Capítulo 11

En una hora más Elizabeth y su familia irían a Netherfield para participar en el baile en honor a Jane. Los dos últimos días, ella, su madre y hermanas habían pasado prácticamente todo el día ayudando a Jane para que todo luciera perfectamente. Este era el primer gran evento organizado por la nueva anfitriona de Netherfield y todas querían que la señora Bingley se luciera en su nuevo rol.

Pero desgraciadamente eso había llevado a que su familia tuviera que convivir más de cerca con las hermanas del señor Bingley, y su arrogante amigo. Si Elizabeth era sincera, no le quedaba de otra que reconocer que tanto su madre como Kitty y Lydia hacían muy poco para ser respetadas o estimadas. Ellas con más frecuencia de lo deseado, hacían comentarios fuera de lugar, exigían cosas que no les correspondían y por sobre todo mostraban sus pésimos modales. La señora Bennet sólo hablaba del dinero de su yerno y de lo rica que era su hija, y Lydia y Kitty de los oficiales de cómo pensaban hacer que todos se enamoraran de ellas.

Elizabeth agradeció que Charles y su amigo permanecieron gran parte del día ocupados fuera de la casa, y por esa razón no hubieran tenido que presenciar todos los desplantes de vulgaridad de su familia.

Pero Louisa y Caroline sí estaban en la casa, y ellas usualmente miraban horrorizadas o con desprecio a cada una de las señoritas Bennet, y en más de una ocasión se burlaron abiertamente de su madre.

Pero Elizabeth no pensaba dejar que nada de eso le arruinara esa noche, su hermana necesitaba su apoyo para probarle a todos, pero especialmente a sus cuñadas, que ella estaba a la altura de ser la esposa de un hombre importante, como lo era en esos momentos el señor Bingley en Meryton y sus alrededores.

Pero además, ella deseaba demostrarle a ese hombre tan arrogante, que fuera cual fuera su juego, ella no deseaba ser parte de él. Había pasado más de una noche en vela decidiendo que debía hacer con todo lo que sabía. A veces pensaba que lo mejor era enfrentarlo y decirle en su cara todo lo que pensaba de él, pero desistía de la idea porque eso suponía admitir ante él lo mucho que todo su engaño la había herido. Por eso finalmente resolvió hacer exactamente lo que él estaba haciendo, fingir que no se conocían y demostrarle que para ella, él también era indiferente.

Por eso se puso uno de los hermosos vestidos que le había regalado tía Agatha, y que estrenaba esa noche. Además se hizo un peinado diferente y se encargó de todos los detalles para verse mejor que nunca, y demostrarle al señor Darcy que su engaño no la había afectado en lo más mínimo.

"Lizzie, ese vestido es mucho más bonito que todos los que yo tengo, mamá, no es justo que ella tenga vestidos como ese y yo tenga que usar la misma ropa vieja de siempre. Jane debería regalarnos ropa nueva a todas y no sólo a Lizzie," dijo Lydia enojada.

"No te preocupes, mi niña, porque hablaré con Jane para que te regales muchos vestidos nuevos. La señora Bingley es una mujer muy rica y debe preocuparse de todas sus hermanas," dijo la señora Bennet enfáticamente.

"Mamá, tú sabes muy bien este vestido no me lo regaló Jane sino tía Agatha. Además, no creo que sea conveniente que le estemos exigiendo cosas a Jane, ahora ella tiene su propia familia…" intentó explicar Elizabeth.

"Deja de decir tonterías, por favor, Lizzie. El señor Bingley tiene un ingreso de cinco mil libras al año, le sobra dinero para ser generoso con su nueva familia," replicó la señora Bennet irritada con su hija por decir cosas tan absurdas.

"Mamá, si Jane y Charles quieren regalarnos algo, estoy de acuerdo que lo recibamos con cariño, pero otra cosa muy distinta es que nosotros tengamos derecho a exigir…"

"Lizzie, ¡eres tan aburrida! Por eso te vas a quedar solterona y nunca ningún hombre te va a querer. Yo le pediré a Jane y Charles que me regalen vestidos mucho más bonitos que todos los que te regaló esa tía tuya de Londres," concluyó Lydia.

