Capítulo 8

A la mañana siguiente, el señor Darcy se levantó muy temprano pese a que no había dormido bien. Él necesitaba cabalgar, el ejercicio siempre le ayudaba a aclarar su mente y tomar mejores decisiones. Él había soñado por meses que besaba a una mujer de una forma en la que jamás besó a nadie en la vida real, pero cada vez que quería ver su rostro o le preguntaba el nombre, ella parecía diluirse dejándolo con un inmenso pesar en el alma. Muchas veces despertaba en medio de la noche sintiendo que algo le faltaba pero no sabía qué era eso que tanto anhelaba.

Pero la noche anterior esa voz y esos besos tomaron forma y tuvieron nombre, Elizabeth Bennet. ¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué desde que vio a esa mujer se sentía tan intranquilo, y ahora hasta soñaba con ella? Además, estaba el hecho de que ella lo había llamado William. ¿Qué sabía esa mujer de él? Pese a que en un principio había decidido mantenerse lo más alejado de ella posible, estaba ponderando intentar conversar con ella. Tal vez valía la pena conocerla un poco mejor y averiguar qué razón tuvo para llamarlo de esa forma. Además, era mejor ser cordial con ella ya que debido al parentesco que tenía con su mejor amigo seguramente se iban a encontrar en más de una ocasión y por el resto de sus vidas. Lo único que le preocupaba era la atracción que sentía por ella, y que ella fuera a notar eso y tratara de sacar partido. Pero su amigo Bingley tenía una opinión tan elevada de su cuñada, que tal vez, no corría peligro si le mostraba un poco más de interés.

Desafortunadamente para él, Elizabeth no desayunó con la familia porque lo hizo en el cuarto con su hermana. Además, el señor Darcy y el señor Bingley estuvieron casi toda la mañana recorriendo la hacienda y sólo regresaron a casa un poco antes del mediodía. Después de cambiarse la ropa de montar, el señor Darcy fue al gran salón para ver si podía tener la oportunidad de conversar con Elizabeth, ya que al entrar a la casa le pareció que caminaba en esa dirección. Pero grande fue su sorpresa al entrar en el cuarto y encontrarse con la suegra de su amigo y sus dos cuñadas menores.

El señor Bingley lo presentó y él no tuvo que estar diez segundos en presencia de esa mujer para darse cuenta de que todo lo que había dicho Caroline sobre ella era total y absolutamente cierto.

La señora Bennet había venido a visitar a Jane, pero también a conocer al amigo de su yerno. En Meryton circulaba el rumor de que era un hombre guapo y muy rico, que además estaba soltero. "No sabe cuánto lo extrañamos en la boda de mi hija y mi querido yerno, señor Darcy. Él nos contó que usted tuvo un accidente y por eso no pudo venir."

"Así es señora," contestó el señor Darcy secamente deseando que esa mujer no le siguiera hablando.

"¿Usted es de Derbyshire, ¿no? Charles nos contó que usted tenía una hacienda muy grande y maravillosa. Me imagino que además debe tener una espléndida mansión, ¿tiene más cuartos que Netherfield?" La señora Bennet hizo varias preguntas impertinentes que el señor Darcy prácticamente ignoró.

"Pemberley es mi hogar, el lugar donde crecí y al que como mis ancestros dedicaré mi vida a cuidar y preservar, señora," fue todo lo que dijo el señor Darcy para luego sentarse en una silla cerca del ventanal, tomar un libro y ponerse a leer ignorando a los presentes.

"Mamá, creo que es hora de que vuelvas a Longbourn. Sabes lo estricto que es mi padre con la hora del almuerzo," dijo Elizabeth para distraer a su madre y evitar que siguiera haciendo preguntas fuera de lugar. Ella además había notado la forma en que el señor Darcy le había respondido y prefirió que su madre no siguiera hablando con ese hombre.

A la señora Bennet no le gustó la forma en que el señor Darcy le respondió, pero Elizabeth tenía razón y era mejor retornar a casa. "Bueno, mi querido Charles, creo que es hora de irnos."

"Mamá, antes de que nos vayamos déjame recordarle a Charles que en dos semanas más es el cumpleaños de Jane," dijo Lydia muy animada.

"Por supuesto que sé que se acerca el cumpleaños de mi ángel, Lydia," dijo el señor Bingley con su usual buen humor. Caroline y Louisa estaban en absoluto silencio deseando que esas mujeres se fueran de una vez por todas.

