Capítulo 10
"Bueno, querida, creo que es hora de que me vaya al taller porque tengo mucho trabajo atrasado. Fue muy interesante poder visitar Oxford, pero estar casi tres semanas fuera Londres trajo consecuencias," dijo Archibald a su esposa y le besó la mejilla.
"Querido, trabajas demasiado. No hay nada de malo en tomarse unas pequeñas vacaciones de vez en cuando," replicó Agatha a su marido.
"Lo sé, querida. Pero tú mejor que nadie sabes lo mucho que disfruto mi trabajo. ¿Tienes algún plan para esta mañana? Me gustaría mostrarte un cuadro muy bonito que estoy restaurando."
"Acabo de revisar el correo y recibí una carta de Lizzie, una vez que la lea, iré a tu taller, mi querido esposo."
"¡Te estaré esperando! Y por favor dale mis cariños a Lizzie y dile que estamos ansiosos esperando que nos venga a visitar."
Archibald se despidió de su esposa y Agatha comenzó a leer la carta que le había escrito Elizabeth con mucho interés. Pero cuando terminó de leerla su estado de ánimo había cambiado considerablemente porque todo lo que le había contado Elizabeth. Por esa razón decidió escribirle inmediatamente porque estaba preocupada.
En su carta, le dijo que no debía preocuparse por ese hombre llamado Darcy porque era evidente que era el tipo de hombre de clase alta que mira en menos a todos aquellos que no se movían en sus círculos sociales. Pero al mismo tiempo, toda esa situación la hizo sospechar de que detrás de todo podía haber algo más. Pero ella no podía compartir sus sospechas con su sobrina en una carta, las cosas que intuía sólo podía conversarlas con Elizabeth cuando tuvieran la ocasión de volver a verse. Por supuesto que una vez más le repitió que estaban muy ansiosos por verla y que en cuanto pudiera venir a Londres, ellos estarían muy felices de recibirla por el tiempo que ella quisiese.
Agatha selló la carta, y se la entregó al mayordomo para que se encargara de enviarla. Pero antes de ir al taller de su esposo, miró por la ventana hacia la avenida principal y no pudo evitar recordar a su amiga Olivia Thompson. Todas las personas con las que ellos se relacionaban eran muy respetuosos de la privacidad de los demás y tenían muy buen corazón. Pero a todos siempre les pareció muy extraña la relación que Olivia tenía con su esposo, y Agatha y Archibald siempre sospecharon que George guardaba algún secreto. Agatha además recordó que Olivia Thompson siempre pasaba todas las fechas importantes sola, y que más de una Navidad la pasó con ellos u otros vecinos.
Si el sobrino de George era similar a su tío, ella por nada del mundo deseaba ver a Elizabeth viviendo una vida como la de Olivia, siempre sola y teniendo la compañía de su esposo esporádicamente. Por eso le había recomendado a su amada sobrina mantenerse alejada de ese señor Darcy, porque si era al mismo tiempo William Thompson, por seguro no tenía buenas intenciones.
Después de reflexionar sobre el tema por varios minutos, fue en busca de su esposo para ponerlo al tanto de todo y para pedirle que hablara con sus contactos y averiguara un poco más sobre el señor Darcy.
P&P
En los días siguientes, los habitantes de Netherfield fueron invitados a más de una reunión social. De esa forma, el señor Darcy tuvo la oportunidad de conocer mejor a los nuevos vecinos de su amigo y llegó a similar conclusión que Caroline. En el vecindario no había nadie que valiera la pena, y nuevamente consideró que el señor Bingley había cometido un gran error al alquilar una propiedad en un lugar tan poco sofisticado como ese.
Lo único que hizo más soportable toda esa situación, fue la oportunidad de poder volver a Elizabeth. Él se sorprendía cada vez más con ella, la capacidad que tenía para escuchar con paciencia las cosas más absurdas e incluso fingir que le interesaban. Él sabía que ella era una mujer culta e inteligente y no había forma que no se diera cuenta de lo ridículas que eran todas esas personas. Pero al observar cómo se comportan la señora Bennet y sus tres hijas menores, suposo que ella tenía práctica en el tema.
Cada vez que tenía el desagrado de ver y escuchar a la señora Bennet y a sus dos hijas menores, se preguntaba cómo la señora Bingley y Elizabeth eran tan diferentes. Pero además, se convencía una vez más lo inapropiada que era Elizabeth Bennet, sin importar lo hermosa que era o lo fascinante que pudiera ser su personalidad. Por eso, él se conformó sólo con observarla a la distancia y sin que nadie lo notara, o al menos eso era lo que él creía.