Elizabeth comprendió que era mejor no seguir perdiendo su tiempo y cuando el señor Bennet apareció en el vestíbulo, finalmente todos partieron rumbo a Netherfield.

P&P

El señor Darcy se había mantenido encerrado en su habitación. Sabía que la familia Bennet llegaría un poco antes que el resto de los invitados, y a toda costa quería evitar encontrarse con Elizabeth. Ella se había portado muy distante con él en los últimos días, y aunque de cierta manera lo agradecía, no podía negar que le daba mucha tristeza. Probablemente ella se había dado cuenta de que todo era imposible entre ellos y había renunciado a la idea de siquiera intentar llamar su atención.

Pero además, él no deseaba tener que escuchar a Caroline, ni compartir con ella. Los últimos días ella le había hecho algunos comentarios sobre el futuro de Charles, y él no podía negar que tenía algo de razón. Pero él deseaba mantenerse lo más alejado posible de ese tema, sentía que no tenía derecho a entrometerse de esa forma en la vida de su amigo. Además, su amigo parecía haber tomado el control de su vida, y él deseaba respetar sus decisiones aunque no estuviera de acuerdo con ellas.

Un poco antes de que comenzara el baile, el señor Darcy apareció en el salón principal y saludó a todos los asistentes de manera cordial pero distante. Pero cuando vio a Elizabeth hermosamente vestida y sonriendo mientras conversaba con algunos de sus vecinos, no pudo evitar sentir pesar. Él se iría al día siguiente y nunca más la volvería a ver, aunque estaba seguro que ella permanecería por mucho tiempo más en sus sueños.

"Louisa, te juro que esta será una de las veladas más largas de mi vida. Creo que nunca podré perdonar a Charles por habernos emparentado con esta gente tan vulgar," dijo Caroline mientras observaba a su alrededor.

"¿Hablaste con Charles? ¿Qué te dijo?" preguntó Louisa curiosa.

"Él no escucha razones, mi única esperanza es que el señor Darcy me ayude a convencerlo. Él se va mañana por lo que tengo pocas horas para lograrlo," explicó Caroline.

Cuando los primeros acordes comenzaron a sonar, el señor Hurst vino en busca de su esposa y juntos se dirigieron a la pista de baile por lo que Caroline se quedó sola. Ella esperaba que el señor Darcy la sacara a bailar, pero él no lo hizo. Por lo menos, se sintió aliviada al ver que tampoco bailaría con la maldita Eliza que estaba sentada junto a una de sus hermanas.

Elizabeth estaba con Mary viendo como Jane y Charles bailaban, sin duda alguna hacían una bella pareja. Pero, ella notaba la preocupación en el rostro de Jane porque su madre y sus dos hermanas menores, que hasta el momento se habían comportado de una manera horrible. Lo peor era que su padre observaba todo a la distancia con una sonrisa burlona y no hacía nada al respecto.

"Lizzie, ¿a qué hora crees que podamos irnos a casa? Yo no me quiero quedar hasta el final como la última vez que estuvimos acá. Esta noche, tal como te prometí, no tocaré el piano, ni tampoco cantaré. Mi padre me humilló en frente de todos la última vez, por eso prefiero quedarme aquí," dijo Mary un poco nerviosa al observar como Lydia se reía a todo dar mientras bailaba con un oficial.

Elizabeth sintió mucha pena por Mary, ella sabía lo incómoda que se sentía en lugares llenos de gente. Pero ella tampoco se sentía feliz, el tener que soportar al hipócrita señor Darcy, las hermanas de su cuñado y el espectáculo que su familia estaba dando era mucho incluso para ella, que solía enfrentar hasta las situaciones más difíciles con aplomo. "No te preocupes, Mary. Inmediatamente después de la cena, le pediré a mi padre que nos vayamos."

"Gracias, Lizzie," dijo Mary un poco más aliviada.

"Espero que estés disfrutando este baile en tu honor, mi amor," le dijo el señor Bingley a su esposa mientras bailaban.

"Sí, mucho, gracias por todo Charles," respondió Jane nerviosamente porque no podía evitar escuchar a Lydia, que pese a que la noche recién comenzaba, parecía haber bebido más ponche de la cuenta y coqueteaba descaradamente con todos los oficiales que pasaban por su lado. Pero eso no era todo, la señora Bennet se había sentado rodeada de mujeres de los alrededores, y hablaba sin medir el volumende su voz, sobre la fortuna de su yerno y hacía todo tipo de planes a cuenta de ella.