"Entonces, Charles, creo que debes organizar un baile para celebrar el cumpleaños de tu esposa, ¿qué te parece mi idea?" preguntó Lydia emocionada.

"Sí, Charles, sería maravilloso, como el baile que organizaste el día que le pediste matrimonio," agregó Kitty.

"Y tienes que invitar a todos los oficiales," complementó Lydia.

"Oh, qué maravillosa idea has tenido mi querida Lydia. Por su puesto, Charles, tienes que organizar un baile para mi hija, que además es la señora de esta hermosa hacienda," dijo la señora Bennet mirando a Caroline y Louisa. "Y usted, señor, me imagino que debe estar acostumbrado a asistir a bailes muy elegantes y estará feliz de que podrá participar en uno mientras esté visitando la casa de mi hija. Además, no creo que encuentre señoritas más lindas para bailar que mis niñas. Me imagino que le debe gustar mucho bailar."

El señor Darcy no podía creer la osadía de esa mujer de hablarle de esa forma cuando él ni siquiera era parte de la conversación. "Raramente, bailo señora," le contestó sin siquiera levantar la cabeza de su libro.

"Bueno pues, qué sea este baile una de esas ocasiones," insistió la señora Bennet pero el señor Darcy sencillamente la ignoró.

Charles conocía a su amigo e intuyó que la personalidad un poco avasalladora de su suegra no le había agradado por lo que intervino para que no siguiera escalando la tensión. "Me parece una idea maravillosa lo del baile en honor de la señora Bingley. En cuanto Jane se recupere, lo conversaré con ella y comenzaremos a planear todo."

El señor Bingley siguió conversando con su suegra y cuñadas sobre el potencial baile, mientras Lydia y Kitty hacían todo tipo de comentarios vulgares al respecto. Elizabeth sentía mucha vergüenza y agradecía que Charles le ayudara de alguna forma controlar a su madre y hermanas. Pero además notaba las caras de burla y desprecio de las hermanas del señor Bingley y la censura en el del señor Darcy.

Finalmente, Charles y Elizabeth lograron que la señora Bennet y sus dos hijas menores se fueran y ambos se sintieron aliviados. En cuanto ellos dejaron el cuarto para acompañar a las visitas a su carruaje, Caroline le habló al amigo de su hermano.

"Señor Darcy, supongo que ahora se ha dado cuenta por qué nos opusimos tan tenazmente a que mi hermano se casara con esa mujer."

"Sí, señorita Bingley, y creo que tenían válidas razones para hacerlo." respondió el señor Darcy. Él estaba también de mal humor por haber tenido que compartir minutos de su vida con ese trío de mujeres atroces. Ahora estaba más seguro que nunca que no debía acercarse o hablarle siquiera a Elizabeth porque aunque ella fuera una señorita honorable, él no estaba seguro que su madre no intentara usar a su hija para obtener lo que deseaba. Él no era un hombre débil que se dejaba llevar por sentimentalismos como su amigo, por lo tanto, sin importar cuando soñara con esa mujer, no haría ningún esfuerzo por conocerla ni saber por qué pensaba tanto en ella. Para él verse atrapado por una familia como esa era la peor pesadilla que podía imaginar.

P&P

Después de casi siete horas de viaje, George Wickham finalmente había llegado al pequeño pueblo llamado Meryton. Sin duda alguna sus polvorientas calles y escaso comercio no podía compararse con Londres, sino más bien con Lambton donde él había pasado parte de su infancia. Pero sus opciones eran limitadas y uno de sus amigos de las mesas de juego le brindó la oportunidad de unirse al ejército. La paga era una miseria, pero no tenía nada mejor por el momento.

Después del incidente con Darcy, se ocultó por un tiempo hasta saber bien qué había pasado con él. Afortunadamente, uno de sus muchos contactos le había ratificado que nada grave le había ocurrido a su némesis. Pero él sabía que debía mantenerse oculto hasta que las cosas se calmaran un poco. Había logrado sobrevivir gracias al dinero que había obtenido de las joyas que la tonta de Georgiana le había dado para financiar el viaje a Gretna Green.