Por su parte, Elizabeth estaba cada vez más convencida de que no valía la pena seguir pensando en William, el señor Darcy o fuera quien fuese ese hombre. Después de recibir la carta de tía Agatha decidió seguir su consejo y por eso se mantuvo lo más alejada posible de él.
Pero no pudo dejar de sentir una mezcla de enfado y dolor profundo al ver como él apenas hacía el esfuerzo de siquiera conversar con sus vecinos. Era tan evidente el desprecio con el que miraba a todos, que si ese hombre fuera William, ella jamás podría haberlo amado de saber que era capaz de comportarse de esa forma.
Unos días antes del baile en honor a Jane, el señor Darcy tuvo por fin la posibilidad de conocer al señor Bennet porque vino a hablar con Charles sobre unos asuntos concernientes a ambas haciendas que colindaban en la parte norte. En todas las reuniones sociales en las que había participado, jamás había visto al patriarca de esa familia acompañando a su esposa e hijas, por lo que estaba un poco curioso de saber cómo era.
El señor Darcy y el señor Bingley estaban en la oficina ordenando algunos documentos cuando el señor Bennet llegó y les explicó que debido a las últimas lluvias se había producido algunos daños en los canales de regadío y que debían ser reparados ya que eran vitales para las siembras de primavera. Después de llegar a un acuerdo satisfactorio para ambas partes, el señor Bingley invitó a su suegro a almorzar con ellos, pero él se excusó diciendo que lo esperaban en casa.
Al señor Darcy le había parecido un hombre muy curioso el padre de Elizabeth, pero sin duda alguna notó que era un hombre bastante inteligente y culto, y menos podía entender por qué se había casado con una mujer como la señora Bennet.
"Suegro, quédese al almorzar con nosotros. Rara vez tenemos la oportunidad de conversar. Además, quiero que usted tenga la oportunidad de conocer mejor a mi amigo Darcy."
"Ya sabes, Bingley, como es mi esposa, si acepto tu invitación se quejará por días de por qué no la invitaste a ella. Cualquier delicia que me puedas ofrecer no puede compensar mi tranquilidad emocional por los próximos días," dijo el señor Bennet riendo. Luego miró al señor Darcy y agregó, "además he escuchado de muy buenas fuentes que a tu amigo no le interesa socializar con nadie de este vecindario, entonces menos va a querer compartir conmigo, que soy por lejos el más antipático de todos, ¿cierto, señor Darcy?"
El señor Darcy no pudo evitar sentirse incómodo, pero además entendió perfectamente de quién Elizabeth había heredado su impertinencia. "Señor, si no desea quedarse a almorzar con nosotros, le ruego no me use como excusa," explicó el señor Darcy sonriendo.
El señor Bennet no pudo evitar reír y enseguida respondió, "Si usted no fue capaz de tolerar a Sir William Lucas y sus historias sobre su presentación en la corte de Saint James, no creo que tolere las mías sobre mis años en Oxford y de cuando me ofrecieron ser profesor ayudante."
"No lo sé, señor Bennet, tendría que contarme la historia primero para poder comparar y decirle cual me resulta más tediosa," argumentó el señor Darcy. El hombre le parecía un poco extraño, sobre todo por cómo permitía que sus hijas menores se comportaban, pero debía reconocer que era bastante más interesante que los otros vecinos que había conocido.
Al señor Bennet hubo algo del señor Darcy que no le agradó, sobre todo por la forma en que Elizabeth lo había descrito. Había algo en ese hombre tan serio y tan rico que le perturbaba. Los hombres como él estaban siempre acostumbrados a conseguir todo lo que querían, y él no tenía ganas de tener que entretenerlo. "Tendremos que dejar la experiencia para otra ocasión, porque yo debo retornar a mi casa en menos de media hora o me temo que los gritos de tu suegra, Bingley, se escucharan hasta aquí."
"Entiendo, pero la próxima vez que venga, por favor, hágalo con más tiempo. Usted sabe lo mucho que me gusta conversar con usted," dijo el señor Bingley estrechando la mano de su suegro cordialmente. A él le gustaba mucho el señor Bennet porque era un hombre que sabía mucho, y pese a eso siempre lo escuchaba con atención y en vez de decirle que estaba errado, lo estimulaba a entender por qué estaba equivocado y a encontrar sus propias soluciones. A él, por su carácter afable y buena disposición, siempre los demás le decían lo que tenía que hacer.