El señor Darcy observaba atentamente todo lo que ocurría con la familia Bennet y no pudo evitar sentir pena y lástima por su amigo. Pero además pensó que Caroline tenía razón al querer alejar a su hermano de esa gente. Por ese motivo, decidió que si su opinión era consultada al respecto, le dejaría saber al señor Bingley todo lo que pensaba. Pero además, le daba pena la señora Bingley, pese a lo serena y bien comportada que era, no podía esconder lo tensa que estaba al ver como su propia familia la avergonzaba constantemente. Las únicas excepciones eran Elizabeth y la hermana que estaba al lado de ella, que al igual que la señora Bingley, parecían estar tremendamente mortificadas por el verdadero espectáculo que ofrecía el resto de la familia.

Después de bailar con su esposa, Charles bailó con Caroline porque le dio un poco de pena que nadie la hubiera sacado a bailar y Jane bailó con el señor Darcy. A Elizabeth la sacó a bailar el capitán Denny y le contó que Wickham no había sido invitado al baile pero que le mandaba sus saludos y respetos a todos. Elizabeth inmediatamente supo la razón de la ausencia del pobre teniente y no pudo evitar sentir enojo hacia aquel hombre que parecía disfrutar arruinando la vida de otros.

Después de dos series de baile, los músicos descansaron por unos cuantos minutos antes de comenzar la tercera serie. Después de eso, se serviría la cena en uno de los grandes salones y Jane estaba cada momento más preocupada porque todo saliera como correspondía.

"Espero que todo salga bien con la comida y no tengamos ningún problema de último minuto," dijo Jane un poco nerviosa. Ella estaba conversando con Elizabeth y Mary mientras su marido hablaba con su amigo.

"Tranquilízate, Jane. Los empleados de Netherfield son todos muy eficientes y adoran a su señora, estoy segura que harán hasta lo imposible para que todo sea un éxito."

"Gracias, Lizzie…" Jane intentó decir pero Lydia y Kitty la interrumpieron.

"Jane, el ponche está muy bueno y todos los oficiales también…" dijo Lydia riendo.

"Sí, se ven tan guapos con sus uniformes," agregó Lydia en un tono muy similar.

"Lydia, querida, creo que ya has bebido mucho ponche," dijo Jane lo más calmada que pudo. Justo en ese momento, se acercaban al grupo el señor Bingley, el señor Darcy y Caroline.

"Jane tiene razón, Lydia, creo que has bebido mucho. Y tú también Kitty," dijo Elizabeth para apoyar a su hermana.

"Lo siento, pero no quiero seguir perdiendo el tiempo con ustedes. Kitty, allá está Denny con dos amigos, vamos…" Lydia tomó el brazo de Kitty, y ambas corrieron hacia donde estaban sus amigos, pasando a llevar a más de una persona en el camino.

"Jane, te voy a pedir por favor que controles a tus hermanas. Recuerda que ahora eres una Bingley y ese no es comportamiento aceptable…" dijo la señorita Bingley enfurecida.

"Caroline, por favor," la interrumpió su hermano al ver lo nerviosa que se puso su esposa.

Mary se sintió tan mortificada, que inmediatamente se excusó y se fue a sentar al lado de María y la señora Lucas. Junto a ellas se sentía confortable y segura.

"Sin duda alguna, hoy han venido todas las personas de los alrededores y seguramente todos hablarán sobre lo hermoso que fue el primer baile organizado por mi esposa," dijo el señor Bingley para animar a Jane.

"Así será, Charles," complementó Elizabeth para apoyar a su cuñado.

Pese a que Elizabeth y su amado esposo intentaban hacerle creer que nada estaba pasando, Jane notó que Lydia y Kitty se tropezaron y cayeron en medio de la pista de baile mientras corrían detrás de uno de los jóvenes oficiales. Ella muchas veces se había preguntado por qué un hombre rico y guapo como su marido se había casado con ella, y sobre todo, que siempre la apoyaba en todo. Pero en ese momento, y viendo como su familia se comportaba, ella no se sentía digna de él.