Él no se había ocultado por miedo a Darcy, porque estaba seguro de que él no haría nada en su contra con tal de proteger a la estúpida de su hermana. Pero sabía que su primo era un tema totalmente diferente y que si lo encontraba, probablemente lo mataría. Desde que eran niños, Wickham nunca pudo engatusar a Richard Fitzwilliam como lo hacía con Darcy, y en más de una ocasión que se había atrevido a cruzar la línea, Richard le había dado una paliza que hasta el día de hoy recordaba.

En consecuencia, él sólo salió del tugurio donde se escondió cuando le confirmaron que Richard había partido al norte del país con su regimiento. Como ya prácticamente no le quedaba dinero, aceptó la propuesta de su amigo Denny de probar suerte transformándose en un oficial. Tal vez en ese pueblo encontrara alguna heredera con la cual casarse y resolver sus problemas económicos. Evidentemente, sus aspiraciones eran mucho más bajas que antes, y se conformaba con una dote de diez mil libras nada más.

"Wickham, ¿por qué te demoraste tanto en llegar?" preguntó Denny dándole la bienvenida a su amigo.

"Denny, recuerda que por el momento mis circunstancias son muy distintas a las que tenía cuando me conociste. Tuve que viajar en carruaje público y se demoró mucho más de lo normal," explicó Wickham con desagrado. Él no había nacido para tener una vida llena de restricciones, sin embargo vivía así por culpa del egoísmo de otros.

"Entiendo, no te preocupes. El coronel Forster va a jugar una partida de póker con nosotros más tarde por lo que aprovecharé de presentarlos."

"Gracias, Denny, por tenderme una mano cuando lo necesitaba." Después de conversar un poco del viaje, Denny guió a su amigo hasta las barracas donde dormían los hombres del regimiento estacionado en Meryton.

Mientras caminaban, Wickham aprovechó de preguntarle a su amigo sobre Meryton y su gente. "¿Y cómo son las mujeres de este pueblo, querido amigo?"

"Veo que no has cambiado nada," respondió Denny riendo. "Te lo resumiré lo mejor que pueda. Hay muchas chicas muy bonitas, especialmente las señoritas Bennet, aunque la más bonita ya se casó, pero son todas pobres. Aquí no hay herederas amigo, aunque la gente es muy amable y siempre nos invitan a cenas y reuniones sociales donde se come bien y te diviertes mucho."

"Sólo los ricos pueden darse el lujo de casarse por amor, Denny," respondió Wickham cínicamente. "Pero al menos es bueno saber que si no encuentro esposa, podré encontrar amigas para divertirme por un rato."

Denny se rió de los comentarios descarados de su amigo y ambos siguieron caminando rumbo al campamento haciendo planes para la noche y la partida de póker que pensaban jugar con otros soldados.

P&P

"¿Cómo te sientes, mi amor?" preguntó Charles a su bella esposa. Cada día que pasaba, él encontraba a Jane aún más hermosa que antes. Él era tan feliz con ella, a su lado todo era mejor y se preguntaba cómo había podido vivir tanto tiempo sin ella a su lado.

"Me siento mejor, cariño, la compañía de Lizzie me ha hecho muy bien. Desde pequeña, a ella siempre le gustó mucho leer sobre todo y por eso sabe mucho de plantas medicinales con las que ella prepara ungüentos que son muy efectivos," explicó Jane a su esposo que estaba sentado en la cama al lado de ella. Las dos noches anteriores él había dormido en un pequeño sofá que había en el cuarto para cuidarla aunque ella le había insistido que durmiera en su cama. Desde que se había casado, nunca antes habían dormido separados y ella extrañaba tener a su esposo cerca de ella durante la noche.

"Me alegra tanto saber que te sientes mejor, mi amado ángel. Sabes, yo no se quería de mi vida si tu no estuvieras a mi lado, mi amor," dijo el señor Bingley emocionado. Dos noches atrás, Jane había tenido mucha fiebre y su cuñada había logrado controlarla ya que fue imposible ir en busca del boticario en medio de la noche.

"Charles, fue sólo una fiebre y ya pasó. De hecho, el señor Monroe me dijo que mañana ya podría levantarme," explicó Jane acariciando el rostro de su esposo.

"Por ningún motivo, no vamos a arriesgar tu salud…" dijo el señor Bingley vehementemente.