El señor Bennet se despidió y el señor Darcy aprovechó de retirarse a su cuarto porque le dolía un poco la cabeza y no deseaba tener que encontrarse con Caroline. La noche anterior, la había tenido que soportar por varías horas hablando de cosas que al sencillamente no le interesaban.
P&P
Al día siguiente, el señor Bingley le devolvió la visita a su suegro para notificarle que estaba todo listo para comenzar las reparaciones que habían acordado. El señor Darcy comprendió que debía acompañar a su amigo porque aún recordaba cómo el señor Bennet lo había acusado de no querer relacionarse con las personas de los alrededores. La visita sería en la mañana, por lo que suponía que no se extendería por más de una hora, y que probablemente las mujeres de la casa estarían ocupadas con sus quehaceres y ellos se reunirían en el estudio del señor Bennet.
Jane después de despedirse de su esposo y mandarle unos géneros a su madre, se fue al pequeño salón que daba al jardín y se sentó al lado de la ventana mientras bordaba un pañuelo para su amado esposo. A ella le gustaba mucho ese lugar porque mientras bordaba, podía ver al hermoso jardín y además disfrutar los rayos del sol que eran tan escasos durante los meses de invierno.
Caroline había salido a caminar por el jardín en busca del señor Darcy porque no sabía que había ido con Charles a Longbourn. Ella recorrió todos los rincones del jardín, e incluso se atrevió a continuar por el sendero que llevaba al bosque, pero no tuvo éxito. Con el único que se encontró fue con el maldito perro de nombre francés, que cuando ella lo llamó ni siquiera quiso hizo el intento de venir a saludarla.
Caroline no quiso que Louisa la acompañara porque no deseaba que interfiriera en su conversación con el señor Darcy. Ella tenía planeado solicitarle su ayuda en un tema bastante delicado y estaba casi segura que él aceptaría apoyarla si ella lograba explicarle cada una de las razones que tenía para interferir en la vida de su hermano.
Como Louisa se quedó sola en casa, fue al pequeño salón y vio que Jane estaba muy concentrada haciendo algo por lo que se acercó y le preguntó. "¿Qué haces, Jane?"
Jane se sorprendió un poco por el tono casi amable en el que le habló Louisa porque desde que ella se casó con Charles, ninguna de sus cuñadas había intentado conversar con ella de forma amable, sólo le hablaban para ordenarle algo o para indicarle que algo no les gustaba. "Estoy bordando un pañuelo para Charles, ya sabes que al día después del baile para celebrar mi cumpleaños, él tiene que viajar a Londres por negocios y quiero que tenga algo mío."
Louisa se sentó al lado de su cuñada y vio con mucha sorpresa lo lindo de los puntos con los que Jane estaba bordando el pañuelo. Pero además, se dio cuenta de que la tela en la que estaba bordando era algodón de una calidad muy superior a la que ella estaba acostumbrada a usar en sus pañuelos. Pero además, tuvo una gran idea, tal vez ella podría bordarle un pañuelo a su esposo y regalárselo como una sorpresa. Últimamente, ella observaba más y más como Jane y Charles siempre se demostraban su cariño con pequeños detalles, gestos y miradas cómplices, y sentía deseos de poder hacer lo mismo con su esposo.
"Jane, ¿dónde compraste ese género? Estaba pensando que podría bordarle un pañuelo al señor Hurst y me gustaría comprar un poco de esa tela. Además, si no te molesta, tal vez podrías enseñarme ese punto cruzado que estás usando que me parece muy bonito."
Jane se sintió muy feliz de poder compartir de forma amigable con su cuñada y le dijo muy animada, "este algodón me lo envió mi tía Gardiner porque mi tío tiene un negocio de importación y exportación de telas. Toma, aquí tienes uno que puedes bordar, y usa estos hilos porque ayudan a que se vean más bonitos los puntos cruzados."
Louisa se animó y aceptó lo que Jane le estaba regalando. Luego, junto con Jane marcaron las iniciales del señor Hurst y ella comenzó a bordar mientras conversaban. "¿Y tú tío siempre tiene telas de esta calidad en su almacén?"