El señor Darcy casi no podía contener su ira ante todo lo que estaba ocurriendo. Su amigo era un buen hombre y merecía mucho más que eso. Hasta hace un minuto atrás estaba pensando pedirle a la señorita Bennet que bailara con él, pero en ese momento lo único que deseaba era poder irse de allí lo antes posible. Ella era la mujer más fascinante que había conocido en mucho tiempo, pero no tenía nada meas que su encanto, y para él eso no era suficiente. Él provenía de una familia de moral y reputación intachable, y era su deber seguir manteniendo el prestigio de los Darcy.

Durante la cena fue el turno de la señora Bennet para avergonzar a la familia, y Elizabeth sintió que no podía seguir un minuto más encerrada en el mismo lugar con toda esa gente por lo que salió a tomar aire a una de las terrazas que estaban iluminadas. Estaba muy frío, pero cualquier cosa era preferible a ver la cara apesadumbrada de Jane, y la censura de las hermanas del señor Bingley y su amigo.

El señor Darcy vio que Elizabeth se había escabullido cuando empezó la serie después de la cena, y decidió seguirla para asegurarse de que estaba bien. Hasta que la encontró apoyada en uno de los pilares que daban al jardín. Ella parecía muy triste, como si estuviera llorando, pero él no se atrevió a acercarse y se conformó con mirarla desde la distancia.

"¿Por qué todo es tan difícil para nosotros?" decía Elizabeth mientras se secaba las lágrimas antes de retornar a la casa. Ella sabía que Jane la necesitaba a su lado y no quería dejarla sola, por lo que resignadamente regresó al baile. Pero no se dio cuenta que con la prisa, se le cayó su pañuelo y quedó en medio de la terraza.

El señor Darcy vio que a Elizabeth se le cayó algo, y fue a ver que era. Cuando vio el pañuelo, lo recogió con la intención de devolverlo a su dueña, pero no encontró el momento para hacerlo por lo que decidió conservarlo.

Cuando la noche finalmente concluyó, la familia Bennet retornó a casa pero todo lo que había ocurrido durante esa velada, traería consecuencias y grandes cambios en la vida de todos.

P&P

Al día siguiente, Caroline y Louisa se levantaron temprano para poder hablar con su hermano antes de que partiera a Londres y con la esperanza de que el señor Darcy las apoyara. Jane se había quedado dormida muy tarde, por lo que no había bajado a desayunar aún. Entonces, el escenario estaba dado para poder tener una conversación abierta y sincera.

"Charles, espero que después de lo que pasó anoche te hayas convencido de que no podemos quedarnos ni un día más en este lugar. No puedes echar por la borda todos los esfuerzos de nuestros padres para hacer que nuestra familia fuera reconocida socialmente," dijo Caroline indignada.

"Caroline tiene razón, Charles, y lo sabes muy bien. Es hora que te comiences a comportar como un hombre sensato y asumas tu responsabilidad como cabeza de esta familia. La vulgaridad de tu suegra y la total falta de propiedad de las hermanas menores de tu esposa no sólo te afectan a ti, sino a todos nosotros," agregó Louisa igual de enojada que su hermana.

El señor Bingley era un hombre de muy buen corazón y amaba mucho a su esposa, pero no tenía argumentos para contrarrestar lo que sus hermanas le decían porque sabía que sus reclamos no eran infundados. "Voy a hablar con el señor Bennet para que converse con su esposa y sus hijas."

"Recuerdo muy bien que hablaste con él hace un tiempo atrás, y él prácticamente se rió en tu cara. Porque no entiendes que a ese hombre no le importa su familia," contraatacó Caroline.

"Charles, ¿cómo no te das cuenta que esto afecta las posibilidades de casarse bien de Caroline? ¿Cuánto más vamos a tener que aguantar?" preguntó Louisa exasperada.

El señor Darcy y el señor Hurst sólo escuchaban la conversación entre los hermanos, y preferían no intervenir en la agitada y convulsionada guerra de argumentos.

"¿Y qué quieren que haga? Yo no tengo ninguna autoridad sobre la familia de mi suegro?" preguntó Charles afligido.