Jane rió y con mucha paciencia le dijo a su esposo. "Charles, ya no tengo fiebre y me siento mucho mejor. El señor Monroe dijo que no me hacía bien estar todo el día en cama, que me haría bien algo de ejercicio para recuperar mis fuerzas. Además, el señor Darcy lleva casi cinco días en casa y quiero conocerlo y poder darle la bienvenida."

"Está bien, cariño, pero sólo por unas horas y si me prometes mantenerte bien abrigada y sentada junto a la chimenea para que no sientas frío."

"Bueno, lo prometo. Ahora vuelve con tu invitado, mira que no se ve bien que lo dejes sólo después de la cena. Pueden jugar a las cartas o simplemente conversar antes de que se retiren a sus habitaciones."

"Está bien, pero sólo voy porque el pobre Darcy debe estar casi al borde de la locura teniendo que soportar los acosos constantes de Caroline," dijo el señor Bingley riendo.

"Charles…" dijo Jane a su esposo antes de que él dejara su habitación.

"Dime, cariño," preguntó él curioso.

"Me gustaría que esta noche durmieras conmigo en mi cama," dijo Jane un poco ruborizada.

El señor Bingley sintió que se le iba a salir el corazón del pecho de tanta emoción y felicidad. "Claro que sí, amor. Yo también he extrañado tenerte a mi lado cada noche." El señor Bingley besó la mejilla de su esposa y prometió regresar lo antes que fuera posible.

P&P

Los dos últimos días habían sido una verdadera pesadilla para Elizabeth. El mismo día que su madre y sus hermanas habían visitado a Netherfield, Jane empeoró. Esa misma noche, tuvo tanta fiebre que Elizabeth y Charles tuvieron que pasar prácticamente toda la noche cuidándola, asegurándose que bebiera suficiente líquido e intentando bajarle la temperatura con paños fríos en su frente y cuello. Afortunadamente, después de aquella noche, Jane había comenzado a mejorar y ya llevaba dos días sin fiebre y la tos había disminuido considerablemente.

Pero como si la salud de su hermana no fuera suficiente motivo para estar preocupada, estaba el hecho del amigo de su cuñado que la ignoraba cada vez que podía, haciéndola sentir como si no existiera. De hecho, la mañana anterior se lo había encontrado en la biblioteca y él no le dirigió la palabra, pese a que estuvieron más de media hora en el mismo cuarto.

En ese momento estaban en el pequeño salón jugando a las cartas, pero como Charles había ido a ver a Jane por unos minutos, ella sentía que estaba en un cuarto rodeada de personas que la detestaban. Pero además no podía negar la profunda pena que sentía cuando veía al señor Darcy y recordaba a William. ¿Qué había pasado con él? ¿Por qué había jugado así con su corazón y sus sentimientos? ¿Era William la misma persona que el arrogante Fitzwilliam Darcy?.

"Eliza, estás muy callada esta noche," dijo Caroline en tono de burla.

"Sí, Lizzie, yo he notado lo mismo," dijo el señor Bingley que en ese momento entraba al salón. "Si estás preocupada por Jane, déjame decirte que está muy bien y que mañana piensa levantarse."

El señor Bingley estaba radiante de felicidad y Elizabeth sabía que era porque su hermana estaba mucho mejor. "Lo sé, Charles, y eso me hace muy feliz."

El señor Darcy agradeció que su amigo por fin hubiera regresado. De esa forma podría conversar por unos momento con él y después excusarse y retirarse a su cuarto. Era una verdadera tortura estar cerca de Elizabeth Bennet, sobre todo cuando notaba que ella lo observaba discretamente como en busca de algo. Él estaba planeando quedarse una semana más y desaparecer de ese lugar. Hasta que esa especie de enamoramiento que lo afectaba no se le pasara, prefería mantenerse lo más alejado posible de su amigo.

"Me imagino que ahora que tu hermana está mejor, podrás regresar a tu casa. Seguro debes estar ansiosa de poder estar con tu querida familia, " le dijo Louisa a Elizabeth con sorna lo que provocó una pequeña carcajada de Caroline.

El señor Bingley iba a decir algo pero Elizabeth le dio a entender con la mirada que era mejor ignorar esos comentarios. Por su parte, Elizabeth continuó leyendo su libro para no tener que pensar en cosas que la hacían sufrir.

"Elizabeth, ¿no quieres jugar a las cartas con nosotros?" preguntó el señor Bingley.

"No gracias, Charles. Pretendo leer por unos minutos más y retirarme a descansar," contestó Elizabeth.