"Sí, en realidad él tiene dos grandes almacenes, uno en el que vende al por menor, y otro en el que surte a tiendas de todo el país," explicó Jane.
"Es muy bueno saberlo porque no es fácil encontrar buenas telas hoy en día," dijo Louisa y continuó bordando y conversando muy animadamente con Jane.
Pero la paz y la armonía duraron hasta que Caroline entró en el cuarto y preguntó petulantemente. "Jane, ¿dónde está Charles?"
"Él y el señor Darcy fueron a visitar a mi padre pero regresarán a almorzar con nosotras," contestó Jane un poco preocupada porque por la actitud de Caroline, ella pensó que algo malo había ocurrido.
"Ahora entiendo porque no lo encontré por ninguna parte," dijo Caroline más para sí misma que para hablar con su cuñada. Pero mientras reflexionaba se dio cuenta que Louisa estaba sentada al lado de Jane. "Louisa, acompáñame a mi habitación, por favor. Tengo algunas cosas importantes que hablar contigo."
"Caroline, ahora estoy un poco ocupada. En media hora más paso por tu cuarto," dijo Louisa.
"¿Ocupada? ¿Haciendo qué?" preguntó Caroline sorprendida. Su hermana siempre hacía lo que ella le pedía y ahora parecía no entender que ella la necesitaba.
"Estoy bordando un pañuelo para mi marido…" Louisa intentó explicar, pero al ver la cara de burla de su hermana prefirió no decir nada más.
"Louisa, por favor, no creo que a tu marido le interese que tu le bordes pañuelitos. Eso es para mujeres que deben mostrar gratitud todo el tiempo porque alguien les hizo el favor de casarse con ellas. Hurst recibió veinte mil libras de tu dote cuando se casó contigo, eso es más que suficiente para un hombre tan insignificante como él," dijo Caroline con sorna.
Jane vio como Louisa enmascaró, lo mejor que pudo, lo mucho que le afectaron las palabras de su hermana con una sonrisa nerviosa. "No te preocupes, Louisa, yo guardaré en mi canasta de costuras lo que estabas haciendo."
"Gracias, Jane," contestó Louisa despectivamente. "Vamos, Caroline."
Las hermanas se retiraron y Jane se quedó con la impresión de que Louisa no tenía muchas ganas de ir con su hermana, pero al parecer, le era muy difícil oponerse a ella.
P&P
Elizabeth había estado escribiendo mucho en su diario de vida y se le había acabado la tinta. Afortunadamente, ella siempre tenía dinero ahorrado por lo que decidió ir a Meryton a comprar tinta y a dejar unas cartas para tía Agatha y tía Gardiner. Mary le preguntó si la podía acompañar porque deseaba comprar una nueva partitura de música, y Kitty y Lydia aunque no tenía dinero para comprar nada, igual les gustaba ir a las tiendas a ver si habían llegado nuevos encajes, lazos o sombreros.
Cuando estaban en Meryton se encontraron con algunos oficiales que visitaban frecuentemente la casa. El capitán Denny, el favorito de sus hermanas menores, les presentó a un amigo que se había enrolado recientemente al ejército, un hombre muy guapo y amable, el teniente George Wickham.
Las hermanas Bennet, incluyendo Mary, estaban muy entretenidas escuchando al joven y guapo oficial contarles cómo habían sido sus primeros días en el ejército.
"No ha sido fácil porque la vida de los soldados puede ser bien dura, pero no hay nada más satisfactorio que saber que llegado el momento, uno puede defender a su patria y a todas las hermosas señoritas que la habitan," dijo el señor Wickham mirando a Elizabeth. Sin duda alguna, era una de las mujeres más atractivas que había conocido en Meryton, pero desgraciadamente era pobre y no tenía cara de boba, por lo que tendría que conformarse sólo con mirarla.
"¡Qué cosas tan lindas dice usted, teniente Wickham," dijo Lydia toda coqueta. "Denny, mi tía Philips organizó una pequeña reunión esta noche en su casa. Vamos a jugar a las cartas y a lo mejor hasta podemos bailar. ¿Por qué no van ustedes?"
"Sí, mi tía va a estar encantada de recibirlos," agregó Kitty.
"Allí estaremos sin falta, ¿cierto Wickham?" preguntó Denny.
"Por supuesto," contestó inmediatamente el señor Wickham.
"¿Y usted asistirá a la reunión en casa de su tía, señorita Bennet?" preguntó Wickham. Él había notado muy tranquila a Elizabeth y se preguntaba si era una chica tímida o no se sentía bien.