Caroline se puso de pie y dijo sin rodeos, "irnos a Londres inmediatamente y dejar este lugar y mantener a esa familia horrorosa lo más lejos posible de nosotros."

El señor Bingley miró a su amigo y le preguntó, "¿qué piensas tú, Darcy?"

"Creo que tu esposa es una mujer muy valiosa y que lejos de su familia, y con la guía apropiada, puede ser aceptada en sociedad sin mayores problemas." El señor Darcy no pudo evitar ser honesto con su amigo.

"¿Pero qué se supone que debo decirle a Jane?" preguntó el señor Bingley desconcertado.

"Eso lo debes decidir tú, Bingley. Me pediste mi opinión y ya te la di," dijo el señor Darcy enfático. Luego se excusó y se fue a su cuarto para arreglar los últimos detalles antes de partir rumbo a Londres mientras la discusión continuaba en el comedor.

Jane había escuchado parte de la conversación y prefirió regresar a su cuarto y quedarse allí hasta para poder reflexionar sobre todo lo que había escuchado. Una hora más tarde, su marido apareció en el cuarto para despedirse de ella antes de partir a Londres. "Mi amor, te voy a extrañar mucho, pero quiero que sepas que en dos días estaré de regreso. Hay algo muy importante de lo que deseo hablar contigo, es sobre tu familia…"

"Charles, quiero ir contigo a Londres. No me quiero quedar aquí sola," dijo Jane sin poder evitar derramar algunas lágrimas.

"Cariño, yo…"

"Escuché lo que decían tus hermanas y el señor Darcy, y quiero que sepas que yo te apoyaré en todo lo que decidas."

El señor Bingley comenzó a pasearse por el cuarto sin saber cómo contestar hasta que tuvo una idea. "Creo que tienes razón, vámonos a Londres y allá podremos decidir mejor que hacer."

Jane abrazó mucho a su esposo, le besó la mejilla y le dijo, "en una hora tendré todo listo." Jane le pidió a su doncella que la ayudara, escribió un mensaje para Elisabeth y se lo dio al mayordomo para que se lo entregaran.

Dos horas después, todos los habitantes de Netherfield partían rumbo a Londres. Jane viajó con su esposo en su carruaje un poco triste pero dispuesta a asumir su responsabilidad como la señora Bingley. En el otro carruaje, Louisa y Caroline planeaban cómo mantener a su hermano en Londres a toda costa mientras el señor Hurst sentía pena por su cuñado. Finalmente, en el último carruaje iba el señor Darcy mirando el pañuelo de Elizabeth y preguntándose por qué se sentía tan triste y desolado.

P&P

Los empleados de Netherfield estuvieron muy ocupados empacando todo lo necesario para los señores de y después limpiando y ordenando la casa después del baile del día anterior. En consecuencia, sólo llevaron el mensaje al día siguiente lo más temprano que les fue posible.

Elizabeth salió a caminar muy temprano para despejar su mente. El día anterior había intentado hablar con su madre para hacerle entender que debía ser más cautelosa con sus palabras y vigilar más el comportamiento de sus hermanas menores, pero la señora Bennet lo tomó a mal, y por eso a los pocos minutos desistió de la idea. Al parecer, su familia era un caso perdido, lo que la había llenado de desesperanza.

Ella se moría de ganas de saber cómo estaba Jane, pero no se atrevía a ir a Netherfield porque sentía mucha vergüenza. Realmente no le importaba lo que pensaran Caroline, Louisa o el señor Darcy, pero sí lo que pensara Charles. Ella sentía terror de que el peso de soportar a la familia Bennet fuera muy grande para él, y eso afectara la relación con Jane.

Además como si eso no fuera suficiente, la noche anterior había soñado con William y había recordado lo hermoso que fueron los días junto a él. Al menos tenía ese recuerdo de lo que se sentía ser feliz junto al lado persona amada, aunque sabía que todo no había sido más que la ilusión.

Con ese sentimiento de melancolía que le apretaba el corazón, regresó a su casa donde el resto de su familia se preparaba para desayunar. En cuanto se sentó a la mesa con ellos, tuvo que tolerar las impertinencias de su madre y Lydia que no paraban de hablar.

"La próxima semana habrá un baile organizado por el Coronel Forster y su maravillosa esposa, mamá, tienes que decirle a Jane que me preste uno de sus vestidos," dijo Lydia.