"Tú siempre tan estudiosa, querida cuñada," dijo Charles sonriendo.

Caroline vio cómo el señor Darcy miraba fijamente a Elizabeth mientras ella leía y buscó la forma de provocar a Elizabeth para que el señor Darcy viera lo impertinente que podía ser esa mujer. "A Eliza le encanta leer y no disfruta de nada más que la lectura."

Elizabeth se había estado conteniendo por tantos días que ya no pudo más. "No, señorita Bingley, la verdad es que me encanta leer pero también disfruto de otras cosas, como extensas caminatas al aire libre, por ejemplo."

"No seas tonta, Caroline. Por supuesto que mi cuñada disfruta de muchas cosas, pero también es una excelente lectora. Por eso es tan inteligente," dijo Charles sonriendo.

"El leer no te hace necesariamente más inteligente, Bingley," agregó el señor Darcy sin poder resistir participar en la conversación. Él se moría de ganas de hablar con Elizabeth pero no de forma directa para que ella no se hiciera ilusiones de que si quiera podían ser amigos.

"Qué cosas dices, Darcy, tú siempre repites que las personas deben cultivar su mente con la lectura," dijo el señor Bingley sorprendido.

"Con la lectura de textos relevantes, Bingley. ¿O acaso crees que una señorita que se pasa la vida leyendo novelas góticas se transforma en un genio por eso?" retrucó el señor Darcy arrogantemente.

"Por su puesto, Charles. Como siempre el señor Darcy tiene razón, andar con un libro en la mano te hace parecer inteligente ante personas simples que no ven más allá de las apariencias pero no te hace inteligente," dijo mirando a Elizabeth.

Elizabeth estaba enfurecida y como siempre le pasaba cuando colmaban su paciencia no pudo evitar responder con sarcasmo en la voz. "Soy ávida lectora en general y si una novela, aunque sea de romance me parece entretenida la leo sin problemas ni culpa," y mirando al señor Darcy agregó, "aunque sea una novela gótica. Y por supuesto, me imagino que usted nunca ha leído un libro de ese género porque no le interesa, ¿cierto?" preguntó Elizabeth desafiante.

El señor Darcy sintió algo muy extraño, cómo si hubiera tenido esa conversación anteriormente y no podía dejar de mirar a Elizabeth con intriga y preocupación. "No, señorita Bennet, no he leído ni leeré una porque tal como dijo usted, no es un género que me interese."

"Me lo imaginaba," contestó Elizabeth y rehuyó la mirada de ese hombre que le recordaba tanto a otro. "Ya ve, no todos tenemos códigos tan estrictos sobre lo que leemos."

"Usted lo llama códigos estrictos, yo lo llamo sentido común y por sobre todo uso adecuado del tiempo. ¿Qué podría aprender yo de un libro que habla de las desventuras amorosas de alguna mujer, señorita Bennet? Preguntó el señor Darcy intrigado.

"Yo no puedo responder esa pregunta, señor. Una vez una persona me dijo que los temas que involucran el gusto personal no son debatibles. Si a usted le entretiene leer un libro sobre historia de Roma, puede ser que a otros no. Yo leo para aprender pero también para simplemente entretenerme," dijo Elizabeth sin desviarle la mirada a su contertulio.

"Entiendo, y supongo que tiene razón en eso. El gusto personal es muy variado, pero siempre está determinado por la superioridad intelectual de la persona, ¿no cree?" Él no podía dejar de mirar a Elizabeth mientras conversaban. Ella era aún más linda cuando contra argumentaba. Podía ver en sus hermosos ojos como planeaba responderle y eso era sencillamente fascinante.

"No lo sé, porque yo no tengo la habilidad, que al parecer usted posee, para detectar la superioridad de otros. Siempre he tenido la impresión de que somos todos iguales," dijo Elizabeth.

Caroline iba a intervenir pero el señor Darcy no le dio tiempo de hablar. "Eliza cómo puedes…"

"¿A qué se refiere cuando dice que somos todos iguales? Supongo que no pensara seriamente que eso es cierto?" preguntó el señor Darcy totalmente absorto en el intercambio de opiniones con Elizabeth.