"No lo sé aún," replicó Elizabeth.
"No hay mejor remedio para cualquier enfermedad, ya sea del alma o del cuerpo, que pasar un rato agradable en compañía de amigos, sean estos viejos o nuevos," dijo Wickham sonriendo.
Elizabeth pensó en lo agradable que era el nuevo oficial y le respondió sonriendo, "lo tendré en cuenta a la hora de decidir si voy o no voy a casa de mi tía."
Mientras el señor Wickham y Elizabeth hablaban animadamente, el señor Bingley y el señor Darcy se acercaron a saludar al grupo. Ellos venían de regreso de Longbourn, y pasarían por Meryton a dejar correspondencia, y el señor Darcy deseaba ver si encontraba algún libro interesante ya que en casa de su amigo había muy pocos.
Cuando ellos vieron a las hermanas Bennet conversando con unos oficiales, fueron en su dirección para saludarlas. El señor Darcy no veía hacía muchos días a Elizabeth y sólo quería mirarla. Pero de repente, ella se dio cuenta de que estaba allí, y lo miró fijamente. Él no pudo hacer nada más que devolverle la mirada con la misma intensidad y sentía que no podía respirar de tanta emoción.
Pero cuando el señor Bingley desmontó su caballo, grande fue la sorpresa del señor Darcy cuando vio que al lado de Elizabeth estaba George Wickham. ¿Qué hacía ese maldito hombre allí?
"¡Qué gusto encontrarme con todas mis hermosas cuñadas en un día tan lindo como este," dijo el señor Bingley desmontando su caballo.
"Charles, déjame presentarte a nuestro nuevo amigo…"
Lydia hablaba incesantemente mientras Elizabeth sintió que alguien la miraba y se dio cuenta que era el señor Darcy. Ella no podía entender qué era lo que ese hombre quería de ella. En un momento la miraba como lo había hecho alguna vez William, y al minuto siguiente la trataba como si ella no existiera.
George Wickham observó todo lo que había pasado entre Elizabeth y el señor Darcy y pensó que detrás de todo eso había algo más, y llegado el momento, él sabría usarlo a su favor.
"Por supuesto, Lydia, invitaremos a todos los oficiales para que puedan participar del cumpleaños de mi querida esposa. Darcy…"
"Lo siento, Charles, pero debo irme. Si me disculpan," dijo el señor Darcy a todos los presentes y echó su caballo a galopar.
"Bueno, es hora de que yo también me vaya. Mucho gusto de haberlos visto a todos," dijo el señor Bingley y se fue tras su amigo.
Lydia y Kitty inmediatamente se pusieron a hablar en contra del amigo de su cuñado, y le contaron a los oficiales como todas las personas de Meryton lo detestaban porque siempre era muy distante y no conversaba ni bailaba con nadie.
Cuando el señor Bingley se reunió con su amigo, este le explicó que George Wickham era un viejo conocido y que era un hombre de malas costumbres y no debía permitir que se acercara a sus cuñadas y menos invitarlo al baile en su casa. El señor Darcy no le dio mayores explicaciones, pero él confiaba ciegamente en su amigo por lo que no dudó de sus dichos y se aseguró de que no le llegara invitación.
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Esa velada, Elizabeth se sentía particularmente triste después de haber visto cómo se comportó el señor Darcy con ella y sus hermanas, por lo que decidió seguir el consejo del señor Wickham y asistir a la reunión en casa de su tía.
Lydia y Kitty en cuanto entraron en casa de su tía, se fueron a conversar con los oficiales mientras se reían y jugaban a las cartas. Mary, como siempre, se sentó al piano y se encargó de tocar para todos que querían escucharla. Elizabeth prefirió quedarse al lado de su madre y su tía Philips, ellas siempre hablaban de chismes y cosas por el estilo, pero ella sabía que eso la mantendría distraída y no dándole vueltas al mismo asunto una y otra vez.
Cuando Wickham vio a Elizabeth con dos señoras mayores, fue inmediatamente a saludarla, y la señora Philips le presentó a la señora Bennet. Como era de esperar, él dijo todas las cosas necesarias para caerle en gracia al grupo de mujeres, que después de varios minutos, estaban encantadas con la presencia de un hombre tan encantador.