"No mi niña, le pediremos a Jane que te regale un vestido nuevo," dijo la señora Bennet. "Hoy mismo iré a hablar con Jane y Charles. Además quiero asegurarme de que todo está bien por allá y que la casa quedó limpia y ordenada como corresponde después de un baile tan importante," dijo la señora Bennet en tono autoritario.

En ese momento el señor Hill le llevó a Elizabeth el mensaje que había llegado de Netherfield, y ella lo leyó inmediatamente para cerciorarse de que todo estaba bien con su hermana. Si estaba triste antes de leer la nota, después de hacerlo su ánimo decayó aún más. "Mamá, no pierdas el tiempo en ir a Netherfield…"

"Lizzie, no te metas en lo que no te interesa," dijo Lydia petulantemente. Kitty y Mary se habían dado cuenta de la tristeza en el rostro de Elizabeth y no les gustó como Lydia le habló.

"Lizzie, Lydia tiene razón, siempre estás diciéndonos lo que debemos hacer. ¿Me hiciste tú caso cuando te pedí que te casaras con el señor Collins? Menos mal que Jane se casó con un hombre rico si no, sabe Dios qué sería de nosotras." La señora Bennet siguió haciendo planes de todo lo que haría en Netherfield por varios minutos.

"Jane partió a Londres ayer y no sabe cuándo va a regresar," dijo finalmente Elizabeth.

"¿Por qué dices eso, Lizzie? Jane no tiene ninguna razón para irse a Londres así de repente y sin avisar," dijo la señora Bennet ofuscada.

Elizabeth estaba igual de ofuscada que su madre, harta de todo y todos, y no pudo moderar sus palabras. "Jane me mandó esta nota en donde me informa del asunto y me pide que les cuente. En cuanto a sus razones para irse de improviso, me temo que se relacionan con su familia que insiste en avergonzarla delante de su marido, sus cuñadas y quien sea que tenga la desgracia de ver cómo se comportan ustedes, sin el más mínimo decoro o respeto."

"Señor Bennet, ¿vas a permitir que tu hija me hable de esa forma?" dijo la señora Bennet muy enojada.

"Sí, porque tiene razón, querida," dijo el señor Bennet sonriendo mientras miraba el periódico.

Elizabeth no pudo aguantar y se fue a su cuarto donde se arrojó sobre su cama a llorar de rabia y dolor. Su padre apareció a los pocos minutos para hablar con ella. "Lizzie, sabes bien cómo es tu madre y tus hermanas. No debe haber chicas más bobas que ellas en todo Inglaterra."

"Porque tú lo permites," dijo Elizabeth con fuerza. "Tú te das cuenta de que lo que hacen es inapropiado y prefieres no hacer nada dejándonos a todas expuestas."

"Lizzie, no te pongas tan delicada. Debes aprender a reírte un poco más de las tonterías que dice tu madre y que hacen tus hermanas."

"Lo siento, pero no me parece divertido reirme de como mi familia es el hazmerreír de todos."

"Veo que no se puede hablar contigo hoy, cuando se te haya pasado el disgusto, te espero en mi oficina para que juguemos una partida de ajedrez."

"Mañana me voy a Londres a casa de tía Agatha y tío Archibald. Lo siento, padre, pero tendrás que reírte solo de tu familia y espero te diviertas mucho," dijo Elizabeth y salió de su cuarto.

Al día siguiente, muy temprano partió rumbo a Londres sola y muy triste, tal y como lo había hecho casi un año atrás. Pasaría un mes con los Stone y luego iría a Kent para visitar a su amiga Charlotte. Después de eso, no tenía claro qué sería de su vida pero estaba considerando seriamente no volver nunca más a Longbourn y quedarse para siempre en Londres con tío Archibald y tía Agatha.

P&P

Gracias a todos los que dejan comentarios y siguen la historia con entusiasmo ya sea leyendo directamente o a través del traductor.

Esta historia seguirá un curso parecido al libro en cuanto a algunos hechos, por su puesto, acorde con la trama de esta historia.

En el próximo capítulo, Elizabeth recibirá más información sobre William y Jane tendrá que tomar una difícil decisión.

Saludos,

Yo