"Todos tenemos mucho por un lado y nos falta por otro. Si necesitamos sacar manzanas de un árbol, sin duda que el ser alto favorece. Pero si tenemos que escabullirnos por un pasadizo pequeño probablemente el ser alto sea una desventaja, y en esa caso el ser más bien pequeño será bienvenido. Si sumamos nuestras virtudes y le restamos nuestros defectos, creo que todos quedamos bastante iguales."

El señor Darcy no supo cómo replicar a un argumento tan lleno de matices, pero lo peor era ver la cara desafiante y triunfal con la que lo miraba Elizabeth. ¿Quién era esa mujer tan hermosa e inteligente que parecía divertirse poniéndolo en situaciones incómodas? ¿Por qué a veces le parecía alguien tan familiar si estaba seguro jamás se habían conocido?

"¡Te dije que mi cuñada era una chica brillante, Darcy," dijo el señor Bingley muerto de la risa al ver como Elizabeth había dejado sin habla a su siempre mordaz y elocuente amigo a la hora de debatir temas complicados.

El señor Darcy deseaba continuar hablando con Elizabeth porque sentía que esa conversación no había terminado, pero Caroline que no resistía tener que compartir no por un segundo la compañía del hombre que creía suyo, intervino. "Lo que es yo, señor Darcy, detesto las novelas románticas porque son todas iguales."

"¿En serio, Caroline?," dijo el señor Bingley muerto de la risa.

"La última novela que recuerdo haberte visto leyendo, Caroline, se llamaba 'Amor al amanecer'. Con ese título estoy seguro que no era un tratado de filosofía o contaba la historia de alguna antigua civilización perdida," agregó el señor Hurst sarcásticamente, haciendo que todos los presentes rieran de buena gana. Aunque fuera de vez en cuando, a él le encantaba poner a su cuñada en su lugar.

Caroline miró fijamente a Louisa y ella le dijo algo al oído a su esposo. El señor Hurst se puso de pie, se sirvió un brandy y se sentó en uno de los sofás en donde en unos pocos minutos más fingiría que se había quedado dormido. Eso era preferible a aceptar que su mujer intentara manipularlo como Caroline lo hacía con su cuñado.

"¿Cómo se llama el libro que estás leyendo, Eliza?" preguntó Caroline para desviar la atención del comentario imprudente de su cuñado.

"El comercio en tiempo de guerra," respondió Elizabeth. El señor Darcy sintió un destello al escuchar el nombre de ese libro, él tenía la impresión de que lo había leído pero no recordaba cuándo.

"Entiendo, con tantos comerciantes en tu familia me imagino te debe interesar mucho el tema," dijo Caroline burlonamente.

"Probablemente," contestó Elizabeth sin querer polemizar. Bueno, lo siento pero estoy muy cansada. Que tengan muy buenas noches," dijo Elizabeth y se retiró.

Charles aprovechó para también excusarse y su amigo Darcy hizo lo mismo. Caroline estaba furiosa porque nada le había resultado como lo había planeado. Ella había soñado con jugar a las cartas hasta tarde en compañía del señor Darcy. Sin embargo él había estado conversando de libros y otras estupideces sin sentido durante toda la velada con la maldita Eliza Bennet.

P&P

Esa noche en sus sueños, el señor Darcy recordó pasajes de aquel libro que Elizabeth mencionó. Se vio en un salón rodeado de otros hombres hablando sobre los estudios del profesor Price. Después se vio hablando del libro con ella, mientras bailaban en un salón lleno de personas que jamás había visto.

"William, ¿por qué me ignoras, mi amor? Antes eras tan distinto."

"Elizabeth, no te das cuenta de que todo entre nosotros es imposible. Tu madre, tus hermanas. Lo siento, pero no podemos estar juntos."

"Entiendo…"

"Por favor, no llores Elizabeth… "

"Adiós William… Si ya no me quieres, yo tampoco te quiero… Hasta nunca"

"Elizabeth… oh Elizabeth…" Él veía a la mujer que amaba desaparecer en la bruma y no hacía nada por retenerla.

"¡NO DE NUEVO!" dijo el señor Darcy mientras despertó en medio de la noche angustiado. "Tengo que irme de aquí lo antes posible."

P&P

Gracias a todos los que dejan comentarios y siguen la historia con entusiasmo ya sea leyendo directamente o a través del traductor.

En el próximo capítulo el señor Darcy conoce a Jane y Elizabeth al señor Wickham.

¡Nos vemos pronto!

Saludos,

YO