiasmo ya sea leyendo directamente o a través del traductor.

En el próximo capítulo, Elizabeth y el señor Darcy se verán frecuentemente y la dinámica será muy parecida a la que tuvieron en el libro original cuando convivieron en Netherfield.

¡Nos vemos pronto!

Saludos,

Yo