"Después de conocerla a usted, señora Bennet, entiendo por qué sus hijas son tan hermosas," dijo el señor Wickham con voz acaramelada.
"Señor Wickham, qué gentil es usted. Pero aún usted no conoce a mi hija mayor, la señora Bingley. Ella es aún más hermosa de lo que yo era, pero sé que mi yerno invitará a todos los oficiales al gran baile que está organizando en honor a ella."
"Yo no creo que pueda ir, mi querida señora Bennet," dijo Wickham con fingido pesar.
"¿Por qué…"
"Mamá, ven por favor, necesitamos otra persona o no podremos seguir jugando a las cartas," gritó Lydia. La señora Bennet se excusó y fue donde su hija menor, y la señora Philips fue a saludar al señor y la señora Long que acababan de llegar.
"Disculpe, señor Wickham, pero por qué no podrá ir al baile de mi hermana?" preguntó Elizabeth porque le había llamado la atención la forma en cómo el señor Wickham había cambiado su alegre disposición en cuanto se mencionó el baile.
"Es una historia muy larga, señorita Bennet. Disculpe la impertinencia, pero ¿hace cuánto tiempo conoce al señor Darcy?"
Elizabeth no pudo evitar ponerse nerviosa y Wickham supo que había dado en el blanco. "Hace unas cuantas semanas, él es uno de los mejores amigos de mi cuñado y se encuentra pasando unos días en su hacienda. ¿Usted lo conoce?"
"Aunque no lo parezca, de toda la vida señorita Bennet," contestó Wickham. Luego pasó a contarle la historia de su relación con los Darcy, y como se habían enemistado cuando él le negó el derecho parroquial que su padrino le había legado.
Elizabeth estaba impactada con todo lo que oía, pero las palabras de Wickham eran tan convincentes que era difícil no creerle. "¿Pero no hay nada que usted pueda hacer para reclamar lo que le pertenece?"
"No, porque no existe un testamento formal, sólo mi palabra contra la de él. Pero sabe, señorita Bennet, yo prefiero dejar todo así porque Darcy es un hombre muy deshonesto y hasta vengativo. Él está acostumbrado a conseguir todo lo que quiere sin importarle el daño que le puede hacer a otros. Desde niño que fue así, siempre supo que sería un hombre rico y que muchos dependían de él por esa razón. Entonces, a él no le importa jugar con los sentimientos de los demás, en un momento puede ser un hombre encantador y al siguiente un verdadero monstruo. Mire, sé que no está bien esto que le voy a decir," dijo Wickham fingiendo pesar. "Por favor, cuídese de ese hombre, he visto como él ha arruinado la vida de más de una mujer, fingiendo que está enamorado hasta que… bueno, usted sabe a lo que me refiero."
Elizabeth sentía que le faltaba la respiración, en ese momento todo hacía mucho sentido. Ella se sentía ridícula, tonta y se odiaba por algún día haber amado a alguien que sólo buscaba jugar con ella y sus sentimientos.
"Le agradezco mucho su preocupación, pero ese tipo de hombres no son de mi interés. Además, aquí se ha comportado como un mal educado y está claro que no desea establecer ningún tipo de relación con ninguno de nosotros."
"Tiene razón, aquí está con su amigo, y él ante todos los que lo conocen se muestra como el gran señor intachable. Pero en lugares donde no lo conocen, se comporta de otra manera muy distinta." Wickham se sintió feliz de haber logrado lo que deseaba. Si a Darcy le interesaba esa mujer, aunque solo fuera para mirarla, ahora ella lo odiaba. "¿Desea usted jugar a las cartas?"
"No, gracias, tengo muy mala suerte en las cartas. Creo que tocaré algo en el piano para que mi hermana descanse un poco," explicó Elizabeth.
El resto de la velada se le hizo interminable, pero cuando finalmente llegó a casa, se encerró en su habitación y no pudo evitar llorar. En ese momento no tenía ninguna duda de que William Thompson, o Fitzwilliam Darcy había jugado con sus sentimientos. Lo que le había insinuado su tía Agatha, más lo que le había contado el señor Wickham, eran prueba irrefutable del carácter de ese hombre. "Estas son las últimas lágrimas que derramo por ti William, a partir de hoy te he sacado para siempre de mi corazón."
P&P
Gracias a todos los que dejan comentarios y siguen la historia con entusiasmo ya sea leyendo directamente o a través del traductor.
¡Nos les doy más la lata!
Saludos,
Yo
